sábado

La nueva operación estética de Almodóvar




La piel que habito (por Martín Gabriel Brauer, un crítico de cine atrapado en el cuerpo de un profesor de alemán)
Primero que nada voy a realizar algunas formulaciones generales acerca de las decisiones que tomó Almodóvar en el tratamiento de esta historia. Como es una película que considero excelente, desearía que la vea todo el que pueda (o toda la que pueda, el nexo copulativo "argentinos Y argentinas" al que nuestra premier nos acostumbró caería de maduro para quienes sepan con qué bueyas y bueyos aramos). Y por este motivo, para preservar la virginidad de la gran sorpresa del argumento, voy a desarrollar lo que no pueda desarrollar sin traicionar el secreto, avisando primero.

Rara vez contenido y forma se vieron tan violenta (tan lánguidamente) separados. Mientras la recargada suma de tragedias expresa en esta oportunidad el non plus ultra al que al menos hasta aquí llegó el director, la sobriedad visual de cada encuadre nos recupera cierta atmósfera que remite a Hitchcock mucho mejor que las imitaciones de Brian De Palma.

Temáticamente nos reenvía al Hitchock de "Vértigo" no solo por la reconstrucción maniática de un objeto de amor perdido, sino también por la explicación de la decisión de que el público conozca el secreto que el protagonista no. James Stewart en la novela original parece un loco obesionado sin esperanza hasta la última página, en la que descubrimos que Madelaine y Judy eran una y la misma persona y que ahora sí que está irrecuperablemente fenecida, como en el caso de Julieta que fingió suicidarse y después se suicida realmente.

Salvo que Almodóvar elige contar la historia con permanentes flashbacks, quizá para compensar la cargada densidad de cada pasaje. Linealmente la historia sería interpretable en freudiano como la repetición de una novela familiar. Así como aparece, tiene casi destellos de clase B a lo Tarantino, con innecesarios carteles que poco menos nos aclaran "y cinco minutos antes...".

Entre esto y la abigarrada narración que hace Marisa Paredes remitiéndose a la infancia de los protagonistas, sin recurrir a imágenes más que como postales de su retórica, es comprensible que la crítica fina ponga el grito en el cielo. Porque "La piel que habito" es una obra maestra, pero no, sin duda, no, una obra maestra cinematográfica.

