sábado

true story


Tras la agónica espera por el encuentro íntimo, el señor K. había logrado casarse con Milena y se dispuso a desflorarla entusiasta.Tres horas después de secado su llanto, el señor K. trató de urdir una explicación para su disfunción, porque una explicación siempre conforma a las mujeres, muchísimo más incluso que una solución: "ha de tratarse de mi idealización etérea, Mile: como te amo en tanto que imposibilidad angelada, temo horrores romper el hechizo encantatorio de tu himeneo imantado".Ella se encogió de hombros y le murmuró: -No te preocupes mi vida: a todos les pasa conmigo.

viernes

Veraneando con Pola (¡QUE LA INOCENCIA ME VALGA!)

Bella y Bestia en la versión del más profundo reggiseur do mundo: Jacques Costeau (¿alguien sabe decirme por qué hablaba su tradctog con la egue?).
Decidimos pasar las fiestas metafísicas fuera del mundanal ruído porque me agarró un ataque de deleitarme con las dulzuras kosher de la polamielitis.
Me vió, me dijo "Cogito, luego existo" y me convenció de irme con ella al Caribe (a hacerle LlachLlach en la colita: la literatura no está muerta, está en estado vegetal, como el cuadro de Larco en el poema "The unending gift" de Georgie, puede adoptar la forma de...cualquier verdura). Nos decidimos por la Isla Caimán en el Bolsil porque acá, aia, no me agarres así que pueden vernos, en este momento "está todo parado".

¿Cómo será-primicia o samsonite antonioni wilson exclusiva-el programa de almuerzos con filósofos on the beach, producido por Cris Morena, dirigido por Cocteau, en el canal de las pelotas con Pola, Susana y Damián De Santo No Tiene Nada?



aQUÍ ESTÁ cÁNCER DE pIEL [doble membresía de la Academia de Envergadura del Sur] EN LA aRENA pROMETIDA, LEYÉNDOLE ORALMENTE A LA SRTA. pOLA LA INTRODUCCIÓN DEL LIBRO "rECUERDO DE cONSTANTINOPLA" (EDICIÓN AMPLIADA, ANOTADA, CIRCUNCISA Y FORRADA) EN TANTO LA POSTURA FILOSÓFICA DE LA bELLA bESTIA PERMITE QUE SE LE APRECIE HASTA EL SUBYUGANTE APELLIDO, oLOIXARAX, DE ALGUNA ESTIRPE AZTECA DE LAS DOCE TRIBUS DE ISRAEL, Y MIENTRAS AL MEJOR ESTILO nEUSTADT UNA ORQUÍDEA SE ME ASOMA: http://www.etimologias.dechile.net/?orqui.dea


http://melpomenemag.blogspot.com/2007/12/merry-mishkas.html

¡qUE ESTE SEA EL MEJOR ANO DE TU VIDA, LECTOR, 2008, EL LOCUS AMOENUS TE ABROCHO MORGENS, MITTAGS UND NACHTS, A TUTELEUR COMBATIENDO LA TAFAL DE GAVER, SIEMPRE LISZT, TE HAGO LA GAMBA Y TE HAGO EL ORTODOXO RABÍNICO ADONAI ELOHEINU SIN ÁNIMO DE ZAHERIR SUSCEPTIBILIDADES RUGBIERS!

jueves

Yo amo a Shirley Valentine



Salvo el idioma, decía Oscar Wilde, los británicos tenemos muchas cosas en común con los norteamericanos.
En foros de debate de internet vengo sosteniendo una grosera cruzada en contra de los buenos modales (algo extrínseco y estipulable como para un manual alemán), que permitieron a Macri hacerse de la alcaldía hoy día, y en pos de una ubicación o una topología más ciega como un topo para las espontáneas emociones. Mi punto de partida es haber trabado conocimiento con personas de exquisita cortesía diplomática, a las que lamentablemente llegué a conocer más a fondo y a entrar en confianza, solo para descubrir que es preferible la distancia del extraño (quizá preferible también para con nosotros mismos, darnos por sentado es tan poco filosófico como darlas por acostadas: ¿qué quedaría de Gombrovicz o de Luca si fueran nacidos y criados en Olavarría?).

El lema del Aikido ("blando por fuera, duro por dentro") encuentra un eco en la isabelina teratología sajona: el soldado aqueo de Christopher Marlowe aduce: "si no hubiéramos sido tan duros, no hubiéramos sobrevivido...y si no hubieramos sido tan tiernos, no habría valido la pena haber sobrevivido".
Quizá sea el clima, o la geología insular: Gran Bretaña y Japón comparten algo más que la estamental politness de Anthony Hopkins en "Lo que queda del día" (novela de un Ishiguro que confesó que su Japón es enteramente inventado, ya que emigró a los 9 años). Tengo entendido que comparten lo que los sociólogos empaquetan como "cultura de la vergüenza" aunque yo lo llamaría "de la honorabilidad"[en cualquier caso: el tribunal de la salvación por la conducta y no por el ser de Escoto Erígena está situado en la fama que nos hacemos, en como la esposa del César, parecerlo ante el qué dirán].

El buen nombre de un inglés o un japonés les resulta más importante que su dolor físico individual o su muerte misma: la gentileza o la cortesía, las reglas de etiqueta, mucho más importantes que los sentimientos genuinos.

No quiero decir con esto que cultiven deliberadamente la virtud de la hipocresía (Borges lo consideraba un inicio de la ética: un hipócrita a diferencia de un peronista u otras formas de cromosomas excesivos, sabe distinguir entre el bien y el mal). Quien sólo de la boca para afuera tiene que sonreír, querer a sus parientes, ser amable con el huésped y galante con el objeto arreglado de deseo, casi no puede evitar sentir la sensación matemáticamente opuesta, pero no tenemos por qué darle visos de mayor realidad o entidad de honesto a ese sentimiento irónico ("la ironía sentimental es un perro que le ladra a la luna mientras mea las tumbas" ha escrito Karl Kraus).

Más bien apunta mi deíxis al hecho de que el esmero y el cuidado están puestos-como si fuérmos crustáceos con los güesos pa'juera-en las reverencias, en los gestos, en los formulismos. Como decía Saul Bellow, "Más mueren de desamor": ¿por qué ante tantas caras de bragueta y tanta gente íntimamente semiamarga, que para solucionar su avinagrado matrimonio decide ponerle sal y pimienta haciéndose swinger o teniendo hijos o perversiones por el estilo, en lugar de insuflar dulzura, como si fueran emocionalmente diabéticos, por qué ocuparnos de la pura apariencia exterior como si los reallities fueran la omnipresente plegaria atendida de Lutero o Savonariola o Bentham?.


Cuando yo era chico pasaba masivas cantidades de tiempo, esa famosa categoría innata, en la más impenetrable soledad (esto debe leerse con el coro griego cantando en carioca"Guillermo Iusó, tomo proveito de mí, I...u...soó").
Me inventé una serie de microscópicos enanitos invisibles a fuer de infinitesimales para los cuales yo era una suerte de Ted Turner o Eurnekián. Televisaba, como médico japonés. [cf. "La estretegia de lo invisible" donde el yanqui le pregunta al japonés para el cual "lejano oriente" es Mannhatan en qué parte de la oficina tiene la típica decoración nipona. "Lo invisible es lo japonés" declara entre otras japonecedades como la hermosa fórmula que cifra la felicidad en el manjar vulgarmente conocido como "melón"; para Inglaterra recomiendo en vez, la Historia Social de Trevelian y soy de la clase de estúpido que presta libros, aunque usted no sea de la clase de estupidos que devuelva...].

Este invento de diminutos espectadores para pasar los minutos, nevertheless, no era una frívola necesidad narcisística de exhibicionismo (no era dislocar la ancilar memoria emotiva o el anhelo de una exclusiva y excluyente excepción a todas las reglas de intolerancia a flor de piel), sino antes bien o mal, una especie de amigo invisible como E.T, cuya originaria matriz no habla de otros mundos, sino de la soledad en este, que duele como todo dolor, con el estilo de la eternidad y el lloroso caracter del recién nacido.

Shirley Valentine retoma aquella boutade pesada, como el alma eslava (los verdaderos italianos de la boca para adentro) del conde Tolstoy: "Si no querés sentirte solo, no te cases".

Salvo que lo hace como dije al principio en lengua británica y tal vez los idiomas no sean como yo creía, los modales puramente exteriores del pensamiento. Me están convenciendo de que, como lo sentía Heidegger, somos juguetes del lenguaje que no es una creación humana, o como lo afirman los gurúes del coaching o los nuevos lacanianos del yeslong: que decir "Losteau no prevé que la inflación vaya a ser menor este año" no es lo mismo que decir "Losteau no prevé que la inflación vaya a ser mayor este año", si bien decir "la mitad de las personas que leen Clarín es infradotada y subnormal" sí es lo mismo que decir "la mitad de los que leen Clarín NO es infradotada y subnormal".

El filme comienza con una mujer hablándole a la pared. Sentirse escuchada según "Los hombres son de Marte las mujeres son de Venus" es lo que nuestras damiselas necesitan: no se nos ocurra ofrecer soluciones a la enunciación de sus problemas. La pared, vale decir, la sana costumbre Cepita de devolver a lo concreto una expresión simbólica como hablarle a la pared, no puede hacernos temer interrupciones desagradables. Desahogar el corazón como dice Hamlet parece más importante que ante quién o dónde.

La protagonista narra su vida y como con anglicismo se estila decir ahora, sus "miserias". No es más oscuro Bergman tratando los puercoespines de la pasión crepuscular, pero sí menos clarito: hasta la prosa filosófica sajona puede leerse como un diario y la lengua inglesa debería ser el tamiz por el cual pase cualquier intento de genialidad francesa o alemana, para hacer los honores a la genial frase de Wilde: "Si no fuera por las formas clásicas, estaríamos a merced de los genios".

