domingo

Does every slave believe in marriage?

samuel jackson se come la pelìcula, se-la-co-me











 Tarantino es más o es menos que un autor: casi podríamos decir que es un género. Cuesta mucho juzgar su reciente spaghetti western comparándolo con otras películas del mismo género o,  como se estila hacer, con los otros estrenos de la semana
Uno ve este film y piensa en lo que esperaba de Tarantino y lo que obtuvo de Tarantino en relación a "Perros de la calle" y "Jackie Brown" y "Pulp Fiction" y "Kill Bill" y "Bastardos sin gloria". Un corpus que todavía nos resulta insuficiente como para sacarle la ficha, como para quererlo como a Woody Allen y aceptarlo como a un pariente. Pensemos solamente en que no podemos definir por qué un sachet de leche cuesta lo que cuesta. Los economistas nos dicen que al ser un producto necesario hay cierta elasticidad favorable al productor, a quien no le conviene bajar demasiado el precio porque de todos modos la gente suele quedarse con la leche. La vieja teorìa de la oferta y la demanda no se aplica-ha sido refinada e invertida (la oferta genera demanda) y hasta ha sido irracionalizada por Daniel Kahneman tan bien divulgado aquì por nuestro Martincito Losteau. 
Si fuera la teorìa del valor definido por la escasez y la abundancia habrìa que decir que un trebol de cuatro hojas, un boleto capicùa o un senador incorruptible valen su peso en oro.
Recordemos el viejo chascarrillo de que un auto usado bueno es caro porque es escaso, pero un auto usado bueno que esté barato es más raro todavía y por eso mismo tendría que estar todavía  más caro.
Hablemos de la teorìa del valor de David Ricardo, que es al que leyó en la biblioteca del British Museum Carlitos Marx, el subversivo, el terrorista, el sedicioso, el responsable en cierta medida de que haya habido un Stalin que matò a más que Hitler... (siempre es gracioso imaginar a Hitler diciendole a Stalin "¿gaseè a seis millones? bueno, mirá, vos sí que no podès hablar...", es una buena pedagogìa de la falacia de ataque a la persona, claro que en proporciòn a la poblaciòn rusa Stalin matò màs que Hitler y menos que Mao pero  màs o menos la misma cantidad de su gente, a diferencia de Pol Pot que liquidó un tercio de la población de su país, aberración que nuevamente podemos desmagnificar si la homologamos a la muerte de Grace Kelly, ya Princesa de Mònaco: para los paràmetros con los que el periodismo se mueve, diciendo que el incendio en la disco brasileña fue una "masacre", se puede hablar del genocidio de Montecarlo perpetrado por una bufanda). 
De acuerdo a la teorìa del valor de David Ricardo, un producto vale màs cuanto màs trabajo tiene encima, una idea muy hegelianamente racional y luteranamente moralista como para que Marx, nieto converso de un rabino, ateo militante, profeta de una nueva modalidad de condena a la riqueza tuviera el valor de tomarse el trabajo de ver que no es cierta. Picasso pinta una paloma en cinco minutos, una paloma de pico pequeño o de picazo -es lo mismo, y su cuadro vale mil veces màs que el que me lleve el resto de mi existencia terrenal en materia de esfuerzo. La Graciela Alfano de "La Nona" vale un millòn de dòlares màs que la actual, que tiene màs "trabajo encima".
Podemos definir someramente ahora los precios congelados del supermercado como una medida gubernamental para escenificar de estabilidad la negociaciòn por los aumentos salariales habida cuenta de que incrementar sueldos repercutirìa en incrementos de la inflación. Pero eso no nos define demasiado la cosa: ya les dije que Stalin tratò de controlar a fuego y sangre tarantinesca el mercado con algo màs de poder que nuestro Secretario de Comercio-campos de concentraciòn, gulags, un regimen de terror con subsidios al trigo que hacìan que las vacas fueran alimentadas con trigo y largos etcèteras-no alimentadas con largos etcèteras, no se queden rumiando mis palabras, y fracasó.
Y hablando de rusitos: ¿ahora Cristina sale a decir que Israel y la Daia y la Amia son antisemitas solo porque no aceptan la Comisiòn de Verdad que se logró con funcionarios iranìes sospechados de asesinatos en masa? Esa Comisiòn de Verdad es en verdad la bùsqueda de quedarse con la comisiòn de los paìses que le cerraron los mercados a Iran, si vamos al grano, lo cierto es que queremos ese petròleo persa per se y no atentar contra la memoria de un atentado.
