miércoles

Cómo comer una milanesa napolitana


La guìa indispensable para comensales primerizos de milanesa de pollo aderezada con queso y tomate


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A fines de facilitar la lectura se presenta a continuación un mapa conceptual que esquematiza la vastedad temática abarcada en este slow seller.


Bienvenido a este sorprendente itenerario que revisita el proceso que recorre el camino desde la comanda hasta la deglución y lo hace accesible, incluso para personas como tú.
¿Por qué he escrito este libro? ¿No tenemos ya bastentes gurùs de la ingesta del pollo rebozado salpimentado y sancochado en calcio hecho delicia y el rojo manjar que aporta la vitamina que Linus Pauling dos veces Premio Nobel de Química tomaba de a diez gramos diarios y llegó a los ciento veinte para contrariedad de los organismos de previsión jubilatoria de su país? Para terminar, lo primero, digo, para empezar lo ùltimo que una persona necesita cuando se dispone a la aventura gastronòmica especificada es un sargento que le insista en que "debe" levantar asì el tenedor o dejar desfracmentarse en la boca asá el gratinado en palatal retención morosa. En realidad una persona que quiere ya sea por determinaciones históricas o mandatos familiares ordenar del menú este plato mal llamado "minuta" o incluso osa preparàrselo en la màs recòndita intimidad de su hogar, lo ùltimo que necesita es no un sargento, sino un delicioso postre. Lo primero, un aperitivo, lo segundo ese oximoron, siendo que los milaneses y los napolitanos se defenestran y tirarìan per la fenestra, la milanesa a la napolitana que es como decir la palestina a la israelì. ¿Quièn quiere tener un gurù o serlo?. Por no hablar de la condiciòn marsupial que tan simpàtica nos resulta durante una breve visita al zoològico australiano del conductor de tv que muriò picado por una raya (cuando tantos otros de nosotros y otras de nosotras terminan rayados por una pica, vale decir, enloquecidos por un conflicto como el que acabo de mencionar). Desde luego que yo no. Yo empecè en calidad de comedor y delectador de la faenada carne de gallìnica raigambre y supe que mi vida habìa tenido un sentido aunque se tronchara muy en breve si se daba el fin del mundo maya (recuèrdese que este libro fue escrito en el año 1594, es decir antes de que pudiera confirmarse fehacientemente que el apocalìptico acabóse todavía no entraba en vigencia y que no lo veríamos nosotros pero sì tal vez nuestros nietos). En latín, en la versiòn  restituta de la lengua ciceroniana, "vocaciòn", etimològicamente significa "llamado". Como en un final, pero no en el final del planeta, yo sentì a lo ancho de mi vida tres considerables llamados: el de dedicarme a la flebologìa pese a la oposición de toda mi familia excepción hecha de mi segunda media hermana que muriera de escarlatina antes de tener tiempo de deletrear la palabra "anapbaptista", no estoy interesado en dirimir ahora si se escribe "anapbaptista" con dos pe, se trata solamente de una figura poética, aunque sé muy bien lo que opina el cardenal Neuman también sobre el aborto con ese ridículo proyecto de que se paguen alimentos por el embarazo interrumpido, el de consagrarme al servicio de la deidad hindù Shivatilá, vocación religiosa que derivaría en la compra de un radiograbador para una escuelita de frontera en Mendoza y por ùltimo la gastronomía a diestra y siniestra, duro y parejo a como diera o diese lugar no dejandome tiranizar por la moralina de quienes sentencian que el ser humano come para vivir pero no debe vivir para comer: me consagre (de lleno) a eructar.