"Psicósis" es el antecedente hitchcockiano más ostensible de edificio argumental que descansa sobre una sorpresa. "La piel que habito" abre muchas líneas de fuga, digamos, pero se centra en la gran sorpresa que a partir de ahora comentaré para quienes ya la vieron o no la quieran degustar. Que a Vicente, el violador de la hija de Antonio Banderas, a la manera de venganza se lo somete a una vaginoplastia.
Uno diría a la manera de venganza porque es la explicación que da el propio cirujano cuando su prisionero se lo pregunta. Y además porque cuando vi la película fui acompañado por una chica que odia ser mujer y no concibe peor castigo.Y porque es bastante la ley del Talión, aniquilar el instrumento del delito, el cuerpo del delito, nunca mejor dicho.
Pero si uno recuerda cómo este cirujano vivió tratando de restituír el tejido carbonizado de su esposa y cómo desde entonces consagró sus afanes a producir piel resistente, comprende que no hay venganza, sino sustitución. Murió mi esposa, necesito otro cuerpo para rehacerla mejorada.
En tal sentido, lejos de horrorizarnos cuán transgresor es Almodóvar debería horrorizarnos cuán convencional. Si Hollywod solo consiente en sus normas de etiqueta mainstream pochocleras que dos adúlteros sean admirables si están enamorados, Almodóvar no menos puritano y moralista solo permite que el médico megalómano secuestre a un chico y haga uso de su cuerpo y colonice su personalidad si ese chico merece ser de todas maneras un prisionero por haber sido un violador.
Y la fascinante reflexión a la que nos obliga respecto de qué diferencia de veras a un varón de una mujer tampoco está postulada con la profundidad europea racionalista tradicional, sino con empirismo pragmático tecnócrata. No se dice, como la militancia gaylésbica que ser varón o mujer es una elección cultural, sino que ser varón o mujer es un azar químico o una determinación biológica.
Hace poco una delicadísima alumna mía me habló con debido asco de esta película diciendo que en todo caso Almodóvar querrá ser mujer, pero solo él, nadie en su sano juicio querría y me explicó que no conocía a ningún mamífero humano al que le hubiera gustado la película.
Me pareció excelente esta reacción airada, de indignación. En contraste con lo apagado de los críticos que ven en este salto al vacío una cortedad apocada que se queda a medio camino, me pareció emocionalmente acertado.
Porque esta película es una vitamina para el espectador, más allá de que esté o no de acuerdo con su tesis.
Podríamos emparentarla a muchas películas. El tema de que dos personas sean una, aparece en Jekyll y Hyde también como sorpresa. El tema de que una mujer sea un varón y viceversa aparece en casi todas las de John Waters y hasta la inocente Mary Poppins lo encarnó en "Victor Victoria" (por no mencionar la incursión bizarra de Susana Gimenez peinada a la garzón con Olmedo convencido de que no era travesti). Sorpresas memorables hay tanto en "Rebeca, una mujer inolvidable" como en el hombre lobo de Michael J. Fox-que deviene alegoría de la adolescencia, de la extrañeza de sufrir una transformación-cuando el padre le exige que abra la puerta y lejos de ser la ley que censura es otro ridículo lobo pero avejentado.
Pero si a mí me tocara clasificar esta película la pondría junto a obras  de tesis como ser "Mann ist Mann" de Brecht o "My fair lady" de George Bernard Shaw. En la primera se oblitera la noción de individualidad o esencia singular para exponer en clave marxista cómo la materialidad histórica genera cada específica ilusión del yo. En la segunda se demuestra que una florista puede convertirse en una dama de alcurnia sin haber nacido en cuna de oro. Son dos películas que no se limitan a mostrar una transformación, sino que  procuran hacerla extensiva a la humanidad: desdibujan los límites entre un hombre y su prójimo, entre un aristócrata y su lacayo. En "La piel que habito" se derriba la frontera entre los sexos. Vicente es convertido en Vera. Y entiendo que lo que Almodóvar quiere sugerir es que todos somos, como lo explicó Freud, en esencia bisexuales. El prólogo de Borges a "Fervor de Buenos Aires" dice: "A quien leyere": Si las páginas de este libro consienten algún verso feliz, perdóneme el lector la descortesía de haberlo usurpado yo, previamente. Nuestras nadas poco difieren; es trivial y fortuita la circunstancia de que seas tú el lector de estos ejercicios y yo su redactor". Almodóvar parecería estar parafraseando: "es trivial y no tribal la circunstancia de que seas tú la minita y yo el macho que te la pone".
Y esta indiferencia hacia la diferencia podría conducirnos a todas las grandes caídas del muro de la historia de los conceptos (por ejemplo en "El crítico como artista" Oscar Wilde rompe el mito de que espíritu artístico y crítico difieran, por ejemplo en "El mundo como representación y voluntad", Arthur Schopenhauer rompe el mito de que vida y muerte difieran en tanto fenómenos ilusorios y animales, oponiéndolas al conocimiento objetivo; por ejemplo en  "El artista como lugarteniente" Theodor Adorno desmantela la dicotomía entre arte comprometido y arte por el arte al instilar la sugerencia de que quien exacerba su arte y lo lleva a la excelencia genera efectos que se retraducen en efectos políticos).
Limitémonos a señalar que el de los géneros en tanto militancia y opresión es un tema que pocas veces ha sido llevado al plano estético con tanta capacidad de provocar.
La parábola irónica quiere que Vera, inmediatamente después de defender de todas sus chambonadas a Antonio Banderas, diciéndole al médico que pensaba denunciarlo "míreme, estoy refuerte, soy el producto de este cirujano y me encanta serlo, yo se lo pedí" ve una foto de cómo era cuando era varón y va y lo achura al hacedor de sus días menstruales (cabe recordar cómo en "El banquete" de Platón se menciona que a determinado grado de deshonor le corresponde ser muerto por una mujer).
O sea: las mujeres histéricas y traidoras, inconstantes y volubles.
"Me prometiste serme leal" dice Antonio Banderas con un asombro infantil, candoroso y crédulo hacia el objeto de su trabajo marxiano, ajeno a los sentimientos de su cautivo: -"Te mentí" respónde Vera y le descerraja un tiro.
