sábado

HOMBRE Y SUPERYO (la podonga es la jactancia de los intelectuales)


jinete de Artemisión, Museo Nacional de Atenas: el jinete y el caballo fueron encontrados por separado por arqueólogos diferentes pero por razones que escapan a mi raciocinio se consideró que formaban una única pieza: nada le hubiera agradado más a Freud como ilustración simbólica de la relación entre el YO y el ELLO y también entre el SUPERYO y el ELLO: un mecanismo diminuto y sin fuerzas es el administrador de la energía brutal oriunda de otro sector, más antiguo, del aparato psíquico...





Mann könnte das Verhältnis des Ichs zum Es mit dem des Reiters zu einem Pferd vergleichen. Das Pferd gibt die Energie für die Lokomotion her, der Reiter hat das Vorrecht das Ziel zu bestimmen, die Bewegung des starken Tieres zu leiten. Aber inzwischen Ich und Es ereignet sich allzu häufig der nicht ideale Fall, dass der Reiter das Ross daran führen muss, wohin es selbst gehen will



uno podría comparar la relación entre Yo y Ello como la del jinete hacia el caballo. El caballo da la energía para la locomoción, el jinete tiene la prerrogativa de determinar el rumbo, de direccionar a la fortachona bestia. Pero entre YO y ELLO se da demasiado frecuentemente el caso para nada ideal de que el jinete tiene que rumbear precisamente donde quiere ir el yobaca



[Neue Folge der Vorlesungen zur Einführung in die Psychoanalyse (1934)]




Las personas que se opusieron a las teorías de Freud podrían dividirse en tres: a) las que lo hicieron por puritanismo sexual b) las que lo hicieron por puritanismo científico (en esto incluyo a todas las objeciones a la modalidad estilística de formular sus ideas y críticas, nunca mejor dichas "por el estilo" ) y c) las que lo hicieron por puritanismo moral.




Querría mencionar, para ejemplificar el primer grupo , a mi dios secular previo a Freud, Jorge Luis Borges








(quien, como yo, como podrán leer en mi intento de incluir todo lo que leí ultimamente, tenía la ilusión en "El Aleph" y en tantos poemas- el de la luna-de poder dar cuenta de todo: a nivel estilístico la Weltanschauung de Freud era en cambio la de creer en una eternamente faltante totalidad, un irreductible vacío estructural funda la condición de posibilidad: el objeto perdido activa la búsqueda enaltecedora de sustitutos, si no nos faltaran siempre cinco pa'l peso, no estaríamos vivos y deseando como marranos algo que no solo es imposible: es venturosamente desaconsejable)



Lejos de tener una pacatería clásica de señora conservadora a lo Susanita, Borges realmente era un caso como para analizar psicoanalíticamente y cada expresión de sexualidad de sus textos celebra alguna forma de perversión.



La crítica ha señalado el incesto homoerótico en "La intrusa"pero para eso se requiere suscribir a la teoría de Barthes de "La muerte del autor" donde poco importan las intenciones del escritor, si una interpretación puede fundamentarse en base al texto







(Borges hubiera suscripto parcialmente: creía en que las grandes obras trascienden los propósitos de los autores como en el caso de "El Quijote" pero que los grandes propósitos son superados por el contexto de las pequeñas obras como en el caso del cactus importado de México que incluyó como privativo de Cartago el "Salambbó" de Flaubert; creía que al autor le está dado ver la fábula pero no la moraleja, citaba a Coleridge contra l'arte engagé ("hablar de literatura comprometida es como hablar de equitación protestante"), pero creía también en que la imagen del escritor insufla a la obra de lo que este realmente quiso hacer (Oscar Wilde)creía profundamente en respetar el sentido para el cual se escribió algo (Whitman o en "¿Qué es el budismo?", que fuera un éxito de ventas en el Japón, escribe contra la tendencia a interesarse en él como rasgo folclórico).





De manera similar a Freud, que cuando se niega a escribir un libro sobre la enfermedad de Nietzsche escribe:


Mayo 11, 1934 a Arnold Zweig:





Parece que aquí tocamos el tema de la licencia poética versus la realidad histórica. Yo sé que en esa materia soy más bien conservador. Cuando hay una laguna irreparable en la historia o en una biografía un escritor puede intervenir y tratar de conjeturar cómo han sido las cosas. Es un país deshabitado donde puede establecerse con las criaturas de su imaginación. Incluso si los hechos son conocidos, pero muy ajenos al conocimiento común, puede desentenderse de ellos. De esta manera no es válida la objeción a Shakespeare por el hecho de que en el año 1000 Macbeth fue un rey de escocia, justo y benigno. Pero por otro lado debe respetar la realidad allí donde está establecida y se ha convertido en propiedad común de todos. Bernard Shaw, que coloca a César boquiabierto frente a una Esfinge de piedra como un turista de Cook, y lo hace olvidarse de despedirse de Cleopatra cuando parte de Egipto, demuestra que es un payaso que pone lo histriónico por encima de todo. El César histórico la hace ir a Roma después de nacer Cesarión y allí permanece ella hasta que escapa, después de el asesinato de él. Los escritores, es verdad, no se atienen siempre a estas reglas; no lo hace Schiller en DON CARLOS no Goethe en EGMONT...Pero generalmente no es para mejor cuando desprecian la realidad.


