miércoles

Un ghostwriter reclama al Nobel de Literatura el millón de dólares prometido en "premios"





Un ghostwriter que decidió salir del closet del anonimato para declarar su verdadero nombre (que sería Martín Gabriel Brauer) le reclamó al poeta sueco Tomas Tranströmer el adeudado millón de dólares por haber logrado el Nobel de Literatura.
El actual presidente electo de Tomas Tranströmer, Daniel Angelicisen aseguró ayer a La pregunta del Seiscientos Mil que el acuerdo firmado con el plantel de negros y escribas secretos ascendía a seiscientos mil dólares y no un millón, pero el ex presidente del actual Premio Nobel de Literatura aclaró en el programa de Osvaldo Quiroganson que en efecto prometió la antecitada cifra sin testimoniarlo por escrito y agregó "si se cometió algún error, fue mío, el millón de dólares es una figrua poética, no era como para escribir un contrato, you look like a million dolars, me'entiende?".
El equipo de redactores, buriladores, realzadores de estilo y defensores de la métrica había manifestado su malestar hacía algunos días, cuando en el discurso de agradecimiento a la Academia el laureado poeta dijo que la cotización de la corona sueca deja mucho que desear en relación a años como el pasado en el que lo ganó "un cisne negro", en alusión a la pluma oriunda del altiplano, Mario Vargas Llosa.
Asimismo comentó en esa misma oportunidad que su vocación era por estar enamorado de la vida, agradecido líricamente a la música, cautivado espiritualmente por el arte pero que con el monto actual en dólares del galardón más prestigioso no le iba a alcanzar ni para pagar una semana a su mucama paraguaya hincha de O-limpia que se enfermó de rubéola o mejor dicho moróchola por más que adore la camiseta de la intertextualidad y por más que "ame al amor" (alusión sutil a Amor Ameal, ex presidente de Tomas Tranströmer)

 No se puede seguir explotando al verso rimado sin blanquearlo, no se puede pulir el endecasílabo en condiciones infraliterarias, sin una profunda motivación. Roland Barthes en el discurso inaugural del College de France definió al fascismo menos por lo que prohibe como por lo que obliga a hacer; André Gide le dijo en una ocasión a Paul Valéry: "moriría si me prohibieran escribir" y éste contestó "y yo si me obligaran a hacerlo", expresaron en su comunicado los operarios, trabajadores no sindicados, personal no decente y el gremio de camioneros "que ayudan a que la obra nos transporte" del grupo escritorial Más Allá de Trömer (los tranströmers)

La trastornada comisión directiva del insigne vate quien, recordémoslo, tuviera que ser sometido a un gerenciamiento después de la publicación de "Cirujía mayor sin sinestesia (pétalos a las nervaduras del sino apodíptico) ", salió al cruce de estas declaraciones explicando que cuando le dieron el Nobel a Vargas Llosa fue por la cartografía del poder que realizó el exponente del boom latinoamericano, pero que Tranströmer de cualquier manera recibiría el Nobel lisa y llana, prosaicamente por la mera "cartografía", vale decir, por pertenecer a la nacionalidad sueca.

"Esos argumentos geográficos no alcanzan la mayoría de edad", expresó hecho alegóricamente un basilisco el abogado defensor de los querellantes y militante de "la Nobel": "y no está permitido ni violar con avenimiento la palabra empeñada en una Casa de Desempeños Viles ni emplear argumentos menores de edad por más que estén llenos de su conemoción y (SIC) consentimiento".

El fenómeno de escritores que integran un secreto equipo no es nuevo, pero sí poco expuesto hasta ahora. La clave anida en la crisis del libro ante el advenimiento de los artefactos de lectura virtual y los pocos puestos de trabajo que quedan como novelista revelación. El campo de la poesía se vio dramáticamente, patéticamente afectado, con un afecto sincero, durante la crisis del euro, llegando al despido de miles de desgarrados exponentes del umbral  de dolor y placer en la posmodernidad multicultural. Tras la publicación en "Pagina/12" de un libelo a cargo de Alan Pauls contra el MercadoLibre, el Fonema Morfológico Iterativo revocó la licencia poética a "toda aquella persona a la que no le pasó nada más grave que eso en el curso de una semana".

Así como las grandes divas de Hollywood, mutatis mutandi usan dobles de cuerpo, ponen en su boca entre otras cosas las palabras que les dictan sus asesores de imagen y confirman la noción marxista de que es la comunidad la que da existencia al ser, algunos grandes escritores una vez alcanzado el capital literario contratan a lo que se conoce como "negros" a los que hacen blanco del olvido y la ignorancia negándoles el crédito que su talento requiere para comprar un terrenito en San Antonio de Areco.

Francis Bacon, según las malas lenguas, fue el culpable de "Agarramela con la mano", aquella misteriosamente incongruente tragedia de Shakespeare acerca de la cual no se pusieron de acuerdo nunca Hazzlit, el Dr. Johnson, Harold Bloom y George Steiner, si bien Orson Wells la consideró "la más lograda y universal"

Muchas veces se torna evidente el apremio con el que la mercadotecnia carga las tintas sobre los generadores de bibliografía. Es fácil detectar la impronta de "la fábrica" de Andy Warhol en reiteraciones grasas que saturan y que llevan el inconfundible sello de fábrica a rolete (por ejemplo se estima que "Stop all the clocks" es todavía de W. H. Auden, pero ya "Detengan todos los aires acondicionados" y "Recarguen todas las baterías de las netbooks" serían refritos remanidos que solo hallarían causación en  afanes lucrativos ad ovo)

Fue precisamente Camilo Trestiros, un investigador de corte marxista y ghostwriter de las columnas en "La Nación" de Mariano Grondona, quien, seguro de que cada ficción disparatada tiene una determinación material, rastreó la producción de Dailan Kifki hallando lo que en la jerga se conoció como el elefante blanco robado, procedente del film "La fiesta inolvidable". Sus rastreos pusieron sobre el tapete ciertas incoherencias y contradicciones que llevaron a desenmascarar la farsa, la comedia, la tragedia, la épica y en algunos casos, el cantar de gesta, la epopeya y el auto de fe de reconocidos intelectuales. Algunos homoteleutones examinados bajo microscopio revelaron autorías divergentes. Ya desde que Borges y Bioy Casares por falta de empleo autoral se vieran obligados a asociarse, creando la firma Bustos&Domeq, las suspicacias recayeron sobre todo cuentapropista. José Pablo Feinman, dada la velocidad de su abultada producción llamó la atención de los sabuesos metonímicos, pero, sinécdoques aparte, al allanar sus vocablos se comprendió cómo hacía para despacharlos tan pronto y fuera del decomisamiento de algunos significantes de dudoso origen, su vasta (o basta) labor de divulgación reduccionista fue liberada. Zygmunt Bauman en "Literatura líquida" procuró alertar acerca de las nuevas factorías y talleres de confección de ensayos críticos acerca de la cultura, pero se vio envuelto en el escándalo de que empleó para esta denuncia a escribas que  sufrieran enfermedades de transmisión literaria.
"Canción para mi muerte" de Sui Generis debió concluir con "un montón de voces que me gritan y un montón de manos QUE SE AGITAN" según Trestiros, pero el verso libre "que me aplauden" desnuda la presencia de un cuerpo extraño, y no se refiere al actual cuerpo del artista antes conocido como Charly García.
Por culpa de la  renuncia a los subsidios kid en literatura infantil la historia del cerdito y medio que edificó lo que pudo pierde algo de eficacia moralizadora. "Quinientos treinta y cinco poemas y una canción desesperada" de Pablo Neruda ya cotizaba al cierre de la bolsa de valores líricos en quinientos treinta y seis poemas y una canción al borde del suicidio, mientras que "Las treinta mil y una noches" mantenía su cotización gracias a una fuerte intervención de la Real Academia Española. La fusión de capacidades escriturarias también halló un espejo en la aleación de obras. Así, al cierre del mercado de pases, el título "Alí Babá y los cuarenta personajes en busca de un autor" se vendía como carbohidrato caliente. No así la malograda amalgama de relatos bíblicos y pornografía soft "Jesus and the second coming" (traducida como "El Nazareno Unigénito se echa un segundo polvo") y su competidora evangélica que probó combinarse con el libro de recetas macrobióticas "Nuestro Señor se hizo harina refinada para nosotros"...

TODO LO QUE NECESITABA SABER DE HOMESCHOOLING LO APRENDÍ EN EL KINDERGARTEN




© Robert Fulghum, 1990.
Found in Robert Fulghum, All I Really Need To Know I Learned In Kindergarten, Villard Books: New York, 1990, page 6-7: es el autor además del libro "Las cosas que hacemos sin saber por qué" del cual Charly García extrajo la historia que da título a "Estaba en llamas cuando me acosté"

All I Really Need To Know
I Learned In Kindergarten

by Robert Fulghum

- an excerpt from the book, All I Really Need To Know I Learned in Kindergarten




All I really need to know I learned in kindergarten.
ALL I REALLY NEED TO KNOW about how to live and what to do
and how to be I learned in kindergarten. Wisdom was not
at the top of the graduate-school mountain, but there in the
sandpile at Sunday School. These are the things I learned:


Share everything.

Play fair.

Don't hit people.

Put things back where you found them.

Clean up your own mess.

Don't take things that aren't yours.

Say you're sorry when you hurt somebody.

Wash your hands before you eat.

Flush.

Warm cookies and cold milk are good for you.

Live a balanced life - learn some and think some
and draw and paint and sing and dance and play
and work every day some.

Take a nap every afternoon.

When you go out into the world, watch out for traffic,
hold hands, and stick together.

Be aware of wonder.
Remember the little seed in the styrofoam cup:
The roots go down and the plant goes up and nobody
really knows how or why, but we are all like that.

Goldfish and hamsters and white mice and even
the little seed in the Styrofoam cup - they all die.
So do we.

And then remember the Dick-and-Jane books
and the first word you learned - the biggest
word of all - LOOK.



Everything you need to know is in there somewhere.
The Golden Rule and love and basic sanitation.
Ecology and politics and equality and sane living.

Take any of those items and extrapolate it into
sophisticated adult terms and apply it to your
family life or your work or your government or
your world and it holds true and clear and firm.
Think what a better world it would be if
all - the whole world - had cookies and milk about
three o'clock every afternoon and then lay down with
our blankies for a nap. Or if all governments
had a basic policy to always put thing back where
they found them and to clean up their own mess.

