miércoles

Escándalo: revelan que te amo más que a Maradona


 Ayer me fui con 2 sensaciones en la panza: una muscular por la risa; la segunda hambre, pero hambre de papas fritas (Pao)
La clase de "Cómo hacer el humor con palabras" número tres correspondiente al primer cuatrimestre de 2013 resultó para el mismísimo docente una más que agradable sorpresa. En primer lugar porque su alumno más desafiante, Claudio, el que lo tuvo en vilo toda la semana preguntándose cómo encarar el humorismo y su enseñanza ante un encancerado o encarcelado en la oncológica maldición de nuestra era prodinámica en la proestática, llegó con una predisposición tan magnánima a que nada lo ofendiera que parecía una verdadera provocación (¿USTEDES NO SE ESTÁN MURIENDO?). Fue un alivio inmenso saber que podemos aplicarle el mismo tratamiento a su cáncer que el que me aplicaría a mí mismo, el de la irreverencia desenfadada y carnavalesca, el de la erudición puesta al servicio de la burla de la erudición siempre en aras de celebrar la vida y también su improbable disolución, el que aparece en "Amigos intocables" basado en la vida del dueño de Pommery, quien tetrapléjico encontró consuelo en la acidez brutal de un filisteo primitivisimo al que cultivó mientras se nutría de la vida quintaesencial que subyace a través de las máscaras de los cuidados y sobreprotecciones. Leímos a Mark Twain, fragmentos del adánico diario y el evatest (el bicho feo que anuncia embarazos es el avetest), un humorista desde la amargura más negra, que asegura que la envidia es para los muertos y la compasión para los vivos: contraer un hijo o una hija puede no ser una noticia necesariamente mejor que la de volverse cadáver, aunque sí,  más inocultable...Leímos también las instrucciones para ser idishes mames con lo que la primera de las bromas que le lanzamos al paciente de cáncer de próstata es el de reprocharle que nos cargue con su cáncer en un espacio al que venimos a pasarla bien, pasar un momento agradable, reírnos livianamente. Nosotros somos las víctimas de que él tenga cáncer, nosotros lo sufrimos muchísimo más que él y por eso se lo recriminamos. Comentamos "El vientre de un arquitecto" de Peter Greeneway, la toma de posición de Ingmar Bergman respecto de que ninguna creación artística puede compararse con el embarazo (cualquier marxista se revolvería en su tumba, despuès de haber desnaturalizado el artefacto y el dispositivo y de haber mostrado los modos de producción atados a su tiempo, nos arrojan al hiperbólico biologicismo), contamos cómo Charly García dijo que "cuando creo soy mujer" no en un sentido de credulidad de caída del catre frente un viril escepticismo, sino que el dejarse habitar por los íncubos y súcubos que se gestan en un creador es un acto eminentemente femenino 
¿por hueco?
  Hablamos de las paradojas de Oscar Wilde como introducción a las de Borges, un camino nada rectilíneo, dado que Wilde es ágil, breve, pugilísticamente liviano en su estilística aún para defender el quietismo y el ocio. Y Borges no juega ni con las derivaciones sonoras o morfológicas de un vocablo ni con los  muchos posibles sentidos de un concepto sin explicitarlos minuciosa y meticulosamente con pormenorizada y plúmbea pluma analítica. Borges y Wilde se inscriben en lo exquisito, pueden enseñarse siquiera como apelación al esnobismo, emplean una ironía matemáticamente pegada, milimétricamente adosada a su objeto-que no es la realidad sino otro discurso-pero en Wilde la levedad es perseguida y alcanzada, creo, o, tal vez no, no importa demasiado, y en Borges la herética y lúdica intentona de acabar con todas las vacas sagradas intitucionales de nuestras ridículas convenciones mediante una secreta burla se disfraza de solemnidad prestigiosa en sí y repetir una palabra es uno de los recursos para darle peso y hacernos sucumbir en la ilusión de la transparencia del lenguaje...de modo que la gravitación wildeana en Borges existe pero donde Wilde es agudo, Borges se finge grave, Wilde nos eleva por encima de la estratósfera a que en un spa de caricias al ego flotemos en la ingravidez y Borges nos abraza en francés embarazosamente con sus preñadas alusiones que nos tiran mil y un bibliotecas de cuyos nombres no podrìamos acordarnos, dejándonos grávidos de más...
Así fue como encaramos el cáncer de próstata y la lectura de Borges: pasando libresca revista a las tradiciones de la crítica literaria, al esteticismo y el decadentismo, leyendo a través de una versión taquigrafiada el ingenio de Wilde en su defensa durante el proceso (como contrapunto a las pitilleras de sus comedias, ver su descargo respecto del chantaje de un taxiboy, insistiendo en lo íntimamente autobiográfico de toda máscara) 
CARSON: -Tu alma delicada y áurea vaga entre la pasión y la poesía ¿Es ésta una frase hermosa?
Wilde: No como la lee usted, señor Carson. Usted la lee muy mal
Carson:-Yo no pretendo ser un artista, cuando lo oigo declarar a usted estoy contento con no serlo (...)