Ahora bien cuando se trata de una persona de nuestro tiempo con una influencia tan viva como la de Federico Nietzsche, una descripción de su persona debe proponerse el mismo objetivo que un retrato (...)





Y antes de proseguir con Borges, recordemos un detalle en el que volvemos a poder vincular a Freud esta obra de Shaw "César y Cleopatra" pero como me gusta a mí: por los más impensados motivos...





En LAS TEORÍAS SEXUALES DE LOS NIÑOS Freud describe ciertas típicas "teorías" que los niños elaboran para satisfacer su curiosidad sexual. En su opinión, el estímulo más importante de esta curiosidad es el temor de verse desplazados por nuevos rivales que pueden aparecer y el deseo de indagar cómo ocurre esto último, para evitarlo en lo posible. Observando la vida animal y las mujeres encintas los niños aprenden que el bebé crece en el interior del cuerpo, con lo que quedan en pie otras dos preguntas: ¿cómo penetra y cómo sale de allí? La respuesta más corriente a la segunda de estas preguntas es que el bebé sale del recto, si bien esta parte del cuerpo es reemplazada más tarde, a menudo, por otra más respetable, el ombligo. No hay razón, en consecuencia, para que los hombres no puedan tener chicos, del mismo modo que las mujeres. (...)Algunos niños creen que el parto sigue casi inmediatamente al acto sexual" (Ernest Jones, Freud, Editorial Nova, 1960)





Belzanor:-Ftatatita, hija de un camaleón de lengua larga y ojos bizcos, escúchame: los romanos están al llegar. Ni aun los descendientes de los dioses pueden resistirles, porque tiene cada uno siete brazos y cada brazo lleva siete dardos, la sangre en sus venas es azogue hirviente, sus mujeres paren a las tres horas de concebir y al día siguiente son degolladas y son comidas (...) (George Bernard Shaw, César y Cleopatra, Aguilar, 1960)



"Emma Zunz" expresa en propias palabras de Borges la repulsión a la sexualidad entre comillas normal: "Pensó (no pudo no pensar) que su padre le había hecho a su madre la cosa horrible que a ella ahora le hacían"




El poema de Dante Gabriel Rossetti que recitó de memoria cuando Estela Canto le dijo que no podía seguir siendo su novia si no le hacía el amor, se pregunta si alguien piensa cuando su madre lo besa que ese mismo beso fue el que posibilitó su nacimiento.


(cf. Canto, Estela, "Borges a trasluz")


"Inclusiveness" (soneto XXIX del libro "The house of Life", 1881)


What man has bent o'er his son's sleep, to brood


How that face shall watch his when cold it lies?


Or thought, as his own mother kissed his eyes,


Of what her kiss was when his father wooed?


(¿qué fulano se inclinó sobre la jeta durmiente del vástago/pensando que esa mismísima trucha/lo campanearía inclinándose cuando espichara?/¿O carburó cuando su viejita le besaba los ojos/lo que habrá sido de seguro ese beso para su papá, cuando le arrastraba el ala?)






Vladimir Nabokov también se opuso a Freud, pero casi más por razones estilísticas, si bien dijo famosamente que se negaba a que le pasaran mitología griega por los genitales.





El tema del estilo merece un estudio aparte: porque me temo que la traducción de Amorrortu, que constituye el actual cánon, sea una traducción "secundaria", vale decir, es una traducción contra Luis López-Ballesteros en la que José Luis Etcheberry intrujo palabras "en difícil", con típicos sinónimos que aparecen a lo último en cada definición del diccionario. Esto hace que a diferencia de los pacientes de Freud que encontraban la lengua materna notoriamente cruda en su analista, los pacientes argentinos estemos permeados por una carismática ostranemie que difícilmente sea un acceso directo al lenguaje de nuestro inconciente. Voy a dar pocos ejemplos para no apartarme demasiado: los "vasallajes" del yo son en el original "Abhängigkeiten", "dependencias"; "Anlehnung" (apoyo) es traducido como "apuntalamiento", el sentido de "spielen" en muchos casos es como to play en inglés: actuar o desempeñar un papel: se traduje como "jugar" y entonces nuestros psicólogos dicen "lo que se está jugando acá es".


Mis críticas a la traducción son básicamente estas: la literalidad improcedente por eufonía ("Angst" es miedo y se tradujo como "angustia", lso lacanianos replicaran este error traduciendo "fantasía" como "fantasma", como cuando enseñé alemán con un discurso de Hitler que empezaba diciendo "Genossinen"-camaradas-y en determinista asociación libre mi alumna dedujo que "Genossinen"era "genocidio"); y el esnobismo eufemístico que se regocija en el extrañamiento rebuscado que traiciona la manera sencilla, directa, seca de comunicar de Freud ("investir" es la traducción de "besetzen" que es el cotidiano "ocupar"; tramitar, viscosidad, etc.)