Nos cuenta su infancia. La inquina que le tenían las profesoras. Cuando quieren saber cuál fue el invento más importante para la humanidad y ella acierta, la ningunean con un "alguien te lo tuvo que haber dicho" ante lo cual ella responde "¿y cómo joraca se supone que podría saberlo si no?".

Las desventuras de un bassethound vegetariano vecino al cual le destina el bistec sacrosanto de los jueves para el dorima, la hermenéutica inexacta para "Clitóris" entendido como nombre de mujer, el destino disperso y teñido de vagüedad de sus vástagos, el incipiente mal talante de su esposo, la envidia (cuya etimología es "no ver") a la vecina presuntuosa, son algunas de las primeras pinceladas que bosquejan su escenario.

Su mejor amiga, a la que su esposo engañó con el lechero y desde entonces nunca le pone leche al té, es nada comparado con un encuentro tonificante con la alumna modelo de su escuela que ahora le revela que siempre admiró su rebeldía y que se convirtió en una prostituta de primera clase, "porque yo siempre fui la mejor en lo que hacía".

El nudo se desenvuelve cuando surge una invitación a visitar las islas griegas. Shirley que no cree ni siquiera en Freud, no puede resistir la tentacion de escapar, no de resolver los fantasmas por dentro, sino de inundarse de luminosidad helénica y enaltecerse de pintoresco primitivismo.

La amiga la invita para tener quien la acompañe, pero no tarda en encontrar un festejante que le arrebata el himen delgado y defensivo de la feminista actitud de "todos los hombres son violadores en potencia, el mozo me está sodomizando con la mirada, etc."

Shirley es una víctima, lo cual es-no hace falta que lo diga Bernard Shaw, la peor clase de cosa que se puede ser en la vida. Al menos, mientras uno lo sienta así. En realidad, ser víctima consiste en sentirse víctima, porque todo lo demás nos pasa lo querramos o no a todos, salvo que compartamos lo dicho por Jack Nicholson en "As good as in gets": lo que nos da bronca no es que nuestras vidas sean tan duras, sino que hay otra gente que la pasa bomba (¿le molesta al pobre ser pobre porque existen millonarios o la justicia universal nos mueve un poquito menos que el hambre individual?).

Acostumbrada a ceder ante su interlocutor-actitud "one-down"-después siente que la estafan. Su autocompasión tiene fundamentos exteriores objetivos-o intersubjetivos-pero la película va mostrando cómo uno puede moverse incluso de aquellos lugares nefandos que erigió a lo largo de toda su vida con interpretaciones, posicionamientos, hábitos sociales y contraproducentes escapismos y evitaciones.

El marido de Shirley actúa muy bien su parte y es el mismo que hace de alcalde en "True Crime" de Clint Eastwood (aquella olvidada maravilla, en la que Clint comparte oficina con el marido de su concubina: ella se lo cuenta; el marido es demasiado sofisticado o maricón como para cagarlo a piñas-pero no lo suficiente como para exculparlo como en el tango "37 puñaladas" que dice "la culpa no es del hombre en estos casos"; Clint, apurado para salvar la vida de un hombre inocente condenado a muerte lo apura: "¿por qué no me encajás una ñapi en la napia? me voy a caer, voy a sangrar y listo calixto y después, ya que estás, te vas a tu casa y le pegás a tu jermu...because she likes it!).

Tom Conti oficia de bogavante mercenario y cogedor de inglesitas veteranas: oír su chamuyo la primera vez nos estremece de encantamiento y nos dejaríamos hacer el...permitiríamos que humildemente no entrara por la puerta grande para decirlo con decoro. Oírlo por segunda (y ante otra candidata), nos revela por qué los modales y formulismos actuados de la emoción no sirven para la sintomatología afectiva sapiens: somos infantes vírgenes, descubrimos una única vez cada emoción, nunca podremos reaccionar con igual euforia o depresión ante el mismo estímulo.

Queda por discutir si no será una causa perdida consagrar la razón que nos permite subirnos a los hombros de Newton y de Kant, el trabajo-que nos libera como dice en Auschwitz del ocio, de la pobreza, del activo trabajo invisible de sufrir a causa del incesante diálogo interno, de la condena al ostracismo que hoy se llama "desempleo", de la imposibilidad de disfrutar del descanso-, destinar lo más alto o lo más útil a resolver las intoxicaciones que el hambreado o antojado corazón nos infiere.

Tal vez sea, después de todo, una debilidad el amor, una carencia como decía Platón y no una potencia como formulaba Spinoza. Visitar en las fiestas a la parentela geriátrica, inundada en llantos inmotivados, en alegrías descontroladas, en pornográficas ansiedades anacrónicamente impracticables, en nostalgias de la peste bubónica, puede hacernos dudar seriamente de la importancia per sé de los sentimientos, tal vez no más metafísicos ni trascendentales que los estornudos, las comezones y los dolores de garganta...

Recomendación: Vean "Ninotchka" de Lubitsch. Greta Garbo está tan espectaculear que no parece ni animal, ni vegetal ni mineral. Todo el totalitarismo stalinista anticipado visionariamente en una sinécdoque al pelo: el sombrero parisino. Promocionada como "la Garbo ríe" (en respuesta a "la Garbo habla" en su primer película sonora), debería haber sido su slogan "la Garbo prueba por primera vez champagne". La película nos aligera el alma y nos hace caminar a 30 cm del suelo refutando toda la mortal seriedad de las grandes causas (inescrupulosamente grandes). La irracionalidad del capricho (que a diferencia del gran amor de nuestras vidas, ¡dura más!), funda el consumismo y la vacuidad que tienen la estatura de nuestra verdadera medida. Y Lubitsch escribió ese papel para ella, desnudando su esencial ternura oculta bajo la glacial máscara nórdica. No es que los guiones de ahora sean tan malos, simplemente los de antes eran ¡tanto mejores!-

miércoles

Bee Movie: HEGEL NOT DEAD



La última producción de Dreamworks (¿prometen que es la última?¡no, se viene el panda kung-fu, la ardilla coprofágica, el monstruo del lago Ness y Nicholas Cage buscando el pituto perdido y la bruja y "La flauta mágica" de Kenneth Branagh y Encantada), puede muy bien calificarse con ese típico gusto francés del esnobismo argentino de "Bildungsroman" (¿por qué no habría de ser un galicismo pour la gallerie el germánico vocablo? después de todo Henry Beyle se hizo llamar "Stendhal").

"Bildung" significa "formación" y conserva todas las acepciones que en nuestro buen romance, lector idílico, tiene. "Roman" no es nombre de pila bautismal de Riquelme, sino "novela". Creo que viene de "Roma" del mismo modo que "romántico" viene de Roma y los bebés vienen de París salvo Cortazar que vino de un repollito de Bruselas a criticar el capitalismo salvaje que no tiene un rostro Dorian Gray humano, ni un estómago indumentario caballeresco, incapaz de comerse a un frac asado...¡ah! ¡así de zumbón lo deja a uno esta película cuyo mentor fue el gran humorista de la posmoderna feliz nadidad, Jerry Seinfeld!.

Georg Wilhelm Hegel ["Ni Jorge Federico Hegel ni yo sabemos lo que es la realidad" Borges dixit cf. "El tamaño de mi esperanza"] creó una forma de estructurar razonamientos que trascendía la lógica dicotómica tradicional, aristotélica, para la cual tertio non sequitur, o sea: infieles abstenerse, el principio del tercero excluído es el principio del fin, aunque como dice el novio convertido a la cocainomanía de Paris Hilton: "Paris bien vale una tiza"[reemplacen tetragonalmente el triángulo de Lonröt por el rombo: "tres es una pareja, cuatro es un espectáculo"]. Marx tomó esa forma que fue atada al sentido de la Diosa Historia y se consideró-no con la sagacidad de Kant "prescriptiva" (Newton le impone sus "deducidas" reglas a la naturaleza), sino descriptiva: la indetenible rueda de la historia, determinada y críptica hasta devenir tríptica.

En rigor hubo muchos otros descubridores indios que sólo sabían contar uno-dos-tres-muchos, del "tercer movimiento histórico" y la "tercera ola" y los sombreros del señor Edward de Bono con su "pensamiento lateral" y William James asegurando que toda gran novedad corre tres albures: primero es negada por inverosímil, después refutada por imposible y por último aceptada pero displicentemente, minimizando toda originalidad.

Indiana Jones, Lacán, Jesucristo y los impronunciables tristes tigres de Cabrera Infante profesan este piramidal culto pitagórico.

"Bee Movie" tiene un argumento que recorre la tesis, la antítesis y la mal traducida "síntesis"-Aufhebung, una palabra que a un tiempo significa supresión, elevación en el sentido de pasarle por encima y también de estar por encima y superación, no en el sentido de "mi sobrina superó su trauma por la muerte de su padre, porque un colectivo atropelló a su primogénito[una tragedia superior]", sino en la línea de los trabajos de duelo de Freud, cuya floración consiste en el renacimiento de la alegría (aquí no con la novena de Beethoven, sino con una melosa versión de "Here comes the sun").

