domingo

Improvisación a la manera de postfacio a Cloud Atlas

Tom Tykwer siempce siempre hace pelis interesantes. Por suerte lei que esta no es como los bodrios pretenciosos y culpógenos tipo Babel o Hijos del hombre (Daniel Burman)
Virginia Woolf llamó al "Ulysses"de Joyce "la más gloriosa derrota literaria en lengua inglesa". Algo parecido señalaron algunos críticos de esta película de tres horas con seis historias entrelazadas que según sus propios directores hablan de los mismos temas de los que hablaban Victor Hugo, Charles Dickens, Henry Mellville y David Mitchell (autor de la novela).
Los guionistas tenían motivos para proponerse algo ambicioso, después de todo "Corre, Lola, corre" y "Matrix" no fueron rotundos fracasos de taquilla ni de crítica. Los hermanos Wachowsky tenían derecho a intentar una verdadera wachada al espectador. Andy Wachowsky se mantuvo en su género, mientras que Larry ahora es mujer y se llama Lara Wachowsky. Antes de comentar mis impresiones leamos las de los críticos más encumbrados: para Slant Magazine el film es un "desastre único y sin paralelo, su defecto es un aspecto esencial de la concepción y ejecución que se sospecha imposible de rectificar o remediar"; "The Guardian" indica que al minuto 163 Cloud Atlas carga con todos los emblemas de una gigantesca idiotez y quienes no hayan leído minuciosamente el libro se verán  desorientados", "The Village Voice" dice que hay muchas alusiones y menciones al arte y al amor en esta película y sin embargo es imposible de amar (unlovable): si querés aprender algo acerca del universo afectivo, estás decididamente viendo la película equivocada. 
la escena que visualmente más remite a "Matrix", rompiendo el silencio o la barrera de sonido o vaya uno a saber qué, pero hermosa porcelana...

los autores "intelectuales"



 
A continuación diré algunos pareceres de un modo confuso y con mi característico estilo de "licuadora mental" de manera que resumiré mis puntos de vista de modo esquemátco para el lector standart.
1) Robert Browning y Akutagawa (filmado por Kurozawa)y Marco Denevi en "Rosaura a las diez" redescubrieron el espesor narratológico de una historia si se la cuenta desde ángulos diversos (los crímenes de la rue Morgue también, homeopáticamente, cuando cada vecino atribuye al antropide un idioma distinto). Ese modo de producción para decirlo con Marx lleva implícita la variedad en lo aparentemente uno. Aquí se hace lo opuesto: historias situadas en civilizaciones distantes, de tenor diverso, paralelizadas por el encorajear la lucha por la justicia. El recurso está de moda, lo ha intentado nuestra Florencia Abbate con sus historias simultáneas (no nos referimos a su amorosa vida amorosa), lo ensayó Woody en "You'll meet a tall dark stranger" y casi el único requisito que se le hace tácitamente al guionista de los tres chanchitos y caperucita y blancanieves al mismo tiempo es que al final no haya un zapatito en el pie del cerdito laborioso y unos enanos saliendo del lobo. Porque ya bastante falta de imaginación es tener que recurrir a que por un lado en La mancha un hombre al que se le sorbió el seso por leer se cree caballero pero por otro Aureliano Buendía y por otro Gregor Samsa y por otro Othello, en lugar de una única y clásica línea aristotélica. 
En esta película la falta de imaginación llega a esos abismos. Es violenta, en el mismo sentido en el que Oscar Wilde consideró que el carcelero que golpeaba a un presidiario en Reading demostraba una pavorosa falta de imaginación.
2) es oneliner, cortoplacista y desalentadoramente poco de largo aliento, aunque sea un pastiche invivible que se prolonga como una cola de rapipago salvo que para después de pagar, porque si hay alguna satisfacción es al principio. 
3) su mensaje es autocontradictorio y la imaginería ya fue agotada por "Puertitas" o "Fierro" en su futurismo claustrofóbico paranoide trilladísimo.
A mí no me gustó, no es que me pareció el infierno en la tierra y una tortura, pero sí la pérdida de la oportunidad rara de ver una película en el cine, así como podemos disfrutar con todo y a pesar de todo de nuestro marido, pero sabiendo que nos quita la posibilidad de tener otro mejor (cada mal marido y cada mala película nos quitan fe en la película y el marido en sí, además).
 En una escena Tom Hanks tira por un edificio a un crítico literario y creo que esa es la única parte en la que los guionistas abrieron su corazón a una emoción vívida y genuina, lejos de la moralización impostada. Es triste que se persigan sentencias bienpensantes y mensajes que fuerzan llamados a la fe, siendo que hasta el más cínico es moralista a pesar suyo en la mayoría de los temas que le conciernen y hasta si somos freudianos podemos agregar: y ese moralismo es inmoral y esclavizador.
4)La película parece ser muy deslumbrante con sus golpes de efectos especiales, pero es solamente una incapacidad de tener imaginación desde adentro de una situación que se la pasa huyendo hacia adelante   