Veamos otro intento de definir algo importante: el humor. Henry Bergson dice que la risa se explica cuando algo del orden de lo mecànico penetra improcedentemente en el reino de lo humano. Por ejemplo una càscara de banana. Es una definiciòn chapucera y chambona, dado que la gran mayorìa de chistes perforan un caminito rutinario, mecànico, maquinal y costumbrista de las neuronas para pensar algo.
Un hombre al que su amiga le ruega deglutir su fluìdo seminal puede preguntarle si es oportuno para ella tragar ahora porque en caso contrario de todo modos deberìa descargar, pero después para retribuir no podrìa aplicar mecànicamente este mismo principio y preguntarle si desea que se la chupe o se va a chupar un clavo
Arthur Schopenhauer propone al humor como fenòmeno de percepciòn intelectual que registra una incongruencia, un poner algo justo donde no va. Esa es una definición que captura un elemento necesario para el humor pero no suficiente, y ademàs no privativo ni excluyente. Poner a Virginia Lagos a presentar una pelìcula encopetada es poner algo donde no va y sin embargo tener que sufrirla no nos causa la menor gracia.
Freud define al placer que nos dan los chistes como el ahorro de una tensiòn, nuestro diario esfuerzo por reprimir nuestros accesos hostiles o eròticos encuentran un modo elegante de aflorar. Millones de chistes no tienen nada de hostil ni de eròtico y los ejemplos actuales de comedia nos muestran casi una imposiciòn de violencias y de mandatos pornogràficos que no se nos hubieran aflorado ni en nuestras màs húmedas pesadillas.
Definamos ahora la vida misma. Cuando la biologìa quiere definirla se encuentra con la mula o el virus que ponen, cada uno a su modo, en tela de juicio la excelsitud de la formulación. Si decimos que la vida tiene que poder reproducirse a sì misma nos sale al paso  la mula, una criatura tan difìcil de esconder como un embarazo, una criatura que no puede reproducirse y sin embargo vive.
O sea que no podemos definir el humor, el valor, ni la vida, ni el valor del humor en la vida, ni la valiosa vida del humorismo, ni la vitalidad de etcètera. La pelìcula de Tarantino tiene eso: tiene cuotas de humor, tiene dosis de valor, tiene muchìsima vitalidad, ese plus excedente y superabundante que la hace incrustar nuevas partes y romper el pacto de lectura acordado ya de antemano y por descontado contra el verosìmil.
Lo que màs tiene es que no se puede definir.
No se define, como las personas de sexo indefinido o la ideologìa de Patricia Bullrich.
¿Es un alegado contra la esclavitud viendo en ella una metàfora de toda maldad levemente disfrazado de historia èpica de vaqueros?
Segùn un reportaje a Tarantino lo es, dice que quiere mostrar la historia oscura de Norteamericana pero no como un documental, sino como si fuera un pelìcula de gènero. Antes de leer ese reportaje para escribir sobre la pelìcula yo pensè que serìa muy original de mi parte decir que sin proponèrselo Tarantino termina siendo màs polìticamente correcto y un pedagogo de la historia que la "Lincoln" de Spielberg o la monumental "Shoà" (cuya versiòn argentina con Moria Casàn y "si querès shoà, shoà" y el muro de "lame moria" desdora parcialmente su rigor). Despuès de leer que es lo que quiso hacer (aunque sè que solo los policìas y los abogados y jueces deben juzgar las intenciones, nunca las criticas de arte postestructuralistas) me pregunto qué valor puede tener como documento o denuncia una ficción cuyas rupturas con lo creìble celebramos màs que en nadie en Tarantino (que venìa de matar a Hitler).
Lo que màs me asombró fue que Tarantino agregara que deseaba escrachar las aberraciones norteamericanas porque es norteamericano y los otros paìses no se sienten con derecho a iluminar dicho perìodo històrico. Ahí me di cuenta de que es un asesino en potencia de verdad. Que encuentra justificaciones para mostrarnos violencia gratuita en pretextos tales como que es el combustible de la venganza y que despuès nos vuelve a mostrar violencia gratuita en la presunta restauraciòn del orden. Solo un asesino, como por ejemplo nuestro tan reconocido odontòlogo Barreda puede razonar de ese modo, pensar "voy a ajusticiar a mi señora esposa porque mis vecinos no sienten que tengan derecho a pronunciarse respecto de còmo me maltrata". Hobswahn, Todorov, Jarret o hasta Eduardo Galeano abjuran de la idea de patrimonio nacional para los crìmenes, en general suele ser al revès, es màs fàcil ver la masturbaciòn en el ojo ajeno que la viga en el propio. Nadie salió esta semana a denunciar el desastre que es el ejèrcito argentino (donde, para dar un ejemplo tarantinesco, los judíos no pueden enrolarse sin que pavlovianos perros del antisemitismo sientan que se les hace agua la boca para salivarlos y segregarlos segregando saliva): se denunciò que en Chile el ejèrcito se entrenaba con cànticos antiperuanos antiargentinos, cosa que pareciò desubicada. Pero desubicado serìa que hubiera cànticos contra los finlandeses o los lapones en las filas chilenas: es geogràficamente, latitudinalmente de una meridiana claridad y ubicaciòn privilegiada identificar a los hermanos limìtrofes como estiercol a antagonizar.
