lunes

Tesis sobre "Tesis sobre un homicidio"




 Ricardo Darín descubrió en los últimos años que puede componer un personaje querible y creíble a lo Marlowe (Philipe, no Christopher) porteño y esa asombrosa muestra de ductilidad (recordemos su candor tan disímil en "Perdido por perdido" o veámoslo por obra y gracia de "Telefé" de nuevo en "Mi cuñado") solo sirvió para que le pidan que reitere esos tics y replique ese nuevo encasillamiento.

Así tendría que empezar una crítica de cine que cumpliera con las convenciones del género y compare un producto, en este caso el film en cartel, con otros, preferentemente de ostensible vinculación para el lector ordenado
Cuando Quintín destrozó "El secreto de sus ojos" comparándola con "Bastardos sin gloria" el único motivo para establecer una arbitraria comparación parecía ser una azarosa coincidencia en el tiempo en el que vio ambos films.
Por eso me propongo encuadrar esta película en un marco contextual propio, aunque para leer lo que sigue no se requiere haberla visto. Si ven todo lo que escribí en esta pretendida "tesis" o "tesina" que parece una tisana valeriana y soporífera me van a decir "No, claro, no hace falta haber visto la película, solo hace falta haber leído media biblioteca pública de Washington DC y haber visto cien otras películas". Pero les puedo asegurar que no es ésa la intención. Si invoco a algunos nombres de intelectuales y someramente puntúo lo que me pareció entender de sus teorías es porque vienen a cuento, vienen a cuento policial. En rigor de verdad no solo no se requiere haber visto la película para leer lo que sigue: hay que estar dispuesto a que les arruine el final (en realidad es algo que el final hace por sí mismo, arruinarlo todo), o sea: más bien en principio hay que no tener demasiado interés en ver la película. La novela, que recomiendo todo lo calurosamente que este verano sofocante permite, va a ser mencionada y también revelados sus desenlaces, así que voy a pintar esa única parte de color azul, para que se salteen lo azul si la pueden llegar a leer antes de morir...
   Susan Sontag sugirió dejar de lado la interpretación y entregarse a una relación erótica con una obra, en la que solo estamos con ella, en una sala oscura, solos con "Tesis para un homicidio", digamos. Si bien su propuesta era justiciera a la hora de anatemizar las alegorías que se creían ver en Kafka, el padre de la hermenéutica Hans Georg-Gadamer consideró una ingenuidad el prejuicio de leer sin pre-juicio (sin juicio previo) y deslizó al pasar la sugerencia, no de que todo preso es político pero acá ningún político va preso, sino, la de que toda lectura es política y la de que el esteticismo es tan irrealizable como el liberalismo económico, producto de exportación de países centrales proteccionistas como el que más.

Barthes también (o mejor dicho, inspirando a Sontag que se abusaba de que en EEUU nadie lea a los franceses) insinuó que el lector crítico puede tomar un texto y desarrollar su propia decodificación juguetona sin tener que creer en un criterio de verdad que lo ate a obedecer a las intenciones de un autor. Si la película "El estudiante" me parece una joya de la ironía pero no lo han filmado con intención satírica, no importa. Si Neruda me resulta la parodia más sutil del clishé cursi y resulta que el tipo estaba convencido de sacudir nuestras fibras íntimas, es lo de menos. La validez de mi interpretación se basa en los elementos que recombino inmanentemente, intrínsecamente, tomando un artefacto estético, una producción artística como plataforma o tablero de juego.

Para ilustrar pedagógicamente esto, apliquémoslo al habla cotidiana: si yo sé que "Philo" en griego significa "amor" puedo, defecándome en la verdad filológica, sugerir que un "filito" viene de ahí. Convocar sentido es fácil, todo el tiempo necesitamos regularidad y significado, yo puedo recordar el uso que le dan a la manteca en "Último tango en París", adivinar que en francés "manteca" se dice algo así como en español "burro" y enlazarlo con "ass" que en inglés curiosamente es tanto "burro" como "culo". No hay ningún "autor" de esa curiosa ronda de ecos significativos y sin embargo yo veo su elocuente "mensaje".