And it is still true, no matter how old you
are - when you go out into the world, it is best
to hold hands and stick together.
Tengo un amigo, Gustavo Vosen, que primereó entre mi camada con esto de reproducir la especie y de tener la crueldad de traer hijos al mundo y que me instaba cada vez que me veía a escribir para niños, a organizar espectáculos para niños, a inventar jugetes, etcétera.
No era por amor a la infancia, sino como una venganza contra el capitalismo: sentía que su hija pagaba por el pito más de lo que el pito vale (expresión que se usa con ingenua picardía ¿no? creo que es española y parece tener dos sentidos, pero tiene uno, en cada dialecto, es como coger y joder, en España una cosa es agarrar  otra muy distinta y que no debe ser tomada o agarrada para la joda...)
((una mujer bien agarrada es lo que se dice una mujer avara, en cambio bien cogida todo lo contrario))
Nunca pensé que lo que fuere que se pagara por los hijos pudiera ser demasiado.
Hasta que visité ayer el jardín de infantes más piripipí del barrio.
La directora nos explicó su proyecto pedagógico que resultó programáticamente combativo al consumismo deshumanizado que nos obliga a comprar Barbies y demás mierdas que nos obturan la imaginación. Un discurso fantástico que hubiera sido del todo impecable si después no nos dejaba cinco minutos solos con un papelito en el que decía cuánto cobraban (ya su cobardía para decírnoslo en la cara es sintomática, como su empleo del verbo "ultimar" al decirnos que el tema honorarios era para ultimar algunos detalles ).
Mientras mis consejeros aúlicos se debaten entre la guerra bacteriológica que presupone exponer al dulce ser al estímulo de la socialización y la limitación autista de una gobernanta, un aya o lo que haya, me consagro a dos nuevas labores insólitas poniendo las barbas en remojo, por si hay que garpar aquel fangote. Yo leí a Rudolf Arnheim y estoy de acuerdo en que un palo de escoba estimula más la imaginación que un caballo de polo, lo que no entiendo es por qué ese cambiazo es tan oneroso, por qué es más caro educarlos con el palo de escoba que tomando clases particulares con Adolfito Cambiasso.


(otra cosa que no entiendo es por qué algunos criterios didácticos que fueron concebidos para una elite de iluminados niños prodigio superdotados se termina empleando en Argentina para chicos con retraso-y cuando digo fronterizos no quise insinuar nada contra los hermanos chilenos- ¿es porque equidistan del promedio? suena a algo tan poco sutil como el apotegma de Dalí, la diferencia entre un loco y yo es que yo no estoy loco)


La primera ocupación es redactar humorísticamente las memorias de un octogenario sujeto al que la confidencialidad me obliga a llamar así, asujetando mi lengua. En realidad debería decir en este caso asujetando mi mano, pero mi mano ya no me hace caso, llega la noche y cuando me propongo con un estado de elevación concederle la palma a Onán, me explica que llega muy cansada de escribir tanto y que mejor lo dejamos para mañana. La otra mano, por supuesto se hace eco, alega que el teclado es muy duro, que tradujo mucho y además de un idioma a otro, etcétera. Yo trato de explicarles que no se puede confiar en el traductor de google que para referirse a la "Descendencia" del hombre, un libro de Darwin, habla del "Descenso" del hombre, un drama de River. Hay que entender el contexto lexical, en EEUU puedne despedirme como profesor diciéndome "you became redundant", que significa que me volví innecesario, pero en Argentina pueden despedirme como profesor si no me vuelvo redundante, si no vuelvo a repetir como el tango y su "fantasma del viejo pasado", si no grafico sobreabundando con hipertrofiada hipérbole gerada, gerada, gerada, gerada, gerada, gerada (hexa-gerada).
Un amigo mío tradujo "El alma del hombre bajo el socialismo" de Oscar Wilde y donde debió decir "empatía por el dolor siempre la habrá" puso masoquista y morbosamente "simpatía por el dolor siempre habrá". 
Otro tradujo literalmente "mover el agua de las aceitunas" del alemán, expresión que significa orinar y que equivale a echarse un cloro, imaginen traducir literalmente eso o que nos pica el bagre.
Es célebre la mala traducción de "Taube" que en alemán significa tanto "sordo" como "paloma": Hegel no quiso decir nunca que quien desoye la lección de la historia es una paloma, no contraponía a halcones como nuestro Diego Santilli. 
Otro gran amigo descubrió que el sombrero melón dicho en francés era nuestro sombrero hongo. 
Que seamos humanos gracias a la mala traducción del ácido desoxirribonucleico no implica que traduzcamos de cualquier manera diciendo después de todo solo soy humano.
Recientemente la Universidad de Alberta descubrió que el 62 % de las personas expuestas a la canción "Roll over Beethoven" de Chuck Berry, la que dice "tell Tchaicovsky the new", decodifican "I've got a rockin' pneumonia"como  "I've got a rocking demonio", el genio maligno cartesiano. Pero les decía: es un trabajo de ghostwriting que requiere todas mis dotes de psicólogo en pantuflas, literato en ojotas y muy especialmente humorista en polainas, ya que se busca eludir toda pomposa solemnidad y mantener al lector cautivado con el amancer de una sonrisa (que en inglés de diría the sunrise of a smile y pensaríamos que sunrise es "sonrisa", así como Borges leyendo Walkiria, la que elige a los muertos, creyó que Wal, por su similitud con la voz alemana die Wahl, la elección, era elige, pero se equivocó).


Es una tarea harto inusual: primero se graban entrevistas larguísimas en las que in extenso me comenta anécdotas y detalles que serán omitidos en consideración a la contrapuesta versión de seres queridos. Después se omiten otras cosas esenciales de sus memorias porque en realidad se olvidó.
Si busco clishés útiles, la intensa emoción por el nacimiento de su primer hijo (tema que por algún motivo ya no me parece tan cursi) me dice que los tuvo demasiado joven o que son las mujeres las que quieren los hijos. Así que probablemente terminaré escribiendo mi autobiografía de cómo sería yo a los ochenta con algunas leves pinceladas, como las fechas o nombres de calles para hacerlo encajar. Por el momento me asombra cómo se equivocan todas las generalizaciones respecto de cómo se es a los ochenta, confirmando el dicho alemán "erstens kommt es anders, zweitens als du denkst" que es también ¡ay, manito! difícil de traducir, algo así como "primero viene distinto, segundo a cómo lo esperás"-algo que si bien es pésima gramática, poéticamente aúna en la arquitectura de su formulación el mensaje de que lo inesperado es todo lo que podemos esperar (todo lo que aprendí de fistfucking lo aprendí en la escuela de monjes).

El segundo trabajo medio insólito y que redondea mi estado insomne de duermevela a lo "El club de la pelea" (o dada la trama etaria, "El club de la pelela") solo lo es para países no anglosajones: para los europeos que creen en el Estado. Es bastante común en Nueva Zelanda y en Estados Unidos y en Gran Bretaña (y en la Base Marambio por razones obvias). Se trata de "la escuela en casa". Tengo a mi cargo un niño de tres años y medio que juega conmigo a venderme desde un caballo hasta un kilo de bananas y todo cuesta curiosamente tres pesos y medio-probablemente su número favorito en este año. Hace muy poco empecé y es demasiado temprano para decir que es el mejor trabajo del mundo. 
No por el dinero, porque a mí me pagan poco, solo lo que mi autoestima estoica condesciende a admitir,si no sería como robarle a un niño, o mejor dicho, a sus progenitores: el homeschooling fue siempre la preferencia de la aristocracia intelectual primero que nada porque podía pagar a sus tutores a domicilio. Eton, la institución que educó a muchos de mis admirados en Londres se llama a sí misma "escuela pública" con lo cara que es, porque pese a su nivel no es educación particularizada como sería el ideal majestático. Recientemente un artículo de un diario neyorkino comenta que el ereader va a permitir que se vuelquen a este sistema más padres que no podían pagar los libros que requiere la educación en casa (porque son más, porque se aprende más rápido y con motivación interior).
Queda el problema de la socialización no solo durante los años lectivos, sino el hecho de que pesa la condena social que pesa sobre todo diferente. Los divorcios de hoy no son porque los matrimonios sean menos felices, sino porque ya no se condena socialmente al que reconoce que no es feliz obligado a amar a una misma persona (que ha dejado de ser la misma, claro). 

¿Hay más homosexuales en el mundo?
Obviamente, no. Si hasta menos prostitutas hay. Lo que pasa es que no se tienen que esconder. Y cuando a un gay le das la posibilidad de no tener que sufrir persecuciones y agresiones gratuitas, estás sacando del closet a un exhibicionista que te puede hacer creer que son veinte tímidos moviéndose con naturalidad en lugar de un bochinchero carnavalesco. 
Ahora vemos a mujeres eructar y a funcionarios públicos decir malas palabras solo porque ya no rige una convención que condene dichas exteriorizaciones, no porque haya más empachos o motivos para no tener empacho en recontraputear.
Y me pregunto si ser educado en la casa, aún si fuera la mejor pedagogía (en muchos aspectos parecería serlo) no entraña el peligro de haber hecho algo "raro". El ensayo 50 de Montaigne ya busca una renacentista tolerancia relativizadora hacia toda otra costumbre, pero obviamente leer a Montaigne es "raro".
En realidad todos necesitamos condenar hasta afirmarnos a quienes están ligeramente afuera de nuestras filiaciones más apuntaladoras, soy el primero en defender la idea de que un vínculo sano y recíproco consiste en que cada una de las dos partes se crea superior a la otra. 
Solo me pregunto si seré un buen maestro, algo que cada vez que hablo con mi psicóloga, me dice que es la pregunta llena de responsabilidad, cuidado y amor que se hacen los buenos maestros. En fin, ya se irá acomodando la cosa, descentrando piagetianamente y todo eso. Por las dudas llevo siempre monedas para reponerle, en caso de que se trague algunas...


