miércoles

TODO LO QUE NECESITABA SABER DE HOMESCHOOLING LO APRENDÍ EN EL KINDERGARTEN




© Robert Fulghum, 1990.
Found in Robert Fulghum, All I Really Need To Know I Learned In Kindergarten, Villard Books: New York, 1990, page 6-7: es el autor además del libro "Las cosas que hacemos sin saber por qué" del cual Charly García extrajo la historia que da título a "Estaba en llamas cuando me acosté"

All I Really Need To Know
I Learned In Kindergarten

by Robert Fulghum

- an excerpt from the book, All I Really Need To Know I Learned in Kindergarten




All I really need to know I learned in kindergarten.
ALL I REALLY NEED TO KNOW about how to live and what to do
and how to be I learned in kindergarten. Wisdom was not
at the top of the graduate-school mountain, but there in the
sandpile at Sunday School. These are the things I learned:


Share everything.

Play fair.

Don't hit people.

Put things back where you found them.

Clean up your own mess.

Don't take things that aren't yours.

Say you're sorry when you hurt somebody.

Wash your hands before you eat.

Flush.

Warm cookies and cold milk are good for you.

Live a balanced life - learn some and think some
and draw and paint and sing and dance and play
and work every day some.

Take a nap every afternoon.

When you go out into the world, watch out for traffic,
hold hands, and stick together.

Be aware of wonder.
Remember the little seed in the styrofoam cup:
The roots go down and the plant goes up and nobody
really knows how or why, but we are all like that.

Goldfish and hamsters and white mice and even
the little seed in the Styrofoam cup - they all die.
So do we.

And then remember the Dick-and-Jane books
and the first word you learned - the biggest
word of all - LOOK.



Everything you need to know is in there somewhere.
The Golden Rule and love and basic sanitation.
Ecology and politics and equality and sane living.

Take any of those items and extrapolate it into
sophisticated adult terms and apply it to your
family life or your work or your government or
your world and it holds true and clear and firm.
Think what a better world it would be if
all - the whole world - had cookies and milk about
three o'clock every afternoon and then lay down with
our blankies for a nap. Or if all governments
had a basic policy to always put thing back where
they found them and to clean up their own mess.

And it is still true, no matter how old you
are - when you go out into the world, it is best
to hold hands and stick together.
Tengo un amigo, Gustavo Vosen, que primereó entre mi camada con esto de reproducir la especie y de tener la crueldad de traer hijos al mundo y que me instaba cada vez que me veía a escribir para niños, a organizar espectáculos para niños, a inventar jugetes, etcétera.
No era por amor a la infancia, sino como una venganza contra el capitalismo: sentía que su hija pagaba por el pito más de lo que el pito vale (expresión que se usa con ingenua picardía ¿no? creo que es española y parece tener dos sentidos, pero tiene uno, en cada dialecto, es como coger y joder, en España una cosa es agarrar  otra muy distinta y que no debe ser tomada o agarrada para la joda...)
((una mujer bien agarrada es lo que se dice una mujer avara, en cambio bien cogida todo lo contrario))
Nunca pensé que lo que fuere que se pagara por los hijos pudiera ser demasiado.
Hasta que visité ayer el jardín de infantes más piripipí del barrio.
La directora nos explicó su proyecto pedagógico que resultó programáticamente combativo al consumismo deshumanizado que nos obliga a comprar Barbies y demás mierdas que nos obturan la imaginación. Un discurso fantástico que hubiera sido del todo impecable si después no nos dejaba cinco minutos solos con un papelito en el que decía cuánto cobraban (ya su cobardía para decírnoslo en la cara es sintomática, como su empleo del verbo "ultimar" al decirnos que el tema honorarios era para ultimar algunos detalles ).
Mientras mis consejeros aúlicos se debaten entre la guerra bacteriológica que presupone exponer al dulce ser al estímulo de la socialización y la limitación autista de una gobernanta, un aya o lo que haya, me consagro a dos nuevas labores insólitas poniendo las barbas en remojo, por si hay que garpar aquel fangote. Yo leí a Rudolf Arnheim y estoy de acuerdo en que un palo de escoba estimula más la imaginación que un caballo de polo, lo que no entiendo es por qué ese cambiazo es tan oneroso, por qué es más caro educarlos con el palo de escoba que tomando clases particulares con Adolfito Cambiasso.