Todo este ahíto itroito para decir que no tiene sentido comparar la excelente novela de Diego Paszkowski, homónima solo como la Buenos Aires del irónico poema de Borges "Yo nací en una ciudad que también se llamaba Buenos Aires" con esta película que dista de su tocaya novela tanto como la sitcom "Casado con hijos" yankee dista del producto casi de franchising de Francella. 





O para decirlo mostrandoles lo bien escrita que está la ganadora del Premio La Nación 1999, el abismo entre película y libro puede parangonarse a la diferencia que sitúa el asesino entre paisajes parisinos y porteños, por ejemplo el obelisco, en el capítulo quinto:
pensar en équité y en aequus, en tantas estúpidas clases de latín para llegar a encontrarse con un policía sudamericano hablándole de arte en pleno palacio de justicia, policía sin birrete, qué distinto a los de Francia, qué distinto todo, tantos niños y tantos perros, piensa Paul al pasear por el Centro, no recuerdo nada de cuando era chico, piensa, taxis todos amarillos y negros y no de cualquier color, personas que, en la calle, se tocan demasiado, parejas que van de la mano, hombres que se saludan entre sí con un beso en la mejilla, gente que levanta el tubo del teléfono en cualquier cabina pública y lo lleva siempre a la oreja antes de marcar, pobre gente, piensa Paul, que no da por descontado que debe haber tono, y aunque aquí en el Centro esté Telefónica, por suerte en Recoleta Telecom sigue siendo Telecom, como en Francia, y en la calle hay cabinas rojas, como en Londres, aunque por aquí no hay negros, y entonces quién limpiará el metro y atenderá los Mc Donalds, piensa al avanzar por la avenida Corrientes y ver el Obelisco, insípido si se lo compara con cualquiera de los monumentos de París, o con el mismo obelisco de su ciudad, no liso como éste sino con inscripciones y dibujos grabados en la piedra, directamente traído de Egipto, instalado en París el 25 de octubre de 1836 y con la leyenda en letras doradas en présence du roy Louis Philippe 1er cet obelisque transporté de Louqsor en france a été dressé sur ce piédestal, y aunque es más chico que el de Buenos Aires todos los demás monumentos de su ciudad son más grandes, mucho más imponentes, y por lo visto por aquí Louis Philippe no es un rey sino una marca de camisas, no hay nada que demuestre que tienen historia, en París hay flores recientes depositadas por episodios ocurridos hace más de quinientos años, aquí no hay nada, en la calle ni siquiera toilettes públicos por dos francos, sólo hay quioscos y más quioscos y muchas estaciones de servicio en plena ciudad, allí son apenas surtidores escondidos, y los números, toda la numeración de las calles es curiosa, es graciosa, piensa Paul, van de cien en cien, llegan a números altísimos, yo mismo vivo al 1900, cuando en París estaba en el 24 de la rue de Longchamp, allí los números de las casas van de dos en dos, sin importar la cantidad de cuadras que ocupen, y las calles no son tan previsibles, tan paralelas, y al fin lo único que tiene de agradable esta ciudad, piensa Paul, es que no hay una presencia policial tan agobiante, tan evidente, no están esos grupos de ocho o diez policías armados con metralletas entrando en bloque a todas partes a buscar árabes siempre sospechosos, aquí esas imágenes no existen y sólo por eso vale la pena haber venido, piensa Paul al volver sobre sus pasos unas seis cuadras hasta el Citibank de Corrientes y Callao, de donde sacó suficiente dinero en efectivo, a pesar de que tanto los seis libros como las ocho películas las pagó con tarjeta de crédito, pero lo de las películas fue después, porque fue después cuando tuvo que preguntar dónde se venden, y llegar hasta un barrio llamado curiosamente Once, aunque en la ciudad no hubiese ninguno llamado Diez, ni Nueve

