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El curso de humor es un re-curso de humor es un





Categorías humorísticas, repertorio de recursos

El libro “Los juegos de Mastropiero” (Nuñez Cortés, Carlos; Emecé; Buenos Aires, 2007) recoge tal y como reza su subtítulo “Palídromos, retruécanos y demás yerbas en Les Luthiers” una serie de procederes verbales que hacen al arte del ingenio fundamentalmente basados en una aplicación de la taxonomia del libro “Verbalia” de Márius Serra a la obra del grupo de instrumentos informales porteño.
Vamos a pasar revista a estas categorías y tratar de enriquecer con ejemplos de otras latitudes para más adelante ampliar el listado de recursos e indagar la especificidad del humorismo.
En el curso “Cómo hacer el humor con palabras” que tengo el gusto de dirigir partimos siempre de la base de que ninguna de las clásicas definiciones abarca la vastedad del territorio humorístico ni ciñe suficientemente a su objeto aislándolo de otros fenómenos.
Así, la definición de Schopenhauer “poner algo donde no va” si bien describe a todo chiste, no deja de describir a su vez a un bebé cayendo de un precipicio o a un avión incrustándose en un rascacielos o, sin ir más lejos, a una definición del humor que rezara que consiste en poner algo allí donde no va.
Así, la definición de Nietzsche “un chiste es el epitafio de la emoción” no incluye todos los chistes de amorosos tímidos que dan a entender su afecto mediante un astuto ardid o la ironía cariñosa (qué feo que es tu bebé, estás muy poco hermosa con ese vestido, me resultó un poquito rica la comida que me hiciste).
Así, la definición de Bergson que escinde el reino de lo humano de la esfera de lo mecánico olvida cuánto se vale el humor de la desmecanización concientadizadora y también de la repetición que renueva el sentido.

Así, la definición de Woody Allen, de que la comedia es tragedia más tiempo, no explica por que en tiempos de Menem, cronológicamente más contiguos, eran más asequibles los chistes de desaparecidos que ahora.

Así, la definición de Mark Twain de que la fuente secreta del humor es la amargura y que en el Paraíso no habría humor desconoce la militante felicidad proselitista que aligera y juguetiza todo lo que le sale al paso generando chiste sobre chiste desde la alegría y hacia la alegría.

Como a las teorías del valor, siempre le hallamos excepciones: a la de escasez y demanda contraponemos el nulo valor comercial de un boleto capicúa, un trébol de cuatro hojas o un político incorruptible, a la de el trabajo que tiene encima (concepto de David Ricardo retomado por Marx) le preguntamos si Graciela Alfano vale más ahora con todas las cirugías que cuando tenía veinte años.

Relevemos ahora el antedicho catálogo de herramientas simbólicas e instrumentos culturales para hacer reír preparados para su evanescencia, dado que el chiste llega como  champagne pero se va como vino.

Dobles sentidos: se llama también bisenso o equívoco o dilogia. Consiste en los dos sentidos de una misma palabra que por ello recibe la denominación de “polisémica”.

Ejemplo: –Veo cinco naves enemigas dirigirse a nuestro buque, capitán- -¿Una flota?- -Las tres parecen estar flotando, no una sola, mi capitán.
El chiste reside en la polisemia de la palabra “flota”, pero podríamos tranquilamente encuadrar este chiste en el de la categoría de diálogo de sordos a cargo de la encantadora Miss Leading. En efecto, ¿en qué se diferencia de “me parece que esto es un diálogo de sordos”-hablá por vos, porque lo que es yo, no me considero que esté nada gordo, de hecho bajé dos kilos este verano, solo yendo en bici- -No, Pizzi no va a ayudar a San Lorenzo más que Caruso- -No me llamés “ruso”, te estoy pagando el café y las mediaslunas pedite sushi y sacame la sangre también si eso sí te conformaría- -Di María es el único que podría inyectarle algo de sangre joven al ciclón- -Cyclon B es el gas que usaron los nazis, me parece una falta de delicadeza que en mi presencia lo menciones- -Sí, es un siome, pero tiene toda la torta Tinelli…
Es decir, no requerimos una palabra que signifique dos cosas para producir ese efecto, podemos agarrar una palabra por sus costados fonéticos similares a otra o morfémicos. O hacer de dos palabras al mismo tiempo una y dos: el famoso modo de dar a entender a la reina renga su condición de discapacitada al darle a elegir dos rosas, una de cada color “entre la blanca y la roja usted escoja”. En el Martín Fierro tenemos ejemplos de pendenciera dicha: “va…cayendo gente al baile” y “Por rudo que sea un hombre” para decir “vaca” y “porrudo”. Otro ejemplo muy actual para mí: en mi última clase de humor, me di el lujo de cantar unos tangos cómicos de Discépolo abusando de la bondad del público cautivo (solo en el sentido físico y no emocional del término). Me preguntaron si gustó  o no esta incursión tan cercana a la amargura y tristeza melodramáticamente sentimental y sensiblera, donde el grotesco lleva al paroxismo a la autocompasión y contesté que no sabía que “hay que dejar decantar”/”de cantar”. En esa escansión recordamos la palabra que es canción y departimos sobre ello aunque de partir ni hablar, sería decaer hablar de los detractores de tractores , y no referirnos al devenir, pero devenir traéte un totín. El ilustre ejemplo del “dulce lamentar del los pastores” puede separarse cómicamente como “el dulce lamen tarde los pastores” de modo que el doble sentido puede consistir en una única palabra con más de un sentido, pero también en una escansión con más de una posibilidad y su efecto puede lograrse alterando esa palabra o la frase con una o más letras sin que haya que tener una ortodoxia dogmática respecto de que si digo “el zapato que viene a la mañana no trabajo” ya no es rigurosamente doble sentido o si digo “me entrometo que te llevo al zoológico cuando deje de llover” (Niní decía “dejó de persisitir” parodiando el afán snob de las clases trabajadoras de usar un léxico refinado)  Mientras se puedan reponer dos o más significados es doble sentido así esté en código morse o no sea verbal en apariencia, como la ilusión óptica, de todas maneras precedida por un relato implícito (el ojo es poeta, ya lo descubrió can’t and we Kant deny it). Se da más fácilmente la posibilidad de convocar otro sentido con una palabra extranjera, no debería de sorprender a nadie que sea más fácil jugar con el lenguaje políglotamente, dado que se focaliza más agudamente la mirada sobre el vocablo en presencia de palabras no nativas. Chevy Chase vacacionando por Europa quiere buscar la casa sita en el número seis de un pueblo alemán y dice “Hello, we are looking for sex” (la pronunciación de seis en alemán, sechs, es un homófono de sexo en inglés, así como “dick” que es gordo en alemán es “pene” en inglés). Recientemente una colega mía antisemita que trabaja para judíos (recuerdo el sketch de Monthy Python en “The meaning of life” donde uno de los mayores consuelos de una fregona de vómito en un restaurante era al menos no trabajar para judíos) dijo que imagina a Israel gris. Mi empleadora dijo que en efecto se parece en parte a Greece (Grecia). Lo que usualmente entendemos por doble sentido, a saber, el doble sentido picaresco de intención erótica, a su vez usufructúa su estar a caballo entre dos códigos. Dar masa puede literalmente significar otorgar un elemento lábil a un niño para que juegue, tirar la goma, arrojar un elemento para borrar, echar un polvo agregar un elemento granulado y sin embargo el idioma siempre en renovándose de la pícara idea al decir de Benito Pérez Galdós convierte hasta todo uso del transitivo “poner” con un sustantivo femenino adosado a su pronombre de objeto directo, el pronombre indicativo de lugar más cercano (ésta), el posesivo (la mía, no confundir con “lamía”) en sonrientes alusiones a la fiesta de los cuerpos. Así como narrar argumentativamente que el coito consiste en introducir y desintroducir un elemento resulta anodino y poco eficazmente informativo respecto de su respectiva gracia, el chiste pícaro simultaniza un mensaje bobo y otro mucho más bobo pero que deviene interesante por ser sexual.
A los dobles sentidos sexuales habría que llamarlos “de sentido único”. Su gracia puede explicarse por la teoría de “El chiste y su relación con lo inconciente” en donde Freud sugiere que tenemos impulsos sexuales y hostiles permanentes y reprimidos y que ahorrarnos la energía que nos lleva ocultarnos nos gratifica siempre que se pueda sacarlos a saludar al mundo exterior civilizadamente en virtud de una formulación elegante. Y esto último puede dudarse también: en ¿qué José? El que te cogió y se fue, o en “nueve, el culo te llueve” u “ocho, el culo te abrocho”, ¿qué pintor? El que te dejó el culo como una flor, ¿qué Marcelo? Agachate y conocelo advertimos un puro solazarse en la inesperada emergencia del elemento erotómano con la agresividad de la fantasía de violación, vale decir, enunciando el no consenso del intercambio de fluídos parcial y con esto solo alcanza para que la mención tirada de los pelos de un pintor o de un hombre de nombre Marcelo por obra y gracia de la rima no parezcan de introducción arbitraria.
Como solemos puntualizar en el curso de humor, si bien nos es dado caracterizar estos procedimientos, nunca podríamos osar asegurar que son privativos de lo irrisorio. Michel Foucault unifica a Nietzsche, Freud y Marx en virtud de ser maestros de la sospecha por ver, digamos, en un pintor a una voluntad de dominio a un sublimado jugador con excrementos y a una víctima del sistema naturalizado de explotación de los obreros, vale decir, un código segundo, un síntoma en lo que se aparecía como realidad. Toda presencia de un significado en otro no es entonces per sé un doble sentido cómico, por más que el adverbio de cabecera de Jorge Corona sea “simultáneamente”.