(otra cosa que no entiendo es por qué algunos criterios didácticos que fueron concebidos para una elite de iluminados niños prodigio superdotados se termina empleando en Argentina para chicos con retraso-y cuando digo fronterizos no quise insinuar nada contra los hermanos chilenos- ¿es porque equidistan del promedio? suena a algo tan poco sutil como el apotegma de Dalí, la diferencia entre un loco y yo es que yo no estoy loco)


La primera ocupación es redactar humorísticamente las memorias de un octogenario sujeto al que la confidencialidad me obliga a llamar así, asujetando mi lengua. En realidad debería decir en este caso asujetando mi mano, pero mi mano ya no me hace caso, llega la noche y cuando me propongo con un estado de elevación concederle la palma a Onán, me explica que llega muy cansada de escribir tanto y que mejor lo dejamos para mañana. La otra mano, por supuesto se hace eco, alega que el teclado es muy duro, que tradujo mucho y además de un idioma a otro, etcétera. Yo trato de explicarles que no se puede confiar en el traductor de google que para referirse a la "Descendencia" del hombre, un libro de Darwin, habla del "Descenso" del hombre, un drama de River. Hay que entender el contexto lexical, en EEUU puedne despedirme como profesor diciéndome "you became redundant", que significa que me volví innecesario, pero en Argentina pueden despedirme como profesor si no me vuelvo redundante, si no vuelvo a repetir como el tango y su "fantasma del viejo pasado", si no grafico sobreabundando con hipertrofiada hipérbole gerada, gerada, gerada, gerada, gerada, gerada (hexa-gerada).
Un amigo mío tradujo "El alma del hombre bajo el socialismo" de Oscar Wilde y donde debió decir "empatía por el dolor siempre la habrá" puso masoquista y morbosamente "simpatía por el dolor siempre habrá". 
Otro tradujo literalmente "mover el agua de las aceitunas" del alemán, expresión que significa orinar y que equivale a echarse un cloro, imaginen traducir literalmente eso o que nos pica el bagre.
Es célebre la mala traducción de "Taube" que en alemán significa tanto "sordo" como "paloma": Hegel no quiso decir nunca que quien desoye la lección de la historia es una paloma, no contraponía a halcones como nuestro Diego Santilli. 
Otro gran amigo descubrió que el sombrero melón dicho en francés era nuestro sombrero hongo. 
Que seamos humanos gracias a la mala traducción del ácido desoxirribonucleico no implica que traduzcamos de cualquier manera diciendo después de todo solo soy humano.
Recientemente la Universidad de Alberta descubrió que el 62 % de las personas expuestas a la canción "Roll over Beethoven" de Chuck Berry, la que dice "tell Tchaicovsky the new", decodifican "I've got a rockin' pneumonia"como  "I've got a rocking demonio", el genio maligno cartesiano. Pero les decía: es un trabajo de ghostwriting que requiere todas mis dotes de psicólogo en pantuflas, literato en ojotas y muy especialmente humorista en polainas, ya que se busca eludir toda pomposa solemnidad y mantener al lector cautivado con el amancer de una sonrisa (que en inglés de diría the sunrise of a smile y pensaríamos que sunrise es "sonrisa", así como Borges leyendo Walkiria, la que elige a los muertos, creyó que Wal, por su similitud con la voz alemana die Wahl, la elección, era elige, pero se equivocó).


Es una tarea harto inusual: primero se graban entrevistas larguísimas en las que in extenso me comenta anécdotas y detalles que serán omitidos en consideración a la contrapuesta versión de seres queridos. Después se omiten otras cosas esenciales de sus memorias porque en realidad se olvidó.
Si busco clishés útiles, la intensa emoción por el nacimiento de su primer hijo (tema que por algún motivo ya no me parece tan cursi) me dice que los tuvo demasiado joven o que son las mujeres las que quieren los hijos. Así que probablemente terminaré escribiendo mi autobiografía de cómo sería yo a los ochenta con algunas leves pinceladas, como las fechas o nombres de calles para hacerlo encajar. Por el momento me asombra cómo se equivocan todas las generalizaciones respecto de cómo se es a los ochenta, confirmando el dicho alemán "erstens kommt es anders, zweitens als du denkst" que es también ¡ay, manito! difícil de traducir, algo así como "primero viene distinto, segundo a cómo lo esperás"-algo que si bien es pésima gramática, poéticamente aúna en la arquitectura de su formulación el mensaje de que lo inesperado es todo lo que podemos esperar (todo lo que aprendí de fistfucking lo aprendí en la escuela de monjes).