En la novela hay un asesino que el lector sabe que es asesino desde la primera hora, no en el sentido de primera hora de por ejemplo "yo soy kirchnerista de la primera hora: me gustó su primer hora de gobierno, ahora su necedad les va a estallar en las propias manos". En la novela, ya que nombramos a Francella y "El secreto de sus ojos" por ciertos parecidos formales del personaje que compone Darín, atención que voy a contar el final, no me lean a mí si tienen la posibilidad de leer la novela, en la novela se atrapa al asesino como en el argumento de Sacheri, tendiéndole cierta trampa, probando un crimen que no cometió para hacer justicia respecto del crimen que sí y que no se podía probar. 
(a pesar de que tengo el privilegio de compartir charlas y poder apreciar en persona a Eduardo Sacheri, debo apresurarme a sentar una diferenciación: "El secreto de sus ojos" no es una novela tan lograda como su adaptación a la pantalla grande, hecha por él mismo y Capanella)
Es decir que la novela cumple con los requisitos de engranje del género, con el principio y desarrollo y final aristotélicos, con la justicia poética y como habrán visto (para muestra basta un botón y no me refiero al policía sin birrete) con una retórica fluída a pesar de lo cargada. 
La película en cambio solo mantiene de todas las virtudes del original lo que uno de los jurados que la consagró, Tomás Eloy Martinez ponderó como "tensión constante en el tono del relato".
Pero quisiera insistir en que la novela es otra cosa, hay una idea muy hermosa de Claude Levi Strauss contra la utopía romántica de originalidad y se refiere a que todos los mitos son originales, que la versión de Freud de Edipo es tan original como la de Sofocles. Así que dejemos de lado al autor, porque si bien la novela a mi juicio "vive" y va a sobrevivir a la película, Paszkowski da clases como yo en el Rojas, fue profesor de mi amigo Sebastián Kleiman y de la revelación Natalia Moret, cuyo "Un periodista en apuros" va a ser reeditado y traducido al francés y todos los elogios que pretenda prodigarle, incluso como autor de libros para niños son siempre peligrosos si se otorgan a un autor vivo, te enemista con los que se sienten en la necesidad de diferenciarse o muchas veces con el propio agasajado, que puede sentir que te querés, por así decirlo, catapultar desde sus pezones para citar a Moria Casán...