Quizà el lector poco ha besado pueda llegar a sentir cierto resquemor lògico a que yo tenga una propensiòn difìcil de controlar a irme ya sea por las ramas o por trozos de materia de origen vegetal que si bien no llegan a ser ramificaciones de arbustos o plantas lo que se dice plantas, lo llevan a uno a sobreabundar en aperturas del horizonte a dilucidar poco afortunadas o podrìa decirse poco felices cuando son acompañadas por aclaraciones de una ausencia total de necesidad, o parcial, maticemos esto. Este resquemor lògico, aunque cuando digo resquemor tal vez resquemor no sea la palabra (siempre que llego a esta instancia tengo que pensar en Ludovica Van Gogh) pueda retraducrise en un desinterès por invertir la fuerza de voluntad que imperiosamente se requiere para seguir leyendo bajo la fe de que se arrimarà o arribarà, creo que se dice arribarà porque se dice arriba y abajo y no arrima y amajo, a alguna suerte-y con esto no quiero decir afortunada, sino alguna clase-no me refiero a lecciòn pedagògica alguna-de conclusiòn interesante o al menos tangencial o remotamente relacionada con lo que el tìtulo promete, sugiere o reza, en general yo empiezo por sugerir y cuando veo que no me dan ni cinco de bolilla ya le mando promesas y bueno, la sùplica por lo general, al menos yo, en mi experiencia, hasta ahora, y eso no quiere decir nada, la dejo para lo ùltimo, como recurso in extremis, plegàndome a una plegaria. Este lector o lectora de paciencia reducida no es desde luego y esto no necesitaba decirlo, huelga la aclaraciòn, aquel o aquella o aquellos o aquellas a quien o a quienes o a quienas me dirijo o mejor dicho en jerga psi, soy dirigido. Ya lo estoy viendo, les juro o te juro. Irritable, con una de esas intolerancias que tienen el metafòrico vaso que se derrama con una sola gota y que experimentan un orgasmo intelectual al decir "mi paciencia tiene un lìmite" o "creo ser una persona abierta, desprejuiciada y que admira como cualquier hijo del vecino la transgresiòn ingeniosa, la experiementaciòn pseudo artística y las búsquedas de recursos que renueven el tan remanido y trillado campo del humorismo pero esto ya es el colmo y estoy seguro de que a otras personas menos copadas que yo les parecería desubicado, plùmbeo, difícil de seguir y sobre todo, porque no se trata de si me escandalizo o no, aburrido, tedioso, que no me llama la atención, que no garpa el esfuerzo que tiene el tupè de exigir". Bueno se imaginaràn o se imaginarà o te imaginarás o vosotros os imaginarais que no habré de rebajarme a contestar a lectorsuchos de cuarta recièn bajados de los àrboles cuyas nociones del lenguaje articulado y el alfabeto cuneiforme con el agregado helènico de vocales apenas les da para leer el fixture del pròximo partido de fùtbol, acompañados de ilustraicones y colores emblemàticos que guian la fràgil percepciòn huidiza y desfocalizada. En primer lugar porque se trata de cobardes y cuando digo cobardes obviamente querrìa decir la mala palabra que usa el noventa por ciento de la poblaciòn cuando siente que alguien es un cobarde porque nadie le espeta este calificativo a otro de un modo refinado y distinguido, sino ya al borde del ultrajado pundonor y casi en plan de, no digo chicanear, porque una cosa es llamar beso francès al beso en la boca o papas francesas a las papas fritas (sin que esto vuelva refritadas las bocas desde la expulsiòn de los hugonotes), o ponele ensalada rusa a la mayonesa de ave sin ave o chilena a la pegada vertical a la pelota o  montaña rusa en el parque de diversiones al trencito de laberìntica vertiginosidad -o crema o ruleta rusa, hay millones de ejemplos y estaríamos perdiendo horas de nuestro precioso tiempo sobreabundando en esta tipificación tan alejada de la crema y nata de la soceidad americana, la crema americana, donde el arribista gangster Al Curnia llegó a codearse (to be ellebowed) con la noble esa-y si bien son encasillamientos que estereotipan y caen en una generalizaciòn que se sube a un colectivo y muy distinto es usar una nacionalidad como epìteto de algo peyorativo o peyorativa, como ser "una mexicaneada" por una traiciòn o una "chicana" por un psicopateo, una extorsiòn afectiva pero no por ello afectuosa, un chantaje emocional, una apelaciòn desafiante a la suceptibilidad zaherida en virtud de la cual se replica no por motivaciones sanas como el salir a tomar un poco de aire o empezar a levantarse