Me pregunto también por qué en Argentina, salvo algunas sectas, este sistema no prende. No puede deberse a que confiamos en el Estado, como muy bien lo explica Borges: "El argentino, a diferencia de los americanos del Norte y de casi todos los europeos, no se identifica con el Estado. Ello puede atribuirse a la circunstancia de que, en este país, los gobiernos suelen ser pésimos o al hecho general de que el Estado es una inconcebible abstracción (el Estado es impersonal: le argentino sólo concibe una relación personal. Por eso, para él, robar dineros públicos no es un crimen. Compruebo un hecho, no lo justifico o excuso). Lo cierto es que el argentino es un individuo, no un ciudadano. Aforismos como el de Hegel "El Estado es la realidad de la idea moral" le parecen bromas siniestras" (Nuestro pobre individualismo, 1946).
Navegando en internet puede uno toparse con excepcionales casos, invariablemente extranjeros: http://padresenapuro.blogspot.com/2009/06/homeschooling-o-educacion-en-el-hogar.html o 
http://www.homeschoolargentina.com/.
La consigna por ahora es que estos niños, uno de cuyos hermanos es mi discípulo, amen aprender. Y leyendo los libros excelentes que conseguí acerca de este tema (The everything Homeschool Book de Sherri Linsenbach, AdamsMedia, Avon, Massachusetts, An Everything Series Book, F+W Media, 2003 y The ultimate Book of Homeschooling Ideas, 500 Fun and Creative Learning Activities, for kids ages 3-12 de Linda Dobson, Three Rivers Press, Nueva York, 2002) advierto que siguen candentes los debates que amé leer, debates de Bertrand Russell, George Bernard Shaw, Gilbert Keith Chesterton por solo nombrar escritores que supieron respetar y hacer florecer su interioridad.
Proust y Kafka y Borges nunca se sometieron a la "teoría de la mente", a comprender que todo lo que yo percibo no necesariamente es percibido por los demás. Así crearon a sus lectores y renovaron la literatura, sustrayéndose a la influencia de la generalidad. Al leerlos de algún modo somos Proust, somos Kafka y somos Borges, alternan nuestra percepción como drogas. 
A estos efectos se refería Nietzsche cuando participó entendiendo el debate oblicuamente en la discusión de arte comprometido versus arte por el arte. A efectos neurofisiológicos de una lectura, más que a efectos biopolíticos. Se debatía si el arte tenía que contaminarse de un mensaje ideológico o no. Pero no se debatía, como entendió Nietzsche, si mi novela supongamos a favor de Fidel Castro tenía que ser revitalizante o deprimente. Marx se supone que es el genio de la lucidez para la utopía y el ideal, o sea revitalizador y reanimante. Pero leerlo nos vuelve furiosamente pendencieros. Esta diferencia entre el efecto emocional y el sentido proselitista (por el efecto emocional y proselitista que me produjo "El crepúsculo de los ídolos") entiendo que Nietzsche no la supo ver. Distinto es el caso de Adorno que defendió el valor de Valery inventando el efecto político de leer a un artista excelso y sublime, que se retraduce en un correlato de lectura excelsa y sublime de la realidad socioeconómica. Adorno era elitista en un sentido peor que Nietzsche, no todo lector se siente miembro de la alta cultura adorniana, sí todo lector se adivina a sí mismo como Superhombre. El argumento que aparece en los libros de Adorno contra la defenestración de los libros que lejos de atacar lo acuciante son libros ornamentales (si se quiere, "de adorno") es primo hermano del argumento de los economistas clásicos que procuran priorizar el bienestar de los ricos convenciéndonos de que redundará en bienestar universal.  Es algo que se aplica a la escolarización: por ejemplo, cuando se nivela para abajo, cuando se incurre en asistencialismo para con los carenciados de capitales simbólicos. Si Susan Sontag y Hans Georg Gadamer hubieran tenido hijos entre sí, me hubiera encantado oír sus peleas: -hay que dejarlos que fluyan, los chicos saben lo que es un pájaro hasta que aprenden la palabra "pájaro" como dice Krishnamurti-diría ella y él-la defección del rótulo obedece al prejuicio de que se puede mágicamente prescindir del juicio previo impuesto desde afuera, boluda. Ella estaría a favor del homeschooling y crearía proyectos de fotografía y de ciencias y visitaría museos. Él abogaría de verdad por el método y se mantendría hermenéuticamente cerrado al respecto. Ella se llenaría ardientemente la boca con el erotismo de la educación (hablando del erotismo de la educación) y él diría que si no se coerciona e impone una disciplina se deja a los niños librados a sí mismos, a su anárquica disciplina de la nula tolerancia a la frustración, no hay no disciplina.


Hablando de "hablando del erotismo de la educación", hoy mientras pintábamos unos cuadros con témpera con los pies, en un ataque efusivo de cariño mi pupilo accedió a incrustar su lengua en mi oreja desarrollando una índole de cosquilla que hacía añares ninguna mujer me realizaba. Supe llamarlo a la compostura, pero confío que en el peor de los casos los delitos cometidos en el marco de la escuela en casa gocen coherentemente del beneficio del arresto domiciliario...


Supongo que iré viendo sobre la marcha, hablando de lo cual, si uno piensa en qué otras cosas se pueden hacer mejor en la propia casa, estoy seguro de que todo Gobierno celebrará que se lleve a cabo puertas adentro la homegayproudparade por ejemplo. O los reclamos de los sindicalistas que piden vino, sí les dan, se emborrachan y se van.
De momento, lamento concluír,  la homeschooling parece tan impopular en la Argentina como la homelovemaking...

jueves

Mi dermatólogo es la piel de Judas, pero lo amo igual por una cuestión de piel

LA PIEL QUE HABITO (comentario solo para quienes ya la vieron)

En “El secreto de sus ojos” asistimos al final a una venganza-o justicia por mano propia-en la que el perpetrador está encadenado y se le da de comer lo mínimo indispensable para que siga vivo y sufra su castigo al día siguiente (una concepción contraria a la pena de muerte por insuficientemente cruel). Lo mismo parece presentarse en una escena “bisagra” de “La piel que habito”, una escena que la crítica consideró alusiva a “Prometeo encadenado” (algo que remitiría a la intertextualidad con Frankenstein, a quien su autora subtituló “el moderno Prometeo”). Y sin embargo lo que se despliega a partir de allí marca la distancia entre el cine nacional y el cine de autor europeo: al reo se lo somete a una vaginoplastia. No es que la idea en sí sea sobrenatural: en el guión no hay un alarde de ingenio, sino una aplicación muy inteligente de las nuevas tecnologías quirúrgicas. Fue maravilloso ver el efecto dominó en el público, ver cómo visiblemente pero a diferente ritmo se iban percatando de la gran sorpresa.
Si a alguna película de Hitchcock hubiera que remitirse, sería seguramente a “Vértigo”, por la maniática reconstrucción de una figura añorada, pero eso sería solamente en el plano del contenido: en el plano formal el antecedente hitchcockiano es “Psicosis”: es la única gran película de Hitchcock que depende de una inconcebible sorpresa.
 El manejo de los flashbacks lleva a que partamos de ver a este cirujano plástico teniendo encerrada en su casa a una mujer-experimento, y que incluso con todos los elementos a nuestra disposición tardemos en caer en la cuenta de que es el varón que violó a su hija que se suicidó.
La sobriedad con la que Almodóvar puso la cámara en cada encuadre, el hommage a Luiose Borgouise no solo en el aspecto estético, de los muñecos que vemos, sino fundamentalmente en su desapego emocional y en su desprecio por la familia y el discurso edulcorado del amor a la vida no nos conducen lo suficientemente a distanciarnos de nuestras viejos esencialismos naturalizadores para los cuales un varón es un varón y una nena es una nena (es divertido el término “hemisexuales” con el que recientemente nos criticara a los argentinos un brasilero abiertamente bisexual, valga la redundancia).
“Pigmalion” es otra referencia a la que aludió la crítica: así como Oliver Stone se encariñó con Nixon cuando hizo su película, así como al momento de documentarse para “La vida de Brian” los Monthy Python descubrieron que Jesucristo era admirable, Antonio Banderas siente genuino amor hacia su producto, para decirlo en marxista, se reconcilia con el fruto de su trabajo.
Esto no es llamativo si se piensa en que no se trató de una venganza, sino del usufructo de un cuerpo. Sería un modo más frío todavía de pensarlo que aquel de “la venganza es un plato que se saborea mejor frío”, aquella rebuscada analogía que no tiene parangón (sería ridículo decir “el orgasmo simultáneo es un desayuno americano con huevo frito y panceta” o “el sentimiento triste que se baila es un helado de limón con champagne que se degusta entre la raviolada y la suprema de pollo con papas noisette”). Antonio Banderas sufrió la pérdida de su esposa a manos de las llamas, decidió abocarse a desarrollar piel incombustible como la de Maradona, Britney Spears o Cristina y suicidada su hija después de una traumática violación (un suicidio aprendido, como la mayoría, porque había visto saltar de la ventana a su madre) necesitaba un conejillo de indias.
Lo fascinante de esta película que muchos críticos para mi sorpresa calificaron de exenta de humor es la reflexión a la que nos obliga respecto de la cuestión de género. No en un plano lingüístico (desde el “Madame Bovary soy yo” de Gustave Flaubert hasta el “Yo era una chica moderna” de César Aira aquella astronómica diferencia entre mujeres de Venus y hombres de Marte no parece tan planetaria). Una reflexión que el censo ya nos sugería (me preguntó una colegiala que me censó si yo me considero varón o mujer). ¿Y sí de mujer convertían al muchacho en varón?¿qué define hoy por hoy a una mujer o a un varón más que lo que a la luz de las travestis podríamos lacanianamente definir como “la función varón” y “la función mujer”? (levistraussianamente concebibles como estructuras vacías que cada cultura resolverá a su modo: en Argentina se es poco femenina si no se gasta un dineral en productos cosmetológicos y se es poco hombre si no se hace asado, por ejemplo)
Está por supuesto lo que la crítica específicamente de cine no perdona: que las habituales peripecias de culebrón no sean contadas en lenguaje cinematográfico, sino referidas verbalmente, etc.
Woody Allen tampoco es un cineasta, pero amamos sus películas como modo de expresar sus libros o sus monólogos de stand-up o sus sesiones psicoanalíticas.
Ya Shakespeare en su momento sufrió por parte de la crítica ataques a su falta de respeto por la dramaturgia, ya de las obras de teatro de Voltaire se dijo que ni siquiera había suficiente afrecho para los caballos del establo del fondo.
Pedro Almodóvar reincide en una canción espectacular (como la de Caetano en “Hablé con ella”), en una mujer ultrasensual (Victoria Abril en “Átame” meando descuidadamente es más sexy que todas las barbies hollywoodescas con dobles de cuerpo en desnudos cuidados), en Marisa Paredes, en crímenes, en parentescos ignorados, en transgredir, en innovar, pero “La piel que habito” no sería nada representativa de su obra si fuera lo único que de ella quedara (algo que por otra parte se podría decir de “La metamorfosis” de Kafka)
Creo que la última vez que me vi obligado a dejar de lado mis matices y sutilezas, mi inconformismo profesional, las reservas y escrúpulos que a toda película debemos si queremos juzgarla sin fanatismos fue con “La vida es bella” en virtud de la polémica que desató.
Y yo ya he estado defendiendo “La piel que habito” y calificándola de obra maestra, nuevamente por las exageraciones a las que nos empujan los debates. Si “La vida es bella”  pecaba (además de de ser una apología de la mentira protectora) de sentimental y en cierto sentido inmoralmente redentora (así como la obscenidad que Jacques Rivette le imputó a “La lista de Schindler” cuando corrige estetizando el plano del alambrado eléctrico), este film ha sido acusado de emocionalmente indolente, de no permitir que el espectador se identifique con la historia.
Es curioso que se diga eso, porque yo creo que precisamente lo que intentó Almodóvar es meternos en la piel del protagonista: en narrarnos todo en tercera persona pero con su tesitura afectiva. Que un médico con complejo de Dios, herido por la muerte de su amada, vapuleado por el suicidio de su hija que tenía problemas mentales y fue violada no pertenezca a la mayoría feliz que no puede contemplar un bebé de seis meses sin sonreír como un idiota no me parece incongruente. Tampoco la crítica puede alegar que no haya justicia poética ni final feliz, que el asesino no sea asesinado ni el violador violada.
O que la víctima no encuentre en el yoga aquel ámbito inviolable de autorrevelación y autosuperación personal.
En esta película yo encuentro muchas cosas que trascienden su argumento: entre ellas una profunda reflexión relacionada con la imposibilidad de odiar a largo plazo (en “San Manuel Bueno Mártir” Unamuno postula que Sarmiento amaba dentro de su odio a Rosas). “Acá hay mucho que hacer con el odio, pero más con el amor” se lee en “Romeo y Julieta”, la tragedia de Verona que sigue increíblemente pasando por una suerte de monumento a la consagración amatoria y no al suicidio doble al pedo. Si dijéramos “este Richard Burton está buscando su Elizabeth Taylor” seríamos millones de veces más amorosos que cuando decimos “este Romeo busca su Julieta”. Digamos que todo el trabajoso barniz con el que recubrimos a nuestro objeto de odio se asemeja a la baba del caracol, la que lanza antes de posarse sobre todo terreno. Por eso en el cuento de Henry James el protagonista no consuma la venganza para no tener más contacto con su verdugo.
¿No se hacen una panzada los psicoanalistas con esta película? Muestra cómo nos enamoramos de nuestras creaciones.  
Muestra también lo que declara “The Ballad of Reading Gaol”:
Yet each man kills the thing he loves,
By each let this be heard,
Some do it with a bitter look,
Some with a flattering word,
The coward does it with a kiss,
The brave man with a sword!
Antonio Banderas de tanto que puso de sí en el objeto de su vengaza se enamoró. Pero esta película también nos habla de cierta imposibilidad del amor. Porque el amor cuanto más apasionado, más aprisionador. Es un símbolo la cámara, la jaula de vidrio, la celda de lujo que vemos en el celuloide. Posesividad asfixiante hay en la pareja más holgadamente propietaria de un espacioso barrio privado. Sentirse ahogado por la idealización de quien nos ama y llegar a odiarlo es algo muy próximo. Claro que al odiarlo terminaremos de algún modo, amándolo, es un gasto emocional tan caro nuestro odio, que lo justificamos inventando grandeza en nuestros despreciados. Es como pagar 37 pesos por ver esta película y dos horas de nuestra vida: ¿no siente todo espectador, salvo los críticos snobs a los que les pagan para hacer lo contrario, la tentación de justificar ese gasto?


