El pasado miércoles en el habitual espaciotiempo del curso de humor nos referimos a cómo el censor es un degenerado infinitamente peor que el artista, que dentro de su liberalidad enmarca y encuadra en un género su transgresión. Hablamos de la idea de Freud, de que el superyó toma su energía del ello, o sea, que nuestros códigos morales se nutren de la incontinencia sedienta de las compulsiones más descontroladas. Recordamos la respuesta de Borges (con metáfora autorreferencial) a la pregunta de por qué no había emigrado de la dictadura de Perón: -"La censura es la madre de la metáfora". Citamos numerosos ejemplos (entre los cuáles se destacó la pregunta inocente de Mirtha Legrand a la mujer de De Vicenzo ¿las de golf? cuando ella explicó que por cábala le besaba las pelotas). Citamos la regla de Karl Kraus, el que dijo que tenía que hacer del lenguaje, esa puta universal, una virgen; el que dijo que decimos "no me trates como una bestia, soy nada menos que un ser humano" pero también "y bueno, me equivoqué, después de todo solo soy un ser humano": LO QUE ENTIENDE EL CENSOR MERECE SER CENSURADO. Hablamos del chiste de la Revista Barcelona en ocasión del filtro que implementó Ibarra contra la pornografía: "es matar a la gallina de los testículos de oro": reemplazar ese "huevos" por "testículos" es el paradigma de la atribución de depravación en nombre de la solemne moral y las rígidas buenas costumbres. Recordamos cómo la BBC prohibió el sketch del sommelier que dice "es un cosecha '68 chateau laffite" y le responden "no señor, es pis" alegando que el vino rosado era una evidente alusión a la orina menstrual, cosa que escandalizó hasta la náusea al grupo de comediantes, harto más inocentes.
Recordamos por añadidura casos de niñas-policías que nos plantan la droga de sus encantos: nos dan señales de que hay agua en la pileta, nos calientan la pava y después cuando atacamos nos mandan en cana diciendo "no podés hacer esto, pervertido, soy la novia de tu hijo", etc.Recordamos también los libros que cayeron en la lista negra de la dictadura cívicomilitar: teoría de los conjuntos, porque parecía favorecer el socialismo, un libro sobre cubismo porque parecía celebrar a Fidel Castro, "El Principito".
Es especialmente placentero para el humorista, en particular para aquel con pánico al ridículo, poder permancer en la tesitura comedida para hacer comedia con una exigencia de pureza completamente contaminada de prejuicios delirantemente desquiciados.
Atribuir a los demás el horror (como en el chiste del hombre que ve en las manchas de Rorchach zoofilia y cuando le dicen que tiene una fijación sexual con los animales contesta "al menos yo no colecciono esas porquerías"), asignar a algo anodino urticantes agudezas, es especialmente perverso, es especialemtne placentero en el sentido de sentirse un gran pecador...pocas cosas se hacen destructoramente cuando uno se siente un gran pecador: en cambio, en nombre de la libertad y el amor con mayúsculas o de la ortografía con hache, se cometen las peores barrabasadas...
Sebastián, un alumno playful y creativo, que logra siempre adoctrinar la tropa de sus palabras geniales en un único desvío perfecto otorgándole más potencia al efecto desopilante, supo interpretar la consigna y se las agarró con mi admirado Herzog:
Crítica de Land des Schweigens und der Dunkelheit
Es
totalmente deplorable ver a un director de cine serio y respetable como
es Werner Herzog sucumbir a algo tan bajo y deleznable como es la
pornografía. Peor aun es la gente que lo aplaude y celebra la
asquerosidad, la perversión que es La Tierra del Silencio y la Oscuridad.
Como
en todas las películas para adultos hay un esbozo de historia, de
trama, antes de empezar con la acción. En este caso la excusa son los
sordo ciegos, que nos dice Herzog se comunican no mediante palabras ni
gestos sino mediante un sistema táctil. Así impone la imagen del
manoseo. Luego presenta a la actriz principal de la película, Fini
Straubinger, quien nos cuenta que pasó treinta años en una cama. La
imagen se cierra: manoseo, cama. Se acabaron las sutilezas. Fini, la
Jenna Jameson de Herzog, nos mostrará una de sus "fiestas", junto a sus
más íntimos amigos y amigas. Por supuesto nadie va ahí para hablar.
Pero esto no es suficiente para el sátiro de Herzog que nos muestra que
la eso es solo el comienzo. La fiesta se traslada a un zoológico donde
las imágenes de hombres y mujeres acariciando lascivamente ciervos y
ovejas gritan a viva voz zoofilia. Incansable, Herzog no limita su
perversión al reino animal sino que en otra escena lleva la fiesta a un
jardín botánico donde las manos de las lujuriosas protagonistas recorren
las plantas fálicas que pueden encontrar llegando hasta los cactus y al
sadomasoquismo. Mientras tanto hay un tema que parece recorrer en
paralelo toda la película, que mediante imágenes, narraciones y
comentarios se va instalando hasta ganar protagonismo: la muerte. Lo
cual sumado a todo lo anterior confluye en un innegable canto a la
necrofilia. Pero todo, aun esto, podría perdonársele a Herzog asi no
fuera porque luego incurre en un crimen aun peor, involucrar menores de
edad. Así, con las imágenes de húmedos niños semi desnudos se completa
la tétrica sinfonía de zoonecropedofilia que es La Tierra del Silencio y la Oscuridad.
Y al final termina con más manoseo de plantas. Conclusión: Werner Herzog es un chancho.



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