Recordando que todo libro debería venir acompañado por una faja de advertencia ya no de la crítica, sino de bromatología-no lo digo en broma-cosa de que uno sepa si lee  a Kafka que si bien es uno de los más encumbrados autores del siglo y todo eso, corre el riesgo de deprimirse "LEER A KAFKA BAJA TUS DEFENSAS Y TE HACE PENSAR OSCURAS PELOTUDECES QUE TE ALEJAN DE TUS SERES QUERIDOS" debería decir junto con una foto de Ivan Illich agonizando. Comentamos cómo Kafka y Max Brod se reían al leer "La Metamorfosis" y cómo Kakfa era una avisado lector del expresionismo y un admirador sorprendente de Chesterton, cosa que nos llevó a preguntarnos de nuevo qué hace que podamos decir que algo es humor 
(¿qué tiene de comedia el dramón de Charlize Theron volviendo a un villorio a tratar de recuperar a su ex que tuvo familia, YOUNG ADULT? nos lo preguntamos más allá de la chambona definición pragmática y utilitarista que le propinó Groucho a Woody "lo que sea que haga reír, chabón"
Así, recordamos a otro autor K, también un chico checo-vale decir que podríamos parafrasear aquel comentario malicioso y acreedor del infamante bofetón del crítico de cine Alejandro Ricagno cuando fue a ver "De eso no se habla" y dijo en "El Amante" que de la producción de María Luisa Bemberg lo único que le interesa es la cerveza: la levedad y el peso ¿qué prefiere usted? Cunde la sensación de que Kundera ya es tan prestigioso como Turdera pero el comienzo de su novela más famosa siempre me atrapó-en mi representación mental solo recuerdo un comienzo más luminoso con el film de Patrice Leconte "Tango, la maté porque era mía" y la genial disculpa a los habitantes de Sidney en la página primera de "A LONG WAY DOWN" de Nick Hornby (¿por qué me quería tirar del edificio? claro que puedo responder a esto, no es una decisión irreflexiva, ni siquiera complicada...me refiero a que si sos subgerente de un Banco en Guildford y te ofrecen ser gerente en Sidney aunque sea lo que deseabas lo vas a pensar, no digo por mucho tiempo peor vas a poner pros y contra en un papel, tipo, familiares entrados en edad versus pileta en la casa, desarraigo de los puntales que me constituyeron en esta ciudad versus que ningún jefe me rompa las bolas y por supuesto vas a estar llamando a la agencia de turismo a los cinco minutos, bueno, el suicidio es mi Sidney sin pretendeer faltarle el respeto a sus habitantes al decir esto)
La idea del eterno retorno es misteriosa y con ella Nietzsche dejó perplejos a los demás filósofos: ¡pensar que alguna vez haya de repetirse todo tal como lo hemos vivido ya, y que incluso esa repetición haya de repetirse hasta el infinito! ¿Qué quiere decir ese mito demencial?  
El mito del eterno retorno viene a decir, per negatio-nem, que una vida que desaparece de una vez para siempre, que no retorna, es como una sombra, carece de peso, está muerta de antemano y, si ha sido horrorosa, bella, elevada, ese horror, esa elevación o esa belleza nada significan. No es necesario que los tengamos en cuenta, igual que una guerra entre dos Estados africanos en el siglo catorce que no cambió en nada la faz de la tierra, aunque en ella  murieran, en medio de indecibles padecimientos, trescientos mil negros. ¿Cambia en algo la guerra entre dos Estados africanos si se repite incontables veces en un eterno retorno? Cambia: se convierte en un bloque que sobresale y perdura, y su estupidez será irreparable.  
 Si la Revolución francesa tuviera que repetirse eternamente, la historiografía francesa estaría menos orgullosa de Robespierre. Pero dado que habla  de algo que ya no volverá a ocurrir, los años sangrientos se convierten en meras palabras, en teorías, en discusiones, se vuelven más ligeros que una pluma, no dan miedo. Hay una diferencia infinita entre el Robespierre que apareció sólo  una vez en la historia y un Robespierre que volviera eternamente a cortarle la cabeza a los franceses. 
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Si cada uno de los instantes de nuestra vida se va a repetir infinitas veces, estamos clavados a la eternidad como Jesucristo a la cruz. La imagen es terrible. En el mundo del eterno retorno descansa sobre cada gesto el peso de una insoportable responsabilidad. Ese es el motivo por el cual Nietzsche llamó a la idea del eterno retorno la carga más pesada (das schwerste Gewicht).  Pero si el eterno retorno es la carga más pesada, entonces nuestras vidas pueden aparecer, sobre ese telón de fondo, en toda su maravillosa levedad.  