El protagonista empieza demorando su decisión vocacional al terminar en tres días su primaria, secundaria y ciclo básico: tiene que decidir si va a revolver la miel por el resto de sus días o limpiar los tarros o en qué se va a especializar. Cualquiera de estas elecciones le parece una ilusión de alternativas: preferiría escapar de tener que decidirse y no renunciar a las mil posibilidades que todo complejo de Peter Pan mantiene abiertas.
Pronto, una canchereada llena de polen-oro ante unas abejitas trepadoras lo enfrenta a lo que los ingleses llaman "run away to the sea": los polinizadores (arriesgados comandos de misiones exteriores) lo retan a sostener con el pico lo que dijo con el cuero. Parte rumbo a una obvia New York romantíficada y en cierto sentido minimalista y se encuentra con una pelotita de tenis a la que confunde en razón de su brillante color con una atrayente y apetitosa flor (de la misma manera que confundimos un plato de comida japonesa en virtud de su aroma y color con algo comestible).
Se mete luego en una casa donde un ceop troglodita de rigor trata de aniquilarlo con una Vogue Edición Italiana ("75 páginas de publicidad"), sólo para que una ecológica dama morena de los sonetos de Shakespeare con ojos verdeturquesas y voz de Reneé Z. le salve la vida.
Desde los escarceos amatorios de Berugo Carámbula o el Muñeco Mateiko con el topo Gigio, no veíamos un tan incongrunte maridaje, pero las ciegas flechas de Cupido todo lo penetran y la abejita en cuestión se enamora no de lo que más teme su madre (una libélula), ni de una araña con sus tentadores tentáculos, sino de una humanitaria humana consagrada a las flores.

¿Se vislumbra o entrevé el comienzo del argumento?. Ni por asomo: todavía estámos en los prolegómenos, como en una novela de Bernhard Schlink (que al menos tiene la decencia de saber que no sabe escribir y producir oraciones telegramáticas), como en el teatro Kabuki (los 47 Ronins), como en la epopeya dinástica de Stanley Kubrick (Barry Lindon), la abeja todavía tiene que descubrir que existen apicultores-explotadores y tiene que movilizar a la opinión pública usufructuando la industria del juicio, para convertir la fumigación en una Shoá entomológica y ganar ese juicio con lo cual ningún humano capitalista podrá volver a robar la miel a sus legítimos dueños.

Ray Liotta, Sting y especialmente Larry King aparecen en cameos de lograda autoparodia, mientras se restituye toda la oferta de las compañías sanguinarias y leoninas a los afrentados panales silvestres.

Entonces sobreviene lo más difícil de sobrellevar del mundo, como lo supieron Goethe y Dostoievsky, la pretendida holgura, tres días seguidos de felicidad, la conformidad, la suficiencia, el ocio.

Nadando en yakuzzis de miel, las abejas están como muertas en vida y sus vacaciones permanentes, como todo lo permanente, se parecen mucho más al infierno sobre la Tierra que al deleite tan largamente acariciado.

Bertrand Russell bien pudo decir que no se suicidó para aprender más matemáticas, pero en este film donde la colmena sirve como alegoría de una huelga a la japonesa (la historia del uso de la colmena como metáfora nos llevaría a Simmel, a Schopenhauer que la ve como demostración de la aristocracia natural, a Marx que la siente como cooperativa y a descorrer el velo de la abeja Mayyha), en esta película nipona, de amarillo sol y negro apocalípsis para todo cambio, donde si bien Suecia sigue teniendo el mayor número de suicidios per cápita (¿lo entendieron?), no podríamos ni insinuar la posibilidad de decir "no me suicidé porque quería andar más en bicicleta, comer más helados y ver más películas narcotizantes": como la noción que acercó Alejo Carpentier, el reino de este mundo es la medida del hombre, que trabaja y sufre y lucha y busca (pero nunca encuentra o "espera") para lo que no sabe.


Todas las flores del orbe se marchitan, y no hay dedo de E.T que valga.

Aristotélico y sólo para el amor platónico, nuestro héroe se entera por un caso particular, el único del mundo que lo apasiona: Vanessa no podrá seguir siendo la segunda florista más divina de la narratología después de Miss Doolittle.

La enmienda, el acto de contrición, el famoso paso atrás que hay que dar según Menotti para dar dos adelante, la conversión a santo del pecador arrepentido, la anagnórisis, llámese como se quiera (antítesis) no se hacen esperar.

Secuestran una carroza del último desfile de Pasadena (el Escobar del norte) y en un avión (seguramente también figura a redimir por Disney después de Al Qaeda) se disponen alegremente a repolinizar el mundo, a lograr fábricas de miel recuperadas y a volver a producir de más, como el buen capitalismo incluso el keynesiano más heterodoxo lo requiere, para inventar necesidades por medio de la publicidad y restituír lo paradisíaco del Paraíso: su caracter de fetiche de la promesa mientras nos deslomamos en la perpetua inconformidad.

El mejor de los gags se produce en un tour de force que recuerda aquello que se decía en España del avión de Lapa ("está al caer"): la abejita desmaya a los pilotos pero ignora todo procedimiento artificial de vuelo y conmina a su cintura de avispa sin honeymoon a manejar emulando sus danzas "abejiles". Todas las abejas de la colmena parten raudas a sostener, o ya los anglicismos nos atravesaron su aguijón tanto que se puede decir con "suceso" "soportar" el dc-10, el cual es aterrizado como si de una gigantesca abejita que huele una primorosa orquídea se tratara. La trompa del avión, vertical y olfativa, es para mí, el tema que vale el disco, la gracilidad del mejor Disney para resignificar, redimensionar, resemantizar o mejor dicho, remorfologizar (como la bicicleta-toro de Picasso) un armatoste que asustaba ya de antes del 9-11.

Las flores vuelven a brotar, con (pretendidamente) toda la cadena ecológica salvada (no se trata de una película que forme a nadie más que en la emocionalidad, en el aceptar el statu quo y la sabiduría de las ancestrales generaciones y en el no querer por mayor Weltschmerz que se sienta incurrir en una Weltsverbesserunmgswahn: aquí un mosquito que pica no es hembra, el sexo interracial es una alegoría de la tolerancia y de la concordia entre etnias afroamericanas y latinos de una presencia cada vez más marcada; el respectivo alimento de cada especie produce extáticas orgías de goce fisionómico de ostensible raigambre psicoactiva como en "Madagascar").

La película termina sincrética con un bufete de abogados compartido con la florería, donde el mosquito concluye que puede oficiar de abogado perfectamente porque chupasangre fue toda su vida.

Hegel decía que contrariamente a lo que Iguazú miente, todo en América es más pequeño: el ñandú es más chico que el avestruz, el yaguar es más diminuto que el leopardo, el porteño frente al nigeriano se ve obligado a recurrir al "reduce fast hand" para agigantar en espejismo su alarde...y yo no sé si las abejas africanas asesinas son más grandes, pero estoy seguro de que es efectivamente "chiquita" esta cargada película recargada de cargadas "oneliners", estructurada como una sitcom, plagiaria en parte a "Antz" (la mejor explicación animada de Durckheim).

Estoy seguro de que Ariel Dorfman, autor de "Para leer al Pato Donald", hubiera sabido leer la ideología encubierta de este producto con mucha más sagacidad, si no fuera que cuando se dedicó a algo relacionado con el cine, escribió el guión de "La muerte y la doncella", film que Ben Kingsley (el de "Gandhi" y "Schindler") y Sigourney Weber convirtieron en la mejor película de Costa-Cavras...¡y la rodó Polansky!.

¿Por qué no se alquilan "El año que viene a la misma hora" antes de que esa maravillosa idea sea arruinada en marzo por la actuación de Pablo Rago?: el argumento es lo que Nabokov llamaba monovial: dos personas que se quieren bien se encuentran una vez por año a través de sus devenires maritales en algo que debería instituírse como el carnaval y el día del amigo: un día para estar con la amante más amada, sin las hormonas y la adrenalina presurosas, sólo por el ordenado placer, sin el incontenible goce. Pocas cosas puedo hacer mejor ante una mala película que recomendar otra mejor... rauer les dice a todos los que se preguntan con sistema en su locura, "to bee or not to bee", que mejor vean "Portero de noche", donde Charlotte Rampling se enamora de su violador nazi Dirck Bogard...es más..."sincera"...

El gato







Suelo titular mis entradas con mayor gracia y menor clasisimo lacónico, pero recuerdo esta vuelta a mi primo Gerardo quien en trance escolar de escribir la consabida monografía dedicada a "La vaca" se circunscribió a la siguiente descripción tan irreprochable como escueta: "La vaca nos da la leche; el toro, no...".



Y lo evoco invocando una mímesis, ya que siempre se imputa prohibitiva extension que requeriría la perdurabilidad de siete vidas a mi larga verba.



Lo que tengo que decir acerca del gato es conciso y espero que el favor de tus ojos de gato y tus muchas luces, lector, no me censure con scissors: trabé mi primer vinculación con un felino en Eltersdorf (literalmente "la aldea de los mayores") cuando mi padre me insistió en que la valentía no consistía en carecer de temor, sino en superar el miedo, obligándose a libertarse de él como de una infección. Un gato atigrado, color té con leche se había posado en la puerta de entrada y yo temía enfrentarlo. Mi padre me insistió en que no me haría nada, en que fuera y sin mayor protocolo, le acariciara el peludo neocortex. Fui no por arrojo, sino por cobardía: todavía hoy temo mucho más enfrentar a mi padre que a cualquier otro destino.



La sangrante herida en mi frente, cuya cicatriz conservo desde aquella tierna mocedad de cuatro años, sólo tiene por causa mi olfateable temor, la adrenalina que segregué y que pudo ser ancestralmente decodificada como atacativa y no defensiva (las críticas a las que mi padre y yo somos tan afectos, irónicamente también lo son).
Hume nos libra de todo culpable al refutar la causalidad: según el filósofo, no hay verdadera causa para que Cristina, el primer presidente gato, esté en la Rosada: sería mera sucesión...