El libro que tomamos de referencia cita algunos juegos de palabras de Les Luthiers pero hay miles. Cita el de grupo sanguíneo en “La redención del vampiro” e impresiones digitales en “Cartas de color”, el de violar a luz roja (la hija del cacique comanche) y el de amen, amen lo menos posible.
Quizá la muestra más virtuosa de sus excelencias se haya dado en “San Ictícola” donde los juegos de palabras están circunscriptos a un campo semántico acotado “alabado sea el lenguado, loas atún a tu nombre, vivís en pecado/ del pescado”. En efecto nos produce un efecto más deslumbrante toda segunda inteligencia de un mensaje cuando el equívoco puede prolongarse y los dos senderos que se bifurcan se extienden cada uno por su carril. Por ejemplo en el chiste del hombre que escucha ruidos y pregunta a qué se deben y le responden que es una riña ¿una niña?, no una disputa, “entonces no es tan niña”.
Estamos clasificando no por el efecto del chiste, sino por su confección, de lo contrario habría que poner aparte esta índole de producciones, donde la gracia quizá resida en la perseverancia del malentendido y su posibilidad de seguir en sus trece. Veamos otro ejemplo. El monaguillo ha tomado prestado una camisa del cura y se lo encuentra. ¿Cómo le va? le dice éste ignorante del préstamo indumentario. “Algo holgada” confiesa el monaguillo. “Ja, ja” ríe el curita “usted siempre con una de las suyas”. “No, pero hoy ando con una de las de usted”.
El pronombre posesivo “su” ha sido empleado por Les Luthiers en “El rey enamorado” como fuente fecunda de equívocos fértiles (su brillante, su rubí, su sana, maría, sumamé) y aparece en diversos chistes populares: -¿Dónde está Fernández? pregunta el jefe a uno de los empleados- -Se fue con su auto a su casa con su mujer- -Ah, sí, hoy tiene franco, cierto- se tranquiliza el jefe- Permítame tutearlo-se toma la atribución el batintín: -se fue a tu casa, con tu auto y con tu mujer.
Analicemos el chiste de cuando Obama fue a inscribirse a la universidad: -Tengo el mismo derecho que todos los blancos como la nieve y tengo la cabeza bien en alto como para proclamar orgulloso que quiero anotarme en derecho, igual que como lo pueden hacer los descendientes de irlandeses y los de holandeses aunque mi padre era negro como el carbón. –Muy bien, señor, la carrera de abogacía ¿en qué rama?- -Ah, no, yo quiero un pupitre, como los que le dan a los blancos.
El chiste es de doble sentido y el pilar de su edificio conceptual se sitúa nominalmente en “rama”, pero si clasificásemos por efectos ¿no deberíamos decir que la gracia estriba en la expectativa de racismo atribuida por el negro al burócrata encargado de administrar los ingresos académicos? Creo que deberíamos incluir en nuestra lista de formas de hacer reír  este específico malentendido, porque encierra una crítica al fachismo hipócrita de lo políticamente correcto y su persecución discursiva. Freud nos felicitaría por sofisticados: proyectamos la agresión que ya no tenemos que reprimir en el interlocutor al que nos damos el lujo de apostrofar por ella.
De acuerdo a Julia Kristeva (Crf. “Historia de amor”; Stabat Mater) la palabra sumeria que significaba “virgen” era una y la misma que significaba “mujer joven” (lo cual es también el caso en alemán, Jungfrau). La atribución de virginidad a María sería por ende un doble sentido involuntario, fruto del vientre de una mala traducción. A esto hay que contraponer algo de semántica: Jesucristo en tanto que Divinidad obligaba a un origen puro y no es por una palabra, sino por toda una noción de pureza que su madre no debió ser tocada ni por la muerte, por eso asciende, ni por la sexualidad. Claro que no todo el que asciende se salva de la sexualidad: a River en la A lo sodomizan domingo tras domingo. San Juan Cristótomo elucubró la articulación entre muerte y sexo como corruptos accidentes carnales desde un lugar muy distinto al que propone George Bataille en “El erotismo” donde el sexo como la muerte pertenecen a la esfera ajena a las reglas del trabajo y de la vida cotidiana como exhuberancias (y esa condensación sí podríamos decir que nace de una expresión idiomática más accidental: el llamar al orgasmo pequeña muerte, petit morte).
La genética y la reproducción y réplica del código de ácido desoxirribonucleico podrían ser conceptualizados como transmisión de un texto y en tal sentido, las mutaciones que son el accidental y azaroso motor de que hayamos llegado a ser humanos fueron malas traducciones, dobles sentidos, equívocos.
El psicoanálisis que nació contemporáneo a Darwin siempre fue lamarkiano: Freud creía en la pulsión interior como iniciadora de causas y Lacan desterrando lo más posible del territorio biológico al inconciente descreyó de lo aleatorio del lenguaje: si me afecta que mi ex esté embarazada va a surgirme la palabra interdicta en donde fuere, si tengo sed diré “me nace tomarme una cerveza” o diré “quiero ir a una pileta de natalción”.
En Shakespeare hay juegos de palabras (por ejemplo un bufón, un fool que dice que va a ir más ligero que el plomo y como parece un contrasentido aclara que el plomo va bastante ligerito cuando parte de adentro de una escopeta). Por supuesto tenemos muchas novelas cuyos títulos son intertextualidades, versos shakespearianos: “El sonido y la furia” de Faulkner homenajea a “King Lear” cuando Egmont concluye que la vida es un sueño lleno de sonido y de furia y que no significa nada. Es gracioso parafrasearlo: “Lambida es un sueño…”, preguntarse si existe lambida después de lamerte. También hay doble sentido en Borges, quien desde luego tiene la estrategia de repetir palabras muy bien elegidas para tratar de no descorrer el velo en torno a la opacidad nada transparente del lenguaje. Todo juego de palabras nos recuerda lo mañosas y poco fiables que son las palabras. Borges en privado gozaba de los calembours más próximos a la poesía donde el ritmo, al decir de Todorov, la entonación melódica, el ethos discursivo pesan más que el sentido (por ejemplo “Señor ¿esa leche es buena? Sí, esa leche es buena y mañana es Navidad”). En su obra hay pocos juegos de palabras, pero sin duda su poema en prosa “Argumentum ornitologicum” constituye una de esas palabras compuestas como “famillonario” de Heine en el que advertimos una irreverente burla al argumento ontológico de San Anselmo retomado por Renato Descartes y al mismo tiempo así como el registro improcedentemente elevado para referirse a los peces en “San Ictícola”, como si dijéramos al tener entre manos la carta de vinos “optaré ahora por una elección vitivinícola”, la palabra “ornitológico” choca con la sencillez que inspira la imagen de un pájaro.
En el poeta que le tapó la boca a Theodor Adorno que había sentenciado que después de Auschwitz no había más poesía, en Paul Celán, hay gran cantidad de juegos de palabras, por ejemplo el de “heidegängisch” que realizó cuando visitó a Heidegger en su cabaña del sur alemán esperando alguna retractación y lo encontró huidizo y evasivo (como el verbo “to hyde”). Definir al juego de palabras entonces tal como lo define el libro del que partimos es problemático además, porque si en lugar de una palabra tomamos como unidad de medida un concepto que se ve reubicado en un contexto que lo carga de otras significaciones, tenemos una misma operación mental, un procedimiento retórico que solo difiere en la cantidad de letras que porta consigo y ya estamos en un registro que goza de una aceptación mucho más universal: la alegoría. La parábola del hombre que a la manera de Swedenborg visita el Infierno conducido por un ángel y advierte que consiste en muchos comensales queriendo tomar una sopa pero quemándose y enchastrándose en razón de que la cuchara es muy larga, así lo ilustra: en el Cielo todos se disponen a comer con un utensilio igual de hipertrofiado, pero cada uno le sirve al prójimo. Es gracioso pensar que la cuchara es una alegoría de los genitales (lo cual es un pensamiento inercial para quienes leemos a Freud): el significado y la moraleja de tan celestial fábula sería que ninguno podemo chupárnosla a nosotros mismos. El caballo de Troya es menos interesante como puntual treta ateniense que como símbolo. Tomar dos conceptos y pretender hacerlos coincidir, usando a uno de mapa es un recurso desternillante si se lleva hasta las últimas consecuencias. Quienes profesan el culto del horóscopo ven seducida su credulidad por una serie de complicadas informaciones que hacen las veces de correspondencia con la complejidad de la realidad. También tomar un sentido literal y confundirlo con el metafórico y figurado puede ser hilarante. Una pareja amiga fue a cenar a casa de una mujer cuyo hermano se había ahorcado. Se comprometieron antes de verla a evitar hablarle del tema y a distraerla. El derrotero de la conversación en un momento recayó en el tema de las pastillas depresivas y la novia de mi amigo lo consideró una temática peligrosamente cercana al tabú por lo que le dijo, olvidando la escandalosa literalidad de la frase en ese contexto “en casa del ahorcado no se habla de la soga”. Hay una sensación redonda de circularidad cuando el código segundo, metalingüístico,  es una autorreferencialidad. Recuerdo que en una oficina entré a trabajar con mi novia pero teníamos que simular no conocernos porque no permitían trabajar juntas a las parejas. Irresistiblemente yo la miraba embobado en los breaks por una ventanita y mis compañeros de oficina sabían que me gustaba. Un fin de semana tuvimos una pelea terrible y rompimos y al día siguiente mis compañeros me felicitaron porque la chica que me gustaba se acababa se separar y ahora yo (secretamente el novio rechazado) tenía posibilidades.