¿Pero es de verdad terrible el peso y maravillosa la levedad?  La carga más pesada nos destroza, somos derribados por ella, nos aplasta contra la tierra. Pero en la poesía amatoria de todas las épocas la mujer desea cargar con el peso del cuerpo del hombre. La carga más pesada es por lo tanto, a la vez, la imagen de la más intensa plenitud de la vida. Cuanto más pesada sea la carga, más a ras de tierra estará nuestra vida, más real y verdadera será.   Por el contrario, la ausencia absoluta de carga hace que el hombre se vuelva más ligero que el aire, vuele hacia lo alto, se distancie de la tierra, de su ser terreno, que sea real sólo a medias y sus movimientos sean tan libres como insignificantes.  


Entonces, ¿qué hemos de elegir? ¿El peso o la levedad?  Este fue el interrogante que se planteó Parménides en el siglo sexto antes de Cristo. A su juicio todo el mundo estaba dividido en principios contradictorios: luz-oscuridad; sutil-tosco; calor-frío; ser-no ser. Uno de los polos de la contradicción era, según él, positivo (la luz, el calor, lo fino, el ser), el otro negativo. Semejante división entre polos positivos y negativos puede parecemos puerilmente simple. Con una excepción: ¿qué es lo positivo, el peso o la levedad? Parménides respondió: la levedad es positiva, el peso es negativo. ¿Tenía razón o no? Es una incógnita. Sólo una cosa es segura: la contradicción entre peso y levedad es la más misteriosa y equívoca de todas las contradicciones. 
Mencionamos también la sensualidad permantente de Wilde, su discurso seductor e invitante y no suscribimos tanto a la idea de Guillermo Martinez hablando de "El Aleph" y el descenso a la cripta (no en Santa Cruz, válgame Él) como sexualidad necrófila, como a la noción de que Borges odiaba que alguien hiciera justicia por propia mano pero no odiaba hacer erotismo por propia mano. De hecho contando con la ayudita de Claudio que me dio una mano también en esto dado su amor incontinente por...Borges, leímos "La secta del Fénix" tratando de mostrar lo desternillante que es Borges, emparentándolo con Jorge Corona, Georgie Crown...así renunciamos por una vez a su sutileza, su modo indirecto de dar a entender, para ver si personas analfabetas de su genialidad abrían los ojos y veían por vez primera al ciego



