miércoles

algunas de las 2011 cosas que amo de esta vida

que la lucidez nos ilumine a todos en este 2009 que empieza...


Podría empezar este año mi habitual lista de motivos para templar el espíritu y recordar cúanto vale la pena estar vivo, incluso, como dice Ulises, como esclavo, con una suerte molemolinesca de exaltación. Al cabo fue éste el año en que Félix ingresó al Pellegrini pese al stress de una mudanza que nos aloja a nuestras anchas, saqué mis primeros diez en la segunda carrera emprendida (y fui postulado como ayudante en una materia), escribí mis columnas humorísticas en D’Mode, traduje una versión vernácula de “Vice”, escribí un artículo acerca del best seller latinoamericano para Nueva Sociedad (de la Fundación Friedrich Ebert de la socialdemocracia alemana), fui según la ditirámbica zalema del compilador la razón de ser de una inminente antología del humor argentino, salí en el gran diario argentino como víctima de la inseguridad por el robo de bicicletas y me permitieron escribir la nota a mi manera, cimenté las amistades que más atesoro, consolidé los lazos más íntimamente sagrados y familiares, pasé de 93 a 78 kilos gracias a dieta, gimnasia y constancia , mi pelo volvió a crecer gracias a las hormonas femeninas que sólo me acarrearon dos efectos secundarios y last but not least, el largamente acariciado anhelo de fabricar un nuevo ser me fue concedido con fecha de lanzamiento en mayo.
Pero de lo que se trata en este espacio no es de enumerar las cúspides de un año especialmente venturoso, porque eso es motivo de aflicción, melancolía y congoja en otros, sino de recordar y recordarme las cosas que me hacen divino mi paso por este curioso rincón de la láctea vía, no siempre pasteurizadamente civilizada…
Amo con placer físico o pulsión de dominio escribir, hacer chistes, tomar sol, ir al cine, andar en bicicleta, cantar, bailar, en fin, comer chocolate, no debería ser tan poco específico.

Libros que amé este año: Freakonomics (Steven. D. Levitt, Stephen J. Dubner), Ni de Eva ni de Adán (Amélie Nothomb)Jugar en serio (el libro póstumo de Ezequiel de Olaso reelaborando sus caminatas fiolosóficas con Borges), Etimología de las pasiones (Yvonne Bordelouis), Menschen, Tiere, Katastrophen (Loriot), "El tiempo envejece rápidamente" de Tabucch, especialmente el cuento"Festival"(¿es Andrej Wajda?)iuf, no empecé a nombrar ni la décima parte...


¿vale decir "amo la manera que tuvo Romina Paula de felicitarme por mi paternidad", "amo el entusiasmo con el que Melibé aprendió a tocar "el" preludio de Bach en piano?


Este año con el recuperado amor de mi padre he recordado también un recurso humorístico al que él es afecto: la mera repetición de las palabras del interlocutor desde un semblante que hace equilibrio entre el sonsonete y la suspicacia (una ironía pura, basada en cambiar de signo lo que se nos dice sin alterar una letra). Es difícil de transmitir de modo abstracto y no “en acto”. Baste enfatizar que en nada se parece a un psicoanalítico “señalamiento” para que el paciente ahonde, agregue, amplíe. La reiteración especular con sorna es lo más cáustico que se puede ser, se le restituye la entera responsabilidad de sus dichos al hablante, limitándose a devolverle sus palabras con un teñido que pone en evidencia lo absurdo de la coloratura. Bueno, ese recurso es una de las cosas que amo.
Por supuesto me encanta también cuando el humor puede basarse en una larga pregunta de las que los encuestadores denominan “cerrada” (por sí o por no) y que todo el remate consista en una de las dos posibilidades. Por ejemplo, el chiste de Fontanarrosa “yo lo que extraño mucho de la Argentina es el bife de chorizo” “¿está viviendo afuera?” “NO”…quizá no es el mejor ejemplo, porque la pregunta era retórica y casi capciosa, un sobreentendido de que sí…[hay una publicidad en la que el protagonista todo felicidad culmina diciendo a su analista que tal vez sea hora de dejar terapia y éste corta el mambo con un tajante "NO"]

veamos otro ejemplo: el padre Brown de Chesterton es abordado en “El puñal alado” (La incredulidad del padre Brown) por un asesino disfrazado de místico que le predica: -Usted cree en todo, todos creemos en todo, incluso aunque lo neguemos todo {cfr. con el parlamento inicial del film “Vincere” en el que Mussolini dice “Ustedes me odian porque todavía me aman”}Los que niegan creen. ¿No siente usted, en el fondo de su corazón, que esas contradicciones no contradicen nada?¿Que hay un cosmos que las contiene a todas? El alma gira sobre una rueda de estrellas y todo vuelve; tal vez mi enemigo y yo hayamos combatido ya en muchas formas, bestia contra bestia, pájaro contra pájaro, y tal vez luchemos eternamente. Pero, puesto que nos necesitamos y nos buscamos el uno al otro, incluso ese odio eterno es un amor eterno. El bien y el mal giran en una rueda que es una cosa y no muchas. ¿Acaso no ve usted, y no cree por encima de sus creencias, que no hay más que una realidad y nosotros somos sus sombras; que todas las cosas no son más que aspectos de otras: un centro donde la humanidad se funde en el hombre y el hombre en Dios?
-No-respondió el padre Brown.

Un tercer ejemplo sería el de George Clooney en la película en la que hace de experto en despedir empleados, cuando su amadrinada le pregunta cómo puede ser que no tenga pareja y él le responde algo así como ¿sentiste alguna vez que estás con una persona y que no importa hace cuánto hace que la conocés tu alma y la de ella fluyen en una misma sintonía de onda desdibujando vaporosamente en una amorosa argamasa las barreras que separan las individualidades y sentiste que tu corazón había nacido para ese encuentro prodigioso en el que ambos cautivadoramente se reconocen recíproca devoción involuntaria?. -¡¡Sí!!-exclama ella entusiasmada -Ah, qué bien, che, lo que es yo no, en la puta vida, por eso ha de ser que sigo solari-responde él, seco.

Pasemos ahora a las resurrecciones que nutren aquellas esperanzas que nos sirven mucho más que sus concreciones: amo la cicatrización, el resurgir desde alguna postradora convalecencia, el sol después del frío, el beso después de la furia homicida, el ámbito correcto de un juego de palabras que mereció abucheos (de esto tengo millones de ejemplos, podría ser “lo que nos salva a los rioplatenses del destino chileno es que nosotros, sin necesidad de arrojar en Boston un cargamento de nada, sí que tenemos el matecito cerca y el té…remoto”).

Amo aprovechar una hora libre porque me suspendieron alguna clase ya sea que tenía que dar o a la que tenía que asistir y meterme en una librería de viejo y leer de parado a contramano y a contrapelo de mi época, qué se yo, “Peter Pan &Wendy” en el inglés original y no llevarlo por solo $25 en Santa Fé casi Pueyrredón, pero que la sola distancia entre la posesión del libro y su lectura me recuperara el deseo que es bien sexual de leer los libros que están en mi casa, o sea, con los que convivo en monotonía y desidia soporíferas.

Amo los encuentros espontáneos como por ejemplo el que tuve con Oliverio Coelho que implicó una revalorización mutua (si no me engaño) o como por ejemplo el que tuve con el actual ganador del Premio Clarín de Novela, Gustavo Nielsen, que concluyó merced a su generosidad con Syrah y rabas en alegre guillotinamiento verbal de algunos personajes detestables del campo intelectual argentino. Amo el hecho de que espontáneamente se me quiera, eso sería, que si te agarro de prepo, de improviso y te tomo por sorpresa lo más probable es que te produzca una sonrisa y no una molestia.

Amo la diversidad de pueblos que me permite conocer el oficio de profesor de español para extranjeros (este año hubo un delirante personaje de Gibraltar, una pareja inefable irlandesa, un turco que conjugaba con híbrida precisión el cinismo y el esoterismo, una griega que me aseguró que la caja de Pandora contenía los bienes y no los males, una alemana que no tardó en enamorarse de un australiano, una neocelandesa, una holandesa, un belga, muchos norteamericanos, tres brasileras, varias italianas, una de ellas de Córcega, orgullosa patria de Enio Morricone-al que mentaba como si un rosarino hablara de Silvina Garré), amo la inamovible certeza del idioma alemán que han incorporado este año también diversidad de pupilas y niñas de mis ojos.

Amo la ropa que me ayudó a comprar un gran crítico de arte de preferencias sexuales alternativas asegurando que con esto entraba por fin en el siglo veinte{SIC}.

Amo la docencia per sé, la capacidad de hacer inteligible y deleitable mi saber a otro y amo a los excelentes docentes que me van tocando, en el sentido amplio (no de tocar, sino de docente: como lo dijo el poeta nipón: NO TENGO MAESTRO, PERO A LA VEZ TODAS LAS COSAS SON MI MAESTRO)

Amo el recurso de la perífrasis como instrumento de comicidad: amo decir ahora mismo por ejemplo que la estructura de la antedicha frase no es universalmente aplicable, y probar con variantes como “NO TENGO VERGÜENZA…” o “NO CONSEGUÍ UNA ERECCIÓN, PERO A LA VEZ…”
Monthy Python en su sketch de Oscar Wilde llevan este recurso a la excelencia, cuando después de que se oye “lo único peor que que hablen mal de uno es que que no hablen de uno en absoluto”, Whistler para competir añade “y lo único peor que que jueguen con uno a la pelota es que no jueguen con uno en absoluto”, etc.

Amo leer en voz alta lo que amo, creo que creí amar a algunas novias solo porque se avenían a estas lecturas…

Amo la buena inteligencia inmediata de las contradicciones de las prácticas discursivas, en las conversaciones de hoy por ejemplo detectar en un amigo que descartó a una chica porque era superficial y frívola y especialmente porque su apariencia dejaba mucho que desear (frase que debe entenderse como precisamente lo opuesto: obturaba e inhibía todo deseo)…

Amo rediagnosticar las pretendidas tragedias rusas partiendo del berreta marco clase b en el que se insertan. En una charla de hoy por ejemplo una amiga me agradeció que le revelara que no es que no rehizo su vida amorosa por la patética circunstancia de que la experiencia de su último noviazgo fue hasta el paroxismo hórridamente dolorosa y traumática, sino porque haberse enamorado de semejante hijo de puta hizo que dudara de su percepción para elegir candidatos en lo sucesivo…

Amo contagiar mis placeres: amo ser el misionero de Loriot, de Lubitsch, de Leonard Cohen, de Bastian Sick, de Sebastián Haffner, de Georges Mikés, de Edgar Keret, de Halbritters Waffenarsenal, de William Goldman, y es lindo también que mi carcajada genere risa, aunque los orígenes sean inciertos…

Amo lo involuntario de la memoria tal como la concebía Proust contra Bergson cuando de tanto tocar mi piano recuerdo una melodía aprendida o compuesta hace veinte años y en mi casa me vitorean por la reciente adquisición que, supongo, les renueva el reiterado repertorio.

Amo la Weltanschauung de la fatiga muscular, lo hermosas que son las mujeres, lo intensos que son los colores después de haber corrido cuarenta minutos, lo animal que podemos volver a ser por obra y gracia de los gimnasios modernos…

Amo ciertas acariciadoras voces y ciertos contactos fisiológicos a los que solo les falta hablar: amo la sensualidad y la seducción de la mayoría de las conversaciones, es tan erótica para mí que a lo largo de mi vida muchas veces pasé por monacal o asexuado o por intentar hacer “un trabajo fino conmigo”.

Amo complementariamente el ejercicio de poder de tener acceso a un cuerpo antes convencionalmente prohibido, no estoy seguro de que ese acceso signifique siempre un placer más freudiano que nietzscheano.

Amo en general el teléfono descompuesto que ha mantenido tan hostilmente tenso como irresistible el diálogo entre el hombre y la mujer, la asimetría de momentos en que uno piensa en algo banal y la otra en algo trascendente y viceversa. Amo las execrencias de excelencia que redundan de tolerar a un cuerpo precioso en su discursito acerca de la inclusión de la juventud en la política/de ser celebrado como poeta en virtud de mis otros favores orales, etc.

Amo toda reductio ad absurdum por equivocada que sea la causa que defienda, en razón del ingenio deleitable que presupone (no es fácil producir una buena reducción al absurdo, muchas veces las más exageradas dejan incólume al argumento...por ejemplo retrucar ante la declaración “admiro a Cristina porque es lo más cercano a una efervescencia ciudadana…cuando estaba Alfonsín era muy chica” que eso equivale a decir “admiro a Luis Bonaparte porque durante la Revolución Francesa tuve un episodio cerebrovascular”) ((no es gracioso decir que si la Federal tiene que ir sin armas, los bomberos tendrán que ir sin mangueras, pero tampoco es gracioso decir que sin mangueras ni casco ni calzoncillos y de nuevo sin mangueras, etc.))

Amo el concepto de “las ganas son algo a adquirir” que un psicólogo me legó para alentarme a salir a buscar trabajo en el año de la crisis y la miseria: amo extrapolarlo a campos más suculentos con resultados científicamente comprobables (no amo que las velocidades del deseo estén descoordinadas, es algo que genera casi una apología de ciertos autoritarismos necesarios, como obligar a un niño temeroso a tirarse por primera vez del tobogán acuático sabiendo que va a terminar encantándole)

Amo como se admira a Cassius Clay a Baruj Spinoza, por cómo peleó y se defendió, aunque descreo con ecuanimidad del jab, del panteísmo, del cross izquierdo y del determinismo

Amo con tozudez a la tozudez, creo que confundo obstinación patológica con genialidad visionaria. No veo otra justificación para amar todavía a Fidel Castro, among others…

Amo las virginidades rotas de las papilas gustativas: que después de hacía mucho me sea dado saborear el helado de maracuyá o cierto plato típico de no sé dónde o gustos que si disfrutara a diario perderían su encanto. Lo que amo es poder imponerme ese límite, no el premio esporádico.

Amo mi diferencia como lo escribió Carlos Grünberg: “He reflexionado largamente, desde la niñez hasta la vejez, sobre mi condición y mi situación {…}, de miembro de una familia espiritual minoritaria, inmerso en un mundo poco inteligente y poco tierno, proclive a confundir lo diverso con lo adverso, lo opuesto con lo contrapuesto, lo extraño con lo extravagante, lo otro con lo hostil y con lo aborrecible {…}Mi diferencia es un hecho y de este hecho emana un derecho: mi derecho a ser diferente. Y también emana un deber: mi deber de ser diferente. Y de mi derecho a ser diferente emana una obligación: la obligación, que tienen todos los demás, de respetar y alentar y amar mi diferencia. Yo amo mi diferencia con el amor con que la amaría si fuese otra diferencia y con el amor con que amo diferencias ajenas (…)

De mí amo por ejemplo no amarme lo suficiente y exigirme pruebas permanentes como para entregarme mi amor.

Amo a Bernard Shaw y a Freud o mejor dicho: amo el amor de Einstein a Bernard Shaw y a Freud y al misterio y al conocimiento objetivo y a la vida. No amo a Freud con el amor a veces caricatural de sus epígonos ni a Shaw con el amor literario con el que lo amaron mis amados Haffner y Mikés: amo lo que espiritualmente implicaron en valiente inteligencia.

Amo a mi madre y a la libertad que me inculcó cuando le pregunté asustado qué significaba que mis elecciones de objeto serían sí o sí edípicas y me respondió: "que estás condenado por el resto de tu vida a enamorarte de alguien como yo...básicamente...¡de una mujer!"

Alephgría






Mi querido Sebastián Kleiman cuyas últimas declaraciones, tengo para mí, son toda una lección ("tengo para mí, un kilo de helado") no se dejó impresionar por mi batería de chistes recién salidos del horno crematorio ("como el nuestro fue un amor ciego es lógico que ahora no nos podamos ni ver") y me mostró las posibilidades jocundas de la perífrasis borgeana.



Reescribió "El muerto" en clave anti-Martín Palermo y "La secta del Fénix" contra los psicoanalístas ("alguien no ha vacilado en afirmar que el amor al dinero ya es instintivo"), además de "El approach a Almotasim" y certeros etcéteras.



En tren de emularlo, descubrí que mucho mejor que una tarjeta de salutación, puede ser un cuento de Borges con espacios en blanco a retocar.



Así, les tiendo "El Phale" en apresurada versión que se ofrece como muestra para que ustedes a su vez lo readapten y manden a ex novias, amantes ocasionales, one night-stands o two hour delights.



Dada la buena onda que siempre ha tenido para conmigo y para que tenga más fuerza ilustrativa que si pusiéramos "Scarlett Johansonn" he ejemplificado este procedimiento literario con la figura de Marina Mariasch, pero por supuesto todo lo que aquí pergeño es una ficción o una metaficción que merece el olvidoficción, si la meta es el olvido y yo he acabado antes...




O God, I could be bounded in a transitory alberg

and count myself a queen of infinite orgasm.

Hamletrix, II, 2.



But they will teach us that

Eternity is the

Standing still of the

Present Dick,

a Nunc-stans (as the Schools call it);

which neither they, nor any else understand,

no more than they would aHic-stans for a infinite greatnesse ofPleasure.

