martes

Racine Moliere al Yves Saint Lorent de Carusó L'hommbardy






"Nada agrega a su gloria pero mucho a la nuestra" fue el reconocimiento que le brindó la Academia a Moliere en su entierro, cuatro a cero ...así como Porcia dado que en tiempos isabelinos no podía ser interpretada por una mujer sino por un hombre vestido como mujer (dressed as girl, origen de la palabra DRAG) era cuando se disfraza de abogado un hombre disfrazado de mujer disfrazado de hombre, Monsieur Jourdain descubre que habla en prosa en una obra rimada...

“El criado honesto”

Adaptación de las piezas “Las preciosas ridículas y “El burgués gentilhombre” de Moliére.

Criado: Buenas noches a todos ….Esto es de no creer, mi señor ha decidido tomar lecciones de cuanta cosa existe, y no quiere escuchar a su familia, conocidos y mucho menos a mí, su criado, es que parece que en el mundo de los burgueses y los nobles engañar y ser engañado es cosa fácil. Al menos, sin duda, mi señor  es un blanco perfecto para los que quieren hacer plata fácil, pero él no quiere escuchar…¡uh! silencio que ya vienen…
Prof. de Música (habla hacia afuera a su grupo): Esperen ahí la llegada de Sr. Jourdain.
Prof. de Baile: (ídem): Y ustedes también por ese lado. (A la Prof. de música)¿Preparó algo nuevo?
Prof. de Música: Si, es un aria para una serenata.
Prof. de Baile: ¿Puedo oírla?
Prof. de Música: Podés escucharla cuando él llegue, no tardará nada.
Prof. de Baile: Tanto sus ocupaciones como las mías han crecido en el último tiempo.
Prof. de Música: Es cierto hemos dado aquí con el hombre que nos convenía a ambos. Es una buena renta este señor Jourdain, con sus delirios de nobleza y de galantería que le trastornan la cabeza; y quien no quisiera estar en nuestro lugar…
Prof. de Baile: No coincido, yo quisiera que el señor fuera más entendido en las cosas que le ofrecemos.
Prof. de Música: Es cierto que apenas entiende de ellas; pero las paga bien, y esto es lo que más necesitan ahora nuestras artes.
Prof. de Baile: Os confieso que me interesa un poco la gloria. Los aplausos me conmueven; y creo que en todas las bellas artes es un suplicio bastante enojoso darse a conocer a necios y soportar la barbarie de un estúpido. Existe un placer, no lo niegue, en trabajar para personas que sean capaces de sentir la delicadeza del arte, que sepan dar una bondadosa acogida a las bellezas de una obra y compensar de vuestra labor con lisonjeras aprobaciones. Sí, la más grata recompensa es un aplauso que nos honre; resulta un halago exquisito la alabanza inteligente.
Prof. de Música: Estoy conforme con eso y lo saboreo como vos. No hay realmente nada que agrade más que los aplausos que decís, más ese incienso no sirve para vivir. Las alabanzas a secas no dan satisfacción a un hombre. La mejor manera de alabar es dando algo. Este es un hombre, en verdad, de escasas luces, que habla equivocadamente de todo y que aplaude al revés; más su dinero corrige los juicios de su espíritu; lleva el discernimiento en su bolsa.
Prof. de Baile: Hay algo de cierto en lo que decís; más encuentro que insistís demasiado sobre el dinero, el interés es algo tan bajo, que no debe mostrarse nunca apego a él.
Prof. de Música: Y, sin embargo, vos aceptáis muy bien el dinero que nuestro hombre os da.
Prof. de Baile: Sin duda, mas no cifro en el toda mi felicidad; y quisiera yo, que tuviera él, además de su fortuna, cierto buen gusto para las cosas.
Prof. de Música: También lo querría yo y con ese fin trabajamos ambos…
Prof. de Baile: Ahí viene
El criado abre las puertas y prepara la entrada. Entra Jourdain
Jourdain: Y señores, ¿Qué hay? ¿Me vais a enseñar vuestra pequeña bufonada?
Prof. de Baile: ¿Cómo? ¿Qué pequeña bufonada?
Jourdain: Esa, como la llamáis, vuestro prologo con canción y danza…
Prof. de Música: Estamos ya preparados.
Jourdain: Os he hecho esperar un poco; pero es que me hago vestir ahora como las personas de calidad; y mi sastre me ha enviado unas medias de seda, que creí que no iba a poder ponerme nunca.
Prof. de Música: Estamos aquí sólo para esperar a que estéis desocupado
Jourdain: Os ruego a ambas que no  os marchéis hasta que me traigan mi vestido,  a fin de que podéis verme con él.
Prof. de Baile: Todo cuanto queráis.
Jourdain: Me veréis ataviado de los pies a la cabeza.
Prof. de Música: No lo dudamos.
Jourdain: Me he mandado a hacer esta bata.
Prof. de Baile: Es preciosa.
Jourdain: Mi sastre me ha dicho que las personas de calidad van así por la mañana.
Prof. de Música: Os sienta a las mil maravillas.
Jourdain: ¿Qué me dicen de esto? (se entreabre la bata)…Un sencillo traje de casa para hacer mis ejercicios.
Prof. de Baile: Es magnífico.
Prof. de Música: Es coquetón.
Jourdain: Veamos ahora vuestro trabajo.
Prof. de Música: Quisiera que antes oyese un  aria.
Jourdain: Momento, voy a ponerme mi bata para escuchar mejor, (el criado se la pone) (cuando está por empezar) No, no, mejor sin la bata,  (el criado se la saca)
Prof. de música canta: Languidezco noche y día y es incurable mi mal desde que esos ojos crueles me esclavizan sin piedad
Jourdain (interrumpe): Esta canción me parece lúgubre, adormece, cámbiela un poco.
Prof. de Música: Es preciso, señor, que la música vaya de acuerdo con la letra.
Jourdain: Me ensañaron una lindísima hace algún tiempo, ¿cómo decía?
Prof. de Baile: No la sé, a fe mía.
Jourdain: Había en ella un cordero. Ah! Ya sé (canta) : Creía yo a Juanita tan dulce como bella, creía yo a Juanita más dulce que un cordero, y es cien veces mil veces mas cruel que un tigre de la selva… ¿no es lindísima?
Prof. de Música: De lo más lindo del mundo.
Prof. de Baile: Y lo cantáis muy bien.
Jordán: Y eso sin saber de música.
Prof. de Música: Deberías aprender señor, lo mismo que el baile, son dos artes que tienen una estrecha relación.
Prof. de Baile: Y que abren el espíritu de un hombre a las bellas cosas
Jourdain: Las personas de calidad, ¿aprenden también música?
Prof. de Música: ¡Sí! Por otra parte, señor, eso no es bastante, es preciso que una persona tan magnífica como vos, y con vuestra afición a las bellas cosas, de un concierto en su casa todos los miércoles o todos los jueves.
Jourdain: ¿Lo dan acaso las personas de categoría?
Prof. de Música: Si, claro señor. Quedareis contentas si lo hacéis, sobre todo si incluís ciertos minués.
Jourdain: Ah! Los minués son mi danza preferida y quiero que veáis como las bailo, vea profesora.
Prof. de Baile: Un sombrero si os place, señor. La, la, la, la, la, la , la, la…con cadencia por favor. La pierna derecha, no mováis tanto los hombros. La, la, la, la, la. Parecéis tener los brazos lisiados, levantad la cabeza, volved la punta del pie hacia afuera, la, la la, erguid el cuerpo...
Jourdain: Eh!
Prof. de Música: Está muy bien
Jourdain: A propósito enseñadme a hacer la reverencia para saludar a un marques.
Prof. de Baile:¿ La reverencia? Si queréis saludar con mucho respeto, hay que hacer primero una reverencia retrocediendo y luego avanzar haciendo tres reverencias, y en la última inclinaros hasta sus rodillas.
Jourdain lo hace muy muy mal.
Prof. de baile: ¡ Muy bien!
De aquí en adelante Jourdain saludará a todos con esta reverencia para practicar
Criado: Ahí está el maestro de armas.
Jourdain: Dile que entre aquí, quiero que todos vean mi lección y lo bien que lo hago.
Entra el maestro de armas. Toma un florete del criado y da uno al Sr. Jourdain
Maestro de armas: Vamos señor; el saludo. El cuerpo, recto. Un poco inclinado sobre el muslo izquierdo. No tan separadas las piernas. Los pies, en una misma línea. La muñeca, ante vuestra cadera. La punta de la espada, en la línea de vuestro hombro. No tan estirado el brazo. La mano izquierda a la altura del ojo. El hombro izquierdo más fuera de la línea. La cabeza erguida, la mirada resuelta. Avanzad, el cuerpo firme, tocad mi espada en cuarta y terminad lo mismo. Una, dos, repetidlo. A fondo, sin moveros del sitio. Un salto atrás. Cuando tiréis la escotada, es preciso, que la espada parta primero y que el cuerpo esté bien cubierto. Una, dos. Vamos, tocad mi espada en tercera y terminad lo mismo. Avanzad el cuerpo firme. Avanzad. Tiraos a fondo desde aquí. Una, dos. Repetidlo. Más de prisa, un salto hacia atrás. ¡En guardia señor, en guardia! (le tira estocadas)
Jourdain: Eh?
Prof. de música: (a Jourdain) Hacéis maravillas.
Maestro de armas: Ya os he dicho el secreto de las armas consiste tan sólo en dos cosas: en dar y en no recibir. Y como os hice ver el otro día, a título demostrativo, es imposible que recibáis si sabéis a apartar la espada de vuestro adversario de la línea de vuestro cuerpo, lo cual no depende más que de un pequeño movimiento de muñeca, hacia dentro o hacia fuera.
Jourdain: Entonces, de ese modo, cualquier hombre, aun no siendo esforzado ¿puede estar seguro de matar a su contrincante y de que no lo maten a él?
Maestro de armas: Sin duda, ¿no visteis la demostración? Por ella se advierte la consideración en que debe tenernos el Estado y hasta qué punto la ciencia de las armas supera manifiestamente a todas las otras ciencias inútiles. Como la danza, la música…
Prof. de baile: Poco a poco, señor tirador de armas, hablad  de la danza con respeto.
Prof. de música: Os ruego que aprendáis a tratar mejor la grandeza de la música.
Maestro de armas: Sois unas gentes divertidas al querer comparar vuestras ciencias con la mía.
Prof. de música: Mire Ud. Al hombre importante.
Prof.de baile: Que animal más gracioso con su pechera.
Maestro  de armas: Pobre bailarincita, os voy a hacer danzar como es debido. Y a vos, musiquilla, os haré cantar lindamente.
Prof. de danza: Señor vendedor de hierro, ya os enseñare vuestro oficio…
Jourdain: ¿Estáis locos en provocarle a él, que entiende de tercera y de cuarta y que sabe matar a un hombre a título demostrativo?
Prof. de baile: Yo me río de su titulo demostrativo.
Jourdain: Calladita, os digo.
Maestro de armas: ¡Impertinente!
Jourdain: Eh! Maestro.
Prof. de baile: ¿Como mamarracho?
Jourdain: Eh! Profesora.
Maestro de armas: SI te agarro…
Prof. de baile: Os daré una buena zurra…
Prof. de música (Se suma) Deje que le enseñemos a hablar con respeto de nostras
Juego de persecución e intento de golpes en que Jourdain y el criado intentan separarlos
Jourdain: Deteneos, ¡dios mío! (los ve golpearse, le da miedo). Oh! Dais cuanto gustéis .No intervendré ni pienso estropear mi bata por separaros. Buen loco sería yo en ir a meterme entre ellos para recibir un golpe que me hiciera daño.



