miércoles

Cristina Kirchner: "ES INEVITABLE EL BAÑO DE SANGRE PORQUE CON UNA FRANJA DE GASA NO REEMPLAZÁS UN TAMPÓN"



Calendario geológico de Boca Juniors Campeón ideado por Carl Sogán para explicar pedagógicamente que la vida surgió recién entradas las 23 hs. del 31 de diciembre con un golazo del Pochi Chavez


En una deliciosa cena con un reputado crítico de arte, me sorprendió oirlo quejarse de que los jóvenes prometedores (debo decir que incluyó a Ricardo Piglia) hayamos sucumbido a los cantos de sirenas de la escuela Borges que exige genialidad de ideas y perfección en cada palabra cincelada, arruinando lo que buenamente hubieramos podido llegar a ser si nos resignábamos más realistas a la desprolífica escuela Pío Baroja, para la que sí nos daba el cuero.

[ya Les Luthiers en la introducción a "Loas al cuarto de baño" de "Todo por que rías" se encoge de hombros explicando que los espejos de Mastropiero no tienen la hondura metafísica de los de Borges, ya el Charly García versionista en su "Roll over Beethoven" de "El Aguante" grazna "Corréte Beethoven, que Borges no soy..."]

No lo corregí: no porque no estuviera equivocado, sino porque odio corregir: en eso soy como César Aira que prefiere escribir una novela nueva a pulir y burilar cada vocablo. ¿Por qué habríamos de corregir el 2008? (nada de habríamos, cerrábamos!). Empecemos el 2009 sin aprender ninguna lección de nada, con el vaso vacío ¿cuántas vacas nos perdimos por una leche que nos quemó la cabeza llorando su mal extrapolado aprendizaje?.

Constituye una esperanza para la irracional tentación de ser Borges constatar que al propio Borges le llevó años y años de ser Jorge Luis Borges las 24 horas del día. Prueba de ello es la superioridad de su producción última y su bisturí maestro para crear una nueva belleza destruyendo a último minuto (a la manera de "El puente sobre el río Kwai") lo arduamente labrado.

Sería aburrido ennumerar aciertos de correcciones a lo largo de su obra. "Pitaban" tabaco negro por "fumaban" en "Para las seis cuerdas" o la rectificación ambigüa en la línea final del poema "Israel" de "solo una cosa te prometemos, tu puesto en la batalla" (que quedó en la versión de Alianza "tu suerte en la batalla").

Alcanza con recordar que Borges tenía que desembarazarse de sus primeros ídolos, rígidos y expertos en la vacuidad del floreo meramente verbal. Hay quienes me niegan al Borges poeta, por los mismos motivos por los que Kant se defendió diciendo que sin duda había que reducir al mínimo la metafísica en la filosofía pero a "no menos que eso". Algo de Lugones sigue molestando a oídos sordos que le hacen idem. Pero ¡cuánto de esa tendencia contraria a la emoción tan contenida le arrebató a sus errores infantiles!. Rememoremos que en "Fundación mítica de Buenos Aires" consiguió sustituír las extranjerizantes "naos" por fundacionales "proas" y hoy todos tenemos en la Boca la Fundación Proa (ay, gordi, cuesta seguirte ¿que me querés decir con que "Fundación mítica de Buenos Aires" al principio se llamaba "mitológica"?¿de posta que Borges había escrito "Mitológica mítica de Buenos Aires"?).

Borges como crítico de los demás era injustísimo y censuraba a veces conceptualmente, a veces estilísticamente y a veces con agravios pendencieros personales que de tan finos pasaban por la honorabilidad. Otras veces en su necesidad de descalificar corría a sus víctimas con minucias de petitero manierista desde un inesperado naturalismo, como cuando objetó el "for wine and blood are red" de Wilde, explicando que los soldados de esa época no tomaban vino, sino cerveza.

Ese espíritu crítico implacable ( y "a priori") le permitía a veces sacrificar para purificar líneas enteras de su poética. Toda la conclusión de la primer versión del poema que sigue fue suprimida, quedando genialmente inmovilizada la palabra "inmóvil" que ahora nos mueve a asombro...

(¿querés ver más de cómo la capacidad de Borges en lo que se refiere a estética es


Bárbara?: entrá a: http://www.89.gen.tr/barbara-borges-nude-picture-collection-set.html)

¡¡¡¡mucho exigente pero factible trabajo, mucha tranquila carcajada y mucho fructífero autodisfrute para este año con la economía en el re-diván con la re-sesión!!!!

FINAL DE AÑO
Ni el pormenor simbólico
De reemplazar un tres por un dos
Ni esa metáfora baldía
Que convoca un lapso que muere y otro que surge
Ni el cumplimiento de un proceso astronómico
Aturden y socavan
La altiplanicie de esta noche
Y nos obligan a esperar
Las doce irreparables campanadas
La causa verdadera
Es la sospecha general y borrosa
Del enigma del Tiempo;
Es el asombro ante el milagro
De que a despecho de infinitos azares
De que a despecho de que somos
Las gotas del río de Heráclito
Perdure algo entre nosotros:
Inmóvil.
Algo que no encontró lo que buscaba.
(Fervor de Buenos Aires, 1923)


FINAL DE AÑO
Ni el pormenor simbólico
De reemplazar un tres por un dos
Ni esa metáfora baldía
Que convoca un año que agoniza y otro que surge
Ni el cumplimiento de un intrincado plazo astronómico
Socavan con cataclismos de badajos y gritos
La altiplanicie de la noche serena
Y nos obligan a esperar
Las doce oscuras campanadas
La causa verdadera
Es la sospecha universal y borrosa
Del enigma del Tiempo;
Es el asombro ante el milagro
De que a despecho de azares infinitos
Perdure algo en nosotros:
Inmóvil.
(Obra Poética, de 1966)


FINAL DE AÑO
Ni el pormenor simbólico
De reemplazar un tres por un dos
Ni esa metáfora baldía
Que convoca un lapso que muere y otro que surge
Ni el cumplimiento de un proceso astronómico
Aturden y socavan
La altiplanicie de esta noche
Y nos obligan a esperar
Las doce irreparables campanadas
La causa verdadera
Es la sospecha general y borrosa
Del enigma del Tiempo;
Es el asombro ante el milagro
De que a despecho de infinitos azares
De que a despecho de que somos
Las gotas del río de Heráclito
Perdure algo entre nosotros:
Inmóvil.
(Obras Completas, 1974)

"TO BE OR NOT TO BE" y su Doppelgänger

Ernst Lubitsch y su frase tan actual a la luz de los paracaídas de oro para los banqueros:
You could name the great stars of the silent screen who were finished; the great directors gone; the great title writers who were washed up. But remember this, as long as you live: the producers didn`t lose a man. They all made the switch. That`s where the great talent is.
¿Querer vivir o no querer vivir?, el tácito dilema diario salvado o desequilibrado muchas veces con el poder de la imaginación: O God I could be bounded in a nutshell and count myself king of infinite space, were it not that I have bad dreams....(Hamlet)
Robert Stack se levanta de su butaca al oír el shakespeareano password que la turbulenta mujer del actor le sugirió para un furtivo encuentro..


Ernst Lubitsch, mi director de cine predilecto, rodó "Ser o no ser" en 1942, vale decir en plena II Guerra Mundial, con un grado de penetración intelectual que todavía me conmueve.
No sería una película más: para la hermosa Carole Lombard-que reemplazó a Miriam Hopkins que se llevaba mal con Jack Benny (el marido) y se reencontró con su amigo de la infancia en la vida real (el amante) sería la última, ya que su sino gardeliano la estrechllaría en un abrazo abrasado no indigno de Bin Laden (apellido que es del todo incivil traducir del alemán tanto como "Soy Negocio" como como "Estoy Puesto").

Su buena fama de deliciosamente arrobador y maestro de la alusión quedaría mellada por un chiste perfecto que entonces fue considerado de mal gusto tanto por el público como por la crítica con el mismo criterio con el que parezco de mal gusto por querer hacer extensiva la territorialidad del humorismo ontológicamente curativo a la oncología: el actor Joseph Tura se disfraza de nazi para salvar a la resistencia polaca pero, vanidoso, no resiste preguntarle a cada comandante si no conoce por casualidad al famoso, al celebérrimo, al inmenso, inigualable actor Joseph Tura. Nadie lo conoce, ni oyó hablar de él. Hasta que finalmente Erhardt sí, dice que sí, que lo conoce y agrega: "Le hace a Shakespeare lo que nosotros le hacemos a Polonia".
((esta frase resultó urticante durante la avant premiere, al punto que Billy Wilder, encargado de la autopsia tras el sepulcral silencio nada polisémico, le recomendó eliminarla...Lubitsch se negó...y no por falta de presupuesto: la forma de la muerte de Carole Lombard, esposa de Clark Gable obligó a gastar 35 mil dólares en surpimir una línea que su personaje dice cuando escapa a Londres: ¿qué puede pasar en un avión?al mejor estilo SpiderMan ya no puede balancearse en las Twin Towers))
Para las multitudes la película pasaría eclipsada todavía por la estela de precocida elocuencia de "El gran dictador" (1940) de Charles Chaplin (nacido el 16 de abril de 1889) , film que un hombre más famoso y popular que Hitler (nacido el 20 de abril de 1889) rodó con superficial idealismo creándose una fama de valentía que distaba mucho de tener (el propio Franklin Delano Roosvelt tuvo que llamarlo y pedirle que tuviera coraje y se animase a estrenarla, cuando se empezó a divulgar la existencia de campos de concentración).
The great dictator, con todo lo sensiblera, efectista y monocausal que era, fue como el pago de la deuda externa al FMI por parte de Lula para Argentina: inspiró a Lubitsch a rectificar trazos de la caricatura antitiránica...pero por supuesto la dictadura de "El gran dictador" se impuso (al propio Hitler que la prohibió en Alemania le encantó: se mataba de risa viéndola en sesiones privadas con Goebbels ¿tenía razón Foucault con el efecto conformista bufón-del-rey del "libertario" humor?)
Bertold Brecht admiraba a Chaplin hasta el punto de considerarlo comunista. Tal vez la primera refutación de la teoría racista de las esencias nacionales surja ya mismo al constatar que (el judío alemán) Lubitsch posee un refinamiento y una sutileza que tanto el alemán Brecht como el británico Chaplin desconocieron.
[como Freud, Lubitsch no quería subrayar su judaísmo: solo en una comedia aparecen explicit jewish lyrics: -Lo que vos sos yo no podría comerlo--¿Cómo te atrevés a llamarme cerdo?]