Creo que a Nabokov le pasó lo que al susodicho George Bernard Shaw["Sixteen self sketches"]: "Cuando escribía esto, en 1901, no creía que un autor tan completamente carente de delicadeza como Sigmund Freud pudiera, no sólo aparecer en figura humana, sino, además, hacerse tan famoso, e incluso instructivo, gracias a su defecto, como podría lograrlo un ciego que escribiera sobre pintura".




Claro que Nabokov ganó una repercusión escandalosa y enorme publicidad gracias a "Lolita", su probablemente peor novela (¿no es la mejor "La doble vida de Sebastian Knight"?). Borges salió en su defensa en aquel momento, censurando a la censura, permitiendo que yo articule así esta deriva antipansexualista con el eje moralizador y la "genealogía de la moral" (Sur, Buenos Aires, Nro. 260, septiembre-octubre de 1959):



No puedo intervenir con eficacia en esta polémica. No he leído el volumen de Nabokov y no pienso leerlo, ya que la longitud del género novelesco no condice ni con la oscuridad de mis ojos ni con la brevedad de la vida humana. Son contados los libros-LAS MIL Y UNA NOCHES, diremos, o el ORLANDO FURIOSO-de cuya esencia misma es inseparable la longitud, porque nos da la certidumbre de que en sus páginas podemos perdernos como en un sueño o una música; las muchas páginas en general, son promesa de tedio y obra de la mera rutina.




En el prefacio de DORIAN GRAY se niega que un libro pueda ser inmoral, pero en el texto se refiere que Dorian fue envenenado por un libro, como otros por un abanico o por una antorcha. (El apólogo entero, por lo demás, nada significa si no hay leyes morales).



[retomando el foco estilístico, que a Borges le importaba más que el sexual, a punto de creer que lo que ofendió a Wilde y lo movió a iniciar acciones legales fue que la redacción del Marqués de Queensbury dijera no que era homoexual sino que insinuara que no ("posa de sodomita"), encontramos una increíble objeción a este respecto en el Borges de Bioy Casares (26 de junio de 1967): "En el prefacio al RETRATO DE DORIAN GRAY encontré un párrafo que puede corregirse. Creo que ha de ser el único en Wilde. Qué raro que se le haya pasado. Dice que el odio por el realismo en Inglaterra es el enojo de Calibán por ver su cara en el espejo; y que el odio por el romanticismo es el enojo de Calibán por no ver su cara en el espejo. Mucho más eficaz sería invirtiendo las frases, acabando con el realismo y el enojo de Calibán por ver su cara, su horrible cara. Además siempre conviene concluir con la frase más corta"]








Para casi toda la gente, los conceptos de moralidad e inmoralidad se reducen a lo sexual; no se piensa que un libro es inmoral porque enseña crueldad (Hemingway) o vanidad (Baudelaire).








(...)




También yo diría que para la mayoría de la gente, la expulsión del Paraíso es atribuible al acto sexual, cosa en la que la popularización de la Biblia parece menos católica y más pansexualista que Freud, si bien Freud halla la génesis de la curiosidad universal de saber en la curiosidad particular acerca de "los hechos de la vida". Si el fruto prohibido lo era por implicar un conocimiento vedado a los hombres, el pecado original es la soberbia, la negación de la castración dicho en freudiano, qué fácil diría un judío es predicar la humildad tras autoconcebirse como el Hijo de Dios.




Desde el punto de vista emocional tenemos mayor aversión a delitos sexuales que a crímenes (en el asesinato hay cierto puritanismo respetable, Barreda es un ascéptico odontólogo que puede simpatizarnos más que el pedófilo Corzi aunque seguramente para la racionalidad sea preferible ser víctima del segundo que del primero).








En la novela en la que da voz a Voltaire, Savater escribe que la vanidad es como los genitales: nos proporciona el mayor de los placeres pero no conviene andar exhibiéndola.








Por eso escribe Chesterton (22 de agosto de 1914, The Illustrated London News): "¿No es cierto que la soberbia le da a todos los otros vicios el toque extra de lo intolerable? Sea o no sea el único defecto que es imperdonable ¿no es cierto que en la práctica es el único que no se perdona? Pienso que el instinto de la humanidad contra la soberbia, como el último mal humano, puede probarse por sus más prosaicos detalles o sus más infalibles comienzos. No nos molestamos especialmente porque un estudiante esté enamorado cada semana de una chica diferente: nuestro oscuro aunque divino deseo de encajarle una patada surge solamente cuando dice que todas están enamoradas de él".



En "Das Es und das Ich" Freud conceptualiza el concepto de "superyo" como corolario a lo que había descubierto tras algunos fracasos clínicos que lo obligaron a reconceptualizaciones.




Tres referentes en la práctica refutaban el "Lustprinzip", el "Principio de placer" según el cual, en su primer edificio teórico de 1915, el aparato psíquico busca descargar energía. Uno eran los sueños traumáticos en las que despertaban con terror renovado y fidelidad no deseada los soldados que habían presenciado escenas nefastas. Otro, lo que llamó "Wiederholungszwang", compulsión a la repetición, algo que no se dejaba representar, poner en palabras, simbolizar, recordar reformulado, algo doloroso y sin embargo recurrente.









