jueves

Mi Etiopía es que nos llevemos bien pero resulta un verdadero Colombia

Shira, Miriam, Soledad, Darío y Juan dieron esta noche la mejor clase de humor que di en mi vida, una clase que tuvo lugar en el aula 14 del primer piso del Colegio San José de 19 a 21 hs.en el marco del curso del Rojas (porque el curso privado que doy los viernes no merece publicidad dado que es un grupo de viejas amigas que ya no admiten nuevos miembros, dicho sea con el más cerrado respeto) pero que en realidad había empezado mucho antes. 
Desde el principio del día sentí que el fantasma de Oscar Wilde transpasaba las paredes de mi  tiempo y me transportaba así como quieren transpasar transportes de la nación a la ciudad aunque en la ciudad un tren prefirió el grito de "GIVE ME A BREAK" cuando transpasó la terminal. 
Un día en el que me levanté con el pie haragán y me permití dejar relajarse a mi natural estoico, para darme un muy epicureo y eudemonológico baño de inversión con yoga therapy detox mineral bathsalts y yoga therapy detox bubble blend. Un día en que terminé de modo cáustico y con orgullo megalómano cierta dolorosa incertidumbre respecto de alguna continuidad determinada para ser más exactos y un día en el que uno de los ayudantes de la materia que curso me saludo con un efusivo abrazo y beso en el baño de caballeros al descubrirme (al descubrirme él allí, me apresuro a aclarar. Se llama Néstor, como la parífrasis de la obra que escogí, "La importancia de llamarse Néstor"). 

Hice con el mismo afectado manierismo de Wilde una guisito de lentejas como si de una obra destinada a perdurar en la posteridad se tratara. Me confeccioné un café expresso y me di leche que previamente tuve la precacuión de autobatir con un utensilio eléctrico que imita el efecto de los bares parisinos. Avisé con éxito a la editorial Manantial que Bercherie en la pág, 16 del capítulo dedicado a Pinel dice que terminó con los dogmas explicativos de Galileo, una errata muy curiosa para decirlo con una hipálage, dado que fue Galeno el racionalista y Galilei el que arrojó cuerpos de diverso peso desde la torre de Pisa, o de diversa pisa desde la torre de Peso, para testear lo afirmado por Aristóteles, cayendo con todo su peso en la cuenta de que el amigo de Platón pero más amigo de la verdad merecía un tazón de su propio chocolate. En suma: seguí en un todo el lema de "Dios está en el detalle", me traté a mí mismo como si fuera una persona a la que le tengo una gran estimación personal muy honda y llegué a la hora señalada ( a la hora insinuada) con un ánimo afectadamente altivo, formalmente lúdico, infantilmente ególatra y autocelebratoriamente vanidoso.
Antes que nada di ejemplos de la perífrasis en la palabra, un procedimiento que venimos estudiando y viendo en qué versión queda mejor, Por ejemplo Juan le agregó a "coriandro tu nombre" el "me sabe a hierba" y  el "prefiriendo todo tipo de amenazas" quedó mejor en "yo profiero el sambayón al marsala". "Acuné un neologismo" resultó menos eficaz que "estuve acuñando a mi bebé como veinte minutos hasta que se durmió". "El coronel ordeñó la rendición", "persignarse a lo peor", "perpetrar la especie" o en lugar de tesina "tengo que escribir una tisana" resultaron mejores que "River desmolarizó a Instituto". 

Nos dimos luego al análisis de las filosofias subyacentes de las frases hechas. Por ejemplo "no me entra en la cabeza" corresponde a una perimida noción anatomística que concebía la mente como una caja vacía, una tabula rasa, "están cortados con la misma tijera" obedece al principio marxiano de las determinaciones por los modos de producción o "a mis alumnos les doy herramientas" al materialismo ajeno a la praxis, dado que mejor sería enseñarles a usar dichas herramientas.

Vimos figuras como la ecolalia y demás síntomas de casos psiquiátricos emparentados con el humorismo.

Objetamos que "más feo que caminar descalzo" alcance en su pretendido alcance: no es tan desagradable si uno va al campo y pisa abono de vaca o de caballo hacer eso que sufrir el aumento de un impuesto o un dolor de muelas o lo que se alegorice. A su vez no es tan elocuente "es más linda que dormir a la mañana" o " está más poderosa que comer pollo con la mano". Con el pollo subsidiado es de rutina comerlo con la mano, como aconsejan los expertos, no sirve para abarcar la salvajidad lúbrica de la rúbrica que otorga el sello distintivo al rubor lascivo, lasciva, lasciva a dejar sobre la mesa aunque no me dijeras nada.
Incluso "más feo que pegarle a la madre" no es tan feo. Quien cultiva dicha práctica no ha de encontrarla abominable en absoluto, quien no cómo puede pensarla. "Duró menos que lo que un pedo en un canasto" presupone la tentativa de almacenar flatulencias en un continente poroso cuya sola evocación mueve a risa por raro que suene. Me llamarían remanido si no fuera un lugar común hablar de la duración comparativa  de efusiones gaseosas mal aprehendidas en su evanescente transcurso.