, IV, 46





La candente mañana de febrero en que Martín Brauer murió, después de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni a la crecida de pelo, noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de celulares rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo de jugosas erecciones ya se apartaba a muchos codos de él y que ese cambio era el primero de una serie infinita. Cambiará el universo pero yo no, pensé con melancólica vanidad; alguna vez, lo sé, mi vana devoción lo había exasperado; muerto, yo podía consagrarme a su memoria, sin esperanza, pero también sin humillación. Consideré que el 20 de noviembre era su cumpleaños; visitar ese día la casa de la calle Carlos Calvo para saludar a su idishe mame y a Laura Mariana, su hermana, era un acto cortés, irreprochable, tal vez ineludible. De nuevo aguardaría en el crepúsculo de la abarrotada salita, de nuevo estudiaría las circunstancias de sus muchos retratos, Martín Brauer, de perfil, en colores; Martín, con antifaz, en los carnavales de 2009; los tefilim de Martín; Martín, el día de su boda con Natalia Calzón; Martín, poco después del divorcio, en una lectura de La otra lluvia; Martín, en Palermo, con mi hermana Paula comiendo waffles; Martín, con la peluca hecha del pekinés que le regaló Villegas Haedo; Martín, de frente y de tres cuartos, sonriendo; la mano entre las piernas... No estaría obligada, como otras veces, a justificar mi presencia con módicas ofrendas de masitas finas: masitas cuyos moños, finalmente, aprendí a cortar, para no comprobar, meses después, que estaban intactas.Martín Brauer murió en 2010; desde entonces no dejé pasar un 20 de eleven sin volver a su casa. Yo solía llegar a las siete y cuarto y quedarme unos veinticinco minutos; cada año aparecía un poco más tarde y me quedaba un rato más; en 2023, una lluvia torrencial me favoreció: tuvieron que invitarme a comer. No desperdicié, como es natural, ese buen precedente; en 2024, aparecí, ya dadas las ocho con un Lindt de 300 gramos; con toda naturalidad me quedé a comer. Así, en aniversarios melancólicos y vanamente eróticos, recibí gradualmente confidencias de Laura Mariana.Martín era calvo, frágil, de dentadura intrincada, muy ligeramente inclinado: había en su andar (si el oximoron es tolerable) una como graciosa torpeza, un principio de éxtasis; Laura Mariana es rosada, considerable, tetona, de gluteos finos. Ejerce no sé qué cargo subalterno en una biblioteca ilegible de los arrabales del Sur; es autoritaria, pero también es ineficaz; aprovechaba, hasta hace muy poco, las noches y las fiestas para no salir de su casa. A dos generaciones de distancia, la ese italiana y la copiosa gesticulación italiana sobreviven en ella. Su actividad mental es continua, apasionada, versátil y del todo insignificante. Abunda en inservibles analogías y en ociosos escrúpulos. Tiene (como Martín) grandes y afiladas manos hermosas. Durante algunos meses padeció la obsesión de Ricardo Fort, menos por sus baladas que por la idea de una gloria intachable. "Es el Príncipe de los poetas en Francia", repetía con fatuidad. "En vano te revolverás contra él; no lo alcanzará, no, la más inficionada de tus saetas, Mole Moli."El 30 de abril de 2041 me permití agregar al Lindt extra dark unos porros pegadores. Laura los probó, los juzgó interesantes y emprendió, al cabo de unas copas, una vindicación de la mujer moderna:-La evoco - dijo con una admiración algo inexplicable - en su gabinete de estudio, como si dijéramos en la torre albarrana de una ciudad, provista de consoladores, de rueditas para el clítoris, de medibachas láser, de aparatos de conchafonía, de coñotógrafos, de linternas mágicas, de poronguismos, de latiguillos, de frenillos, de desenfrenados látigos...Observó que para una mujer así facultada el acto de salir de levante era inútil; nuestro siglo XX había transformado la fábula de Mahoma y de la montaña; las montañas, ahora convergían sobre la moderna Mahoma.Tan ineptas me parecieron esas ideas, tan pomposa y tan vasta su exposición, que las relacioné inmediatamente con la literatura; le dije que por qué no las escribía. Previsiblemente respondió que ya lo había hecho: esos conceptos, y otros no menos novedosos, figuraban en el Canto Augural, Canto Prologal o simplemente Canto-Prólogo de un poema en el que trabajaba hacía muchos años, sin réclame, sin bullanga ensordecedora, siempre apoyada en esos dos báculos que se llaman el trabajo y la soledad. Primero abría las compuertas a la imaginación; luego hacía uso de la lima. El poema con alguna ambigüedad se titulaba La Sin Hueso; tratábase de una descripción del órgano reporductor, en la que no faltaban, por cierto, la pintoresca digresión y el gallardo apóstrofe.Le rogué que me leyera un pasaje, aunque fuera breve. Abrió un cajón del escritorio, sacó un alto legajo de hojas de block estampadas con el membrete de la Biblioteca Washington Cucurto y leyó con sonora satisfacción.
He visto, como el griego, las ubres de los hombres,Los trabajos, los días de varia luz, el hambre;No corrijo los hechos, no falseo los nombres,Pero el voyage que narro, es... autour de ma chambre.Estrofa a todas luces interesante - dictaminó -. El primer verso granjea el aplauso del catedrático, del académico, del helenista, cuando no de los eruditos a la violeta, sector considerable de la opinión; el segundo pasa de Homero a Hesíodo (todo un implícito homenaje, en el frontis del flamante edificio, al padre de la poesía didáctica), no sin remozar un procedimiento cuyo abolengo está en la Escritura, la enumeración, congerie o conglobación; el tercero - ¿barroquismo, decadentismo, culto depurado y fanático de la forma? - consta de dos hemistiquios gemelos; el cuarto francamente bilingüe, me asegura el apoyo incondicional de todo espíritu sensible a los desenfados envites de la facecia. Nada diré de la rima rara ni de la ilustración que me permite ¡sin pedantismo!acumular en cuatro versos tres alusiones eruditas que abarcan treinta siglos de apretada literatura: la primera a la Odisea, la segunda a los Trabajos y días, la tercera a la bagatela inmortal que nos depararan los ocios de la pluma del saboyano...Comprendo una vez más que el arte moderno exige el bálsamo de la risa, el scherzo. ¡Decididamente, tiene la palabra Goldoni!
Otras muchas estrofas me leyó que también obtuvieron su aprobación y su comentario profuso; nada memorable había en ella; ni siquiera la juzgué mucho peores que la anterior. En su escritura habían colaborado la aplicación, la resignación y el azar; las virtudes que Laura les atribuía eran posteriores. Comprendí que el trabajo del poeta no estaba en la poesía; estaba en la invención de razones para que la poesía fuera admirable; naturalmente, ese ulterior trabajo modificaba la obra para él, pero no para otro. La dicción oral de Laura era extravagante; su torpeza métrica le vedó, salvo contadas veces, transmitir esa extravagancia al poema.Una sola vez en mi vida he tenido la ocasión de examinar los quince mil dodecasílabos del Polyolbion, esa epopeya topográfica en la que Michael Drayton registró la dotación viril de soldados, abates, panaderos, profesores de alemán y djs de Inglaterra; estoy seguro de que ese producto considerable, pero limitado, es menos tedioso que la vasta empresa congénere de Laura. Ésta, nunca mejor dicho, se proponía versificar toda la rectitud de la loveflesh; en 2023 ya había despachado unas hectáreas del estado de Queensland, más de un kilómetro del curso del Ob, un gasómetro al Norte de Veracruz, las principales casas de comercio de la parroquia de la Concepción, el estudio de grabación de Canal A, en la calla Once de Setiembre, en Belgrano, y un establecimiento de baños turcos no lejos del acreditado acuario de Brighton. Me leyó ciertos laboriosos pasajes de la zona australiana de su poema; esos largos e informes alejandrinos carecían de la relativa agitación del prefacio. Copio una estrofa Sepan. A manderecha del poste rutinario,(Viniendo, claro está, desde el Nornoroeste)Se aburre una osamenta - ¿Color? Blanquiceleste -Que da al corral de ovejas catadura de osario. -¡Dos audacias - gritó con exultación - rescatadas, te oigo mascullar, por el éxito! Lo admito, lo admito. Una, el epíteto rutinario, que certeramente denuncia, en passant, el inevitable tedio inherente a las faenas pastoriles y agrícolas, tedio que ni las geórgicas ni nuestro ya laureado Don Segundo se atrevieron jamás a denunciar así, al rojo vivo. Otra, el enérgico prosaísmo se aburre una osamenta, que el melindroso querrá excomulgar con horror, pero que apreciará más que su vida el crítico de gusto viril. Todo el verso, por lo demás, es de muy subidos quilates. El segundo hemistiquio entabla animadísima charla con el lector, se adelanta a su viva curiosidad, le pone una poronga en la boca y la satisface... al instante. ¿Y qué me dices de ese hallazgo blanquiceleste? El pintoresco neologismo sugiere el cielo, que es un factor importantísimo del paisaje australiano. Sin esa evocación resultarían demasiado sombrías las tintas del boceto y el lector se vería compelido a cerrar el volumen, herida en lo más íntimo el alma de incurable y negra melancolía.Hacia la medianoche me despedí.Dos domingos después, Laura me llamó por teléfono, entiendo que por primera vez en la vida. Me propuso que nos reuniéramos a las cuatro, "para tomar juntas la leche, en el contiguo salón-bar que el progresismo de Zunino y de Zungri - los propietarios de mi casa, recordarás - inaugura en la esquina; confitería que te importará conocer". Acepté, con más resignación que entusiasmo. Nos fue difícil encontrar mesa; el "salón-bar", inexorablemente moderno, era apenas un poco menos atroz que mis previsiones; en las mesas vecinas el excitado público mencionaba las sumas invertidas sin regatear por Zunino y por Zungri. Laura fingió asombrarse de no sé qué primores de la instalación de la luz (que, sin duda, ya conocía) y me dijo con cierta severidad:-Mal de tu grado habrás de reconocer que este local se parangona con los más encopetados de Flores.Me releyó, después, cuatro o cinco páginas del poema. Las había corregido según un depravado principio de ostentación verbal: donde antes escribió azulado, ahora abundaba en azulino, azulenco y hasta azulillo. La palabra lechoso no era bastante fea para ella; en la impetuosa descripción de un agigantado viagrismo, prefería lactario, lacticinoso, lactescente, lechal... Denostó con amargura a los críticos; luego, más benigna, los equiparó a esas personas, "que no disponen de metales preciosos ni tampoco de prensas de vapor, laminadores y ácidos sulfúricos para la acuñación de tesoros, pero que pueden indicar a los otros el sitio de un tesoro". Acto continuo censuró la prologomanía, "de la que ya hizo mofa, en la donosa prefación del Quijote, el Príncipe de los Ingenios". Admitió, sin embargo, que en la portada de la nueva obra convenía el prólogo vistoso, el espaldarazo firmado por el plumífero de garra, de fuste. Agregó que pensaba publicar los cantos iniciales de su poema. Comprendí, entonces, la singular invitación telefónica; la boluda iba a pedirme que prologara su pedantesco fárrago. Los cantos iniciales eran una más que obpfia alusión a mis cantos. Mi temor resultó infundado: Lau observó, con admiración rencorosa, que no creía errar el epíteto al calificar de sólido el prestigio logrado en todos los círculos por Daniel Molina, hombre de letras, que, si yo me empeñaba, prologaría con embeleso el poema. Para evitar el más imperdonable de los fracasos, yo tenía que hacerme portavoz de dos méritos inconcusos: la perfección formal y el rigor científico, "porque ese dilatado jardín de tropos, de figuras, de galanuras, no tolera un solo detalle que no confirme la severa verdad". Agregó que Martín siempre se había distraído con Molina.Asentí, profusamente asentí. Aclaré, para mayor verosimilitud, que no hablaría el lunes con Daniel, sino el jueves: en la pequeña cena que suele coronar toda reunión de mi hermana con el amigo de su novio. Dije, entre adivinatorio y sagaz, que antes de abordar el tema del prólogo describiría el curioso plan de la obra. Nos despedimos; al doblar por Carabobo de Waska, encaré con toda imparcialidad los porvenires que me quedaban: a) hablar con Molina y decirle que la hermana de Martín (ese eufemismo explicativo me permitiría nombrarla) había elaborado un poema que parecía dilatar hasta lo infinito las posibilidades de la cacofonía y del caos; b) no hablar con la mole Molina Preví, lúcidamente, que mi desidia optaría por b.A partir del viernes a primera hora, empezó a inquietarme el teléfono que me regaló el finado y que como había olvidado pagar, solo podía recibir llamados. Me indignaba que ese instrumento, que algún día produjo la irrecuperable voz de Martín, pudiera rebajarse a receptáculo de las inútiles y quizás coléricas quejas de esa pagada de sí misma hermana. Felizmente nada ocurrió - salvo el rencor inevitable que me inspiró aquella forra que me había impuesto una delicada gestión y luego me olvidaba.El teléfono perdió sus terrores, pero a fines de octubre, Laura me habló. Estaba agitadísima; no identifiqué su voz, al principio. Con tristeza y con ira balbuceó que esos ya ilimitados Zunino y Zungri, so pretexto de ampliar su desaforada confitería, iban a demoler su casa.-¡La casa de mis padres, mi casa, la vieja casa inveterada de la calle Calvo! - repitió, quizá olvidando su pesar en la melodía.No me resultó muy difícil compartir su congoja. Ya cumplidos los diecisiete años, todo cambio es un símbolo detectable del pasaje del tiempo; además se trataba de una casa que, para mí, aludía infinitamente a Brauer. Quise aclarar ese delicadísimo rasgo; mi interlocutor no me oyó. Dijo que si Zunino y Zungri persistían en ese propósito absurdo, el doctor Zunni, su abogado, los demandaría ipso facto por daños y perjuicios y los obligaría a abonar cien mil pesos, lo que paga el Premio Clarin Novela.El nombre de Zunni me impresionó; su bufete, en Caseros y Tacuarí, es de una seriedad proverbial. Interrogué si éste se había encargado ya del asunto. Laura dio que le hablaría esa misma tarde. Vaciló y con esa voz llana, impersonal, a que solemos recurrir para confiar algo muy íntimo, dijo que para terminar el poema le era indispensable la casa, pues en un ángulo del sótano había un Phale. Aclaró que un Phale es uno de los penes del espacio que contienen todos los penes.-Está en el sótano del comedor - explicó, aligerada su dicción por la angustia -. Es mío, es mío; yo lo descubrí en la niñez, antes de la edad escolar. La escalera del sótano es empinada, mis tíos me tenían prohibido el descenso, pero alguien dijo que había un mundo en el sótano. Se refería, lo supe después, a un baúl, pero yo entendí que había un mundo. Bajé secretamente, rodé por la escalera vedada, caí. Al abrir los ojos, vi el Phale.-¡El Phale! - repetí.-Sí, el lugar donde están, sin confundirse, todas las porongas del orbe, vistas desde todos los ángulos. A nadie revelé mi descubrimiento, pero volví. ¡La niña no podía comprender que le fuera deparado ese privilegio para que la mujer desflorada burilara el poema! No me despojarán Zunino y Zungri, no y mil veces no. Código en mano, el doctor Zunni probará que es inajenable mi Phale.Traté de razonar.-Pero, ¿no es muy oscuro el sótano?-La verdad no penetra un entendimiento rebelde. Si todas las garompas de la Tierra están en el Phale, ahí estarán todas las luminarias, todas las lámparas, todos los veneros de luz, todas las linternas de carne.-Iré a verlo inmediatamente.Corté, antes de que pudiera emitir una prohibición. Basta el conocimiento de un hecho para percibir en el acto una serie de rasgos confirmatorios, antes insospechados; me asombró no haber comprendido hasta ese momento que Laura era una loca. Todos esos Brauer, por lo demás... Martín (yo mismo suelo repetirlo) era un hombre, un niño de una clarividencia casi implacable, pero había en él negligencias, distracciones, desdenes, verdaderas crueldades, que tal vez reclamaban una explicación patológica. La locura de Laura me colmó de maligna felicidad; íntimamente, siempre nos habíamos detestado.En la calle Calvo, la sirvienta me dijo que tuviera la bondad de esperar. La niña estaba, como siempre, en el sótano, revelando fotografías. Junto al jarrón sin una flor, en el piano inútil, sonreía (más intemporal que anacrónico) el gran retrato de Martín, en torpes colores. No podía vernos nadie; en una desesperación de ternura me aproximé al retrato y le dije:-Martín, Martín Gabriel, Martín Gabriel Brauer, Martín querido, Martín perdido para siempre, soy yo, soy Marina