Calu Rivero, una fácil asociación de ideas nos lleva a hablar ahora de ella, hace su debut como protagonista de cine y actúa de un modo tan diversamente decepcionante que me jugaría a que es su debut y despedida, si no fuera por la tradición vernácula del triunfo del más inepto (Moria Casán, para retomar el ejemplo anterior, un caballo que triunfó por sobre tantas beldades harto más apetecibles; Fito Páez, el único desafinado de la armoniosa trova rosarina compuesta por Silvina Garré y Juan Carlos Baglietto).
No incurre, hay que reconocerlo, en el clásico error de aficionado de sobreactuar. Calu Rivero en el momento en que comprende que un collarcito con una mariposa no era un obsequio atento y gentil, sino un cebo para atrapar a un asesino seguramente provocándolo a que la mate incurre en una asombrosa infra-actuación. No conozco chica argentina que no se sulfure mucho más que ella por motivos tales como dejar sin lavar una taza de café o dejarla lavada con gusto a detergente o no notar un nuevo corte de pelo.
Pero no debería agarrármelas con el elenco. La verdad es que actúan bastante bien todos, Darin, como ya dije, hace de Darin, o, mejor dicho, hace de este personaje alla Philip Marlowe o Harper, un atormentado hombre entrado en años que mantiene el filo del cinismo metropolitano-el cinismo tan bien declamado en "Nueve Reinas". El problema es el tratamiento de la historia.
Aunque debo advertir algo primordial: todas las objeciones y desencantos me surgieron al finalizar de ver la película. Lo que la crítica pedante señaló de "Una aventura extraordinaria" respecto del final que desinfla todo se aplica aquí, no porque el final desinfle nada, sino porque el final de todo policial tiene que ser categórico. Puede no ser una sorpresa. Toda la película se basa más en algo que con buena voluntad podemos citar de Hitchcock, en que la tensión aumenta si el público sabe y el protagonista, no. Se basa en el lector nuevo que creó la novela policial, que como decía Borges leería a Cervantes preguntándose con suspicacias ¿por qué no se quiere acordar del lugar de La Mancha?. El espectador de esta película como el de todo thriller quiere adelantarse a los acontecimientos y adivinar lo que pasa. El guionista le cede la pelota, en efecto le permite adelantarse y sospechar del único sospechoso, le permite hallar la pista leptidópterológica (a pesar de que el experto Nabokov aliterando se declaró en este particular "alérgico a la alegoría"), le permite entramar los hechos. En tu mente lo urdes sin recurrir a la ayuda de la Virgen de Lourdes. El problema es que al momento de la definición hay una ambigüedad curiosamente empobrecedora en donde un final abierto nos permite pensar o bien que el asesino quedó impune, cosa nada gratificante, o bien que no era el asesino y que Darín está mal de la cabeza, cosa aún menos gratificante salvo para los kirchneristas.
Hablando de esto último sería gracioso y muy considerado, dado que no revelaría la trama, pergeñar una reseña de fuste que fustigue al Gobierno. Que diga que la película trata de cómo Darin investiga el enriquecimiento de Cristina.
Pero tal como le resultó a mis acompañantes no rentadas, el film es un homicidio a la novela, tiene un protagonista que en vez de haber emigrado a Francia emigró a España, una devaluación solo comparable a cuando Cadícamo compuso "Anclao en París" en un bar de Barcelona, y que seguramente por necesidades industriales y no artísticas nos trae el chiste de gallegos inoportuno. Inoportuno porque si algo hermoso tiene ir a ver una película argentina es todas las familiares identificaciones más o menos sentimentales: mirá eso es el Malba, el miércoles pasé por esa calle, yo también me compré esa camisa, mirá un Farmacity, yo uso esa expresión también...
Y de toda nuestra "crasa mitología de arrabal" lo que no cuaja es el sutil español ingeniosísimo, que seguramente existe en la realidad pero parece un despropósito en el parnaso mental porteño.
Por eso mis objeciones no son chauvinistas, sino psicológicas. Siempre tenemos una emoción que parece sugerida de la señalética de una idea por abstracta que fuere. No estoy diciendo que sea buena la sensiblería, pero una película que convoca nuestra adrenalina requiere emoción. Por ejemplo cuando Chesterton dice que Schopenhauer solo logró hacerse pasar por filósofo por trapacerías, que cómo va a decir que la mujer es tan buena para el niño porque es ella misma irreductiblemente infantil, su línea argumental es impecable. Nos persuade de que ningún niño se sacrifica por otros niños y  los cuida amantísimamente sino que  les pega en la espinilla y les roba los juguetes, que no es la actitud "infantil" la que es sinónimo de "maternal". Agrega que si las mujeres aman a los niños porque son aniñadas entonces los hombres somos afeminados porque amamos a las mujeres.