Brecht en su "La resisitible ascención de Arturo Ui" [cuyas minuciosas didascalias incluyen prescripciones prosódicas en la que la palabra "Glaube" ha de decirse alterando la entonacion melódica], denuncia (no sería oportuno decir "desenmascara") el caracter intrínsecamente teratológico de la oratoria hitleriana: Hitler realmente tomó lecciones de postura actoral (algo que probablemente inspirara la lectura de Beatriz Sarlo del primer peronismo, cuando escribió que todo lo que en Eva Duarte fracasaba estridentemente como radioteatro sobreactuado resultaba victoriosamente funcional a la receptividad política del "aluvión zoológico").

La película de Lubitsch quiso corregir la caricatura panfletaria ("didáctica") de Chaplin, mostrando que el ideal nacionalsocialista en modo alguno se sostenía sobre fundamentos tan pueriles como un megalómano alla Ghengis Khan jugando con el globo por narcisismo: a nadie le pude caber duda de que Hitler no era precisamente un muchacho simpático al que invitaríamos a un asado, burlarse de él es como reírse de la forma de hongo de la nube atómica en lugar de explicar cómo se produjo y por qué tuvo semejante alcance. Lubitsch quiso mostrar por qué un manipulador (según el biógrafo Trevor Ruppert) o un bruto demencialmente convencido (según el biógrafo Alan Bullock) sedujo a Alemania: quiso mostrar al nazi glorificado tanto como el obrero ruso lo estaba en las propagandas sublimes de Eisenstein: quiso mostrar la maquinaria de servilismos y orgullos honorables implicados en la tragedia de dicho idealismo criminal.
Fernando Trueba (ganador del Oscar por "Belle Epoque"y confeso admirador de Lubitsch) usó a Penélope Cruz para emular este rasgo en "La niña de mis ojos", pero su fábula no está tan lograda (llamá al 0800 reobvio para "Caídos del catre denuncia" y contestá quién es más incapaz de captar la fuerza de la delicadeza de los elípticos understatements, el alemán o el español).

Otro matiz que Lubitsch consiguió enfatizar con la evanescencia del murmullo es apenas el eco confirmatorio de algo más que la frase de Shakespeare("la sangre y la destrucción llegarán a ser tan corrientes, que las madres se limitarán a sonreír cuando contemplen a sus hijos descuartizados por las manos de la guerra"): la filosofía del Globe Theater, que proclamaba que el mundo es un teatro.

Escribe el dramaturgo George Bernard Shaw (más de medio siglo antes que "Mirando el dolor de los otros por tv" de Susan Sontag )en el prólogo de su propia obra predilecta "Breakheart's House": "Reinaba una frívola exaltación de la muerte que en el fondo era una incapacidad de comprender que las muertes eran muertes reales y no teatrales".

Los judíos que logran escapar disfrazados de nazis no son la identidad de los enemigos que enunció Levinas, sino la constatación de que el cosmos es menos movilizador que la cosmética.

"El tren de la vida" contó hace poco esa misma historia algo maniqueistamente y su director protestó por considerar plagiario a Benigni, imputándole oportunismo por usufructuar una "reconfortante comedia con el transfondo de la Shoá" como nicho u horno crematorio del mercado.

[creo que entre líneas no se protestaba como Cortazar ante el "Blow Up" de Antonioni por una idea robada-en aquel caso la de que en el trasfondo del escenario de una foto casual se perpetre un crimen: creo que Benigni produjo el mismo horror que en su momento Lubitsch por cambiar el estado de ánimo obligatorio ante el Holocaustohttp://www.salon.com/ent/movies/tayl/1998/11/02tayl.html...su película es un cuento de hadas como todos los cuentos de hadas según Chesterton y Bruno Bettelheim: muestra lo monstruoso pero lo redirige y eventualmente redime...con el tiempo "La vida es bella" se justipreciará, se colocará junto al chiste de Isaac volviendo con Abraham y diciéndose a sí mismo ¡menos mal que soy ventrílocuo!, se verá su valor terapéutico de resemantización venturosa y no habrá más indignación judía por la apropiada apropiación del tema por parte de una imaginería mística e indulgente...se aduce que Benigni mistifica el riesgo corrido, pero con esa misma lógica se podrá asegurar que el lobo de caperucita era mucho más feroz de lo que pretende Perrault: al lector no se le ahorra la ferocidad, el buon giorno, Principessa sería kitch si ocultara la muerte, el ¿cómo van a hacer botones con fulano y jabón con mengano?¡imaginate que me lave las manos con mi mejor amigo después de enjabonarme con su esposa! es una reductio ad absurdus (o una magnificatio ¿no?)que sería de mal gusto si pretendiera negarle al espectador la realidad: pero en la divergente episteme del protagonista y nosotros reside la tensión vibrante que podríamos llamar "ironía cómica"
[en la ironía trágica queriendo evitar algo se lo produce: en la ironía cómica, nos reímos de algo desproporcionadamente irriosorio, inconcebible y desechable por nimio o incongruente y mientras nos secamos las anestésicas lágrimas de la risa recordamos racionalmente-aunque we can not stomac it-que esa ridiculez es la realidad efectiva (Wirklichkeit) aunque no condiga con nuestor sentido del relatable sentido (Realität)).]

No: "La vida es bella" con sus "golpes bajos para las masas" pertenece en todo caso a la familia de "Goodbye Lenin" o "La camarera del Titanic": es un film que conmueve por el esfuerzo inveterado del entrañable protagonista por ahorrarle una realidad atroz a sus seres queridos, una apología de la ficción protectora (según Sarlo "una historia dulce de un padre y un hijo innecesariamente ambientada en un campo de exterminio" ¿qué otras mutilaciones sugerirá, con su tonto dogmatismo tan letrado?¿¿la cálida amistad de Dante y Virgilio no tendría por qué ocurrir en el tétrico Infierno?).

El autor "intelectual" del gaseamiento de seis millones de seres humanos y ciudadano ilustre de San Fernando, que fuera desenmascarado en Argentina por el padre de la novia de su hijo-un consuegro increíblemente no vidente que reconoció su perfume como para cimentar la invisibilidad del mal (no su banalidad, su ausencia de rasgos distintivos) arengó a sus soldados explicando que nadie sabía nada del genocidio armenio (no con esas palabras, ya que genocidio es un neologismo acuñado para Eichmann por la Liga de las Naciones: a su vez en la versión de Mel Brooks hay un chiste anacrónico-paracrónico, mejor dicho: una alusión a una frase de un político de 1966 situada en 1938...pero Hamlet mismo habla de la Universidad de Wittenberg que Shakespeare parece ignorar que en aquel entonces no existía). Eichmann declaró que un muerto es un asesinato, pero seis millones de muertos es una estadística: Lacán dijo en el mismo sentido que la verdad tiene estructura de ficción: no podemos representarnos seis millones de nada, pero en el Washington Memorial un personaje de ficción (¡como nuestro negro Falucho!), "Danny" de 8 años, representa a los seis millones y nos ayuda a representárnoslos: la relación entre teatro y mundo es irónica: para entender la inverosímil realidad necesitamos enmascararla con una dramática credibilidad.
En "El cine según Hitchcock" de François Truffaut (quien en "El último subte" abordaría el tema del teatro durante la ocupación nazi, no tan bien como el musical "Cabaret" pero Catherine está Dediez, no Denueve) , el maestro del suspense explica cómo alteró la novela de Boileau y Narcejac "De entre los muertos" para que el público de "Vértigo" no gozara de un minuto de sorpresa, sino sufriera de veinte minutos de incertidumbre.

James Stewart no sabe que Judy es Madelaine y duda y sufre y cree estar padeciendo la monomanía necrofílica de resucitar a su fascinadora muerta.

Alfred Hitchcock: -Lo que me interesaba más eran los esfuerzos que hacía James Stewart para recrear una mujer, a partir de la imagen de una muerta.
Como usted sabe, hay dos partes en esta historia. La primera parte llega hasta la muerte de Madeleine, y su caída desde lo alto del campanario, y la segunda comienza cuando el héroe encuentra a la muchacha morena, Judy, que se parece a Madeleine. En el libro, al comienzo de la segunda parte, el héroe encuentra a Judy y la obliga a parecerse más a Madelaine. Sólo al final el lector descubre al mismo tiempo que el héroe, que se trataba de una misma mujer. Es una sorpresa final. En el film, yo he procedido de otra manera. Cuando comienza la segunda parte, cuando Stewart ha encontrado a la muchacha de cabello castaño, decidí develar en seguida la verdad, pero sólo para el espectador: Judy no es una muchacha que se parezca a Madelaine, es Madealine misma. A mi alrededor, todo el mundo estaba en contra de este cambio, pues pensaban que la revelación no debía producirse más que al final de la película. Yo me imaginé que era un chiquillo sentado en las rodillas de su madre que le cuenta una historia. Cuando la mamá cesa de contar, el niño pregunta invariablemente "Mamá, ¿qué sucede después?". Encontré que en la segunda parte de la novela de Boileau y Narcejac, cuando el individuo ha encontrado a la muchacha castaña, ocurre como si no pasara nada después. Con mi solución, el muchachillo sabe que Madelaine y Judy no son más que una misma y única mujer y ahora él pregunta a su madre "Y entonces ¿no lo sabe James Stewart?-No".
Henos aquí de nuevo ante nuestra alternativa habitual: ¿suspense o sorpresa?. Ahora, tenemos la misma acción que en el libro; Stewart, durante cierto tiempo, va a creer que Judy es Madelaine, luego se resignará a la idea contraria a condición de que Judy acepte parecerse, punto por punto, a Madeleine. Pero, por su parte, el público posee la información. Por lo tanto hemos creado un suspense fundado en esta interrogación: ¿Cómo reaccionará James Stewart cuando descubra que ella le ha mentido y es efectivamente Madelaine?.
Este es nuestro pensamiento principal. Añado que existe en el film un interés adicional, pues se observa la resistencia de Judy a convertirse de nuevo en Madelaine. En el libro, había una muchacha que no quería dejarse transformar, eso es todo. En la película, hay una mujer que se da cuenta de que ese hombre la desenmascara poco a poco. Eso en cuanto a la intriga.
Hay otro aspecto que llamaría "sexopsicológico" y es, aquí, la voluntad que anima a este hombre para recrear una imagen sexual imposible: para decirlo de manera sencilla, este hombre quiere acostarse con una muerta; eso es necrofilia
François Truffaut: Precisamente las escenas que prefiero son aquellas en las que James Steart lleva a Judy a la modista para comprarle un traje idéntico al que llevaba Madelaine, el cuidado con que él elige los zapatos, como un maniático...
Alfred Hitchcock: -Es la situación fundamental del film. Todos los esfuerzos de James Stewart para recrear la mujer, cinematográficamente son presentados como si intentara desnudarla en lugar de vestirla. Y la escena que más me interesa es cuando la muchacha vuelve después de haberse teñido de rubia. James Stewart no está completamente satisfecho, porque no se ha peinado el cabello formando un moño. ¿Qué quiere decir esto?. Quiere decir que está casi desnuda ante él, pero todavía se niega a quitarse la braguita...