El segundo trabajo medio insólito y que redondea mi estado insomne de duermevela a lo "El club de la pelea" (o dada la trama etaria, "El club de la pelela") solo lo es para países no anglosajones: para los europeos que creen en el Estado. Es bastante común en Nueva Zelanda y en Estados Unidos y en Gran Bretaña (y en la Base Marambio por razones obvias). Se trata de "la escuela en casa". Tengo a mi cargo un niño de tres años y medio que juega conmigo a venderme desde un caballo hasta un kilo de bananas y todo cuesta curiosamente tres pesos y medio-probablemente su número favorito en este año. Hace muy poco empecé y es demasiado temprano para decir que es el mejor trabajo del mundo. 
No por el dinero, porque a mí me pagan poco, solo lo que mi autoestima estoica condesciende a admitir,si no sería como robarle a un niño, o mejor dicho, a sus progenitores: el homeschooling fue siempre la preferencia de la aristocracia intelectual primero que nada porque podía pagar a sus tutores a domicilio. Eton, la institución que educó a muchos de mis admirados en Londres se llama a sí misma "escuela pública" con lo cara que es, porque pese a su nivel no es educación particularizada como sería el ideal majestático. Recientemente un artículo de un diario neyorkino comenta que el ereader va a permitir que se vuelquen a este sistema más padres que no podían pagar los libros que requiere la educación en casa (porque son más, porque se aprende más rápido y con motivación interior).
Queda el problema de la socialización no solo durante los años lectivos, sino el hecho de que pesa la condena social que pesa sobre todo diferente. Los divorcios de hoy no son porque los matrimonios sean menos felices, sino porque ya no se condena socialmente al que reconoce que no es feliz obligado a amar a una misma persona (que ha dejado de ser la misma, claro). 

¿Hay más homosexuales en el mundo?
Obviamente, no. Si hasta menos prostitutas hay. Lo que pasa es que no se tienen que esconder. Y cuando a un gay le das la posibilidad de no tener que sufrir persecuciones y agresiones gratuitas, estás sacando del closet a un exhibicionista que te puede hacer creer que son veinte tímidos moviéndose con naturalidad en lugar de un bochinchero carnavalesco. 
Ahora vemos a mujeres eructar y a funcionarios públicos decir malas palabras solo porque ya no rige una convención que condene dichas exteriorizaciones, no porque haya más empachos o motivos para no tener empacho en recontraputear.
Y me pregunto si ser educado en la casa, aún si fuera la mejor pedagogía (en muchos aspectos parecería serlo) no entraña el peligro de haber hecho algo "raro". El ensayo 50 de Montaigne ya busca una renacentista tolerancia relativizadora hacia toda otra costumbre, pero obviamente leer a Montaigne es "raro".
En realidad todos necesitamos condenar hasta afirmarnos a quienes están ligeramente afuera de nuestras filiaciones más apuntaladoras, soy el primero en defender la idea de que un vínculo sano y recíproco consiste en que cada una de las dos partes se crea superior a la otra. 
Solo me pregunto si seré un buen maestro, algo que cada vez que hablo con mi psicóloga, me dice que es la pregunta llena de responsabilidad, cuidado y amor que se hacen los buenos maestros. En fin, ya se irá acomodando la cosa, descentrando piagetianamente y todo eso. Por las dudas llevo siempre monedas para reponerle, en caso de que se trague algunas...