Sócrates solo sabía…que no sabía nada. Descartes dudaba de todo…excepto de que estaba dudando.
((Nietzsche también solo sabía que Sócrates no sabía nada))
“Sólo sé decir” en ese sentido solo puede completarse con “sólo sé decir”

Paul Watzlawik en su monumental “Teoría de la comunicación humana” analiza los ejemplos de Eriksson de “sé espontáneo” como mandato paradójico y propone la prescripción del síntoma como salvoconducto de la resistencia interior: recomendar al insomne no dormir a propósito, hasta que su rebeldía vuelta patas para arriba le exija algo de descanso…
Antes de continuar con algo de innecesaria prolijidad pasando revista al libro y no pasando libro a la revista (porque justo continúa con la “metátesis”, el enroque al que Marx era tan poco humorísticamente afecto), podemos recordar otros recursos que no aparecen en esa enumeración. La enumeración caótica, que aparece en los salmos bíblicos y en Whitman es una figura retórica que consiste en yuxtaponer elementos que demuestran una coherencia interna aunque no parezca. Dentro del humorismo introducir una nota discordante puede ser desopilante. Tanto para el humor disparatado “lunes, martes, cocodrilo, miércoles” como para la ironía xenófoba “no discriminemos a los bolivianos, a los judíos, a los negros, a las cucarachas”. Will Ferrer en la película actualmente en cartel empieza dando un discurso como candidato a los médicos que dice que los médicos son la columna vertebral de la sociedad, después a los maestros les dice que los maestros son la columna vertebral de la sociedad, después a los menores de edad lituanos que tocan el acordeón en el subte les dice que los menores de edad lituanos que tocan el acordeón en el subte son la columna vertebral de la sociedad.
La extrapolación es un método especialmente divertido, aunque por supuesto en absoluto exclusivo (Darwin extrapoló la selección artificial a la biología, Einstein aplicó una reducción al absurdo de Poincaré a la física y descubrió la relatividad, Hume sentenció que Dios es una extrapolación, una hipérbole de atributos humanos, como un minotauro lo es sin que nos preguntemos cómo podemos concebirlo si no existe). Aplicar por ejemplo el criterio de la jurisprudencia que legitimó a los cartoneros, esto es, que la basura pertenece al primero que la agarra a por ejemplo las tetas de tu hermana. El chiste del cura que vivió el milagro de que a la derecha de donde estaba su relicario valiosísimo lloviera y a la izquierda también pero no en donde él se hallaba (un milagro algo mosaico, que nos reenvía a la separación de las aguas) se basa en una extrapolación que simula una lógica que tardamos un poquito y con una carcajada en advertir incongruente- y maliciosa o interesada: el rabino a su vez presenció el milagro de que a izquierda y derecha un milagro esta vez no espacial sino temporal tuviera lugar o mejor dicho tuviera tiempo: a la derecha era sábado, día en que los judíos no podemos tocar dinero, a la izquierda era sábado, pero donde estaba la billetera era miércoles.
A veces el “código segundo” es el mismo código pero invertido y lo llamamos ironía. Cuando Stalin que creía en Pavlov prohibió que se enseñara a Vigotsky, los docentes rusos lo enseñaban para mostrar con censura lo que estaba mal, pero lo enseñaban igual burlando la prohibición. Los prólogos del Marqués de Sade, o del amante de lady Chaterley donde se hace pasar por edificación moral un relato incandescente no están exentos de ironía. Charly García en plena época de la dictadura cantó una canción intitulada “Alicia en el país” en la que la explicitud literal de las palabras “el trabalenguas traba lenguas, el asesino te asesina” eludió la censura de hombres que prohibían libros de cubismo creyéndolos cubanos y comunistas. Karl Kraus con ironía aliada al enemigo explicó “lo que entiende el censor merece ser censurado”.
Pese a que figuran lipogramas, palíndromos, anagramas y acrósticos, en el libro que desbrozamos no vemos una tipificación del juego de palabras basado en una repetición, por ejemplo “entre las hadas entrelazadas” que a mi juicio produce una singular satisfacción por una suerte de economía del pensamiento: “embestidos en vestidos” “en el restauran lo que el destino me tenía deparado al no haber mesas era comer de parado”.
También habría que subrayar la gracia del contraste cuando la distancia entre los significados que coinciden en tiempo y espacio se estira entreverando eruditas referencias artísticas con coloquiales modismos canyengues: “quiero que MEDEA dos kilos de pan, no me SOFOCLES con esta calor”; (ejemplos de Pinti describiendo a los argentinos en París: en Notredán no tre dan ni la hora, en el hotel Olimpia me dijeron o limpia o sea va…)Paloma de Picasso y cotorra de plumazas, cumbia villera y Walter Benjamin: el aura se te ve la tanga, Kafka y en bicho bicho yo me convertí; Carl Schmitt y el decisionismo : decí sionismo “sionismo “el culo te abismo”; el meneaíto con el ser ahí, ahí, ahí, el ser es un yogur descremado, conflicto en Medio Oriente y una mala inteligencia para decodificar toponimios: “Con una franja de gasa no reemplazás un tampón”. La paz que resulta de tomar cacao se llama en inglés “cacao peace” que suena a “caca o pis”, no quiero perder el rumbo de la ley se diría “I don’t want to loose law-treck” que nos remite a Toulousse Lautrec.
En ocasiones no hay chiste o ironía alguna pero asignamos con nuestra cosquilleante expectativa una intención aviesa, una sobreentendida señal oculta y generamos chistes ex nihilo.
El que lo dice lo es, algo tan elemental como eso, retraducido al chiste puede producir maravillas, aunque Brecht lo use para denunciar a Hitler (el que les habla del enemigo es el enemigo mismo). Preguntarle al peluquero intrusivo que nos pregunta a qué nos dedicamos a qué se dedica él es cómico. Decirle a la persona que cree que todo es por algo que por algo ella cree que todo es por algo y por algo nosotros no. El relativismo es relativo. El solipsismo (la creencia de que estoy solo yo en el mundo soñándolos) es solo el sistema filosófico de una única persona, nada más.
Una forma de ironía bien automática es culpar a la víctima, invertir los términos. El sketch de Kishon de la mucama que se niega a trabajar para ladrones porque devolvió un billete de mayor valor del que le tendieron como trampa para ponerla a prueba y se lo quedaron nos remite a Juan Carlos Batman de Alfredo Casero diciéndole a un joven Capusotto que no robe stereos, que él no está para llevarlo a la comisaría sino para asuntos más insignes y acordes a su batiinvestidura y Capusotto diciendo que no hay moral, que no puede ser que mientan así y pongan “no tengo stereo” cuando se ve que hay.
Parafrasear algo conocido siempre tiene la misma resonancia exitosa que asegura el refrán de que lo que es demasiado estúpido para ser dicho siempre puede ser cantado: el soporte ya lo engarza. Los diarios que titulan una metáfrasis de un film, por ejemplo ¿Dónde está la oposición? en lugar de ¿dónde está el piloto? medran con la economía raciocinante que supone el empapillado previo para la metabolización del mensaje. Peguntarse dónde está el piloto en un día de lluvia es volver al doble sentido clásico, limpio y sano que hizo grande a Sudáfrica, les diría ahora que Mandela se usa para fines racistas, para demostrar que usó la pacificación y negociación con asesinos y no hizo enfrentar con odio a las víctimas y victimarios como acá la negra patasucia de la Excelentísima Presidenta. Van a vender el “Mandala de Mandela” y mandala a cagar a Cristina…

 La exageración tampoco es únicamente fiel al reino encantado de la comicidad, la pedagogía la necesita y solo un sentido convenido de la medida la define como tal. Se puede afirmar que es exagerada la coartada para el adulterio que empleó la Virgen María Madre de Dios para con José, ya sabemos qué José.
Los contrapiés (contrapéterie) también aparecen en “Les Luthiers” tanto en forma impecable como sugerida “Me doy por vencido has tenido tu merengada digo me doy por vengado has tenido tu merecido” Existe el famoso “lomo para los cogotudos, cogote para los que se desloman” que resume la génesis de las clases sociales enunciada por Feuerbach con su frase con los dos sentidos de “ist”, “Man ist was man isst”, se es lo que se come, aplicada al criterio de que los pobres comen papa y los ricos carne. En alemán tenemos la afirmación de que los celos son la pasión que con esmero busca lo que causa sufrimiento dicha con los mismos lexemas reordenados: Eifersucht ist eine Leidenschaf die mit Eifer sucht was Leiden schafft. Muchas expresiones no humorísticas traccionan la persuasividad mediante esta triquiñuela lingüística: “es mejor perder cinco minutos en la vida que la vida en cinco minutos”, “rico no es quien tiene lo que quiere sino quien quiere lo que tiene”, “no te olvides de que para el mundo sos alguien pero para alguien sos el mundo”, la canción de jazz “enjoy yourself” que dice “it’s better to have had your wish than to wish that you have had”. Ahora bien: tomar con economía fisicalistamente austera unos elementos y recombinarlos es el mecanismo de todos los “no es lo mismo” (las ruinas de machu pichu que que venga un machu te meta la pichu y te deje en ruinas/ la silla de paja que hacerse la paja en una silla/ la china en el rancho que un rancho en la china/ la bola negra que la negra en bolas/ un metro de encaje negro que que venga un negro y te encaje un metro/ la papa es un tubérculo que ver tu culo es una papa/calentar chorizos a baño maría que que maría te caliente el chorizo en el baño/ ). Me gustás también cuando tenés cara de orto porque tenés orto de cara, posaderas lujosas de geisha onrosa. Se me ocurrió que un hombre muy probo procurando alcanzar el jabón en la bañera podría definirse como un sujeto inobjetable con un objeto insujetable.
También fuciona así el chiste de que la cena hubiera estado bien si la comida estaba tan caliente como la pieza, la anfitriona hubiera tenido la edad de la gallina que sirvieron, etcétera.
O el de que en el cielo la comida es italiana, la organización alemana, la policía inglesa y los amantes franceses y en el infierno la organización es italiana, la comida es inglesa, los policías alemanes y los amantes ingleses.
O el de que una mujer debe ser una avara en los gastos, una princesa en sociedad y una puta en la cama, no como mi mujer que es una puta en sociedad, una princesa con los gastos y una puta en la cama.
Me recomendaron no tomar licor al huevo porque me patea el hígado, menos mal que no existe el licor al hígado.
El 31 voy a faltar porque cumplo 20 años, lo cual es mejor que faltar el 20 por cumplir 31.
Charly García se comió un juicio por decir que prefiere a sol sin drogas, drogas sin sol
Cuando Marx se propuso poner cabeza abajo a Hegel empleó esta técnica llamada metátesis: No es la conciencia individual la que determina el ser social, sino el ser social el que determina la conciencia individual. También cuando se burló de Proudhón y su libro “Filosofía de la miseria”: “Miseria de la filosofía”. “Raining in sing-sing” en lugar de “Singing in the rain” es un alarde de ingenio de Les Luthiers, y otro menos publicable y más chancho el de “Lloviendo bajo los cantos”en lugar de “Cantando bajo la lluvia”. Al construír estos chistes se parte de la metodología y se sale a capturar algún sentido a partir de la inversión, por eso estos deslizamientos de significantes se parecen tanto a la música, a la poesía al dejar relegada a un segundo plano ulterior a la semántica. Recomiendo practicar con cada frase, especialmente las de la iracundia este ejercicio. Si te dicen: “la concha de tu hermana” automáticamente probar “la hermana de tu concha” y tratar de inventar el significado de esto, dado que presupone una mayor apertura (mental, me apresuro precozmente a aclarar).
Siempre teniendo in mente el opuesto o complemento podemos arribar a ideas válidas, creativas y refrescantes. Leo muchos libros acerca del fenómeno químico del amor, la oxitocina, la serotonina, la verborragia y exaltación del yo, qué áreas del cerebro se activan, cuánto dura el enamoramiento, por qué un chocolate produce lo mismo y entonces per jodere, solo porque pienso qué sería lo contrario llegué a la interesante idea de que habría que investigar el fenómeno del odio, cómo se produce, qué zonas del cerebro afecta, cuánto dura. Recuerdo siempre a Wilde dictaminando en el “De Profundis” que el amor se nutre de la belleza y el placer, pero el odio se alimenta de todas las cosas incluso la belleza y el placer.
Oscar Wilde invertía mecánicamente todo: el arte no imita a la naturaleza, sino que la naturaleza imita al arte; solo una persona muy débil de carácter no admite influencias.
La tautología, el pleonasmo, la verdad de Perogrullo es un recurso muy noble cuando lo inesperado que se espera se desmantela en lo obvio; lo único que no resisto es la tentación (frase que se basa en una verdad por definición de acuerdo a Stuart Mill). De cada diez personas que ven televisión cinco son la mitad. Todo tiene un final, excepto la salchicha que tiene dos. Cierre sus ojitos, no los deje abiertos que si no se duerme se va a quedar despierto.
Edgar Keret en “La colonia de Kneller” usa un recurso que es que el personaje que se finge abstemio corrige una frase mal construída en la que revela su íntimo conocimiento de la jerga de las drogas y el alcohol.
“Los jóvenes de hoy en día te ofrecen una teca”
-“Una seca, señor”.
Estereotipar para caricaturizar no requiere poder de observación alguna: es simplemente gracioso que cualquier rasgo por accidental y episódico que haya sido se reitere ahora.
Las onomatopeyas, que sirvieron para los sketch de beeee de Les Luthiers son usuales en chistes infantiles: el gallo que choca con el gato: “MIAUUU…to” “¿KIKIRÍS Ke le haga?”. Landricina cuenta el del policía que preguntó nombre del auto y ante el “Mitsubishi” se enojó “marca del vehículo le pedí y no nombre del gato”.  Antes indicamos lo fácil que resulta el doble sentido con otro idioma: el zorro choca con el perro y le dice “I’m sorry” y el perro que está con su cachorrito replica “I’m perry and he ‘s cachorry”. El zorro se disculpa “I’m sorry”, el perro se disculpa también diciendo “I’m sorry too” y el cachorrito a su vez para no ser menos se prende con un “I’m sorry three”.

Analizar locuciones cristalizadas siempre es sano y crocante para el paladar del cacumen: descubrir que “no podría estar más de acuerdo” no necesariamente significa que se esté de acuerdo en absoluto, solo establece como lo determina Deleuze una orientación en relación a.


“La lotería en Babilonia” de Borges nace como ridiculización a la ley de voto obligatorio universal: la lotería obligatoria y universal. Las reducciones al absurdo son magnificaciones al ridículo en Borges.

Las etimologías falsas y los guiones que puntúan y remiten a una ficticia prehistoria del significado son una fuente privilegiada de chistes, como los diccionarios (recordemos el de Ambroce Bierce). Si yo fabulo que “noctámbulo” viene de un rey llamado Ambulo que salía a la noche y el paje se encogía de hombros y decía “No’ta Ambulo”, resulta cómico. Pero hay usos serios de los que se valen pensadores como Hans-Georg Gadamer (el prejuicio es un pre-juicio, un juicio previo), Derridá (un texto es un pre-texto), George Steiner (la des-gracia es la pérdida del favor divino) y Jorge Bucay (el enojo nos enceguece porque se monta en-ojo).