Hay algo definido en este pelìcula y es por ejemplo el uso de la palabra "antagonizar" que fue subtitulada no muy brillantemente con literalismos pero que realza la siempre voraz apetencia de Quentin, el guionista, de mostrar su brillantez en cada sìlaba. Es una continuaciòn del patoterismo fìsico por otros medios: te descalifico pero ademàs para descalificarte màs uso una palabra que solo conocemos el diccionario y yo y que significa descalificar.
También queda bien definida la bùsqueda de saturar con sangrientismos el supuesto instinto homicida reprimido del espectador. Yo observè, porque en una pelìcula hay un aspecto de obra de arte, un aspecto de producto industrial pero tambièn de terapèutica, el comportamiento a posteriori en el patio de comidas de los espectadores. No estaban màs adrenalìnicos, sino menos. Freud, si bien nunca cayó en el cartesiano optimismo a lo Sèneca de los cognitivos que creen que los pensamientos son padres de los sentimientos, sì en su dualismo final sobreestimó (por la època sombrìa en que lo concibió) el papel de la agresividad: ponerla en el plano del sexo es ridìculo. Nunca nadie salió saturado y sin ganas de intentar nada de una pelìcula recargadamente erótica, el complemento a esto. 

      
Cada genio crea sus propios lectores y así hacemos con nuestros admirados, decimos que el último libro de fulanito no estuvo a la altura de lo que esperábamos de él mientras leemos un diario infinitamente peor escrito pero que mantiene el nivel del de ayer y no nos desilusiona.
Como suelo hacer voy a comentar esta película para los que ya conocen sus sorpresas o no sienten dolor alguno en perdérselas. Es una película difícil de inscribir en un marco contextual específico como para mensurar sus aciertos y errores. Como producto industrial de entretenimiento puede desencantar, puede resultar larga o aburrida o inconexa o inverosímil. Como obra de arte, por otra parte, como experimento estético innovador parece recargada y demasiado clase B, demasiado efectista por momentos como para ambicionar elevados estatutos y lauros. 
Creo que al snob porteño medio Tarantino inicialmente le pareció un deliberado demagogo que condescendía a niveles infantiles de didactismo como una sutil ironía a la ignoracia de su público y con el tiempo fue advirtiendo que es en sí mismo el típico sabelotodo iletrado, desaforadamente entusiasmado por mostrar su conocimiento (que es como dicen los franceses como la mermelada, cuanto menos hay más se esparce). En "Django desencadenado" (título que podría remitir a "Prometeo encadenado" si quisieramos enriquecer con intertextualidades el pochoclerismo) se introduce la frenología que en efecto era una teoría científica de la época, pero no de los latifundistas sureños y una saga visigoda que popularizó poco germànicamente el melodramàtico Wagner, pero no de la manera caracterizada por el coprotagonista. El esclavo Django explica que está casado con Brunhilda-su nombre sufrió una mutación similar a la del conde de Malborough convertido en Mambrú-y Christof Waltz, un actor excelente que demostró con Polanski que no tiene por qué hacer el mismo papel siempre, le dice que sus amos deben de ser alemanes dado que ningún alemán desconoce la historia de Brunhilda. Bueno, yo conozco más de cuatro alemanes que la desconocen, no es como si el cazarecompensas fuera argentino y dijera "ningún argentino desconoce el nombre de Mafalda".
Una manera de ponderar el film es advertir un nuevo despliegue de la mayor experticia de este genio que como buen genio a veces inventa un nuevo sentido de la medida y a veces resuleve todo con mal genio.