No tomé una bandería contraria a los gatos entonces, por motivos de herido orgullo o lacerada piel, dado que fui mordisqueado, atacado, cuerneado, vapuleado, sacado a empellones, arañado, picoteado y percudido por toda índole de alimañas, desde una cebra en el Tiergarten de Nürnberg, hasta una elefanta en el circo de Carozo y Narizota, pasando por un mono en el Tigre (que siempre es mejor que un tigre en el Mono), un siberiano cuya mordida requirió siete puntos de sutura, un cabrito en General Rodriguez, en el parque temático de Cutini y Sandra, una de mis más monas exnovias quien con actitud de ex, para decirlo con ex-actitud, recurrió a la violencia física y a la furia homicida como hiperbólica metáfora de que sus proyectivos celos la convencieron de que saludé al alma de su hermana.



Mi postura contraria a los gatos se enmarcaba en la dicotomia que los contraponía a los perros, animales éstos, de mucho más notoria capacidad de aprendizaje, exteriorización de afecto, fidelidad y nobleza. Fui antigatista así como fui antitabaquista: primero juramentándome que no permitiría que ninguna chica que consintiera en autopropinarse daños a la sangre, al sistema nervioso, a la respiración, al sentido del gusto y el olfato y demás me daría un beso.



Después (quizá porque ninguna chica con el gusto sano podría llegar a anhelarlo) me cansé de besar pero hasta con los ojos cerrados a féminas de boquitas deliciosas, para quienes aliterando llamé al cigarrillo "sucio sucedáneo" del beso y cuatro de ellas en más o menos cuatro años cada una supo ser mi novia (o no lo supo ser, pero lo fue igual) y aprendió a dejar de fumar.



Y una vez que las logré hacer que dejaran el cigarrillo, me dejaron a mí, oh, gitano karma maldito del zíngaro destino del simbólico y salvacionista enfermero, que cuando es bueno, da de alta incluso a la más baja y macetona petisa y cuando es malo, torna prosaica a la más elevada de las poetisas.



Hacia 1996 Francisco Vanni, con quien dirigimos un taller literario de inesperado éxito, me disuadió de mis prejuicios nazis, conservadores, caretas, europeocéntricos o sanitaristas y me enseñó a tragar el humo de unos Parissienes.



Varios Gitanes y Galoisses después (que eran fumados no por el placer, sino para virilizar mi voz, con idéntico éxito que los anticonceptivos en el schampoo para exacerbar mi melena) decidí volver a poner a prueba mi voluntad, desafiando mis propios principios y dejé (con la gradual y paulatina ayuda elegante y excéntrica de la pipa) el cigarrillo, ese vicio compulsivo y ciertamente barato (en contraste con otros vicios como los chocolates suizos y las revistas de mujeres desnudas, cuyas toneladas donaba anónimamente en insomne filantropía del remordimiento de Onán a gomerías alejadas de mis caminatas frecuentes).



El gato ya no era entonces como el reloj en el cuento de Cortazar, el verdadero amo y uno la mascota, el sádico capaz de castigarnos rompiéndonos objetos preciados por no haberle dejado su comida, el tirano símbolo de la arrogante vanidad glotona de egolatría que llegara hasta a hacerse adorar por los egipcios.

Mi hermana, que a la manera de Schwarzenegger-De Vito guarda conmigo una relación de complementación in extremis fue temerariamente solidaria al recoger un cachorrito gris que maullaba heartbroken en el cordón de la vereda: un accidental, inercial roce de uña con su vestido, los Cuatro Jinetes del más aturdidor y sórdido (o sordo) llanto que nos hizo correr a casa a constatar que los principales miembros estuvieran sanos. Nuestra idishemame llamó al viejo Rocatagliatta, pediatra casi centenario quien sentenció la posibilidad remota de toxoplasmosis o rabia. Con una linterna liliputense recorrimos esa noche la calle en cuestión y dimos con un cachorro, que sinceramente esperamos haya sido el mismo. Tras la científica demostración en el antirrábico de que "Tigri" (el nombre "cagata" no prendió) tenía el colesterol más bajo que todos nosotros juntos, deshacernos de él no fue fácil: nos llevó como cinco años, la imposibilidad de que se abstuviera de mear las plantas (acentuada por la pimienta estéril y el trunco azufre), el deseo de tener una ovejera o un canario Roller y la certeza de que encontraría un hábitat más idóneo a sus preferencias sexuales (el jardín del C.I.F, Centro de Investigaciones Filosóficas, de quien Ezaquiel de Olaso, uno de los mentores de nuestro refinado Ministro estrella de Economía, fuera cofundador).

[adedda: no fue el primer ni el último cachoro rotoso que mi hermana recogió del fango y al cual tuvimos que desinsectar; sí, lo admito, el primer y último cachorro no humano...]

Caminando con un amigo por Disney, le comenté con la francachela propia del territorio (no es dable imaginar otros contenidos ni siquiera en Sartre o Parménides caminando por Epcot), que si un Vesubio sepultara Miami, las generaciones de arqueólogos por venir inferirían que adorabamos no ya al distinguido y gracil gato, sino al enguantado y poco justificable ratón.




El gato, dice un chiste de mi abuelo Marcos, es cuatro veces animal, porque primero es gato, segundo, araña, tercero te lo quieren meter por liebre y...¡es mula!.



En "How to be seventy", joya de mi amado humorista húngaro George Mikes que estoy traduciendo para un amigo ya no tan jóven (atención editoriales: los derechos expiraron), el autor narra su relación íntima con su gata, una historia de amor insustituible-como todas.



"Maddadaio", canto de cisne de Akira Kurozawa, no deja de mostrar la importancia que tenía para el maestro (que todavía ¿lobo estás? se negaba a morir) la reaparición de su gato.



En el arte, los gatos, como en la calle, han poblado la escena con ejemplos infinitamente más ricos, pulquérrimos y sutiles que "Garfield" y nuestro vergonzante "Gaturro": "Los ojos del gato", película basada en un cuento no sobrenatural de Stephen King, sin ir más alto, narra las crudelísimas peripateias de un hombre que se presta al método más drástico del dejar de fumar: con amenazas de muerte, secuestros y electroshocks a su familia, algo bien "japonés", en el sentido de la dislocación emocional de los modales exquisitos y la consideración y delicadeza espontáneas taponadas como en una mal festejada gataflora.



Me preguntan después del grito en falso de victoria de Voltaire, después de Nietzsche, después de que Hitler admitiera su admiración por la Iglesia como sistema de dominación, cómo es posible que el catolicismo martirológico, la corona de espinas y la felicitación por la miseria en pleno 2008 siga sucitando matrices reflexológicas y afectivas a nuestro cerebelo.



Entiendo que la razón puede ser buena: sin el comunismo que sólo hubiera triunfado como movimiento planetario, sólo el turismo-tan en boga, sólo el fetiche de la gastronomía internacional-nuestro religioso deporte-, sólo la triste nadidad (nothingness, como acuñó Keats) de la Navidad, sólo el catolicismo-aparentemente tan retrógrado, nos quedan como refutación psicológica o como ideal de una rémora materialmente sostenida como es la fomentación de los estados-nación con su vanidad de la pequeña diferencia que despabila ocasionalmente tsnuamis de sangre que para Hegel eran purificaciones.



El amor a los gatos: transnacional, mundano, a un tiempo suntuoso y reo, bien podría ser otro vector de fraternidad spinozianamente panteista.



No viven mucho los gatos: tampoco duran mucho ahora nuestros amores.



No subordinan su yo como engranajes a la maquinaria: tampoco renunciamos a nuestra conquista social más relevante de la posmodernidad "líquida": el individualismo acérrimo.



No exageran el culto a la fidelidad: tampoco nosotros, amantes de la posesividad, maridos de la teoría liberal, dejamos de traicionarnos año tras día, a cambio de la indeleble caricia de un extraño.



Sinónimo de fatuidades frívolas, accesorias o transitorias y alternantes como la peluca y la prostituta, el gato, inmodificado en su diseño que acompañara a Moisés, a Julio César, a Mahoma y a John Winston Lennon, llega a nosotros tremendamente familiar,
como un familiar:




querido e impune.

viernes

DEATH OF A SOULSMAN (para C.G.)

Ausentar lo presente (si mi actual psicólogo feneciere)

Caminando con mi amigo gay reglamentario, le comento que mi primera publicación “de fuste”, a saber, la del elegíaco texto a mi analista fallecida, me hacía temer que más que publicar cada muerte de obispo, yo fuera ungido por alguna editora cada deceso de psicólog@.

Me intenta tranquilizar recordando que hoy rige aquel sarcasmo de la doctrina Lamborghini: “Publique primero, escriba después”.

Este jueves me sorprende nuevamente la nada, al tocar timbre a las 15 horas puntual en el consultorio de...llamésmole en homenaje a Freud, “Dora”.

No es la primera vez que atiende nadie: en una de las primeras sesiones, un equívoco con el enérg(etic)o y cambiante huso horario evitó el encuentro, por más que a la postre tuviera razón yo y no tuviese que pagar y pudiera pasar esa semana sin asesoramiento cardinal, gratis, como ahora todas las que vendrán.

Parece mentira, después de tantos años kierkegaardianos, constituído como uno de los pilares y arraigos, una de las pocas estabilidades de mi impermanente vida (el concepto de “impermanencia” sin duda da cuenta con mayor elegancia de la volatilidad, de la veleidad, del vaporoso desdibujamiento, que la noción de “puta”)...no te la puedo creer que ahora fue deglutida su tan calificada calificación de mis desventuras (con sus sólidos adjetivos rotundos como “mercachifles”o “prístina”), o de mis propios textos (“no lograron liquidar a los judíos. Sólo se consiguen sólidos o gaseosos” le pareció de un cinismo extraordinario, así como el poema “el mundo es justo”-justo en mi ventana, justo ahora...).

Me meto en el blog necrológico (obitó.blogspot.qupd.) y confirmo mis peores sospechas: mi psicólogo no ha muerto realmente alcanzado por una turbamulta del aluvión zoológico, pero sí, en el inmortal y decisivo espacio de ciertas ficciones (no olvidemos que para Lacán, la verdad tiene estructura de ficción).