No me gustó, me resultó sobrecargada, inconexa, didactista, wagneriana y new-age

Me pregunté por qué es una producción independiente si cualquier estudio grande de Los Angeles la hubiera aceptado. Es como que Fonteveccia lograra la ansiada muerte de Clarín y produjera una basura equivalente ¿para eso querías mostrarte distinto?

         Estas palabras preliminares sacan de su involuntaria ambigüedad a las que siguen, que escribí antes y que sucitaron en la pre-view la pregunta de si estaba recomendando o no lo malo en envase grande, en una declaración jurada de odio que se mimentizó demasiado con su objeto...    

Lo primero que vino a mi mente con las imágenes iniciáticas de esta grandielocuante megalomanía es que ya para el estreno de "La terminal" el rostro de Tom Hanks me parecía superabundante. Quiero decir: su omnipresencia en tantísimas películas devaluaban la sensación de frescura y riqueza que esperamos de algo nuevo. "Philadelphia" había sido su película sobre el VIH pero en "La terminal" algo de eso perduraba (claro que por el suerte ahora es una enfermedad crónica, "La crónica" se tendría que haber llamado). Es algo que no acierto a explicar del todo, pero quizá la teoría platónica arroje alguna luz: si Woody Allen hubiera filmado "Vicky, Cristina, Barcelona" hacía cincuenta años, en lugar de Antonio Banderas iba a estar su tocayo Antony Quinn, el curioso mexicano responsable del auge del turismo en Creta (crf. "Zorba, el griego"). Si  se hubiera filmado unas décadas atrás "Un día muy especial", esa deliciosa comedia en la que cuando finalmente llega el momento de la consumación Michelle Pfeiffer tarda demasiado en el baño en emperifollarse y encuentra a George Clooney dormido, su protagónico hubiera sido encarnado por Cary Grant. Sin duda Cary Grant y Antonio Banderas son íconos, de acuerdo a la teoría semiótica de Charles Peirce o significantes, digamos mejor, de acuerdo a la reformulación lacaniana de Saussure quien escindió la univocidad con el significado como un Moisés separando las aguas y conduciendo a los psicoanalistas a la tierra del espejismo prometido, la ficción necesaria, la totalidad imaginaria. Pierre Richard y Roberto Benigni de acuerdo a lo que pretendo enlazar, serían meras sombras de un mismo arquetipo, significan lo mismo pero no son el significante en sí, que pertenece al dorado reino supramundano que descansa fuera de la pantalla plateada, en el ojo poético del espectador. Para decilo en lacaniano, son funciones. Si la Paramount no podía contar con Gary Cooper para ese papel podía ir James Stewart, si Viatri está lesionado puede jugar Silva. Ahora bien, Tom Hanks es antiplatónico y bilardista: cree que puede hacer todos los papeles de todas las películas importantes de las últimas tres décadas sin depreciar la angelicalidad de cada personaje. Y yo no niego que sea un actorazo. Todos los comediantes lo son. Es dúctil, es expresivo, es conmovedor. Sabe hacer de tarado en "Forrest Gump" y de náufrago y de soldado Ryan y de quisiera ser grande y de muchas cosas más. Pero rompe la lógica del encasillamiento hollywoodense y termina saturando. Tiene algo de Luis Sandrini o de Julian Weich en cuanto a una afabilidad que nos puede parecer a un tiempo tan meritoria como insufrible, lo que decía Kafka de Chesterton. Yo sé que Javier Bardem es menos profundo, pero precisamente yo podría tener a Javier Bardem de psicólogo y proyectar en él lo que Carl Jung llamaba "imagos paternas" antes que en Tom Hanks. ¿Vieron esas leyendas que el Gobierno obliga ahora a poner para que no se engañe a la población, cuando hay un rostro de una bella mujer más agraciada aún por una crema que se publicita:  "las imágenes de esta propaganda no corresponden a una cara real, fueron artificialmente modificadas por computadora para pulverizar las imperfecciones inevitables"? Bueno, Tom Hanks pierde realidad de tanto que aparece aunque obviamente es real, es tan real como nuestro marido, invisible de tan cotidiano, conviviendo en nuestro paisaje como un mueble. ¿Se imaginan si todas las cosas nos aclararan que sufrieron un tratamiento cultural y no eran así en su naturaleza? "El Gobierno le recuerda que estas piernas por las que se hace agua la boca, fueron artificialmente depiladas. Ley 11.578"
Podría hablar ahora de Halle Berry, dado que el erotismo nos conduce a ella, al continente negro y misterioso del eterno femenino, salvo que la primera ganadora afroamericana del Oscar no importando si escala una escarpada montaña o si durante los setentas denuncia la conspiración petrolera para hacer colapsar la energía atómica y viene de que la tiren al agua, opta por estar con seis kilos más de ropa encima de lo que se presenta en la presentación de esta película o de su nuevo novio. 