Este talento que constituye la más diamantina faceta de Tarantino es el arte de entreverar la tensa tranquilidad verbosa, elocuente y hasta preñada de circunloquios en los que el hablante se luce con su vocabulario exquisito con la más cruda e inesperada violencia. Es, si este director ha de perdurar en el panteón y ha de ser estudiado catedráticamente, casi un desafio a todas las teorías psicoanalíticas que oponen la esfera de lo articulable a la animalidad incivil. Así como Lubitsch nos legó su inefable "toque Lubitsch" o Hitchcock el raramente bien continuado suspense, Tarantino engalana cada una de sus producciones con esta maestría para alternar la agresión que se regodea en el daño con la discusión por una minucia, una bagatela, una banalidad, algo que convierte en cotidiano y hasta aparentemente monótono lo irrumpible.
Hace algún tiempo Greeneway muy en sintonía con Ingmar Bergman y con Cassandra Lange postuló para todos los géneros artísticos un único género, al momento de la creación se es mujer. El dramaturgo irlandés Shaw en "Man and Superman" coincide, habla de una pasión inescrupulosa que subsume a todas las otras y que comparte una embarazada o una madre y un o una artista, capaz de sacrificarlo todo a su causa, a su prioridad. El afable Bioy Casares en una entrevista reconoce que los autobiografismos disfrazados desenmascaran que el escritor es un antropófago que se come a sí mismo. Vargas Llosa en su "Cartas a un novelista" propone la figura de la lombriz solitaria como un parásito omnívoro que posee a la persona que siente la vocación de crear. Más allá de que a la crítica materialista el arte no le parece tan del lado de la naturaleza como del del artificio construído atravesado por circunstancias históricas y precedido por una voluntad racional: quiero decir, contra la imaginería cristiana se cambia la nomenclatura de "obra" por "artefacto escriturario" o "dispositivo", se maquiniza la fisiología, es cierto que las corrientes románticas nos demostraron la irracionalidad y humanidad en todos los emocionales sentidos de la palabra, retrotrayendonos a las cavernas y las pinturas rupestres, la salvajidad, de lo estético.
Bueno, entonces si es políticamente incorrecto decir que el artista es mujer, porque el feminismo podría el grito en el cielo si reducimos u obligamos a la mujer a consustanciarse con la maternidad y porque los marxistas nos dirían que hay embarazos no deseados pero no obras de arte no deseadas (lo cual es mentira), no podemos llegar a la conclusión de que, como esta mismísima frase, Quentin Tarantino tiene problemas para acabar.
La parte final de la película ya es sin el protagonista más encantador y entonces, como Jammie Fox no es Will Smith, pareciera borrarse con el codo del pendencierismo calentón bien de negro lo escrito con la mano del punzante contrapunto de fiereza y distinción, de crueldad y modales refinados
Para poner negro sobre blanco: la parte desde que el alemán mata a Leonardo Di Caprio parece sacada de otra película y a mí me dio la sensación de que se podría haber hecho la película parte dos con eso o que ya todo lo maravilloso y coherente que me resultaba cómo se construía la trama, se tiraba por la borda con desproporcionadas carnicerías que, encima no te dejan la sensación de justicia poética como, digamos, la última James Bond, donde llegás a odiar minuciosamente a Javier Bardem y querés que lo hagan mierda. El final feliz como catarsis no parece ser sino una excusa para remachar con sadismos y baldazos de sangre la modalidad de Tarantino de crear y no poder parar.
Una manera que podemos encontrar de abordar y relevar la relevancia de este desbordado filme es estudiar la psicologìa de los personajes. Al principio el negro esclavo al que libera el alemán culto es sensiblemente piadoso. Sus dedos se rehusan a gatillarle a un buscado vivo o muerto porque estàn con su hijito. Mientras la amistad va prosperando el negro se va insensibilizando. Cuando llegan a buscar a su esposa, caracterizados como compradores de "mandingos", una modalidad crudelìsima de lucha, ya Django es el que lleva la voz cantante y es temerariamente pendenciero para su mentor. Èste, que parece que se va a poder ir sano y salvo incluso despuès de haber sido identificado como farsante, de pronto cae en un acceso de caridad sentimental y se niega a darle la mano a un hombre que mandò matar a un negro con una modalidad demasiado morbosa e impresionable (fagocitado en vida por unos perros).
En este momento la pelìcula de un giro copernicano que divide aguas: los amantes del viejo Tarantino sienten que esta que viene es la buena parte pura y dura y el pròlogo habìa sido demasiado palabrero y dulzòn. A mí en cambio me pareció que hasta ese momento la pelìcula era una obra maestra pero que lo que había empezado a pasar era tan tirado de los pelos y por eso mismo descabellado, que daba lo mismo si se agregasen zombies, extraterrestres, dinosaurios o la ausencia de final feliz con tal de sorprender.