Siento el punzante dolor de sentir un dolor real ante una noticia falsicada y recuerdo cómo Dora me recordó que una pesadilla hecha de la madera onírica de lo fantasmático nos hace segregar adrenalina o endorfinas o fermonas o lactobacilus o algo así, porque los síntomas no necesitan que la enfermedad esté en blanco y pague el monotributo a la realidad.

En ningún epitafio verídico compararía uno a un muerto con otro, pero en éste, inventado por mi falta de ideas o descubierto por mi idea de falta, contrastar a la analista evocada con el director técnico de mi vida aún en funciones puede arrojar alguna carnavalesca serpentina de mordacidad ilustrativa (etimológicamente: “iluminadora”).

Ana era una suerte de actriz de su época, que hoy en día se parecería mucho más a una escritora de mi generación. Articulaba frases de un histrionismo ampuloso con una dicción afectada. Yo las anotaba como si oyera una combinación de Simone de Bevouir y Evita: “la totalidad es la máscara de la nada”. Siempre medió (o “me dio”) una distancia.

Dora en cambio, acaso no menos estudiadamente, optó siempre por una llaneza que movía infinitamente más mis montañas interiores. La lógica de la situación, la institución de la figura transferenciable y (según Harold Bloom) chamánica, por supuesto que traía aparejada una obligada ostranemie. Quiere la liturgia que no sepamos si nuestro terapéuta tiene hijos, si es devoto además de Sai Baba, si nos ayuda por su amor a la profesión y su vocación de servicio o si incluye algún inevitable afecto singular.

Ana actuaba siempre como una persona indignada, era una especie de “Deutschland erwache”, quería sacudirme, despabilarme, abrirme los ojos.

Dora casi nunca elevó el tono de voz, durante considerable tiempo incluso parecía afásica dejándome monologar y brindándome una clase de polisémica ¿aprobación? silenciosa .

Yo nunca fui un paciente típico, debo decir, lo cual...¡constituye la creencia típica de todo paciente!.

Empecé como derivación de una terapia interruptus. Si el análisis es el moderno confesionario: ¿se imaginan que muera el cura confesor y traigan un reemplazo mientras el culpógeno y narcisista soliloquio persiste?.

Desde un principio quise colaborar más con Dora que con Ana, quizá por el poco caso que supe hacerle a Ana (no me negué a someterme a un análisis neurológico a pedido paterno, como ella quería, viví ofrendándome contra todas y cada una de sus enseñanzas),¡ay, Ana! tan elocuente y brillante, pero tan cambiante en cruciales pareceres (y ahora devenida en personaje, al peor estilo “Enoch Soames”). Desde un principio si bien apelé a numerosos diagnósticos de mi anterior “pitonisa”, quise hacerle saber a Dora que se trataba de una mujer homologable a “Rebeca, una mujer inolvidable” aquella joya de Hitchcock, donde Lawrence Olivier ignora la tortura de idealización que tiene Ingrid Bergman para con su primera y detestada esposa.

Semejante grado de fanática honradez alemana, o incluso veneración idolátrica y reverente propensión jamás lo pudieron llamar a engaño. Era inevitable que como ajedrecistas supiéramos que el principio era para estudiarnos, que cuando un varón se encuentra con otro varón (Dora era varón), hay una competitividad ineludible, mientras que una mujer puede situarse con una sonrisa mentirosa a la vez por encima y por debajo.

Las primeras sesiones fueron la apertura de todos los temas básicos que jamás pude trabajar sobre mí mismo con eficacia: desanudar vinculaciones opresivas, sentir mayor seguridad en mí mismo, aprender a enojarme en el momento y no con extemporáneos vómitos internáuticos-boomerang, poder encontrar mi lugar de estudio, de trabajo, mi oficio; poder conquistar desde un lugar novedoso la utópica aprobación paterna o poder, en todo caso, prescindir de mandatos que me condenasen a una frustración insaciable.

Dora empezó con el pie derecho: validó mi valoración del humor como mecanismo trascendental para motorizar cambios. Saludó con simpatía mi informalidad: el punto de asimilación a las instituciones que yo necesitaba no incluía una obliteración in toto de mi personalidad atípica (por mí) insospechadamente seductora.

Recuerdo cómo unía sus manos mientras me escuchaba, uniendo yema por yema del meñique izquierdo con el derecho, del anular con el anular, del medio con el medio y luego una impulsiva intervención infinitamente más cínica de lo que jamás se me hubiera ocurrido (por ejemplo: “más que un rebelde que se cree obediente vos corrés el riesgo de ser un obediente que se cree rebelde”, “¿por qué decís que todo va a mejorar?¡es la comedia americana! Muere el padre, muere el hijo, atropellan a la hermana y la protagonista concluye que todo va a salir mejor”, “con esta mujer tenés que ser más imprevisible”. “¿qué tengo que hacer? Y...si te lo digo yo...” “Fulano es como ese rey de “El Principito” que creía ser artífice o necesitaba sentirse el mandamás y en realidad no cortaba ni pinchaba pero ordenaba todos los días al sol que saliera por el este, etc.)-
[Escribí varias versiones como eco a su cinismo inimitable, o mejor dicho a nociones que desmantelaban tanto mis morales decimonónicas que las sentía como irrisoriamente cínicas. En una le pregunto qué hacer y me contesta que no sabe. Cuando le recuerdo que llegué a cierto dilema actual gracias a sus consejos me dice que eso sí lo sabe. Entonces le recuerdo cuánto pago-que para mí es el mayor gasto de mi vida “para mí” (o sea: sin contar los suntuosos gastos de onerosos regalos)-y Dora concluye tajante que si él fuera Dios como para saberlo todo, costaría aún muchísimo más]
Ana dejó de mencionar autores, después de que su cita a Saer fuera prolijamente rastreada por un servidor: error de juventud, atentar así contra la omniscencia sobreentendida que el medium para con nuestro punto ciego debe ostentar.
Recuerdo cómo se reía Dora de mi apariencial “Kadavergehorsamkeit” (obediencia de cadáver, categoría germánica, como cuando Hitler dijo “avanzo como un sonámbulo...). En realidad mi modelo era mitad el candor norteamericano (vale decir: yo en sesión deponía todo doble sentido porteño y procuraba hablar con la franca chatura de la insobornable ética luterana del tonto yanqui medio) y mitad un simulacro de Juicio Final. Jamás podré entender a quienes mienten a su analista, por más que sea tan urgente para mí aprender a mentir mínimamente, o mejor dicho a mínimanente entender que “decir la verdad” es otra mentira.
En libros de Irving Yalom se insinúa que el psicólogo es una persona ficticia, rentada, en la vida de uno, que vertebra una relación modélica que uno podrá luego emular en otras sociabilizaciones.
En libros de otro psicólogo, que es un curador mediante un contenido y encubierto amor.
Oscar Wilde dice que la absolución la da la propia confesión, no el cura: Dora era mucho más atea que yo en cuanto a sentir que hay “pecados”. Es muy injusto emparentar en una analogía a Dora con el cristianismo, siendo que tal vez el único dogma sostenido sin bemoles junto a la responsabilidad profesional haya sido el de “sufrir lo mínimo necesario”.