A pesar de todo esto, a nosotros la frase de Schopenhauer nos produce emocionalmente una satisfacción al leerla. Como hombres hemos sentido esa idea por más que racionalmente sea una estupidez o que racionalmente Chesterton explique que la diferencia de género hace que cada uno se sienta más maduro porque solo amándola como a los hijos se nos permite unirnos a "la otra especie".
La señalética emocional de esta película no nos permite alcanzar el orgasmo policíaco, el final nos deja tensos, sí, pero no precisamente felices.
Voy a tratar de explicar ahora por qué esa ambigüedad, que es algo profundamente recomendable en casi todos los casos, resulta sin ambigüedades un error en este.
El género policial fue creado por Poe, que creó otros y que no los combinó a diferencia de Chesterton: en muchos casos del Padre Brown sugiere un elemento sobrenatural pero da una satisfactoria resolución racional ("El hombre invisible" que saluda a Wells es el mejor, el cartero que no se ve de tan parte del paisaje, es su "carta robada" pero con más apelación a que desentumezcamos nuestros ojos). 
Va a contrapelo del desarrollo de los demás generos y las demás artes: se emperra en que haya peripateia, en que haya una estructura de adivinanza en la que se lanza un desafío al lector, insiste en la certeza decimonónica preposmoderna, quiere que el final sea la síntesis hegeliana, siquiera por un deus ex machina, abomina de la incertidumbre sostenida per in eternum.
Si alguien me pregunta si es buena determinada marca de pelotas de Volley y yo le contesto "la verdad es que no soy muy ducho en pelotas" si mi interlocutor es alemán (o gallego) la conversación puede proseguir ininterrumpida sin que se advierta otra posible significación de mi frase, a saber que soy un queso en la cama, pésimo una vez que me desnudo. El doble sentido de esta frase requiere de una capacidad de escucha aguzada que se entrena muy especialmente manteniendose a toda hora erotizado (si se trata a la manera de un perro detector de drogas, de un interlocutor detector de juegos de palabras sexuales). No creo que en la actualidad haya muchas personas ajenas al mandato social de mantenernos a toda hora erotizados, porque se nos dice que no vayamos con hambre al supermercado, pero no se nos dice que no vayamos con lujuria al burdel o llegado el caso al tálamo nupcial. Con el ejemplo que di por lo tanto la mayoría de las personas nos saltaría al cuello con una risotada, y otras seguirían un decurso de la conversación sin ver su espesor bivalente. Pero -y esto es el enriquecimiento en una ambigüedad, quienes lo adviertan nunca van a dejar de advertir el uno sin el otro. A quien le parezca cómico que yo admita que no soy nada experto en las artes lúbricas no se le escapa que toda esa vertiente de sentido surgió de una inocente réplica circunscripta al deporte. Cuando en su programa de preguntas y respuestas Groucho le preguntó a una actriz si pensaba que podía seguir al mismo tiempo su carrera y ser madre y ella le contestó que sí, si mantenía los pies sobre la tierra, todos entendemos que se refería a  no abandonar demasiado el sentido práctico, vale decir, a no entregarse irresponsablemente a ensoñaciones y veleidades del falso oropel hollywoodense. Groucho le contestó que si mantenía los pies sobre la tierra no podía llegar a ser madre, y en ese nuevo pozo petrolífero de significado vemos otro enriquecimiento que nos resulta lícito, en un sentido muy concreto y muy con los pies sobre la tierra en efecto nadie puede procrear sin levantar sus extremidades en algún punto (o por lo menos así funciona la cópula en nuestra convencional percepción, no creo que Groucho hubiera ganado mucho admitiendo que se puede acoger la simiente de la vida que la vida nos tiene, deparada).
Recordemos el gran salto lúdico de Barthes y de Foucault y de Susan Sontag: yo puedo agarrar los componentes de una producción artística o de una frase y jugar con ellos rearmando el significado. Es un juego muy hermoso y yo debo confesar que lo practico aunque casi lo digo antes de decir que es un juego solitario hasta la masturbación. Si veo las siglas del Banco HBC siempre le pongo palabras divertidas que expresan lo que me está pasando y es lo mismo que nos sugieren hacer con "La Divina Comedia". Es un procedimiento que en mis cursos de humor les resulta más fácil a mis alumnos que el recurso con el que lo estoy comparando, el juego de palabras. En última instancia no podemos sino hacer eso, sin llegar a ser solipcistas o teológicos, Lacan en su tesis dice que todos somos paranoicos para poder tener lo que Oliver Sacks llamó el autonarrativismo coherente que constituye nuestra sensación de self. 