Dentro de las olimpíadas de juegos de palabras hay muchas ramas del saber que encuentran meritorio acogerse a la negrita: “la histérica es histórica”(Lacán), “el que nomina, domina” (Gramsci)

Groucho Marx es un maestro del chiste impertinente donde se espera una violencia que se derrama en una suavidad que choca. Como el chiste del hombre que le cuenta al amigo que encontró a la esposa y al mejor amigo en la cama ¿y qué hiciste? Bajé a prepararme un café, realmente lo necesitaba ¿y tu mujer, y tu amigo? “Ah, no” (severamente admonitorio): “si quieren un café que se lo preparen ellos”.
 A una revista le mandó una furibunda carta de lectores en la que parecía mostrarse en llamas (no en los camélidos) “Si siguen difamándome de esa manera…me veré obligado a cancelar mi suscripción”.  “Estos son mis principios, si no le gustan…tengo otros”. Montado en su personaje cascarrabias (inspirado en George Bernard Shaw) hace burla a todas las rigideces de la indignación airada y la ofuscación susceptible sin dejar de ejercerlas.
Ustedes pueden como han hecho los docentes rusos con Vigotsky, con la misma ironía agarrar y alquilar una película porno para decir con el intelecto que el argumento es pésimo, pero mientras tanto el efecto sensual está sucediendo subterráneamente.
Por eso es importante ver qué cultivamos más allá de lo ingenioso del chiste como atmósfera afectiva, como color emocional.
Es hermoso si se puede usar la ironía para estar siempre encantado y deleitado, aunque se sienta lo contrario, porque por un lado decir algo de modo indirecto siempre activa las inteligencias, pero además porque por otro esa declarada felicidad y bonhomia imposibles e inexistentes se autogeneran y empiezan posiblemente a existir.
Por eso gracias por haberte tomado el trabajo de leer estas modestas abyectas inmundas líneas que garrapateé apresuradamente sin haber leído lo necesario, sé que gracias al favor de tus divinos ojos recorriendo mis letras la cabellera me crecerá tonificada y espectacular y la vida va a sonreírme como nunca.Humoristos y humoristas:

la clase del 14 de noviembre de 2012 fue un éxito de convocatoria (solo faltó el ala geriátrica y la chica ésa tan ducha) y se repartió el crucial manual de autoayuda de Dan Greenburg "Cómo ser un flor de desdichado" que se engarzó con el análisis del humor discepoliano...

Elizabetha se llevó mi shampoo ruso, creyéndolo para ella, valiéndose de una caídita de ojos y de la clásica picardía peteburguesa (y del hábito de rapiñar propio de la vida en el comunismo bajo un régimen de racionamientos y desabastecimiento)

la consigna para la clase entrante es entonces escribir vuestros consejos personales para lograr la infelicidad que ostentamos, aggiornar y argentinizar el manual de la amargura incurable

hay ironía en ese ejercicio, pero una ironía muy ceñida a las realidades dolorosas, de manera que es en todo sentido una inversión escribir lo que les pido

Olga interpretó que Mordisquito criticaba solapadamente a Perón, cosa que el propio Andrés me subrayó como delirante, si bien para Oscar Wilde el arte es el espejo del espectador y no un mensajero

Perón, el día de la denominada revolución libertadora renegó y abjuró de sus protegidos llamandolos "pancistas"

Pasamos revista a Erasmo y la necesidad de vivir con ilusión aunque se sepa que es mentira, a Nietzsche y la defensa del olvido activo (que no es una cargada a la memoria activa, ni a la resistencia pasiva ni huele a esas cosas como el oler que pueden ser activas si una flor huele rico o activas si yo huelo esa flor)

Advertimos la tendencia a entreverar un elemento concreto y vulgar con otro sublime y espiritual en la lírica de Discépolo y lo enlazamos a Brecht, a Schopenhauer, lo llamamos naif en su condena al dinero en relación a Marx y lo comparamos con Lennon cuando dedicó un año a vivir desde su cama.

Me di el lujo de cantar "Chorra" y "Qué vachaché" a capella, usufructuando la impunidad que me prodigaba el publico cautivo, cautivo solo en el sentido físico y no emocional del término

Prediqué la metátesis y Discépolo hablo de tormenta de clases y clases que viven en la tormenta

Mencionamos la superior astucia de la inocencia por sobre la astucia, el mayor cinismo de la ingenuinad por sobre el cinismo (recomendamos "Arianne")

La necesidad de reconocimiento enfatizada por Dale Carneguie halló un ejemplo funesto en la muerte de tristeza de Enrique (comparable o solamente comparada a la de Oscar Wilde)

El cuento de Kishon de la mucama que devuelve más de la plata con la que la ponen a prueba y después renuncia porque no quiere trabajar para ladrones ilustró la ironía con la que recordamos también a Juan Carlos Batman y un joven Capusotto indignándose al robar un stereo de que haya un cartelito que dice "no tengo stereo"

Feli y Sole no llegaron a leer pero prometen conservar la misma ansiosa desesperación incontinente por leernos sus producciones para la próxima

Pablo nos convidó una jugosa carta del propietario de la propiedad donde le estacionan un Audi a su dueño

Yanina se perfila como la abanderada más noble y ocurrente y tomó con ecuanimidad de lady haber ¡ay! equivocado el concepto de palíndromo confundiéndolo con el de anagrama (mi cortesía encontró el salvoconducto de fingir equivocarme a mi vez para no zaherir su ofuscable susceptibilidad)

Pato defendió la caja, sin la cual no se puede gobernar al alumnado, pero protestó, como todo el mundo poco después por el caos fotocopiadoráfico

los dejo con lo vertido en la ocasión previa de la lectura de este análisis metafísico de la hondura del grotesco

                                          que tengan un jueves excelente y si no llegamos a pensar ningún chiste tna bueno que no nos aguantemos las ganas de decirlo, que tengan un buen fin de semana también!
                                                    
                                                      Schopenbrauer
Alguien me puede decir a que edad se esta en la rama geriatrica ???? 
(yo tengo 49 mas o menos bien llevados,y cumplo 50 en julio.

Jajaj!! Maria!! No era por vos!!! Faltaron las 3 Señoras amorosas que se sientan adelante!!!
Vos sos de la rama pre geriatrica como yo!!!!
Besos
Pato
Martín, gracias por brindarnos a Andrés!! Un capo!! Yo tenía mis reservas ya que en Pilar mucho tango no se escucha, pero me encantó!!! 
Yo te hago la caja, pero por favor, sé más ordenado con las copias!! Mi colega y la astróloga todavía deben estar allí; en el san José, tratando de ordenarlas!!
Besos a todos y todas!!! (ya medio me cansó esta frase entre K y  Venezuela!!)
Pato
P.D. estoy aún buscando entre los miles de mails qué fue lo que pudo haber puesto tan al palo a nuestro essssperto en cólon!!! Pero no lo encontré!! Relax and enjoy it!!


1) Notar que en el pizarrón estaba escrita la leyenda "Are you surprised?". Excelente chiste del destino para enmarcar una "clase" de Martín.

2) Gérmen de sketch fue lo sucedido ayer: lo profundo del tema tratado por nuestro amigo filósofo contrastaba con la tremenda confusión que tenía Martín con las fotocopias y su orden y progreso mientras el discepoleano hablaba. Me hizo acordar a la ceremonia de apertura de los últimos juegos olímpicos cuando el actor de Mr Bean tocaba una de las teclas del teclado durante Carrozas de Fuego.... (una genialidad enormemente recomendada)

Eso nomás


      No es sencilla la tarea de aventurarse a interpretar el sentido del humor en la obra de alguien que murió de tristeza, que a los 9 años, huérfano de padre y madre, cubrió con un paño negro al pequeño globo terráqueo de sus útiles escolares, porque pensaba que el mundo debía quedar así… para siempre vestido de luto. Dice que no lo volvió a destapar, que su timidez se volvió miedo y su tristeza, desventura.

       Menuda tarea, si tenemos en cuenta además, amen de estos aspectos biográficos, los títulos de algunos de sus tangos: “Martirio”, “Condena”, “Infamia”, “Desencanto”, “Tormenta”, “Canción desesperada”. Y todavía se podría extender la cadena semántica adentrándonos en los versos de otros títulos aparentemente más neutrales. Bueno, es cierto, también compuso una canción que se llama “Y fueron todos muy felices”… pero la canción está perdida.

       Algunos datos mínimos, biográficos, temporales, espaciales, que vale la pena tener presente. Enrique Santos Discépolo fue actor, dramaturgo, letrista y compositor, libretista, charlista de radio, director de cine y pensador. Nació en Buenos Aires en 1901. A propósito de ello, justo él, “el profeta del tango”, el poeta intempestivo quien como nadie definió al siglo, sostuvo: “camino por la vida un paso atrás de nuestro siglo. Yo quisiera ir adelante, pero le tengo miedo al papel de precursor… Pienso que a la vida se viene para aprender y no para enseñar ” (1).
        Murió joven, tempranamente, a los 50 años, la noche del 23 de diciembre de 1951... recostado en un sillón, mirando la ciudad desde su departamento de Callao 765. Para ese entonces Discépolo ya era un personaje mítico de Buenos Aires. Se cuenta que ese día las coperas de los caberts llegaron en masa hasta la esquina de Callao y Córdoba (2). ¿Qué mejor despedida que aquella mueca herida del maquillaje desvanecido por el llanto? Un número muy a la altura del adjetivo discepoliano.

       “¡Cuánto dolor que hace reír!”… Pienso que es un buen título para estas palabras. Son los últimos versos del tango “Soy un arlequín”, de 1929. Es un buen título, porque nos pone en clima de un universo simbólico, el del grotesco. Conviene señalar, ya desde el inicio, que el grotesco en la obra de Discépolo excede el drama de la integración del inmigrante en su terrible esfuerzo por adaptarse a una realidad recia a sus ilusiones, sobrepasa así la escenografía de la "habitación" del “grotesco criollo”. El grotesco discepoleano toma la calle, el barrio, la ciudad, descifra al hombre y su universo. Podemos comenzar a transitarlo a partir de tres semblanzas realizadas por poetas contemporáneos de Enrique.
           
            La primera es de Carlos de la Púa: “Discépolo es el gran buceador de almas, cachador, Schopenhauer porteño. Supo sumergirse a fondo en cada tipo y volver a la superficie con una imagen feliz que lo catalogaba definitivamente... Este gran dramaturgo del tango supo sacar tajada de todas las miserias familiares que pasan a nuestro lado vestidas con sus trajes de colores, los berretines inconfesables, las consumaciones baratas, las reinas del capuchino, las fiacas del café cortado, todos los vareadores y todas las milonguitas han estado suspendidos del lápiz prodigioso de este gran fotógrafo de almas, que luego deforma sus placas en caricaturas para atenuar un poco el dolor” (3).
           
            Nicolás Olivari lo recordó en un artículo a poco más de un año de su muerte con los siguientes términos: “Discépolo era el perno del humorismo porteño engrasado por la angustia” (4).
           