Mi mejor novia me imprimió de internet algunas conferencias de mi analista, y en una (que incluye justiciera publicidad a la gema musical cinematográfica “Fantasía”, junto a juguetes de los de antes y lo que podríamos llamar “la infancia de la infancia mediática”-¿no lo diría así Lenin?), Dora afirmaba que el análisis funciona -¿no es maravilloso?-, a pesar de que el paciente no crea en él.
(En otras, un estudio al mejor estilo “Zelig” referido a la barba: distintos cortes de bigote y afeitado por parte del sacerdote de la neurosis testean el grado de mímesis en la cosmetología facial de alguno de sus incautos conejillos de indias).
Recuerdo alguna de sus escasas pronunciaciones respecto de su vida personal.
A Ana le dije que encontraba cierta catársis en mirar partidos de fútbol y jugar a ser hincha de Boca y ella lo comparó con el teatro aristotélico (Sófocles era empleado estatal, la ordalía era un beneficio cívico).
A Dora le sollocé que me deprimía que hubiera perdido este equipo y Dora (¿sería de River?), me recordó que como figura paterna difícilmente podría escoger a alguien peor que el millonario tránsfuga Macri (lo dijo cuando insinué cierta cualidad “Robin-Hood” en los representantes de la Boca).
Alfonsín también cayó bajo su inusual toma de partido, cuando iconoclasta, derribó el poco aprecio nostálgico que me quedaba rememorándome el pacto de Olivos (sospecho que le insuflaba el pecho una izquierda que no existe en la Argentina, me consta-esto es lo esencial-que era no menos gorila que yo).
Una oferta laboral para una escuela alemana, sita en la calle Juan Domingo Cangallo me valió otra revelación no forzada: comenté que el nivel de alemán de esa escuela era un desastre y Dora me comentó que hizo allí su secundaria. Traté inmediatamente de ponderar la heroica y solitaria resistencia al nazismo que dicha escuela alemana enarboló (ante el silencio criminal de la Goethe Schule, la Pestalozzi todavía no había sido fundada).
Las infidelidades de una pareja me abrumaron: Dora adoptó una estrategia de lenta cicatrización definitiva para la primera, poniendo en jaque mi concepción de la gravedad del asunto. Mi herida era tan urticante, que por aquel entonces llegué a temer que en su vida real, Dora fuera amigo del amigo de mi señora.
Para la segunda, no hubo estrategia ni compostura clínica ni cínica ritual. A los gritos y con toda la indignación que yo no llegué a permitirme me hizo preguntas de muy difícil contestación: “¿pensás perdonarle además que te expusiera a enterarte así?¡vos parecés creer que poseés una generosidad infinita!.”
(¿Cómo decirle que toda la ilusión del amor en mi representación no podría ni empezar a existir sin el infinito, cómo explicarle que cada flexión de brazos que remedo parte del imposible supuesto de que poseo una energía ilimitada?. Dora adoptó el rol de suplidor de mi sentido común inexistente: ¿cómo compatibilizar sus palabras inmensamente orientadoras, con mi esencial yo abismalmente enemigo del buen gusto, la prudencia, las convenciones despreciablemente verdes como inalcanzables uvas?).
Esa pareja pudo sobrevivir a esto gracias a transitar desde otro lugar la mentira que toda institución implica y a establecer con otra tesitura de “seriedad” las leyes, que ciertamente se escriben con la presunción de que están para ser transgredidas. Dora me curó de hacer juegos de palabras en sesión, pero también, mucho más importante, me enseñó que el mundo hace juegos de palabras y que los juegos de palabras que hace el mundo no son mis bobos “cajas de pandora-cajeta de pandora” o “sostenido sin bemoles”, sino “la inflación de diciembre fue de 0.5%” y “te amo” y “no es algo personal” y “armas de destrucción masiva” y “es un honor que hayas pensado en publicar con nosotros” y “qué grande la tenés” y “nuestro producto fue biopuritizado” y “doctor, dígame qué hacer porque yo no sé nada y lo que sea que usted me diga lo voy a poder llevar a término sin que mis compulsiones lo saboteen”.
Recuerdo una traducción prestigiosa para la cual me conminó a “trabajar como una bestia” en palabras de Lacán y cuyo resultado final fue literalmante bestial, aunque sólo él y yo hubiésemos conservado la esperanza de que causas políticas extrínsecas exonerasen mi consagración.
Un “apriete” de índole judicial y la adquisición de mi propiedad inmobiliaria, seguramente los dos hitos complementariamente capitales de mi vida se sucedieron bajo su gestión psíquica.
Su ayuda en ambos casos consistió en instarme a la tranquilidad y en la recomendación de delegar acciones en personas que mucho más saben que yo del tema. También me liberó de ciertos trabajos esclavos instándome a preguntarme qué podía yo ofrecer de modo de deterrar mi mendicante y lastimera actitud de huérfanito violado falazmente incondicional. Nunca estuvo ausente mi padre ausente: firmemente instalada está la seguridad de que habrá una reconciliación cuando sea el momento indicado y mis circunstancias me impidan recaídas ignominiosas. Su importancia-tan elemental que acaso por eso mi estúpida originalidad u original estupidez subestimó, su importancia por encima de amistades y amores y trabajos y carreras, nunca estuvo en duda.
Sí, en cambio, la permanencia en el aire de mi blog. Un espacio que para mí significa muchas alegrías o esencialmente: una extensión de mi ser más íntimo y a la vez general, como dice Borges en un prólogo. Cuando me mudé, mi casa verdadera (hasta aclimatarme) quedaba en cualquier computadora con internet del mundo.
Dora y yo, entre angustias diversas, imputaciones de masoquismo y punzantes chistes, hablamos de algunos autores: Primo Levi, Stepehen Jay Gould-Richard Dawkins, Sandor Marai, Nietzsche, Oliver Sachs, Konrad Lorenz pero también de algunas autoras.
Pese a que las considero vanidosas, atrapadas en la contemplación de su ombligo, maquiavélicas, mencionadoras y no usuarias de las grandes lumbreras, poco leídas y no siempre preciosas, Dora me explicó que yo sólo podía aspirar a levantarme a escritoras. Que yo no sería feliz conversando con una secretaria ejecutiva, así como no trabajaría de buen grado como telemarketer o como algo que no implicare algún estímulo anterior al dinero.
Sugirió por añadidura que tendría muy poco predicamento mi amor por Chesterton y por Borges y mi personaje woodyallinesco de antihéroe cómico ante una escultural profesora de eduación física nada imaginaria, pero condenada ahora sí a mi actividad nocturna imaginaria.
En su enumeración de mis mentores erigió como máximo exponente en el pináculo a George Bernard Shaw. Inútil es ahora escribir a la nada, que mi insistencia en este irlandés sólo se debe al olvido editorial que prima: si a Borges no lo mentara el snobismo, mi lealtad estaría mucho más con el sutil mencionador de Joyce en “La muerte y la brújula” (Black Finnegan, antiguo criminal irlandés, abrumado y casi anulado por la decencia) que con el explícito autor de las siguientes líneas: Z -Quizá yo no sea una beldad; pero cuando entro en un vagón de tren, todos los hombres me miran A-Yo no soy un hombre cualquiera. Un hombre cualquiera cree que cualquier mujer que sube a un vagón de tren puede ser la mujer que busca. Pero siempre se desengaña (...)Z: Usted es un intelectual ¿verdad? A: -¿Qué cree entender por intelectual? Z:-Sólo que usted me considera una idiota y que, probablemente, fue un mal marido.

Dora, mi coach, mi asesor, mi amigo ha muerto. Ha muerto su inmenso corazón sentimental que prefería mis escritos más sensibles y su afilada sinápsis metódica que me deparó insights múltiples y simultáneos incluso dándole la razón a mis interlocutores. Pero la gravitación de mi influenciabilidad hace que anide en mí y su ausencia me lo haga más tangible. En nuestro último encuentro yo llevaba un whisky importado que una alumna me regaló para Navidad y la duda de si no subregalárselo o la vergüenza de no regalarle nada.
Pero la memoria, el único regalo, (Ana era sentenciosa, Dora sólo sentenciaba encogimientos de hombros tales como “la nuestra es la vida del labriego...¿por qué esperabas que tu tragedia no fuera encima de dolorosa tan berreta?”), me trae una obsequiosa salutación: cuando tomé los últimos exámenes de alemán este cuatrimestre, una insidiosa alumna histérica me increpaba (y casi imprecaba) por sus omisiones aparentemente bochativas. Me acuerdo que me surgió de las entrañas como un gruñido una frase para tranquilizarla, para asegurarle que en el oral ella ya iba a poder levantar la nota. La muchacha aprobó. En mi casa, si bien me conozco a mí mismo como quería Sócrates, no pude identificar el influjo del cual emulé esa voz macha, paternal y protectora, que desde un fastidio que es el colmo de la virilidad ante la aguda voz gorriona de los monólogos de la vagina, emerge serenando como un león bostezante.
Lo reconozco ahora: Dora ya es una de las esenciales cinco o seis voces que me habitan. Siempre priorizo a las otras, circenses, teatrales, arengadoras, chillonas, ácidas, alocadas.
Sólo en caso de emergencia, de verdadera necesidad afectiva o efectiva, emerge, nunca mejor dicho, la calma desde una sensatez que soy el primero en burlar, del criterio sin el cual, todos los niños que somos y juegan mientras el gigante duerme, estaríamos mezquinamente confinados en una desordenada penitencia...

Esgrima verbal




Al estrenar una de sus últimas comedias , "Buoyant billions" George Bernard Shaw envió cuatro localidades a Winston Churchill con una tarjeta que decía: "En la esperanza de que los señores Churchill asistan a mi obra con dos amigos...si es que le quedan todavía dos amigos".

Winston S. Churchill devolvió las localidades a vuelta de correo con la siguiente nota: "Los señores Churchill agradecen al señor Shaw su invitación y lamentan no poder asistir al estreno de la obra. Pero les encantará asistir a la segunda función...si es que llegara a realizarse una segunda función"

jueves

La despenalización del MATRIMONIO NECROFÍLICO: ¿una avanzada del progreso?


(Copenhagen, por nuestro felizmente casado en potencia con una infeliz post mortem en acto especial): Mientras en el continente que permanece como basurero mundial todavía hay personas que tienen sólo dos celulares y todavía miran películas por vhs, en la Dinamarca del casi 2008, dínamo de reformas sociales listas y algunos excesos socialistas, acaba de aprobarse la Ley del Matrimonio Necrofílico.


Soy un argentino que en 2001 aprovechó de desenterrar un tatarabuelo checo para conseguir el pasaporte europeo y en tanto carroñero, entiendo que esta ley puede favorecernos. Estoy en contacto con la diputada Björgelina Coxissaghen, coautora del anteproyecto. Dra, para Cáncer Marital, de Argentina ¿podría darnos un pantallazo de plasma plano general respecto de las uniones civiles con difuntos?


BC:-Muchas gracias.


Cáncer Marital:-De nada. ¿Qué nos puede decir de este proyecto de ley que permite a una persona casarse finalmente con la parte fallecida que si viviera acaso denegaría en rigor (mortis) la petición de su fenecida mano?


BC:-Oh, Argentina. ¿Maradona?


CM: -Sí, pero vive todavía. A ver si el intérprete puede transmitirle lo que queremos saber: ¿es real el caso de corrupción para la aprobación de esta ley, o la única corrupción es la corrupción de la carne y son "gusanos" los que socavan la límpi...?


BC:-Mi hermana menor aprendió tango, antes de ser Ministra de Educación Póstuma...¿es de Argentina el tango?


CM:-Sí, pero queremos saber del tongo, señorita...


BC:-¡¡¡¡¡¡¡¡SEÑORA!!!!!!! Mire mi anillo. Me casé. Me casé hace dos horas, no me tuve que costear hasta Vegas.


CM: -Congratulaciones señora...señora...


BC:-Señora Kierkegaard.


CM:-¿Podría resumirnos los basamentos de la nueva ley que rige en toda Dinamarca?