El tercero es un ejemplito simpático: su nieto de un añito y medio cuando su hija se va, juega con un carretel a tirarlo y volver a traerlo y decir "lejos/cerca" repitiendo especialmente el "lejos" (fooort). Freud postula el intento de sobreponerse a la adversidad de la desvalidez al que el abandono de la madre lo sume como simular que es ex profeso y adoptar una altiva actitud activa, a la manera de "las uvas estaban verdes" o para decrilo con Luis Miguel, que es más famoso que Esopo: "te vas porque yo quiero que te vaias".





Estas tres insistencias en el displacer lo conducen a postular el tercero de sus dualismos. Al principio consideró que dos fuerzas pugnan en nuestro interior, la de la conservación de la especie y la de la conservación propia ( se apropió de las palabras románticas de Schiller: "hambre y amor" utilizadas en poderosa rima contra los sabios del mundo, die Weltweisen:


"Entretanto y todavía , hasta que la arquitectura del mundo sea soportada por la filosofía, la Naturaleza mantiene su motor/ mediante el hambre y mediante el amor": Einstweilen, bis der Bau der Welt/Philosophie zusammenhält/Erhält sie das Getriebe/durch Hunger und durch Liebe").



Luego estas pulsiones yoicas de autoconservación tan divergentes de las pulsiones sexuales se reconceptualizaron como idénticas, ambas libidinales: ya en la caliente leche de la teta hay EROS, nuestro hambre biológica fue seducida por la sensualidad permanente y Freud emplea una metáfora en la que una ameba lanza sus pseudópodos, así como nosotros entregamos nuestro corazón, pero podemos desenamorarnos, volver a ser el propio objeto de amor y volver a enamorarnos.





Lo que vendría a ser el cuerpo de la ameba (libido resto) se revela ahora como una pulsión más primigenia y pujante que pugna por volver a lo inanimado. A la pulsión de vida se la complementa con la pulsión de muerte, aunque a mi modesto entender debió llamarse "pulsión de castración".






Castración, las pelotas:
En sus escritos contra Otto Ranke que subsumía toda angustia a secuelas del nacimiento (para invertir "El origen de la tragedia" de Nietzsche, sería "La tragedia del origen"), Freud refutaría anticipadamente al primer Heidegger secuestrado por Sartre, aunque obviamente comulgaría bastante con el último Heidegger cooptado por Lacan. Toda angustia en esencia es la reminiscencia, la señal, el "apronte", un revivir el alerta de la sensación dolorosa de castración-entendida como sim-bólica: separación de la madre, toda clase de desunión, des-Gracia, la Caída, la abyección de la eyección del Edén: desde la ausencia de Dios hasta me quedé sin señal-




Con su intuición genial sabe Freud que el nacimiento (así como la muerte) no puede ser un motivo de angustia porque no tiene representación psíquica, hay forma de subjetivarlo, el feto no se siente separado de su madre porque todavía no sabe que él y su madre son él y su madre.

Antes de argumentarlo comme il faut escribe, depravado, como si buscara el "argument" en el sentido sajón, la "discusión" para nosotros, no to discuss it like civilized people, la siguiente chambonada (Hemmung, Symptom, Angst-Inhibición, síntoma y angustia): "Si se deja al niño en la oscuridad y soledad, deberíamos esperar que recibiera con satisfacción esta reproducción de la situación intrauterina, pero el hecho es que, justamente en este caso, reacciona con angustia"

(creo que la calidez del útero, con su sonda umbilical beatífica guarda tanta relación con ser abandonado en la oscuridad y la soledad como la que tiene hacerle el amor a mi Amada con prensar mi falo, falo, falo, falo bonito, faloe en una morsa de taller mecánico)



La fuerza que interiormente nos condena nos fue dada al principio, así como nos fue dado al principio el amor. Antes de constituir nuestro yo como una estructura, como una idea de totalidad (en Lacan se llama "el estadío del espejo"), antes de esas síntesis en que las investiduras y pulsiones se agrupan, Monsieur Arthur Rimbaud tiene razón: la vida está en otra parte y yo es otro.




En 1920 Freud escribe "Más allá del principio del placer" con una inspiración notoriamente nietzscheana amén de nombrar el eterno retorno de lo idéntico (ya el título parece la deglución en totémico banquete de "Más allá del bien y del mal"). Recordemos la "Genealogía de la moral": Todos los instintos que no encuentran un desahogo son volverse hacia dentro, eso es lo que yo llamo una creciente "internalización" del hombre, de ahí surgió en el hombre el primer brote de lo que se llamó su alma. Todo el mundo interior del hombre se partió en dos cuando la descarga externa quedó obstruída. Estas terribles barreras de contención, con la que la organización social se protegió contra los viejos instintos de libertad-los castigos pertenecen esencialmente a esas barreras de contención-trajeron como consecuencia que todos esos instintos del hombre salvaje, libre, aventurero, se volvieron contra el hombre mismo. La enemistad, la crueldad, el placer en la persecución, en las sorpresas, en el cambio, la destrucción, el volverse esos instintos contra sus propios posesores: esto fue el origen de la "mala conciencia".