Derridá va en la misma línea, con su "un texto es un pre-texto", pero entiendo que su deconstrucción es una muy irreverente pero muy específica pesquisa por una verdad en contexto que no es menos una verdad en contexto que la verdad en contexto de que la vida no pudo provenir de otros planetas porque la luz ultravioleta nos hubiera despanzurrado antes de llegar.
 Así que quedémonos con los franchutes antecitados: ¿qué tiene de malo liberarnos de las cadenas de Shakespeare e interpretar que Romeo y Julieta se inscribe en la tradición de las cartas a lectores a los diarios que se quejan del funcionamiento del correo?
Yo creo que Cristina no sabe imperdonablemente lo que hace pero ¿qué gano con deprimirme? lo mejor sería desasirme de todos los prejuicios que me despliegan un efecto de realidad y asumir que lo que va  a pasar en 2015 y con la economía es parte de una novela policial. 
Puedo pensar "el asesino del peso yo creo que es la inflación, la falta de previsibilidad, la ausencia de inserción en los organismos crediticios que prestan ya casi desinteresadamente sus dólares a Brasil y Perú y Chile y Uruguay pero puede ser que sean las corporaciones golpistas y los planes de ajuste que llevaron a que en EEUU y Europa se viva con la sensación de que se vive peor que antes aunque ciertamente se siga viviendo mejor que acá" en lugar de decir "no tiene sucesión porque está rodeada de ineptos para que no le hagan sombra, pero al minuto de nombrar supongamos a Scioli pierde todo el poco poder que le queda y la atención y especulación del futuro se va a centrar en la sucesiva locomotora electoral de Menem, Duhalde, Nestor y Cristina que hasta los más mancos la siguen remando".
¿Por qué exasperarnos si alguien nos pregunta si es verdad que Neil Armstrong pisó la luna? Solo si creemos que de verdad la pisó nos parece militantemente ignorante la pregunta, pero si el alunizaje al cabo solo es una de las tantísmas lecturas posibles del relato con el que nos instilamos cosmos ¿por qué no juguetizarlo y contestar que sí, pero que fue queriendo encontrar un camino más rápido para llegar a Marte o para llegar a amarte?
Puede parecer un enriquecimiento lícito sacarnos la ajustada faja de las intenciones de Victor Hugo y denunciar a Jean Baljean como pedófilo cuando se lleva a Cosette (Y cosette la boca antes de hablar mal de él).   
Pero en esa traición al pacto de lectura hay una lasitud respecto del rigor que plantea, que mantiene, que resucita el género policial. En el juego de palabras hay dos sentidos para el que lo pesca o uno solo para el que no, lo que quieren Barthes y su cohorte de adulones es que haya un único sentido para el que pesca el doble sentido, que el que ve malversación de ancianos en la frase "no tengo la factura de este mes, voy a intentar pagar con una vieja" solo vea malversación de ancianos y no esté iluminado respecto del sentido llamemoslé iniciático y fundante.
Para el estudiante saturado de "La Eneida" puede parecer refrescante hacer de Virgilio lo que se prefiera, un vendedor de biblias o una prefiguración de Rulfo, pero cabe preguntarse por qué elige ejemplos tan insignes. ¿Qué le impide jugar con los elementos de "La noche de las pistolas frías" o cualquier otro teatro de revistas de Carlos Paz  o una cumbia de "Los auténticos de Munro"dado que no reconoce valor previo y respetable alguno en Virgilio?
La gracia de decir "Erasmo pocos y parió la abuela" estriba en el contraste entre lo alto y lo bajo, la súbita desvirtuación de Erasmo a quien tengo que previamente reverenciar como autor de "Elogio de la locura" y opositor a que las imagenes de madonnas y santas se esculpan con ayuda de modelos casquivanas que necesitan la plata. La gracia de ver que Macri en "Buenos Aires playa" puso un cartel que dice "Feliz retorno" consiste en que además de desearme un buen regreso podría estar secretamente anhelando una cometa, pero tengo que saber que coima y vuelta a casa coexisten (sobre todo si me para la cana). 
Si enseño el alfabeto a un párvulo y éste incorpora la letra "T" tal como se la nombra y escribe "Tl" por "Tele" para escribir teléfono  yo puedo anticipar su intención, comprender la lógica de su error, saber a qué apunta, más allá de si mientras vamos la baño no le puedo decir cuál es la verdadera intención del autor, que nos adjunta su celular del mensaje "Te la chupo".
En el juego de palabras la complejidad del lenguaje redunda en una ganancia. 
Quienes juegan a la quiniela saben muy bien que el 27 no es en realidad como figura oficialmente "el peine", sino "el pene erecto" (dado que comprende el universo de sueños posibles una erección y hay que jugarle y solo yo y muy contados individuos podemos decir que soñamos más con tener un peine). Cuando sale el 27, Riverito dice "a la cabeza, bien arriba, como no podía ser de otra manera, para el bolsillo del caballero y la cartera de la dama". 