BC:-Es una ley que de ninguna manera busca satisfacer el primitivo ideal católico obsoleto. En primer lugar no favorece la procreación, salvo por fertilización inasistida que es un encastre y un enchastre. Lo invitro a tomar nota de eso. En segundo lugar, el Vaticano persiste en no liberarnos las almas que ya fueron secularizadas por decreto y pasaron a cada estado nacional. Para ellos, si me uno a Sören íntima y póstumamente, estoy secuestrando su alma, impidiendo la metempsicósis, atentando contra el dogma tomista, una discusión, como se podrá imaginar, irrisoria para una inexistencialista como yo.


CM:-¿Admiten el matrimonio póstumo entre personas del mismo sexo?


BC:-¡¡¡¡Bajo ningún concepto!!!!!! Eso es una aberración. El único motivo por el cual dos perversos inmorales pueden querer legalizar su contubernio es para heredarse, cosa que pueden lograr con una escribana ¿o quieren ahorrarse eso también junto con el deber estoico de soportar a alguien del sexo opuesto?


CM:-Pero con el matrimonio post-mortem se dio pasto a las suspicacias pecunarias en mucho mayor medida...


BC:-Por eso nosotros aprobamos el inciso del contrato prereencarnal. Documéntese antes de hablar, jovenzuelo, o de lo contrario se va a quedar soltero como su mamá...


CM:-¿Cómo se asegurará la voluntad del muerto en casos de controversia o ambigüedad?


BC: -¡De ninguna manera! ¿no leyó el Boletín Oficialsen? La voluntad del muerto no cuenta en absoluto, basta con llegar primera a la tumba con un contador nigromántico. Eso es lo más romántico: el Dante hubiera podido desposar al cadáver de Beatrice, aunque la florentina se hubiera hecho la estrella o la estrecha en vida.


CM:-...Y no existiría "La Divina Comedia"...


BC:-¡No! Exisitría la divina felicidad y alguna obra cursi y menos infernal. ¿Por qué quiere sacarme de contexto y hacerme decir que me opongo a las cumbres del arte occidental?. ¡Soy ahora la señora de Kierkegaard!¿le parece que me hubiera casado con él si me pasara la cultura por donde el Coloso de Rodas se pasaba los barcos?


CM:-¿Por qué no lo clona al Sören, qué clase de vida junto a él va a poder tener?¿qué vínculo va a poder construir?


BC:-La ley de clonación no está aprobada todavía, ¿que no sabe que todo lo que es para la muerte avanza mucho más rápido que todo lo que es para la vida?.


CM: -Sin embargo a mí me explicaron que aquí en Dinamarca, los secuestradores nunca dan una muestra de vida, porque con un dedo un millonario es capaz de clonar a su hija con tal de no darles el gusto de pagar el rescate...


BC: -Eso es un mito urbano. Rige la ley anticlonación en todo el territorio nacional, queda terminantemente prohibida la reproducción total o parcial.


CM:-¿Qué pasará cuando usted muera?¿podrá, qué se yo, mi hermana que está en Berlín, venir y casarse en segundas nupcias póstumas con Kierkegaard?.


BC: -Cuando yo muera, usted podrá casarse conmigo. Ya va a tener edad suficiente como para haber entendido lo que es el verdadero amor...

Karl Kraus, satírico K

Antes que nada y por si mi olvido, porque no quiero vindicar a un austríaco (Austria hizo creer al mundo que Mozart era austríaco y Hitler alemán) antes que al país que nos dió al mejor novelista (Joyce), al mejor poeta (Yeats) y al mejor dramaturgo (elige tu propio genio, para mí es Shaw, pero te quedan Wilde y Beckett), les deseo las mayores felicidades en irlandés, para que Seamus Dichosous:

may you always be blessed
with walls for the wind
a roof for the rain
a war cup of the by fire
lauhgter to cheer you
those you love near you
and all that you
heart might desire

Y ahora sí, recordemos la Viena finisecular de la preguerra, cuando en Berlín se decía "la situación es seria, pero no es desesperante"(tragedia según el 18 de brumario) y en los cabarets de Viena se parafraseaba: "la situación es desesperante, pero no es seria".
Anoche Martin Seligman en la BBC nos explicó que las personas optimistas y felices viven más. El autor de "La auténtica felicidad" me resulta tan farsesco, que no puedo dejar de sonreír (supongo que él ganó). Escribió un libro proponiéndose demostrar que el ser humano es más feliz en democracia, con dinero y cuando su cerebro no fue estrellado por una religión dogmática. Empirista y antifreudiano, casi conductista en su semblanza de la "sonrisa de azafata", su libro de autoayuda cree poder medir la felicidad mediante la metodología de las encuestas. Los resultados contravienen las conveniencias: en Japón (cultura de la vergüenza) la gente es más desdichada hasta que un judío (cultura de la culpa) en Argentina. Este contraste nipon-platense le hace concluír que el dinero no hace la felicidad (Japón y Argentina son ejemplos, dicho de paso, para premios Nobel de economía de excepciones a todas las reglas, porque ellos deberían ser pobres y nosotros prósperos).
O sea: no concluye que el argentino es más jactancioso.
Más adelante, descubre que bajo dictaduras y bajo religiones fundamentalistas, la gente es más feliz (y también ¿nada que ver con fundamentalistas tiranías? que la gente es más feliz casada que soltera, viuda o divorciada).
Tiene la honestidad de explicitarlo aunque su conclusión final no es que la mayoría de la gente no soporta la libertad, no tolera la responsabilidad, aborrece el vacío y prefiere un asado de tira y una tutela que le mienta certezas.

También investiga a paralíticos felices y a ricos y famosos angustiados (como la hija de Amelita y su caprichosa vejiga). Admite que parece ser el temperamento congénito y no las circunstancias exteriores lo que condiciona la joie de vivre o la maldición gitana de una personalidad capaz de quejarse de la cotización de la corona sueca el día que le anuncian que ganó el Nobel.

Termina igual recomendando trucos para entrenar la felicidad, como si fuera una gimnasia o una transacción comercial.

Ya su comienzo es autorefutatorio: lejos de ser la felicidad un fin en sí mismo, un telos, algo autotélico, es una teleología, que cabe intrumentalizar maquiavélicamente en aras de la longevidad o la evitación epidérmica de arrugas.

A mí me hace feliz enterarme de todos los males del mundo y poder cifrarlos en frases envenenadas, porque todo veneno en dosis ligeras es un tónico y el humor, la anestesia de toda melancolía insaciable.

Cada vez que paso por el puente de Juan B. Justo y Córdoba algún sabio clochard, algún Harún Al Raschid ha puesto un aforismo, una perla de sabiduría con la cual iluminarnos. Esta semana dice: "¿querés tener razón o ser feliz?". Y me alegra saber que prefiero tener razón, acercarme a la porción recortada intersubjetiva de urdimbre de palabras que ya no se estila llamar "verdad", pero que mueve todas las cosas, antes que a la belleza y al placer, que son ignorancia cosquilleante para hoy, y falsos halagos decepcionantes macabramente siniestros para la vacua vejez.

Karl Kraus debería escribir en ese puente, debería "pontificar".

Les reproduzco algunas gemas:

La personalidad de la mujer es insustancialidad ennoblecida por la inconsciencia

No hay nada más insondable que la superficialidad de la mujer

Es fácil captar el contenido de una mujer ¡pero hasta que llega uno a la superficie!

Una hermosa niña oye un crujido en la pared de un dormitorio. Teme que se trate de ratones y sólo se calma cuando le dicen que al lado hay un establo y un caballo se mueve. "¿Es un semental?" pregunta ella y se duerme.

Desconfía de la mujer a la que sorprendes siéndote fiel. Hoy te va a ser fiel a vos y mañana a otro...

La mujer participa en todos los asuntos d ela vida con su sexo. A veces incluso en el amor.

¡Qué placer acostarse con una mujer en el lecho de Procusto de su cosmovisión!

Siempre me siento vivamente impresionado por aquello que pienso de una mujer.

Una mujer que no puede ser fea no puede ser hermosa (Billy Wilder citaba esta idea para elogiar a Marlene Dietrich).

No existe se rmás desdichado sobre la faz de la tierra que un fetichista que anhela un zapato de mujer y se ve obligado a quedarse con una mujer entera.

El aburrimiento y la incomodidad son los polos entre los cuales oscila la fascinación por las mujeres. Llevadas hasta el extremo, o son misericordiosas hermanas de la caridad o hermanas inmisericordes.

Como está legalmente prohibido tener animales salvajes y los animales domésticos no me divierten, prefiero seguir siendo soltero.

Una mujer es un sucedáneo bastante útil del onanismo. Desde luego se necesita para ello un exceso de imaginación.

Una mujer sin espejo y un hombre sin amor propio ¿cómo pueden abrirse paso en el mundo?

Nada supera la fidelidad de una mujer que en cualquier circunstancia se aferra a su convencimiento de que no engaña a su marido.

Supremo entusiasmo de los sentimientos: si supieras qué alegría me das al venir...¡no lo harías, sé que no lo harías!

Ante las mujeres el sistema social nos da siempre dos opciones: ser mendigos o bandidos.

La profunda reverencia ante una mujer también puede obrar milagros como masaje.

Ojos que ven, corazón que no siente.

No logro liberarme con facilidad de la impresión que he dado a una mujer.

L amujer no siente el dolor que el hombre le ocasiona, el hombre siente incluso este.

La superioridad que un hombre valioso siente respecto de una mujer carente de valor nunca es mayor que la que siente un hombre carente de valor respecto de una mujer valiosa.

La zoofilia está prohibida, pero se permite matar animales: ¿nadie pensó en que podría tratarse de un crimen pasional?

Sobre la educación sexual: como si enseñaran a nadar diciendo dónde no se puede uno meter y describiendo al agua como combinación de hidrógeno y oxígeno.

Los pensadores griegos se conformaban con prostitutas. Los verduleros alemanes no pueden vivir sin damas.