Creo que antes de continuar con paralelismos, conviene ubicar a Nietzsche. Porque Thomas Mann ("Schopenhauer, Nietzsche, Freud") ve enormes parecidos en su apología del egoísmo, en su crítica a las convenciones morales con el dandy Oscar Wilde. Y Borges en "Nota sobre (hacia) Bernad Shaw" también emparenta al irlandés, autor de "Hombre y Superhombre" con Nietzsche y culmina: "el carácter del hombre y sus variaciones son el tema esencial de la novela de nuestro tiempo; la lírica es la complaciente magnificación de venturas o desventuras amorosas; las filosofías de inmersión de Heidegger y de jaspersión de Jaspers hacen de cada uno de nosotros el interesante interlocutor de un diálogo secreto y continuo con la nada o la divinidad; estas disciplinas, que formalmente pueden ser admirables, fomentan esa ilusión del yo que el Vedanta reprueba como error capital. Suelen jugar a la desesperación y a la angustia, pero en el fondo halagan la vanidad; son, en tal sentido, inmorales. La obra de Shaw, en cambio, deja un sabor de liberación. El sabor de las doctrinas del Pórtico y el sabor de las sagas."



Aunque sentimentalmente estemos más imbuídos de cristianismo que de zarathustrismo, no podemos dejar de admirar esta caracterización que con sarcasmo abstracto, nada sentimental, traza Chesterton: "Uno de los hombres más brillantes del siglo XIX era Nietzsche, el hombre de la fuerza y de la supremacía, y, sin embargo, murió en un manicomio. Se han dicho muchas cosas en pro y en contra de la filosofía de Nietzsche, pero pocos han señalado el hecho básico de que es sentimental. Se somete por completo a una de las más viejas, más excusables y más generosas de las debilidades humanas: el ardiente deseo por el hombre fuerte. Si alguno de los seguidores de Nietzsche quiere encontrar la más plena y cordial aceptación de las doctrinas de su maestro, el rendimiento más absoluto ante la violencia y el orgullo varoniles, lo encontrará siempre en la novela rosa y en Boogie, el aceitoso.
En esas leves y periódicas formas de ficción sentimental hallaremos, eminentemente desarrollada, la tendencia a conceder al héroe esa clase de humor que deshonra al donante. Igual que las naciones coronan a sus déspotas cuando pasan por períodos de debilidad, la naturaleza humana, en sus períodos de debilidad, ansía déspotas, con mayor intensidad que nunca anheló la libertad. Se trata de un sentimiento estúpido, quizá inmoral, pero que tiene una cualidad que puede interesarnos ligeramente y es la de ser universal: lo más progresista o inteligente de la humanidad, no es, a este respecto, ni un ápice menos sentimental que el resto de ella. (The glass walking stick and other essays, 1933).



Ya Rousseau había tendido a idealizar el estado primigenio del atávico hombre anterior al Blackberry, pero Freud hace un movimiento intelectual que trasciende toda la retórica nietzscheana y toda su infantil ilusión MOnótoNISTA. Al descubrir la instancia inconciente que poda, veta y burila en los casos más leves los impulsos más desordenados escribre "el hombre normal es más inmoral de lo que cree y más moral de lo que sabe".



Bernard Shaw escribía para esa época que la moral es una pasión porque si no hubiera una pasión moral, no podría vencer a otras pasiones.





Escribía el prefacio a "Regreso a Matusalém" postulando a a la muerte como una distraída, mecánica falta de voluntad de seguir viviendo una mala costumbre de la cual la humanidad se libraría algún día
[Cfr. Borges, "Para las seis cuerdas" la estrofa "morir es una costumbre que sabe tener la gente"]:





"Nadie puede explicarnos por qué un loro debe vivir diez veces más tiempo que un perro, y una tortuga es casi inmortal. En el caso del hombre, la operación ha rebasado el límite, pues el hombre, en realidad, no vive bastante tiempo: todos los hombres son, al morir, en cuanto concierne a los fines de la alta civilización, verdaderas criaturas, y nuestros presidentes de Consejo de ministros, considerados como hombres maduros, reparten su tiempo entre el juego del golf y la tribuna parlamentaria (...) si actualmente se admite como duración normal de la vida humana setenta años, también podría admitirse como tal trescientos o tres mil años o un número cualquiera determinado por la verdadera solución circunstancial, que podría extenderse más o menos, siendo la causa de la muerte del individuo un accidente fatal. Lo que haría falta para que se deseara la ampliación de la actual duración de la vida sería que catástrofes tremendas como la última guerra mundial lo convencieran de la necesidad de rebasar por lo menos la edad del entusiasmo por el golf y los cigarros, si se ha de salvar la raza humana. Esto no es una especulación fantástica, es biología deductiva, si es que existe una ciencia que se llama biología."