Para Platón conocer es reconocer, porque hemos sufrido las dos gotitas de agua del Leteo contra el cólera en nuestra angnórisis mnémica: ante cada belleza sentimos el sincrónico dejavu de que la resplancecencia nos es íntimamente conocida. Cada romance (incluso los de las amistades más sublimadas) exigen su cortejo con las máscaras de nuestra habitualidad: en "Sensatez y sentimientos" vemos a dos sucesivos pretendientes llevar en brazos a Kate Winslet: el primero no era el correcto, pero el segundo está obligado a hacer su misma "coreo" antes de que ella se entregue.

Antes de las reformas hitchockenses el público-Penélope desconocía la unificada realidad de su Ulises-fina y fallecida y de su regresada Ulises-groncha y sin corpiño, así como los primeros lectores de Stevenson ignoraban la indivisibilidad de Jekill y Hyde. Fíjense con qué gracia se queja Borges de la versión fílmica de Victor Fleming:

(...)"En el libro, la identidad de Jekyll y de Hyde es una sorpresa: el autor la reserva para el final del noveno capítulo. El relato alegórico finge ser un cuento policial; no hay lector que adivine que Hyde y Jekyll son la misma persona; el propio título nos hace postular que son dos. Nada tan fácil como trasladar al cinematógrafo ese procedimiento. Imaginemos cualquier problema policial: dos actores que el público reconoce figuaran en la trama (George Raft y Spencer Tracy, digamos): pueden usar palabras análogas, pueden mencionar hechos que presuponen un pasado común; cuando el problema es indescifrable, uno de ellos absorbe la droga mágica y se cambia en el otro. (Por supuesto, la buena ejecución de este plan comportaría dos o tres reajustes fonéticos: la modificación de los nombres de los protagonistas). Más civilizado que yo, Victor Fleming elude todo asombro y todo misterio: en las escenas iniciales del film, Spencer Tracy apura sin miedo el versátil brebaje y se trasforma en Spencer Tracy con distinta peluca y rasgos negroides."(...)

Bioy Casares pensó desde su laico escepticismo que podríamos ser entretenimientos de los dioses. Dicha religión prescinde de toda ética o mejor dicho, recomienda enérgicamente el mal, el conflicto, el desnudo nudo. La visión escénica del mundo (el ideal griego de la vida contemplativa) hace que la antecitada queja borgeana sea un error: nos conmueve considerablemente más que un nene nos pregunte si las rejillas ya se habían inventado cuando habíamos nacido, plantados en la circunstancia de saber holgadamente que sí que cuando compartimos con él el misterio...



El recurso de Hitchcock está en "Romeo y Julieta": nosotros sabemos del falso veneno. El mitólogo (mitómano) George Meautis discrepa con Pierre Grimal y Robert Graves en su interpretación de Pandora: asegura que "elpis" es "espera" y no "esperanza": que el mal que quedó en la caja que contenía todos los males es la certera conciencia futura, conocer la fecha de nuestra muerte y quedar reducidos a esperarla.


Ignorar qué nos depara el futuro es por lo tanto un bien (como protagonistas de nuestra vida). Ignorar qué le depara el futuro a los personajes que cómodamente contemplamos es (a efectos del efecto dramático) un mal.


¿No es distinto ver en vivo un partido de fútbol, que volver a verlo ya conociendo el resultado?. La primer experiencia (codificada) obedece a la aristotélica catársis griega, la segunda (en Futbol de Primera) al teatro no aristotélico de Brecht.
(¿no es distinto cerrucharse a la misma chica cuando es una novedad (prohibida) que cuando es nuestra prometida(obligatoria)? no siempre basta lo no aristotélico como para garantizar el amor platónico...)


La homologación de yoes o su escisión interior nos conduce a Whitman y su Canto 50 de "Song of myself" (Do I contradict myself? All right: I contradict myself, I'm large I contain multitudes) que Borges traduce con la deferencia de marcar su diferencia como "albergo muchedumbres".


Jesucristo recomienda perdonar a quienes nos hieren no porque lo merezcan ellos, sino nosotros.


De algún modo "¿Quieres ser John Malkovich?" fue exactamente la clase de película que tanques como "La guerra de las galaxias" se encargaron de obliterar, como explica William Goldman en "Las aventuras de un guionista en Hollywood": pero ¿por qué nadie emuló su brillante punto de partida?. Que exista un portal para colonizar el cerebro de una persona, que más de una persona o más de un género pueda aprovecharlo ¿no merecía mil y un apasionantes versiones?. Las elecciones narratológicas son pasadizos cada vez más estrechos, pero me sorprende que a nadie le haya interesado retomar desde la mitad una idea original tan rica. ¿No es Madonna, con sus canciones creadas por Björk y su ropa diseñada por ya-sabemos-quién y su imitativa imágen y nomen otro monstruo policéfalo?. ¿No lo es cualquier político al que le escriben los discursos?. Me entusiasmaría mucho más que los dilatados ofrecimientos de alargar mi pene que aparecieran avisos de "use el pene de Schwarzenegger tal y como aparece en Terminator siendo Schwarzenneger a esa edad por un turno de dos horas".


Lubitsch elige contarnos la historia empezando con una sorpresa: vemos a Hitler caminando por Varsovia. ¿Cómo es posible?. Todo empezó en los cuarteles generales de la Gestapo. Llaman por nombre y apellido a un sujeto que resulta ser un nene. Le regalan un tanque para que su papá piense bien del Führer y deje de contar el chiste de que hay un Brandy Napoleón y un arenque Bismarck, pero a Hitler se lo va a recordar como "a piece of cheese" (Mel Brooks que reescribe por momentos, no advierte la índole fonética de similitud cómica-equiparable a nuestro "tu hermana me regaló una colcha para mi cama/no sabés qué calentito duermo en la colcha de tu hermana"-y reemplaza queso por pickle, por lo poco dulce).

El niño cuenta el chiste y un suboficial se adelanta con el remate. El otro gestapo pregunta si lo conocía. Por toda disculpa el primero asegura que no, que simplemente ese remate es lo natural, lo que uno primero pensaría.

Entonces llega Hitler, todos dicen "Heil, Hitler" y el propio Hitler saluda con un "Heil, myself". (en Alemania se contaba un chiste etimológicamente incestuoso, ya que el juego de palabras se basaba en confundir el significado actual con el progénito, primigenio: -Heil, Hitler -Ich kann ihn nicht heilen (como salve, Cesar-no, está tan limado que nadie lo puede salvar)-

En este momento interrumpe el director de la obra de teatro y nos damos cuenta de la mismenabism misma mientras se queja de que esa línea no estaba en el libreto. También, de que Hitler no parezca Hitler. Ofendido, el caracterizado decide demostrarlo caminando por las calles de Varsovia.

En 1983 Mel Brooks, para la primavera alfonsinista hizo su versión con la incomparable Anne Bancroft. Todo esta sorpresa nos es ahorrada. Una voz en off explica que en el teatro Bronski los polacos se distraen de la inminencia bélica y vemos al dúo cantando en polaco una versión surrealista de "Sweet Georgia Brown". Cuando muestro ambos filmes a mis amigos me resisto a la evidencia: los chistes groseros y achatadores de Mel Brooks causan mucha más gracia que la fina ironía y trágica vagüedad del afilado Lubitsch.

En un reportaje mi tocayo de iniciales explicó que Woody Allen es un sagaz maestro que apela al cerebro con una certera flecha, pero que como él mismo no es tan lúcido, tira mil flechas para que alguna dé en el blanco. La declaración quiere ser modesta pero me molesta por engreída: Mel Brooks tira misiles, nunca su problema es la falta de puntería, sino más bien de armas nobles.

De todas maneras es muy coherente con su búsqueda de darle una vuelta de rosca más al sarcasmo, contrastando la festiva juerga del music-hall con el asesino de masas (algo excelente en Torquemada y su canción de la Inquisición Española en su "Loca Hisotria del mundo" bastante copiada de Monthy Python, to, y en "The Producers" con "A springtime for Hitler" donde el público se niega a tomar las loas al genocida como literales e irónicamente las lee como irónicas).

Por paradojal que suene es más elegante reírse con Lubitsch del horror que desafía los límites de la representación humana, que con Mel Brooks de que Marcel Marceau sea el único que habla en una película muda (pero si fuera por elegancia es más elegante leer "Newsweek" que "Barcelona").

Debo reconocer para invertir al mito del buen salvaje de Rousseau, que con Mel Brooks versus Lubitsch padezco una nostalgia subjetiva intitulable "el mito del buen refinado":
In short, this book is a must for the fans of this film. (As a bonus, he doesn't even mention the Mel Brooks version of the film.)
http://www.amazon.com/review/R39AVCZI7UC0JY/ref=cm_cr_rdp_perm

Otra pieza musical aparece a continuación en la chillona versión color: tras una aliteración feliz ("we don't want a furious Führer") Hitler dice que quiere la paz, la paz, pedacito de Polonia, mordisquito de Francia (all I want is peace, peace, a little piece of Poland...).


El protagonista se ve obligado a cambiar de obra, porque va a venir Hitler a visitar Polonia y puede sentirse ofendido. Interpretará a Hamlet. A todo esto a su esposa, diva en la hoguera de las vanidades conyugales, le llegan rosas de un admirador por segunda vez.

En la versión de Lubitsch la actriz (después de quejarse de que su nombre no aparece en el mismo tamaño en la cartelera) dice que esas rosas son el mínimo de reconocimiento y oxígeno que él le niega: -Si hago dieta, vos adelgazás, si estoy resfriada vos estornudás y si quedo embarazada no estoy segura de ser la madre...-Me conformaría con ser el padre-dice él.


En la de Mel Brooks se queja de que su nombre aparezca entre paréntesis y él responde que así se resalta, "resaltate essta" le contesta con leve mayor levedad en inglés y la alocución terminada en "...yours".

En "To be or not to be" '42 la asistente de la actriz es casi una chaperona, no por eso menos chusma: -¿serán del joven alto y que está refuerte de la fila dos?-. -Fila tres.


En "To be or not to be" '83 la asistente es un gay casi instigador, porque así como para el comunista Brecht la víctima de Hitler es el obrero, para Mel Brooks-saturado de obviedades prosemitas-la víctima olvidada es el homosexual.

En ambas una tarjetita anuncia a un teniente de la fuerza aérea fascinado con la diva rogándole un encuentro interpersonal. Para Lubitsch el puritanismo yankee es un objeto de burla permanente: su actriz carece de ese condimento que junto con el ketchup los nortemericanos agregaron a la tradición adúltera (el torturado escrúpulo culpógeno). Lo resume su maquilladora: What the husband doesn't know, cannot hurt the wife.