Aclaremos que sí se dice que es sexy, no se muestra, pero se cree en la mediación del relato, en el poder del lenguaje. Pero no voy a seguir enumerando el casting porque no parece ser el problema principal. Tom Hanks parece Florencia Peña, animando a los niños, bailando por un sueño, opinando de política, no dejando agujero necesario por tapar pero actúa decentemente. Yo no quería que le fuera bien, pero porque a veces me cuesta entregarme emocionalmente a una película (al contrario de las películas que me armo en la vida amorosa real) y así en "La historia sin fin" yo hinchaba por los malos porque Atreiu era un cancherito insoportable.   En esta película Tom Hanks hace más de un papel, Hugh Grant hace más de un papel, todos actúan en distintas épocas y en distintos roles porque el mensaje del autor es que el pasado y el futuro están entramados con una conexión tal que un acto individual repercute en una u otra dirección modificando para siempre el universo. 
Esta filosofía, si es que se la puede llamar filosofía (aunque mi hermana me cuenta que la filosofía de una pandilla paulista es matar policías, o sea que su gnoseaología es apuntarles a la nuca, su metafísica es hace que parezca un accidente, su geología enterrarlos en un descampado) se subraya si recurren los semblantes en todos los tiempos indicando la secreta unidad de la condición humana y su sempiterna lucha por la justicia o la sofocación del hambre de más que anida en su avariento corazón.
Por eso es que, como hace Peter Sellers en "Dr. Strangelove" de Kubrik, un mismo actor hace de coreano revolucionario y prostituto gay devenido en compositor. Es la película independiente más cara de la historia (llevó cuatro años porque el presupuesto alcanzó los 102 millones) y no es que no les alcanzaba para pagar a otros actores, después de pagar los efectos especiales. Aunque da la sensación de que no existía la menor necesidad de que los actores fueran prestigiosas estrellas, da la sensación de que se los instrumentaliza como cuando el Teatro San Martín se anima a llevar a escena a Ibsen pero necesita a Luis Brandoni o el Alvear a Brecht y necesita a Diego Peretti: los actores se sienten honrados por el privilegio de demostrar su calidad en las tablas y no parecen advertir que la razón de la convocatoria es que arrastren público.
Si esta película hubiera sido interpretada por actores desconocidos su guión me habría parecido realmetne más independiente. Mi sensación es que toda la originalidad pretendida está en la cáscara y que si deconstruimos la estructura coral, la polisinfonía de historias que nos recuerdan  el dolor de rodillas de "Historias extraordinarias", las entreveradas interconexiones musicales o las distancias espaciales y temporales nos tenemos que preguntar por qué confundimos este jugar al gallito ciego con el tener imaginación.
Una respuesta que me surge es que hay un involucramiento emocional por parte de los guionistas con lo que quieren transmitir. Cuando uno ve que Les Luthiers repite el chiste de la musa de los escarabajos es la escaramusa, Platóns de albóndigas, Lenin compuso canciones con MacCartney, etcétera sabe que a Les Luthiers inventiva para chistes no les falta y que si se complacen en repetir éstos es porque alcanzaron en su corazón la cosquilla de mixturar con irreverencia algo que rígida y solemnemente habían idealizado. Borges en "Las ruinas circulares" y en "El golem" y en "El ajedrez" arriba a un mismo mensaje no porque tuviera poca fantasía. Hay algo del orden de la reelaboración talismánica, que impulsa el resugimiento de un leit motiv