Quienes escriben que LOS PAJEROS alias "Secta del Fénix" ,tuvieron su origen en Heliópolis, y los derivan de la restauración religiosa que sucedió a la muerte del reformador Amenophis IV, alegan textos de Heródoto, de Tácito y de los monumentos egipcios, pero ignoran, o quieren ignorar, que la denominación por el Fénix no es anterior a Hrabano Mauro y que las fuentes más antiguas (las Saturnales o Flavio Josefo, digamos) sólo hablan de la Gente de la Costumbre o de la Gente del Secreto (risas). Ya Gregorovius observó, en los conventículos de Ferrara, que la mención del Fénix era rarísima en el lenguaje oral; en Ginebra he tratado con artesanos que no me comprendieron cuando inquirí si eran hombres del Fénix, pero que admitieron, acto continuo, ser hombres del Secreto. Si no me engaño, igual cosa acontece con los budistas; el nombre por el cual los conoce el mundo no es el que ellos pronuncian. (no soy como me  tachaste "un onanista asqueroso" sino que, para tu información disfruto plenamente de mi sexualidad, pacato reprimido careta estreñido frígido)
         Miklosich, en una página demasiado famosa, ha equiparado los sectarios del Fénix a los gitanos. En Chile y en Hungría hay gitanos y también hay sectarios; fuera de esa especie de ubicuidad, muy poco tienen en común unos y otros. Los gitanos son chalanes, caldereros, herreros y decidores de la buenaventura; los sectarios suelen ejercer felizmente las profesiones liberales LOS PAJERON SON MËDICOS O ABOGADOS O ECONOMISTAS. Los gitanos configuran un tipo físico y hablan, o hablaban, un idioma secreto; los sectarios se confunden con los demás y la prueba es que no han sufrido persecuciones. Los gitanos son pintorescos e inspiran a los malos poetas; los romances, los cromos y los boleros omiten a los sectarios... Martín Buber declara que los judíos son esencialmente patéticos; no todos los sectarios lo son y algunos abominan del patetismo; esta pública y notoria verdad basta para refutar el error vulgar (absurdamente defendido por Urmann) que ve en el Fénix una derivación de Israel. La gente más o menos discurre así: Urmann era un hombre sensible; Urmann era judío; Urmann frecuentó a los sectarios en la judería de Praga; la afinidad que Urmann sintió prueba un hecho real. Sinceramente, no puedo convenir con ese dictamen. Que los sectarios en un medio judío se parezcan a los judíos no prueba nada; lo innegable es que se parecen, como el infinito Shakespeare de Hazlitt, a todos los hombres del mundo. Son todo para todos, como el Apóstol; días pasados el doctor Juan Francisco Amaro, de Paysandú, ponderó la facilidad con que se acriollaban.
         He dicho que la historia de la secta no registra persecuciones. Ello es verdad, pero como no hay grupo humano en que no figuren partidarios del Fénix, también es cierto que no hay persecución o rigor que éstos no hayan sufrido y ejecutado. En las guerras occidentales y en las remotas guerras del Asia han vertido su sangre secularmente, bajo banderas enemigas; de muy poco les vale identificarse con todas las naciones del orbe.
         Sin un libro sagrado que los congregue  NO HAY UN LIBRO SAGRADO PARA LOS PAJEROS ¿VAN ENTENDIENDO?¿ES MENOS SOEZ BORGES QUE EL CHISTE DE AMERICAN PIE DEL REENCUENTRO CUANDO LOS EX ADOLESCENTES VEN QUE ENTRE SUS DESEOS PARA EL FUTURO UNO ERA TENER LA VIDA SEXUAL DE RICKY MARTIN PRO SUPUESTO ANTES DE SABER QUE ERA GAY?como la Escritura a Israel, sin una memoria común, sin esa otra memoria que es un idioma, desparramados por la faz de la tierra, diversos de color y de rasgos, una sola cosa ­el Secreto­ los une y los unirá hasta el fin de sus días. Alguna vez, además del Secreto hubo una leyenda (y quizá un mito cosmogónico), pero los superficiales hombres del Fénix la han olvidado y hoy sólo guardan la oscura tradición de un castigo. De un castigo, de un pacto o de un privilegio, porque las versiones difieren y apenas dejan entrever el fallo de un Dios que asegura a una estirpe la eternidad, si sus hombres, generación tras generación, ejecutan un rito. He compulsado los informes de los viajeros, he conversado con patriarcas y teólogos; puedo dar fe de que el cumplimiento del rito es la única práctica religiosa que observan los sectarios.  hacerse la paja es su liturgiaEl rito constituye el Secreto. Éste, como ya indiqué, se transmite de generación en generación, pero el uso no quiere que las madres lo enseñen a los hijos,LAS MADRES NO ENSEÑAN A SUS HIJOS A HACERSE LA PUÑETA ¿TODAVÍA CREEN QUE BORGES ES MENOS GUARANGO QUE EL STANDUPCOMEDIANT QUE VA AL PROGRAMA DE FANTINO Y CONFECCIONA CON SORBETES UNA ROSA Y DICE ME HICE UNA FLOR DE PAJITA? ni tampoco los sacerdotes; la iniciación en el misterio es tarea de los individuos más bajos. Un esclavo, un leproso o un pordiosero hacen de mistagogos. También un niño puede adoctrinar a otro niño. El acto en sí es trivial, momentáneo y no requiere descripción. Los materiales son el corcho, la cera o la goma arábiga. (En la liturgia se habla de légamo; éste suele usarse también.) No hay templos dedicados especialmente a la celebración de este culto, pero una ruina, un sótano o un zaguán se juzgan lugares propicios. El Secreto es sagrado pero no deja de ser un poco ridículo; su ejercicio es furtivo y aun clandestino y los adeptos no hablan de él. No hay palabras decentes para nombrarlo, pero se entiende que todas las palabras lo nombran o, mejor dicho, que inevitablemente lo aluden, y así, en el diálogo yo he dicho una cosa cualquiera y los adeptos han sonreído o se han puesto incómodos, porque sintieron que yo había tocado el Secreto. En las literaturas germánicas hay poemas escritos por sectarios, cuyo sujeto nominal es el mar o el crepúsculo de la noche; son, de algún modo, símbolos del Secreto, oigo repetir. Orbis terrarum est speculum Ludi reza un adagio apócrifo que Du Cange registró en su Glosario. Una suerte de horror sagrado impide a algunos fieles la ejecución del simplísimo rito; los otros los desprecian, pero ellos se desprecian aún más. Gozan de mucho crédito, en cambio, quienes ACÁ BORGES CON SU TIMIDEZ ACORAZADA NO DICE CON LAS PALABRAS CORRIENTES QUE HAY QUIENES PASAN DE HACERSE AL PAJA A COGER, MIREN CÓMO LO DICE: deliberadamente renuncian a la Costumbre y logran un comercio directo con la divinidad; éstos, para manifestar ese comercio, lo hacen con figuras de la liturgia y así John of the Rood escribió:
Sepan los Nueve Firmamentos que el Dios
Es deleitable como el Corcho y el Cieno.
         He merecido en tres continentes la amistad de muchos devotos del Fénix; me consta que el secreto, al principio, les pareció baladí, penoso, vulgar y (lo que aún es más extraño) increíble. No se avenían a admitir que sus padres se hubieran rebajado a tales manejos. Lo raro es que el Secreto no se haya perdido hace tiempo; a despecho de las vicisitudes del orbe, a despecho de las guerras y de los éxodos, llega, tremendamente, a todos los fieles. Alguien no ha vacilado en afirmar que ya es instintivo.
¿¿¿¿Midachi va más lejos que este tocar de taquito el tocarse????? de tanto que nuestros ancestros le daban a la manuela como rengo a la muleta esa conducta se volvió congénita ¿no es comparable a decir que comer es cultural? nacionalistas de la trogloditez, sigan celebrando a Messi como si Borges  fuera alguien que en materia de elegancia, refinamiento, exelcitud y sutileza no le hace bien el orto a Máxima y al Papa
 