 el filme nos interpela como espectadores: ¿no encerramos también el significado oculto de encerrar a unos personajes para contemplarlos a piacere y operar sobre ellos nuestras fantasías?




martes

Riquelme, una lesión de vida


A poco de cumplir siete meses de padre primerizo (soy el hombre más feliz de mi vida)anoto algunas impresiones en un año la mar de singular intramuros y allende la mar...
Fue un año en el que desenterraron a Allende para confirmar su suicidio: qué generalizada la costumbre de considerar la manera de morir de una persona como parte de su conducta y hasta de su personalidad: así es cómo el escándalo nos corteja con las nuevas biografías que nos informan que Cortázar murió de sida, antes de que se supiera lo que era y que a la manera de un Jorge Cafrune, solo que asesinado por el bando opuesto, el joven y apuesto Albert Camus fue muerto por encargo de la U.R.S.S y no en un accidente producto de la fatalidad.
Un año de muchos retos, pero en el que si hemos de seguir a Freud, solo influyen aquellos que realimentan los retos que recibimos en la infancia. La idea de que todo síntoma está sobredeterminado, que tiene dos causas es fascinante. Así lo advertimos cuando estamos con el pequeño bebé en la calle de su casa pero ese solo elemento no es alimento para la esperanza: no está a la altura deseada. Otras veces estamos en la altura correcta pero en una calle perpendicular. Tenemos una sola cosa de qué agarrarnos mientras llora o nos mira echando de menos sus juguetes y somos juguete de su caprichoso malestar (un malestar que despabiló el mayor bienestar que conozco hasta ahora, frente al cual es acto sexual es un juego de niños, bueno, siempre lo es, nada es menos "adulto" que lo que se muestra en películas para adultos: hacerlo reír, hacerlo estallar en carcajadas poderosas comparadas con las cuales las palabras de Brecht referidas a los luchan todos los días parecen una abstracción hueca). Como aquella señora que me contó lo mal que se sintió en su desembarco en Alemania, lo sola y hostil que vivía hasta que encontró un refugio afectivo nada menos que en una estación de servicio Esso, que le recordó su Haedo natal, como un rasgo pintoresco de su terruño, entrañable y cálido, familiar como solo un oligopolio puede serlo.
Solo la Esso no garantiza el combustible emocional mínimo en la hostil tierra de cuya lengua vivo, ni el respeto total sirve cuando uno anhela complacer con placer: si el futuro Premio Nobel de lo que él elija, no lo vamos a andar condicionando, desea agarrar la cuchara y llevarse la banana a la boca, cabe celebrar su intención, pero hay que ponerle del derecho la cuchara y así con todo, el respeto tiene que ser siempre a los fines del aprendiz, no a sus métodos, incluso en este año. Un año en el que River está en la B y pierde con Boca Unidos (está en la B porque un jugador de nombre Román la agarró con la mano, como lo quiere la popular alocución verbal: ¿cabe creer en el nominalismo postplatónico pues?). Un año en el que la Presidenta logra que muchos ciudadanos crean que somos un país que avanza pujante frente al desacelere y colpaso de las potencias centrales como el  anciano de una tribu subsahariana proclamando orgulloso a sus súbditos que otras culturas debieron dejar de lado la sana costumbre de comer el corazón del guerrero pero nosotros seguimos adelante, puro corazón...
Es realmente digno de análisis el espíritu que anima a este Gobierno, ahora lanzando una suerte de cruzada militante para generar una mística de renuncia histórica a dejar de pagar cien o doscientos pesos más por mes. Es tan indeciblemente cómico para mí lo que hacen que me cuesta muchísimo traducirlo a chistes para todos risibles, será porque no soy un artista. Me resulta gracioso que el Gobierno tenga el entusiasmo contagioso para generar esa amalgama nucleadora de voluntades luchando por sus derechos y nuevas conquistas sociales y que esa coloratura de voz, ese ethos discursivo sea empleado casi con fanatismo religioso para cualquier bana(na)lidad profana, como la compra de merluza o el boicot a Shell o invitar a Bush para que nuestro grito de guerra sea "fuera Bush de la Argentina"...pero no consigo comunicar las insondables reverberaciones de ridiculez que esto tiene para mí, ora porque la tradición marxiana ve con buenos ojos el maquiavelismo para con las meras leyes de la mera actualidad histórica burguesa del capitalismo salvaje, o porque no domino mis instrumentos verbales lo suficiente.
Que el artista tenga que ser inteligible es una maravillosa definición de Chesterton, por más que sea como la Esso o ver solo la altura o solo el nombre de la calle, un entuerto propio de un tuerto, no poder celebrar a los autores oscuros como Holderlin o Washington Cucurto...el ser humano es el único capaz de comprender el universo simbólico: el único capaz de jugar con un caballito de madera o una escoba como si fuera Leguizamo y también el único capaz de ver en una película tan abominable como "London River" la alusión simbólica a alguna de Bergman, aunque esto último ya sea volver a cierta indiscriminada animalidad.Mi bebé es un artista misterioso: nació con una serie de mensajes completamente revolucionarios, que poco a poco descifro. Uno de ellos, es que la ontogenia no replica en absoluto la filogenia y que salvo Mónica Lewinsky ninguna criatura sobrevive en hábitat alguno llevándose a la boca todo cuanto quiere conocer. Pero detengámonos en la muy admirable definición del artista como aquel capaz de hacer inteligible lo común a todos: "El artista es una persona que comunica algo. Puede comnicarlo más o menos fácil y rápidamente; puede comunicarlo a un número mayor o menor de personas, pero es una cuestión de comunicación y no sólo de lo que algunas personas llaman expresión"
(creo que Chesterton alude con poca inteligibilidad cartesiana a Benedetto Croce aquí o tal vez a Mencken que escribió "El crítico, del principio al fin trata de expresarse a sí mismo; trata de realizar así para su propio ego íntimo el sentimiento grato de una katharsis obtenida, que Wagner realizó cuando escribió Die Walküre y una gallina realiza cada vez que pone un huevo", pero sigamos)
"O, más bien, hablando estrictamente, no es expresión a menos que sea comunicación. 
(creo que tanto Demócrito de Abdera como Darwin llegaron a la peregrina idea de que la música, imparafraseable expresión de las expresiones, surgió no solo como imitación del canto de los pájaros, sino como intentona de comunicarse con los animales, no a la manera deliciosa de "Tobermory" de Saki, en donde el gato que habla es asesinado por develar secretos de alcoba de los primeros testigos del milagro)
"Sé que durante un tiempo ha existido la costumbre de decir que el artista expresa algo como si ello sólo significara que se libera de algo. Puede ser natural que el artista desee liberarse de su arte, sobre todo si consideramso lo que es a veces ese arte. Pero su tarea no consiste solamente en entregarse a sí mismo, sino, lo digo muy solemnemente, en entregar las mercaderías. Esto es, como digo, una perogrullada, pero se la olvida extrañamente en gran parte de la alharaca de moda acerca de la autoexpresión artística. El artista, en definitiva, se muestra como ser inteligente, haciéndose inteligible. No digo haciéndose fácil de comprender, pero sí ciertamente siendo comprendido.Sin embargo, se habla mucho todavía del espíritu aislado e incomunicable del hombre genial, de que hay en él cosas demasiado profundas par aque pueda expresarlas y demasiado sutiles para que puedan ser objeto de la crítica general. Afirmo que esto es exactamente lo que NO es cierto respecto del artista. Eso es exactamente lo que es  cierto con respecto al hombre corriente que no es artista. Eso es exactamente lo que es cierto con respecto al hombre llamado filisteo. Él tiene en su alma sutilezas que no puede describir, tiene secretos sentimentales que no puede mostrar en público. Él es quien muere con toda su música dentro. Pero la finalidad del músico sería, evidentemente, morir con toda su música fuera de él, aunque rara vez se puede conseguir ese estado de cosas ideal. La cuestión es, no obstante, que no basta con que el músico saque su música fuera de él, sino que además debe meter su música en algún otro"