            Por último, Julián Centeya, a propósito del estreno de Cuatro Corazones (película que Discépolo protagoniza y dirige), escribe: “Yo te vi un algo raro, nunca visto aquí; no sabía cómo calificarlo… Me mordía… Estaba nervioso… y al final: primero yo. ¿Sabés lo que era? Te lo digo sinceramente y salvando la distancia y la calidad del que te voy a nombrar: tenés un corte chaplinesco…sin grupo… Trabajás a lo Carlitos. Hacés reír con cosas serias. Más que serias, graves; más que graves, trágicas. Cuando el alma se tiene que venir al suelo, porque sí, porque lo dice todo el dolor que sabés pintar en la cinta, la gente se manda una carcajada que no la termina más” (5).
           
            Con el beneficio de estos testimonios, iniciemos entonces un recorrido por algunos fragmentos de las obras de Discépolo. Dentro del universo poético de sus canciones, Oscar Conde distingue al menos cuatro líneas temáticas: la amorosa (que la conformarían canciones como “Uno”, “Secreto”, “Sin palabras”, “En la luz de una estrella”), la de denuncia (“¿Qué vachaché?”, “Yira… yira…”, ¿Qué sapa señor?, “Cambalache”), la grotesca (“Esta noche me emborracho”, “Chorra”, “Malevaje”, “Victoria”) y la descriptiva (“Carillón de la Merced”, “Alma de bandoneón”, “Melodía Porteña”, “Cafetín de Buenos Aires”) (6).
           
            Sin embargo, para nuestros fines, antes que en el orden temático, conviene poner el acento en el espíritu grotesco que atraviesa las distintas líneas (la amorosa, la descriptiva, la de denuncia, y por supuesto la grotesca) y que recorre de modo explícito o implícito –por ejemplo en su génesis, como veremos en el tango “Secreto”, o en su situación enunciativa, como en el caso de “Tormenta”–  gran parte de una obra cuya materia es la vida. Escuchemos a Discépolo: “El modelo que seguí en mis obras fue la vida. ¿Qué mejor modelo? ¿Hay algo más teatral, más diverso, más humano, más complejo, más pintoresco, más serio y más cómico que la vida? Lo que sucede es que en el arte y en la vida, lo cómico y lo trágico no se contraponen siempre. Por el contrario, muchas veces van juntos, se mezclan. Yo tengo algunos tangos de forma cómica, pero de fondo serio. Son de ese género que hemos convenido en llamar “grotesco” (“Victoria”, “Chorra”, “¿Qué vachaché?” y algunos otros). Esos sí que suelen pegarla. Y es que reflejan un aspecto de nuestro modo de ser. El criollo, y sobre todo el porteño, tienen como pocos el pudor de sus emociones y de sus sentimientos. Por eso no los exterioriza. Trata de despistar cuando habla. Es el temor de la cachada. Y para que no lo cachen los demás, se cacha él mismo. ¡La cachada!... ¡Qué tema para un ensayista desocupado!...En ella reside nuestra debilidad y nuestra fuerza. Por temor a ella, cada vez que emp rendemos algo, ponemos en juego las catorce antenas de nuestra radio interior. Todas las potencias de nuestro espíritu entran en acción. Y si a pesar de todos fracasamos, nos burlamos a gritos de nuestro fracaso, para evitar que se burlen los demás” (7).
           
            Discépolo ofrece aquí su definición más acabada sobre el grotesco: obras de forma cómica pero de fondo serio. Su interés se encuentra entonces en las obras en las que lo cómico y lo trágico se superponen. Y en ellas emerge la “auto-chachada” como un interesante recurso humorístico que no sólo explica en su aspecto psicológico o sociológico, sino que también despliega en sus distintas producciones, y naturalmente en algunos de sus tangos.
           
            En “Victoria” (1930), por ejemplo, en lugar de dolerse por el abandono de su mujer, lo que sería esperable en la liturgia tanguera, el protagonista celebra alegremente mientras se compadece del “chicato inocente / que se la llevó…” que al desatar el paquete -la mina- “¡manye que se ensartó!” (8). Podemos reírnos también de las interpretaciones psicoanalíticas en nombre de un confesado y complacido “vivir con mama otra vez” (9). El abandonado se burla a sí mismo, primereando las posibles bromas de otros, y expone una máscara que no logra disimular lo que oculta. Del mismo modo, se puede reconocer en “Justo el 31” (1930), en la idea del movimiento del carrusel, los saltos arlequinescos del protagonista que anuncia su júbilo por haber anticipado a su mujer en abandonarlo. La descripción de la mujer no está exenta de mordacidad: “la aguanté de pena / casi cuatro meses / entre la cachada de todo el café… / le tiraban nueces / mientras me gritaban / ahí va Sarrasani / con su chimpancé”. En uno y otro tango, la doctrina del “amuro” se invierte y el texto despierta una risa ambigua.

La aparición de lunfardismos contribuye a componer un clima de comicidad. Basta como ejemplo si tradujéramos el verso citado de “Victoria” prescindiendo del lunfardo: “pobre el inocente corto de vista cuando comprenda que se equivocó con la mujer”. El efecto es notoriamente diferente, y la pérdida evidente. En el uso del lunfardo, de acuerdo con Oscar Conde, se percibe una gran expresividad, rebeldía e inconformidad, pero también una alta cuota de componentes lúdicos (10). Decía Discépolo en su defensa: “No entiendo por qué es más propio ‘robar’ que ‘afanar’. ¿Por el hábito? Bah!... Lo que hay son palabras feas y palabras lindas, tanto de la Academia como del lunfardo… yo utilizo de ambos las que me gustan por su sabor rotundo, a pictórico, a dulce. Las hay amplias, curvas, melosas, dolientes. Y si mi país cosmopolita y babilónico, manoseándolas a diario las entiende y las precisa, las enlazo lleno de alegría. Nuestro lunfardo tiene aciertos de fonética estupendos… Observe que los vocablos lunfardos son siempre más gráficos que los que sustituye; más poderosos y más nuestros. Por eso los utilizo” (11).

“Chorra” (1928) es también un tango que plantea de manera novedosa el tradicional tópico del abandono. En este caso, la mujer no se va con otro. Es otro tipo de estafa la cometida. Aquí se trata de una ladrona que junto a sus padres, “la viuda y el guerrero”, le afanan hasta el color (es decir, no sólo los bienes materiales sino sus mejores ilusiones) a un ingenuo feriante cuyo único pecado fue ser bueno y enamorarse integralmente de la mujer (13). Ante el siniestro consumado, el personaje del tango (el relato está en primera persona) enseña sin ningún tipo de reserva su bronca por “haber sido tan gil”. Hay alusiones irónicas, que se mantienen a lo largo de todo el texto, que funcionan como dispositivos para evidenciar las máscaras. Así, sobre el desenlace, el narrador continúa refiriéndose a los farsantes con sus nombres de oficio: “se tragaron, vos, la viuda y el guerrero / lo que me costó diez años de paciencia y de yugar”.

Se cuenta que cierto mediodía de 1929 en el Mercado del Plata, un hombre alto y fornido con el atuendo de carnicero interpeló a Discépolo: “¿Quién le contó a usted lo que me ha ocurrido con la sinvergüenza de mi mujer para que lo haga cantar por toda la ciudad?”. Asombrado por la coincidencia, y temeroso ante el cuchillo descuartizador que el comerciante portaba en la cintura, Discépolo buscaba la manera de aclarar el malentendido. Sin embargo, el hombre interrumpió sus cavilaciones: “Usted me ha vengado, amigo, ha dicho la verdad. Ahora todos saben lo perversa que ha sido ella conmigo”.
           
            Vida y obra son dos universos casi indiscernibles al tratarse de Discepolín. Quizás su mejor personaje fue él mismo: Discepolín, ese personaje de sí mismo. Así, por ejemplo, su excesiva delgadez, su inmensa nariz, y su contextura de muñeco pálido y tembloroso, le propiciaron motivos suficientes para mofarse con recurrencia. Valga el siguiente texto como ejemplo. Como número de presentación de un show de Tania, Discépolo conversaba en el escenario junto a una compañera de elenco:

-Discépolo: Para el público sería más grato, si en vez de estar yo aquí, se hubiese asomado en mi lugar uno de esos muchachos con cuerpo de atleta, cabello ondulado, ese cabello que chorrea brillantina, esos galanes vistosos que llenan Buenos Aires y que no sé por qué casi siempre se llaman Juan Carlos… ¡Un galán alto!
-Mujer: Pero usted es un perfume fino en frasco chico.
-Discépolo: No me consuele. Yo vendría a ser, apenas, una muestra, gratuita… Y lo peor es que no me queda ni el recurso de decir que cuando era chico era lindo… No…. Dicen que cuando yo era chico era más feo que ahora. Cuando nací, mi madre me miraba con unos ojos de asombro inenarrable y musitaba con esa ternura que solamente las madres saben tener: “¡Quién lo hubiera dicho!”. Y al destaparme para que me vieran los vecinos, les dirigía una mirada dulcísima y les decía: “Disculpen…”. Ustedes saben, por supuesto, que eso de la cigüeña es un cuento. En su lugar vino una señora con una valijita que cuando terminó su labor se fue enojada y protestando: “¿Y qué puedo cobrar por ‘eso’?” (13).

            El mismo recurso se utiliza en la obra de teatro Blum (1949), donde también hay lugar para la burla auto-referencial: “Yo en cambio pienso con espanto en el orgullo depravado con que los padres dicen: ¡Mirá, tiene toda mi cara! Y me pongo a temblar de sólo imaginarlo”.
           
            Existen, a su vez, repetidas anécdotas que reúnen comentarios sobre su extrema flacura: “tengo más tangos que kilos” o la versión “tengo más años que glóbulos rojos”; “de tanto que quiero alegrar, ¡así estoy de flaco!”; “aunque parezca imposible, he rebajado tres kilos… voy a parecer una de esas fotografías óseas sacadas con rayos X”.  Y ya sobre el final de su vida, desgarrada por los colmillos de “Mordisquito”, su delgadez creció proporcionalmente a la ironía con que la registraba: “estoy tan flaco que las próximas inyecciones me las van a tener que dar en el sobretodo”; “todos los médicos juntos no pueden conmigo. Esta es la lucha entre Karadagián y la pulga”.

Cualquier frustración parecería campo fértil para el recurso de la auto-cachada, para la mueca de una sonrisa por donde asoma el dolor. Veamos así el relato retrospectivo que realizó Discépolo sobre el estreno de su primer tango, “Qué vachaché” (1926), canción amarga, desesperanzada, en la cual una mujer lanza a su marido, “el gilito embanderado”, “el disfrazao sin carnaval”, una serie de reprimendas porque éste es un idealista que todavía cree en la moral y no se dio cuenta de que ya “no  hay ninguna verdad que se resista / frente a dos mangos moneda nacional”. Si el espíritu del tango no es para nada ajeno al del grotesco, menos aún lo es el relato de su estreno.
           