Freud refutaba ilusiones como éstas al postular el orgánico instinto de muerte y al preguntarse al mismo tiempo con la suspicacia que hace que Ricoeur y Foucault lo llamen maestro de la sospecha si esta necesidad orgánica de morir no es un consuelo que se está inventando:





"Si uno mismo está destinado a morir, y antes debe perder por la muerte a sus seres más queridos, preferirá estar sometido a una ley natural incontrastable, la sublime AνAγκη y no a una contingencia que tal vez hubiera podido evitarse. Pero esta creencia en la legalidad interna de morir acaso sea una de las ilusiones que hemos engendrado para soportar lo pesado del existir"um die Schwere des Daseins zu ertragen" [Schiller, Die Braut von Messina, acto I, escena 8]


agrega: Ursprünglich ist er sicherlich nicht: originario seguramente no es, este instinto de muerte, den primitiven Völkern ist die Idee eines "natürliches Todes" fremd: porque a los pueblos primitivos la idea de una "muerte natural" les es ajena.





Haciendo gala de su fino olfato para la ironía vienesa alcanza a anotar al pie "und doch sind sie es, die wir allein für eine innere zum Fortschritt und zur Hochentwicklung in Anspruch nehmen können" (y a pesar de todo son estas fuerzas tan conservadoras que tienden hacia lo inanimado las únicas en quienes podemos depositar nuestras esperanzas de todo progreso).



Nadie expone mejor lo que actualmente sabemos de tener los latidos contados y la necesidad biológica de morir y de la honrosa excepción relativa que acaece con nuestra especie en cuanto a la duración de nuestra existencia que el artículo Stephen Jay Gould en "EL PERÍODO DE VIDA QUE TENEMOS ASIGNADO" publicado en la revista NATURAL HISTORY, de donde viene a saberse que era biológico el tiempo psicológico kierkegaardiano que le hace decir que trascurre más tiempo entre que suben y bajan Abraham e Isaac que los cuarenta años en el desierto:


para mantenerse en funcionamiento los grandes mamíferos no necesitan generar tanto calor por unidad de peso corporal como los pequeños: las diminutas musarañas se mueven frenéticamente, comiendo prácticamente durante al totalidad de sus horas de vigilia para mantener sus hornos metabólicos al ritmo más elevado de todos los mamíferos; las ballenas azules se deslizan majestuosamente, con sus corazones latiendo al ritmo más bajo de todas las criaturas activas de sangre caliente (...)la duración de la vida de mamíferos pequeños y grandes está ajustada al ritmo y todos viven la misma cantidad de tiempo biológico.


(...)


Homo sapiens emerge de este análisis como un animal muy peculiar: vivimos mucho más tiempo de lo que lo haría un mamífero de nuestro tamaño

Al descubrir estas enigmáticas fuerzas interiores que saboteaban toda curación en sus pacientes, Freud finalmente admitió que el masoquismo no es sadismo vuelto hacia sí mismo, sino que lo secundario es el sadismo y que una misteriosa satisfacción por el propio dolor anida en el más impenetrable núcleo duro de nuestro yo. Escribió que hay tres clases de masoquismo, el erógeno, el femenino (llamado así por asimilar siempre Freud lo femenino a lo pasivo, si bien lo pasivo aquí es solamente la meta ((TELOS))pulsional y para llegar a ella una mujer podría atravesar el Himalaya harto activamente) y el moral, ya abstraído de toda fisiología: "el masoquista moral presenta su mejilla toda vez que se le presenta la oportunidad de recibir una bofetada".





Ha llegado la hora de vengar a Bernard Shaw: si Freud lo considera tan primitivo como para no creer en la necesidad de la muerte, el prefacio a "Hombre y superhombre" nos recordará que Freud es tan pastenca que cae en una ilusión ya desmentida por Ovidio en "Ars amandi", a saber, que la mujer es pasiva:





[no es caballeroso articular ambas cuestiones y recurrir al expediente de mayores licencias para los varones en virtud de la mayor longevidad]





"El drama de Don Juan de todos modos, tiene que tener por base la atracción sexual y no la cuestión de la alimentación y tiene que exponer el problema en una sociedad en que la cuestión sexual se deja a las mujeres, como la del sustento se deja a los hombres. Es verdad que los hombres, para precaverse contra una táctica demasiado agresiva por parte de las mujeres han establecido una débil convención romántica según la cual la iniciativa en asuntos sexuales siempre debe partir del hombre, pero la pretensión es tan inconsistente que hasta en el teatro, ese último santuario de la irrealidad, solo engaña a las personas sin experiencia.