en un artista. Para Borges los juegos de palabras son el abuso de lo arbitrario, explotar el accidental parecido de la morfología o la fonética de un vocablo, en lugar de articular por su parecido conceptual a dos entes. Así, los chistes de Les Luthiers como que Desdemona desciende "desde mona" le parecerían una pérdida del aliento (nosotros decimos saliva, pero la traducción literal de esa expresión inglesa connota además el desánimo que nos propina). En cambio, el chiste de que la parroquia para atraer fieles pone un cartel "capuchinos y benedictinos, cafés y licores" le parecería mejor encaminado, porque conceptualmente no hay bifurcación, en realidad un "capuchino" se llama así porque empezó siendo una invención de los monjes. Ustedes se preguntarán qué tienen que ver Borges y Les Luthiers con Cloud Atlas, pero si seguimos la filosofía de Cloud Atlas no hay nada que pueda no tener que ver con lo que fuere. El cuento "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius" de Borges surge en la mente del que lo ha leído como un letrero luminoso al ver este film. Y esta digresión referida a los juegos de palabras nos conduce a que epistemológicamente, Freud creía lo mismo: no somos dueños de nuestra vida, estamos concetados más de lo que creemos con los demás. Freud al ser determinista no cree mendelianamente en una recombinación levemente azarosa de las representaciones cosa y las representaciones palabra. Lo que a Borges le parecía el usufructo improcedente de una casualidad, digamos, tengo cuentro hermanos, Pato, Peto, Pito y Juan Ignacio, a Freud le parecía la floración más elocuente de una significativa y escandalosa significación subterránea y más verdadera. Si yo digo "Silo sabe Kant ¿eh?" quienes sepan de la existencia del fundador del Partido Humanista y a su vez del programa televisivo de Roberto Galán pueden encontrar graciosa la incongruente conexión. Para Borges, es una devaluación del peso de la palabra, que demuestra no estar atada al dólar del significado. Para Freud yo dije eso porque en el fondo creo que el fundador del Partido Humanista no es tan ilusamente estúpido como parece. 
Más acorde a Freud sería evidenciar que "Si lo sabe cante" es un mensaje triunfalista y procesista, el grito de guerra de los torturadores de la ESMA, que Roberto Galán estuvo a favor de la represión y que reprimir su adscripción ideológica es imposible, emerge cuando pretende hacer un concurso canoro. 
La ESMA, para dar otro ejemplo, sería el significante. El significado se monta sobre este lugar de forma y sonido digamos invariable, como el rostro de Tom Hanks por más maquillajes que le pongan. Clarín no cree que se pueda escindir el significado "horror y muerte" a la ESMA y ve en un asado de Alak que simbolizaría la vida y la celebración más horror y muerte. Es como quejarse de que alguien le esté haciendo el amor a Esther Goris, cuando Rodolfo Walsh dejó en claro cómo los milicos violaban el cadáver embalsamado de Evita.
Es como decir que resulta sorprendente que Spielberg haya filmado "Lincoln" con tal interés en ese oscuro episodio policial del Conurbano. O ver el interés de que Ross, de Friends cene, en la palabra "Kerosene", el interés de que el arte sea terapéutico en la pintura de que se sane (Cezanne)
Volviendo a la película: hay momentos que me han placido. Tom Hanks en calidad de bosquímano salvaje (una idea de la cultura harto positivista y decimonónica por parte de los guionistas) recibe del futuro a una Halle Berry que necesita llegar a la cima de una montaña para activar una especie de satélite para colonizar otro planeta. Su intuición le dice que es una persona no digna de confianza. Poco tiempo después le salva dos veces la vida. 