Entra el sastre. Por detrás pasan corriéndose los profesores varias veces.
Jourdain: ¡Ah! ¡Menos mal que está aquí! Me habéis enviado unas medias de seda tan estrechas, que he pasado todos los apuros del mundo para ponérmelas y ya se han roto do mallas.
Sastre: Así se ensancharán mejor.
Jourdain: Sí, cuando se rompan todas las mallas. Me habéis encargado también unos zapatos que me hacen un daño terrible.
Sastre: Nada de eso señor.
Jourdain: ¿Cómo que nada de eso?
Sastre: No, no os hace daño.
Jourdain: Pues yo os digo que me hacen daño.
Sastre: Os lo imaginaréis.
Jourdain: Me lo imagino, porque lo siento, ¡vaya una razón!
Sastre: (pide ayuda al criado) Mirad, he aquí el más hermoso traje de la corte, el mejor asentado. Es una obra maestra haber inventado un traje serio que no fuese negro, y yo se lo brindo a los sastres más ilustres. (El criado se va)
Jourdain: ¿Qué es esto? ¿Habréis puesto las flores abajo?
Sastre: No me habías dicho que las querías arriba.
Jourdain: ¿Es necesario decirlo?
Sastre: Sí, realmente. Todas las personas de calidad las llevan así.
Jourdain: ¿Las personas de calidad las llevan abajo?
Sastre: Sí, señor.
Jourdain: Oh! Entonces está muy bien.
Sastre: Si queréis las pondré arriba.
Jourdain: No, no. Habéis hecho bien ¿Crees que me sienta mejor el traje?
Sastre: ¡Bonita pregunta! Desafío a un pintor con su pincel, a que os haga nada más acertado. La peluca, las plumas, todo está bien.
Jourdain: (examinando al maestro Sastre) Ey, esta es la tela del último traje que me hicisteis, la reconozco muy bien.
Sastre: Es que me pareció tan bonita que quise hacerme otro yo.
Jourdain: Sí, pero no deberíais haberla sacado del mío
Sastre: ¡Queréis probaros vuestro traje?!
Jourdain: (despide al sastre, camina por el espacio, llama al criado): Seguidme, voy a lucir un poco mi traje por la ciudad, pero antes llamad a Nicolasa, quiero que la criada de mi esposa cumpla también algunas órdenes mías.
El criado aguantando la risa por el traje que ve, sale corriendo. Entra con Nicolasa cómplice
Jourdain: Nicolasa, Escuchad
Nicolasa (lo ve) :jijiji
Jourdain: ¿De qué te reís?
Nicolasa: jijijijijiji
Jourdain: ¿Que quiere decir esto, picara?
Nicolasa: ¡jijijij, ¡como os habéis puesto! Jijij
Jourdain: ¿Cómo? ¿Te burlas de mí?
Nicolasa: No, no, nada de eso, ni por asomo. (Complicidad con criado)
Jourdain: Te daré en las narices como sigas riéndote.
Criado: Señor, resulta inevitable, no se altere.
Nicolasa: Ji,ji,ji
Jourdain: ¿No vas a parar?
Nicolasa: Os pido perdón, es que…
Criado: Está tan gracioso que no puede uno contenerse.
Jourdain: Habrase visto tamaña insolencia, reírse en mis narices, en lugar de recibir mis órdenes, os echaré a los dos.
Silencio
Nicolasa: Os ruego señor, no me reiré más.
Jourdain: Ten cuidado, te daré a lo menos un bofetón y a ti ni te cuento (por el criado) Bien, has de limpiar…
Nicolasa: Jijiji
Jourdain: Tienes que limpiar el salón, y…
Nicolasa: JIjiji
Cada vez que Jourdain mira, ella disimula, el criado se hace cargo, Jourdain sigue
Jourdain: ¿Otra vez?
Nicolasa: Pégueme si quiere, señor, pero déjeme reír.
Criado: No, señor, no puede hacerle nada, Ud. se ha vestido tan absolutamente ridículo que solo un ciego o un idiota podrían evitar la risa.
Jourdain: Aggg! ¡Desvergonzado, esta es la última que te toleraré, ve a buscarte un nuevo patrón a quien servir, (aparte)es evidente que no entiende nada del mundo de la gente importante y para mi  ya  fue suficiente...y tu (a Nicolasa)…
Criado: Me iré y Nicolasa hará lo que le pide... ¿Verdad?
Nicolasa: Si, ¿qué quiere señor?
Jourdain: Pues que prepares mi casa para los invitados que van a llegar
Nicolasa (acongojada por lo sucedido con el criado) Si, señor.
(Se van todos. Queda el criado en escena)
Criado: Al final, parece que lo único que sirve para sobrevivir en ese mundo es la falsedad, pero qué bien la hicimos, valió la pena decirle en la cara las cosas como son…. Lamento, eso sí, no poder  ver más a Nicolasa, ah! Nicolasa…En fin, voy a probar suerte con el Sr. Gorgibus, un buen hombre, que ha quedad a cargo de sus 3 sobrinas y 1 sobrino de pocas luces. Sé que estaba buscando ayuda, seguramente ha de estar desesperado, veremos si  tengo mejor suerte…
APAGÓN
Criado: ¡Lo logré! ¿Algo más señor? (acomodándole el saco)
Gorgibus: Si, ve a buscar a tus nuevas amas, mientras trataré de impedir a mi sobrino asistir a las clases de filosofía que se le ha ocurrido tomar. Y las mujeres estas….ya es suficiente de untarse el hocico, mis sobrinas acaban de despachar a otros pretendientes, mi única posible salvación, a este ritmo me habrán de fundir y agotar en menos de un mes. Esas bribonas paréceme que tienen ganas de arruinarme con su pomada. No veo por todas partes más que claras de huevo, leche virginal y mil otros chismes que no conozco. Han consumido desde que estamos aquí, la grasa de una docena de cerdos, cuando menos, y vivirían cuatro criados a diario con las pezuñas de carnero que emplean. Ay, ya me encolericé, voy yo mismo.
(En la habitación, se encuentran Madelón, Cathos y Annete)
Gorgibus: ¿Es muy necesario, realmente, hacer tanto gasto para engrasaros el hocico? Decidme, por favor, que habéis hecho a esos caballeros que los he visto salir con tanta frialdad? ¿No os había recomendado que los recibierais como personas a quienes quería yo daros por marido?
Madelón: ¿Y qué pretende que hagamos con la conducta irregular de esa gente?
Gorgibus: ¿Qué tenéis que decir de ellos?
Annete: ¡Linda galantería la suya! ¿Empezar primero por el casamiento?
Gorgibus: ¿Y por donde quieres entonces que empiecen? ¿Por el concubinato? No deberíais estar satisfechas, igual que yo...Ese lazo sagrado al que aspiran ¿no es una prueba de la honradez de sus intenciones?
Cathos: Ah! Tío, lo que decís es propio del último burgués. Me avergüenza oírle hablar de ese modo y deberías haceros enseñar un poco el aire elegante de las cosas.
Gorgibus: No necesito ni aires ni canción. El matrimonio es una cosa santa y sagrada, es obrar como gente honrada empezar por eso.
Annete: Ay dios mío, ¡si todo el mundo  se os asemejase, se acabaría muy pronto una novela!
Madelón: Bonita cosa sería si Ciro se casara primero Mandané y Aroncio contrajera casamiento, sin dificultad con Clelia.
Gorgibus: ¿Qué dice?
Cathos: Ay! Tío cualquiera de nosotras puede decirte y  es ya sabido, que el matrimonio no debe nunca llegar sino después de las otras aventuras.
Annete: Es preciso que un amante, para ser agradable sepa declamar los bellos sentimientos, exhalar lo tierno lo delicado y lo ardiente y que su esmero consista en las formas.
Madelón: Primero, debe ver en el templo o en el paseo, o en alguna ceremonia pública, a la persona de que está enamorado, o si no, ser llevado fatalmente a casa e ella por un pariente o un amigo y al salir de allí debe mostrarse soñador y melancólico.