Anne Bancroft indignada le pregunta a Sasha: -Are you sugesting that I 'll have a cheap randevous with leutenient what's-his-name while my husband is on stage acting assing his ass up?. -Yes-Well, all right, but remeber, you said it.

La actriz invita a su camerino al admirador y le recomienda que se levante cuando comienza el monólogo largo de "To be or not to be":
en un primer nivel de lectura uno diría que es porque es el parlamento más largo de la más larga de las obras de Shakespeare, la del ejercicio de dilación taciturna, lúgubre y lóbrega, porque a veces tenemos que ser asesinos por deber, sin siquiera obtener la pasión sobreentendida para bien o para mal. Y precisamente Lubitsch sentía lo que expresó Hannah Arendt en "Eichmann en Jerusalem": los nazis que son asesinos filantrópicos enormemente sentimentales solo pueden avenirse a matar por medio de una operación de missleading the pitty: somos nosotros los dignos de compasión porque tenemos que abstraernos de nuestra espontánea empatía y cariño hacia simpáticos gitanos, judíos y gays para cumplir nuestro penoso deber civilizatorio, the white man's burden.

En un segundo nivel de lectura, más doméstico, vemos otra desternillante ironía en el hecho de que el momento más sublime, en el que un artista ambiciona abrazar con su elevada performance la alta expresión cabal del tejido mismo de la sustancia de la que estamos hechos, es el momento en el que la vida le recuerda que es solamente un hombre más en la Tierra, que su leal esposa quiere encamarse con otros, que la dignidad humana autoengrupida no se compadece en lo más mínimo (en lo más máximo) con la berretez de las tragedias cotidianas.


Ambas versiones difieren ahora muy poco, ya que la primera es inatacable: Jack Benny solemne, hace una pausa dramática y el apuntador lo mira y le susurra "ser o no ser", momento desopilante para mí, porque la pompa y la gravedad de ese momento encuentra un anticlimax incongruente: ¿podría actor alguno olvidar tan luego esas líneas?.

(recordemos al bestial Samuel Goldwin opinando después de ver Hamlet: "It's full of quotations")

Mel Brooks repite el recurso pero se ve obligado a agregarle violencia, dado que no hay pompa y gravedad alguna que trasgredir en su versión: así que le pisa una mano al apuntador.


El efebo se levanta con las palabras mágicas y el actor siente una herida narcisística tremenda. Jack Benny dice "me ha pasado lo que tarde o temprano a todo actor le pasa" y es evidente el erotic relief de esa impotencia artística. Mel Brooks, con su filtro de inmensos agujeros no advierte esas sutilezas y hace a su actor indignado pero con la calentura entendida en un único sentido.

Distinto es el caso de la descripción que realiza el joven ante la actriz de su bombardero: Mel Brooks recoge la sutileza de Lubitsch y la magnifica. La potencia del avión es evidentemente fálica. Lubitsch tiene lugar para el sabor agridulce de lo tragicómico: "Perdóneme que esté tan torpe, es la primera vez que conozco a una gran actriz"- -Y yo es al primera vez que conozco a un hombre capaz de disparar treinta bombas por minuto a diez mil pies de altura.

También deja sin retocar Mel Brooks el chiste de que el admirador sepa de memoria los nombres de mascotas y detalles de una granja de la diva, inventados por los medios para promocionarla.


Y también el hecho de que el joven no quiera pasar el rato y echarse unos buenos polvos de aquellos y a otra cosa mariposa y si te visto no me acuerdo pero si te desvisto no me olvido: quiere hablar con el marido para explicarle todo.

La guerra interrumpe las peripecias triangulares: el actor de Hamlet regresa al camerino donde todos están horrorizados por la invasión nazi y manifiesta una indignación cívicamente ejemplar: hasta que se revela que está indignado porque por segunda vez un espectador se fue de la sala cuando él empezaba el monólogo...(aquí tenemos una temprana asimilación del oficio de actor a la milicia: http://query.nytimes.com/mem/archive-free/pdf?_r=1&res=9403E0DC1239E133A2575BC0A9679C946395D6CF)


El aviador parte a la guerra y en la versión de Mel Brooks se agrega un desalojo inmobiliario, el refugio a una familia judía y la persecución a Sasha. Un único chiste de Mel Brooks cabe destacar de todo esto: el actor llega a su hogar en una limousine tirada por un caballo blanco, como símbolo de su petulancia.

La resistencia polaca se organiza en Inglaterra: la imagen del profesor Silesky cantando con sus camaradas es de una marcha inglesa real en Lubitsch y del "Aurora" o "Marcha de San Lorenzo" polaco en Mel Brooks. Pronto advertimos que se trata de un doble agente: nuestro piloto descubre que nunca ha oído hablar de la diva inincognoscible.

Anne Bancroft articula otra buena humorada de Mel Brooks esta vez sí cual toque Lubitsch (casi toque Heine cuando dijo que Rotschildt lo trató familionarmente): "Haven't you heard about my husband?He is worldfamous in Varsow!".

El traidor flirtea con la actriz antes de darle el mensaje secreto "to be or not to be". La arquitectura de las escenas y el lugar de la cámara están tan bien que Mel Brooks actualiza o vuelve más grosero el guión, pero casi nunca altera la ingeniería plateaunica.

En "Roman soldiers don't use watches" y muchos otros lugares se ennumeran errores: en "La ventana indiscreta"James Stewart se pasa media película con la pata izquierda enyesada y media película con la derecha. Pero ninguno nos damos cuenta, no hay "error". La novicia rebelde consigue reconciliarse con sus fantasmas, el amor del viudo severo y escaparse de los nazis pero en la escena final enfilan para la Austria ocupada. En la película que Hitchcock reconoció como la mejor película de suspenso jamás filmada, de Billy Wilder, "Doble Indemnity", Barbara Stanwick se esconde atrás de una puerta que abre para afuera, pero tampoco al público nos choca o deja de cerrar.

¿Cuántas personas advierten que el ratón Mickey tiene cuatro dedos y no cinco?. Considero muy injusta esta observación que sigue contraria al celoso ardor de un reggiseur que planificaba cada minucia antes de filmarla, porque sabía que un minuto de lápiz y papel es infinitamente más barato que uno de celuloide:

http://doctormentalo.com/blog/2006/01/lubitsch_en_ser_o_no_ser_pecad.html-

Para Lubitsch todo el film es un engarce o raisón de entré para este momento: el nazi explica que no son monstruos, que son humanos.

Karl Kraus hacía notar lo inconsecuente de decir "bueno, me equivoqué, no soy perfecto, solo soy un ser humano" en un mismo universo que admite el "no puede ser que se me trate de esta manera, al fin y al cabo soy un ser humano y no un caballo".

Lubitsch poniendo una línea de Shylock en boca de un actor secundario ("si nos pinchan ¿no nos duele? ¿no nos reímos si nos hacen cosquillas?), resalta subterráneamente esta oblicua ambivalencia.

Borges, cuya experiencia en el amor ya sabemos, decía que dos hombres enamorados de la misma mujer deberían sentirse afines y no rivales: estos dos films (en el que luchan juntos y se ayudan el actor y el teniente mientras fuera de cámara Clark Gable declaró sospechar un affaire Lubitsch-Lombard) parecen dos pretendientes enamorados de una misma seronoseridad platónica. Mi ser se inclinaría por la atmósfera de sardónicos violines húngaros del primero, pero sé que en algún momento de aburrimiento buscaría excitación o variedad o aventura con "la otra", por loca y cantarina que esté...después de todo nos ha dado "El jóven Frankenstein" y el superagente...

Resumen: vayan a ver Madagascar II, que es la relectura en clave lacaniana del "Rey León" (que era Hamlet, padre secreto del concepto del complejo de Edipo) con la libertad formal que tenía el director de cine más admirado por Lacan: Buñuel, el de "Contra Franco estábamos mejor" y "Si a la peli le faltan 20 minutos le agrego un sueño": http://findarticles.com/p/articles/mi_hb3076/is_2_26/ai_n28890510/pg_1?tag=artBody;col1)-
y guten Rutsch ins neue Jahr 2009!!!!!!

domingo

2009: SE ABRE UN NUEVO ANO


Antes del arribo del ano dos mil nueve, pasemos revista a la epifanía del ano:
la triste despedida autoconciente de Mareca, la Camera Fx599, que filmó su propio suicidio en una licuadora, poniendo en jaque la noción de autoconciencia de la finitud circunscripta al homo sapiens sapiens sapiensapiensapiensa y lo adivinarás...

miércoles

El Seminario Rabínico Internacional condena la PASTILLA DEL DÍA DESPUÉS DE NOCHEBUENA



Ierushalaim (por nuestro columnista del templo especial): Para la grey católica, más que grey hoy (oy, oy) será un día red and green.



Para la macroeconomía, no hay panacea más certera que mueva a un furor consumendi que el mensaje de religare familae. Pero tanto para los judíos del orden reformista como también para los judíos del ortodoxo, la Navidad continúa anatemizada y proscripta.
Sholem habló de "autodicriminación", Martin Buber en uno de sus escritos ponderó literalemente a la "comilona", si bien según su biógrafo, se refería a su voluptuosa prima.
El pueblo de Israel, el Islam y el Cristianismo de Pablo de Tarso (así como el harén de Cacho Castaña) tienen un tronco común.
En él buscan apoyarse las fieles del ala feminista matriarcal para sostenerles y afirmarles unerschütterlich el derecho a hacerle regalos a sus hijos esta medianoche y que no se sientan segregados entre los goim.

En esto se abren las aguas mosaicamente ya que las feministas de Uikud (We could, en inglés) pertenecen al movimiento que milita por la igualdad, mientras que las feministas del Mishiggeneshlematzl integran la facción por la diferencia (de hecho han conseguido que sus DNI pasen a llamarse DND, Documento Nacional de Diferencia).

En "Navidad líquida" [cap. VII, Loado sea el pan dulce], Zigmunt Bauman ha articulado a los observantes laicos con el rebaño pontificio llegando a afirmar que "para muchos obreros explotados, la Navidad constituye una de las pocas ceremonias religiosas que se conservan y paradójicamente se instituye como un credo autotélico sin deidades como el budismo zen o el culto al trasero de Jeniffer Lopez".


Sin embargo para Rubén Baraja de la Daidois, Dios no juega a los dados con sus acólitos y es preferible no profesar el don de la fe a ejercerla bajo un paradigma teológico distorsivo: -Por algo tenemos 5769 años y sobrevivimos a todas las persecuciones-explica no sin orgullo-y eso que a nostros ento'avía no nos vino a ayudar paternalistamente ningún Mesías, lo estamo' esperando todavía al Guacho.


