sábado

Alguna de las 2013 cosas que amo de la vida...


Hace algunos años amo mi hábito de anotar algunas de las cosas que amo de la vida en lugar de anotar "los personajes del año" o "el gol del año" o "el ejemplo tercero innecesario pero graciosamente autorreferencial del año".
La costumbre surgió de un film de Woody en el que menciona motivos para no suicidarse, mejor dicho obras de arte que lo reconcilian consigo mismo y el universo. También Bertrand Russell llegó a una encrucijada similar, a la que todos llegamos repitiendo el dilema hamletiano según Borges y concluyó que no se suicidaba porque quería aprender más matemáticas, cosa cómica habiendo tantos estudiantes japoneses que se suicidan porque no quieren, precisamente, aprender más matemáticas...No será universal el amor a las matemáticas, pero sí el criterio de que los buenos sentimientos nos acompañan cuando nos consagramos a lo que sea que nos apasione.
Bueno, es un año muy feliz para mí porque me consagrè bastante a los niños, siendo tutor privado de uno de cuatro y a veces de una de seis y padre de uno de uno y medio. Recuerdo a mi psicóloga que ya no nos acompaña preguntándome si me gustaban todos los niños después de que le dije que amo a los niños. La pregunta suya apuntaba a seleccionar y recortar esa amplitud, pero así como con la comida fue muy poco lo que pude seleccionar y acotar, realmente encuentro en la niñez en sí misma, así como en un producto apto para la ingesta humana algo delicioso casi sin excepción. Pero uno siempre tiene que atajarse si sus amores y sus apetitos parecen de una variedad y amplitud tan inconmensurables, tiene que pedirle disculpas a las personas más selectivas, tiene que inmediatamente emparentarse con el Padre Grassi y reconocer que no ama a todos los niños o que suena mal decirlo así y salir del paso con una observación lateral como por ejemplo que hay que acotar esa frase, que acotar antes quería decir agregar un bocadillo (siempre pensando en comer!) y por culpa de los galicismos probablemente lacanianos ya quiere decir cercenar, circunscribir, acoRRRRRtar, aprendan a pronunciar la erre. O decir que los porteños no somos tan amorales como dicen, que si bien decimos de los políticos corruptos demagogos que roban pero hacen, nadie diría del Padre Grassi pese a su Fundaciòn Me Hacen Felices Los Niños, abusa de menores pero hace, está acotado el legendario desdén por la ética...
Amo el hecho de que los niños me disparen tanto la creatividad al pedirme explicaciones adaptadas a su forma de representarse todo, que me pregunten cuando trato de enseñar el  darwinismo por qué los primeros insectos se peleaban por los primeros vegetales en lugar de compartirlos y verme a mí mismo en figurillas y calcomanìas explicando que es un privilegio de la más elevada razòn advertir lo conveniente de la cooperaciòn, la naturaleza roja en uñas y dientes de Tennyson, la competencia y lucha. Y le cuento que un bebé tampoco comparte y razonan que los bebés no comparten porque de todas maneras la civilizaciòn no requiere que sepan compartir en esa fase su asquerosa papilla que nadie con dientes querría (amo el hecho de ver reverberaciones de lo mismísimo en cada frase e implicancia metalingüìstica: ¿no es igual de solipsista y de conducta estereotipada egocèntrica determinada como la de un bebè ser un niño de cinco años y denegarle derechos civiles a todo bebè, derechos de que nos pueda gustar su asquerosa comida?).
Amo explicar que las sirenas son perseguidas (¡yo nunca conocì una en persona, quiero tener una!) por personas como vos (pero no le molestarìa, solo quiero tenerla) y que por eso se disfrazan de personas normales y conducen taxis, siempre con una manguera manteniendo mojada su cola y con esos paraguas ridìculos que son mitad y mitad (yo digo las sirenas de verdad, no las de las ambulancias).
Amo explicar que igual es aburrido porque ven ese estùpido programa syren channel en el que explican còmo ser una buena sirena esposa y dan noticias como que a raìz de las recurrentes caìdas desde montañas la presidenta sirena anunciò la creaciòn de un plan para recubrir con velcro los morros, etcètera.
Hay algo en la condiciòn infantil que me libera de los rigores de la falta de pensamiento crìtico con la que nunca razonamos paso por paso cada fenòmeno. 