Cuando Claudio empezó a contarnos de las conferencias de Borges a las que asistió, los demás compañeritos me miraban diciendo "preferimos que nos hable del cáncer"
analizamos los snark mezcla de snail y de sharks, neologismo de Lewis Carrol, las palabras portmanteaux, y la opinión verdadera de Borges contra Joyce y las vanguardias, tan cercanas al fenómeno periodístico o a inventar la pólvora

La base de la paradoja wildeana está en algunas observaciones de Kundera, por ejemplo en sorprenderse de ver una foto de Hitler-porque simbolizaba su juventud-con nostalgia.

















La conciencia de la realidad de la muerte, que debería hacernos emular el espíritu que anima a la canción "Por cuatro días locos que vamos a vivir" suele pulsar nuestros botones más adustos, en una paradoja no prevista por Wilde y sí mencionada por Borges al pasar ("tanta soberbia el hombre y solo sirve para juntar moscas"). Está íntimamente enraizada a nuestra instintiva negativa a vernos arrojados a la filosofía de "EL NO YA LO TENÉS": cuando Scarlett Johansson, por así decirlo, nos mira sugerente lo último que pensamos es que ya nos ha rechazado y que a partir de ahora todo lo que ganemos de interacción supera a lo que teníamos antes. Freud habla de una roca viva del incociente, una capa geológica impenetrable digamos que no cree sino en su inmortalidad (Freud no solo era lamarkiano como Borges en su idea de que podemos adquirir conductas instintivas de tanto ejercitarlas, sino que en varios escritos sugirió que tal vez algún día se encuentre una cura para la muerte). Si nos dicen que tenemos cáncer preparamos la muerte de una parte de nosotros, no podemos aceptar en lo más recóndito la extinción completa
. Occidente niega cartesiana o platónicamente la muerte, Oriente con la estrategia de aceptarla reduciéndola al absurdo, todo es muerte, decir estas palabras es dejarse violar por la fugacidad, el instante de la fecundación ya es muerte, para los felices budistas, Cristina Fernández de Kirchner es una ilusión de los sentidos  