de la mesa con un poquito de hambre o dejar que nuestro interlocutor cargue con el peso de la conversaciòn y ejercer el difìcil y olvidado arte de escuchar nos interese o no, haya empatìa o no la haya, existan puntos de contacto con la propia vida que permitan una identificaciòn o ni siquiera ese halago a la vanidad, sino demostrarle al energumeno que lo pateotea a uno o a una que no se ha de confundir bondad con debilidad y al decir esto me refiero a las posibles confusiones, no solo la consideraciòn nietzscheana de que la Madre Teresa de Calcuta era un gusano aterrorizado, sino tambièn a veces la complementaria, cuando tenemos un pariente que es propiamente un apocado, un pusilànime, alguien de cuya cortedad a la larga o a la corta nos damos cuenta hasta los menos perceptivos y en lugar de mandarlo al servicio militar a que nos lo desmariconen y le hagan crecer un par de pelotas precisamente ahí donde cuelga como un ahorcado su làbil testimonio de pertenencia a la condición masculina aunque de la membresía para afuera nomàs, los màs y las màs tendemos a decir que es verdad que la esposa lo tiene cortito, que en el laburo lo toman para le churrete, que se guarda lo que le molesta y así se le forma en el interior de su aparato raciocinante una bola de nieve nada congeladora por cierto, y nosotros, a nuestra vez cobardes, no confrontamos el hecho incontrastable de que sus iniciativas brillan por caer en un lugar comùn por su ausencia, no asumimos su realidad sometida, sino que antes bien y despuès mal que mal tambièn lo consolamos y nos consolamos autoengañàndonso y autoengañàndolo al atribuirle bondad.
Pero esa no es la verdad de la milanesa, ya sea napolitana o monagasca o se trate en verdad de escalopes.
Comprè un voluminoso corpus de libros acerca de al milanesa a la napolitana solo para descubrir que no podìa, como a mi sobrino de cuator años cuando toma Cepita, sacarle todo el jugo. Algunos de los libros se dirigìan a millonarios como si todos tuvièramos acceso al hilo dental (¿lo tienes tú?). Por eso escribì este libro para personas como yo o como vos o como usted o como ustedes. Es el libro que me hubiera gustado haber tendio en mi mesita de luz la noche de la vìspera de mi primer milanesa a la napolitana. Espero que te pueda acompañar en este proceso. Hazme llegar tus inquietudes a "howtomilanese.org.", disfruto de los comentarios de los lectores, incluso aunque no siempre sean halagüeños. De hecho mi nuevo psicòlogo ha dejado deslizar la idea de que hay un componente masoquista en mi personalidad y que disfruto de los insultos de los lectores y hasta los incito. Puedes escribirme tambièn acerca de lo que piensas de mi psicòlogo!
Quiero agradecer a la Universidad de Cambridge por haber costeado la primera tirada de este libro, reimpreso ciento cuarenta y nueve veces desde su primera publicaciòn, leìdo por casi diecinueve personas en todos los contientes, comprado como regalo de cumpleaños una y otra vez a personas que dejaron de invitar, el acompañante ideal para tu experiencia con "el plato más meritorio de la fonda de Jane" según el número 165 de Harper's Magazine.
Y por supuesto, Mary: por tu amor, por tus correcciones, por tu constante apoyo en momentos en que creì que nunca verìa llegar el dìa de terminadas estas líneas, por las palabras que solo tú y yo sabemos que proferiste acerca del decano para brindarme contención en momentos de flaqueza, por nuestros cienco hermosos ponys, por ser y ayudarme a ser y por perdonarme la enèsima infidelidad, sabiendo que esta vez sì habré de enmendar mi rumbo o, al menos, con los años, estar màs cansado si no sabio. 
Este libro no hubiera sido posible de no haber Dios creado al mundo en siete dìas.
  

1 comentario:

  1. Anónimo10:18 a.m.

    A mi me suena a pelicula XXX lesbi-secular, donde le daba la milanesa a la napolitana y el Papa a la romana, y esta le abria las Gambas al monajillo.

    OScar

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la peor opinión es el silencio, salvo...