El personaje de Di Caprio es convocado a vender a un luchador por doce mil dòlares (no nos olvidemos que a la esposa del increíble Hulk le pusieron nada menos que un palo verde). Cuando advierte que  fue engañado como una vil mucama paraguaya, segùn se estila decir, este sanguinario y patibulario inhumano solo acierta a pensar comercialmente: quiere sus doce mil dòlares entonces a cambio de la esclava Briseida, digo, Brunilda-homenajeada a nivel lungo en este caso, antes por la serie Xena The Warrior Princess entre otras.
Puede matar o torturar a los impostores pero solo quiere legalmente realizar la transacciòn y la plata. 
Despuès de tener que tragarnos esa mesmerización inesperada estamos preparados para todo y curados de espanto: Django se convierte en Rambo I, II, III y IV pero lo atrapa el Anthony Hopkins negro de Lo que queda del día y se asiste a un debate acerca de còmo matarlo (como el chiste de Borges en "La loterìa en Babilonia"). Una discusión muy similar a la de la katana de Bruce Willis en "Tiempos violentos". Ahí, cuando todos los espectadores bostezan, miran el reloj y estàn por decir "es demasiado larga" se le ve innecesariamente el aparato uritogenital al protagonista y todas las espectadoras mandan callar a los comentaristas (ce la vie).
Justo cuando los espectadores se ven tentados de cortarse las pelotas, se absuelve al protagonista de la castración.
Esta pelìcula es de todas las que le conocimos a Tarantino la que ostenta lo que Telenoche 13 suele denominar con truculencia "EL PEOR FINAL".
Sería gracioso imaginar a Santos Biasatti y a Marcelo Bonelli profesionalmente compungidos por la "castraciòn del horror".
Ahora a todo se llama "del horror" podría quejarse Astiz, no se puede poner en un pie de igualdad lo que hicimos nosotros con unas maestras jardineras mojandole la sabiola a un purrete, se está manoseando y bastardeando el noble vocablo "horror".
Despuès de todo ¿no es infantil todo maltrato? Que tanto hablar de maltrato infantil.
Como humoristas tenemos que preguntarnos què sería más incongruente, por ejemplo "el asesino a sueldo del horror". Eduviges de Longchamps, un ama de casa que paga sus impuestos puntualmente y nunca falta a misa, contrató a un presunto killer, que ahora sabemos carecía de habilitación municipal para ejercer su cargo homicida y éste le dio una dirección falsa y se alzó con el adelanto sin perpetrar su labor. 
O "el taxi boy del horror", Mariano Grondona denuncia que llamó por recomendación a este taxi boy para que tirara la goma mientras su esposa hace pilates y éste, que se metió en la bañadera con su morral, se habría llevado en un estuche ingeniosamente confeccionado a tal efecto, algo de shampoo.
Clarín seguramente no solo se opone a celebrar la vida comiendo un  asado en la Escuela Mecánica de la Armada, probablemente quiera al contrario que se torture a todo kirchnerista que acuda a una parrilla. La Esma es para ellos "El Museo del Horror DEL HORROR"
Hay la levedad del humor en este mamarracho epopèyico donde se anestesia el sentido de una redada para carbonizar a unos forajidos focalizando la atención en lo mal hechas que están las capuchas a lo KuKuxKlan, no se ve nada. Uno de los conjurados se ofende porque su esposa se pasó toda la tarde hacièndolas. Esa hipersensibilidad para lo nimio contrastada con la indolencia ante lo macabro es ligera. En una escena situada no recuerdo en qué año,  al comienzo de la pelìcula, hace siglos, digamos, el esclavo le revela al alemán que está casado. ¿Todos los esclavos creen en el sacramento del matrimonio? se pregunta éste. Si el yugo marital, el contraer la pandemia llamada nupcias nos esclaviza y trae secuelas es un debate que deberá esperar la secuela...

Pero hay ¡ay! también gravedad en la gnoseológica búsqueda del límite en el más que inimitable, ilimitable Tarantinísimo...
En este momento vemos en esta película un exceso: pero en el futuro nos vamos a casar con ella también. Solamente ahora no podemos ver esos anillos, así como solamente en su marco social Galileo a pesar de estudiar a Saturno dos años, creía ver en el anillo dos planetitas aledaños. Por ahora y solo por ahora es que esta desmesura nos viene como planeta al anillo...

1 comentario:

la peor opinión es el silencio, salvo...