Creo que podemos dejar ahí la definición de Chesterton porque eso de ponérsela a otro ya empieza a ponerse subido de tono. Me gusta mucho reflexionar acerca de este caracter del arte en momentos en que todavía dicto un curso de humor, y en cierto sentido, en el sentido del humor para ser más precisos, el humor podría definirse como una venturosa mala inteligencia. Sé que el humor, para seguir con la metáfora musical, es como el piano: es tan grande que no cabe en las categorías con las que se pretende definirlo (así, el piano pasó de ser considerado de percusión o de cuerdas percutidas a "de afinación total" según Gilbert). Tomemos un caso inequívoco de equívoco: "Va a ser tu cumpleaños ¿qué vas a hacer?" -Y sí, ¿qué le voy a hacer? los años pasan, nadie lo elige, pero es fatídico...La elección entre el candidato Ameal y el delfín de Macri está pareja, dice uno y el otro finge entender mal y contesta: "estás equivocado, se llevan pésimo, no creo que formen una pareja"  Si uno dice "George Harrison tocando I've got my mind set on you es un sol" está diciendo algo inteligible y claro, si dice "Fito Páez trata de tocar como mí bemol sostenido lo que es un sol" también, pero basado en una deformación meritoria de la claúsula anterior.
Aristóteles definió comedia como aquella obra en la que el héroe se presenta como inferior al público (en una definición que Northrop Frye retoma y refina agregando nociones primaverales). En "la estructura subversiva de la comedia" (Centro de Estudios sobre Cinematografía, Bs. As. 2010), Juan Antonio Samaja e Ingrid Bardi niegan la posibilidad de clasificar como en literatura se permitió Barthes a la comedia de acuerdo a sus efectos. Arguyen que postular a partir del efecto una definición (como las palabras de Groucho a Woody "lo que sea que haga reír") es postular la infalibilidad de la comedia, siendo que un chiste no deja de ser un chiste por pésimo que fuere si tiene intención de hacer reír.
La vieja y muy técnica, muy materialista, digamos, muy poco romántica definición de Borges, a saber, la de que la literatura es cotidiana, permanente y puramente sintáctica podría servir, dado que hay muchísimos ejemplos hilarantes de construcciones bisémicas involuntarias (qué poco marxiana es en cambio, su idea de que el artista "recibe" pasivamente la idea de la musa o el subconciente!). En mi última clase de humor, una clase que salió muy fluída y la etimología de "humor" es "humedad" mis alumnos recordaron casi a la manera de la prohibición del incesto de Lévi-Strauss, que es universal pero que en cada cultura se instituye de manera diferente, cómo la cámara oculta funcionaba como la permisión del incesto. "Estás violando a tu madre, ah, pero ya veo la cámara, está permitido porque era una bromita para el programa transgresor". Recordamos cómo en "Nuestra hospitalidad" Buster Keaton usufructúa la ley de que no podés matar a alguien en la medida en que lo tenés de huésped: asoma un pie fuera del balcón y silban las balas, pero entra y le tienen que ofrecer una cena e invitarlo a pasar al salón de lectura a fumar. 
En "Borrador de memorias" (Plus Ultra, Buenos Aires, 1978, compilado por María Hortensia Laclau), Conrado Nalé Roxlo anota: "Hay un cuento de O'Henry que nunca he leído (me lo contó en la dirección de este diario Carlos Muzzio Sáenz Peña, que era un grato narrador). En un garito del lejano oeste dos rudos buscadores de oro juegan a los naipes; d epronto uno, con los labios apretados y la mirada fija, exclama: 
-¡Tramposo!
El corro palidece. La situación es de muerte. Al insulto debe responderse con un tiro. Cada grupo humano tiene sus leyes. El ofendido saca lentamente la pistola, apunta al pecho de su contrincante, pero en vez de disparar, dice: -Repítalo sonriendo.
-Gran tramposo-dice el otro, con amplia sonrisa. Se ha salvado la situación, y el juego continúa tranquilamente. He resumido ese admirable cuento porque él muestra todo el valor que puede tener una sonrisa como transformadora de palabras. La sonrisa de Arlt, tenía siempre ese valor (...)
Citamos casos análogos donde el subtitulado, el valor simbólico del resumen de lo que algo significaba importaba más que la materialidad de lo que se hacía. Así, los psicólogos que enseñaban fingiendo censurarlo, a Vigotsky en clases tan finiseculares como moscovitas (la palabra finisecular es tan al pedo complicada como la palabra moscovita, se hace eterno jugar al "ni finisecular, ni moscovita, ni ontoteológico ni horadar" en una versión avanzada de la tienda de París). Así el comediante que se toma la libertad de toquetear los senos de Pamela Anderson como parte de la batería de sus chistes (usándolos, precisamente, como batería). En el salvaje oeste existía realmente esa convención y usted podía decirle a un hombre "sos un hijo de mil putas, hiciste volar el pueblo de Río Tercero donde murieron embarazadas solo para probar armas que vendiste a Croacia"y si te decían "repítalo sonriendo" se sobreentendía que habías tenido la intención de decir en broma todo (paralelamente la figura de la injuria en el campo de la jurisprudencia prescinde de la necesidad de que se falte a la verdad: si yo considero que perjudica mi prestigio y me daña moralmente que usted diga que yo respiro oxígeno, puedo iniciarle acciones legales y si usted lo dijo es culpable de haberme injuriado).



Los goles de Boca recuperados: como dijo Cristina, nos secuestran los goles, según Graciela Fernandez Meijide, los goles que robaron a River serían ocho mil y no treinta mil, pero Birmajer aclaró que mil sesicientos serían goles judíos...
Mi pequeño hijito repta movilizandose con su panza a la manera de una foca y su gateo entrañable y prospectivo nos cautiva por horas...o sea: su niñera dice que prefiere cautivarse por hora y no a comisión. Lo llevo a Plaza Irlanda solo para descubrir que aquel legendario concepto "el auto es el tercer huevo del hombre" encuentra en el bebé la confirmación de Freud de que el hombre busca a la mujer pero la mujer busca al hijo, siendo el bebé el primer falo del hombre. Todas abren generosamente su boca y se prodigan cuan escotadas estén para hacerle fiestas y felicitarme por ser tan buen papá y yo no les digo "si querés te hago uno igual" cuando se me abren con una confianza asombrosa solo porque vengo con esta credencial social en pañales, contándome sus vidas, adivinando entre mis quisquillosidades deviniéndolas cosquillosidades que soy de los que fingen odiar pero aman y si no amase...bueno, el verbo "amasar", en fin...: no les digo que esa veneración idolátrica que un bebé les sucita me la producen ellas, incluso mi propia mujer (hoy fui con mi hijo cantnado hasta Villa del Parque a comprarle un vestido de natural mystic-a la madre, me apresuro a aclarar) no les digo nada más que lo que quieren oír: a qué hora toma la mema, cuánto duerme, qué día nació, de qué cuadro es, por qué es tan tranquilo, tan simpático, tan risueño y dónde habrán dejado su billetera o su reloj... y si las veo de nuevo no les digo "te echo de menos" (te echo polvos de menos si estoy así de dormido) sino que el pequeño geniecillo ha perseguido hoy el envase de un yogur Manfrey y dada su torpeza al dar caza a su presa, se movía y remitía al Génesis 9: 3 "Cualquier cosa que se mueva será carne para tí" que es lo que le dijo Dios a Noé, pero la cita bíblica tampoco puedo decírselas...
En fín: mientras el autor de "El secreto de sus ojos" me cuenta que comió del plato de Eric Hobswawm (en el festival de Gales que organizó Mrs Hobswawm haciendo un revisionismo del menú que le resultó histórico, porque le dieron un bocadito para que sepa de qué se trataba y ese cameo del cholulaje se metaboliza en un bocadillo imposible de omitir en toda conversación, aunque lo que alimentó ese "protagónico" solo haya sido un bolo), casi me siento tentado con el mismo extático impulso reverente a decir que la carne de mi carne vomitó en la cabeza nada menos que a la gran N. F., una bellísima periodista de "La Nación" que viene a empaparse de alemán ad náuseam antes de su merecida beca para trabajar en "Der Spiegel". El pequeño adicto al compañero Nestum seduce a todos con sus caídas de ojo, su natural tranquilo (como era yo) su tendencia a preferir gatear antes que sentarse (como era yo), su insomnio (como sigo siendo yo), su magnetismo carismático (¿está anunciado lluvia para hoy?). La primer lección que me legó fue que hay que ser más animales. Las siguientes ya no se las puedo contar acá...

lunes

Cristina es la síntesis hegeliana de la sonata de Mozart y el soneto de Shakespeare: LA SANATA


Florencia Kirchner: no te operes la nariz porque tener el rostro de Él puede llegar a ser indispensable en algún futuro reeleccionario...