En las obras de Shakespeare siempre son las mujeres las que toman la iniciativa. En sus piezas de tesis así como en sus piezas populares, el interés amoroso es el interés por ver a la mujer cazar y capturar al hombre. Ella procede en ello, ya como Rosalinda, a fuerza de halagos, ya como Mariana por trampas; en todos los casos la relación entre el hombre y la mujer es la misma: ella es la que persigue e intriga; él es el que es perseguido y zarandeado. Cuando ella fracasa en sus intentos, como Ofelia, se vuelve loca y se suicida, y el hombre, después de su entierro, va derecho a un duelo de esgrima. Sin duda la Naturaleza, tratándose de gente muy joven puede ahorrar a la mujer el trabajo de forjar planes. Así, Próspero sabe que no tiene más que dejar que Fernando se acerque a Miranda para que se unan como dos tortolitos y no necesita Perdita capturar a Florizel, como la señora doctora en "Todo está bien cuando acaba bien"(una heroína ibseniana anticipada) captura a Beltrán. Pero en todos los casos en que se trata de gente de edad más madura, confirman la ley de Shakespeare. La única excepción que parece existir, la de Petruchio, en realidad no existe: con toda claridad se caracteriza al personaje como un cazador de dote puramente convencional. Tan pronto como adquiere el convencimiento de que Catalina tiene dinero, decide casarse con ella antes de haberla visto. En la vida real encontramos no solamente a Petruchios, sino a Montalinis y Dobbines que persiguen a mujeres apelando a su compasión o sus celos o su vanidad, o se agarran de ellas de un modo románticamente absurdo. Estos afeminados [¡aquí "afeminados" significa "estúpidos hombres demasiado poco virilmente pasivos!"] no cuentan para nada en el plan de la Naturaleza; el mismo Bunsby, cayendo cual pájaro fascinado en las fauces de mistress Mac Stinger, es, por comparación, un verdadero objeto trágico de compasión y terror. Encuentro en mis propias obras trágicas que la Mujer, proyectándose dramáticamente por obra de mi espíritu (una operación sobre la que le aseguro usted no tengo mayor control que sobre mi mujer), se porta igual que en las obras de Shakespeare (...) la idea de que la mujer no toma la iniciativa forma parte de la farsa, porque el mundo entero está sembrado de lazos, trampas, cepos y redes para la captura de los hombres por las mujeres (...) Y si la mosca, como mi personaje, demuestra tener una fuerza que promete desenredarlo de la tela, ¡cuán pronto abandona ella su actitud pasiva, y sin reparo le enreda todo lo que puede hasta que lo tiene agarrado de [esta parte ha sido suprimida] para siempre!






La parte más terrible de concebir, la más escandalosa a mi juicio de toda la obra de Freud, pasó bastante desapercibida para el público general porque Freud YA había sido un escándalo terrible mucho antes con su teoría de que albergamos sin saberlo deseos homicidas, antropofágicos, incestuosos y lo que todavía es todavía peor para algunos, homosexuales.






Esta parte es la referida a la génesis de nuestro criterio moral. En el varón el complejo de Edipo empieza tomando a la madre como objeto y ante la amenaza de castración se "introyecta" la prohibición y con ella a esta ordenadora y pacificadora voz del padre o de alguien que supla su función y que ha venido ha traer la paz y también la espada entre madre e hijo...









Hay que señalar que Freud parece un poco sexista al explicar que las mujeres al no tener amenaza de castración son por naturaleza más inmorales, como si realmente en el temor a perder el pene residiera la piedra angular de la ética [yo me mando porque ¿qué me vas a cortar, boludo, si no tengo?]. En su texto (la etimología de texto es tejido) llega a señalar que no ha habido grandes aportes a la humanidad que provinieran de mujeres, pero sí ha habido maravillosas tejedoras, hecho sin duda relacionado con el vello púbico.


[si se recordaran institucionalmente semejantes gaffes freudianas sus discípulos no estaríamos tan cohibidos para continuarlo y hasta superarlo]


En la mujer la posibilidad de ausencia de pene anatómico para siempre tarda en ser comprendida: "yo no tengo pito, porque ya me va a crecer, pero mamá sí tiene, ella no se masturba".
[el onanismo infantil es la fuente de todo posterior sentimiento de culpa: para el Psicoanálisis al Sr. K le habría bastado en "El Proceso" admitir la temprana puñeta; para las neurociencias lo que Freud llamó "amnesia infantil" y "represión primaria" au contraire, tienen una explicación física: no se ha producido aún la mielinización en esas áreas que comprometen la memoria]


(esta atribución fantasmática, esta metaforización del deseo que imaginariza órganos reaparece cuantitativa y no cualitativa en la adulta: "el que escribió esta laarga anotación erudita que me resulta witty, scurrilous & excelent reading la debe tener grande")



Así, la niña entiende que su tía Clotilde carezca de pene en un sentido simbólico: está agujereada por algunas faltas, no es una santa como la Mamma. Cuando finalmente comprende que su madre carece de pitilín, que como cualquier hija del vecino la mamma la mama, se enfurece contra ella, la hace personalmente responsable de haber ella nacido sin y le reprocha diversas cosas que en esencia tienen por base la Penisneid, envidia de pene (hecho que Freud no explica ¿por qué la bronca es para con quien no te dio lo que no tiene?¿podés enojarte de que Cristina no te dé en su administración previsibilidad?). Karl Popper, uno de los que niegan mérito a Freud desde el costado de la ciencia, encuentra absurdo que para casos en que la hija adore a la madre, esta adoración confirme a su vez la teoría al tratarse de una "formación reactiva y trasmutación a su opuesto" en donde el odio deviene hiperternura.