El 28 son las tetas, pero la complejidad del lenguaje permite que a este significado se aluda ya no desde una similar fonética como en pene-peine, sino desde la morfología: "los cerros" (el denominado ambo de la doble emoción, Riverito dixit).
Forma de la combinación de sílabas y engarce de los sonidos argamasan la palabra que otorga sentido. 
Pero lo que da sentido en realidad a un sentido es la intención del hablante, por eso decimos en Buenos Aires ¿qué QUIERE decir?
Es cierto que en Buenos Aires se afinó tanto la ironía que al porteño le complace solazarse en una burla secreta, donde una milimétrica emulación del discurso casi no permite detectar la hipocresía. Pero el efecto cómico descansa para el que lo alcanza a percibir en esa dualidad.
En la película de Darin, en cambio, hay un empobrecimiento que nos resulta ilícito al bifurcarse los sentidos que convergían en los casos virtuosos de ambigüedad. 
Si el asesino queda impune y el arma del homidio trunco queda fundida en una llamarada del recital de "Fuerza Bruta", Darín tenía toda la razón del mundo y su lucidez contrasta con el hecho de estar hace tiempo separado y sin embargo mantener el contestador automático con la voz de ambos cónyuges. Y si lo alucina en un rapto de una creciente demencia, choca saber que hay un español de ideas psicóptas teóricas por un lado y por otro un asesino impune suelto.
Incongruencias y desgarros del argumento que podríamos pedagógicamente ilustrar con el siguiente chiste: ¿por qué es más importante que la mujer sea hermosa a que sea inteligente? respuesta: porque el hombre ve mejor de lo que piensa.
En este chiste que no tiene más que un único sentido se produce un involuntario juego de palabras dado que "de lo que piensa" funciona como equivalente a "de lo que se le podría atribuir/ de lo esperable". Podríamos reírnos si no nos distrayera un sentido que se sobrelapa como una lapa, como una termita que termina convirtiendo en aserrín la madera de los chistes.
¿lo molesto con una firma? -sí, la verdad que un poco sí (diálogo chispeante con juego de palabras en el policial del año)
En definitiva, yo les recomiendo ver esta película porque para quienes amamos casi todas las películas y a casi todo de Argentina esta película no va a desilusionar más que otras, más de lo que se piensa. Reitero: me entregué al espectáculo y la disfruté hasta los últimos tres minutos. No dejó de atraparme hasta los últimos tres minutos, no bostecé ni encontré algo calamitoso que me la arruinara. Al contrario, tan compenetrado estaba con la historia que me indignaba que Darin sea un docente tan soberbio que diga "Aprovéchenme" o que Calu sea tan histérica que le de vuelta la cara cuando la quiere besar. Vi un pequeño error nada más, en  la secuencia en que describe unos hechos Darin, pero ese error hasta ese entonces enriquecía de posible demencia al personaje. Solo la inexistencia del anunciado climax me hizo tirar el pochoclo y abuchear, ir a mi casa y ver "Chef" una joyita francesa que hasta parecía ágil después de ver cine nacional.  
Toda terapia-en especial la cognitiva donde posmodernamente lo que pensamos, lo que hacemos significativamente querer decir, es contemplado como generador de sentimientos- toda terapia, decía, trata de que tomemos como capital cinematográfico este tipo de experiencias aunque el final haya sido poco feliz. Después de todo para los divorcios las convenciones recomiendan presentar los hechos de la misma manera: hemos conformado una pareja que cantaba loas de gratitud a las estrellas al unísono en una misma frecuencia de onda hasta cinco minutos antes de separarnos, poco menos. Pensémoslo así: estamos vivos sabiendo que el final de nuestra existencia terrenal en este valle de secreciones corporales va a ser horroroso, quizá anunciado y didactista, quizá un golpe bajo que peque de inverosimilitud, algo inconexo, injustificable y ¿solamente por eso vamos a considerar que la vida merece ser vivida solamente tanto como vista esta película y dejarla relegada en un cajón?

2 comentarios:

  1. Anónimo2:08 p.m.

    Estando de semi/vacaciones, como estoy, tu tisana sopor'ifera no me hizo dormir, y pude apreciar tus divagues, d'andome cuenta de que sin impaciencia, hay mucho que disfrutar.
    Claro, esto me pasa en enero, sin apuro, y con aire acondicionado. No sos lectura al paso. Pero sos sustancioso...

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  2. La pelicula es buena el final ES UNA MIERDA! la verdad quiero mi dinero de vuelta, me estafaron.

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la peor opinión es el silencio, salvo...