El pasado miércoles fue la despedida del año del curso de humor que dicté en el Centro Cultural Isaac Rojas, así que hicimos la muestra con un policía (porque para muestra basta un botón), nos deleitamos con un monólogo de Jaime Alfredo, de quien creíamos se llamaba así por su vocación de mayordomo hasta que llegamos al insight y recordamos a Jaime Alfredo Davalos: dio un guitarreado stand up acerca de la Iglesia, de cómo el cura si se casa con la iglesia resuelve sus desaveniencias maritales con un arquitecto, de cómo a partir de las imágenes litúrgicas imaginó de niño que su religión consistía en oponerse a Jesús, etcétera
Dijo que los curas, como los remedios, tendrían que tener una leyenda que dijera "mantener lejos del alcance de los niños"

Después nuestro genial alumno estrella explicó la inexistencia de Dios basándose como demostración en los pelos del culo. Su exposición teológica abarcó aspectos como la ley de conservación del calor, que ya tratadistas biologicistas estudiaran (por ejemplo la vulnerabilidad de los testículos que necesitan mantener las simientes refrigeradas). Los pelos del culo calientan lo que nunca necesita calor, ilustró. Sugerimos que tal vez los curas sean pedófilos para eludir un tema tan peliagudo. Yo les conseguí la prometida mujer, a la sazón una niña helvética llamada "Larissa", nombre especialmente idóneo para un curso de humor. Leímos entre todos el primer acto de "La importancia de llamarse Ernesto" después de explicar una serie de cosas de la obra, del autor y de algunos de sus procedimientos. A pesar de la falta de ensayo y de lo díscolo de la conducta de Luis, que se dedicó a intervenir el contenido de mi mochila remedando collages humanoides, las risas no se hicieron esperar. Fue un éxito, lo juro por Él, la importancia de llamarse Néstor.

Cuando salimos todos queríamos comer comida en el restaurante que yo, el profesor titular a cargo, había sugerido, Cervantes, un lugar que homeajeaba a un tiempo al Gobernador de Buenos Aires y al arquero de river.

Pero subrepticiamente con la fuerza de voluntad que describe Borges en el cuento "Guayaquil" y el tesón de tesonero o tesorero que puede apreciarse en "Doce hombres en pugna", Oscar nos fue arriando y pastoreando hasta la pizzería Continental. Jaime y Sebastián bromearon acerca de la litúrgica conveniencia de costos: Oscar no tardó en demostrar que la realidad supera a la ficción sacando su cuponera de Clarín con un 20 % de descuento.

Allí, si bien se oía menos de lo que oye un hipopótamo por la nariz, pudimos disfrutar de la distensión celebratoria, averiguar algunos datos acerca del geniecillo modesto que semana a semana nos deslumbrara, esbozar un curso de stand-up y cimentar la pasión de la amistad instantánea y acaso evanescente, algo tan argentino y tan placentero.

Todos salimos del closet de las convenciones rígidas y confesamos cada cual a su forma y a su modo que estamos locos.

El menos loco de todos, resultó ser un tierno: me explicó cuando le hablé de mi bebé, que siempre recordamos la primera vez que dijo una palabra nuestro hijo o la primera vez que cruzó sin la manito, pero nunca la última vez que le leímos un cuento o la última vez que lo sacamos de la cárcel...
            dejemos que él mismo describa cómo fue el encuentro porque yo inmediatamente le cité el poema de Borges "Límites" y todos me abuchearon, diciendo que había logrado estar casi tres horas sin hablar de Borges y que ya tuve que tirar mi esfuerzo de abstinencia por la borda...


Finalizado el 2do curso, al que arribamos los 5 bravios sobrevivientes del curso 1, El profe cumplio sobre la hora su larga promesa de traer mas mujeres que equilibren el cupo, y se reinvidicó como River de su papelón de perder contra Unidos venciendo a los Defensores del Burrito.
No entregó el profe los diplomas del Rojas, por pensar que sus alumnos eran merecedores de certificados de mayor tamaño: diPlomazos.
El cierre fue de lujo, con una evocacion Maradoniana de Luis, Sebastian plagiandolo nuevamente en soecidades sobre pelos en el upite, y Jaime haciendo la del Monolego Sacrilogo.
Partimos todos con la nueva alumna a un ámbito que nos permitira charlar en susurros como no pudimos hacerlo en las estridentes aulas rojianas.
Mientras los muchachos besuqueaban a sus rubias cervezas, las damas dale que dale a sus morochos tintos.
Nuestro galán Luis, pretendió hacer la gran Gonzalo que volcó la coca para llamar la atencion de la hermana profesoral, haciendo derrame de un frasco de pimentón que dejo esparcido por el suelo Continental el mencionado polvo ante la atencion de nuestra suiza.
Cuando propuso invitar el agasajo a nuestra joven europea, a Oscar le salto su cocodrilovich Dundae de su semitico bolsillo y se opuso con el argumento de que pretender invitar a un suizo munido de euros, es como intentar enseñar basquet a un negro o el ritmo de samba a un brazuca o a ser ahorrativo a un coreano.
La noche concluyo con la promesa de Bibi de cena findeañera, el profe partiendo en bicisendas macristas que Jaime se nego a usar para ir a su bolicheada posterior, Sebastian pretendiendo romper su Kindle como hacen los secundarios con sus carpetas, Bibi y Oscar rumbo al bus, para no ofender al último con el insulto de "pagar taxi" y Luis sabrá contarnos si la suiza resultó dulce como un Suchard o caliente como una sopa Knorr .
Saludos a todos


El premier italiano aseguró que su país saldrá de la crisis. La oposición cuestiona su anuncio con ataques a su persona: ¿por qué salió a decirlo en calzoncillos?
Pelos en el Culo


Hay muchas cosas en la vida que no entiendo una de las cuales son los pelos en el culo. Lo entiendo en el caso de un animal peludo, todo el cuerpo cubierto de pelos. Ahí tiene sentido. Pero incluso en el mundo animal tenés a los mandriles (criaturas maravillosas) que te demuestran que si hay un lugar donde no conviene tener pelo es precisamente ahí. Es una zona que es mejor tener despejada. Además la idea del pelo es servir de abrigo, proteger contra las bajas temperaturas, y ese es un lugar donde nunca nadie tiene frío. La gente no va por ahí diciendo, “Sabés que, me parece que vine desabrigado, me está entrando un fresquito en el ano” o “Cerrá un poco la ventana que se me congela el recto” ¡No! ¡Nadie dice eso! ¡Nunca! Bueno quizás alguien en alguna circunstancia sí lo dijo pero ya sería un caso demasiado escatológico, aun para los estándares de un monólogo titulado “Pelos en el culo”. Pero me estoy yendo de tema. Mi punto es que en cuanto el homo sapiens empezó a evolucionar, a alejarse de sus antepasados simios y perder pelo, el primer lugar donde lo tendría que haber perdido tendría que haber sido ahí. Esto habla muy mal de la evolución. Pero habla aun peor de Dios. Para mi esto es una prueba irrefutable de la inexistencia de Dios. ¿Qué tipo de ser todo poderoso, de inteligencia suprema, de fuente de conocimiento dice “a ese ano lo que le quedarían bien son unos pelitos ahí al lado”? Entre esto, la compulsión natural rascarse las cascaritas de las heridas, empeorando siempre las cosas, o el hecho de que el chocolate no cura el cancer estoy totalmente convencido de no hay existe ningún Dios creador detrás del diseño del universo.

The Big Sleep


Pero no quiero sonar tan negativo. No quiero decir que todo sea tan malo. Pelos en el culo, Dioses sádicos o inexistentes, todo esto no significa que la vida no valga la pena se vivida. Todo lo contrario. Estoy totalmente a favor de la idea de no morirse. Aunque tengo que admitir que han habido veces en las que sí, he contemplado la idea de acabar con todo, de abandonar este mundo, de quitarme mi propia vida. Casi siempre fue a eso de las siete, siete y cuarto cuando sonaba el despertador y tenía que levantarme para ir trabajo. En esos casos la idea del descanso eterno suena bastante atractiva. “Mmmm …. si me muero … no tengo que levantarme”. Todas las contras de estar muerto a esa hora de la mañana parecen quedar de lado y lo único en lo que puedo pensar es “¿Qué tengo que hacer para seguir durmiendo? ¿Morir? Dale, venga, lo que sea con tal de dormir de quedarme cinco minutos más en la cama (que en caso de realmente morir se pueden extenderse a más de cinco minutos, hasta que alguien se de cuenta)”. Pero ahí vienen los problemas. Suicidarse no es tan fácil. Uno puede intentar ahorcarse o sofocarse ahí en la cama, “Ghhhhggghh”, pero ya a la tercera o cuarta arcada uno se despabila y ya lo de morirse pierde el chiste. Ya está, ya te despertaste, más vale seguir viviendo. Ni hablar de pegarse un tiro, por más que uno fuera a tener un arma bajo la almohada la sola idea del disparo, de “BANG!!!” terriblemente estruendoso a esa hora de la mañana suena totalmente sacrílega. No, tiene que ser una muerte rápida y silenciosa. Lo ideal sería una máquina kevorkiana que funcione como un despertador pero que cuando suene la alarma uno tiene la opción de apretar dos botones. Uno apaga la alarma, como en cualquier despertador, para que uno se levante y siga con su idea, el otro: muerte instantánea. Si todos los hogares del mundo tuvieran uno de estos la población mundial se reduciría drásticamente de la noche a la mañana. Si todo el mundo tuviera que elegir “levantarme o morir, levantarme o morir, levantarme o morir ” a primera hora de la mañana estoy seguro de que esa mañana la línea D estaría muy vacía.

domingo

Almodóvar, un director de cine trash atrapado en el cuerpo de un reggiseur qualité...




(...)quería hablar también de varias humoradas, de que el violador esté empastillado y la violada también pero legalmente, de cómo la militancia gaylésbica siempre optó por el bando antibiologicista de considerar que ha de respetarse la "elección" sexual (cultural, ambiental, digamos) pero en este panfleto a favor de la transformación de sexo (comparable al libelo "My fair lady" en el que se puede transformar a una florista en aristócrata y no son castas que vienen de la cuna, comparable a "Mann ist Mann" de Brecht con su desprecio marxista por una esencia individual atomizada y desapegada de las determinaciones históricas y materiales), Almodóvar incurre en el empirismo yanqui, la tecnocracia superficial
y por otro lado, que se inscribe en la tradición isabelina, donde un actor declara que es Julieta, sin que Shakespeare se esfuerce por hacérnoslo visiblemente mujer, con graduales procesos ni nada, acá la actriz perfectamente bella nos obliga a la involuntaria suspensión de la incredulidad


y respecto de la identidad: que se pretende colonizar la personalidad...en fin, tengo demasiadas ideas: que hay más erotismo en cómo le agarra una teta el violador al maniquí que en cómo se las agarra el cirujano a su experimento...


decime qué te parece!!!