Eso me gustó mucho porque nunca sabemos cuán importante puede llegar a ser una persona que conocemos de casualidad.
Halle Berry en retribución accede a responder a sus preguntas. En un dialecto burdamente imaginado ("tru-true" es la verdad posta) Y aquí hay una escena que también me agradó muchísimo: toda la religión del pueblo de Tom Hanks, explica Halle Berry , es mentira. Hacerle el favor de decirle esta verdad provoca en el creyente muchísimo dolor. Pero para el público esta escena esta especialmente bien pensada: porque Halle Berry le explica en qué es en lo que verdaderamente tiene que creer y hay algo de posmoderno en esta refutación de un fundamentalismo para caer en otro, dado que no nos lo muestran con religiones conocidas, sino inventadas, nuevas. 
Si Halle Berry dijera "fuiste un iluso creyendo en los santos y vírgenes, porque ya Martín Lutero nos desasnó" nosotros sentiríamos la empatía por el desengaño triste de Tom Hanks pero no advertiríamos sutilmente que la nueva creencia es otra mistificación o digámoslo con más cortesía, otra lectura posible, otra interpretación válida.
Esta escena sola me parece muy inspiradora, aunque no creo que lo que me inspira haya pasado ni remotamente cerca de la tapa craneana de los guionistas.
Si uno piensa en nuestras creencias domésticas, secularizadas y laicas, si uno piensa en cómo negamos la complejidad de las personas (por ejemplo si alguien nos defrauda decimos "yo era amigo del otro fulanito de tal, a este lo desconozco"), si uno piensa en que creemos en que recorriendo muchos comercios compraremos mejor cuando terminamos comprando en el enésimo por cansancio y hubiera sido el primero si empezabamos en el orden inverso, si uno piensa en los rituales ridículos que nos amparan, sostienen, contienen y esperanzan, tiene uno que concluir que todo se reduce a lo que seduce nuestra fe, ese significante.
Las películas por más codiciosas que fueran eran más cortas antes, la grandiosidad de tercera categoría asoma su maloliente nariz una y otra vez y no llama la atención que Alemania y su amor a lo grande sea quien produjo la película.
Es tan naive el mensaje del autor que tampoco llama la atención que sea Alemania responsable de financiarlo.
Paul Johnson en su "Los judíos" quiere sintetizar el espíritu mosaico reduciéndolo al monoteismo conceptual: a, digamos, la monogamia y la creencia en una única Ley, unificadora. Así dice que Einstein vio esta Ley en la relatividad, etcétera.
En esta película la ley unificadora es que por infinitesimal que sea conviene alentar conductas bondadosas y compasivas que resultan revolucionarias y van a modificar el orden injusto imperante.
Resulta por lo menos ingenuo alentar la liberación de unas clones coreanas hechas para atender una cadena de comidas, como si alentáramos la igualdad, fraternidad y el derecho a voto de los pollos industriales: la megalomanía de los guionistas para exagerar la explotación les juega la mala pasada de que ya no queden dignidades que rescatar, almas humanas que redimir.
En una de las historias un negro salva de morir en manos de un falso médico envenenador a un hombre que hasta ese momento era esclavista. Yo no creo que ningún esclavista se hubiera cambiado de bando por recibir las ayudas que fueren de un esclavo, precisamente su razón de ser es ésa, si vieran en el esclavo a un empresario con iniciativa es otra cosa, ver su servilismo no parece suficiente anagnórisis.