            Así lo rememoraba Discépolo años después: “Mi primer tango fue “Qué vachaché”, lo que equivale a decir que fue mi primer disgusto. Fue en el transcurso de una turbulenta y azarosa gira teatral de una compañía cuyo elenco integraba y que encabezaban dos grandes actores cómicos a los que debo el haber llorado las lágrimas más amargas de mi vida… A los ocho días de salir empezó el drama. ¡Las que pasamos! ¡Qué manera de comer salteado! Comíamos por riguroso turno: martes, jueves y sábados; las mujeres. Miércoles, viernes y domingos: los hombres. El lunes ayunábamos todos de prepotencia… Yo he asistido a verdaderos campeonatos de salto en largo, peor como aquellos jamás. Ríanse… El record lo batió la actriz más vieja de la compañía… La pobre saltó de un café con leche de un martes a la mañana y sin tocar el suelo, fue a parar a un té con leche de un viernes por la noche. ¡Este salto yo no lo he visto dar ni con garrocha!... Debo aclarar además que la distancia fue cubierta en excelente estilo y sin rozar en el trayecto un solo bife…

            ¡Las que pasé!... Recuerdo que mi hermano, ignorante de mi situación, respondiendo a una de mis cartas, me observaba: “Te envío de vuelta tu esquela para que repares en la caligrafía. Es vergonzoso que ya no sepas escribir. ¿Qué te pasa?”. Cuando la miré, me dio risa… Era muy simple: al escribir, ¡las mayúsculas se desmayaban de hambre sobre las minúsculas!
           
            ¡Qué temporada!... Yo había llegado a un punto de flacura tal que si me tapa un ojo quedaba disfrazado de aguja… Por fin dimos la función. Adelante. Se levanta el telón. Pasan varias escenas y sale la hermana del apuntador convertida por azar en cancionista. De salida da un tropezón, se hace un lío con la cola del vestido… y plaf… cae así para adelante y se queda en el suelo en cuatro patas. Era realmente una posición que no debía haber abandonado nunca. Yo pedía a gritos un revólver para matarme, pero siempre y cuando me dejaran matar antes a la cancionista… El pianista, un honrado padre de familia hacía arpegios tan violentos sobre el teclado que parecía más bien un tirabuzón enloquecido que jugaba a la mancha sobre el piano. A su lado, el violinista rascaba el instrumento con un optimismo y una cara de pambazo irritante. Sonreía a todo. Era feliz. Era feliz porque desafinaba. Se había propuesto desde muy chico serruchar el violín de parte a parte valiéndose sólo de su arco y cada vez que yo lo miraba, enloquecido desde bastidores, él respondía con un gesto como queriendo decir: “ya va a estar”. Y seguí rascando. El flautista era asmático y la flauta rencorosa. Había no sé que viejos resentimientos personales entre ellos y para ventilarlos aprovechaban mi tango. A todo esto el público –una abigarrada muchedumbre de cuatro personas- se revolvía en la platea como si le hubiera caído el techo en la cabeza. A la cancionista, que seguía en cuatro patas, no se le entendía una palabra y parecía que cantaba en árabe. En ese momento, alguien gritó: ¿Quién arrastra los muebles? … Me quedé frío. Yo había ya notado un ruido persistente y ronco… ¿Qué podría ser? Presté atención. Era el contrabajo. Corrí al foso. Era él. Repetía siempre la misma nota rascando con toda gravedad. ¿Qué hace? –le grité. Aquí andamos –me contestó. ¿Qué nota hace? –le digo. Ah, una – Sí, claro, ¿no son siete las notas? Bueno, por aquí tiene que pasar… Así estrené “Qué vachaché”, mi primer tango y mi primer disgusto” (14).
           
            Comparemos el relato con la versión del crítico uruguayo Blixten Ramírez, presente en el estreno: “Acompañó a la canción la más fría y desconcertante de las indiferencias. No hubo aplausos y sí gritos exigiendo que Mecha Delgado interpretara de inmediato los tangos más populares de la época. Cuando entramos al escenario encontramos al autor visiblemente descorazonado, maltrecho, después de la batalla perdida. Y sin ánimo siquiera para la defensa de su producción, aceptando con triste conformidad los hechos consumados. Al retirarnos, no sin antes dejar caer las banales y consabidas frases de consuelo, me atreví a decirles a mis acompañantes: -Lo que me animo a asegurarles es que este pobre muchacho no vuelve a escribir un tango en el resto de sus días. Peligroso afán ese de tratar de descubrir el porvenir” (15).
           
            Es cierto, el tiempo permite que los signos trágicos devengan cómicos. Ahora bien, resulta también un recurso de gran comicidad, digno de ser destacado, la exageración expresionista con la que Discépolo traduce no tan fielmente (y decididamente no importa) “la más fría de las indiferencias”. El relato, generoso de ocurrencias y atravesado por el tamiz del grotesco, se compone así como una mirada burlona que, como muchas de sus canciones, se nutre de la distorsión exacerbada por lo patético.
           
            Esto sucede, por ejemplo, en “Malevaje” (1929), un tango que cuenta la metamorfosis de un guapo que pierde el horizonte al ser atravesado por el amor de una mujer: “Decí, por Dios, qué me has dao / que estoy tan cambiao…/ ¡no sé más quién soy!...”. El culto al coraje, anacrónico ya por ese entonces, resulta ridiculizado en una desesperada confesión. Aquí, la mueca expresionista del dolor convierte al grotesco en una estética de la fragilidad y la piedad (16): “No me has dejao ni el pucho en la oreja / de aquel pasao malevo y feroz / Ya no me falta pa´ completar / más que ir a misa e hincarme a rezar”.
           
            “Esta noche me emborracho” (1928) relata un encuentro casual, pasados diez años, del protagonista con una exnovia. La encuentra a la salida del cabaret “sola, fané, descangayada” y la describe como “un gallo desplumao / mostrando al compadrear / el cuero picoteo”. Los efectos son devastadores: “Nunca soñé que la vería / en un “requiscat in pace” / tan cruel como el de hoy: / ¡Mire, si no es pa´ suicidarse, que por ese cachivache / sea lo que soy…”. ¿Qué es lo que resulta tan terrible? Quizás sea aquello que el narrador sólo insinúa… que él también está solo, fané (arruinado) y descangayado (deteriorado). Y, precisamente, es la mirada de la mujer, en un juego de espejos identitario, lo que evidencia su desnudez. La moraleja supone una tesis filosófica, una mirada melancólica sobre el paso del tiempo, que todo lo destruye, y que ninguna borrachera lúcida puede ignorar: “Fiera venganza la del tiempo, / que le hace ver desecho / lo que uno amó…”. Asimismo adelanta otra característica de la vida grotesca: no hay culpables. Ni el hombre, ni la mujer. Las únicas culpables son las ilusiones, las principales protagonistas del grotesco.
           
Aquello insinuado en “Esta noche me emborracho” aparece explícito en los últimos versos del tango “Quien más, quien menos” (1933). Esta vez, dentro del cabaret, el narrador encuentra a su antiguo amor borracha, mostrando muerta de risa su desnudez: “¡Reconocerte / fue enloquecer! / caricatura / de la novia / que adoré”. Sin embargo aquí hay lugar para un “nosotros”: “Novia querida / novia de ayer / ¡qué ganas tengo / de llorar nuestra niñez! / Quien más… quien menos… / pa´ mal comer / somos la mueca / de lo que soñamos ser”. La mueca aquí como expresión colectiva de soledad, desilusión y desesperanza.

En “Secreto”, el efecto grotesco, sin duda, no se encuentra en la letra del tango sino en el relato de la anécdota que sirvió de inspiración a este tango sombrío que atraviesa la culpa, la tentación, la traición y el suicidio: “Quién sos, que no puedo salvarme, / muñeca maldita, castigo de Dios… / Ventarrón que desgaja en su furia un ayer / de ternuras, de hogar y de fe… / Por vos he cambiado mi vida / -sagrada y sencilla como una oración- / en un bárbaro horror de problemas / que atora mis venas y enturbia mi honor”.
           
            De este modo contó Discépolo la génesis del tango: “Yo he conocido muchas personas que viven con el reloj atrasado. Pero en mi amigo fue terrible. Maduro ya, se encontraba en esa edad en que los hombres llevamos por la calle los paquetes más absurdo y en que, por las noches, sacamos el perrito a caminar por la cuadra. Y fue entonces, inexplicablemente, cuando conoció y se enamoró de la otra mujer. Su vida “sangrada y sencilla como una oración” se transformó en “bárbaro horror de problemas”. Sobre todo porque él no estaba preparado para entenderlo ni para superarlo. Y como todo lo profundamente dramático está casi apoyado o rozando lo cómico, el aspecto ridículo lo daba su mujer, la auténtica, porque ella –pobre ángel- ignorante de la tremenda tormenta en que él se debatía, intentaba curarlo creyéndolo enfermo. Lo suponía embrujado, quemaba polvos y cosas raras. Le dejaba la camiseta colgada al sereno por la madrugada. Le decía palabras absurdas… la única satisfacción –si así puede llamarse- la única satisfacción de mi pobre amigo fue que durante ese terrible período su mujer no llegó a sospechar nunca, ni por acaso, la razón de su mal” (17).
           
            Como sugiere Sergio Pujol, no debería asombrarnos que la tragedia tortuosa e inconclusa de “Secreto” tuviera como medio de transmisión el alegre marco de un lujoso teatro de revista, en medio de plumas, galeras y números cómicos (se estrenó en el Cine Monumental en el espectáculo Mis canciones 1932) (18).

Lo mismo puede decirse sobre “Tormenta” (1937), grito piadoso y desesperado que eleva su lamento a Dios: “!Aullando entre relámpagos… / perdido en la tormenta / de mi noche interminable, Dios! / busco tu nombre…”. Desde los márgenes de un mundo que lo ha expulsado, y a punto de perder la fe, el protagonista cuestiona –ya sin mordacidad- un orden nefasto, injusto e impune, que no puede comprender: “Enséñame una flor / que haya nacido / del esfuerzo de seguirte, Dios / para no odiar / al mundo que me desprecia / porque no aprendo a robar…”.  
           
            El tango se presentó en la película Cuatro corazones (1939). “Cuatro corazones” es el nombre de una boite que dirige el Sr. Barbet (personaje que interpreta Discépolo). Durante un ensayo, Tania canta “Tormenta” en una secuencia con influencias del cine expresionista alemán. Pero el director de la ficción pide una versión más alegre (“¡Es matar de tristeza a la gente! ¡Alegría, el patrón lo pide!”). Ya en la noche, durante la función, Tania interpreta el tema vestida de marinerito con los pasos del can-can. Mientras el público baila haciendo la ronda, algunos aprovechan para arrojarle serpentinas, que Tania esquiva como puede. Así, el intento de mitigar el dolor, de edulcorarlo, acaba en grotesco.
           
            Para Discépolo, la alegría del avestruz, lo cómico por lo cómico, no va muy lejos. Tal vez por ello, a propósito de su trabajo en la obra teatral “Wunder Bar” (1933, 1947) –que adapta, dirige e interpreta- sostuvo: “Wunder y yo hemos sintonizado. Él me entiende a mí y yo lo entiendo a él. Si mi Wunder escribiera tangos, los haría muy parecidos a los míos, sobre todo a los “grotescos”, en que la risa y la mueca se confunden; y si yo fuese dueño de un “dancing” lo manejaría de acuerdo con su filosofía. Por que mister Wunder tiene una filosofía. Es una filosofía pesimista, que adquiere, sin embargo una expresión optimista y alegre. Wunder no es ningún tonto de circo, de esos que quieren hacer reír vaciándose el cerebro para que suene bien a hueco. Tampoco es un avestruz, que esconde la cabeza para no ver el peligro, creyendo así eludirlo. Es un hombre inteligente que quiere curar la tristeza con conocimiento de causa. El sabe que la vida es horrible y trata de superar esa realidad volviéndola alegre; pero sin ignorarla. Recomienda el olvido, pero no la ignorancia… Yo preconizo la misma terapéutica que la de Wunder, que, por cierto, coincide también con la de aquel intendente que aconsejaba “sembrar alegría”. Pero esta siembra no sólo hay que hacerla en carnaval, sino en cualquier época del año. La alegría con careta ya no nos basta. Ese era un recurso de los tiempos idos, ingenuos y mistificadores. Hoy todos nos conocemos y no adelantamos nada con disfrazarnos. Justamente, no pocos males que sufre el mundo moderno se deben a la persistencia de algunos disfrazados anacrónicos…” (19).
           