Cathos: Esconderá cierto tiempo su pasión al objeto amado, haciéndole, sin embargo, varias visitas, donde no deje de sacar a colación un tema galante que espolee a las personas de la reunión.
Annete: Llegado el día, la declaración debe hacerse generalmente en la avenida de algún jardín, mientras la compañía se ha alejado un poco, y esta declaración ha de ir seguida de un pronto enojo, que se revele en nuestro rubor y que aleje durante un rato al amante de nuestra presencia.
Cathos: Luego encuentra medios de apaciguarnos, acostumbrarnos insensiblemente al discurso de su pasión, de obtener de nosotras esa confesión que tanto desagrada.
Madelón: Después de esto vienen las aventuras, los rivales que se atraviesan ante una inclinación arraigada, las persecuciones de los padres, los celos simentados en falsas apariencias, las quejas, las desesperaciones, los raptos y todo lo demás.
Annete: He aquí cómo se ejecutan las cosas dentro de las maneras elegantes y con esas reglas, de las que no se puede prescindir. Pero llegar de buenas a primeras a la unión conyugal, hacer el amor tan solo al concretar el contrato matrimonial y empezar justamente la novela por la cola…
Madelón: No hay nada más vulgar que ese proceder.
Cathos: Me dan nauseas solo de pensar en eso.
Gorgibus: ¿Qué diablo de jerigonza estoy oyendo? Si eso es alto estilo…
Annete: En efecto, mi hermana dá en el quid de la cuestión. Ese es el medio de recibir bien a gentes que son completamente chabacanas en galanterías. Estoy por apostar que nunca han visto el mapa de la ternura y que las atenciones delicadas, las escuelas galantes y los lindos versos son tierras desconocidas para ellos.
Cathos:  ¿No veis que su persona entera revela eso y que carecen de ese aire que da a primera vista una buena opinión de la gente? ¿Qué amantes son esos? Que sobriedad de atavíos y que sequedad de conversación….
Annete: Algo así no se puede soportar ni resistir! ¿Notaron que faltaba más de medio pie para que sus calzas sean lo suficientemente anchas?
Cathos y Madelón: Ay! Si… No se puede tolerar…
Gorgibus: Creo que están locas las tres, basta con todo esto. Conozco a esos señores y a sus familias y sus bienes y quiero que os dispongáis a aceptarlos por maridos, me canso de teneros a mis espaldas y la custodia de tres doncellas es una carga demasiado pesada para un hombre como yo.
Cathos: Por lo que a mí se refiere, todo cuanto puedo deciros es que encuentro al matrimonio una cosa completamente molesta.
Madelón: ¿Cómo puede sufrirse el pensamiento de acostarse con un hombre completamente desnudo?
Annete: Permitid, tiito, que respiremos un poco el alto mundo de la ciudad, adonde acabamos de llegar. Dejadnos forjar a gusto la trama de nuestra novela y no apresuréis tanto  su final.
Gorgibus:  (aparte)No cabe duda, están rematadas. (Alto)Repito que no entiendo nada de todas esas pamplinas; quiero ser amo absoluto y para cortar toda clase de discursos, o estáis casadas muy pronto, o a fe mía que seréis monjas, lo juro de verdad. (Llama al criado) Ve a ver a mi sobrino Jerónimo y fíjate de que se tratan esas lecciones de filosofía, y cuéntame, que intentaré disuadirlo después de esta primera .
(Se van ambos)(Criado hace pasar al estar)
Prof. de Filosofía: Muy bien y ¿Qué queréis aprender?
Jerónimo: Todo lo que pueda, pues tengo los mayores deseos de ser sabio; me subleva que mis padres no me hayan hecho estudiar bien todas las ciencias. Por suerte mi tío está gustoso de pagármelas.
Prof. de Filosofía: Ese sentimiento es razonable: nam, sine doctrina vita est quasi mortis imago. Esto lo entendéis y sabéis el latín, sin duda
Jerónimo: Sí, más obrad como si no supiera. Explicadme qué quiere decir eso.
Prof. de Filosofía: Eso quiere decir que sin la ciencia, la vida es casi una imagen de la muerte.
Jerónimo: Ese latín está en lo cierto.
Prof. de Filosofía: ¿No tenéis alguna idea, algunas nociones de la ciencia?
Jerónimo: OH! Si, si, sé leer y escribir.
Prof. de Filosofía: ¿Por dónde queréis que comencemos? ¿Deseáis que os enseñe lógica?
Jerónimo: ¿Qué es esa lógica?
Prof. de Filosofía: La ciencia que enseña las tres operaciones del espíritu.
Jerónimo: ¿Y cuáles son esas tres operaciones del espíritu?
Prof. de Filosofía: La primera, la segunda y la tercera. La primera es concebir bien, por medio de los universales, la segunda, juzgar bien por medio de las categorías y la tercera, sacar bien una consecuencia, por medio de las figuras: Barbara, celarent, daari, ferio, baralipton, etc.
Jerónimo: He aquí unas palabras demasiado enrevesadas. Esa lógica no me agrada. Aprendamos otra cosa que sea más linda.
Prof. de Filosofía: ¿Queréis aprender la moral?
Jerónimo: Mmm…¿y que dice esa moral?
Prof. de Filosofía: Trata de la felicidad, enseña a los hombres a moderar sus pasiones y…
Jerónimo: No, dejemos eso. Soy más bilioso que el diablo y no hay moral que valga; quiero enfurecerme a mis anchas y cuando me plazca.
Prof. de Filosofía: ¿Queréis aprender física? La física es la que explica los principios de las cosas naturales y las propiedades del cuerpo; la que discurre sobre la naturaleza de los elementos, de los metales, de los minerales, de las piedras y la que nos enseña la causa de todos los meteoros: el arco iris, el rayo, la lluvia, la nieve, el granizo, los vientos y los torbellinos.
Jerónimo: Hay demasiado alboroto en eso, demasiado baturrillo.
Prof. de Filosofía: ¿Qué queréis entonces que os enseñe?
Jerónimo: Enseñadme la ortografía.
Prof. de Filosofía: Con mucho gusto.
Jerónimo: Después me enseñares el almanaque para saber cuándo hay luna y cuando no la hay.
Prof. de Filosofía: Sea. Para atender bien a vuestro pensamiento y tratar esta materia como filósofo hay que empezar, conforme al orden de las cosas, por un exacto conocimiento de las letras y las diferentes maneras de pronunciarlas. Y sobre esto, debo deciros que las letras se dividen en vocales, porque expresan las voces y en consonantes, llamadas así porque suenan con las vocales y marcan únicamente las diversas articulaciones de las voces. Hay cinco vocales: A, E, I, O, U.
Jerónimo: Todo esto lo entiendo.
Prof. de Filosofía: La voz A se forma abriendo mucho la boca: A.
Jerónimo: A, A, si.
Prof. de Filosofía: La voz E se forma aproximando la quijada inferior a la superior: A, E.
Jerónimo: A; E; A; E. Sí, a fe mía, qué bello es esto
Prof. de Filosofía: Y la voz I, acercando todavía más las quijadas y separando las comisuras de los boca hacia las orejas: A, E, I.
Jerónimo: A, E, I I I es cierto, viva la ciencia!
Prof. de Filosofía: La voz O se forma separando nuevamente las quijadas y  acercando las comisuras de los labios, y el superior al inferior: O.
Jerónimo: O, O. NO hay nada más exacto: A, E, I, O, I, O ¡Es admirable! I, O; I, O.
Qué bello es saber algo