Me pregunto también por qué en Argentina, salvo algunas sectas, este sistema no prende. No puede deberse a que confiamos en el Estado, como muy bien lo explica Borges: "El argentino, a diferencia de los americanos del Norte y de casi todos los europeos, no se identifica con el Estado. Ello puede atribuirse a la circunstancia de que, en este país, los gobiernos suelen ser pésimos o al hecho general de que el Estado es una inconcebible abstracción (el Estado es impersonal: le argentino sólo concibe una relación personal. Por eso, para él, robar dineros públicos no es un crimen. Compruebo un hecho, no lo justifico o excuso). Lo cierto es que el argentino es un individuo, no un ciudadano. Aforismos como el de Hegel "El Estado es la realidad de la idea moral" le parecen bromas siniestras" (Nuestro pobre individualismo, 1946).
Navegando en internet puede uno toparse con excepcionales casos, invariablemente extranjeros: http://padresenapuro.blogspot.com/2009/06/homeschooling-o-educacion-en-el-hogar.html o 
http://www.homeschoolargentina.com/.
La consigna por ahora es que estos niños, uno de cuyos hermanos es mi discípulo, amen aprender. Y leyendo los libros excelentes que conseguí acerca de este tema (The everything Homeschool Book de Sherri Linsenbach, AdamsMedia, Avon, Massachusetts, An Everything Series Book, F+W Media, 2003 y The ultimate Book of Homeschooling Ideas, 500 Fun and Creative Learning Activities, for kids ages 3-12 de Linda Dobson, Three Rivers Press, Nueva York, 2002) advierto que siguen candentes los debates que amé leer, debates de Bertrand Russell, George Bernard Shaw, Gilbert Keith Chesterton por solo nombrar escritores que supieron respetar y hacer florecer su interioridad.
Proust y Kafka y Borges nunca se sometieron a la "teoría de la mente", a comprender que todo lo que yo percibo no necesariamente es percibido por los demás. Así crearon a sus lectores y renovaron la literatura, sustrayéndose a la influencia de la generalidad. Al leerlos de algún modo somos Proust, somos Kafka y somos Borges, alternan nuestra percepción como drogas. 
A estos efectos se refería Nietzsche cuando participó entendiendo el debate oblicuamente en la discusión de arte comprometido versus arte por el arte. A efectos neurofisiológicos de una lectura, más que a efectos biopolíticos. Se debatía si el arte tenía que contaminarse de un mensaje ideológico o no. Pero no se debatía, como entendió Nietzsche, si mi novela supongamos a favor de Fidel Castro tenía que ser revitalizante o deprimente. Marx se supone que es el genio de la lucidez para la utopía y el ideal, o sea revitalizador y reanimante. Pero leerlo nos vuelve furiosamente pendencieros. Esta diferencia entre el efecto emocional y el sentido proselitista (por el efecto emocional y proselitista que me produjo "El crepúsculo de los ídolos") entiendo que Nietzsche no la supo ver. Distinto es el caso de Adorno que defendió el valor de Valery inventando el efecto político de leer a un artista excelso y sublime, que se retraduce en un correlato de lectura excelsa y sublime de la realidad socioeconómica. Adorno era elitista en un sentido peor que Nietzsche, no todo lector se siente miembro de la alta cultura adorniana, sí todo lector se adivina a sí mismo como Superhombre. El argumento que aparece en los libros de Adorno contra la defenestración de los libros que lejos de atacar lo acuciante son libros ornamentales (si se quiere, "de adorno") es primo hermano del argumento de los economistas clásicos que procuran priorizar el bienestar de los ricos convenciéndonos de que redundará en bienestar universal.  Es algo que se aplica a la escolarización: por ejemplo, cuando se nivela para abajo, cuando se incurre en asistencialismo para con los carenciados de capitales simbólicos. Si Susan Sontag y Hans Georg Gadamer hubieran tenido hijos entre sí, me hubiera encantado oír sus peleas: -hay que dejarlos que fluyan, los chicos saben lo que es un pájaro hasta que aprenden la palabra "pájaro" como dice Krishnamurti-diría ella y él-la defección del rótulo obedece al prejuicio de que se puede mágicamente prescindir del juicio previo impuesto desde afuera, boluda. Ella estaría a favor del homeschooling y crearía proyectos de fotografía y de ciencias y visitaría museos. Él abogaría de verdad por el método y se mantendría hermenéuticamente cerrado al respecto. Ella se llenaría ardientemente la boca con el erotismo de la educación (hablando del erotismo de la educación) y él diría que si no se coerciona e impone una disciplina se deja a los niños librados a sí mismos, a su anárquica disciplina de la nula tolerancia a la frustración, no hay no disciplina.


Hablando de "hablando del erotismo de la educación", hoy mientras pintábamos unos cuadros con témpera con los pies, en un ataque efusivo de cariño mi pupilo accedió a incrustar su lengua en mi oreja desarrollando una índole de cosquilla que hacía añares ninguna mujer me realizaba. Supe llamarlo a la compostura, pero confío que en el peor de los casos los delitos cometidos en el marco de la escuela en casa gocen coherentemente del beneficio del arresto domiciliario...


Supongo que iré viendo sobre la marcha, hablando de lo cual, si uno piensa en qué otras cosas se pueden hacer mejor en la propia casa, estoy seguro de que todo Gobierno celebrará que se lleve a cabo puertas adentro la homegayproudparade por ejemplo. O los reclamos de los sindicalistas que piden vino, sí les dan, se emborrachan y se van.
De momento, lamento concluír,  la homeschooling parece tan impopular en la Argentina como la homelovemaking...

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