            En busca de precisar la situación enunciativa de esta última noción de “alegría consciente”, resulta tentador volver sobre la figura arquetípica del “desayunado” y proponer así cierta familiaridad entre el estafado de “Chorra” y “el gilito embanderado” de “Qué vachaché”. Asimismo es tentador aproximarlos a la desencantada alma otaria de “Tres esperanzas” (1933): “Me he vuelto pa' mirar  / y el pasao me ha hecho reír... / ¡Las cosas que he soñao, / me cache en dié, qué gil!”. Y, naturalmente, emparentarlos también con el protagonista de “Yira… yira…”, aquel “otario / que un día, cansado, / se puso a ladrar”.

A propósito de “Yira… yira…”, reproduzco un  diálogo entre Discépolo y Gardel de un cortometraje de 1931 del director Eduardo Morera:

Gardel: Decime, Enrique... ¿Qué has querido hacer con el tango Yira... yira...?
Discépolo: Con Yira... yira...
Gardel: Eso es.
Discépolo: Una canción de soledad y desesperanza...
Gardel: ¡Hombre! Así lo he comprendido yo.
Discépolo: Por eso es que la cantás de una manera admirable.
Gardel: Pero el personaje es un hombre bueno, ¿verdad?
Discépolo: Sí; es un hombre que ha vivido la bella esperanza de la fraternidad durante cuarenta años. Y, de pronto, un día, a los cuarenta años, se desayuna con que los hombres son unas fieras.
Gardel: Pero... ¡dice cosas amargas!
Discépolo: Carlos, no pretenderás que diga cosas divertidas un hombre que ha esperado cuarenta años para “desayunarse”...
           
            Posiblemente se trate todavía del mismo gil, que ahora se avivó, y que con su ladrido le advierte al prójimo que algún día comprenderá, como él, que “todo es mentira” y “que nada es amor”. Lo sabe ya, porque en definitiva, a fuerza de rayas, golpes, golpecitos y grietas, aprendió que “la tierra está maldita / y el amor con gripe en ca-ma” (“Qué sapa señor”, 1931). Y aprendió a reconocer algo más terrible todavía, que "el mundo fue y será una porquería” (“Cambalache”, 1935), es decir, un terreno poco propicio, no muy fértil, para sembrar ilusiones.
       
             No sorprende, entonces, que en ocasión de compartir “un instante de su vida” con los lectores de una publicación periodística, Discépolo haya optado por el relato de una temprana desilusión, un recuerdo infantil, un recuerdo volvedor, que se convirtió -a su juicio- en un estado de su espíritu. Escuchémoslo: "Desandemos un montón de años. Imagíneme en mis siete años, un pibe un poco triste y lleno de sueños. No grandes sueños: sueños de pibe, nada más, con forma de triciclos, de barriletes, o de bicicletas. Uno de esos sueños tenía forma de traje de payaso. Se estaba acercando el Carnaval y yo acariciaba la esperanza de verme con alguno de aquellos bonetes chillones y con la cara enharinada y los cachetes pintados de rojo. No sé cómo algún día se atrevió mi timidez a expresar mi deseo ante mi madre. Pero el resultado fue que el primer día de carnaval, ella me dijo: `Enrique… Aquí tienes tu traje de payaso´. Era un traje maravilloso, amigo mío. Amarillo en el fondo, tenía pintados en los más diversos colores, pájaros, payasos, bailarinas, chanchitos, elefantes, y otras figuras llenas de gracia. Me puse el traje loco de alegría. Mientras me enharinaban la cara, mientras me pintaban de rojo los cachetes, el corazón se me saltaba del pecho. Soñaba con el instante de salir a la calle luciendo aquel atavío multicolor, de verme admirado por mis compañeros del barrio, que no esperaban que yo fuera capaz de tener un traje de payaso tan hermoso…

             Y por fin estuve listo y me eché a correr a la vereda. Allí comencé a caminar como levantado del suelo por alas invisibles. Me miraba el traje y me deleitaba con aquel elefante verde y rojo, con aquel chanchito azul, con aquellos pájaros negros y marrones. Tan distraído estaba con la vistosa policromía de mi traje que no vi cómo un muchacho se acercaba a mí, levantando en alto un balde lleno de agua. Cuando me tuvo cerca, sin cuidado alguno para mi flamante traje de payaso, sin respeto por mi máscara de harina, me arrojó el contenido de su balde. Con el frío del agua corrió por mi cuerpo un sentimiento de terror… ¿Qué le pasaría a mi flamante traje de payaso? Mis ojos temerosos buscaron los dibujos maravillosos. Algo terrible ocurría sobre el género pintado. Confundidos en el agua que corría por mi traje, bailarinas, pájaros, chanchitos y elefantes, se deshacían velozmente, perdían su forma, mezclaban sus colores, y chorreaban en un líquido rojiazul sobre la vereda. Apreté el trajecito de payaso con mis manos, como tratando de contener aquella huída desesperada. Pero ya no quedaba, de todo aquel mundo de maravilla, nada más que unas manchas sin sentido. Y el trajecito, empapado, se me pegaba al cuerpo, y el bonete de cartón caía deshecho al suelo, y la cara enharinada sumaba su líquido viscoso al agua de mi traje desteñido…

             No sé cuánto tiempo me quedé allí, como un pájaro mojado, triste, callado! El chico del balde había echado un chubasco de muerte sobre un hermoso sueño que comenzaba a realizarse. Y es notable, amigo mío. Han pasado muchos años, pero ahora me acontece con frecuencia encontrarme con aquel recuerdo. ¿No le ha ocurrido a usted, por ejemplo, proponerse una cosa hermosa, ver que está muy cerca de su mano el realizarla, y encontrar que, al final, la indiferencia de una funcionario torpe, o bien la incomprensión de quien creía comprensivo, deshace su ilusión? ¿No le ha pasado ir algún día a ver a un viejo amigo a quien han hecho ministro o funcionario importante y encontrarlo a éste en burócrata, infatuado, tratándole con solemnidad tonta? Pues bien, en estos casos y en otros semejantes, me siento como aquella tarde de carnaval: me veo mojado y triste en medio de la acera, con mi trajecito de payaso en el que se van muriendo bajo el agua los colores brillantes de mis ilusiones...” (20).

             El triste recuerdo de las ilusiones ahogadas de este payasito da paso a una de las figuras predilectas de Enrique: la del arlequín… Como sugiere Pujol, si el arlequín nace en la Comedia del arte Italiana como un personaje lleno de gracia y frescura, la versión discepoleana, en cambio, deviene una figura un poco más ambigua que entretiene a pesar suyo (21). Así, en el tango "Soy un arlequín" (1929), por debajo del salto "alegre" del protagonista, se manifiesta un subrepticio "corazón lleno de pena", que alcanza el extremo de pedir perdón por su bondad: “¡Perdoname si fui bueno! / Si no sé más que sufrir. / Si he vivido entre las risas / por quererte redimir. / ¡Cuánto dolor que hace reír!”.

             Muy bien... que el recorrido que emprendimos nos haya llevado de regreso al inicio, indica que es momento de comenzar a terminar esta charla. Vimos que para Discépolo el mundo se presenta como un terreno poco fértil para sembrar ilusiones. Sin embargo, sin ilusiones -agrega- “seríamos un pedazo de carne al ras del suelo. No importa que ellas no se realicen, lo esencia es tenerlas” y en el mismo sentido advierte, “hay una miseria más grande que la del pan, es la de no creer en nada… no hay nada tan horrendo como no creer” (con estas imágenes explicaba el origen de su tango “Uno” de 1943). Parafraseando a Sartre con su concepción del hombre como pasión inútil, podemos pensar que para Discépolo el hombre es una “ilusión inútil”.
 
             La vida se presenta así como un juego de ilusiones y desilusiones. La respuesta de los héroes discepolianos, estafados, desterrados, sensibles a la cicatriz ajena (“uno se salva del dolor ajeno cuando no escucha”, afirma el Sr. Barbet en Cuatro corazones) es la rebeldía, que se manifiesta, como tuvimos oportunidad de apreciar, a través de la risa, la crítica irónica, el sarcasmo, la provocación, el ladrido y hasta del aullido (22). En un universo fatalmente adverso como el que nos ilustra, sembrar alegría es signo de rebeldía. Supone apostar porfiadamente a una ilusión que conoce la desilusión y que por saberse absurda se torna necesaria, ineludible. 
            En este sentido, el valor de la ilusión no va a estar dado aquí por lo que logra (porque es inútil); sino por asumirse frente a ello como necesaria (como encuentro con una imposibilidad que posibilita, que abre lo posible en tanto imposible); es decir, por ser apertura -ventana o alcantarilla- que nos arroja al mundo, y que se aventura, aún con todos las de perder, -y quizás por ello- a una entrega total, íntegra, a un dar(se) que no mide (que es des-medido), ajeno a toda especulación. “Mi lema es entregarse por entero a las cosas, no mezquinar energía. La vida sabrá con qué compensarnos... yo aconsejo una capacidad de amor que alcance para la guía telefónica” sostenía Discépolo en una de sus últimas entrevistas. Y este mismo espíritu recorre la película En la luz de una estrella cuando la inocente protagonista (Ana María Lynch), a punto de obtener finalmente el tan anhelado beso de la estrella (Hugo del Carril), murmura: “no me quite la dicha de darlo todo sin esperar nada a cambio”. Y lo encontramos también en un célebre parlamento que el mismo Discépolo pronuncia en el film El hincha: “¿qué sería de un club sin el hincha? ¡Una bolsa  vacía! ¡El hincha es el alma de los colores! ¡Es el que no se ve. ¡El que da todo sin esperar nada!”.
           El hincha, el enamorado, el artista, o mejor, todo aquel que concibe su vida como obra de arte, son los festejantes de lo gratuito, de lo que excede la lógica comercial, el cálculo, la medida, los que conspiran contra toda forma de ahorro. Y es aquí, tal vez, en la experiencia y en las paradojas de esta singular subjetividad, donde posiblemente resida una de las más notables e intempestivas enseñan-zas de Enrique Santos Discépolo.