Veamos ahora las dos más asombrosas contribuciones de Freud a la confusión general: en la segunda tópica el aparato anímico está constituído por tres instancias, el yo que es conciente, que puede experimentar placer, que es el almácigo de la angustia, que está sometido al vasallaje de la realidad exterior y al de el ELLO y el SUPERYO.


El "ello" es el reservorio de libido, es el incociente estructural al que ya no se puede acceder porque nunca tuvo inscripción, no está reprimido, sino que jamás emergió.








Una índole de inconciente es el dinámico, como por ejemplo si yo tengo la fantasía de acostarme o hacerlo de parados con mi cuñada. Debo a la mojigatería de mi mujer la obligación de reprimir esta sana inquietud. Es un tipo de energía libidinal que si fuera por ella (no por mi cuñada) saldría a la superficie. En cambio el ELLO contiene una forma de inconciente con "desmezcla", con pulsión de muerte casi químicamente pura y el deseo de fenecer es irrepresentable para la conciencia por más que pueda decir ¿mi cuñada leyó esto?¡uy, me quiero morir! (expresado como angustia de castración: ¡me quiero cortar las pelotas! si bien la castración en Freud prescinde de toda noción escrotal: otro motivo para que no vea en el feminismo motivos de gratitud como por ejemplo la abolición de los castratis del nunca mejor dicho Medio-Evo).


Pero la parte crucial es el SUPERYÓ que es un "subrogado" del ello, además del "heredero del complejo de Edipo" que lamarckianamente se hereda del superyó paterno ius sanguini. Este componente exige una renuncia a un placer inmoral pero se va cebando y dictatorialmente volviendo insaciable y despótico y su fuerza se alimenta del hecho de que la exigencia a la renuncia a una satisfacción es en sí misma por increíble que suene una satisfacción.



En un artículo Gore Vidal imputó a George Bush hijo la ignorancia de la lógica de negociación parlamentaria del toma y daca: cuando extorsionó a los demócratas les dijo que dado que lo habían apoyado para iniciar la guerra de Irak se estarían contradiciendo si ahora le negaban el exorbitante presupuesto. Una concesión no genera el "nobleza obliga" ni el "hoy por tí, mañana por mí", sino "dame más".


El superyó toma su energía del ello, que es como decir que el Comfer recibe la fuerza para censurar a Nazarena Velez en el programa de Tinelli de todas las mismísimas erecciones que provoca en el programa de Tinelli Nazarena Vélez






Es bastante difícil de tragar el hecho de que nuestros valores éticos tengan un orígen tan irracional y tan primitivamente mezclado con atávicas necesidades de castigo y una satisfacción sádica que en términos de Maradona "la tenemos adentro".




Pero los hechos lo confirman, solo lo negamos por comodidad mental, para creer en un bien y un mal desde cierto realismo ingenuo. No hay asesino cuentapropista que pueda lograr lo que el exterminio sistemático del Estado en nombre de la Ley y el Órden. Las torturas al mero envase corpóreo que perpetrara el Santo Oficio podían antes de saber esto incluso movernos a cierta compasión por los mártires inquisidores que creían con las mejores intenciones estar salvando almas, así como la frase que repitió Hannah Arendt de Eichmann: "Somos nosotros quienes merecemos la compasión por haber sabido suprimir la espontánea piedad por deber"



Ahora sabemos que en cada celadora, en cada fiscal, en cada severo juez, en cada moralista acecha la carcajada satánica que se solaza en exigir displacer. La guadaña de la parca, destructora, debería por muda que sea hacernos ruido en cada superexigencia, en cada "por tu bien te digo" en cada santificada intolerancia.



Como lo decía Chesterton: "La gula es una gran falta, pero no necesariamente sentimos disgusto por un glotón: solo nos disgusta un glotón cuando se convierte en un gourmet; esto es, solo sentimos disgusto cuando no solamente desea lo mejor para sí mismo, sino cuando sabe qué es lo mejor para otra gente"

[Atahaulpa Yupanqui también lo supo: "autoritarismo es elegir por los demás"]

Este insospechado placer por vigilar y castigar me parece asombroso, algo inconcebilbe todavía. Freud está diciendo que no hay menos desordenada toxicidad desbordada en el policía demasiado celoso de su deber que en el ladrón, que, de hecho, la cantidad de deordenada toxicidad desbordada es una y la misma.

Espero que este boquejo barroco intruya deleitando como lo quería el siglo de oro español: no se me escapa que para muchos analfabetos que fuman paco estas paradojales noticias pudieron no haberles llegado por la vía de estas sofisitcadas elucubraciones pero que podrían tenerla ya de antes sobre la pasta base de un olfato prehistórico...

De esta manera el sonsonete consabido, el grito de guerra con el que arman bondi con el transa, estaría expresando una oculta y profunda verdad psicológica:
Yuta, yuta, yuta/
Hija de puta...

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la peor opinión es el silencio, salvo...