Adrián Paenza fracasó en explicar que la educación matemática actual merced a los ordenadores es la "privatización nefasta de la memoria humana" a la que se vio como un elefantiásico Estado inoperante, ¿cómo acercar al público lector los rudimentos de esta polémica que año tras año se reinstala para insertarse en el candelero (de Januca)?.


Cáncer de Navidad consultó a Martin Lousteau, ex Ministro de Economía, para que con su verborragia parabólica el lego se sintiera a sus anchas: -"El catolicismo es la pesificación del judaísmo: por cada Adonai se pagará un Jesucristo, un Padre y un Espíritu Santo, aunque ya nadie les de crédito".


Lo cierto es que cada vez son más los judíos, las judías y los judiítos y judiítas que celebran subrepticia y furtivamente la Navidad y después ingieren la denominada "pastilla del día después" que les infunde un olvido del credo prohibido.

Maia Sara Asa Mandelbaumsky, es bobe hace ya trece años y accede a opinar para la revista dominical sabática de la ontooncología vernácula:
-"Hay diferencias que los jóvenes están olvidando y nos los culpo, si yo consumiera la cantidad de drogas que consumen y oyera la música a todo lo que da seguramente olvidaría también lo que diferencia al pueblo elegido de aquellos otros a los que Dios creó como segunda opción. Los judíos fuimos siempre destacados médicos, astrónomos, geólogos y sobre todo economistas vitales. No hay prescripción que no tenga su explicación racional práctica: la triquinosis produjo el veto al lechón, el precio de la levadura cada vez más elevado el mito del matza, la prevalencia de tener hormigas en el culo a arenilla en la tararira la circuncisión, etcétera. Hasta los milagros son producto del hemisferio cerebral adecuado: Moisés trasforma un bastón en una serpiente, mantiene la paridad, Jesús inventa la matemática no eucleidiana con la multiplicaicón de panes y peces. Para un judío la Tierra Prometida no es mística: será un cacho de desierto repugnante sin petróleo que te hace preguntarte para qué carajo el tartamudo nos sacó del fértil Nilo: pero es tierra terrenal, la única verdad es la material. Por eso nuestro Dios es el mínimo de metafísica obligatoria: es uno, además de invisible, abstracto y úbícuo como la libertad y la justicia. Los cristianos hablan de un Dios que es Uno y Tres: los judíos hubiéramos negociado y partido la diferencia: dos. El sentido de los excesos de fin de año gregoriano para los judíos es mortificarnos en exceso y apocalípticamente con superexigencias pesimistas, no llenarnos físicamente de pavo relleno y celebrar el advenimiento de un Superhombre nazi al que nunca debimos crucificar porque lo convertimos en mártir. Ninguna religión ama tanto la vida como la religión judía, porque ningún pueblo conoce la peor cara de la vida y sin embargo se la banca. Fíjese los griegos: hay mucho que admirar en la plástica y sensual asimetría de las columnas del Parthenon y hasta Freud y Marx lloraron ante su imponencia. Pero están atrapados en un pensamiento mágico todavía. Es como cuando usted va a una pizzería chota de barrio de cincuenta años que dice increíblemente "somos los creadores de la calabresa", no pasaron del estadío mágico-fenoménico. Es como cuando yo le dije a mi hermana que había inventado aspirar el agüita mentolada inmediatamente después de cepillarse los dientes. Los dioses griegos son mitos fascinantes, pero los mitos hebreos carecen de superpoderes: nuestros héroes están hechos todos de talón de Aquiles, Sara no tiene ceñidor mágico, Jacob incluso es retardadamente pendenciero. David no solo era otra categoria pugilística que Goliat: además el tipo curtía la mejor honda. Nuestros patriarcas carecían de especial aptitud y los distinguió la especial actitud. Es un tópico que tentó a Hegel, a Bertrand Russell, a Georg Steiner y a Kierkegaard comparar a Sócrates con Jesús: para nosotros, los judíos, son igualmente estúpidos: carecemos de idolatría a suicidas. Nada vale más que la vida humana, ninguna idea, ninguna bandera, ninguna Ley, de hecho la Ley nuestra es preservar la integridad física aunque sea en ghettos, campos de concentración, embajadas en Buenos Aires o creando la bomba atómica en Princenton. Por eso cuando los jóvenes me dicen "abuela, la vida es corta"-yo estoy por cumplir noventa y siete y no se me pasó volando-"hay que gozar" y se drogan me parece ridículo: la droga es inyectarse por unas horas muerte, es fumar olvido, aspirar al cese de toda aspiración realista, fragmentaria, de carnadura humana...
Los judíos creemos en nuestros sueños y en nuestros razonamientos para reestructurar las neuronas: somos materialistas por fuera y espirituales por dentro, pero ahora el mundo cree en la tecnología más que en la comida casera milenaria y en los fármacos más que en la conciencia. Ninguna píldora va a desgasear a los asesinados en el corazón de la pretendida sofisticación intelectual, ningún almanaque va a poder imponer el amor anual que vive en otra esfera del tiempo...ahora lo dejo, madre, porque me falta un regalito para mi nieto el más chico que me pidió la camiseta oficial de Boca y en este orden de cosas triunfalista ahora que ganaron debe de estar carísima...le voy a comprar la de Chacarita que es prácticamente la misma tela...

martes

El amor fue inventado en otro planeta


Un extraterrestre caracteriza la vida amatoria humana


A continuaciòn las cartas que Platikumski Sombrilikus enviara a sus colegas del planeta Schoppi, tras investigar las extravagancias amorosas de los terrìcolas...


Querido doctor Kikirikllol:

Muchas gracias por sus saludos tan afectuosos. Mi misiòn en la Tierra continùa llenàndome de asombro dìa tras dìa, pero como usted me enseñara, debo dejar de lado mis emociones y tratar de describir frìamente los hechos del calor no solar...
Bien, lo primero que debo señalar es que a despecho de generaciones de amebas y muchas otras criaturas no sexuadas, los seres humanos han tomado demasiado seriamente las diferencias genitales y han asignado a cada sexo una serie de tareas diferenciadas que no se corresponden en absoluto con nada en realidad. Por ejemplo, a las hembras les adjudicaron el papel de inocentes y pasivas, cosa que no son en absoluto, mejor dicho, cosa que son los machos humanos (en el pasado siglo Lou Salomè fue una hembra que pasò por las manos de Nietzsche, Mahler, Kokotschka, Freud y otros terrìcolas considerados “genios intelectuales”: esos machos geniales no tuvieron otro contacto entre sì que el de la posibilidad de saludarse como bomberos diciendo “hemos servido en el mismo cuerpo”, me vi obligado a apelar a un ejemplo del siglo pasado porque parece ser que si la Salomè viviera hoy serìa Nicole Neumann, una pasadora de ropa cenital afecta ya no a los machos geniales, sino a los machos genitales).
Voy a explicarles a ustedes en què consiste la tradiciòn que aùn perdura en todos los sitios que visitè, si bien en muchos distritos la comunidad que ellos llaman “alegre” propone un triste retorno a la unisexualidad, si bien ellos lo llaman “bisexualidad”.
En las regiones que se da en llamar màs sofisticadas, las hembras empezaron a desempeñar labores que antes siempre habìan sido patrimonio exclusivo de los machos-por ejemplo despachar gasolina. En compensaciòn, surgieron los denominados “travestis”, como si los machos furiosos por sentir usurpados sus lugares hubieran dicho: nosotros vamos a demostrarles que podemos ser ellas mucho mejor que ellas...
La tradiciòn indica que se los capacite a machos y hembras con una disparidad pedagògica tal, que lejos de facilitar la ulterior comunicaciòn, la problematizan.
Es asì como el macho aprende desde pequeño a no levantarse de la mesa para llevar su plato y lavarlo, tarea exclusiva de las hembras, para asegurar un interès màs de machos hacia hembras, o una dependencia màs: cuando mayor, el macho padecerà junto con la soledad la suciedad...Las armas de las hembras no sòlo son la belleza que es un cazador que se finge presa: ademàs pueden limpiar, coser, cocinar, actividades todas ellas que constituirìa una deshonra o amaneramiento que dominara el macho.
Dicen unos filòsofos del planeta Tierra,socios al parecer de un restobar llamado de dìa “voluntad” y de noche “representaciòn”, los doctores Schopp and Hauer, que la mujer en realidad sòlo sirve para una cosa.
Me sorprendiò leer tal declaraciòn que contradecìa los hechos pero advertì luego con màs sorpresa aùn que no contradice las creencias humanas. Los travestis, que han venido a demostrar que hacen lo que hacen las hembras mejor que las hembras, aparentemente no saben especialmente mejor còmo lavar los platos, cocinar, surtir nafta, ni nada de las gloriosas conquistas sociales femeninas. Al principio me dije que la frase “las mujeres sòlo sirven para una cosa” era de un intolerable e indignante reduccionismo. Pero como fui constatando, nadie pregunta què cosa serà esa en especial, todos parecen ya saberlo, de modo que se trata de una convicciòn muy profundamente arraigada en el corazòn del imaginario humano.
En la Tierra, no sòlo se da ese fenòmeno inexplicable de reparto arbitrario en lo que se refiere a los sexos. No quisiera remitirlos a temas que nos dispersen de la misiòn, pero aparentemente si a un ser humano se le ocurre ser cantante, no hay ninguna competencia que se le requiera ni en el sentido de aptitud canora ni de rivalidad cientìfica: la publicidad, los sintetizadores de voz y los dobles de cuerpo o instructores de baile lo catapultan a la fama. Millones de mortales con mejor oìdo, silueta y poseedores de mayor encanto bailan fascinados al ritmo del increìble self-made-singer.
Hay lugares que estàn para que los ocupe alguien cualquiera: ese carácter impersonal distingue al acto sexual notoriamente. El aparato uritogenital de la hembra puede ser ocupado por cualquier miembro de la sociedad, no importa el tamaño en lo màs mìnimo, dada la adecuaciòn elàstica que le permite tanto ser sensiblemente escandalizado por un hilo de algodòn como dejar pasar la cabeza de un bebè. El aparato uritogenital del macho se acciona mucho màs rudimentariamente que el primero, que era digital, de forma manual: cualquier mano, o cualquier roce de frecuencia regular y rìtmica lo lleva a un estado de excitaciòn que le engrosa la voluminosidad hasta alcanzar un màximum invariable llamado “erecciòn”.
A pesar de estos hechos, las hembras y los machos consideran màs imperiosa la manutenciòn de sus queridas mistificaciones: la fidelidad, la selectividad, la ardua conquista de la persona escogida y la sideral diferencia entre esa persona y todas las demàs.
Esto se debe a la dimensiòn simbòlica del ser humano: los he visto llorar inconsolables ante un cadaver absolutamente inofensivo y dejarse picar por una gigantesca aguja sin murmurar una queja.
Si usted ne pregunta què cosa es el significado, tendrè que apartarme un poco de las especìficidades de mi misiòn y explicarle cuàn diferentes son en realidad los extraschopianos a nosotros por màs que los schopomorficemos.
Para empezar, todos portan consigo y cuidan celosamente un mecanismo extravagante llamado "ego”. Pensè al principio, porque mi primer conejillo de Indias se llamaba “Diego” que algunos extraschopienses estaban conformados con dos de estos sistemas, pero la verdad fue muy otra.
Los seres humanos han inventado con arbitrario timing las cosas màs diversas, pero esto de que les hablo parece haber nacido con ellos o al menos lo que es seguro morirà sòlo con la extinciòn del gènero.
Para ilustrarles de què se trata, les comento que si ustedes señalan un error tècnico a un humano no deben esperar, como en nuestro planeta una agradecida correcciòn, sino una airada articulaciòn de explicaciones todas ellas lindantes con la esfera de un invento llamado “moral”, que tambièn me costarà un poco definirles.
La “moral” son una serie de supuestos establecidos que tienen inmensas diferencias en distintas regiones o grupos de alienìgenas, pero que tienen en comùn la particularidad de dividir las conductas e intenciones en “moralmente correctas” y “moralmente incorrectas”, es decir, en el asì llamado “bien” y su opuesto al que apodaron “mal”. Sucede que los humanos son sensiblemente afectos a la idea de “juicio”, todos ellos por diversas que sean sus creencias tienen como una suerte de modelo preestablecido de tribunal, es decir, un rito constituido por un banquillo de los acusados, una culpa o delito, un juez o jurado y una pena o castigo a veces tambièn llamada “consecuencia”. Millones de terràqueos estàn persuadidos de que cuando dejen su planeta seràn sometidos a uno de estos rituales de inmemorial procedencia y simulan esa misma situaciòn acaso como preparatorio entrenamiento varias veces a lo largo de cada uno de sus dìas, en todas las circunstancias, oficiando alternativamente de acusado, juez, jurado y de castigo.
El “ego” es la ìntima convicciòn de ser especial y diferente y merecer un tratamiento privilegiado, si bien esa sensaciòn la comparten con vulgaridad todos los mortales.
Podrìamos ensayar una clasificaciòn de estos animales morales distinguiendo a los que diferencian “merecer” de “obtener” y a los que no.
Estos ùltimos, si bien utilizan sus certezas para pendencieramente lograr dinero, fama, reconocimiento, poder y sobre todo, apariencia de èxito, no son tan arduos de comprender como los primeros.
Dado que ante cada lucha hay un elaborado sistema de creencias basado en que existen “armas nobles” y “armas innobles” y que perder con “armas nobles” es “moralmente superior” a ganar con “armas innobles”, los que utilizan estas ùltimas, que son los primeros, dominan a los segundos, de un modo infantilmente sencillo.
Los que sì creen en la diferencia entre, por ejemplo, “obtener respeto” y “merecer respeto”, creen tambièn en una diferencia entre la materia y lo que ellos bautizaron como “el espìritu”.
¿Què diantres es el “espìritu”?, se preguntaràn ustedes. Bueno, taxonomizarlo es difìcil porque se presenta en versiones muy divergentes para cada comunidad de postuladores de ese ente. Para algunos es simplemente lo contrario de la materia: es decir que si alguien està materialmente empobrecido, automàticamente està compensado por verse espiritualmente enriquecido. Para otros es la verdadera esencia que subyace misteriosamente a la materia.
Voy a tener que consignar ahora una breve reseña històrica de la humanidad, tal como lo he podido reconstruir, es decir, empezando por la actualidad y fingiendo que todos los acontecimientos que me testimoniaron desembocaron rectilìneamente en ella.
Al parecer el gran padre de la actualidad humana a nivel pensamiento es un sujeto o una organizaciòn o una deidad llamada Karl Marx. Su cerebro fue el primero o el mejor publicitado en oponerse a la idea de que existe el espìritu, con lo cual convirtiò desde su perspectiva en rìdiculos todos los tradicionales consuelos que mantenìan contenta a la gente. Yo les remito a ustedes un libro con sus ideas, porque hay pocos terrìcolas que nos prodiguen tan engañosamente la idea de que ningùn abismo separa a los humanos de nuestra especie.
La idea de que ninguna compensaciòn econòmica espiritual sobrevendrìa a los laboralmente explotados resultò un “giro copernicano”.Les explicarè esta expresiòn: los “giros copernicanos” son revoluciones conceptuales que deben su nombre a Nicolàs Copèrnico, quien debe el suyo a sus padres.
Copèrnico, segùn unànimes fuentes de distintas tribus, fue el descubridor tardìo de que la estrella axiomàtica de la constelaciòn que he venido a estudiar no era el mismìsimo planeta que los humanos pisaban. Antes de Copèrnico, primaba la idea del astrònomo Ptolomeo, quien aseguraba que alrededor de su planeta de egos giraba todo, y no hubiera vacilado en incluir a Schopi de haber conocido algo real del firmamento.
De manera que un “giro copernicano” no es en modo alguno una lùcida observaciòn correcta, sino una rectificaciòn en 180 grados de una imbecilidad que gozò de largo crèdito.
Los hombres y mujeres que fueron Karl Marx sin duda eran lùcidos, pero adolecìan al mismo tiempo de “egos” y profetizaron una serie de cambios tal y como a ellos se les antojaba que sucederìan, inclusive antes del recambio generacional.
El resultado fue el mismo que toda mentira obtiene en el planeta Tierra. La mentira es algo muy terrible en la Tierra y nada recibe un castigo mayor que su advenimiento: cuando aparece una mentira, la humanidad se ve obligada como acto de contricciòn a renunciar por un buen tiempo a la verdad.
Como tantas muchedumbres creyeron en la profecìa, sus adversarios empezaron a creer tambièn, en especial, conociendo que se trataba de una invitaciòn màs que un anuncio, a poner en pràctica lo declarado.
Entonces se organizò una virulenta reivindicaciòn del espìritu, que es el orden que reina en la actualidad, si bien llamarlo “orden” es una eufemìstica ilusiòn màs.
Esa reivindicaciòn que se fue gestando a lo largo del pasado siglo y todavìa està en marcha, fue especialmente cruenta en la regiòn natal de los autores del “giro copernicano”, es decir, la tierra de las personas que màs tendìan a liberarse de las ataduras emocionales y el “ego” mismo que estoy tratando de explicar. Para reivindicar el espìritu en el paraje llamado “Deutschland”, fue necesario que un santo conocido como Adolf Hitler reencauzara las almas descarriadas, separàndolas de su cuerpo. Al parecer se viò obligado a exterminar fìsicamente a al menos seis millones de aparentes antiespiritualistas, antes de acompañarlos abandonando piadosamente èl tambièn su mero envase corpòreo.
Pero no crean que esa masacre conforma una honrosa excepciòn: al parecer los habitantes de uno de cinco los grandes bloques de tierra, nada sabìan de la existencia del otro y cuando realizaron el “giro copernicano” de advertirlo, las bajas que sufriò la humanidad fueron muchas màs.
La historia del ego presenta sin embargo muchas lagunas y sòlo puedo decirles que en la actualidad, si los seres humanos no tuvieran ese òrgano, toda su vida serìa muy diferente.
La llamada autocompasiòn es algo que nosotros no conocemos: pues bien en la Tierra no hay habitante que no la conozca. Se trata de la nociòn de que el propio ego se ve damnificado en desproporciòn respecto de los demàs egos o de lo que deberìa por causas naturales. Paradòjicamente la autocompasiòn, nacida del ego que fundò el còdigo moral, es lo que màs mueve a las personas a infringirlo.
Sin embargo, noto que lo estoy abrumando a usted con una informaciòn exiguamente iluminadora. Porque es preciso aclarar que la materia no es tampoco en este insòlito cuerpo celeste lo que es para nosotros.
Los humanos han edificado toda una suerte de leyes de la economìa, es decir de la materia, partiendo del erròneo principio de que màs es mejor que menos en caso de que no se pueda dar con la medida justa.
Hay en este momento en el planeta màs artìculos innecesarios que nitrògeno, que era, segùn creìamos la sustancia que màs abundaba. Pero ninguna persona lo sabe, del mismo modo que ningùn enamorado intuye la cantidad de compañeras idòneas que no conoce ni podrìa terminar de conocer en vida.
De manera que retomo ahora el tema que me solicitaron dilucide, no sin revelarles que el ego es de importancia màs central en el amor humano, que lo que era el sol en la teorìa copernicana.
La separaciòn entre espìritu y materia encuentra para muchos organismos moralistas una de sus formas en la separaciòn entre el sexo y amor. La palabra “amor” casi nunca aparece unida a la palabra “materia”, por màs que nada hay menos romàntico y espiritual sobre la faz de este planeta que el amor.
Para empezar, el amor no puede ser definido de manera unìvoca, tiene referentes tan dissìmiles que abarca en su espectro desde lo que puede sentir un paladar hambriento hacia un bocado, hasta el desagrado dulce de la abnegaciòn personal en aras de un ser hacia el que se experimentan lazos de identificaciòn.
El sexo, por otra parte, es algo tan contrastadoramente limitado e idèntico a sì mismo lo encontremos donde lo encontremos que cuesta mucho comprender la extraña vinculaciòn que han establecido los humanos entre uno y otro fenòmeno.
Para procurar echar algo de luz acerca de nuestros objetos de estudio, debo empezar por señalarle, mi estimado mentor, que el sexo dista mucho de ser asumido como algo instintivo y banal por los seres humanos. Al sexo se lo describe como aberrante o divino y se lo entremezcla tanto con ficciones originadas por el temor o la estupidez, que se llega a considerar que se trata de una necesidad no menos vital que la respiraciòn nasobucal, la administraciòn de lìquido por vìa oral, el descanso por medio de la experiencia onìrica o el reconocimiento gratuito que un ser humano necesita de sus semejantes.