Hola!!!
Me perdí! El texto que me mandaste al face era una publicación de tu blog? o era para el nuestro? Como sea, y usando el texto colorido que me mandaste, tengo varias cuestiones a debatir:

1. Las ideas de que me pasaste en este mail que te estoy contestando me parecen bárbaras, estoy de acuerdo con la lectura que hacés (eso no importa, pero te lo digo igual) y re da para un post.

2. El asunto de la tipografía variopinta. Es necesario? porque es medio ecléctica con respecto a la estética del bingo. Si te parece importante la respetamos, si es prescindible, la volamos.
3. Algunas cosas para que no escribas al pedo. Primero medí la longitud. Si tenés muchas cosas que decir, no hay problema,  las partimos en varios post y las vamos publicando en etapas

La profusión de líneas, creo, atenta contra la voluntad del léctor vago que se pierde. Otra cosa son los insert de otras críticas... nosotros no las copiamos enteras, principalmente porque no sabemos si a sus autores les interesa que usemos sus palabras en nuestro humilde foro. Lo que hacemos por lo general cuando queremos citar a otros es  linkearlos, así respetamos el derecho de autor del citado y de paso los usamos sin complejo alguno

Por lo demás, es un gusto compartir espacio con vos, nos honra tu presencia. Bienvenido!!! nos mantenemos en contacto, así ya te hacemos debutar lo antes posible!!!


Beso.

P.




A continuación cedo a las presiones y comento ahora sí para los que no la vieron la película que tanto me fascinó sin revelar detalles esenciales de su trama y agregando como bonus track dos reseñas complementarias de voces amigas...Estas reseñas también respetan por amor al film los secretos de su argumento para quienes todavía no la vieron. Yo los respeto por amor a mis lectores, no al film, por respeto a su decisión de no ver esta película. Respeto la decisión de no ver la película de Almodóvar, pero no la de no leer mi crítica al respeto, digo al respecto. Eso sí: revelo los secretos del argumento de las películas "Vértigo" de Hitchcock y "Dr. Jeckyll y Mr. Hyde" de Victor Fleming...

"La piel que habito" es un film que refuta aquella bella galantería que le dedicaran Eric Rohmer y Claude Chabrol al cine de Hitchcock: "Alfred Hitchcock no es ni un narrador de historias ni un esteta, sino uno de los más grandes inventores de formas de toda la historia del cine. Posiblemente solo Murnau y Eisenstein se le puedan comparar en este aspecto...La forma aquí no adorna el contenido, lo crea".
Pocas veces asistimos al espectáculo de una forma tan clásica, sobria, apolínea, comedida comunicando un contenido tan salvajemente dionisíaco, excesivo y desmesurado.

Nos remite a las palabras de Zygmunt Bauman en "Comunidad" (¿Múltiples culturas o una sola humanidad?.Siglo XXI, Bs. As., 2003):

"En efecto, como más tarde afirmó célebremente Pierre Bourdieau, la tentación y la seducción han llegado a sustituir a la regulación normativa y al control obstructivo como los principales medios de construcción de sistemas e integración social. El quebrantamiento de las normas (o más bien, el trascender la norma con un apresuramiento que priva a los hábitos del tiempo que requieren para coagularse en normas) es el principal efecto de la tentación y esencia de la seducción. Y en ausencia de normas, el exceso es la única esperanza de vida. En una sociedad de productores, exceso equivalía a derroche, y por esta razón ofendía y se predicaba contra él; pero nació como una enfermedad de la vida orientada a normas (una enfermedad terminal, como acabó viéndose). En un mundo carente de normas, el exceso había pasado de ser un veneno a convertirse en una medicina para las enfermedades de la vida; quizá en el único apoyo a la vida disponible. El exceso, el enemigo jurado de la norma, se había convertido él mismo en la norma. Una norma curiosa, qué duda cabe; una norma que elude toda definición. Habiendo roto las cadenas normativas, el exceso perdió significado. Nada es excesivo cuando el exceso es la norma" Es divertido advertir cómo en su diatriba contra nuestra época, Bauman no registra el sentido literal de su metáfora, imbuído de su odio y con una vena y un veneno así...olvida la denotación de su connotación: nada ilustra mejor el sentido del sentido de la medida que el veneno, dado que en dosis homeopáticas el arsénico es un tónico, y el curaré, ya sabemos, bottox. Por eso decimos que Dios está en el adverbio y casi aclaramos "de cantidad", incapaces de recomendar el agua mineral sin especificar que no en dosis oceánicas durante un naufragio...(recientemente, dicho sea de paso y como para ir remando esta guitarreada, detuvieron a una conocida mía que cuando quieran les presento y le declamaron el siguiente piropo: "por vos remo el titanic con dos vainillas" ¿no es muchísimo más manierista, rebuscado, resucitador y excesivo este elogio a una belleza que lo que quieran decir de Almodovar?)-

El camino del exceso conduce al palacio de la sabiduría, sentenció William Blake, en su mejor sentencia, porque nunca sabremos cuánto es suficiente hasta que no sepamos cuánto es más que suficiente.¿No parece más que William Blake, Máximo Kirchner el autor? Fíjense que el kirchnerismo consiste en  dos operaciones basicas: llevar las cosas hasta un exceso que nadie se atrevía antes y después retroceder obligados por el límite que impone el exterior. Las mejores y más sabias medidas para perdurar en el poder fueron, en orden de aparición, no aplicar las retenciones móviles, morirse y cancelar los subsidios(esperemos que esta última sabiduría no se lleve consigo el prestigio de ninguna figura que se limite a llamar a la sensatez y sea apedrado y emparedado como un Judas Iscariote)

Vi por segunda vez la película en la esperanza de que mi nueva partenaire comparta mis visiones (cada día más cerca de la acepción alucinatoria del término)

Compartió las del grueso de la crítica: inverosimilitud.

Me pregunto si algún tipo de patología o exceso mío me lleva a considerar esta película como una obra maestra. Claro que el concepto de "obra" ha caído en desuso, y eso por no hablar del de "maestra". La crítica de arte marxista ha obrado estragos en la noción judeocristiana de "obra" y precisamente el sentido etimológico y judeocristiano de la palabra "vocación", entendida como llamado divino, impide que los docentes y maestras tengamos un sueldo acorde a una práctica laboral que demanda esfuerzos más allá de que en efecto produzca afectos inolvidables el arte de transmitir una pasión. Para unir a Marx con la pedagogía me basta recordar a Leonard Cohen cuando declara "no me suicidé cuando las cosas me fueron mal, no me dediqué ni a las drogas ni a la enseñanza": allí une (algo perversamente) la toxomanía a la docencia, no en el trillado mito de que sean puertas de la percepción que nos enseñen nada, sino en el peyorativo de que ambas son escapismos indignos. Marx lo había hecho con la religión, en una frase que retomó de Engels: "Los que no caen en el misticismo, se ven degradados por la ebriedad". En "La piel que habito" no hay narrativa puramente cinematográfica, es cierto, casi el 80 % de los hechos trágicos nos es relatado por Marisa Paredes cuando se lo cuenta a Vera. Tampoco son acertados o indiscutiblemente acertados los flashbacks. Podemos pensar como en "Vértigo" que Antonio Banderas está obsesionado por reencontrarse con una mujer que vio morir, pero no podemos recordar la sabiduría de Hitchcock al develar la sorpresa de la novela antes al público. Recordemos cómo se lo explicó a Truffaut: "Como usted sabe, hay dos partes en esta historia. La primera parte llega hasta la muerte de Madeleine, y su caída desde lo alto del campanario, y la segunda comienza cuando el héroe encuentra a la muchacha morena, Judy, que se parece a Madelaine. En el libro (de Boileau y Narjerac, escrito para que le comprara los derechos Hitchock después de oír que hubiera querido comprar los de "Las diabólicas"), al comienzo de la segunda parte, el héroe encuentra a Judy y la obliga a parecerse más a Madeleine. Sólo al final el lector descubre, al mismo tiempo que el héroe, que se trataba de una misma mujer. En el film yo he procedido de otra manera. Cuando comienza la segunda parte, cuando Stewart ha encontrado a la muchacha de cabello castaño, decidí desvelar en seguida la verdad, pero sólo para el espectador: Judy no es una muchacha que se parece a Madelaine, es Madelaine misma. A mi alrededor, todo el mundo estaba en contra de este cambio, pues pensaban que esta revelación no debía producirse más que al final de la película. Yo me imaginé que era un chiquillo que se sienta en las rodillas de su madre que le cuenta una historia. Cuando la mamá cesa de contar, el niño pregunta invariablemente:"Mamá, ¿qué sucede después?" Encontré que en la segunda parte de la novela de Boileau y Nercejac, cuando el individuo ha encontrado a la muchacha castaña, ocurre como si no pasara nada después. Con mi solución, el muchachillo sabe que Madelaine y Judy no son más que una misma y única mujer y ahora él pregunta a su madre: "¿Y entonces no lo sabe James Stewart?" "-No".
Henos aquí de nuevo ante nuestra alternativa habitual: ¿suspense o sorpresa?. Ahora, tenemos la misma acción que en el libro; Stewart, durante cierto tiempo, va a creer que Judy es Madelaine, luego se resignará a la idea contraria a condición de que Judy acepte parecerse, punto por punto, a Madelaine. Pero por su parte el público posee la información. Por lo tanto hemos formado un suspense fundado en esta interrogación: ¿Cómo reaccionará James Stewart cuando descubra que ella le ha mentido y que es efectivamente Madelaine? (...) Borges describió indignado el caso no virtuoso de develación de una sorpresa análoga: "En el libro, la identidad de Jekyll y de Hyde es una sorpresa: el autor la reserva para el final del noveno capítulo. El relato alegórico finge ser un relato policial; no hay lector que adivine que Hyde y Jekyll son la misma persona; el propio título nos hace postular que son dos. Nada tan fácil como trasladar al cinematógrafo ese procedimiento. Imaginemos cualquier problema policial: dos actores que el público reconoce figuran en la trama (George Raft y Spencer Tracy, digamos); pueden usar palabras análogas, pueden mencionar hechos que presuponen un pasado común; cuando el problema es indescifrable, uno de ellos absorbe la droga mágica y se cambia en el otro. (Por supuesto, la buena ejecución de ese plan comportaría dos o tres reajustes fonéticos: la modificación de los nombres de los protagonistas). Más civilizado que yo, Victor Fleming elude todo asombro y todo misterio: en las escenas iniciales del film, Spencer Tracy apura sin miedo el versátil brebaje y se transforma en Spencer Tracy con distinta peluca y rasgos negroides" (El Dr. Jekyll y Edward Hyde, transformados, Discusión, Emecé, Buenos Aires, 1932). En esta película hay una sorpresa tan colosal que por eso la comparé (dado que había que mencionar a Hitchcock, dado que había su presencia en cada plano, con "Psicosis"). Por eso todo el relato melodramático de tragedias que se nos relata ayudan a que supongamos que la cuota de horror se ha colmado y a darle verosimilitud a la sorpresa increíble, valga la paradoja.
Al verla por segunda vez me dediqué a admirar lo entretenida que es la película a pesar de conocer su componente shockeante. Sin la sorpresa resiste una segunda visión pero no en la propia casa: solo por el suspenso de ver cúando el público caía. Pero me di cuenta de que mi concepción es algo universalista: no era por no conocer el final del cuento policial o el remate del chiste que la humanidad no coincidía conmigo: era porque después de todo ungieron a Fito Páez y reeligieron a Cristina, era porque somos diversos la humanidad y yo, muy rara vez se da el prodigio de que, enamorado de la vida, se descorra el velo y recupere la sensación de que el mundo Madelaine y yo Judy somos Uno.