Prof. de Filosofía: La voz U se forma aproximando los dientes, sin juntarlos por completo y alargando los labios hacia afuera, acercándolos también uno a otro, sin unirlo del todo: U.

Jerónimo: U. No hay nada más cierto. U,U,U.

Prof. de Filosofía: Vuestros labios se alargan como si hicierais una mueca, de la cual se desprende que si quisieras juzgar a alguien y burlaros de él, no tendrías más que decirle: U.
Jerónimo: U.U.es verdad, ¿por qué no habré estudiado antes para saber esto?

Prof. de Filosofía: Mañana veremos las otras letras, que son las consonantes.
Jerónimo: ¿Es que hay cosas tan curiosas como esa?

Prof. de Filosofía: Sin duda, la consonante D, por ejemplo, se pronuncia dando con la punta de la lengua sobre los dientes de arriba: DA.
Jerónimo: DA, DA. ¡Si, si! AH! ¡Qué bellas cosas!

Prof. de Filosofía: Ya os explicaré a fondo todas estas curiosidades.

Jerónimo: ¿Me enseñará a escribir mejor que esos pretendientes de mis hermanas, para cuando me llegue el turno de enamorarme?

Prof. de filosofía: Pero claro que si, ¿son versos lo que queréis escribir?

Jerónimo: No, no, nada de versos.

Prof. de filosofía: ¿Prosa tan solo?

Jerónimo: No, no quiero ni verso ni prosa.
Prof. de filosofía: Ha de ser necesariamente una cosa u otra.
Jerónimo: ¿Por qué?
Prof. de filosofía: Por la razón señor de que, para expresarse, no hay más que la prosa o los versos.
Jerónimo: ¿No hay más que la prosa y los versos?
Prof. de filosofía: No señor, todo lo que no es prosa, es verso y lo que no es verso, es prosa.
Jerónimo: Y como uno habla ¿Qué es?
Prof. de Filosofía: Prosa.
Jerónimo: A fe mía, toda una vida hablando en prosa sin saberlo; os quedo muy agradecido por habérmelo enseñado. Os doy las gracias de todo corazón y os ruego que vengáis mañana temprano.
Prof. de Filosofía: No faltaré.
Se retira