La belleza ha sido definida como siniestra promesa de felicidad.
Freud explicó que todos, varones y mujeres, queremos ser varones, que descubrir el pene y el placer que da tenerlo, hace inconcebible concebir criaturas desprovistas de él.
Es una línea argumental sorprendente, pero se atribuye al inconciente de los niños ( y de las niñas), recibe un nombre parecido al de la asignación universal por hijo: atribución universal de falo.
Es como si yo dijera que me da tal placer ir al cine que me resulta imposible imaginar que haya gente que no va.
Como si un marxista dijera: me da tal placer el dinero, que no creo que realmente los pobres carezcan de él.
Salvo que a despecho de la realidad que ya Tiresias supo, se le atribuyen majestades al pene, nervios vaginales, digamos, hipetrofiados, y se lo erige al productor de erecciones como ideal general. Por ejemplo a los argentinos nos parece que el falo está en Europa.
Con motivo de las elecciones norteamericanas, en el que las primarias definían las presidenciales porque ningún republicano podría suceder a Bush, recuerdo haber bromeado freudianamente: va a ganar Obama porque es peor ser mujer que ser negro, con tal de tener pene, no importa de qué color es.
Una extrapolación de una teoría como cuando me explicaron lo feo que era montar un caballo que había sido maltratado y concluí que para un marxista, el caballo educado a latigazos estaba mejor que el que fue acariciado y bien tratado porque el caballo educado a latigazos sabía que el jinete que se lo monta explotadoramente es su enemigo.
Vera no quiere empezar a ser bien tratada: sabe que Antonio Banderas lo desproveyó de su identidad. Es cierto que Almodóvar reincide en su amor a la novela rosa barata con variaciones y termina permitiendo que su nueva identidad sexual consienta ahora sí a Vicente ser la pareja de la chica lesbiana de la que estaba enamorado.
Hay en esta película también un contrapunto muy marcado: Vicente sería el romántico. Antono Banderas es clásico, es frío, es mucho más eficaz. 
Cuando se encuentran el violador y la violada, el violador ha tomado pastillas ilegales y la violada está medicada. Es claro que la violada está en peores condiciones aunque está del lado ortodoxo de la ley. Almodóvar retoma la romántica idea de amenaza de la ciencia. Antonio Banderas toma en sus manos el conocimiento prohibido. Está condenado al fracaso porque ambiciona domeñar la naturaleza como si se creyera con potestades divinas. Como Ícaro quiere volar demasiado alto con alas, ay, humanas, y se derrite de amor ante Vera, su serpiente (quiero decir que Vera encarna a su serpiente metafórica, no que la serpiente de Antonio Banderas no guarde la rectitud y elevación propias de dicha circunstancia).
En "Gulliver" , Jonathan Swift se burla de los científicos por considerarlos imbéciles, no peligrosos sino pueriles. Después de la bomba atómica, toda condena a la ciencia parte del miedo a sus errores, no de la risa.
El más claro contrapunto entre la juventud apasionada y la desilusión pragmática aparece cuando Vicente toca los pechos de un maniquí con actitud más que erótica. Antonio Banderas toca los de su bella Frankenstein con asepsia. Creo que todos los dramones que sufrió el personaje de Banderas están para justificar su avasallamiento a las leyes de su comunidad. Creo que otra discusión interesante es la que se produce entre quienes creen que el ser humano es bueno cuando está mal y malo cuando está bien (Hobbes, Nietzsche) y quienes creemos que tener la moral en alto tiene que ver precisamente con cierto buen ánimo. A quien la vida ha golpeado en lo más íntimo, los ideales éticos de justicia mal pueden resonarles verosímiles.
La sorpresa en la trama, la vaginoplastia en un argumento policial, no es lo más interesante de esta película. Lo interesante es preguntarse qué diferencia hoy por hoy realmente al varón de la mujer. La mujer ahora puede surtir nafta y boxear. El varón puede ahora gastar más en perfumes y cosmetología. Ya nadie diría que esta película merece especial atención porque la filmó una mujer, ya no hacemos distinciones en la esfera del arte.
En Buenos Aires aparentemente lo que distingue al varón de la mujer es que la mujer no puede estacionar ni entender la ley del off-side y el hombre es poco viril si no hace asado o si no paga la totalidad de lo que consumen el varón y la mujer en un restaurante (corresponde a la hembra de la especie pagar la propina, como si dijera "estoy subida a los hombros de tu billetera que se encarga del grueso de la cuenta a grosso modo y me ocupo de parecer delicada y considerada abonando el 10 % en nombre de las pobres rodillas de los mozos").
Por último una referencia a la temporalidad: los tiempos de esta película también invitan a reflexionar acerca de ciertas inmutables eternidades, como las del "hoy no se fía, mañana sí" que es un eterno mañana, o la promoción especial aproveche liquidación por cierre que empieza cuando uno llega al comercio.
No es inconcebible asumir que toda la condenable lógica mercantil haya nacido del comercio sexual. Un varón y una mujer ni bien se conocen inician un juego de seducción en el que se enmascaran, se fingen mejores de lo que son y a eso llaman conocerse, de modo médico también: necesita la mujer descartar que el hombre sea asesino serial, así como el médico necesita descartar que no sea un tumor.
No es inconcebible asumir que el capitalismo con su incentivo individual haya triunfado por ser una continuación de la ley natural que reproduce la especie no apelando al bien común, sino sobornándonos con un egoísta orgasmo.
Por eso preguntarse por la continuidad del varón y la mujer es lo que hubieran hecho los artistas socialistas de otras épocas si les tocara ahora vivir en este mundo en el que al decir de Ulrich Beck se nos insta a resolver individualmente el problema que se nos instala socialmente. Esta película tiene una índole de vida propia comparable a aquella imagen fría pero inmortal que nos legó Cocteau: vivirá como siguen marchando los relojes pulsera en las muñecas de los soldados muertos...