Almodóvar homenajea al Buñuel que decía "si faltan veinte minutos le agrego un sueño": en la escena en que Vicente está en la tienda de ropa se nos prodiga la información con aparente economía narrativa y después la cámara se queda, como en aquella emulación de "La colmena" de Camilo José Cela, "El fantasma de la libertad" (de Jean Claude Carriere). Y aparece un gordo para vender la ropa de su mujer que se ha fugado o desaparecido y solo un crítico estructuralista podría caer en la tentación de sugerir significativa o profética esa pura escena excesiva, ese gag.
El cautiverio al que se somete al ser amado es alegórico: todos vivimos en esa cárcel o en la prisión de nuestros días como dice el poema de Auden con rima asonante (in the prision of his days/teach the free man how to sing). Con respecto a los sexos: lo primero que escribí sobre esta película apuntaba a subrayar la íntima in-diferencia, cómo varones y mujeres necesitamos en realidad las mismas cosas, cómo se exagera el tamaño de la importancia del tamaño de la pequeña diferencia...Ahora que la vi de nuevo descubro que rara vez un film muestra una diferenciación de los roles masculinos y femeninos más marcada, supongo que solo en películas de tango se llega a tanto. Como en la vieja noción biológica de la que Freud fue, en cierto sentido, heredero o de la que es deudor (vale decir que heredó una deuda, porque la noción es harto errónea) la hembra está para ser pasiva y el macho activo. Recordar la broma de Shaw de que la araña parece pasiva y la mosca parece activa, no sirve. Pero la película perdería la tensión y el contraste que postula si presentara ambiguas androgenias e hibridajes mixtos. La película pertenece al género del terror y al género masculino también (no falta la que piensa que el género masculino es de terror). Ver en una escena a Antonio Banderas siendo rechazado en la cama y suplicando "al menos abrázame" no es solo una revisita a "Átame" con su mismísimo protagonista (en "Átame" Victoria Abril, para quien fue pensado este papel, pero ya no le daba la edad, concedía sus favores más de una vez y era contínuamente revisitada por los embates cabríos). Es una broma gay en la que se convierte al sex symbol rompeconchas en puto pasivo, sin dejar de mostrar con estilística pornosoft "versátil" su tallado cuerpito gentil. Lo que diría después de ver por segunda vez la película y de estudiar la reacción del público es que esta película presenta un grado de misoginia que excede al de la mayoría de los machistas: solo las mujeres y los homosexuales logran despreciar tanto a la mujer, a la carne propia en debilidad, a la debilidad en carne propia. Los varones heterosexuales tendemos a subestimar la servidumbre del cuerpo atravesado por vaivenes hormonales...

El candor del dr. Frankenstein no debería sorprender: también Stalin, que había pasado a cuchillo a la cúpula militar y a su amante, el sanguinario desconfiado fue candoroso ante el pacto de no agresión de Hitler.

Esta película derriba unas barreras que no dudo la tecnología médica va a derribar (como en "Las partículas elementales") pero es cierto que no llega a cumplir con todas sus contradictorias ambiciones...la crítica mundial acierta al señalar que no conmueve generando identificación. Creo que se debe a que el tono lo da el frío protagonista inconmovible. Pero por otra parte, Almodóvar es tan excesivo en su tendencia al culebrón (la cual, como en el caso de Puig, se ha pretendido leer en calidad de elevada sátira de un genre menor) que podemos agradecerle: lloramos solo como nos hace llorar una pastilla de menta, con el thrill, no con el dramón...

 

reseña amiga 1: Almodóvar con Sófocles: tragedia griega, fábrica del cuerpo humano y responsabilidad subjetiva”, un comentario de ”La piel que habito” (Almodovar, 2011), por Juan Jorge Michel Fariña –esta versión no revela detalles significativos de la trama 

http://www.eticaycine.org/La-piel-que-habito

  reseña amiga 2: paola simeoni, de "esto es un bingo", la consejera de arriba (gratuita)...


http://defiliasyfobias.blogspot.com/2011/11/soy-lo-que-soy.html



Trato de imaginarme a Almodóvar viendo cómo ataviarse para La piel que habito. Lo veo frente a un placard lleno de colores rojos y verdes intensos pensando cómo se va a vestir esta vez. Agarra un traje negro cruzado de Hitchcock. Casi nunca lo usó, pero le queda cómodo. Después ve un espléndido diamante de Douglas Sirk, a veces con más brillos, otras más opacos, pero este accesorio sí lo viene luciendo hace tiempo y le encanta. Después manotea prendas de otros directores de culto, piensa que pocos los van a identificar, pero que después se va a divertir revelando sus nombres en las entrevistas. Ahora veo la película, ya está vestido de pies a cabeza y opera el milagro: usó ropa prestada, pero se lo ve tan personal que es imposible dudar que es él. Porque La piel que habito habla de la identidad que sigue perenne –para Almodóvar y para todo cristiano– sin importar que mute la piel que uno habita, que cambie de forma, de color o de sexo.
Por eso no estaría de más para hablar de la película separar la forma del contenido. Respecto al contenido, resulta difícil no contar detalles que provoquen insultos de quienes todavía no la vieron. Pero se puede decir que Antonio Banderas es un cirujano loco que tiene secuestrada a Elena Anaya para cambiarle la piel y moldearla a su gusto y placer. Viendo la primera parte, donde apenas se presenta historia y los personajes, podría pensarse que Almodóvar tiró todo por la borda y se metió de lleno en la ciencia ficción. Pero al cabo de la segunda parte, cuando se empiezan a atar cabos y explicar motivos, es fácil identificar géneros más afines a la filmografía de este español tan amigo de los melodramas. Hay amores locos, pasiones absurdas y, también un poco de humor. Como no podía ser de otra manera, las madres (que son siempre un poco la suya pero en sus diferentes facetas) también están presentes. Marisa Paredes (mamá de Banderas) y Susi Sanchez (mamá de Jan Cornet) son dos presencias fuertes que marcan territorio y marcan historia. Las madres son el punto de partida y punto de llegada en la vida de sus hijos. Marisa Paredes dice que en su vientre solamente puede engendrarse locura, y ahí anda el nene en su casa-prisión, escarpelo en mano, secuestrando y mutilando gente, mientras su madre le prepara las masitas que a él le gustan. Paredes advierte que las cosas van a terminar mal, pero no hace nada para impedirlo y, cuando la última desgracia finalmente ocurre, no duda en acompañar a su hijo en el final de quien mal anda mal acaba. Por otra parte, está Sánchez y su feria americana, el sitio del que el hijo reniega, pero del que nunca se hubiera ido sin avisar, el único espacio donde en La piel que habito hay lugar para la comedia. Al final de su odisea, Cornet vuelve junto a su madre que, a pesar del tiempo, lo sigue esperando. Solamente volviendo al seno materno, Vicente logra confirmar que a pesar de todo lo sucedido no ha perdido su identidad.

Por otra parte, la forma resulta impecable y nunca se vio a Almodóvar tan preciso y especulador (saludemos acá al viejo Hitch). Los movimientos de cámara están manifiestamente presentes, el manchego quiere que prestemos atención a lo que está haciendo, a quien se está refiriendo, a veces en detrimento del relato. Parecería que quisiera incluir a todas las bellas artes en la pantalla. Hay escenas en que el encuadre y la composición están tan cuidados que las tomas parecen cuadros (a veces se refieren directamente a un cuadro, como en la que Banderas se recuesta para ver a Anaya y ambos funcionan como espejos de maja vestida y desnuda respectivamente –aunque ahí no se sabe bien quién tiene más desnuda el alma). También hay alteraciones temporales casi literarias y títulos de libros en manos de los protagonistas. El Cigarral está lleno de cuadros reconocibles y el fantasma de Louise Bourgeois –con sus muñecos cosidos y sus imágenes abstractas que deschavan el inconsciente– parece habitar la clínica-palacio de Toledo donde Banderas tiene cautiva a Anaya.
Almodóvar estuvo rasqueteando duro a Banderas para sacarle la cubierta de macho latino, porque lo dejó en carne viva (una carne viva demasiado tostada, hay que decirlo). Aprovechó la poca ductilidad del actor para el lado del bien, porque lo vemos en pantalla frío e inexpresivo. Si existe alguna duda en el personaje, o algún rasgo de pasión, tenemos que imaginarlos, porque la cara de Banderas y su actitud corporal no nos dicen nada. Por su lado, Elena Anaya es todo cuerpo, desnudo y vestido. En su caso, la piel que habita fue diseñada por otro (si creemos en la ficción, por el cirujano Robert Ledgard y si vemos la ficha técnica, por Jean Paul Gaultier), pero su actuación conserva como testimonio de identidad la expresión de sus ojos, los que, en primerísimos primeros planos, transmiten de principio al fin lo que en verdad siente su personaje.
En mi familia es habitual el dicho que vaticina que “el de que prestado se viste, en la calle lo desvisten”. Pero justo a Almodóvar, tan gustoso de las sentencias de viejas de pueblo no se le puede aplicar esta amenaza. En La piel que habito consigue tirarse encima casi todo el guardarropa de la cinefilia sin por eso perder su personalidad. Su cine por sí mismo ya forma parte de la alta costura.