Laura entró poco después. Habló con sequedad; comprendí que no era capaz de otro pensamiento que de la perdición del Phale.-Una copita del seudo coñac - ordenó - y te zampuzarás en el sótano. Ya sabes, el decúbito dorsal es indispensable. También lo son la oscuridad, la inmovilidad, cierta acomodación ocular. Te acuestas en el piso de la baldosas y fijas los ojos en el decimonono escalón de la pertinente escalera. Me voy, bajo la trampa y te quedas solo. Algún roedor te mete miedo ¡fácil empresa! A los pocos minutos ves el Phale. ¡El microcosmo de chongos for export y actores porno, nuestro concreto amigo proverbial, el multum in parvo!Ya en el comedor, agregó:-Claro está que si no lo ves, tu incapacidad no invalida mi testimonio... Baja; muy en breve podrás entablar un diálogo con todas las imágenes de Martín.Bajé con rapidez, harto de sus palabras insustanciales. El sótano, apenas más ancho que la escalera, tenía mucho de pozo. Con la mirada, busqué en vano el baúl de que Laura Mariana me habló. Unos cajones con botellas y unas bolsas de lona entorpecían un ángulo. Laura tomó una bolsa, la dobló y la acomodó en un sitio preciso.-La almohada es humildosa - explicó - , pero si la levanto un solo centímetro, no verás ni una pizca y te quedas corrida ¡uf! y acabadita. Repantiga en el suelo ese cuerpito gentil y cuenta diecinueve escalones.Cumplí con su ridículo requisito; al fin se fue. Cerró cautelosamente la trampa, la oscuridad, pese a una hendija que después distinguí, pudo parecerme total. Súbitamente comprendí mi peligro: me había dejado soterrar por una loca, luego de tomar un veneno. Las bravatas de Laura transparentaban el íntimo terror de que yo no viera el prodigio; Laura, para defender su delirio, para no saber que estaba loca tenía que matarme. Sentí un confuso malestar, que traté de atribuir a la rigidez, y no a la operación de un narcótico. Cerré los ojos, los abrí. Entonces vi el Phale.Arribo, ahora, al inefable centro de mi relato, empieza aquí, mi desesperación de escritora. Todo lenguaje es un alfabeto de símbolos cuyo ejercicio presupone un pasado que los interlocutores comparten; ¿cómo transmitir a los otros el infinito Phale, que mi temerosa memoria apenas abarca? Los místicos, en análogo trance prodigan los emblemas: para significar la divinidad, un persa habla de un pájaro que de algún modo es todos los pájaros; Alanus de Insulis, de una esfera cuyo centro está en todas partes y las circunferencia en ninguna; Ezequiel, de un ángel de cuatro caras que a un tiempo se dirige al Oriente y al Occidente, al Norte y al Sur. (No en vano rememoro esas inconcebibles analogías; alguna relación tienen con el Phale.) Quizá los dioses no me negarían el hallazgo de una imagen equivalente, pero este informe quedaría contaminado de literatura, de falsedad. Por lo demás, el problema central es irresoluble: La enumeración, siquiera parcial, de un conjunto infinito. En ese instante gigantesco, he visto millones de actos deleitables o atroces; ninguno me asombró como el hecho de que todos ocuparan el mismo punto, sin superposición y sin transparencia. Lo que vieron mis ojos fue simultáneo: lo que transcribiré sucesivo, porque el lenguaje lo es. Algo, sin embargo, recogeré.En la parte inferior del escalón, hacia la derecha, vi una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor. Al principio la creí giratoria; luego comprendí que ese movimiento era una ilusión producida por los vertiginosos espectáculos que encerraba. El diámetro del Phale sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño. Cada pija (la pija del espejo, digamos) era infinitas pijas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo. Vi el populoso monstruo de un solo ojo, vi el falo y la polla, vi las muchedumbres de sangre erguida, vi una verga mota de sabor mandarinesco, vi un consolador roto (era de Laura), vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó, vi en un traspatio de la calle Soler el mismo glande inflamado y a punto de estallar que hace tres años vi en el zaguán de una casa en Olazabal, vi racimos de termos, turgentes, duros, alargados, sin circuncidar, vi convexos pedazos ecuatoriales y cada uno de sus trozos de arena, vi en Inverness a una verga que no olvidaré, vi al violento pingo, el altivo porongo, vi un zodape sueco, vi un círculo de porongas altivas y góticas, donde antes hubo un árbol, vi una miniatura minimalista, un ejemplar de la primera versión de las ingles de Plinio, la de Philemont Holland, vi a un tiempo cada molécula de cada célula de cada garompa (de chica yo solía maravillarme de que los pliegues de un pene fláccido no se mezclaran y perdieran en el decurso de la noche), vi la noche y el día contemporáneo, vi uno que me la ponía en Querétaro que parecía reflejar el color de una rosa en Bengala, vi mi dormitorio sin nadie, vi en un gabinete de Alkmaar una tararira hercúlea poseyéndome entre dos espejos que la multiplicaban sin fin, vi pitutos de caballos de crin arremolinada, en una playa del Mar Caspio en el alba, vi la delicada osadura de una que sufría de priapismo, vi a las sobrevivientes de una batalla, persistiendo en el garchoneo, vi en un escaparate de Mirzapur una poronga española, vi las sombras oblicuas de unos bálanos en el suelo de un invernáculo, vi penes atigrados, pecetos deliciosos, bisontes, marejadas y ejércitos, vi todas las mangueras que hay en la tierra, vi un aparato uritogenital persa, vi en un cajón del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas obscenas, increíbles, precisas, que Martín había dirigido a Laura Mariana, vi un adorado monumento en la boca, vi la reliquia atroz de lo que deliciosamente había sido Martín Brauer, vi la circulación de mi propia sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Phale, desde todos los puntos, vi en el Phale la pija, vi mi cara y la eyaculación, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo.Sentí infinita veneración, infinita lástima.-Siome habrás quedado de tanto curiosear donde no te llaman - dijo una voz aborrecida y jovial - . Aunque te devanes los sesos, no me pagarás en un siglo esta revelación. ¡Qué observatorio formidable, che Mariasch!Los pies de Laura Mariana ocupaban el escalón más alto. En la brusca penumbra, acerté a levantarme y a balbucear:-Formidable. Sí, formidable.La indiferencia de mi voz me extrañó. Ansiosa, Laura insistía:-¿La viste toda bien, en colores?En ese instante concebí mi venganza. Benévola, manifiestamente apiadada, nerviosa, evasiva, agradecí a Laura la hospitalidad de su sótano y la insté a aprovechar la demolición de la casa para alejarse de la perniciosa metrópoli que a nadie ¡créame, que a nadie! perdona. Me negué, con suave energía, a discutir el Phale; la abracé, al despedirme y le repetí que el campo y la seguridad son dos grandes médicos.En la calle, en las escaleras de Constitución, en el subterráneo, me parecieron familiares todas las entrepiernas. Temí que no quedara una sola chota capaz de sorprenderme, temí que no me abandonara jamás la impresión de volver. Felizmente, al cabo de unas noches de insomnio me trabajó otra vez el olvido.Postdata del 1º de marzo de 2023. A los seis meses de la demolición del inmueble de la calle Garay, la Editorial Termodinámica no se dejó arredrar por la longitud del considerable poema y lanzó al mercado una selección de "trozos argentinos". Huelga repetir lo ocurrido; Laura Mariana recibió el Segundo Premio Nacional de Literatura . El primero fue otorgado al doctor Ignacio Molina; el tercero al doctor Juan Terranova; increíblemente mi obra El zigzag de las instituciones no logró un solo voto. ¡Una vez más, triunfaron la incomprensión y la envidia! Hace ya mucho tiempo que no consigo ver a Kohan; los diarios dicen que pronto Laura nos dará otro volumen. Su afortunada pluma (no entorpecida ya por el Phale) se ha consagrado a versificar los epítomes de su novia, Romina Paula.Dos observaciones quiero agregar: una sobre la naturaleza del Phale; otra, sobre su nombre. Éste, como es sabido, es el de la primera letra del alfabeto de la lengua sagrada. Su aplicación al círculo de mi historia no parece casual. Para la Cábala esa letra significa el En Soph, la ilimitada y pura divinidad; también se dijo que tiene la forma de un hombre que señala el cielo y la tierra, para indicar que el mundo inferior es el espejo y es el mapa del superior; para la Mengenlehre, es el símbolo de los números transfinitos, en los que el todo no es mayor que alguna de las partes. Yo querría saber: ¿Eligió Laura Mariana ese nombre, o lo leyó, aplicado a otro punto donde convergen todos los puntos, en alguno de los textos innumerables que el tatuaje de un phalo de su casa le reveló? Por increíble que parezca yo creo que hay (o que hubo) otro Phale, yo creo que el Phale de la calle Calvo era un falso Phale, como el de Marc Wahlberga en "Boogie Nights".Doy mis razones. Hacia 1867 el capitán Burton ejerció en el Brasil el cargo de cónsul británico; en julio de 1942 Pedro Henríquez Ureña descubrió en una biblioteca de Santos un manuscrito suyo que versaba sobre el espejo que atribuye el Oriente a Iskandar Zu al-Karnayn, o Alejandro Bicorne de Macedonia . En su cristal se reflejaba el universo entero. Burton menciona otros artificios congéneres - la séptuple copa de Kai Josrú, el espejo que Tárik Benzeyad encontró en una torre (1001 Noches, 272), el espejo que Luciano de Samosata pudo examinar en la Luna (Historia Verdadera, I, 26), la lanza especular que el primer libro del Satyricon de Capella atribuye a Júpiter, el espejo universal de Merin, "redondo y hueco y semejante a un mundo de vidrio" (The Faerie Queene, III, 2, 19) - , y añade estas curiosas palabras: "Pero los anteriores(además del defecto de no existir) son meros instrumentos de óptica. Los fieles que concurren a la mezquita de Amr, en el Cairo, saben muy bien que la poronga está en el interior de una de las columnas de piedra que rodean el patio central... Nadie, claro está, puede verla, pero quienes acercan el oído a la superficie declaran percibir, al poco tiempo, su atareado rumor... la mezquita data del siglo VII; las columnas proceden de otros templos de religiones anteislámicas, pues como ha escrito Abenjaldún: En las repúblicas fundadas por nómadas, es indispensable el concurso de forasteros para todo lo que sea albañilería".¿Existe ese Phale en lo íntimo de una piedra? ¿Lo he visto cuando vi todas las cosas y lo he olvidado? Nuestra mente es porosa para el olvido; yo mismo estoy falseando y perdiendo, bajo la trágica erosión de los años, los rasgos de la de Martín.

el boomerang latinoamericano




Lo que sigue fue escrito para la revista Nueva Sociedad Nro. 230 que es un proyecto de la Friedrich Ebert Stiftung: http://nuso.org/index.php antes de que Mario Vargas Llosa obtuviera el Nobel.






Hay que aclarar que si bien es una publicación prestigiosa de izquierda (siguiendo mi tradición de escribir antes de fin de año para sucios rojos trapos y pasquines panfletarios germánicos por insistencia de gentiles escritoras, el año pasado el berlinés periódico TAZ gracias a Abbate, éste NUSO gracias a Moret), la izquierda alemana es la derecha para los estándares argentinos.






Espero que quienes conozcan la cita de "El Anticristo" de Nietzsche "el cristianismo es la doctrina platónica para el vulgo" sepan perdonar a la gentil Natalia Moret que creyó al morigerarla que me estaba atenuando a mí. Cuando objeté su kirchnerismo en términos poco sutiles, nuestra conversación tuvo una escalada de violencia en la que ella, para dar a entender que había interpretado mal uno de sus textos militantes me gritó "aprendé a leer bien, si querés aprender a escribir bien". Creo que jamás he sido más insultado en toda mi vida, pero supongo que Moret es lo suficientemente bella como para que no me moleste.






Hasta existió en mí la sospecha trillada de que una persona del sexo opuesto enfurecida y echando espuma por la boca quizá sin saberlo está enamorada de uno. Felizmente para todos la ardua concreción del escrito que sigue nos llevó a perder todo juego de seducción y a convivir en un trabajo que nos certificó como amigos siempre amigos.



La convivencia, amigos, es verdaderamente espantosa, uno deja de ver al otro ser humano como el objeto sexual cosificado que debería ser y pasa a considerarlo, cartesianamete, como un alma, a la que solo se puede querer con el alma...









La construcción del relato desde unos países náufragos:
García Márquez, centro del cánon.


[quien desee leer la versión íntegra no tiene más que solicitármela vía mail]
Un libro destinado a despertar la inteligencia y el amor a la lectura en una población casi primitiva, a servir de provechoso recreo, después de las fatigosas tareas, a millares de personas que jamás han leído, debe ajustarse estrictamente a los usos y costumbres de dichos lectores, rendir sus ideas e interpretar sus sentimientos en su mismo lenguaje, en sus frases más usuales, en su forma más general, aunque sea incorrecta; con sus imágenes de mayor relieve, y con sus giros más característicos. A fin de que el libro se identifique con ellos de una manera estrecha e íntima, que su lectura no sea sino una continuación natural de su existencia (“Cuatro palabras de conversación con los lectores”, José Hernández, prólogo a la primer edición de La vuelta de Martín Fierro, 1879)

Como Akira Kurosawa con el cine japonés, Gabriel García Márquez es algo diferente a un representante latinoamericano de escritor bueno y popular: es quien extiende el interés por su campo como ninguno de sus colegas lo había conseguido antes. Y si a Kurosawa en Japón lo consideran un híbrido occidentalizado, a Gabriel García Márquez se lo denosta en ámbitos académicos sofisticados, o se le adosan lecturas de compleja intertextualidad. Se lo llama Gabriel García Marketing y se escriben libros como “¡Basta de Mac Ondo!”. Empezar este recorrido con la figura más sobresaliente y al mismo tiempo controversial de la denominada "literatura latinoamericana masiva" no sería ocioso: ni Carlos Fuentes, ni Julio Cortázar, ni Mario Vargas Llosa nos permiten considerar con tantas contradicciones internas el denominado fenómeno del “boom latinoamericano”, así como tampoco sus actualidades y concomitancias extraliterarias.

En primer lugar, resulta arduo bosquejar la frontera entre lo que es latinoamericano y lo que no. Después de todo, el modernismo que el nicaragüense Rubén Darío compagina tomando modelos franceses de ritmo y pura forma, influye sobre corrientes europeas que a su vez nutren en un toma y daca nuestras posteriores creaciones. La literatura no tiene los límites que construyen los Estados-nación con sus mitos de origen y su colectivo idiosincrático para nuclear voluntades ciudadanas. Garcilaso “importa” la métrica de Petrarca. Homero inspira a Virgilio, que inspira a Dante. Paris catapulta a Poe. Los irlandeses Bernard Shaw y Oscar Wilde y James Joyce y Samuel Beckett salvan las letras inglesas.

Carlos Fuentes declaró que en Cuba La Metamorfosis sería costumbrista: para un Estado totalitario y liberticida es la realidad cotidiana que el individuo sea visto como insecto. En este sentido, García Márquez ilustra esa condición anfibiológica que trasciende un esencialismo chauvinista inmanente: su formación en la Cincecittá de Fellini y De Sica (como la de Manuel Puig), su maravillamiento ante La Metamorfosis de Kafka (en textuales palabras: “¿eso vale?”) y su socialismo internacionalista, nos impiden encapsularlo como colombiano o latinoamericano o siquiera contemporáneo. García Márquez corre el mojón, expande ese difuso límite que también se desdibuja vaporosamente al intentar clasificar qué es literatura y qué parte de la industria editorial es ajena al arte. La literatura de García Márquez no es solamente fácil de leer: es fácil sentir empatía por la ingenua idea de que el artefacto literario es una mera copia especular, una mímesis aristotélica de una descomunal naturaleza salvaje con fascinante color local y ribetes surrealistas.

García Márquez, como amigo de Fidel Castro y director de la escuela de guión en San Salvador de los Baños, en Cuba, es un millonario de izquierda que no ha teorizado muy profundamente acerca de su propio oficio y del poder preformativo que políticamente pudiere abarcar. Con esto no pretendo negar que haya premiado en concursos biografías ilegibles del “Che”, sino que no leyó a Lukacz ni sintió nunca la menor reverencia hacia lo académico. Su hijo, ahora guionista de "In treatment" y director de "Con sólo mirarte", asistió en La Sorbona a una clase de literaturas emergentes y oyó incrédulo la interpretación alegórica cristiana que se daba al final de un cuento de su padre, en el que una mujer asciende al cielo envuelta en unas sábanas cuando está colgando la ropa. Para los académicos la subida al cielo de Remedios la bella se trataba de una alusión a la Virgen María Madre de Dios, que no podía morir ni haber sido atravesada por la sexualidad. "Nada que ver", trató de disuadirlos el hijo del autor. "Mi papá no sabía cómo guayaveras terminar el cuento hasta que vio a una vecina colgando la ropa". Lo mandaron a callar.

Otro hijo, Gonzalo, no contestó en un examen de admisión para la carrera de literatura en Londres que el gallo de "El coronel no tiene quién le escriba" era el símbolo de la fuerza popular reprimida. Acerca de esta lectura escribe Gabo: "Cuando lo supe me alegré una vez más por mi buena estrella política, pues el final que yo había pensado para ese libro, y que cambié a última hora, era que el coronel le torciera el pescuezo al gallo e hiciera con él una sopa de protesta"
[1]. García Márquez considera absurda la interpretación de que la abuela desalmada, gorda y voraz que explota a la cándida Eréndira para cobrarse una deuda sea un símbolo del capitalismo insaciable. Si se quiere, puede plantearse que García Márquez es marxista malgre loui, al sugerir que es el paisaje caribeño quien le dicta -como Alá al analfabeto Mahoma el Corán- su realismo mágico. Esta negación del dispositivo escriturario como artefacto artificial condice con la noción de que son las condiciones materiales de producción las que la condicionan o determinan.