Amo por supuesto el humor, la derivaciones inesperadas, las atribuciones improcedentes, la exageraciòn, la ironìa, los nuevos recursos que en el segundo año triunfal de mi curso de humor se van desplegando (por ejemplo la forma extrema de ironìa de decir "me gustarìa si realmente pudiera elegir, poder escribir un texto que se titule las dos mil trece cosas que amo de la vida", o sea, negar que esto que estoy haciendo ahora y que amo estar haciendo sirva para algo y sea lo que me propuse).

La autorreferencialidad, autoconfirmatoria o autocontradictoria (por ejemplo si hay algo que odio con cada molècula de mi cuerpo, pero mal, es la exageraciòn) me encanta porque sugiere que hay una conexiòn entre todas las cosas y entre todas las cosas con uno y que todos somos uno y todas las cosas son uno y somos todas las cosas y esa manera larga de explicarlo que descubriò Borges resulta màs otorgador de la extrañeza que nos devuelve el asombro.

Amo, aunque implique un clishè, el asombro recuperado, vivir cada día maravillado del hecho de estar vivo y de haber surgido de formas elementales de vida marina y de no lamentar como afirma Epicuro no haber nacido.

Amo tener a mi hijo Ezequiel, que transformò mi vida en un sentido espectacular que consistiò en no transformarla en absoluto, sino venir a confirmar que vivì preparándome para eso y era lo que querìa y me hace bien y todo lo demàs. Amo que este año de paternidad haya operado cambios que fueron màs bien negaciones al cambio, aceptaciones desaforadas de mì mismo, urgencia por conseguir lo que amo y deseo y me da placer, llanto desconsolado y apocalìptico por toda pèrdida de tiempo en malestares ya sea el viento en la cara, un trabajo que detesto, un protector solar que me irrita los ojos, la muerte de un ser querido, la cola irritada porque no me cambiaron el pañal, que no reparen la bici en Navidad porque solo se dedican a la venta, una pareja que ya no funciona o un corte de luz.

Amo usar mi paciencia mìtica en dar clases a los alumnos que irritan y exasperan a otros docentes y que me dé de comer mi vocaciòn y me alimente el espìritu la visibilidad de lo constructivo en mi labor.  Amo en realidad haberle perdido a fuerza de felicidades el miedo a que no me feliciten y me digan "felicidades" cuando supero algún temor o cuando sanisímamente lo adquiero. Amo saber esperar pero tambièn saber desesperar.

Amo el hecho de que desde que aprendí a ser padre de un bebé, parece que aprendí en simultáneo a saber cómo tratar con mujeres, sin que quiera decir con esto nada en desmedro de su madurez psìquica o su grado de animalidad, sino màs bien de la necesidad de amor y de recibir expresiones vehementes y calurosas de ese amor. No estoy seguro de haber mejorado tanto en mi comprensiòn del sexo femenino y mi èxito con èl por haberme hecho experto en la comprensiòn y el èxito de un "colega" o un "empresario" fascinado por mi producto. Quizà no sean bebès las mujeres, sino solo adoratrices de bebès y todo lo relacionado con ellos (por ejemplo buenos y modestos papás).
Amo el hecho de ser tan influenciable que vivo propiamente otras vidas al dejarme llenar por los modos de hablar, de percibir, de razonar y de gesticular de personas que me gustan. Amaría desarrollar seriamente alguna teoría psicológica respecto de la influenciabilidad humana como explicaciòn mucho màs convincente que las ficticias continuidades con la infancia y conflictos biogràficos que se estilan. Pero tal como están las cosas, solo voy a poder desarrollar mis investigaciones bajo la gravitaciòn de alguien que las inicie y me influya.

Amo haber encontrado una reconciliatoria sìntesis de todo para lo que sirvo y amo en mis trabajos cada dìa màs acordes a mi personalidad y preferencias. Amo ahora sí el conocimiento de idiomas, mi fascinación por las palabras y largos etcèteras que por falta de uso no parecían hacer mi dicha nunca dicha.