3 comentarios:

  1. Anónimo10:57 PM

    ha provocado escozor y repulsión entre algunos espectadores la sola idea de que un muchacho sea trasmutado en muchacha, obligado en su conversión al sexo opuesto-

    leído en clave de militancia por los derechos de la minoría, cabe recordar que en no menor medida a todos los gays y lesbianas se los obligó siquiera socialmente a que les sea impuesto su objeto de deseo

    es solo una película, que acentúa su caracter ficticio con bastantes trazos gruesos, pero plantea temas bioéticos y de género que van a ocupar el centro de nuestros debates

    por supuesto no conviene leer políticamente que Antonio Banderas no pueda penetrar a Vera vaginalmente porque a él todavía le duele la vaginoplastia y entonces proponga el sexo anal y Vicente se niega porque le dolería más: la retaguardia, que representaría la confraternidad de los sexos, implicaría diluír su singularidad específica y de ahí que sea más doloroso pronunciarse por ella...

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  2. Anónimo10:59 PM

    otra que la piel que habito: el hábito que pela

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  3. Anónimo8:47 PM

    Bueno, leí con mucho trabajo la "crítica" de Bauer.
    La peli la vi hace unos cuantos meses cuando la estrenaron. Me gustó en cuanto a puesta escénica. Me repugnó lo retorcido de la trama para justificar lo políticamente correcto que en el fondo padece Almodóvar. El tema freudiano del pene, lo estudié bien en la facu y desde mi descubrimiento a los 17 años el machismo de Freud me produjo rechazo, no todos queremos tener pene, el tema que él quería tener vagina y procrear, que en el fondo es el tema al revés. Los hombres sienten una envidia patética por el agujero de las mujeres y encima son las dueñas del acto de creación mayúsculo en el universo. Los hombres hacen de todo para emularnos pero no lo logran. Entonces se travisten y usan lo que tienen, el ano. Y después adoptan o usan su semen para ser mamá. Por favor...no hablamos de materialismo histórico ni de civilización de masas ni de culto a la individualidad ni del culo de los muñecos. Hablamos de lo primitivo del ser vivo, el sexo y la reproducción de la especie. Yo no se si la viste, es para desmenuzarla de a poco y viéndola juntos de nuevo. Cada escena es un cuadro, cuidado en sus más mínimos detalles, en color ubicación de objetos y estética en general. Como buen puto no el gana nadie en el tema. Y lo digo sin connotaciones peyorativas, ellos prefieren que los llamen putos. Salvo el caso de nuestra Flor de la V que es la "mujer del año en la Argentina", habla de nuestra patología?
    Primero quisiera saber si la viste. Leer tu comentario y así comparar con lo que sentí al verla. Es más fácil verla de a dos. Luchi, mi amiga, cuyo hermano era homosexual y murio de sida y tiene tres primos en las mismas condiciones tiene una visión terrorífica de la película pero porque es muy fuerte para ella a pesar de que no es para nada homofóbica, te lo imaginarás, yo sí tengo prejuicios que trato de tapar. Espero tu comentario.
    No me atrevería si quiera a comparar con el sesudo comentario de tu amigo.
    beso.

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