El cristianismo suprimió las barreras aduaneras entre espíritu y sexo, peor el hecho de impregnar de pensamiento la vida sexual es una reparación misérrima por haber inundado de sexo la vida del pensamiento.

El crisitanismo enriqueció el banquete erótico al añadir la curiosidad como entrada, pero lo estropeó al servir de postre el arrepentimiento.

El beso de Judas que la civilización cristiana dió al espíritu humano fue el último acto sexual que permitió.

Sin duda el perro es fiel. Pero ¿a quién mierda es fiel?¿a otros perros?

Mi público y yo nos entendemos de maravilla: él no escucha lo que yo digo y yo no digo lo que él quiere escuchar.

y el último, que es el mejor aforismo de Karl Kraus y lo escribió Paul Celán: "era tan hondo el amor de ella que podría hacer que él levantara la tapa de su ataúd, si la flor que ella le colocó no fuera tan pesada"


miércoles

Contrarevolución tradicionalista: cómo serán los casamientos militares


Campo de mayo (de nuestro batallón especial) En clara y distinta contraposición a las conquistas progresistas (casamiento sólo por civil, unión civil para maricas y tortilleras, liberación femenina farmacológica mediante la píldora y liberación bisexual rave mediante las pastillas) el Teniente Coronel Rudercindo Momia Fulgencio explica cómo serán los contracíclicos casamientos militares.

Cáncer Nupcial: -Teniente Coronel ¿cómo serán los casamientos militares?


Momia Fulgencio: -Serán como lo que deban ser o no serán nada. Para toda la vida, por lo menos o así Dios pero sobre todo la Madre Patria, con su artillería pesada demandarán a los esponsales pusilánimes. Ahora que la Iglesia subversiva tolera parejas que contren nupcias estando la novia encinta (y no me vengan con el Espíritu Santo), hemos decidio atender el reclamo de la ciudadanía sana y contraponer uniones estrictas, rigurosas, en las que el buen orden libidinal haya gloriosamente derrocado, digo "derrotado" a ese cáncer llamado "livin la vida loca"
Oncología ontológica: -¿Qué respondería a quienes consideran que fue innecesario el secuestro, tortura y asesinato de los "amigovios" (mucha franela y poco polvo) que le temían al compromiso?¿es cierto que quienes incurrieron en relaciones premaritales fueron además "chupados"?

Momia Fulgencio:-Es cierto que hubo excesos, pero ellos cometieron exsexos, y distrayeron energías útiles al repoblamiento de la Patagonia dispersando hombres y armas (algunas de ellas muy fogosas, de fuego, quiero decir) favorieciendo al enemigo. Pueden regocijarse de que los amasijamos nosotros antes de que los capturara la soledad a los cincuenta años...

Cáncer de huevos: -¿Qué le responderían a la Ministro de Defensa que insinuó que lanzar esta noticia bomba ahora a fines de año parece una provocación?

Momia Fulgencio:-Me parece que es de una paranoia conspirativa. Nosotros matamos indiscriminadamente durante todo el año. En cualquier fecha que lo hubieramos lanzado se hubieran acordado de algún terrorista abatido y no de la inseguridad cívica que despejamos. Además, Nilda Garré, y esto está demostrado públicamente aunque ahora la prensa pretenda distraer a la opinión pública, es mujer. Que se dedique a higienizar vajillas...

Cáncer de Crístobal: ¿Considera que los logros del feminismo importan un retroceso para la civilización?

Momia Fulgencio: Usted debería estudiar meticulosamente el aumento de los índices de mortandad por accidente de tránsito desde que las mujeres pueden estar al volante. Les dimos no sólo el sufragio, María Estela Martinez de Peroné fue la primer presidente mujer de Latinoamérica y así nos fue. ¿Cómo va a gobernar alguien que no gobierna ni sus propios impulsos y que cada cinco minutos cambia no de opinión acerca de la selección nacional, sino que cambia de gnoseología, de metafísica, revoca el amor que tenía hacia el padre de su hijo, niega tres veces a su Mesiás y todo porque se está por indisponer?. Nosotros organizamos invasiones para crear un enemigo exterior a quien echarle la culpa, jamás tuvimos la impiedad de mandar a morir a nuestros chicos para levantar nuestra autoestima. Yo en mina no le rescato ni a Juana de Arco y si Belgrano se la comía doblada me ne frega porque tenía unos huevos así, o si no recuerde el éxodo jujeño y cómo vistió con traje de fajina a los cáctus después de inspirarse tomando la mezcalina del cáctus San Pedro...


Cáncer de nena: -¿Por qué se afirma que ustedes son los únicos garantes de la feminidad perdida?


Momia Fulgencio:-Porque ahora las utopías marxistas de cambiar el ser social devinieron en freudianas deformaciones para hacer la revolución libidinal. Y nuestras mujeres están atravesadas por el mandato de ser todas Madame Curie y Pamela Anderson en una. Y, aunque esto demuestre que la cabeza como para ser Madame Curie mucho no les iba a dar, a todas lo que las está matando es lo que intentan como prioridad con objetivos y sin plazos: ser más flacas que un indostánico asceta. Sofia Loren y Marilyn no serían consideradas sino vacas locas en el regimen dietético imperante. Con nuestro paradigma tradicionalista la mujer volvería a ser confinada a la cocina, a la crianza y a ir a misa. De ser voluptuosa ni hablamos porque en eso consiste la mayor sensualidad: en que se sobreentienda que el eterno femenino será siempre lo anhelado.

Cáncer espiritual: -¿Y qué es aquello de la determinación biológica?

Momia Fulgencio:-Tardó milenios en develarse. Todos preferían creer en misticismos. La ilustración erigió a deidad de reemplazo a la ratio, la razón desapegada de valores y sentimientos. Así pudimos construir campos de exterminio "racionales". Por suerte las nuevas éticas hablan de cuidarnos en tanto cuerpos-no espíritus o racionalidades. La fenomenología de Husserl no puede ser tan importante para Husserl como pegarse un baño al menos una vez por semana. Aquella frase de Kafka que dice "ojalá me liberara del penoso deber de comer para poder escribir más" resultó otra entelequia comunista. Somos mucho más nuestro cuerpo que ninguna otra cosa. Yo amo a mi cuerpo de soldados. Y la mujer podrá tener derechos civiles a hablar desfachatadamente como si tuviera su genitalidad afuera, podrá conquistar el derecho a garchar sin involucrarse emocionalmente, pero por más reformas a la Constitución que se hagan no se derogará la menstruación.

Cáncer de arreglemos: -¿Están a favor de los casamientos arreglados?

Momia Fulgencio:-No me saque de contexto o lo mando a hacer lagartijas. Todo lo que dijimos es que en el marco de los casamientos arreglados no se cultivaba sino la responsabilidad. ¿Qué es esto de vivir el momento y estar encandilado con eternos maravillosos comienzos?. Antes usted se casaba por motivos de alcurnia o pecunarios y aprendía a amar a su esposa o al menos no desearle constantemente la muerte, después de estar unidos en el sacramento de la comunión de la consustanciación de la crucifixión del matrimonio. Ahora, se está siempre con un pie adentro y otro afuera (y siempre el pie adentro idealiza el pie afuera). Usted no es libre de rajarse un pedo porque su prometida se rajará las vestiduras y dirá "si me hace esto a los dos meses ¿cómo será el sorongo en cuatro años?".

Cáncer de altar: -¿La ceremonia será idéntica a la del civil?

Momia Fulgencio: -Sí, al momento se poner el gancho gritaremos: FIIIIIIIIIIIIIIIIIRME!.

Cáncer hasta que (=la muerte) no se pare: -¿Alguna otra diferencia?

Momia Fulgencio:-Bueno, se jurará defender a la Amada de los intereses foráneos, de los cipallos y de todo lo que atente contra el yogur Ser nacional, por no hablar de la propia leche...

Cáncer Bero: -¿Y es verdad que se hará un monumento al amante desconocido?

Momia Fulgencio: -Claro, muchas veces las cadenas conyugales son tan pesadas que no bastan dos para llevarlas. Y el amante si logró pasar desapercibido en nuestras condiciones de eterna vigilancia marcial, se merece un monumento. Igual, preferimos que el tercero sea un hijo...

Cancerdita: ¿Están a favor de la adopción?

Momia Fulgencio:-Sí, claro. Pero nosotros estamos primero que nada a favor de la adopción de una severa recuperación del peso de la palabra. Si decimos "sí, quiero" y no ahora que se dice sin poner el acento ni los puntos sobre las íes y la mujer se llena la boca diciendo "te la chupo si quiero"-y es de lo único que se llena la boca, nosotros si decimos algo, si empeñamos nuestra palabra, eso es sagrado y tan recto como el sable corvo de San Martín de los guayaquiles. Por eso estamos a favor de adoptar un bebé no biológicamente propio siempre y cuando se le cambie el nombre.


Resfrío de qué: ¿Creen que tendrán éxito?



Momia Fulgencio: Por supuesto. La gente siempre va a entregarse a discursos monocausales que le ordenan la realidad prolijamente. Casi nadie sabe mandar, pero como la incertidumbre es intolerable muchos aprenderán a obedecer. Los que no son religiosos igual verán que desde todas las ciencias se asegura que sin armonía no hay vida, sin orden y cooperación coordinada conjunta ni siquiera la teoría del caos o la sobrevaloración darwiniana del azar se sostendrían.


Cáncer de sábado por la noche: -Entonces ¿no avalan el divorcio?

Momia Fulgencio: -Lea a Séneca, jovencito. Allí verá que toda rabieta obedece no al sentimiento sino a una interpretación mental que la antecede, que le pinta con malos colores hechos que no son morales ni inmorales, ni regocijantes ni indignantes. Lo temperamental es témpera mental...