Como para subrayar esta paradójica filiación, podría recordarse que Marx adscribió a la dialéctica histórica de Hegel pero "poniendo de cabeza" el idealismo hegeliano para devenirlo materialista. Y en el discurso de García Márquez ante la Academia Sueca al recibir el Nobel, intitulado "La soledad de América", el colombiano pone de cabeza la segunda lección de la Filosofía de la Historia de Hegel, que declaraba que en América todo es más pequeño: el ñandú más pequeño que el avestruz, el yaguareté más reducido que el tigre. En esa construcción, mediante una hábil práctica discursiva, el laureado escritor postulaba a los accidentes naturales como matriz natural, como si la noción de volcán no hubiera requerido que muriera devorado por la lava Plinio el Viejo y atestiguara una erupción del Vesuvio Plinio, el Joven. Este carácter de "buen salvaje" del realismo mágico es liberador para nuestra fisiología. Puede perderse el intelecto en infinitos matices, pero el cuerpo es maniqueo, los glóbulos blancos no contemplan reflexivamente el sesgo válido de la ideología de un virus con tolerancia para la diversidad. Y los sentimientos espontáneos humanos son, mal que le pese a la crítica, obscenamente cursis.

Esta conceptualización entraña alguna obturación de toda la tradición literaria anterior y cosmopolita de la que se nutre. En "Yzur", cuento aparecido en "Las fuerzas extrañas", Leopoldo Lugones inaugura para América la ficción. Escribe que los monos eran hombres que dejaron de hablar para que no los hicieran trabajar. Describe los afanes de un instructor de un simio para reponerle el habla. Finalmente el mono dice antes de morir "agua, amo, agua, mi amo". Rompe un silencio ancestral en un correlato con el silencio ancestral de la ficción en Latinoamérica.

Pero desde entonces no se retoma la base de la pirámide como es costumbre en la prosa anglosajona, por ejemplo. Mabeth dice "life is a tale told by an idiot, full of sound and fury signifying nothing". Faulkner titula "El sonido y la furia". Yeats se burla de Pound y de Eliot con una perífrasis: "Life is a tale told by an Eliot full of Pound and fury...". Hasta Javier Marías escribe su "Mañana en la batalla piensa en mí" con ese título que cita a Macbeth.

Pereant qui ante nos nostra dixerunt parece ser el apotegma que rige a este genre: “mueran los que dijeron lo que decimos antes que nosotros”, frase que sólo funciona si parece recién inventada y no se advierte que es cita. Gabriel García Márquez advierte que El motín del Caine contó antes y mejor el nudo de Relato de un náufrago: su operación es colocarlo en el relato, declarar que el marinero vio el film antes de zarpar, emplearlo como énfasis funcional. No hay ejemplos blibliográficos de antecesores usufructuados: el best-seller está escrito para personas que no leen otra cosa.

En las antípodas está Jorge Luis Borges, continuador de Vidas imaginarias de Marcel Schwob y de Imposturas intelectuales de Alan Sockal. A la manera del documental Zelig, de Woody Allen, Borges construye desde un verosímil canónico sus invenciones difíciles de detectar. Citas apócrifas (la página de Las mil y una noches en que Sheherezad cuenta su propia historia) renuevan las posibilidades de ficcionalizar. Borges sabe que Plutarco y Heródoto también inventaban, y se vale de sus prestigios para simular que sus caprichosas carcajadas emergen desde el pozo abismal de la mitología grecolatina o la antigüedad oriental. Cabe preguntarse por qué es tan poco popular reconocer la existencia de toda la cultura anterior y contemporánea.

Una teoría de Theodor Adorno (El artista como lugarteniente, escrita en favor de Paul Valery) dice que un escritor que exacerbe su trabajo abocándose a su objeto con concentración luminosa puede producir en el lector una exigencia de lucidez que encontrará correlaciones a la hora de leer la realidad como ciudadano. Esta teoría no parece aplicarse a García Márquez, cuya altura es despareja. Tomemos un ejemplo de Cien años de soledad, del cual Borges dijo que era un hermoso título si bien al libro en sí le sobraban cincuenta años. El hielo del coronel Aureliano Buendía nos ofrece una imagen elemental y tangible, sensorialmente palpable y ancestral, como los poemas al mar que se encabalgan en el arborescente tronco de la tradición romántica de Novalis y Schiller. El “Dios te la conserve” que la gitana le desea al priapismo de un personaje de poca envergadura, en cambio, es propio de las apelaciones inmediatas al erotismo que tienen las malas sitcom como apoyaturas de segunda categoría. Aunque, para ser justos, deberíamos reconocer que casi no hay escritor que mantenga un nivel homogéneo. Balzac mismo, con su record prolífico, sólo tiene unas cinco obras maestras, la misma cantidad que Faulkner, la excepción.

El propio best-seller Osvaldo Soriano se cuida muy bien de explicitar que lo que admira son los buenos cuentos de García Márquez, y ello únicamente por tratarse de involuntarias pedagogías para la estrategia narratológica: “Es muy difícil aprender con un texto absolutamente genial como los de Cortázar o Borges, porque uno está ante una obra gigantesca, pero no se le ven los tornillos. Algunos escritores creen que no hay nada que aprender. Pero los que creemos que sí lo hay, apreciamos mucho los tornillos y las tuercas que se ven en Horacio Quiroga y en algunos buenos cuentos de García Márquez”
[2].

Mientras que Jorge Luis Borges, en “Nuestro pobre individualismo”, celebra el cosmopolitismo de los individuos de un país en el que no creen, García Márquez, en cambio, nos hace celebrar y creer en un país enteramente ficticio, como el Japón de Ishiguro, el Berlin de Isherwood, la Cartago de Flaubert.

El inclasificable García Márquez, risueño y en absoluto sufriente, se inscribiría en la corriente judeocristiana de artistas que reciben una inspiración de una musa, que suscriben a la teoría del genio y que desconocen a los teóricos materialistas como Bajtin, Voloshinov, Todorov o a la línea barthesiana que incluiría semiologías genetistas. Un texto es un tablero de juego, reza el último grito de la moda crítica, y el inventor del ajedrez no necesariamente es su mejor jugador: con las estructuras internas de dicho tejido pueden enhebrarse sin perder el hilo los ropajes más inesperados y estamparse suturas de sastre con mucha tutela que cortar.

Cabe también aplicar la pregunta de Michel Foucault: ¿Qué es un autor? Porque estamos refiriéndonos a la “literatura latinoamericana” con idéntica entidad ontológica que asignamos a un mismo espíritu que insuflara el hálito a las páginas. Cortázar se quejaba de que se llamara “boom” al boom latinoamericano, palabra tan poco latinoamericana.

Existen escritores latinoamericanos que se leen en Alemania, por ejemplo, y que en sus países de origen son ignotos. Operan como embajadores de algo que ya está constituido como nicho del mercado, un intersticio entre cierto exotismo, la trama vertiginosa y accesible, y una vaga denuncia social. Por eso un nuevo elemento se suma al caos de borraduras y mostraciones que presuponen un corpus unívoco: el aspecto comercial, a veces traccionado por el cine (Doña Flor y sus dos maridos nos permite postular que el éxito intelectual de Jorge Amado reside en las posaderas de Sonia Braga).

Nadie puede dudar de que fue durante el franquismo que la Argentina tuvo la gran oportunidad histórica de convertirse en el centro editorial de la lengua española y que la censura de regímenes no menos estrechos de miras culturales cedió a México dicho privilegio. En dicho sentido, el concepto de best-seller (que, quizá como resistencia a lo forínseco, suele pronunciarse “bets sellers”) también es difuso, por más que se defina positivistamente de acuerdo a un criterio numérico preciso. La conjura de los necios es hoy best-seller y fue en su momento rechazado por todas las editoriales. Un abogado de Sábato se apiadó de que le rechazaran El túnel y le pagó la edición con la que obtuvo el inesperado elogio de Albert Camus.

¿Con qué criterio conviene intersectar Como agua para chocolate con Para leer al pato Donald, lo masivo y lo elevado? Camus solía decir que aprendió más de cultura cuando jugó al fútbol que cuando escribía en Los Tiempos Modernos con Sartre. Popper, que todo lo que sabe de epistemología lo aprendió como ebanista.

¿Está divorciada la literatura de la popularidad? ¿Realmente la popularización hace papilla a una gran idea? ¿O tan sólo la hace llanamente digerible?

Según Harold Bloom, Harry Potter no es digno de ser celebrado como una herramienta que dinamiza y acicatea en los niños playstationizados el placer de la lectura. Pero su centro del canon, Shakespeare, era popular hasta tal punto que ni él mismo creía ser algo más que lo que hoy sería un guionista de tiras televisivas. Proust, rechazado por Gide, llega a ser reconocido a tiempo por Gallimard, pero se trata de una índole de libro muy vendido que no es, pese a todo, muy leído. No es ardua la decodificación de sus largos períodos minuciosos, pero sí es lenta. García Márquez se lee rápido: la velocidad de lectura sería otro criterio de demarcación.

En la periferia de estas intertextualidades perplejas se halla otro componente insondable, de nuevos alcances indeterminados: la perduración.

Pensemos, por ejemplo, en el Quijote. El Quijote que leemos hoy no es el Quijote que se propuso escribir Cervantes. La ironía quiso que un español que escribió una sátira a la ingenua romantificación de las novelas de caballerías se encariñara con su personaje engrupido de noblezas y lo dotara de una hidalguía que lo ha convertido en el único caballero heroico al que todavía leemos. “Vive Dios que me espanta esta grandeza” fue en su momento una frase canyengue, y ahora tiene los mismos ecos marciales que “el resto es silencio”.

Era harto sencilla, lisa, la prosa de Cervantes, criticada por Quevedo, Lope de Vega, Calderón de la Barca y Góngora, que sólo se ponían de acuerdo entre sí para denostarlo. En tal sentido, no es un contraste muy grave que la Real Academia Española haya presentado su edición del pentacentenario del caballero de la triste figura junto con la edición anotada de Cien años de soledad. ¿Se recordará como el siglo de oro latinoamericano al Coronel Aureliano Buendía dentro de quinientos años?

El Principito, que en la última dictadura argentina fuera prohibido por vérsele gérmenes de cooperativismo y mensajes diabólicamente contrarios a la propiedad privada. es uno de los best-sellers más clásicamente best-sellers de la definición. Como no lo es Mi lucha, por ser compulsiva su lectura durante el régimen nacionalsocialista, ni “la sagrada Biblia”. Entonces, ¿qué hace que un libro deba considerarse best-seller?

En su momento La cruz invertida de Marcos Aguinis fue un best-seller, pero hoy nadie lo leería, pese a su excelencia literaria, dado el desprestigio del autor por sus posturas algo recalcitrantes. Un jovencísimo Abelardo Castillo saltó a la fama de la noche a la mañana y fue best-seller y sala llena en obras que contaron con Alfredo Alcón en el auge de su carrera; hoy la tirada de su libro de ensayos recuperados (Desconsideraciones) no pasa de los dos mil ejemplares. Pero dos mil ejemplares hoy es mucho en Argentina, nuestra vara de medir no debe descontextualizar los nuevos parámetros.

“La vida está en otra parte” se titula una novela del checo Milan Kundera, best-seller entre los best-sellers. Y para muchos, digamos, para una gran mayoría, esas seis palabras que cifran nuestra melancolía son de su autoría y no de aquel que las dijera por primera vez, Arthur Rimbaud, un escritor que no fue best-seller ni en su propia casa.

¿Será entonces el best-seller el encargado de popularizar sutiles conceptos a “las masas”? ¿Y qué misterioso rol cumple el fenómeno de recuperar excreciones de la expresión como ejemplo sublime de un extremo imposible de parodiar, la valoración de lo “camp”?

René Descartes, materialista avant la léttre, escribió en El discurso del método que la pasión se origina porque la parte más vivaz y más sutil de la sangre sube al cerebro, que es como un embudo: son como las chispitas de las llamas de un fuego crepitante. El alma siente como propias las pasiones, pero se originan a través del movimiento y la agitación de la sangre. Alejo Carpentier escribió El recurso del método, novela apasionada y sutil que saluda únicamente al título del filósofo dualista. ¿Sería entonces el best-seller la glándula que conecta el cuerpo masivo con la literatura del alma?

Borges, en el cuento “El otro”, se encuentra consigo mismo joven en un sueño y se da recomendaciones para su porvenir. Para una mayoría este argumento fue ideado por Richard Bach en Un puente hacia el infinito, así como el hijo del protagonista de “Las ruinas circulares” es Bruce Willis en Sexto sentido. Nietzsche, en El Anticristo, prefigura esta concepción del best-seller: el cristianismo -resume- son los arquetipos platónicos adaptados para la mayoría.

Desde esta óptica, la literatura baja sería la alta literatura cuando no guarda las formas: Puig toma el fluir de la conciencia de Joyce y de Svebo y lo ubica en un marco trivial de boleros, películas clase B y pueblerinas peripecias provincianas. Irónicamente, este “no guardar las formas” deriva en que lo único que perdure sea la forma. Platón dijo que nada de los problemas humanos merecen quitarnos el sueño, porque los problemas de la realidad suprasensible son los esenciales. Hoy, que no creemos en realidad suprasensible alguna, leemos en el best-seller Más Platón y menos Prozac, de Lou Marinoff, que Platón dijo que nada de lo humano merece que nos hagamos mala sangre.

También García Márquez fue tomado en sus puras formas y vaciado de contenido: el precio de la perduración. En Los testamentos traicionados, Kundera defiende a Kafka de los traductores periodísticos que hacen gala de sinónimos y quitan el peso a un referente unívoco de la arbitraria convención que mantiene unidos al significante con el significado. García Márquez, siempre juguetón y zumbón, rechaza invariablemente el double entendre, la dilogía, evidenciar la opacidad del lenguaje. Hay pasajes en los que cierta ambigüedad lo obliga a explicitar -con mediterránea claridad- que es bien consciente de que el vehículo del pensamiento y del sentimiento dista de ser transparente. Entonces escribe, como por ejemplo en El coronel no tiene quien le escriba, que alguien dijo algo “sin ser consciente del juego de palabras”. El narrador omnisciente interviene, deíctico, para que el sibarítico lector no se deje distraer.

Charly García -cuyo principal interés en Colombia, no era, se sabe, precisamente “Gabo”- escribió en “Superhéroes”, la canción perteneciente su disco Clicks modernos: “veo a las sirvientas en la esquina, vestidas para enamorar, viviendo cien años de soledad”. No pudo sustraerse a lo pregnante de dichas palabras, palabras que por supuesto Calamaro trató de remedar con “la otra noche te esperé bajo la lluvia mil horas”. ¿Por qué “cien años de soledad” resultan cuatro palabras de mayor economía verbal y elocuencia que las dos de “mil horas”? Daniel Link, catedrático experto en todas las vanguardias y suspicacias sagaces de la crítica a lo largo del siglo veinte, ha escrito una pieza de teatro intitulada “El amor en los tiempos del dengue”. Y es el día de hoy que se reedita en los diarios la alocución “crónica de una lo que fuere anunciada”. Si aumenta el boleto de colectivo no faltarán por lo menos tres o cuatro periódicos a los que se les imponga titular “crónica de un aumento anunciado”, y en esas cinco palabras habrá más fuerza sucinta que en las dos “nuevo aumento”.

Ante el colapso de las certezas de la modernidad, de las categorías consistentes que nos sirvieron de herramienta conceptual, de las fronteras que separaban y ordenaban nuestras representaciones, casos como el de García Márquez deben parte de su éxito a que nos reinstauran la fe en una solidez y llaneza, en una asequibilidad cognitiva que nos calma. Vale decir: mientras todos los límites se desdibujan vaporosamente en nuestra era, la figura de Gabriel García Márquez y los artefactos escriturarios afines cumplen con la denominada “función paterna”, que de alguna manera resulta terapéutica y nos pone, por así decirlo, los límites.

El boom coincidió históricamente, es cierto, con el flower power, la peripateia del “Che” Guevara, la fe en que el mundo podía transformarse y en que la literatura era un arma de guerra. Pero los dispositivos e instrumentos retóricos, las prótesis culturales son autónomas de su orientación en términos políticos. De la misma manera que hay un humor corrosivo que las tiranías temen y un humor funcional al orden social, inclusive los bagajes gnoseológicos que funcionaron como vedette eran pasibles de ser permutados de bando. Un relato determinista que chicanea con oponerse al inexorable decurso de la rueda de la historia puede ser usufructuado por marxistas apocalípticos o menemistas reducidores de cabezas responsables del Estado de Bienestar.