Caracterizamos la insólita apelación a la indignación de una alumna que se siente ultrajada porque le dicen, tomando la atribución de arogarse el derecho a decírselo, que es levemente inexacta en el llenado del balance de la salida de divisas y que su costumbre de untarse con pepinos comprados en el barrio chino las cuticulas es extravagante. No acertamos a articular un ejemplo bien cómico, pero sí ilustramos el recurso: es imposible desmentir a sus enemigos si da tanto detalle.

Examinamos otra técnica del juego de palabras, siempre atentos a los paralelismos con cuadros clínicos psicopatológicos (así como hay pacientes que solo tienen pensamiento concreto y para ellos escoba nueva barre bien porque las escobas nuevas barren mejor, hay alumnos de humor que pueden decir "meticulosa" o "envergadura" o "te la repongo" o "el pelo recogido" con una escandalosa sordera respecto del doble sentido). Adosar al final de un vocablo que culmina un sustantivo compuesto otro que lo inicia (Peter Pan con manteca).

Propuse a los alumnos redactar exámenes de humor pero no atados a un singular (encuentre el juego de palabras que se forma invirtiendo el anagrama de cierto célebre edificio polaco sobre el que se llevó a cabo el festejo por la conquista de la salamancia salmancia budy budy du y redistribuyendo las letras que corresponden al número de la edad del concuñado de la primera ahijada del maestro de ceremonias para lograr una reducción al absurdo de la segunda ley del  perihelio de Glouchester). Podría ser agarrar el diario y exagerar la primer noticia, satirizar con ironía fina la segunda, etc.

Finalmente expliqué quién fue Oscar Wilde, la diferencia entre la frase que afirma que el sapo Pepe salta que salta y la que asegura que Wilde finge que finge. La importancia de las máscaras en clave psicoanalítica, aunque freudiana. Si bien Lacan se hubiera hecho un banquete de Platón hablando de la importancia del nombre y del lugar viendo el amor que tenía Wilde por poner a sus personajes nombres de lugares, mi observación estuvo constreñida en el tránsito lento de la parte aburrida de la clase a cómo la volubilidad de la moral tiene una base clínica y científica.

Conté que como Lanata, el éxito trajo consigo un envanecimiento que conllevó gordura, drogas y homoerotismo, pero inmediatamente rechazaron el símil y al pobre Lanata no se lo puede comparar ni con Wilde, ni con Tato Bores como quiere ahora, ni con Cascioli el fundador de la revista Humor, salvo como lo hace la revista Barcelona en que ambos estafaban a sus empleados explotados dándoles cheques en blanco y dólares falsos. 

Comparé no solo como clásicamente el destino final de Wilde con el de Jesucristo y el de Sócrates, sino también contrasté cómo con estúpida brillantez locuaz se defendió en la corte Wilde y cómo con sabio y parco laconismo murmuró evasivas tontas el genial Bertold Brecht ante el comité de actividades antiamericanas. Bernard Shaw trató de excusar la homosexualidad de Wilde entonces medicalizada postulando "gigantismo": algún francés podría haber hablado de "querulancia". 

Expliqué el contexto victoriano y la severa condena puritana que pesaba hipócritamente sobre el pecado que no osa decir su nombre tan diferente a la ligereza con que Merecedes Morán puede quejarse de que antes los hombres que valían la pena o estaban casados o eran homosexuales pero ahora pueden ser las dos cosas.

La ironía es que este invertido maestro de las inversiones deliciosas (Cecily dice que perdió su autoridad frente a sus padres alrededor de los tres años) nos obsequia la esencia de la seducción femenina y otro gay, Cary Grant, cuya pitillera en "An affaire to remember"-segunda versión del mismo director, Leo MacCarey, saludada por "Sleepless in Seatle"-parece saludar la pitillera de Algernon, otro gay, nos da, decía, el componente activo por así decirlo de la seducción masculina. 

Ubiqué a Wilde dentro del esteticismo y al esteticismo lo contrapuse con diversas "funciones" que se le atribuyeron al arte, desde anticipar el futuro, como Piglia dice que hizo Kafka con el nazismo, hasta ser a la sociedad lo que los sueños al individuo. Tracé una paralelo con la provocativa "Metahistoria" de Hayden White con lo que hablé de los entramados retóricos (la palabra "entretejido" no es para discapacitados capilares) y del auge que en plena posmodernidad, caídas las certezas tiene el individualsimo cínicamente sofista del irlandés que murió de un enfriamiento en Paris, como Bunbury, solo porque su personalidad era tan débil que no podía vivir sin la aprobación de los demás, como todos nosotros de acuerdo a la aburrida tesis de Martin Buber y su idea de que el reconocimiento que me confiere el diariero me instituye como humano. 