Amo haber podido esperar para separarme a que mi hijo ya me quiera como yo a èl (es decir, con la capacidad de diferenciarlo de otras criaturas semejantes, pese a lo que dije al principio) y al mismo tiempo que no sea tan grande como para sufrirlo. Amo por ahora estar pudiendo evitarle un trauma.  Amo haber hecho reìr a mi ex al descubrir que el  consejo psicoanalìtico ante las separaciones "aplique todo el amor que tenìa a su objeto sobre sì mismo" màs que consejo es la explicaciòn de la separaciòn.

Amo el hecho de, a los 37 años haber llegado al sorprendente estadìo en el que casi todo el mundo nota que soy buena persona, solo no lo notan aquellos que son tan malos como para necesitar descargar algo de su horror en los demás o los que consideran una ingenuidad peligrosa serlo y me quieren salvar.

Amo un producto chino al que llamo Juan Gelman que sirve para potenciar la virilidad, no se debe dar a lactantes ni embarazadas segùn advierte y sirve para andar en bicicleta y dar buenas clases y ganar màs plata también.

Amo mi inexplicable criterio de gastos, que oscila entre la Escila de la avaricia más alemanamente capaz de sobrevivir sin comer como fortalecimiento de la voluntad a la Caribdis del despilfarro màs manirroto como si el dinero me quemara las manos, cosa que la inflaciòn de Cristina no parece desmentir. Amo el hecho de que mi ahorratividad "medida" en sus extremismos me haya privado, supongamoslè, de comer durante siete años chicles, porque era innecesario y que para darme una alegrìa o depararle a mi sistema nervioso la ilusiòn de novedad me baste con alguna bagatela así.

Amo mantenerme en mis trece de aspirar a ser la reencarnaciòn de San Francisco de Asìs porque es lo que siento, porque no podría no entender los motivos que animan a los demàs, pero amo màs aùn por fin tratar de canalizarlo entre los pobres y no seguir siendo el alma caritativa, abnegada, incansablemente sacrificada y compasiva...¡de los millonarios!

Amo poder transmitir mi amor por los autores que amo en mis cursos que amo y que me prodigan un grado de libertad y deleite que solo había conocido en la intimidad y muy de noche en noche

Amo escribir mentalmente mi libro sobre Freud a la manera de la "Ortodoxia" de Chesterton presentando las novedades que introdujo con las escandalosas consecuencias que presuponen y jugueteando con posibilidades anàlogas y fantasiosas. Me encantarìa escribir con demostraciones al absurdo como Chesterton todo el camino nuevo abierto, que parece cerrado por culpa  del propio estilo dogmàtico de sus seguidores (y a veces del propio Freud).

Amo algo infantilmente a mi mamà, a mi papà y a mi hermana que se casò ayer en una ceremonia muy emotiva. Sè que deberìa desapegarme de lo infantil de mi amor, pero siempre es mejor volver a ser infantil que insistir en ser adolescente.

Amo, en definitiva, haber ido despertando de inercias y paràlisis y desentumeciendo los òrganos con los que fui dotado para la acción. Amo poder hacer las cosas que hago, disfrutarlas en el aquì y ahora, que me absorban ìntegramente y que alejen cotidianamente las prudentes preocupaciones por futuros lejanos y le digan vade retro a las nostalgias e idealizaciones de pasados en realidad completamente accesibles todavìa, pero si advertìs que siguen siendo la misma mierda de siempre.

Amo el hecho de que esta sarta de declaraciones que me hubieran parecido inmundamente autoindulgentes, cursis y màs propias de un libro barato de autoayuda ahora me plazcan, quizà porque se me reblandeciò el cerebro o quizà porque como explicamos en el capìtulo 7 el pensamiento positivo genera sentimientos positivos y Shirley asì se animò a volar a Guatemala enfrentando su pànico al aviòn piloteado por ciegos y sordomudos.

7 comentarios:

  1. Anónimo11:04 a.m.

    Hermoso Martín!!! Me encanta que seas un papá tan tierno y que comoyo, tengas incontinencia verbal
    Marta

    ResponderEliminar
  2. Anónimo11:16 a.m.