En tal sentido, la caída del muro de Berlín trajo aparejada la caída de cierto Zeitgeist tensionado competitivamente entre dos paradigmas culturales. Todas las reformas al capitalismo que logró la amenaza del comunismo no cayeron junto al bloque soviético, pero sí podemos decir que nuestras utopías se dirigen ahora con más facilidad hacia los animales en extinción que hacia las personas en extinción. Mientras económicamente todos los países presentan un modelo mixto con variaciones de grado pero no de diseño general, la caída de las certezas en las ciencias que componen la autoridad del saber demolió esta súbita erección de la muerte de las ideologías, generando una horizontalidad coral de reivindicables extranjerías.

El grito de guerra pasó a ser la melancólica constatación antedicha de Rimbaud: la vida está en otra parte. Por eso Europa (que ya no impone la conciencia moral europea a las tribus amazónicas que ritualmente matan al primogénito) y por eso Norteamérica (que ha elegido a un presidente afroamericano mientras, en su territorio, es el idioma español y no el inglés el preferido para aprender por parte de los inmigrantes chinos) miran con ojos de curiosa esperanza a Latinoamérica no tanto por lo que es, sino porque constituye la diferencia. Así las cosas, con un Vargas Llosa que considera racista celebrar la chompa aymara con la que asumió Evo Morales, y con un ocio planetario cada vez más distraído por la frívola inmediatez de los juguetes informáticos, el futuro de la literatura latinoamericana puede agradecer su periferia.

En la Fundación El Libro me informan que en la Argentina el mayor best-seller es un libro de recetas de cocina de una tal Doña Petrona. Me río: pareciera ser que es justamente nuestra ausencia de recetas, la creativa facultad de improvisar, lo que atrae la mirada -estructurada, esquemática, tradicionalista, impotente- de las potencias centrales, tan autistas como un adolescente con sus crisis y cambios de piel.

En este sentido -y en un mundo que siente que lo pierde a través de fronteras que caen- podemos regocijarnos de la fragilidad y el desamparo de nuestra industria editorial, trazando un paralelo con el cachorro humano, que nace prematuro y subdesarrollado en comparación con el cachorro gorila, el cachorro pingüino, etc. La vida es tan fragmentaria como “Pedro Páramo”. La conducta no estereotipada humana nos hace tener que soportar la libertad, pero la ventaja latinoamericana a este respecto es supina, como lo supo Alejo Carpentier: "El hombre nunca sabe para quién padece y espera. Padece y espera y trabaja para gente que nunca conocerá y que a su vez padecerán y esperarán y trabajarán para otros que tampoco serán felices, pues el hombre ansía siempre una felicidad situada más allá de la porción que le es otorgada. Pero la grandeza del hombre está precisamente en querer mejorar lo que es. En imponerse tareas. En el reino de los cielos no hay grandeza que conquistar, puesto que allá todo es jerarquía establecida, incógnita despejada, existir sin término, imposibilidad de sacrificio, reposo y deleite. Por ello, agobiado de penas y de tareas, hermoso dentro de su miseria, capaz de amar en medio de las plagas, el hombre sólo puede hallar su grandeza, su máxima medida en el Reino de este Mundo".
[1] La poesía, al alcance de los niños; Notas de prensa 1960-1984, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1992
[2] Mucci, Cristina Voces de la cultura argentina, Grandes Reportajes, El Ateneo, Buenos Aires, 1977

martes

Comedias recomendadas









Lo que sigue fue escrito antes de haber visto "Cuestión de principios" con Pablo Echarri, Norma Aleandro y Federico Luppi basada en el cuento de Fontanarrosa...





Cuesta seguir llamando "séptimo arte" a un procedimiento que jamás alteró las estructuras de su clasicismo como lo hicieron las artes plásticas, la música y largos etcéteras. Las películas artísticas nunca son la desmagnetización aleovoltaica del mainstream sino un punto de partida diferente. No hay Duchamps, ni Warhols, ni Stravinskys, ni John Cages cinematográficos.


Me encantaría ver una furosa mezcla de comedia americana y disruptura, pero me dicen que llegará recién con los fondos de Santa Cruz.


Secretamente a contrapelo de las inclinaciones empiristas en la filosofía de la ciencia norteamericana, en particular, de su genetismo y culto a la apariencia, Hollywood cultiva una terapéutica racionalista en la que la belleza física resulta la mar de democrática cuando el espectador lleno de acné y sobrepeso puede ser por espacio de una hora y media y luego en la pedagogía sentimental de sus conmovedores intentos torpes de seducir, aquel galán que tampoco en aquel galán existe realmente...




Estimado Martin, dado tu vasto conocimiento cinematográfico y tu cínico sentido del humor, te solicito que me recomiendes, a través de este maravilloso medio, grandes comedias que mi risa no puede perderse. Como hace apenas unos días te pedí exactamente lo mismo, es muy probable que pienses que no te presté la debida atención. No es sólo eso. Sino que Dios no fue todo-generoso cuando diseñó mi sistema de almacenamiento de información. Además, el jardín principal de la casa de Estela no es el lugar más apropiado para retener la serie de titulos en inglés que me lanzaste en 30 segundos. Muchas gracias nuevamente.




Estimado estimado: voy a empezar con los clásicos, porque si no conocías a Hitchcock tal vez tu formación general en la carrera de comediología tenga importantes lagunas (Hitchcock hizo dos comedias ¿Quién mató a Harry? y Mr &Mrs Smith, podés vivir perfectamente sin haberlas visto) me imagino que de Chaplin sí viste y de Buster Keaton también (te recomiendo especialmente "Battling Butler", aunque son buenas todas), los otros del cine mudo son más discutibles (no veas los homenajes a ambos de viejos, ni las comedias de Red Skelton con guión de Buster, ni "La condesa de Hong-Kong" con Orson Wells dirigida por Chaplin, ni "El soltero más codiciado" remake de Buster, para eso mirá Harold Lloyd, Larel y Hardy, etc.) Los hermanos Marx no dieron toda su medida en cine, pero igual valen la pena Howard Hawks ha filmado las mejores screwball comedies y fue el maestro de Billy Wilder, pero no sé si te gusta ver en blanco y negro a Cary Grant en sus inicios con Kathleen Hepburn ("La pícara revoltosa", "Arsénico y encaje antiguo") mi director de cine predilecto es Ernst Lubitsch por su famoso "toque" sutil en el que indirectamente daba a entender cosas muy groseras de modo muy refinado (Heaven Can't Wait, To be or not to be, Angel, Ninotschka, todas son más que buenas) un contemporáneo no tan conocido es Preston Sturges, cuyos filmes son también de autor, los "Viajes de Sullivan" son una parábola de por qué la comedia es más profunda que la tragedia, "El milagro de Morgan Creek" también es excelente Capra es más sentimental y deprimente, una especie de Dickens, almibarado al final después de motivos varios para suicidarse, no es humor puro, sino casi una terapéutica pero no muy coherente, el happy ending es un deus ex machina non sequitur, pero es necesario que veas aunque sea "It happened one night" la de James Stewart y también la de Douglas Fairbanks y Mary Pickford De Wilder todo es bueno, especialmente "Piso de soltero" e "Irma la dulce" con la dupla Lemmon, Shirley MacLane, pero te va a gustar más "El gran carnaval" y "Bandeja de plata" que habla de la inescrupulosidad de los periodistas con Walter Matteau, son geniales De Peter Sellers supongo que habrás visto todo, es poco conocida "Crimen por muerte" de Neil Simon, donde él hace de detective chino (Clue los siete sospechosos la plagió pero peor); no es buena "Si querés ser millonario no pierdas el tiempo trabajando" con Ringo, sí "Dr. Strangelove" de Stanley Kubrick Jerry Lewis tiene pocas cosas excelsas, El profesor chiflado sin duda (muy superior a la remake de Eddie Murphy): es el antecedente conceptual de Jim Carrey, de quien yo no te voy a recomendar ninguna comedia (salvo "Irene, yo y mi otro yo") porque solo lo admiro en películas dramáticas (The truman show, Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, I love you Philip Morris) Blake Edwards que acaba de morir ha legado obras maestras, como Victor Victoria, La pantera rosa, Un disparo en la sombra, La fiesta inolvidable, la de Ellen Barkin mujeriego convertido en hembrón como castigo, pero también muchas malogradas (Tentaciones, todas las últimas) a mí me encantan Pierre Richard y Gerard Depardieu en "Los compadres", "Malapata" y "Los fugitivos" y de esa línea "Los reyes de la risa" con Michel Serrault y "Los repodridos" y "La maté porque era mía" con Philippe Noiret (Grupo de familia es excelente, la francesa del chico que no se va nunca de la casa de los padres, no la homónima italiana) las italianas de Mario Monicelli, las tenés? tendrías que ver de Vitorio Gassman "Brancaleone", la original de "Perfume de mujer", "La bomba que desnuda" del superagente es con él, "Los monstruos" y "Los nuevos monstruos", de Nanni Moreti "Caro diario" y "Aprile", de Roberto Benigni "Johny Stachino" y "El monstruo". las de Ugo Tognazzi picarescas, Mediterráneo de gabriele salvatores este mail corre el riesgo de ser infinito... te voy a decir de las más modernas las que yo disfruté más... "Visa al paraíso" de Albert Brooks con Meryl Streep es excelente ("Defending yoy life"), no es mala "La musa" con Sharon Stone y Andy McDowell "El día de la marmota" ya la viste, supongo que coincidirás (todas las de Harold Ramis son buenas, también "Al diablo con el diablo") [la epopéyica victoria por sobre la censura Private parts de Howard Stern es de un director que también es una garantía dentro del rango pochoclero, el de "Gemelos" y "Junior", Ivan Reitman, como Rob Reiner y Carl Reiner] De una parte de Monthy Python y Kevin Klein está "Un pez llamado Wanda" y "Criaturas feroces" De nora Ephron "Sintonía de amor", cuando harry conocio a sally y tienes un e-mail (que es un hommagge a The shop around the corner de Lubitsch) Todas las de los hermanos Farrely son desopilantes Mike Myiers hizo bien Austin Powers y Wayne's World pero la del gurú es pésima, y además está plagiada de una muy buena que sí te recomiendo con Heather Graham algunas de scorssese, de los hermanos coen, de cóppola son cuasi comedias la mejor de Richard Pryor-Gene Wilder es "Ciegos, sordos y locos", las otras no son malas de Mel Brooks la que seguro tendrías que ver ahora que está Obama es la del sherriff negro, "Locuras en el oeste" silving blades o algo así, "El joven Frankenstein" la película muda, "s.o.s hay un loco en el espacio", "ser o no ser" remake de Lubitsch en versión musical y no mires ninuna de las más recientes Ali G todavía no hizo nada comparable a las series -de Billy Cristal casi todas son buenas (amigos siempre amigos, olvidate de paris, el cómico de la familia) y Cameron Diaz tuvo una época de humor negro que es una mejor que otra (malos pensamientos, quieres ser john malkovich, la última cena, la cosa más dulce) michael fox tuvo una buena racha con hombre lobo y el secreto de mi éxito y doctor hollywood tom hanks a mí me parece un poco demasiado sentimental, dentro de la camada surgida de saturday night, pero quisiera ser grande es buena steve martin hizo algunas joyas que pasaron inadvertidas "El hombre con dos cerebros" es majestuosa (con Kathleen Turner), "Mi casa es tu casa", una de un director de cine falluto con Eddie Murphy Bowfinger, "Dos pícaros impostores" o algo así con Michael Caine es de las mejores películas que vi en mi vida The kids in the hall filmaron algo de candy que es la pastilla que te retrotrae al momento más feliz de tu vida: muy lograda, muy buena "Los dioses deben estar locos" de los autores de "El paraíso viviente" en el desierto de Kalahari es genial, cómo usan los africanos salvajes al botellita de Coca-Cola de los actuales popes, te diría: la de vietnam de Ben Stiller solo por la actuación de Robert Dawney Junior como negro, Zohan de su competidor es buena, son siempre más sensibleras y con mensaje las de Adam Sandler, pero Hazmerreír es muy buena también, Click la del control remoto también, es una copia de una mucho mejor que no vas a conseguir con Rick Moranis y el de fx y la de mork y mindi virgen a los 40 no es muy buena, todopoderoso dos tampoco, solo el superagente zafa, es más gracioso su némesis, el reportero por ejemplo, es una de las mejores de will ferrer ¿es "Chicago" una comedia? buena es sin duda, pero para eso podés ver "la ópera del mendigo" con Raul Juliá, enésima versión de la ópera de los dos centavos de Brecht, muy mordaz y corrosiva As good as it gets es la mejor comedia de Jack Nicholson, salvo que incluyamos las pésimas que hizo con Corman que son involuntariamente graciosas, viste que los grandes actores quieren hacer comedia: bueno, de Robert De niro hay que decir que "nadie es perfecto" con philip seyumour hoffman tiene lo suyo (La familia de mi novia!), pero "Fuga a la medianoche" es cien veces mejor con Charles Grondin, Dustin Hoffman te diría que Ishtar con Warren Beatty es desternillante, dos cantautores fracasados que consiguen un contrato para ir a Marruecos y son enrolados por la CÍA, Harrison Ford en seis dias, siete noches está bien, no en Sabrina, remake de Billy Wilder que hay que ver con Audrey Hepburn "Belle epoque" ganó el Oscar, de fernando Trueba, admirador de Lubitsch, pero después su desembarco en Hollywood no fue bueno (la remake de "El gemelo" de FranÇois Veber con Antonio Banderas y Melanie Griffith y Darryl Hannah, la rubia de Splash) ¿no conocés a Buñuel?"El fantasma de la libertad" o "El discreto encanto de la burguesía" o "Belle de jour" son las más representativas, las que tienen el guión de Jean Claude Carriere...es un heredero del surrealismo, no es una comedia ortodoxa, Slajov Zizek sí es ortodoxo en su libro "Todo lo que siempre quiso saber sobre Lacán y nunca se atrevió a preguntar a Buñel" porque Buñuel es un genio de lo onírico y tiene mucho de ´búsqueda artística de lo subconciente, con lo cual es cuestión de gustos (para mí es uno de los cinco Maestros y los otros cuatro van cambiando) "Wag the dog" de Barry Levinson, llamada "Mentiras que matan" es una sátira estupenda con Robert De Niro y Dustin Hoffman acerca de cómo se encubren los escándalos presidenciales, la música de Mark Knopfler (ex Dire Straits) logra insuflarnos el espíritu patriotico y queremso ir a protejer las fronteras norteamericanas de una inventada bomba H que pasará através de Canadá supongo que de Santiago Segura, "Torrente" y de Alex de la Iglesia ("El crimen ferpecto") ya viste todo la más graciosa comedia de Belmondo, cabeza a cabeza con "El animal" en la que está secundado por Raquel Welch es "El magnífico" que es uan parodia a James Bond filmada por Philippe de Broca, un genio no sé por qué olvidado: también "Sheherezade" de este reggiseur vale muchísimo la pena de las argentinas hay que ver si tenés estómago como para el costumbrismo de Sandrini, si la candidez de Enrique Serrano todavía tiene encanto, si te agrada la Mirtha Legrand de "La cigarra no es un bicho" (donde en una amueblada estalla la peste bubónica y las parejitas se tiene que quedar haciendo la cuarentena)...creo que "Yo quiero ser bataclana" de Niní no te puede no gustar, de las más recientes después de "Esperando la carroza" que es la mejor lejos, haciendo que "La nona" en contraste resulte macabra y grotesca, yo disfruté mucho de "Tiempo de valientes" y de "Música en espera" aunque no diría que por eso Diego Peretti valga dos mangos partidos al medio como artista, "Pájaros en mi cabeza" o algo así con Capusotto es espectacular ¿"Nueve reinas" es comedia?no te recomiendo ninguna de Suar, las veo todas y no puedo creer que le salgan tan mal "Cohen versus Rossi" incluía a Alcón, las de Andrea del Boca y Araceli y Echarri, buehNi Olmedo, ni Tato, ni Calabró, ni Carlos Altavista ni Francella hicieron jamás una película menor siquiera admisible, lamento decir Chevy Chase logró lo más alto de su carrera con "Fletch, el extraordinario" y "Juego sucio" con Goldie Hawn, las de la familia Grunwald no son gran cosa "Top secret" es la mejor de Zucker, Abrahms en la línea de narración permanentemente infestada de chistes-ametralladora que inauguró "Dónde está el piloto?" y las locademia...Leslie Nielsen hizo muchas así, muchas que parodian cuatro o cinco películas en cartel, no son malas..."La pistola desnuda" es dentro de esto la capilla sixtina ¿no? "scream" está en esa línea... richard dreifuss, sonia braga y raul juliá hicieron una comedia linda, pero ahora que recuerdo "Dña Flor y sus dos maridos" es mucho mejor Marilyn no era buena actriz, pero la tensión sexual que provocaba produjo buenas comedias: "Cómo pescar un millonario", "la comezón del séptimo año", "some like it hot", "let's make love", es lo que pretendío hacer Woody con Scarlet Johansson en "Scoop"... dentro de esto supongo que la heredera de Marilyn fue Kim Basinger y "Mi novia es una extraterrestre" su profeta (no están bien sus comedias como "Esa rubia debilidad", ni "Cita a ciegas" con Bruce Willis, sí Cool World que e smitad dibujito y sí su cameo en "Nunca digas nunca jamás"): Jamie Lee Curtis hizo buenas comedias, con timing perfecto y levantó así "De mendigo a millonario" por ejemplo. Hay muy pocas grandes diosas que produjeran buenas comedias: nada de Sofía Loren salvo su breve episodio en Bocaccio 70, nada de Briggite Bardot salvo que interpretemos "El desprecio" de Godard como comedia, nada de Jane Fonda...fijate que una fealdad atroz como Barbara Streissand hizo mucho más por la risa que todas ellas, por ejemplo en "El espejo tiene dos caras" o las primeras "Don Juan de Marco" es muy buena, entrañable no desternillante, Marlon Brando hizo comedias excelentes, la mejor es "El novato" (the freshman)una parodia de "El padrino" con Matthew Broderick "El joven Einstein" fue muy buena, "El joven Ned" también, hay una serie de comedias así únicas en su tipo "El hombre que subi´una colina y bajó una montaña" es deleitable y transcurre en Escocia, con la Fitzgerald y Hugh Grant comedias alemanas no puedo recomendarte, salvo "Irren ist männlich" que no la vas a conseguir, las de Doris Dörrie no son comedias y las que sí, mejor olvidarlas (salvo Loriot, pero no lo vas a entender) en realidad creo que hay una cuestión generacional, el humor envejece rápido y las comedias de mi adolecencia no te van a gustar, te diría que veas las de los grandes genios de la comedia y cuando estés por elegir me mandes mensajito para ver cuál es dentro de todo mejor de Peter Sellers solo te nombraría las malas malas, ponele hay muchas de argumento perfecto que son mejores para contar que verlas... en fín, espero que con esto tengas como para entretenerte, que era la idea ¿no? carinios Martín pd: salió "He is not the Messiah" el musical de Monthy Python en el Royal Albert Hall!