Opiné que Wilde no previó perder el juicio contra el Marqués de Queensburry pero que después trató de sacar partido artístico de su situación con la sempiterna actitud de inocencia infantil que es capaz de apropiarse de toda sorpresa y decir que la previó, y expropiarse de toda descompletud.

Recorrí sus iniciales burlas contra el sentimentalismo y la empatía hacia el dolor y sus finales palabras en "De Profundis" a favor de la caridad y la misericordia cuya carencia indican ¡falta de imaginación!.

Dado que en "The importance of  being Earnest" hay teatro dentro del teatro las crueldades no parecen ser una exaltación de la alegre indiferencia y el desdén cósmico, sino el postulado de un orbe libre de hipersensibilidades nunca mejor dicho "teatrales". Matar a un hermano que se inventó como excusa para irse al campo no es un  asesinato, sino una conversión de un real a un simbólico para mejor anestesiarse de toda intuida dolencia. Decir que perder a uno de los padres es una desgracia pero perder a ambos un verdadero descuido no es más que resbalar por la superficie del lenguaje y el acento psíquico de la palabra "perder". 

El humor, dije, antes de que leyéramos la primera página con Lane, el sirviente, está no del lado de la aristocrática dueña de casa, sino del de su mucama, que secretamente se ríe de ella y que es más ultrajablemente ofendible en su pundonor. Comenté que quien mejor nos pinta la institución del sirviente inglés es un japonés, Ishiguro. Recordé la frase de Goethe: para el vestidor no hay gran hombre: el encargado de ponerle el saco a Napoleón desve en él su genio estratégico, solo observa a un petiso cualunque que, digamos, juega peor al tute cabrero que su ahijada de cinco años, cinco para seis.

Borges, a quien mencioné una sola vez, como para mojar los labios, dijo que la obra de Wilde parece haber sido escrita esta mañana: en efecto la frescura desbordante de esta pieza nos llenó de un baño de miel libre de dulzuras excesivas como lo quiere la publicidad de cierta bebida cuyo protagonista, el defensor Rolando Schiavi, cuando Boca estaba dulce, perpetró un gol en contra, pero no explicaremos ahora cómo funciona ese aparato ni ese tronco. Los alumnos insistieron en que comprásemos champagne, Miriam dijo que bebiéramos el libro y recordé cómo Chesterton al enterarse de las novelas perdidas de Stevenson dijo que eran como champagne arrojado al mar. Y Borges dijo a esa delicadeza metaforizada que era una insensibilidad (una vieja técnica de humor, correr por insensible a una sensibilidad) dado que el champagne es siempre el mismo, cada novela de Stevenson única-no advirtiendo que Chesterton sinecdoquiza el momento que se comparte al descorchar cada botella, así que dejate de escorchar.



¿Es la inversión el resorte que nos eleva a la gracia interior en Wilde? Lady Bracknell, la tía Augusta nos hace soltar la carcajada cuando rectifica la posibilidad de que el nombre del padre de Jack aparezca en los Anuarios Militares: "El general fue un hombre esencialmente pacífico, excepto en su vida doméstica". Decir que una persona por estar abstraída dejó el manuscrito de su novela en el carrito de bebé y el bebé en el guardarropa de la estación Victoria parece estar viciado de inverosimilitud, es como los ejemplos de tosquedad que damos en la clase de insultos cuando es demasiado sutil la referencia a la grosería como en "es posible que tu madre tenga una saliva muy ácida porque me arde al orinar", etc. La gracia parece estribar más bien en la profunda empatía hacia la afiebrada voracidad en la motivación evidente de cada personaje, elegantísimamente formulada en enunciaciones que están regadas de información no requerida y máximas desopilantes. 

La crítica ha ponderado el detalle en "Perdóname pero tú no estás comprometida con nadie. Cuando te comprometas con alguien, yo o tu padre si su salud se lo permite, te lo informaremos". La verosimilitud, el rigor, el preciosisimo de la precisión se hallan presentes en "o tu padre si su salud se lo permite". Pero tampoco nos da la pauta. Porque Marx en "Miseria de la filosofía" destroza a "Filosofía de la miseria" y dice con un detalle igual de consecuente: "Todo lo que dice Proudhón hasta la parte que dice que eso es tan cierto como dos y dos son cuatro es un dislate excepto, claro está, que dos y dos sean cuatro".