Jerónimo (al criado): Ven, bribón. Quiero que busques a mis hermanas para hablar de asuntos importantes.
Criado: Si, señor, antes quería también mencionarle un asunto que su tío me pidió…
Jerónimo: Silencio, bruto… A ver… ¿Sabéis como  estáis hablando en este momento?
Criado: Si, palabras  respetuosas, señor.
Jerónimo: No, no digo eso, os pregunto ¿lo que decimos ambos, en que lenguaje hablamos?
Criado: Español.
Jerónimo: Aggg, no digo eso. Lo que estamos hablando es PROSA.
Criado: ¿Prosa?
Jerónimo: Sí, todo lo que no es prosa, es  verso y lo que no es verso, es prosa.
Entra el tío Gorgibus. El criado se queda, no sabe qué hacer, participa.
Jerónimo: Eh! Tío…ven, dime ¿Qué haces cuando dices U?
Gorgibus: ¿Qué?
Jerónimo: Di U para verlo.
Gorgibus : Digo U.
Jerónimo: Si, más que haces cuando dices U.
Gorgibus: Hago lo que me pedís.
Jerónimo: (Aparte) Oh! Que tema tratar con brutos. Alarga los labios hacia afuera y acercas la quijada superior a la inferior: u, ¿ves?
Gorgibus: Si, (aparte) Uno más que está de remate. Así no podré sobrevivir (al criado) Ve a buscar a mis sobrinas quiero hablar con todos juntos.
El criado se va. En la habitación de ellas.
 Criado: Ahí está vuestro tío junto a vuestro hermano, dice que espera que bajen para verse todos juntos.
Madelón: Aprended, necio, a expresaros con menos vulgaridad; decid, que el Sr.Tío pregunta si os encontráis en adecuación de estar visibles.
Criado: Diantre, no entiendo el latín y no he aprendido como vos la filosofía del gran circo…
Cathos: ¡Que impertinente! ¿Quién te ha contratado?
Anette: ¿Nuestro tío, acaso?
Criado: Si, él mismo.
Madelón: Ah! No entiende nada, el pobre, avísale que te despedimos.
APAGÓN
Criado: Conseguí un nuevo patrón, esta vez voy a tratar de no decir mucho, mi gran bocota me está perjudicando…Éste no es noble, eso puede significar algo bueno y  pretende casualmente , a Lucila, la hija del Sr. Jourdain, mi anterior patrón..Espero que esto tenga al menos la recompensa  de volver a ver a Nicolasa.
Cleonte: Estoy desconsolado, como puede ser...demuestro a una persona todo el ardor y toda la ternura que pueda imaginarse: no amo más que a ella en el mundo y sólo a ella la tengo grabada en el alma; no hablo más que de ella, pienso en ella únicamente, sólo sueño con ella, respiro por ella y ¡he aquí la digna recompensa! Estoy sin verla dos días, que son para mí dos espantosos siglos. La encuentro casualmente, mi corazón al verla, se siente extasiado, resplandece la alegría sobre mi rostro y vuelo arrebatado hacia ella y la infiel aparta de mí su mirada y pasa bruscamente a mi lado, como si no me hubiese visto en su vida! Después de tanta pasión como he mostrado, huye de mí con desdén. Es una perfidia digna de los mayores castigos.
Criado: Estoy de acuerdo, señor.
Cleonte: No se te ocurra, te lo ruego, defenderla nunca.
Criado: Yo, señor. ¡Dios me guarde!
Cleonte: No vengas a disculpar ante mí, la acción de esa infiel.
Criado: No tengáis cuidado.
Cleonte: Quiero conservar mi resentimiento y romper toda relación entre nosotros.
Criado: Accedo a ello.
Cleonte: Ayudad a mi despecho y sostén mi resolución contra todos los restos de amor que pudieran hablarme de ella. Te emplazo a que me digas todo lo malo de  ella, trázame un retrato de ella, que me la haga despreciable y señálame bien, todos cuantos defectos puedas ver en ella, que yo se que tu bien la conoces.
Criado: (aparte) ¿He de ser honesto ahora?  (A él) Ella, vaya una linda presumida, una remilgada de bella estampa, no le encuentro nada que no sea vulgar y tropezareis con cien personas más dignas de vos. Lo primero, tiene los ojos pequeños.
Cleonte: Eso es cierto, tiene los ojos pequeños; pero son los más brillantes y tiernos que puede haber.
Criado: Tiene la boca grande.
Cleonte: Si, pero posee ciertos encantos que no se ven en otras bocas y esa boca es la más atractiva y amorosa del mundo.
Criado: No es alta de estatura tampoco.
Cleonte: No, pero esbelta y bien formada.
Criado: En cuanto a su talento…
Cleonte: ¡Ah, lo tiene y del más fino y delicado!
Criado: Su conversación…
Cleonte: Es encantadora.
Criado: Es caprichosa como nadie.
Cleonte: Si, es caprichosa, conforme; mas todo les sienta bien a las beldades; se las tolera todo.
Criado: Puesto que es así, veo que deseáis amarla siempre.
Cleonte: ¿Yo? Antes preferiría morir, y voy a odiarla tanto como la he amado. Así mi venganza será más resonante, y así mostraré mejor la energía de mi corazón, odiándola y abandonándola, pese a lo muy bella, hechicera y amable que la encuentro. Cállate. Aquí llega.
Entran Lucila y Nicolasa
Nicolasa: Estoy toda escandalizada (lo ve al criado, saluda feliz)
Lucila: No puede ser más que lo que te he dicho. Más aquí está
Cleonte: (al criado) No pienso ni hablarle.
Criado: Estoy de acuerdo. Lo imitaré.
Lucila: ¿Qué hay Cleonte, que tenéis?
Nicolasa: ¿Qué te pasa?
Lucila: ¿Qué pesar os aflige?
Nicolasa: ¿Qué motiva tu mal humor?
Lucila: ¿Os habéis quedado mudo, Cleonte?
Nicolasa: ¿Perdiste el habla?
Cleonte: Esto sí que es villanía.
Criado: Esto sí que es ser Judas.
Lucila: Veo que el encuentro de hace poco os ha trastornado el juicio.
Cleonte: AH! Conque confiesa lo que ha hecho.
Nicolasa: ¿La acogida de esta mañana lo ha enfurruñado?
Lucila: ¿Verdad que es ese el motivo de vuestro enojo?
Cleonte: Sí, pérfida, ese es, puesto que es preciso hablar; y debo deciros que no triunfareis como pensáis con vuestra infidelidad; que quiero ser el primero en romper con vos y que no os daréis el gusto de dejarme. Me apenará, sin duda, vencer el amor, que por vos siento; me causará pesares; sufriré algún tiempo; más sabré triunfar y me desgarraré el corazón antes de tener la flaqueza de volver a vos.
Lucila: ¡Cuánto ruido por una nadería! Voy a deciros, Cleonte, el motivo que me ha hecho, esta mañana, huiros.
Cleonte: No, no quiero escuchar nada
Criado: Ni yo.
Lucila: Sabed que esta mañana…
Cleonte: Os digo que no.
Lucila: Escuchad.
Cleonte: Es inútil.
Nicolasa: Ha de saber…
Criado: No, traidora.
Nicolasa: Déjame decirte…
Criado: Soy sordo.
Lucila: Cleonte…
Cleonte: No.
Nicolasa: Covielle…
Criado: Nada.
Lucila: Un momento…
Cleonte: De ningún modo.
Nicolasa: Un poco de paciencia.
Criado: Tarararira.
Lucila: Dos palabras.
Cleonte: No, se acabó.
Nicolasa: Una palabra.
Criado: Ni un ruidito.