Erròneamente la humanidad cree que es el amor lo infinitamente fantasioso y el sexo lo frìamente utilitario. Quien venga en una misiòn por mucho menos tiempo que yo se enterarà en seguida de que las cosas son exactamente al revès: lo que necesita el ser humano, de una manera vergonzantemente indigente, mendicante y desesperada es amor. El sexo, por el contrario, puede faltar en una persona durante toda su permanencia en el suelo terràqueo y lejos de causarle mal su ausencia, lo ayudarà a tener màs los pies sobre el lugar en el que està parado, ya que es el sexo lo que mueve a los cerebros humanos a las màs alocadas e imaginativas desviaciones.
No hay nada de imaginativo en el amor: se trata de tomar una actitud establemente conforme hacia la realidad de un sujeto. Las personas se quieren unas a otras tal como son, aceptan y agradecen sus errores particulares y desean que se prolongue indefinidamente su existencia en la configuraciòn precisa que tienen.
El sexo en cambio es a un tiempo visionario y reformista, es vector de insatisfacciones que buscan producir cambios, alucina con imàgenes distorsionadas de las personas y promueve alteraciones inconstantes.
Pero sexo y amor estàn tan indisolublemente mancomunados en la psique humana, que las personas que los separan reciben una condena moral tàcita desde lo màs recòndito de sus propias conciencias. Las llamadas “prostitutas”, que son hembras que acceden a copular con quien quiera que les abone un monto determinado, son considerados monstruos de la moral no por “prostituir” su intrìnseco deseo, sino por revelar la verdadera faceta trasaccional del de los demàs.
El sexo y la moral tambièn estàn increiblemente asociados y las leyes para determinar lo malo se ensañan mucho màs con las pràcticas eròticas que con el ejercicio del asesinato, el robo, la tortura o la ignorancia.
Imàgenes de personas copulando son expresamente prohibidas para los pequeños humanos a quienes en cambio no se priva de hacer ver toda ìndole de manifestaciones de violencia.
Como el sexo es una realidad, si bien trivial y harto insignificante, los pequeños humanos son aleccionados con alegorìas que mixturan los hechos biològicos inocultables, con ìconos amorosos en absoluto relacionados.
La natural atracciòn que un humano puede sentir hacia otro se narrativiza con un cuento que determina la finalidad ùnica y verdadera de ese impulso: el casamiento.
El casamiento es al amor lo que el orgasmo al sexo, o mejor dirìa lo que la penetraciòn: cada expresiòn amorosa que antecede al casamiento, es sòlo una vìspera y una preparaciòn para el evento supremo.
En esta ficciòn desempeña un crucial papel el culto artificial a la virginidad. Como hemos estudiado,la hembra humana posee una delgada membrana que se rompe al momento de producirse su primer apareamiento. Esta delgada pelìcula epidèrmica sume a los humanos que he investigado en reverencias alucinatorias que los mueven a considerar que una hembra que posee aùn su recubrimiento, es incapaz de albergar en su mente ideas eròticas o lascivas fantasìas y que la fuente de toda su furor lujurioso reside fìsicamente en la supradicha membrana.
Esta peculiar creencia conduce a una ceremonial costumbre que considera de decisiva importancia a la primer copulaciòn por sobre todas las ulteriores. La ubicaciòn espacial y no temporal de la madurez sexual, asì como la de toda madurez, es a todas luces una de esas imbecilidades que està esperando su “giro copernicano”, pero el hecho es que muchas hembras se reservan la magia de la primer fornicaciòn para el momento especial en que hayan hallado un compañero de creencia, no importàndoles dejar pasar las temporadas màs aptas para la realizaciòn de estas acciones. Estàn tan imbuìdas de la supersticiòn emocional fisicalista, que olvidan que en su estado de cachorras su percepciòn era notoriamente màs intensa y vìvida y que no es un lugar sino un momento lo que recubre de hechizo a los actos.
El “casamiento”, o “cazamiento” es una legislada uniòn en principio vitalicia, tambièn infestada de esta convicciòn profunda de que es una relaciòn y no un instante, una situaciòn espacial exterior y no una interior sujeta a fugacidad temporal lo que produce el magnificado eclipse de la confluencia del sexo con el amor.
A la verdad biològica de que la naturaleza produce màs hembras que machos porque los nueve meses de gestaciòn de cada hembra pueden ser muy bien aprovechados por los mismos pocos machos para propagar la especie con otras hembras, los humanos han culturalmente opuesto una instituciòn monogàmica alterados por la monomanìa de que la igualdad es el bien supremo.
Esta instituciòn igualitaria tambièn denominada “matrimonio”, obliga a todos los machos a someterse a las leyes amorosas que protegen a las hembras, de modo tal que todos los discursos amorosos son de raigambre esencialmente femenina.
El casamiento presupone una sociedad financiera, sexual y emocional democràtica.
Esta impronta comercial bienintencionada heredada de los tiempos en que a la hembra se la relegaba a la mera reproducciòn y crìa, tiñe todas las ideas del amor de interès especulativo.
El desagrado con el que se contempla a las "prostitutas" no es producido por el escrùpulo que considera improcedente el pago por los favores sexuales que deberìan ser una recìproca recompensa, sino la indignaciòn de un comerciante por ver que la competencia vende màs barato.
Es curioso que existan expendedoras de fornicaciones y no vendedoras de amor, con la misma explìcita oficialidad.
El carácter de cosificaciòn lucrativa que rodea la bùsqueda amorosa es tan asì, que los padres de una criatura no desean que el fruto de sus copulaciones sienta un intenso y abundante amor por quien quiera que sea siempre y cuando perciba un genuino placer, sino que anhelan que encuentre a una otra criatura de similar o mejor situaciòn monetaria que en razòn de la implìcita afinidad cultural tenga una sintonìa emocional màs adecuada que otras.
Conciliar tantos deseos, para malgastar la siempre trunca y fallida concreciòn en una ùnica uniòn, produce como usted muy bien se puede imaginar los màs desastrosos resultados. Porque el impulso sexual no hace distingos entre opulentas billeteras y bolsillos vacìos o entre coeficientes elevados e incurable taradez.
A esta serie de calamitosas construcciones humanas se agrega el hecho de que el deseo eròtico no se caracteriza precisamente por florecer en el hàbitat del sentido del deber econòmico o el buen criterio cerebral, sino exactamente lo contrario: el descerebrado deseo sexual es estimulado por las prohibiciones.
Esa invenciòn antedicha llamada “moral” juega un rol involuntariamente contradictorio con los amaneceres del deseo.
La prescripciòn de castidad es una recomendaciòn y apologìa mucho màs intensa que la obligaciòn de tener un coito.
Los mecanismos de prohibiciones que han ideado las sociedades terrìcolas chocan indeciblemente con las emergencias del deseo al que sin quererlo acìcatean buscando restringir.
Asì, nada atrae màs a un humano, que ser rechazado por su objeto de deseo. Si ustedes desearan producir en laboratorio un enamoramiento no tendrìan màs que imantar negativamente a uno de los agentes.
La sensaciòn de ser rechazado produce en el animal cultural la errònea certidumbre de estar ante un ser superior a èl, porque la capacidad que tienen los humanos de repeler lo dado es muy restringida, y tienden a confirmar y justificar lo que les sucede. No piensan que si un humano los rechaza muy bien pudiera ser por capricho o malentendido, tienden a considerar que hay profundas razones que operan en el hecho.
En rigor, esta actitud de atribuir razones que sustenten hechos el ser humano la hace extensiva a todo. No puede concebir que algo sea por nada. La nociòn de azar nunca puede ser del todo internalizada por el cerebro de estos seres.
Otro productor de un “giro copernicano” que vino a refutar la insinuaciòn de que el ser humano no pertenece a la misma estirpe que los demàs seres de su planeta, un lùcido observador llamado “Charles Darwin”, tratò de señalar la importancia del azar, pero sus continuadores convirtieron el cuerpo de sus teorìas al determinismo, sacrificando en este caso, el alma.
Donde el copernicano girador decìa “origen”, tacharon y pusieron “evoluciòn” y donde decìa “descriptivo” pusieron “prescriptivo”. Desde luego este pensador era tambièn lùcido pero con ego y revistiò a sus revelaciones de una imaginerìa emparentada con el concepto de “cadena del ser” que era una teorìa innecesariamente necesarista que devolvìa al semidesenterrador del azar al reino de lo no casual y a los humanos despojados del tìtulo de “màs que animales” en coronados de “los animales superiores”.
Como el cerebro humano expulsa y vomita la revulsiva idea de aleatoriedad que choca contra todas sus avanzadas capacidades de imponer regularidades al universo, se ve obligada a tragar la medicina de cada sofisma que se le presente.
Un tercer girador copernicano llamado Sigmund Immanuel Goebbels dijo que la verdad es incognocible, que para el inconciente no existe el “no” y que siempre que se mienta algo de esa mentira quedarà.
De manera que si un humano es rechazado por motivos engañosos, creerà que es por motivos valederos, por su desnudada ìntima imfimidad o ìmfima intimidad y dotarà a su rechazardor de atribuciones y majestades.
El peor dramaturgo del universo por si ustedes no lo sabìan es un terrìcola que se llamò Shakespeare y creò una espantosa obra que es para los humanos sinònimo por excelencia del espìritu del amor: “Romeo y Juieta”.
En esa obra, se alienta la inverosìmil creencia en que a mayores obstàculos, contrariedades e inconveniencias a una mayor demostraciòn cabal de irresistible amor se està asistiendo.
De manera que el amor a lo imposible no sòlo existe, sino que està secundado por su muy poderoso hermano mayor, el amor a lo inconveniente.
Esa obra une al amor el “suicidio”, que es la voluntaria supresiòn de la propia vida, ya que los humanos, no conforme con matarse los unos a los otros a lo largo de todas las èpocas han logrado ser expertos tambièn en el inaudito arte de matarse a sì mismos, descorriendo el velo, por esta facultad superior, aunque sin enterarse nunca, de la profunda in-diferencia entre uno mismo y los demàs.
El concepto de “romanticismo”, como usted puede apreciar, consta por ende de un componente de incomparable egoìsmo material asociado a un simultàneo componente de autodestructividad festiva. A pesar de lo cual se considera acarameladamente primoroso al amor y degradantemente sucio al sexo.
Pasemos revista ahora a las preliminares de la uniòn: la seducciòn.
Se llama asì a la escenificaciòn teatral que logra hacer pasar por personales y espontàneas las actitudes planificadas impersonalmente con ominosas preparaciones. La hembra es tempranamente adiestrada en las artes cosmetològicas y ansìa durante su desarrollo llegar a ser dueña de sinuosas protuberancias que al parecer son las delicias de los machos, o al menos, el anzuelo perfecto.
Las poseedoras de estos atributos, que son realmente fàciles de ennumerar, concretamente: pechos opulentos,nalgas sobresalientes, y algo no menos exterior y superficial pero considerado espiritual, un rostro armonioso, se dedicaràn a publicitar lo màs posible sus posesiones y simular al mismo tiempo que no deben ser en absoluto pretendidas por estos paràmetros, sino màs bien por la dulzura de su carácter, la inteligencia de su criterio, la gracia de su conversaciòn o la pureza de su inocencia.
Los machos, en efecto, se prestan al juego, asegurando que el interès que profesan dista inmensamente de ser sexual, que las poseedoras de glàndulas mamarias gigantescas les inspiran ternura, que las agraciadas con un diseño distinguido de su organo excretor los mueven a pensar en poesìa y que las dotadas de caras que se asemejan a àngeles o muñecas merecen las mayores consideraciones en virtud de sus innatos conocimientos filosòficos.
La farsa se prolonga el tiempo necesario que lleva “conocerse”, lapso variable pero que nunca puede ser instantàneo en los actos, si bien, las fantasìas humanas acarician la idea de “amor a primera vista” mucho màs que la idea de laboriosidad congenial, probablemente a causa de la pereza, el rasgo màs distintivo de los humanos, en especial en lo que a intelecto se refiere (insisto en lo que tantas veces discutimos en mi añorado planeta: no hay personas dèbiles mentales, sino perezosas mentales, en caso de urgencia he podido comprobar que hasta los màs idiotas utilizan un mayor caudal de su potencial cerebral).
Para la hembra conocer a un macho es una acciòn negativa: consiste antes en descartar que sea un serial killer, un retardado, un homosexual, un violador en potencia o lo que fuere que sus prejuicios le hacen temer, que a averiguar què cosas sì es el especimen en cuestiòn. Para el macho, las cosas son bien distintas: èl no necesita conocer màs que lo que lo atrajo los primeros 20 segundos, al contrario, cuanto màs se le permita asistir a la exteriorizaciòn del pensamiento vivo de su bello botìn, màs riesgos corre de verse disuadido.
Notesè el paralelismo entre la màs tardìa consecuciòn del orgasmo femenino y la diligente y menos tanto pretenciosa como intensa culminaciòn masculina.
La copulaciòn humana presenta las mismas caracterìsticas que sus inminencias.
Lo que busca el macho en la hembra es obtener una erecciòn ad oculos, lo que busca la hembra en el macho es poder confiar en èl, lo cual consiste, diabòlicamente en llegar a la firme convicciòn de que èl no està allì por motivos meramente sexuales.
El sexo es inherentemente antiintelectual. La impotencia es causada en numerosas ocasiones por la presencia indebida del cerebro allì donde no debe estar. Sin embargo, la hembra insiste durante todo el examen precoital en manifestar lo màs posible sus ideas y sentir que el macho la conoce interiormente, antes de permitirle llevar este sentir a la verdadera pràctica.
Como indiquè al principio, la asignaciòn de roles està estipulada de un modo mecànico y esquemàtico: la hembra es la portadora de las emociones y el macho debe mostrarse reticentemente poco sentimental.
Su funciòn planificada es ser un sostèn anìmico, lo cual significa, ser realmente un sostèn, un pasivo corpiño que impida desbordes desenfrenados.
El resultado de estas asignaciones, es que a la hembra le està permitido recorrer todos los abanicos y umbrales emocionales pasando en un santiamèn de la tierna afectuosidad al desconsolado llanto sin dejar de recorrer histèricamente la irascibilidad descontrolada, mientras que al macho no le està permitido manifestar, durante el cortejo, màs que afectada caballerosidad imperturbable.
Si la atracciòn es locamente urgente, ambos participantes deben incurrir en un còdigo de simulaciòn de temperancia y autocontrol, que no hace en realidad màs que exacerbar los ànimos.
El macho, por ejemplo, si ha comenzado por pedir el nùmero telefònico a la hembra-se trata de un medio de comunicaciòn interpersonal que los humanos muy ingeniosamente han ideado para poder hablarse sin tener que verse, debe cuidarse muy bien de no llamar inmediatamente a su pretendida para no parecer desesperado.
Ustedes se preguntaràn: ¿para no parecerle desesperado a quièn?¿cuàl es el pùblico censor que impide el dichoso encuentro?. Por increìble que suene, el pùblico està constituìdo por los actores, en este caso.
En este gènero de representaciones los humanos màs admirables llevan la peor parte: quienes genuinamente sientan un profundo interès tenderàn a tener un miedo pànico a todo y a volverse tìmidos y timoratos, mientras que quienes simulen cìnicamente las palabras que fraguan y profanan la sinceridad amatoria estàn condenados a la victoria.