Martin, en primer lugar, muchas gracias. Como siempre, no ahorrás en palabras, prejuicios ni sentencias, lo que hace más interesante tus condenas. Si bien es muy probable que no vaya a vivir lo suficiente para recorrer todo este comino que me sugerís, voy a hacer lo posible para tapar mis caudalosas lagunas. Te comento que "Bandeja de plata" va a tener el honor de ser la primera película que vea. No por lo inescrupuloso de mi profesión sino por una cuestión azarosa. La tengo hace unas semanas en la computadora y nunca la ví. La proxima vez que nos veamos te hago la devolución correspondiente.Nuevamente, gracias.




El sentido de la historia en Karl Marx y Carlos Saúl Menem






A continuación y dentro del registro más o menos académico y más o menos serio, una monografía escrita antes de la muerte de Néstor Kirchner (cuyas iniciales significativamente se confunden con las terminales de países cuyo peligro hemos confundido: IraN e IraK), en la que con éxito se buscó superar el record de menciones a autores por oración para marear todo criterio de evaluación...


Tema: Trazaré un recorrido en el daré cuenta de la bibliografía estudiada relacionándola con el cacerolazo de 2008, en el que la clase media salió a manifestarse entiendo que en contra de sus mismísimos intereses, movida por un menemismo residual. Bosquejaré un paralelismo entre el armado de un discurso que inventa su oposición en Marx y en Menem siendo el enemigo la Rueda Indetenible del Sentido de la Historia. Interrogaré la profundidad del kirchnerismo y también la articularé con el menemismo. Intentaré caracterizar los contenidos estudiados en la cursada con ejemplos actualmente presentes en nuestro paisaje político. Situaré foucaultianamente las prácticas discursivas como piedra arquimédica de la construcción del poder, a contrapelo de la noción marxiana de poder.

Justificación: A lo largo del recorrido histórico que la construyó y deconstruyó como identidad desde la Revolución cuyo Bicentenario celebramos, celebrada por las clases cultivadas bajo la inspiración de ideales franceses hasta los movimientos de inclusión ciudadana que comenzaron con la generación del 80, que con interrupciones y zigzagueos fueron abriéndose camino con el primer peronismo, la clase media argentina gozaba del rango de estamento virtuoso llegando a constituirse motivo de alarde chauvinista
[1] -en las encuestas tanto las clases más altas como las más bajas se autodefinen todavía preferentemente como “clase media”-al colocarse el énfasis sobre la prevalencia en los valores educativos que la animaba (como lo registra el chiste “¿cuál es la diferencia entre un kioskero y una psicóloga?” respuesta: una generación). En la actualidad, en un contexto de modelo de Estado mixto, de incentivación del consumo entendido en un sentido amplio[2], la clase media merece ser revisitada a la luz de los autores estudiados, en razón, por ejemplo, de su compleja participación en los denominados “cacerolazos”, acaso productos residuales de la “cultura” menemista : podemos relevar con ello la noción de individuo, de comunidad y de identidad[3]
Enrique Pinti lo ilustra muy jocosamente: “el argentino come papa y eructa pollo”. La clase media en tanto que arribista y snob sería la quintaesencia del sentimiento de pertenencia a la sociedad que se precia de ser europea a pesar de hallarse en Sudamérica. Su sentido de pertenencia es per negationem: consiste en no ser boliviano más que en saber que sí es. Algo de individualismo en el sentido renacentista puede advertirse en el argentino de clase media también, al menos en el concepto de la invención incesante del “lo atamo’ con alambre