 Lucila: (deteniéndose) Pues bien, ya que no queréis escucharme; seguid con vuestra idea y haced lo que os plazca.
Nicolasa: Ya que te pones así, tómalo como quieras.
Cleonte: (Volviéndose hacia Lucila) Sepamos, pues la causa de tan linda acogida…
Lucila: (marchándose para huir de Cleonte)  No quiero ya decirlo.
Criado: (hacia Nicolasa) Cuéntanos esa historia.
Nicolasa: No quiero ya contarla.
Cleonte: (siguiéndola) Decidme.
Lucila: No quiero decir nada.
Criado: Cuéntame.
Nicolasa: No, ya no cuento nada.
Cleonte: Por favor.
Lucila: Os digo que no.
Criado: Por caridad.
Nicolasa: Es inútil.
Cleonte: Os lo ruego.
Lucila: Dejadme.
Criado: Te lo suplico.
Nicolasa: Apártate.
Cleonte: ¡Lucila!
Lucila: No.
Criado: ¡Nicolasa!
Nicolasa: Nada.
Cleonte: ¡Aclarad mis dudas, en nombre del cielo!
Lucila: No pienso hacerlo.
Criado: Cúrame le alma.
Nicolasa: No me place.
Cleonte: Pues bien; ya que os importa tan poco sacarme de penas y justificaros del indigno trato que habéis dado a mi pasión, me estáis viendo, ingrata por última vez, y me iré lejos de vos a morir de amor y de pesar.
Criado: (dudando) Y yo seguiré sus pasos.
Lucila: (A Cleonte que va a salir) ¿Adonde vais?
Cleonte: A donde os he dicho.
Criado: Vamos a morir.
Lucila: ¿Vais a morir?
Cleonte: Si, cruel, ya que lo queréis.
Lucila: ¿Qué quiero yo que muráis?
Cleonte: Sí, lo queréis. ¿No es quererlo negaros a disipar mis recelos?
Lucila: ¿Ha sido culpa mía? Y si hubierais querido escucharme, os habría podido decir que la aventura de que os lamentáis ha sido promovida esta mañana por la presencia de una vieja tía, que cree que la sola proximidad de un hombre deshonra a una joven, que os sermonea continuamente sobre ese tema y que pinta a todos los hombres como a demonios de los que es preciso huir.
Nicolasa: Ese es el secreto de esta cuestión.
Cleonte: ¿No me engañáis, Lucila?
Lucila: NO hay nada más cierto.
Criado: ¿Cedemos ante esto?
Cleonte: Ah ¡Lucila, como sabéis con una sola palabra de vuestra boca apaciguar mi corazón, y cuan fácilmente se deja convencer uno por las personas amadas!
Criado: ¡Con que facilidad se apodera uno de estos animalitos!
Entra la señora Jourdain. Se sorprende de ver al criado y se alegra.
Sra. Jourdain: Me alegra veros, Cleonte y a ti, Covielle. Mi marido ya va a llegar; aprovechad el momento para pedirle a Lucila en matrimonio.
Cleonte: ¡Ah señora! Que dulce es para mí esa palabra y cómo halaga mis deseos ¿Podría yo haber recibido una orden más encantadora, un favor más preciado?
Entra el Sr. Jourdain. Covielle evita ser reconocido. Sr.Jourdain hace su reverencia.
Cleonte: Señor, no he querido acudir a nadie para haceros una petición que vengo meditando hace largo tiempo. Me afecta lo bastante para encargarme de ella en persona; y, sin más rodeos, os diré que el honor de ser vuestro yerno, es un favor insigne, que os ruego me concedáis.
Sr. Jourdain: Antes de contestaros Señor, os ruego que me digáis si sos noble.
Criado: (a Cleonte) Diga que sí.
Cleonte: Señor, la mayoría de la gente no vacila mucho ante esa pregunta, la contesta terminantemente. Os confieso, que tengo por mi parte opiniones más delicadas sobre esa materia. Parece     que cualquier impostura es indigna de un hombre honrado y que existe una evidente cobardía en disfrazar y adornarse los ojos del mundo con un titulo robado. He nacido de padres que han ocupado, sin duda, una hermosa posición, he merecido en la milicia el honor de seis años de servicio y poseo el suficiente caudal para mantener un linaje bastante pasadero, en fin, con todo esto, a pesar de poder atribuírseme un nombre al que puedo aspirar, os diré con franqueza que no soy noble.
Sr. Jourdain: No sois noble, no será vuestra mi hija.
Sra. Jourdain: ¿Qué querés decir con eso? ¿Es que acaso nosotros provenimos, acaso, de la costilla de San Luis?
Sr. Jourdain: Callaos esposa mía que os veo venir.
Sra. Jourdain: ¿No descendemos nosotros lisa y llanamente de la burguesía? ¿Y vuestro padre, no era comerciante, como el mío?
Sr. Jourdain: ¡Siempre ofendiendo! Si vuestro padre era comerciante, pero para él, de mi familia, son unos indiscretos los que dicen eso. Todo  lo que habré de deciros es que tengo el suficiente caudal para mi hija, sólo necesito honores y quiero hacerla marquesa.
Nicolasa: ¿Marquesa?
Sra. Jourdain: Dios me libre de eso. Yo no consentiré. No quiero en absoluto que mi yerno pueda reprochar a mi hija sus padres y que tenga hijos que puedan avergonzarse de llamarme abuela. Quiero un hombre en fin que me agradezca mi hija y del que yo pueda decir: “Sentaos ahí yerno y comed conmigo” .
Sr. Jourdain: Querer seguir siempre en este estado plebeyo es digno de un espíritu mezquino. No me repliquéis más, mi hija será marquesa, pese a todos; y si me irritáis la haré duquesa.
Se va.
Señora de Jourdain: No pierdas ánimos, Cleonte. Seguidme hija mía y venid a decir resueltamente a vuestro padre que si no es con él, no queréis casaros con nadie.
Lucila, y Nicolasa se van junto a la señora Jourdain
Criado: Buena la habréis hecho con  vuestros hermosos sentimientos.
Cleonte: ¿Qué quieres? Tengo ciertos escrúpulos sobre esta cuestión.
Criado: Pero ¿Vas a tomar en serio a un hombre como ese? ¿No veis que está loco?
Cleonte: Tienes razón, más no creía yo que hubiese que hacer pruebas de nobleza para ser yerno del señor Jourdain.
Criado: Jajajajaja
Cleonte: ¿De qué te ríes?
Criado: De una idea que se me ocurre para engañar a vuestro hombre….(Aparte)A esta altura no es con honestidad que se conseguirá nada…(vuelve)Jajá...La idea es divertidísima….
Cleonte: ¿Cómo es?
Criado: Con un poco de dinero contrataremos a un filosofo que conozco que podrá redactar una carta justificando un título de nobleza por algún pariente recientemente fallecido y representaremos el nombramiento al que invitaremos a músicos, profesores de baile y algunas mujeres de pretendida alta alcurnia que completarán la ilusión y así lograremos el matrimonio…Dadme dinero y dejadme hacer tan sólo….y si tengo suerte conseguiré casarme yo también...ah! Nicolasa…
APAGÓN
Todos en escena celebrando. Música.
Criado: Ya está todo hecho y los matrimonios acordados. Si la honestidad sirve para algo, en este contexto no tiene lugar… (Nicolasa lo busca) Y ahora a festejar…
Se van a bailar. Baile y saludo final.