1 Andrés Muñoz, 30 vidas de Artistas Argentinos, Ediciones Anaconda, Buenos Aires 1940.
2 Luis Cardillo, Los tangos de Sabina, GEO, Buenos Aires 2003.
3 Carlos de la Púa, Crítica (11/12/1934).
4 Nicolás Olivari, La Prensa (agosto 1953).
5 Julián Centeya, Cine Argentino (1939).
6 Cf. Oscar Conde, Poéticas del tango, Marcelo Oliveri Editor, Buenos Aires 2003, pp.57-58.
7 Andrés Muñoz, 30 vidas de Artistas Argentinos, Ediciones Anaconda, Buenos Aires 1940.
8 Cf. Oscar Conde, Poéticas del tango, Marcelo Oliveri Editor, Buenos Aires 2003, p. 63.
9 Cf. Noemí Ulla, Discépolo o el juego de las máscaras.
10 Oscar Conde, conferencia de presentación de su libro Lunfardo, Taurus, Buenos Aires 2011.
11 Revista Comedia (julio de 1929).
12 Cf. Sergio Pujol, Discépolo, Emecé Editores, Buenos Aires 1996, p. 119.
13 Archivo Enrique Santos Discépolo.
14 Norberto Galasso, Escritos inéditos de ESD, Ediciones del Pensamiento Nacional, Bueno Aires 1981.
15 Víctor Soliño, Comunicación Académica N° 953 de la Academia Porteña del Lunfardo, 1982.
16 Cf. Oscar Conde, Poéticas del tango, Marcelo Oliveri Editor, Buenos Aires 2003, p. 64; y Sergio Pujol, Discépolo, Emecé Editores, Buenos Aires 1996, p. 361.
17 Enrique Santos Discépolo, Cómo nacieron mis canciones (Radio Belgrano 1947).
18 Cf. Sergio Pujol, Discépolo, Emecé Editores, Buenos Aires 1996, p. 217.
19 Andrés Muñoz, ¡Aquí está! (abril 1948).
20 Manuel Alba, "Un instante en mi vida: Enrique Santos Discépolo", Revista Maribel.
21 Cf. Sergio Pujol, Discépolo, Emecé Editores, Buenos Aires 1996, p. 153; y Oscar Conde, Poéticas del tango, Marcelo Oliveri Editor, Buenos Aires 2003, p. 64.
22 Cf. Néstor Cordero, “Cuando Discépolo se puso a ladrar”, conferencia pronunciada en la Academia Porteña del Lunfardo, Buenos Aires 2003.


 Por fin me llega un mail !!!Era demasiada la exclusion !!! Porfis no me hagan esto que a mi tambien se me murio mi analista !!!!
Besos a todos !!!
Maria

Hola Maria, tenés toda la razón!!!! Nos ofreciste tu casa para poder tomar la clase, tus hijos fueron testigos de la boludez que hacemos bajo la consigna "chicos, mamá llegará tarde los miércoles porque se anotó en un curso en el prestigioso Centro cultural Rojas" y de pronto las pobres criaturas ven en su living a un tipo trasvestido con calzas (sorry Martín pero no había mucho por apreciar bajo la Lycra, sería la calorrr?? o el aire Surrey de Maria funcionaba demasiado bien??) y pelucas varias!!! Conocimos a tu nuevo "chapante", la amiga que vino gratis de parte de Chan (no le cobramos, o si Martin??) se reía sin parar bajo los efectos de quién sabe qué, o por los poronguitos negros que trajo y que dijo que la mamá de Chan que es toxicóloga le dijo que eran súuuuper beneficiosos, te usamos el ñoba y tomamos gaseosas sin parar, no estoy de acuerdo en que se compartan estos mails con la gente que se cuelga de nuestras tetas y no nos hayan pagado el curso (Sole, ayudame en ESTA), María, tu indignación es más que razonable!!! Limpiemos la lista sábana que tenemos, nos quedamos con la gente que escribe, que se banca todo con tal de tener la clase!!! A todos se nos murió un analista, o hemos logrado que se suicidara!!! Cuidemos nuestro medio ambiente, o nuestro duplex, o casa en el country!!! No dejemos nunca más afuera a Maria!!!! Su balcón nos puede servir para la fiesta de fin de año!!!
Yaninete, me dolió que no te llegará mi mail de preocupación por tu ausencia, Olga, no faltes más!! Limpiemos esta lista y la re armamos!!! después salta David que no entiende un joraca y bajo la excusa de que está en un geriatrico se divierte gratis!!!
Me ofrezco para tomar mañana lista y pasar en limpio los mails!!! y si no, que los astros y Feli me castiguen!! (junto a su nueva amiguita Caro Mmmmmm!! medio rara la relación que entablaron!!)
Besos
PatoConsultorio jurídico
Me consulta el Lic. SchopenBrauer acerca de la posibilidad de iniciar acciones
legales contra FG.XY, ya que se ha sentido agraviado en su buen nombre y
honor a raíz de la misiva electrónica recibida en su Inbox o Bandeja de Entrada.
Analizaré la posible existencia de agravios para las dos partes.
From: fg.xy@hotmail.com
To: martinbrauer@hotmail.com
Subject: RE: POR LA CALOR TE LA PONGO EN LA HELADERA a la comida
peruana (para que no ceviche)
Date: Wed, 7 Nov 2012 00:39:21 -0300
Hola Brauer. Soy más bien nihilista y los pardos tienden a darme urticaria,
Hasta aquí no parecería haber agravio alguno para ninguna de las partes. El
autor de la misiva bajo estudio saluda, se identifica filosóficamente y lo anoticia a
Martín acerca de las reacciones que le provocan, supongo, los osos pardos.
pero tus proclamas pseudo inteligentes de burgués escandalizado me
superan.
Me confunde un poco la referencia a los osos, concatenada con la superación
originadas en las proclamas de Brauer. Si el sujeto se ha superado a sí mismo a
raíz de las antedichas proclamas no se verificaría, aquí tampoco, agravio alguno.
Por lo demás, el autor se muestra evidentemente consternado por las proclamas
de Brauer y, pasado de empatía, se siente superado. Buen pibe. Por las dudas,
averiguar por psicoterapeuta para recomendarle.
Te creía el típico chico ilustrado de clase media alta que juega a hacerse el
socialista y odia al peronismo porque este le recuerda permanentemente
como son las cosas en la vida real. Pensé que decías las cosas desde ahí.
Tal vez diste antes señales de que me equivocaba, pero la verdad es que
no te presto demasiada atención. Intuyo que ninguno de los seguidores de
tu misérrimo blog lo hace tampoco.
Aquí el sujeto confiesa los prejuicios que tenía hacia Brauer, los que,
evidentemente, confirmó con el devenir del curso que dicta. Aunque aquí
también me confunde un poco, ya que afirma que “no le prestaba demasiada
atención”, razón por la cual, resulta evidente que esa escasez de atención (en el
DSM-IV, Déficit de atención dispersa) puede haber sido la que no le permitió
completar y/o comprender las proclamas analizadas ut supra.
Eventualmente, analizar la posibilidad de ofrecer prueba pericial. No sobre
Brauer.
El empleo de la expresión “misérrimo blog” habría que analizarlo en profundidad
pero, prima facie, y habiendo leído el blog, me temo, me temo, nunca sacamo,
(copyright Les Luthiers) que la afirmación resultaría ajustada a la realidad.
Buscar en la RAE la definición de mísero con la esperanza de que alguna
acepción albergue alguna connotación agraviante.
mísero, ra. (Del lat. miser, -a).
1. adj. Desdichado, infeliz.
2. adj. Abatido, sin fuerza.
3. adj. Avaricioso, tacaño.
4. adj. De pequeño valor.
Siamo fuori. Asiste razón al autor de la misiva electrónica y no cabría sino
concluir que el blog es, en rigor de verdad, misérrimo. Es por ello que no
considero prudente agraviarse por estas manifestaciones ya que, a todo evento,
se encuentra en pleno trámite el juicio laboral por diferencias salariales iniciado
por los monos tipeadores que escriben para Brauer.
Como sea, lo de yegua montonera me hartó. Hay demasiado odio clasista,
machista y racista ahí.
En este punto, adhiero al autor de la misiva. Con los animales no.
Ya no me dan ganas de jugar.
Danger! Preguntarle a Brauer si también levanta quiniela porque el caso podría
tener derivaciones penales. Llamar a Burlando para saber a cuánto cotiza la
hora. Espero que el penalista se apene.
Encima, lo de los dólares. No tenés idea de los procesos económicos que
pueden llevar a tomar restricciones así, ni de lo mucho que estas se
parecen a las que toman otros países, a los que seguramente tendrás como
modelo. No se trata de simpatizar o no con el gobierno, se trata de
esforzarse en entender y analizar lo que pasa. Pero vos no tenés idea ni la
querés tener, porque hablás desde el odio y te conformás con eso.
La verdad sea dicha, no tiene idea de eso y de mucho más. Tampoco se
verificaría agravio. Y sí, Martín se conforma con poco. Gracias a Dior.
Además, Brauer, no me parece bueno lo que hacés. Me he tomado el
trabajo de leer tus cosas, estoy casi seguro de haber sido el único.
Aquí resultaría de aplicación el viejo adagio napolitano “si no te gusta, vestite y
andate”. Buscar jurisprudencia. Preguntar en el curso cuántos han leído alguna
obra de Martín. Preguntar también si alguien ha leído algún email completo.
Releyendo los términos de la nota bajo estudio, detecto que podría verificarse
una inadmisible violación a la intimidad de Don Brauer. ¿Qué cosas ha leído este
muchacho FG.XY? ¿La etiquetas de los alimentos que obran en la alacena de
Martín? ¿Estará controlando que cumpla la dieta kosher? ¿Habrá leído las
boletas de Edesur? ¿El Olé? Chequear.
¿Cuentos en antologías? Ajjjjjj, ya sabemos como es el entongue ese.
Tenés buenos contactos y eso te permite acomodarte, eso te soluciona las
cosas. Si te deja conforme, me alegro.
Esto se pone serio. Seriedad al nivel “Telenoche Investiga” o al menos Facundito
Pastor. El entongue de los cuentos en antologías es cosa seria. ¿Contactos?
¿Tráfico de influencias? Ya tendríamos juego clandestino y ahora le sumamos
estas irregularidades en la publicación de producciones literarias. No olvidar el
curro de las fotocopias, recordarle a Martín que “blanquee” el negocio de las
fotocopias.
El término “Ajjjjjjj” debe ser alguna interjección de uso literario que desconozco,
preguntare a Martín. Tal vez sea idish. Chequearlo.
Es todo. Me mantuve cerca tuyo un tiempo, he sido un poco hipócrita.
A confesión de parte relevo de prueba. Pisofqueic.
Tenía la esperanza de que surgiera algún proyecto interesante, lo de la
radio, alguna revista, etc. Cuando vi que nada de esto iba a ocurrir, y que
tus alumnos son un digno muestrario para el DSM, me empezaste a aburrir.
Y hoy descubrí que no quiero ver tus intrascendentes mails nunca más.
Martín estaría complicado si se verificara algún tipo de incumplimiento
contractual en virtud del que, evidentemente, el autor de la misiva esperaría un
resarcimiento. Indagar si Brauer prometió algo, y, en su caso, si lo prometió
estando en campaña para que se anoten en su curso. Indagar alguna causal
exculpatoria, preguntarle si otra vez estaba bajo los efectos de la mezcla de
Mogul con Fernet.
Pedir antecedentes psiquiátricos de los alumnos de Martín, de Martín no porque
pueden salir en contra. Averiguar si el Rojas exige algún tipo de constancia de
salud mental para inscribirse en los cursos, no así para dictarlos.
Te lo hago saber y bloqueo tu dirección. Buenas noches.
¡Gravísimo! ¿Le va a impedir a Brauer salir de su casa? ¿Le va a organizar un
piquete en el barrio? Analizar posibilidad de solicitar una medida cautelar.

1 comentario:

la peor opinión es el silencio, salvo...