Si mi perro me salva la vida no voy a pedir que me otorguen el derecho a casarme con él.
El peor defecto de este film no es que sea tan largo, porque hay películas como Lawrence de Arabia más largas aún, sino que se hace largo. Este texto que estoy escribiendo se hace largo, pero seguramente Clarin trae más palabras y no se hace largo.
Uno de los defectos muy actuales es que de pronto el héroe parece que es asesinado y ex nihilo surge y dice "no me morí, qué felicidad, volvemos a estar juntos". Y nadie explica cómo diantres lo hizo. ¿Nos hemos ablandado como público como para dejar de exigir alguna explicación?. El último James Bond también vuelve de los campos elíseos inmaculado e impecable sin que interese a los que interactúan con él averiguar cómo. El "McGuffin" de Hitchcock era otra cosa: se ahorraba explicaciones para con el espectador pero la emoción de los protagonistas aparecía. Como en este film la mejor sinfonía de su época: que no nos suena a mejor sinfonía un pepino, pero que a los protagonista sí.
Por último, quizá sea que estoy demasiado acostumbrado a los hábitos emocionales porteños y la emoción nunca madura y por eso cada persona sentimental y sensiblera nos parece aniñada y pueril. Pero lo cierto es que acá los protagonistas chillan, refunfuñan, se quejan, lloran, llevan todo al paroxismo melodramático la desesperación de tragedia bíblica con alma eslava muy poco. No porque sean de madera los actores, sino porque el puritanismo de muchos de ellos comulga con el credo subrepticio de los guionistas y admiran heroicamente la posibilidad de mostrarse estoicos.
No estoy diciendo una palabra en contra del estoicismo, todo lo contrario. Quiero nada más señalar que la manera argentina de despabilar consustanciación afectiva es con gritos italianos, lagrimones operísticos, quejas de alto decibelaje y que toda esta lloronidad estridente no desmoraliza la empatía. Nos solidarizamos con nuestro prójimo llorón porque aún gritando como cerdo lo consideramos estoico. No nos sale la calibrada especulación como para determinar si exagera la nota. Por suspersticiosos suponemos que nosotros puestos en sus mismas circunstancias, tendríamos más autocompasión y menos entereza...La película ganaría en emoción, por ende, si sus héroes tuvieran una carnadura más consentidamente sobreprotegida. Apelar épicamente al guerrero interior es ingenuo: para la comodidad de nuestra era no necesitamos imaginar que corre peligro nuestra vida. Toda nuestra adrenalina puede estar puesta en alcanzar un descuento en Garbarino, en demostrar Wikipedia mediante, que tuvimos razón y no eran los jacobinos, sino los guibelinos, que nuestro ex que se separó y se está acostando con todas las anteriores, nos prefiere...Pero ¿qué estoy diciendo? Es justamente lo que hace esta película: dice que cada nimiedad engendra consecuencias decisivas. Si creyeran en eso sus guionistas, no tomarían porciones tan grandes de efectos y sus sutilezas nos persuadirían más...                 
  


2 comentarios:

  1. demasiado largo para leerlo, no da
    ya bastante con haberlo escrito...

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  2. Anónimo6:05 p.m.

    Hermosa película, más allá de algunos pecados totalmente perdonables en pos del todo y sus mensajes edificantes.
    La película funciona, transmite y entretiene.

    Me dan pena los Pseudo-críticos como el de aca, le buscan demasiados pelos al huevo. Tratan de poner en palabras lo que a veces solo responde al corazón... Aprendanlo de una buena vez!!!!

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la peor opinión es el silencio, salvo...