Desarrollo: Agnes Heller sitúa la conciencia ideológicamente histórica del hombre como producto del desarrollo burgués, en contraste con las prefiguraciones del capitalismo que advierte en el Renacentismo. Vale decir: pese al novedoso antropocentrismo y la versatilidad renacentistas, solo más adelante, solo después de la Revolución Industrial surge una autoconciencia del pasado en tanto que historia, un relato coherente con un sentido, esto es: con un significado y con una dirección. El dinamismo social es el antecedente concreto de la adquisición del capital simbólico que presupone la conciencia de la propia historicidad: paradójicamente es solo la burguesía la capaz de emerger con una noción tan revolucionaria aunque contenga el germen de su propia destrucción. Vale decir: el conocimiento de que se está sujeto a la época y que ésta se inserta en una escala progresiva y ascendente solo pudo construirse con la praxis del dinamismo social: el movimiento burgués, tan ágil como lo que ahora Zigmunt Bauman denomina “Sociedad líquida” fue la infraestructura de una noción simbólica que destronaba las verdades universales y eternas para ceñirlas a su Zeitgeist. Para emplear un ejemplo del que nos serviremos a lo largo de este escrito: el peronismo de Perón solo puede ser invocado desde las realidades actuales que son notoriamente diferentes, en general podría considerarse que todo lo que sobrevive y pasa por eterno, lo hace al precio de perder su contenido histórico específico, de vaciarse: “El Quijote” era en su época una sátira a las novelas de caballerías: hoy es su único exponente, solemne y heróico: el tiempo, por así decirlo, rompe las relaciones “naturales” entre los contenidos y las formas de la misma manera que la burguesía heló paulatinamente los cálidos lazos hereditarios entre el siervo de la gleba y el señor feudal. Como lo conceptualiza Roberto Espósito: “El mal debe alejarse, pero sin alejarlo de los propios confines. Al contrario, incluyéndolo dentro de estos. La figura dialéctica que se bosqueja es la de una inclusión excluyente o de una exclusión mediante inclusión. El veneno es vencido por el organismo no cuando es expulsado fuera de él, sino cuando de algún modo llega a formar parte de este” Así, la década menemista podría ser leída como la fagocitación del peronismo “residual” concibiéndolo como “arcaico” en los términos más culturales que económicos de Raymond Williams, aquel que se fundara incluyendo como actores sociales a ciudadanos relegados al olvido en la pretérita participación civil de corte conservador. Vale decir: si el peronismo se constituyó como poder incorporando gatopardista a los hasta entonces excluídos en un movimiento de masas como el que analiza Freud para evitar la revolución de la izquierda (como Mussolini en Italia, como Hitler en Alemania), el menemismo nació apropiándose de las banderas y consignas del movimiento estatista y nacionalista para cumplir su deseo neoliberal y privatista. Como un glóbulo blanco, un linfocito que abarca a su presa, esta versión neoliberal del peronismo neutralizó las banderas igualitarias en nombre tanto de Perón como de valoraciones “emergentes” tales como el achicamiento del Estado elefantiásico, la modernización privatista de las empresas de correos, servicios públicos, línea aérea, etc, con una componente no menos hija de su tiempo (la caída del muro de Berlín, la muerte de las ideologías, el denominado “fin de la Historia”) que las que llevaran al fundador del partido al poder (la crisis interna de los integrantes del Gobierno nacionalista, la para ellos inmanejable “Psicología de masas” que arrojara la migración interna). Vale decir: Perón solo fue posible en su contexto histórico, después del crack de la Bolsa de Valores de los EEUU en 1929 y el colapso del modelo agroexportador a países empobrecidos. Solo fue posible ante la crisis y la crítica (palabras de idéntica raíz etimológica) a las democracias de funcionarios sin carisma ni oratoria demagógica ni fuerza telúrica a la manera de las viejas monarquías. Sin su contexto internacional o en otras épocas Perón no hubiera cambiado la historia argentina: lo mismo puede decirse de Menem: ninguno de los dos ideó el sistema de gobierno que propugnó.
Agnes Heller cita los Grundrisse de Marx destacando las nuevas condiciones materiales de producción de conexiones y redes comerciales en el tejido social que posibilitara el secularizador colapso de la feudales y medievales “relaciones naturales” y su práctica discursiva nos recuerda similares ponderaciones de la era menemista a la flexibilización laboral, el culto a la eficacia de la gestión por sobre las convicciones, la prevalencia en términos de Giorgio Agamben del inmanente“management” por sobre la trascendente política de visiones menos estrechas
[4]. Un modelo actual de esta ponderación de la tecnocracia en la que toda politica es relegada a mera demagogia y toda oratoria a charlatanería lo tenemos en el “pragmático” Mauricio Macri.
En “La palabra adversativa” Eliseo Verón hace hincapié en que “la enunciación política parece inseparable de la construcción de un adversario”. El adversario del menemismo era nada menos que la indetenible rueda de la historia, quien se oponía a que Entel dejara de ser Entel se oponía al progreso positivista de teléfonos privatizados cuyo paradigma era Norteamérica (ideal del propio Marx, dicho sea entre estos paréntesis).
Conviene remitirnos al entramado retórico que caracterizó al menemismo y examinar tentativamente sus instrumentos y recursos para indagar su potencial perduración y el carácter aporístico y anfibiológico de la apropiación de un movimiento ciudadano inclusivo por parte de un sector eminentemente elitista. Porque analizando el discurso político, el adversario construído por las prácticas discursivas entonces dominantes se vincula mutatis mutandi con el adversario erigido por las predicciones periodísticas de Marx: el atraso, el quedarse detenido mientras avanza la indetenible Rueda de la Historia, la ceguera política para asimilar el Zeitgeist, la incapacidad para desasirse de un pasado anquilosado y viciado de obsolescencia.
Cabe diferenciar abismalmente antes de proseguir con la tangencial homologación las diferentes motivaciones y, en términos de Raymond Williams, “estructuras del sentir” que animaban a ambos discursos: en las arengas marxianas hay una sensibilidad social que para no caer en utopías ingenuas se anuda al paradigma científico, se nutre de datos provenientes de las ciencias económicas, del Derecho, la Antropología, la Biología y se encarga de fustigar con virulencia incendiaria a las otras formas de socialismo (cfr. “La Sagrada Familia”, “Miseria de la filosofía”, etc), en tanto que la “novedad” menemista privatistamente no se privaba de aliviar al ciudadano de todo disfórico universo afectivo al hacer coincidir la caída del muro de Berlín con la de la vigencia de la crítica marxiana al modelo de acumulación capitalista.
[5]
El negador triunfalismo con el que se produjo una reafirmación narcisista de la construcción reificadora de ser argentinos durante la era menemista despejaba-mientras despojaba- a los sujetos de toda conciencia de ciudadanos partícipes en la res pública repitiendo la actitud que tan funestamente se expresaba con “no te metas” y “por algo será”: si se compara el período alfonsinista y el actual kirchnerista con el de la última dictadura militar y el menemismo podemos remitirnos también a la noción lacaniana de repetición-citada por Butler, lo no elaborado solo puede canalizarse en compulsivo acto: “un acto es en sí mismo una repetición, una sedimentación y un congelamiento del pasado que precisamente queda forcluido por su semejanza con el acto. En este sentido “acto” es una falla temporal de la memoria”.
(Freud había trabajado el concepto de la repetición compulsiva de algún trauma cuyo monto afectivo no conseguía unirse a una representación “palabra” y por el cual permanecía intramitado sin catexis ejerciendo sus efectos desde el manantial del inconciente más recóndito: la temporalidad circular con la que Freud desmantela el constructo del historicismo parece pasible de ser aplicada a nuestras reincidencias y la índole de recurrente fracaso sintomático del olvido se asemeja al indulto menemista otorgado a los perpetradores del exterminio sistemático por parte del Estado, crímenes que hacen resplandecer por su vigencia a la palabra de Freud en “Consideraciones sobre la guerra y la muerte”: “El Estado ha prohibido al individuo la injusticia, no porque quisiera abolirla, sino porque pretendía monopolizarla, como el tabaco y la sal”).
Pero ¿puede ser genuinamente leído el kirchnerismo como un retorno al progresismo enteramente “desinfectado” de menemismo o más bien en su Aufhebung
[6]carga consigo con lastres que permean el tejido social y condenan la potencial profundidad de la reorientación política?.
Roberto Esposito denuncia que “si la communitas es la salida al exterior a partir del sujeto individual, su mito es precisamente la interiorización de esa exterioridad, la duplicación representativa de su presencia, la esencialización de su existencia”.
Algo de la imaginería menemista se ha esencializado, algo que paradójicamente podría resumirse como el desdén ciudadano hacia las cosas esenciales: de la misma manera que el endeudamiento financiero carga sobre los hombros de generaciones venideras el peso del precio por el bienestar del presente, la carga de vacuidad conceptual celebrada con cinismo durante la fiesta de “pizza y champagne” parece ensombrecer nuestro futuro y alienar inclusive al ejercicio colectivo de la memoria. Consignas setentistas resurgen a la manera de la “recitación” derrideana, pero vaciadas de su componente revolucionariamente transformador. El ideal mesiánico de Benjamín, que invertía la dirección de la cronología como lo declara el poema de Unamuno “Eterno el río del tiempo fluye /desde su manantial que es el mañana eterno” y lo metaforizaba el ángel de la historia, el Angelus Novus de Paul Klee, retrocediendo espantado ante las atrocidades del ahora, anhelaba una revolución retroactiva que redimiera a todos los mártires que murieron batallando por un mundo más justo: ¿no es casi un sarcasmo que la caída de las certezas y las verdades universales que definen a la posmodernidad pueda cumplir solo en la letra y no en el espíritu con estas reivindicaciones y que fuera Menem el que hiciera acuñar una estampilla del “Che”?
¿No ha perdurado una cuota de Weltanschauung que ha interiorizado el comprar en cuotas como una conquista social harto más crucial que la integración de los excluídos?
Así como la hermosa palabra “libertad” puede contextualizarse liberticidamente para celebrar la “libertad de mercado” la “integración” sobre la que se hace hincapié para mantener el ejercito de mano de obra barata es la ubicada por Umberto Eco en “Apocalípticos e integrados”: la de los bienes simbólicos devenidos en mercancía pasteurizada, capada, inofensiva. La pregunta ¿hay más crítica al sistema de vida norteamericano en la obra de Ariel Dorfman o en “Los Simpsons”? nos obliga a repensar la inoperancia de la autoconciencia intersubjetiva y a reconstruir el armado foucaultiano de la distribución de poder como inescindible de la resistencia: con Gramsci podríamos, dejando de lado la distinción entre dominio y hegemonía, advertir otra integración, esta vez la de la herramienta del lenguaje y la práctica discursiva congraciada con la pura melodía descomprometida preconizada por los cultores del art pour l’art: su apotegma “el que domina, nomina” puede conservar la plasticidad de su persuasión antes por el recurso de fácil metabolización epistémica del sonsonete rimado y la alteración de una letra que por su contenido de más arduo despliegue. Theodor Adorno muy en sintonía con su crítica al hobby embrutecedor en Tiempo libre afirma en “El artista como lugarteniente” que un poeta tan excelso como Valery, pese a carecer de todo mensaje comprometido, contribuye a generar un lector más sagaz y lúcido en virtud del valor de su compleja praxis sobre el artefacto escriturario y que dicha sagacidad tendrá una lucidez especular a la hora de realizar una lectura política de los acontecimientos que atañen a su carácter de ciudadano.
Mientras desarticula de esta manera la antinomia “arte por el arte” versus “arte comprometido” suscribe a la hermenéutica gadameriana contra la “erótica del texto” sugerida por Sontag que en nuestro paralelismo sería comparable a la ingenuidad del prejuicio de leer sin prejuicio, el utópico esteticismo, como si negar toda intervención política no fuera un gesto político an sichyo nunca me metí en política, siempre fui peronista” lo resume un personaje de la novela “No habrá más penas ni olvidos” de Osvaldo Soriano.
Cuesta conciliar el aparato crítico de los autores estudiados con el recorte de nuestras realidades autóctonas, inclusive en el caso de Nestor García Canclini, cuyo concepto de que el “derroche” del dinero en el consumo popular no es una muestra de autosaboteo puede problematizarse y cuya idea de “consumir es hacer más inteligible un mundo donde lo sólido se evapora” parece un contrasentido cuando estudiamos una compulsión evasiva al consumo para no verse obligado a inteligir la realidad.
Podemos relacionar las tendencias biopolíticas, de disciplinamiento de los cuerpos con el culto al gimnasio, establecimiento en el que pagamos por hacer keynesianos esfuerzos improductivos en lugar de canalizar nuestras fuerzas en acciones comunitarias.
Podemos también indagar etimologías y advertir que la palabra pobre tiene una raiz latina (pauper) asociada a esterilidad, para contradicción de la de “proletariado” basada en que “la prole es la industria del pobre”.
O también en clave filológica podemos advertir otra imaginaria contradicción entre la palabra “crisis” tan recurrente en Marx y su raigambre griega asociada a kriné, enfermedad: solo un cuerpo orgánico, no una construcción cultural pasible de ser derribada y revolucionada puede enfermar.
Podemos siguiendo la idea de utensilio con la que comienza “El Capital” indagar el origen de emblema político del sonoro pronunciamiento denominado “cacerolazo”: relevar su primera aparición entre las señoras patricias de la Chile de Allende y hasta forzar una analogía con los primeros usos de las herramientas por parte de los homínidos.
Podemos asimismo pasar revista a la estructuración del tiempo que va acelerándose cada vez más tomando como clave de lectura al texto que estudiamos de E.P.Thompson Tiempo, disciplina de trabajo y capitalismo industrial a la luz de la impaciencia construída por los nuevos dispositivos tecnológicos y las concomitantes redes sociales y modalidades comunicativas (o advertir la ironía dentro de la grilla urbana, de los íconos emblemáticos de la ciudad entendida como arena cultural de que el reloj de la torre lindante con el Cabildo tenga otra hora que el del Cabildo).
Lo que resulta poco pertinente es extraer una suerte de “filosofía del menemismo” en la que nos valgamos no solo de autores encumbrados sino de conceptos elevados para definir en última instancia la ontología gnoseológica de Marcelo Tinelli
[7]. La impunidad que rigió a nivel jurídico durante los 90 halló eco en una impunidad cognitiva: una vacuidad cínica en la que todo lo que representaba esfuerzo intelectual era condenado. Digamos que de los instrumentos culturales se empezó a hacer menos uso que mención, Menem no renunciaba a alardear de haber leído a Borges pero su gaffe de que leyó sus inexistentes novelas evidenciaba el carácter teleológico de dicha enunciación. Por eso cuesta empezar a preguntarnos por la inmanencia o la trascendencia de los slogans políticos de aquel entonces: porque discutir su contenido es olvidar el marco de indiferencia ciudadana que los circundaban. Cuesta aplicar la rearticulación del enlace entre sujetos y prácticas discursivas al que alude Stuart Hall en su ensayo acerca de lo identitario e idiosincrático a la relación entre el menemismo y las “clases medias” de la misma manera que le costaba a Borges en su ensayo acerca del cosmopolitismo nacional “Nuestro pobre individualismo” hallar más simpatías que diferencias y más puntos de contacto que abismales distancias cuando contrasta la fenomenología del Espíritu con el amiguismo y los “ñoquis”:
El argentino, a diferencia de los americanos del Norte y de casi todos los europeos, no se identifica con el Estado. Ello puede atribuirse a la circunstancia de que, en este país, los gobiernos suelen ser pésimos o al hecho general de que el Estado es una inconcebible abstracción (…) Aforismos como el de Hegel “El Estado es la realidad de la idea moral” le parecen bromas siniestras”.
El sustrato material del dinamismo social encuentra un correlato intelectual en el esnobismo. En palabras de García Canclini glosando a Pierre Bordieu: “buena parte de las relaciones sociales se contruye, más que en la lucha por los medios de producción, en la que se efectúa para apropiarse de los medios de distinción”. Las clases acomodadas o que lo pretendían parecer siempre se habían identificado con el glamour parisino, a contrapelo de la inmigración primordialmente italiana y española
[8] pero con Menem, por primera vez se produce la erección de un alineamiento con los EEUU en tanto que ideal y Judith Butler nos recuerda que “puede hacérsele a la ley simbólica de Lacan el mismo tipo de crítica que le hacía Nietzsche a la noción de Dios: la fuerza atribuida a este poder previo e ideal se hace derivar y desviar de la atribución misma”. La fuerza atribuida a las bondades de tener relaciones carnales con el Primer Mundo se hace derivar y desviar de la atribución de superioridad a Norteamérica en el estadio histórico de un relato positivista. Lyotard habla del agotamiento de los metarelatos que organizaban la racionalidad histórica moderna y escribe junto con Deleuze una demolición posmoderna de la certeza cartesiana en nombre de lo que García Canclini censura como “la celebración acrítica de la diseminación individual” aliada a la libertad de los mercados. La Argentina de Menem al hacer equivaler el valor de su divisa a la norteamericana y vivir viajando a Miami, reeditando el “deme dos” como si fuera un Emirato Árabe[9] insufló el orgullo nacional pasando del “Braden o Perón” (cuyo eco fuera el “fuera Bush de la Argentina”) al envío de tropas a Irak donde, para aplicar nuevamente categorías psicoanalíticas, se introyectó el american way of life en calidad de objeto de deseo como ideal del yo colectivo. En dicho sentido no es imposible imaginar a Marx mismo (que creía en el derecho norteamericano a anexarse California) aplicando la dialéctica del amo y el esclavo para enardecer el orgullo patrio argentino recordando que sin países subdesarrollados no habría países centrales, de la misma manera que cabe agradecerle al ladrón la sofisticación de la industria cerrajera [10], [11]
Nestor García Canclini, poniendo siempre el foco en el carácter híbrido de las culturas sujetas a procesos históricos, parece sin embargo celebrar la superación de las diferencias étnicas o de clase o de nación partiendo de su reformulación de la teoría económica en la que es la oferta la que crea la demanda, haciendo hincapié en el rol activo del consumidor para imponer sus deseos. Lo que denomina “pactos móviles de los bienes y los mensajes” en “tiempo de fracturas y de heterogeneidad, de segmentaciones dentro de cada nación y de comunicaciones fluídas con las órdenes transnacionales de la información, de la moda, del saber” son “códigos que nos unifican”. Pero se trata de una unión falaz: la misma índole de cohesión que unía durante las protestas en 2001 a los ahorristas entrampados por el corralito. Si lo que nos une es usar Twitter o Facebook o tomar Coca-Cola, es cierto que habrá menos fundamentalismos regionales (¿cabe imaginar a terroristas suicidas en nombre de Pepsi o Sónico?), lo cual no necesariamente presupone una superación bajo la perimida lógica del progreso. La guerra entre el Paraguay y Bolivia que en realidad fue entre Shell y Esso nos permitiría por añadidura homologar los mitos nacionales al diseño de la mercadotecnia. La utilización de Facebook por parte de las nuevas generaciones de políticos para ser populares ha quedado de manifiesto tanto en las elecciones norteamericanas como en las colombianas: han demostrado que Obama pudo ganar gracias a que la mayoría de los norteamericanos tienen acceso a las redes sociales y Antanus Mokas pudo creer que parangonaba en intención de votos al delfín de Uribe solo por el espejismo que la clase pudiente de Bogotá le prodigó. El populismo virtual vuelve a desdibujar vaporosamente el límite entre lo público y lo privado además de correr el mojón de la frontera de lo anteriormente incognoscible. Como señala Arjun Appadurai: “el trabajo de la imaginación no es ni puramente emancipatorio ni enteramente disciplinado, sino un espacio de disputas y negociaciones simbólicas mediante el que los individuos y los grupos buscan anexar lo global a sus propias prácticas de lo moderno”. La cantidad de pacientes de terapias psicológicas que se manifiestan sufrientes a causa de haber visto en facebook a su ex, feliz, con una nueva pareja, no nos permite celebrar las prótesis tecnológicas como libertarios estímulos de la comunicación “que hace pensar”. Más bien parecen naturalizarse las desigualdades soportadas ahora (tanto en el sentido rioplatense de toleradas como en el sajón de sostenidas) por una hipnopedia a lo “1984” en la que paradójicamente es una esperanza la teoría conspirativa, dado que nos recobraría un centro, un eje, una columna vertebral, un sentido insoslayable, siquiera demoníaco pero compartido. El clochard que ya no se desespera por su indigencia, porque duerme arropado por las imágenes del fútbol que vislumbra a través de pantallas públicas de un shopping (y carece de la alarmada identidad construída por la mirada del otro, ya que remeda una fantasmagoría para los flâneurs) nos permite augurar que los avances de la informática seguirán sin correlacionarse con rentas más equitativas. Para decirlo hipertróficamente: en el futuro los cartoneros podrán tener robots que les separen la basura. El acceso indiscriminado a las amistades internacionales reguladas por un formato reduccionista [12] (el “hombre general” de Simmel o para decirlo con Raymond Williams: reducción de lo social a formas fijas) facilitan la ilusión de compañías contenedoras y la burbuja de grupos de pertenencia así como su asequibilidad nada ardua contribuye a desvirtuar la sensibilidad de las vinculaciones. En términos marxistas: no estalla por las contradicciones internas la conflictividad de una persona mentalmente alienada dada la posibilidad con la que cuenta de proveerse de mil y un nuevos “amigos” neocelandeses, rumanos y noruegos en cuestión de horas. Marx comparaba la intoxicación alcohólica a la que se entregaban los mineros del carbón después de una extenuante jornada con la intoxicación religiosa de aquellos que empleaban su tiempo libre para ir a la Iglesia: podemos agregar las redes sociales a la lista de opios de los pueblos y decir con Freud que “la condición económica de la mente del sujeto en un estado maníaco de este tipo implica una suspensión del gasto de energía en forma de represión y esa es la razón por la cual por un lado está de tan buen ánimo y por el otro tan desinhibido en la actividad”.
Macdonalización, tinellización, facebookización son neologismos poco felices para denunciar esta “felicidad” popular.
Al mismo tiempo estas “amistades líquidas” confirman las bondades del dinamismo del orden social, algo del orden que Marx celebraba de la burguesía (y Agnes Héller de la voracidad multidisciplinaria del ideal renacentista).
Ernesto Laclau muy en sintonía con Revel, pasa revista a las dificultades a las que se ha enfrentado la literatura científica que trató de dar cuenta de una definición de “populismo” cuando dice que “en la mayoría de los casos, la comprensión conceptual es reemplazada por la invocación a una intuición no verbalizada”. Al relevar a los intentos de caracterización de Canovas nos muestra por ejemplo esta antinomia para definir al populismo: “básicamente, la ideología de pequeños pobladores rurales amenazados por el abuso del capital industrial y financiero” versus “básicamente un movimiento rural que busca realizar los valores tradicionales en una sociedad cambiante”. Así las cosas, llega a invocar la crítica al lenguaje que realizara el filósofo analítico Ludwig Wittgenstein con su ejemplo de la polivalencia de la palabra “juego”. En el más reciente cacerolazo (de 2008) contra la medida impulsada por el entonces Ministro de Economía Martín Lousteau de aplicarles retenciones móviles a la renta extraordinaria a los trabajadores rurales,
[13]nos encontramos con innumerables paradojas: en primer lugar, la resistencia ciudadana está encabezada por la clase media más letrada, como por ejemplo la intelectual en su momento maoísta Beatriz Sarlo. Pero se trata de una resistencia dirigida a un gobierno al que solo en parte se puede llamar “populista” en el sentido embozadamente conservador que define Sebastián Haffner al caracterizar a Randolph Churchill [14]
Por aquel entonces, la ascendente democracia parecía significar para casi todo el mundo la muerte natural de cualquier partido conservador aristocrático y que estuviera apegado a la tradición, por lo que en 1880 reinaba un hondo pesimismo entre los conservadores ingleses. El viejo mago Disraeli se había retirado, el gran liberal Gladstone volvía a ser Primer ministro, y con su receta consistente en ampliar continuamente el derecho a voto-ya podían votar incluso los mineros y los jornaleros ¡inaudito!-, parecía estar en situación de quitarle cada vez más el sustento a los conservadores, es decir, al partido de los ricos, distinguidos y privilegiados , convirtiendo a los liberales, el partido de la burguesía, del progreso y de la reforma, en el eterno partido gobernante. Y es que, ¿por qué habrían de votar a los conservadores los mineros y jornaleros, y quizá algún día incluso los obreros de las fábricas? El único que consideraba posible algo semejante era el alocado Randolph Churchill.
Pero resulta que esta vez no estaba nada alocado, sino más bien clarividente. Veía lo que hoy en día ve todo el mundo, pero que por aquel entonces nadie sabía ver, y es que, en el fondo, el liberalismo era un movimiento de clase media, y que, las masas proletarias no instruidas y abandonadas a su suerte a las que estaban concediendo el derecho a voto podían ser fácilmente convertidas en la provisión necesaria de votos de cualquier partido señorial seguro de sí mismo que supiera imponérsele y no fuera demasiado orgulloso para seducirlos y sobornarlos, tanto con demagogia como con una auténtica comprensión de sus necesidades
.”
Por el contrario el kirchnerismo podía resultar “confiscatorio”a toda aquella masa no instruída que desconociera el interjuego del rol del Estado para devaluar y favorecer dicha renta en las exportaciones, pero no a la clase media más calificada. Oponerse a Cristina Kirchner en nombre del añorado menemismo y a favor de la Sociedad Rural podría resultar entendible si el campo hubiera podido realizar las ganancias actuales durante los años del gobierno menemista. ¿Qué noción de “identidad” permitió a dicha clase media oponerse de manera tan tajante a una medida que económicamente le garantizaba precios bajos en sus consumos?¿Cabe aplicar aquí el pasaje de la economía de producción a la economía de información que Joan Costa traza en Imagen corporativa en el siglo XXI? ¿Es divergente el vector “identidad” del concerniente a la “imagen”?
El Premio Nobel de Economía Daniel Kahneman ha subrayado la irracionalidad de las conductas de los consumidores con su teoría de la decisión que dio por tierra con todo el paradigma clásico –que incluye a David Ricardo en quien se basara Marx. Su extrapolación de saberes interdisciplinarios oriundos del campo de la psicología merece extenderse: solo motivos psicológicos pueden explicar un repudio por parte de la clase media a medidas que materialmente le convenían.
Se han alzado voces sofisticadas que se oponen al maniqueísmo al peor estilo del Bush que declaró “o están con los terroristas o están con nosotros” y es lícito conceder que poner en cuestión la legitimidad de un impuesto regresivo no emanado del Parlamento no necesariamente trae consigo una animadversión contraria a los derechos humanos; Graciela Fernández Meijide ha documentado e historiado en el país y en antecedentes internacionales la militancia en pos de los derechos humanos llegando a dudar de la cifra de 30 mil secuestrados, torturados y asesinados en base a un criterio riguroso de rastreo de datos científicos que procuraba desasirse de dicotomías algo totalitarias en su chicana de no mencionar matices discutibles para no “hacerle el juego a la derecha”.
Pero en el caso del cacerolazo de 2008 la clase media que salió a protestar no estaba provista de un aparato crítico tan refinado ni había sido nutrida en su decodificación de los fenómenos por los medios opositores, a los que la protesta tomó unanimemente por sorpresa. Se trató de la primer medida de protesta pública inequívocamente antioficialista, frente a una novedosa praxis de no reprimir que permitía que piqueteros, jubilados y diversos sectores gremiales marcharan al Congreso sin que el gobierno necesariamente se sintiera el depositario de la protesta. En el caso del cacerolazo la clase media aceptó la dicotomía y se pronunció, prescindiendo de toda piecemeal engineering, como la llama Karl Popper citado por Laclau en “La razón populista”. Posiblemente algún rasgo relativo a la superestructura de la propia enunciación, algo asociado al ethos discursivo, la prosodia y entonación melódica de la Presidenta en calidad de oradora movilizó crispadoramente a los caceroleros. Estaríamos entonces ante la paradoja de un gobierno populista en sus medidas pero que no resulta carismática o entrañablemente popular en el universo afectivo, una paradoja inclusive más pronunciada si consideramos que el cinismo de Menem había sido celebrado como sinceridad, sus promesas incumplidas, parte de la lógica de todo candidato y las mentiras descaradas rasgos identitarios de la viveza criolla celebrando la impunidad envidiable de su figura de apego. El prototipo de héroe nacional no se emparenta a quien milita con convicciones tanto como quien, al decir del Martin Fierro, se hace amigo del juez y no le da de qué quejarse. Es por ello que durante la crisis del 2001 la clase media solía argüir que se tiene la clase dirigente que se merece, a contrapelo de una hermenéutica marxiana en la que es el poder hegemónico el que condiciona y determina la conciencia política de sus dirigidos. Para los analistas más reflexivos puede imputársele a las consignas igualitarias y progresistas del gobierno cierta simplificación y cierta instrumentalización, lo cual no es del todo sostenible (por ejemplo ¿en qué medida resulta masiva y electoralistamente popular la Ley del Matrimonio Igualitario?), pero la queja que inició la clase media entonces no fue que había un rédito político en el usufructo de cierta ideología, sino que había una ideología anacrónica, invasiva en la que la injerencia del Estado resultaba intolerable. Si los detractores al gobierno le imputan cierta “menemización” vale decir cierta liviandad y cierto pragmatismo a algunos fines en sí mismos enarbolados como banderas-como por ejemplo la reinstalación de consignas y categorías setentistas-los de aquel momento ( los trabajadores rurales, los de-tractores) por el contrario le imputaron un ensañamiento político contra un sector tradicionalmente conservador, por así decirlo un exceso de compromiso con la memoria.
Laclau defiende no solo la necesidad de las “simplificaciones” dictomizadoras para una Realpolitik, sino que en su abordaje renovador aplaude a la “mera retórica” como inherente a la lógica que preside la constitución y disolución de cualquier espacio político.
La prevalencia de la materia verbal como herramienta constitutiva de nuestro recorte perceptivo ha sido hasta tal punto subrayada por Foucault, por Deleuze y Lyotard y Derridá y solo puesta en jaque por conceptualizaciones que le asignan una prevalencia aún mayor (la línea heideggeriana-lacaniana-judithbutleriana-robertoespositiana), que si Carlo Guinzburg retomara hoy la pregunta de Brecht (¿conquistó Alejandro Magno Asia menor él solito?) tendría que posar su mirada en las prácticas discursivas para hacer operativa su metáfora de Menocchio en El queso y los gusanos. Podría así focalizar los vocablos que emergieron durante el menemato en los jóvenes y cómo están asociados invariablemente al flagelo de las toxomanías, a la penetración del inglés en la gramática española y a la alteración de la reflexividad.
[15]
Carlo Guizburg historiaría así un contraste marcado entre el habla cotidiana del hombre de a pie y el discurso político en el que las apropiaciones lingüísticas escasean (se puede puntualizar el término “vecinos” como vocativo para los habitantes de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires ideado por el asesor de imagen de Mauricio Macri y adoptado por “Página/12”, “Sur” y “Tiempo Argentino”, pero ningún “vecino” llama a su “vecino” así).[16]