Thomas Mann en "Schopenhauer, Nietzsche, Freud" dice que Wilde es nietzscheano, que su capacidad de desprecio es nietzscheano. El desprecio a nuestra tendencia a apoyar al débil es claro. Wilde despreciaría a quienes quieren que el Barcelona pierda por la sola razón sentimental de que "siempre ganaba". Nietzsche desmanteló y desvalijó las valijas cubiertas con el mantel con el que Kant y los griegos construyeron la mesa en la que se asienta el concepto de verdad como correspondencia. Pero en Wilde está la mentira no fanáticamente defendida como una necesidad orgánica, sino sutilmente dada por sentada: "lamento verme obligado a tener que decir la verdad, nunca antes me vi en esta penosa situación" dice Jack.

La relación entre Cecily y Gwendolin, anunciada por el dictuum "las mujeres se llaman entre ellas hermanas, solo después de haberse llamado una porción de otras cosas" resultó desopilante. 

Como cuando leo con mi hermana, que es la famosa actriz, una obra nueva, y la actúa sin conocerla, resulta encantador y entrañable hacer leer a los alumnos y alumnas de humor esta pieza dejando que sus risas vírgenes produzcan una orgíastica irrupción precoz.

A pesar de las aparentes frivolidades, el secreto de la magia de esta obra maravillosa es que da cuenta del enamoramiento con profunda elocuencia vehemencial. Como en el "Tartufo" vemos aqui a los enamorados poseídos de una certeza inquebrantable y nos identificamos con su pasión antes que con la burla que los burila, la parodia que los engarza, la garza que los empajarona. 

La niña que se compra un anillo a sí misma en nombre de un nombre que oyó y del cual se enamoró de a oídas no nos causa gracia por grotesca: nos prodiga una índole de risa en la que congratulamos a quien consigue mediante una ficción urdida por su propio talento dotarse a sí mismo de lo que necesita, como las historias que se inventa el obrero en "La camarera del Titanic", Benigni en "La vida es bella", los hijos de la comatosa en "Goodbye, Lenin", o Sócrates en su Apología.

El rol protector del Superyó calmando al yo nunca fue tan creativo...

Los medios de que se vale Wilde son sensuales: hace la inversión de la causa y el efecto no sobre cualquier objeto, sobre el pan con manteca. ¿Cómo podés comer pan con manteca tan campante en una situación como ésta? -El pan con manteca requiere que se lo coma con tranquilidad, para no mancharse los puños de la camisa. 
Junto con la gracia de este consabido mecanismo de irresponder, está el hecho palmario panteista y mantequista de que nos refiegue una comida apetitosa y nos infunda su respectivo hambre...

Todos nos fuimos con autodisfrutada e indefinible felicidad de la clase de hoy, pese a no haber sabido definir cómo lo hace Oscar Wilde. Tal vez esconde mejor que nadie las estructuras del nudo y el desenlace porque nos distrae con aforismos brillantes ¿cómo explicar que nos sorprenda algo tan previsible como reencontrarnos con el nombre Ernesto o con la idea de fraternidad? Quizá porque la búsqueda asombrosa de Wilde no haya sido asombrarnos, sino recuperarnos. Nos asombra la escena de una recuperación, pero más que asombrarnos nos recupera como un símbolo condensado, todo lo perdido y añorado, todo lo dado por perdido y evocado, todo lo que amamos y no sabíamos que seguía vivito y coleando, la reaparición de nuestro intenso deleite...



Freud a quien se atribuye la frase pesimista "para ser feliz hay que hacerse el idiota o directamente serlo" y Wilde polemiza incluso en esta obra muchísimo contra los alemanes, decía que la felicidad, algo tan espiritual y abarcador como la felicidad, consiste en satisfacer un deseo infantil: ¿será por la puerilidad de lo desiderativo que sentimos las alas de un pegaso te dejás pegar que nos remonta o te dejás remontar?

Hay muchas técnicas mezcladas, pero analizando ninguna desciframos el jerogrífico. La armazón del "Puedo resistirlo todo, excepto la tentación" se monta sobre lo que John Stuart Mill llamaba "verdad por definición", la paradoja de "Puedo esperarte toda la vida, siempre que tardes poquito" es elemental. Daría la sensación de que la armazón del argumento puede soportar estos chistes u otros, de que ninguna frase es indispensable. Triunfo completo del espíritu de trivialidad que emana de la indolente nonchalance felicidad de negligée como quien no quiere la cosa, haciendonos emocionar y reír de taquito, como me gusta decir a mí, sin despeinarse...

1 comentario:

  1. Anónimo10:56 a.m.

    Lo de Peter Pan con manteca, ya lo había hecho Lewis en Alicia. Mariposa es butterfly, que si queremos traducirlo literalmente, sería "mosca de manteca". Lewis poropone una "butter-and-bread fly". O sea, una mosca de pan con manteca.
    ¿Fue una reminiscencia literaria?

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