Los enamorados se vuelven locuaces, pero la profusiòn verbal fue repartida a las hembras quienes cuanto màs parlanchinas, màs femeninas, mientras que un macho en exceso charlatàn serà tachado de afeminado. Durante la conquista empero corresponde al macho oficiar de locutor y animador televisivo, mientras que el papel de la hembra es el de desconfiada y huidiza esfinge.

Asì es como la hembra puede protestar declarando que el macho es un “farsante”, un “chamuyador”, un “sanatero”, epìtetos que aparentan ser peyorativos pero encierran un cautivado elogio, ya que se exige implìcitamente que el macho prometa cosas irrealizables y falaces, para posteriormente ser reprochado por ello.

Algo que olvidè aclarar es que en el reparto y asignaciòn de atributos, actitudes y potestades, la reponsabilidad de cualesquier acciòn que resultare inconveniente recaerà inexorablemente sobre los hombros del macho.

Las hembras poseen una dosis mayor de ego que los machos,y por este motivo encuentran ridìculo que se las sorprenda en falta alguna, cosa que en la Tierra significa una humillaciòn y una afrenta, a diferencia de en nuestro bienamado planeta.

En compensaciòn, los machos hacen consistir la insuflaciòn de su inflatuado ego en la tàcita organizaciòn de que a ellos les cabe la culpa porque ellos tienen el poder.

Cito un ejemplo cualquiera: si una hembra casada, es decir, que en teorìa debe pernoctar ùnicamente con su macho, cede a la tentaciòn de revolcarse con otro miembro de la especie, ella agregarà a su hiriente transgresiòn de la regla un comentario que pondrà las cosas en su lugar: declararà que quien causò el adulterio fue el propio perjudicado, ya que le habìa producido carencias afectivas o se negò una vez por ineptitud o imperdonable beligerancia a realizar determinado capricho.

Como ustedes ven, la moral fue creada para dotar de un marco contextual y una justificaciòn de grave solemnidad a las personas inmorales.

La pretendida igualdad no siempre se logra, ya que subsiste la errada creencia de a diferencia del macho, la hembra sòlo puede tener sexo sin amor cuando dejò de sentir amor hacia la persona con la que tenìa sexo: desafortunadamente entonces puede tener sexo sin amor con cualquier persona menos con aquella hacia la que dejò de sentir amor.

Tan irracional es el amor, que esta idea o coartada, a saber, la de que para la mujer sòlo puede aparecer un tercero cuando las cosas estàn mal entre los dos, coexiste con la idea que sustenta los celos posesivos, cuya razòn de ser es partir de la base de que son los terceros y las ocasiones las que producen infidelidades.

Los celos, màs que la demostraciòn de inseguridad, son la acabada prueba de la falta de imaginaciòn de una persona, quien consideràndo a su pareja una divinidad, no puede imaginar que represente para los ojos de los demàs una desconocida no urgentemente conocible.

Sin embargo, el amor sin celos, es considerado una pauperizaciòn intolerable. Quien ama debe mostrarse irrazonablemente temeroso a perder su amor, o en caso contrario serà acusado de no amar con suficiente y desestabilizador ardor. Los roles nuevamente aquì han sido meridianamente trazados: son los machos quienes deben sufrir los celos y las hembras gozar de ser celadas, es decir, recibir el sostèn emocional de ser sospechadas perpetuamente de inconstantes.

Los celos de la hembra producen en el macho en cambio un efecto inverso: lo alientan a buscar una nueva presa, ya que su pretensiòn carcelaria de posesividad demuestra concluyentemente que esa presa ya està cazada.

Por lo general, la hembra actùa ante el macho como el niño ante el adulto: reclama un tutelaje, se presta a una dependencia y demanda omnipotentemente omnipotencia.

La inmadurez es un rasgo encantador, por lo tanto, en la hembra y detestable en el macho.
Esta es la razòn por la cual las hembras se ven atraìdas por machos que las doblan en edad y podrìan ser sus padres: porque ìntimamente querrìan que fuera un nuevo padre.

La “emancipaciòn femenina” curioso nombre con el que se le designa en la Tierra a la apariciòn de mètodos abortivos que permiten a la mujer no temer dejar descendencia en cada acto de debilidad, consiste en permitirle libertad absoluta a las emancipadas hembras para elegirse paternales amos.

Lo que las hembras màs admiran en los machos no es el virtuosìmo para tocar el violìn, la fundaciòn de un proyecto filantròpico, la obtenciòn del premio Nobel, o cualquier virtud domèstica objetiva, sino la capacidad de dominarlas y superarlas a ellas mismas, en especial en el item perversidad.

Eso explica la uniòn de hembras en apariencia majestuosas con ejemplares deficitarios de la especie, la asignaciòn del rol de princecitas o regalos lujosos induce a la hembra a querer siempre verse esplendorosas con un divismo que a veces no redunda en la misma destelleante magnificencia para el cuadro general de la pareja.

En el rubro erotismo no existen Van Goghs por descubrir desde el fango de la miseria: cada hembra realmente atractiva sabe que lo es. Sin embargo, cada macho que ve a cada hembra realmente atractiva cree haber realizado un descubrimiento de ìndole personal exclusivamente insustituible.

La verdad complementaria lamentablemente no se da: los adefesios y bagallos, las verdaderas hembras carentes de todo encanto y arrobo, no siempre tienen un profundo grado de autoconocimiento acorde a su autoestimaciòn.

Es como si la naturaleza hubiera dotado a cada hembra con una igual dosis de ego y altanerìa para que quien pueda desarrollar las condiciones materiales que hagan consensuada la alta opiniòn que de ellas mismas tienen lo ejerzan, no importando que la resultante de esta peligrosa medida sea que las que no puedan igual se consideren el sol de Copèrnico.

Enamorarse es llevar la inicial admiraciòn por algo en particular a la totalidad de una persona. Implica un gigantesco peligro, porque el amor busca homogeneizar, unir: los enamorados de una cabellera rubia admiran ya no sòlo estèticamente el color amarillo, sino que lo convierten en valor ètico. Enamorarse es creer en una divinidad personal constituida realmente por una persona: si es estùpida, la estupidez se eleva a recomendaciòn.
Las canciones de amor tildan al enamoramiento de experiencia maravillosa e inocua, pero lo contrario es la realidad: la situaciòn de enamoramiento produce màs despotismo autoritario que ninguna militancia polìtica, ninguna educaciòn temprana o religiòn fundamentalista. A la pregunta –“¿vos sos idiota o te hacès?” hay que tener la agudeza de incluirle como alternativa: -“¿o estàs enamorada de un idiota?”.

Las personas toman un pedido de matrimonio como algo personal...