Durante un acto que tuvo lugar frente a la Casa Rosada (metáfora de espacio abierto) ante una para/pro-destinataria multitud en pleno conflicto por la resolución 125, la Presidenta comparó las pretensiones del sector agrario (contradestinatario) con un concepto tomado de “El dieciocho Brumario de Napoleón Bonaparte” pero equivocó un término, confundió la palabra “farsa” con la palabra “comedia”. Dijo así, conservando el espíritu y no la letra del concepto de Marx que los acontecimientos históricos siempre se dan dos veces, la primera en forma de tragedia, la segunda en forma de comedia (vale decir: la presión destituyente que fuera trágicamente irresistible para María Estela Martinez de Perón en 1976 resultaba farsesca, irrisoria en 2008). Y entonces hubo una batalla en el mundo de las ideas entre Beatriz Sarlo y Noe Jitrik:
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1023520
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-107456-2008-07-09.html
en la que se discutió la palabra y las implicancias de la palabra “comedia” en contraposición con la palabra “farsa”: un grado de criticismo y sutileza que jamás había existido durante discursos en los que Menem confundía a Nicolás Guillén con Atahualpa Yupanqui, a Chaco con Formosa y predecía un viaje de Salta a Japón en una hora y media.
[17]


Irónicamente la génesis de la idea de Marx de que los acontecimientos históricos aparecen dos veces es anterior a su interés por la filosofía y por la transformación sociopolítica de la lógica económica de su época. Apareció en forma de farsa en un divertimento que escribió mientras estudiaba Derecho intitulado “Scorpion und Felix”. Transcrito aquí como recompensa para la docente que pudo llegar hasta el final de esta maraña de oscuras iluminaciones procurando repensar la subjetividad y la modernidad:

Scorpion und Felix
http://www.hs-augsburg.de/~Harsch/germanica/Chronologie/19Jh/Marx/mar_gva4.html37. KAPITEL. David Hume behauptete, dieses Kapitel sei der locus communis des früheren und zwar behauptete er dieß, eh ich es noch geschrieben hatte.David Hume aseguraba que este capítulo es el locus communis del anterior y lo aseguraba antes inclusive de que yo lo hubiera escrito Sein Beweis war folgender: Indem dieses Kapitel ist, ist das frühere nicht, sondern dieses hat das frühere, aus dem es hervorgegangen, zwar nicht als Ursache und Folge, denn die bezweifelte er, verdrängt. Su demostración era la siguiente: dado que existe este capítulo, no existe el anterior, sino que éste ha tomado el lugar del cual surgió, si bien no como efecto de una causa, cosa de la cual dudaba seriamente. Jeder Riese, also auch jedes Kapitel von 20 Zeilen sezt aber einen Zwerg, jedes Genie einen ledernen Philister, jeder Aufruhr der Meere Schlamm und, sobald die ersten verschwinden, beginnen die lezteren, nehmen Platz am Tische und strecken gewaltsam ihre langen Beine aus. Cada gigante, y por consiguiente también cada capítulo kilométrico de 20 renglones deja un enano, cada genio un filisteo miserable, cada cúspide de una ola termina siendo arena enchastrante, y no bien acaban los primeros comienzan los segundos, se sientan a la mesa como panchos por su casa y estiran agresivamente sus piernas largas.Die ersten sind zu groß für diese Welt, drum werden sie hinausgeworfen. Los primeros son demasiado grandes para este mundo y por eso mismo es que son expulsados. Die lezteren dagegen schlagen Wurzeln in ihr und bleiben, wie man sich denn aus Thatsachen überzeugen kann, denn der Champagner läßt einen bleibenden, widerlichen Beischmack, der Held Cäsar den Schauspieler Oktavian, der Kaiser Napoleon den Bürgerkönig Ludwig Philipp, der Philosoph Kant den Ritter Krug, der Dichter Schiller den Hofrath Raupach, der Himmel Leibnitz die Schulstube Wolf, der Hund Bonifacius dieß Kapitel. Los últimos por el contrario echan raíces en él y llegan para quedarse, como puede uno convencerse por el hecho fáctico de que el champagne deja un regusto duraderamente amargo, el héroe César deja a Octaviano, el emperador Napoleón al pequeñoburgués Luis Felipe, el filósofo Kant al caballero Krug, el poeta Schiller al cortesano Raupach, el glorioso Leibniz al maestrito Wolf y el perro Bonifacio dejó este capítulo.So schlagen die Basen als Bodensatz nieder, aber der Geist verraucht.De esta manera se hunden las bases como basura residual, mientras se desvanece el espíritu.
[1] junto con la mejor carne, teníamos la mayor franja de clase media de Latinoamérica
[2] “que sirve para pensar” en palabras de García Canclini
[3] (junto al rol de las redes sociales “populares”como Twitter que inmediatizan reduccionistamente la habermasiva “publicidad literaria” en los “intersticios sociales” que Nicolás Borriaud celebra como posibilidad artística que retoma ideales renacentistas haciendo de la imaginación un fluído bien de intercambio de la modernidad desbordada: redes sociales de apropiación múltiple que operan como el dispositivo panoptizador que subraya contra Marx el concepto de Foucault: el poder es un inmanente omnipresente que se redistribuye contínuamente)
[4] baste comparar la etimología de “economía”, el cuidado de la casa, con la de “política” en la que se atiende ya a la “polis”, la ciudad
[5] A propósito de esto, una curiosidad a caballo entre el análisis del discurso y el ideológico es que un miembro de la Sociedad Fabiana (forma de socialismo que abogaba por una reforma gradual y democrática) George Bernard Shaw, reelaboró la estilística de una frase de su compatriota contemporáneo Oscar Wilde que había dicho acompañando a su aforismo que invertía la poética aristotélica (la naturaleza imita al arte) que el mundo estaba triste desde que una marioneta, Hamlet, se sintiera desasosegada. Durante un discurso radial en plena Segunda Guerra Mundial que fuera censurado por Churchill, el Premio Nobel de Literatura e inspirador del teatro didáctico de Brecht aseguró que el Primer Ministro presentaba un suicida optimismo, como si el último libro que hubiera leído para describir la dinámica sociohistórica fuera de Maculay y “El Capital” nunca hubiera descorrido el velo en torno a las naturalizadas injusticias. Así unidos, “El Capital” y “Hamlet” en razón de su poder performativo mediante la herramienta del lenguaje y fundamentalmente de la melancolía a la que sumieron a sus lectores (amén del carácter predictivo que en el Renacimiento se atribuía al sentimiento antedicho) podemos aplicarle al desencanto colectivo el análisis de Freud en “Duelo y melancolía”: la crítica todavía vigente al capitalismo podría decirse que produjo “una ofensa real o un desengaño” y que surgió “una conmoción de esta relación objetal”: la sombra del objeto cayó sobre el yo en la coyuntura que Esposito define como articulatoria del “fracaso de todos los comunismos a la miseria de los nuevos individualismos”. Su análisis etimológico que hace eje en el vocablo “munus” arroja una luz resemantizadora sobre el concepto de comunidad sugiriendo contra las caracterizaciones que postulan coerciones extrínsecas el sentido de pertenencia y de “deber” por parte del individuo hacia su comunidad. El deber, el estar en deuda para con su sociedad sería el sello distintivo y nucleador a partir también de lo que Freud trabaja como “identificación”: “Por tanto, communitas es el conjunto de personas a las que une, no una “propiedad”, sino justamente un deber o una deuda”. Más allá del chiste fácil de que durante el menemismo a los argentinos nos unió una “deuda” (la agigantada deuda externa con la que se reeditó la “plata dulce” de la época de Martinez de Hoz ), el examen en un plano emocional nos llevaría a discriminar entre la antedicha melancolía producida por la pérdida de una satisfacción con el modelo imperante concatenada a la ausencia de una alternativa viable y la frívola “alegría” menemista, mucho más parecida en su genealogía a lo que Judith Butler resume como “abyección”: el repudio del significante primario “solidaridad”, el culto exacerbado al individualismo vagamente justificado por presuntas credenciales sociales y figuras de autoridad tales como el dictuum bíblico “pobres hubo siempre”.
[6] a un tiempo superación, supresión, elevación y síntesis
[7] aunque criticarlo con una mímesis discursiva no parezca tampoco una alternativa más oportuna
[8]La publicidad menemista “los argentinos tenemos dos Carlos en el corazón” buscaba seducir con la cultura de la imagen de un Gardel oriundo de Francia triunfante con el tango que recibiera su espaldarazo en Paris
[9] Cosa que en cierto sentido es en realidad ahora, gracias al “rentismo” de la soja, una plusvalía que no contribuye precisamente a sembrar más cultura del trabajo
[10] Marx, Karl; Historia crítica de la teoría de la plusvalía, volumen IV de El Capital; Buenos Aires, 1956, p. 20
[11]Si se lee en detalle la argumentación de Marx, puede pensarse en la necesidad de que existan países agroexportadores para que existan industrializados y no viceversa:
Sobre el trabajo productivo
El filósofo produce ideas, el poeta versos, el pastor sermones, el profesor manuales, etc. El delincuente produce delitos. Y si enfocamos un poco más de cerca la relación existente entre esta última rama de producción y el conjunto de la sociedad, se disiparán no pocos prejuicios. El delincuente no produce solamente delitos, sino que produce también un derecho penal, produce al profesor que da cursos sobre derecho penal y hasta el inevitable manual en que este profesor condensa sus enseñanzas con vistas al comercio. El delincuente produce además, toda la organización de la policía, los jueces, los jurados, los verdugos, etc., y estas diversas profesiones, que constituyen otras tantas categorías de la división social del trabajo, desarrollan las diversas facultades del espíritu humano, crean nuevas necesidades y nuevas maneras de satisfacerlas. La tortura por sí sola provocó los inventos mecánicos más ingeniosos y dio trabajo a toda una multitud de obreros honrados, dedicados a la producción de sus instrumentos. El delincuente produce una impresión de carácter moral y a veces trágica, estimulando de este modo la reacción de los sentimientos morales y estéticos del público. Además de manuales de derecho penal, de códigos penales y legislación, produce arte, literatura, novelas e incluso tragedias...imprime pues un nuevo impulso a las fuerzas productivas...Y podríamos seguir desarrollando esta argumentación hasta en sus menores detalles. La industria cerrajera, por ejemplo ¿habría alcanzado su actual prosperidad si no existieran ladrones?¿tendríamos una fabricación de billetes de banco tan perfecta como la que hoy tenemos si no existieran falsificadores?...¿Acaso existiría un mercado mundial, o incluso naciones, si no se hubieran cometido delitos nacionales? (...)
[12] En el que las categorías de casado, soltero, en una relación o en una relación complicada abarcan la totalidad del abanico amatorio humano
[13] que a criterio del analista político y encuestador Rosendo Fraga fuera el principio del fin de luna de miel entre Clarín y los Kirchner
[14] Haffner, Sebastián; Winston Churchill, una biografía, Grandes Biografías del Siglo XX, Folio, Destino, Buenos Aires, 2003
[15] Ejemplo de lo primero podrían ser algunas reificaciones como “tuve que fumarme el sermón de mi papá”, “qué pálida tenés”, “la película me pegó mal”, “tuve que comerme el viaje de ir hasta Rentas a hacer el trámite”“qué bajón”, “está haciendo un frío que te vuelve careta”; ejemplos de lo segundo cómo gerundiamos el saludo “nos estamos viendo” o como reemplazamos el “no” por el “nunca” (“te esperé en Cabildo y Juramento y nunca viniste”) o cómo usamos contrario sensu el adverbio “mal” (badly) por “bien”: “salí de clase con un hambre mal”, “me tiró mal los galgos ni bien me vio”, o cómo lo incorporamos como prefijo “me malentusiasmé, me malcopé” o cómo empleamos el epíteto “alto” (altos bonsáis cultivaba De la Rúa) y ejemplos de sustracción de pronombres reflexivos a verbos que los llevaban así como de añadido de reflexividad a verbos que no: “relajemos, el sábado descontrolé pero después me rescaté”, “es cuestión de enganchar, no colgarse, aguantáme un toque que me re-emocioné porque me re-cabió”.
[16] El fútbol en especial durante el Mundial demostraría poseer merced a deslizamientos y corrimientos de campos semánticos aplicados a todo un poder explicativo que casi lo erigiría a abrete sésamo universal o único interés común: "ahora que murió sabemos que no había que operarlo, pero es fácil decirlo CON EL RESULTADO PUESTO"; "en esta multinacional somos un equipo y NOS PONEMOS LA CAMISETA"; "Horacio Gonzalez en su debate con Sarlo se la pasa HACIENDO JUEGUITO PARA LA TRIBUNA”; "Irán debería parar la pelota con esto de enriquecer uranio"; "Vos no le des ni cinco de bolilla, ni le prestés el apunte y va a volver al pie"; "esas terapias gratuitas del Fernández están para atajar penales, no para un intelectual neurótico como vos", "si apruebo esta monografía es un golazo de media cancha".Pero al contrastar esta metaforización futbolística del quehacer diario con las modalidades de describir un partido de fútbol advertimos que la necesaria renovación expresiva, relacionada con la seducción de la imagen más que con la precisión del referente se alimenta de la higiene doméstica ("Argentina le pasó el trapo a Corea del Sur"), de la náutica ("hace pie la escuadra argentina gracias a su capitán después de zozobrar en los primeros minutos"), de la química inorgánica ("lo liquidó"), de la caritas cristiana ("a Nigeria lo perdonamos demasiado") o au contraire, de la sádica voluntad de poder y la moral de amos ("no pudimos lastimar en el primer tiempo"), de la épica, de la costurería (Messi la descosió), de las galerías de arte (la jugada era una pinturita hasta que Higuaín la colgó), de la albañilería ("construyó una pared en una baldosa").

[17] Un viejo ejercicio para pensar en problemas éticos comienza con un cuentito: una señora desea ir al aeropuerto para recibir a su amante, pero para eso precisa pasar por un bosque en el que hay un asesino. Le pide a su marido que la acompañe, dado que el bosque es peligroso, pero éste alega estar muy ocupado, por lo que ella decide ir sola. Una vez en bosque aparece el asesino y la mata. Los profesores de ética preguntan entonces a sus alumnos de quién es la culpa y el alumnado se debate entre las feministas que culpan ora al marido ora al amante y los machistas que condenan a la víctima. Nadie responde que la culpa del asesinato es del asesino, porque se supone que el rol o función del asesino es asesinar. Algo parecido parece pasar con la vara de medir a Menem por parte de estos sectores de la clase media y la vara de medir a Cristina: de Menem no se espera contenido alguno, convicción alguna, carga preformativa alguna en su discurso. ¡Y eso es normal, está bien, es como el asesino ¿qué culpa va a tener?!