Prof. de Filosofía: Muy bien y ¿Qué queréis aprender?
Jerónimo: Todo lo que pueda, pues tengo los mayores deseos de ser sabio; me subleva que mis padres no me hayan hecho estudiar bien todas las ciencias. Por suerte mi tío está gustoso de pagármelas.
Prof. de Filosofía: Ese sentimiento es razonable: nam, sine doctrina vita est quasi mortis imago. Esto lo entendéis y sabéis el latín, sin duda
Jerónimo: Sí, más obrad como si no supiera. Explicadme qué quiere decir eso.
Prof. de Filosofía: Eso quiere decir que sin la ciencia, la vida es casi una imagen de la muerte.
Jerónimo: Ese latín está en lo cierto.
Prof. de Filosofía: ¿No tenéis alguna idea, algunas nociones de la ciencia?
Jerónimo: OH! Si, si, sé leer y escribir.
Prof. de Filosofía: ¿Por dónde queréis que comencemos? ¿Deseáis que os enseñe lógica?
Jerónimo: ¿Qué es esa lógica?
Prof. de Filosofía: La ciencia que enseña las tres operaciones del espíritu.
Jerónimo: ¿Y cuáles son esas tres operaciones del espíritu?
Prof. de Filosofía: La primera, la segunda y la tercera. La primera es concebir bien, por medio de los universales, la segunda, juzgar bien por medio de las categorías y la tercera, sacar bien una consecuencia, por medio de las figuras: Barbara, celarent, daari, ferio, baralipton, etc.
Jerónimo: He aquí unas palabras demasiado enrevesadas. Esa lógica no me agrada. Aprendamos otra cosa que sea más linda.
Prof. de Filosofía: ¿Queréis aprender la moral?
Jerónimo: Mmm…¿y que dice esa moral?
Prof. de Filosofía: Trata de la felicidad, enseña a los hombres a moderar sus pasiones y…
Jerónimo: No, dejemos eso. Soy más bilioso que el diablo y no hay moral que valga; quiero enfurecerme a mis anchas y cuando me plazca.
Prof. de Filosofía: ¿Queréis aprender física? La física es la que explica los principios de las cosas naturales y las propiedades del cuerpo; la que discurre sobre la naturaleza de los elementos, de los metales, de los minerales, de las piedras y la que nos enseña la causa de todos los meteoros: el arco iris, el rayo, la lluvia, la nieve, el granizo, los vientos y los torbellinos.
Jerónimo: Hay demasiado alboroto en eso, demasiado baturrillo.
Prof. de Filosofía: ¿Qué queréis entonces que os enseñe?
Jerónimo: Enseñadme la ortografía.
Prof. de Filosofía: Con mucho gusto.
Jerónimo: Después me enseñares el almanaque para saber cuándo hay luna y cuando no la hay.
Prof. de Filosofía: Sea. Para atender bien a vuestro pensamiento y tratar esta materia como filósofo hay que empezar, conforme al orden de las cosas, por un exacto conocimiento de las letras y las diferentes maneras de pronunciarlas. Y sobre esto, debo deciros que las letras se dividen en vocales, porque expresan las voces y en consonantes, llamadas así porque suenan con las vocales y marcan únicamente las diversas articulaciones de las voces. Hay cinco vocales: A, E, I, O, U.
Jerónimo: Todo esto lo entiendo.
Prof. de Filosofía: La voz A se forma abriendo mucho la boca: A.
Jerónimo: A, A, si.
Prof. de Filosofía: La voz E se forma aproximando la quijada inferior a la superior: A, E.
Jerónimo: A; E; A; E. Sí, a fe mía, qué bello es esto
Prof. de Filosofía: Y la voz I, acercando todavía más las quijadas y separando las comisuras de los boca hacia las orejas: A, E, I.
Jerónimo: A, E, I I I es cierto, viva la ciencia!
Prof. de Filosofía: La voz O se forma separando nuevamente las quijadas y acercando las comisuras de los labios, y el superior al inferior: O.
Jerónimo: O, O. NO hay nada más exacto: A, E, I, O, I, O ¡Es admirable! I, O; I, O.
Qué bello es saber algo
Prof. de Filosofía: La voz U se forma aproximando los dientes, sin juntarlos por completo y alargando los labios hacia afuera, acercándolos también uno a otro, sin unirlo del todo: U.
Jerónimo: U. No hay nada más cierto. U,U,U.
Prof. de Filosofía: Vuestros labios se alargan como si hicierais una mueca, de la cual se desprende que si quisieras juzgar a alguien y burlaros de él, no tendrías más que decirle: U.
Jerónimo: U.U.es verdad, ¿por qué no habré estudiado antes para saber esto?
Prof. de Filosofía: Mañana veremos las otras letras, que son las consonantes.
Jerónimo: ¿Es que hay cosas tan curiosas como esa?
Prof. de Filosofía: Sin duda, la consonante D, por ejemplo, se pronuncia dando con la punta de la lengua sobre los dientes de arriba: DA.
Jerónimo: DA, DA. ¡Si, si! AH! ¡Qué bellas cosas!
Prof. de Filosofía: Ya os explicaré a fondo todas estas curiosidades.
Jerónimo: ¿Me enseñará a escribir mejor que esos pretendientes de mis hermanas, para cuando me llegue el turno de enamorarme?
Prof. de filosofía: Pero claro que si, ¿son versos lo que queréis escribir?
Jerónimo: No, no, nada de versos.
Prof. de filosofía: ¿Prosa tan solo?
Jerónimo: No, no quiero ni verso ni prosa.
Prof. de filosofía: Ha de ser necesariamente una cosa u otra.
Jerónimo: ¿Por qué?
Prof. de filosofía: Por la razón señor de que, para expresarse, no hay más que la prosa o los versos.
Jerónimo: ¿No hay más que la prosa y los versos?
Prof. de filosofía: No señor, todo lo que no es prosa, es verso y lo que no es verso, es prosa.
Jerónimo: Y como uno habla ¿Qué es?
Prof. de Filosofía: Prosa.
Jerónimo: A fe mía, toda una vida hablando en prosa sin saberlo; os quedo muy agradecido por habérmelo enseñado. Os doy las gracias de todo corazón y os ruego que vengáis mañana temprano.
Prof. de Filosofía: No faltaré.
Se retira
Jerónimo (al criado): Ven, bribón. Quiero que busques a mis hermanas para hablar de asuntos importantes.
Criado: Si, señor, antes quería también mencionarle un asunto que su tío me pidió…
Jerónimo: Silencio, bruto… A ver… ¿Sabéis como estáis hablando en este momento?
Criado: Si, palabras respetuosas, señor.
Jerónimo: No, no digo eso, os pregunto ¿lo que decimos ambos, en que lenguaje hablamos?
Criado: Español.
Jerónimo: Aggg, no digo eso. Lo que estamos hablando es PROSA.
Criado: ¿Prosa?
Jerónimo: Sí, todo lo que no es prosa, es verso y lo que no es verso, es prosa.
Entra el tío Gorgibus. El criado se queda, no sabe qué hacer, participa.
Jerónimo: Eh! Tío…ven, dime ¿Qué haces cuando dices U?
Gorgibus: ¿Qué?
Jerónimo: Di U para verlo.
Gorgibus : Digo U.
Jerónimo: Si, más que haces cuando dices U.
Gorgibus: Hago lo que me pedís.
Jerónimo: (Aparte) Oh! Que tema tratar con brutos. Alarga los labios hacia afuera y acercas la quijada superior a la inferior: u, ¿ves?