    Hola Martín!
    Disfruté mucho de la lectura de los amores de tu vida. Espero que el 2013 te traiga más amores y mucha habilidad para encontrarlos.
    Mazel tov!
    Saludos,

    Yanina

    ResponderEliminar
  3. Anónimo11:16 a.m.

    Brauer, yo tambien amo el asombro recuperado (que gracias a vos ahora descubro con risas bajitas caminando por la calle o leyendo una revista para ti de mi vieja). Gracias amigo por transmitirme el amor por las palabras, que lo tenia medio perdido, escucharte saborearlas, pasarlas de a una por una maquina paciente, como de fabrica de pastas.
    Este año fue medio duro hasta hace algunos meses porque no conseguia laburo y andaba medio perdido (como todos un poco creo) pero los miercoles eran hermosos loco (entrar al colegio pensando si serias un cowboy, un bombero o una bailarina clasica). Perdon que desapareci un poco al final pero con el laburo y la maestria andaba sin tiempo para escribir ni leer, y tal vez lo mas triste, de reirme "de este corso a contramano", objeto de tus clases irreverentes.
    Gracias Brauer, espero que nos veamos nuevamente para darte una abrazo fuerte.
    Me alegra un monton que ames tanto (nos contagiaste bastante, te lo aseguro), que seas feliz con tu hijo y que labures de lo que amas y tan bien te sale!!!
    Feliz año Pseudo-alemán!!!!!
    Ivan

    ResponderEliminar
  4. Anónimo11:17 a.m.

    Lo que siempre espero a fin de año es esta columna. Es lo mejor que escribís. Lo más autentico. Contagia alegra por la vida, pero no una alegría boba, evasiva. sino más bien como esa felicidad crítica que se desprende de los poemas de Whitman.

    slds
    fede spiner

    ResponderEliminar
  5. Anónimo6:56 p.m.

    amo como escribís, lo que decìs pero tambièn lo que callàs

    te deseo felices amores

    ResponderEliminar
  6. Anónimo1:19 p.m.

    Gracias Martín por desnudarte de este modo impúdico ,mostrando al niño que ¡por suerte ! llevas dentro , y no abandonaste por los cantos de sirena de la civilización de consumo . Me da mucha ternura lo que decís de tu hijito , con el que seguramente siempre te vas a conectar bien , ya que es evidente tu amor hacia él .Desde mi niña nunca olvidada ,un beso y un deseo de felicidad sostenida para el 2013!! Y ahora te dejo , porque me voy a jugar !!!¡Chauuuu!! P.D.:SOY VIUDA !!!

    ResponderEliminar
  7. Anónimo4:42 p.m.

    Perdon, teacher. No me gustó.
    Demasiado serio y emotivo para ser gracioso.

    De la frase
    Amo haber tomado los cuidados, en respuesta a los descuidos inenarrables, como para que el diàlogo con mi ex sea fecundo y mutuamente beneficioso y que nos no hayamos perdido lo mejor de cada uno
    lamento ser ácido, cínico y pesimista
    Si el humor es tragedia mas tiempo, el odio a la ex es separacion mas tiempo.
    Me parecen incivilizadas las separaciones civilizadas. Para llevarse bien con la ex y jugarla de amiguitos, mejor y mas barato es no separarse y se ahorra en abogados. Separarse sin odiar(se)(la)(lo) es una masturbacion con el Prime puesto.
    Ya se inflaran las venas cuando aparezcan con nueva pareja o reclame unos centavos alimenticios mas. Llevarse bien es una peligrosa puerta abierta a la tentacion e ilusion de la reincidencia.
    Es como hacer un gol y pedirle perdon al arquero. Si hay sufrimiento en una separacion, lo justo es que el otro sufra mas que uno. Y con buenos modales y educacion no lograremos nunca hacerlos sentir culpables

    A cuento de nada, va un acertijo, que podria disparar varios chistes.
    ¿En que se parecen Ricky Martin, Ricky Fort, Miguel Bosé y Florencia de la V?
    Aparte de sus obvias inclinaciones... ¡adoptaroh mellizos!

    ¿Tiene alguna explicacion psicologica al respecto?

    ResponderEliminar

la peor opinión es el silencio, salvo...