Cleonte: Estoy desconsolado, como puede ser...demuestro a una persona todo el ardor y toda la ternura que pueda imaginarse: no amo más que a ella en el mundo y sólo a ella la tengo grabada en el alma; no hablo más que de ella, pienso en ella únicamente, sólo sueño con ella, respiro por ella y ¡he aquí la digna recompensa! Estoy sin verla dos días, que son para mí dos espantosos siglos. La encuentro casualmente, mi corazón al verla, se siente extasiado, resplandece la alegría sobre mi rostro y vuelo arrebatado hacia ella y la infiel aparta de mí su mirada y pasa bruscamente a mi lado, como si no me hubiese visto en su vida! Después de tanta pasión como he mostrado, huye de mí con desdén. Es una perfidia digna de los mayores castigos.
Criado: Estoy de acuerdo, señor.
Cleonte: No se te ocurra, te lo ruego, defenderla nunca.
Criado: Yo, señor. ¡Dios me guarde!
Cleonte: No vengas a disculpar ante mí, la acción de esa infiel.
Criado: No tengáis cuidado.
Cleonte: Quiero conservar mi resentimiento y romper toda relación entre nosotros.
Criado: Accedo a ello.
Cleonte: Ayudad a mi despecho y sostén mi resolución contra todos los restos de amor que pudieran hablarme de ella. Te emplazo a que me digas todo lo malo de ella, trázame un retrato de ella, que me la haga despreciable y señálame bien, todos cuantos defectos puedas ver en ella, que yo se que tu bien la conoces.
Criado: (aparte) ¿He de ser honesto ahora? (A él) Ella, vaya una linda presumida, una remilgada de bella estampa, no le encuentro nada que no sea vulgar y tropezareis con cien personas más dignas de vos. Lo primero, tiene los ojos pequeños.
Cleonte: Eso es cierto, tiene los ojos pequeños; pero son los más brillantes y tiernos que puede haber.
Criado: Tiene la boca grande.
Cleonte: Si, pero posee ciertos encantos que no se ven en otras bocas y esa boca es la más atractiva y amorosa del mundo.
Criado: No es alta de estatura tampoco.
Cleonte: No, pero esbelta y bien formada.
Criado: En cuanto a su talento…
Cleonte: ¡Ah, lo tiene y del más fino y delicado!
Criado: Su conversación…
Cleonte: Es encantadora.
Criado: Es caprichosa como nadie.
Cleonte: Si, es caprichosa, conforme; mas todo les sienta bien a las beldades; se las tolera todo.
Criado: Puesto que es así, veo que deseáis amarla siempre.
Cleonte: ¿Yo? Antes preferiría morir, y voy a odiarla tanto como la he amado. Así mi venganza será más resonante, y así mostraré mejor la energía de mi corazón, odiándola y abandonándola, pese a lo muy bella, hechicera y amable que la encuentro. Cállate. Aquí llega.
Entran Lucila y Nicolasa
Nicolasa: Estoy toda escandalizada (lo ve al criado, saluda feliz)
Lucila: No puede ser más que lo que te he dicho. Más aquí está
Cleonte: (al criado) No pienso ni hablarle.
Criado: Estoy de acuerdo. Lo imitaré.
Lucila: ¿Qué hay Cleonte, que tenéis?
Nicolasa: ¿Qué te pasa?
Lucila: ¿Qué pesar os aflige?
Nicolasa: ¿Qué motiva tu mal humor?
Lucila: ¿Os habéis quedado mudo, Cleonte?
Nicolasa: ¿Perdiste el habla?
Cleonte: Esto sí que es villanía.
Criado: Esto sí que es ser Judas.
Lucila: Veo que el encuentro de hace poco os ha trastornado el juicio.
Cleonte: AH! Conque confiesa lo que ha hecho.
Nicolasa: ¿La acogida de esta mañana lo ha enfurruñado?
Lucila: ¿Verdad que es ese el motivo de vuestro enojo?
Cleonte: Sí, pérfida, ese es, puesto que es preciso hablar; y debo deciros que no triunfareis como pensáis con vuestra infidelidad; que quiero ser el primero en romper con vos y que no os daréis el gusto de dejarme. Me apenará, sin duda, vencer el amor, que por vos siento; me causará pesares; sufriré algún tiempo; más sabré triunfar y me desgarraré el corazón antes de tener la flaqueza de volver a vos.
Lucila: ¡Cuánto ruido por una nadería! Voy a deciros, Cleonte, el motivo que me ha hecho, esta mañana, huiros.
Cleonte: No, no quiero escuchar nada
Criado: Ni yo.
Lucila: Sabed que esta mañana…
Cleonte: Os digo que no.
Lucila: Escuchad.
Cleonte: Es inútil.
Nicolasa: Ha de saber…
Criado: No, traidora.
Nicolasa: Déjame decirte…
Criado: Soy sordo.
Lucila: Cleonte…
Cleonte: No.
Nicolasa: Covielle…
Criado: Nada.
Lucila: Un momento…
Cleonte: De ningún modo.
Nicolasa: Un poco de paciencia.
Criado: Tarararira.
Lucila: Dos palabras.
Cleonte: No, se acabó.
Nicolasa: Una palabra.
Criado: Ni un ruidito.
Lucila: (deteniéndose) Pues bien, ya que no queréis escucharme; seguid con vuestra idea y haced lo que os plazca.
Nicolasa: Ya que te pones así, tómalo como quieras.
Cleonte: (Volviéndose hacia Lucila) Sepamos, pues la causa de tan linda acogida…
Lucila: (marchándose para huir de Cleonte) No quiero ya decirlo.
Criado: (hacia Nicolasa) Cuéntanos esa historia.
Nicolasa: No quiero ya contarla.
Cleonte: (siguiéndola) Decidme.
Lucila: No quiero decir nada.
Criado: Cuéntame.
Nicolasa: No, ya no cuento nada.
Cleonte: Por favor.
Lucila: Os digo que no.
Criado: Por caridad.
Nicolasa: Es inútil.
Cleonte: Os lo ruego.
Lucila: Dejadme.
Criado: Te lo suplico.
Nicolasa: Apártate.
Cleonte: ¡Lucila!
Lucila: No.
Criado: ¡Nicolasa!
Nicolasa: Nada.
Cleonte: ¡Aclarad mis dudas, en nombre del cielo!
Lucila: No pienso hacerlo.
Criado: Cúrame le alma.
Nicolasa: No me place.
Cleonte: Pues bien; ya que os importa tan poco sacarme de penas y justificaros del indigno trato que habéis dado a mi pasión, me estáis viendo, ingrata por última vez, y me iré lejos de vos a morir de amor y de pesar.
Criado: (dudando) Y yo seguiré sus pasos.
Lucila: (A Cleonte que va a salir) ¿Adonde vais?
Cleonte: A donde os he dicho.
Criado: Vamos a morir.
Lucila: ¿Vais a morir?
Cleonte: Si, cruel, ya que lo queréis.
Lucila: ¿Qué quiero yo que muráis?
Cleonte: Sí, lo queréis. ¿No es quererlo negaros a disipar mis recelos?
Lucila: ¿Ha sido culpa mía? Y si hubierais querido escucharme, os habría podido decir que la aventura de que os lamentáis ha sido promovida esta mañana por la presencia de una vieja tía, que cree que la sola proximidad de un hombre deshonra a una joven, que os sermonea continuamente sobre ese tema y que pinta a todos los hombres como a demonios de los que es preciso huir.
Nicolasa: Ese es el secreto de esta cuestión.
Cleonte: ¿No me engañáis, Lucila?
Lucila: NO hay nada más cierto.
Criado: ¿Cedemos ante esto?
Cleonte: Ah ¡Lucila, como sabéis con una sola palabra de vuestra boca apaciguar mi corazón, y cuan fácilmente se deja convencer uno por las personas amadas!
Criado: ¡Con que facilidad se apodera uno de estos animalitos!

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