Lo más importante para desacartonar nuestros dolores que pueden estar basados en monstruos de cartón pintado es reconectarnos con aquella vanidad cosquillosa que nos devuelve la identidad jueguetona: hablamos de vanidades, de la de Wilde con selfconfident autodisfrute (nada saborea quien no se saborea a sí mismo es el lema de Giacomo Casanova); de cómo en Inglaterra todos fingen modestia y este irlandés fingió megalómana autoimportancia orgásmica (hasta que la obtuvo y ya no tuvo que simular). De cómo en Buenos Aires, rodeado de arrogantes Borges fingió modestia con una exageración irónica. De la vanidad de George Bernard Shaw, el personaje impertinente que emuló Groucho Marx sin el menor interés por recordarle al público injusticia social alguna: Borges y Shaw con peso y Wilde y Groucho con levedad en el subeybaja de la metafórica pedorra... 


La ironía gruesa de correr en cinta y la oposición divertida de "Mi pueblo" de Chamico donde la fiesta a beneficio del Hospital careció de éxito y los enfermos quedaron debiendo plata.
No hubo todavía alumnos que escribieran la consigna de que Clarín festeje como modo de acentuar la protesta que el aumento en el índice de robos haya esta vez abarcado Tucumán ni tampoco se animaron a escribir acerca de la subasta de los excrementos de Francisco I (si decíamos orina podía ser tomado en serio, hay club de bebedores de meo) ¿qué teníamos que decir, vómito de John Lennon?


Ezequiel Angio se basó en una consigna en la que pedí que dramaticen una espera banal como por ejemplo la de las papas fritas en un restaurante y escribió algo que cuando nos metimos en la cocina de su producciòn escrituraria resultó ser su salida del closet de su condición de chef, algo que alimentó nuestro deseo de que pague las fotocopias en especies con especias: 
 La comanda pide una porción de papas a la provenzal y sobrevie-ne la tragedia.
Hoy llegué tarde y todavía no hay noticias de mi ayudante. Revi-so las heladeras; parece ser que la noche anterior los cagaron a palos, como decimos en la jerga, y hay muchos faltantes. Me pongo a hacer la producción a cuatro manos, las mías y la del bachero, que me ayuda en lo que puede. Pero paso por alto las papas. La bandeja está vacía, apenas si queda un poco de agua, en donde las mantenemos. Subo a la despensa en busca del preciado tubérculo. Parece que también se olvidaron de hacer el pedido de verdulería. Encuentro una, de tamaño razonable para que pueda salir una porción de ella. Bajo y al entrar en la cocina me sobresal-to. Si bien el jefe de cocina del turno mañana soy yo, hace tres días que ingresé en este restaurante y nunca vi ni me explicaron cómo sirven las papas a la provenzal.
Calibro todas mis neuronas para que realicen la sinapsis correcta y así poder recordar los diferentes cortes de papa que conozco. Aparecen en mi mente las paiille, fondantes, allumettes, maxime, château, mignon-nettes, rissolées, nature, frites, Parmentier, olivettes y Pont-Neuf. Me decido por las olivettes, que tienen forma de pelota de rugby, pero del tamaño de una de ping pong. Así le doy un toque de distinción a este plato, que de tan simple, parece una burla. Dentro de una vinagrera vacía encuentro el pela papas. Revivo, en este momento, mi curso con el chef Maurice Perdigon, que había trabajado en Les Tablettes, uno de los más afamados restaurantes parisinos. Su lección “La versatilidad de la papa” fue un satori para mí. Algo así como el 60. No, no la línea de colectivo, el número 60. “La divisibilidad del 60”. Es formidable. O sea, si a esta papa la convierto en un 60, tengo 11 posibilidades de cortarlas en formas iguales, ya que puedo dividirla en 2, 3, 4, 5, 6, 8, 12, 15, 20, 30 y 60 fragmentos magníficamente simétricos.
Empiezo a pelar pero recuerdo que olvidé prender la freidora. Busco el mechero que está dentro del envase de alcohol al mismo tiempo que el bachero que alcanza el encendedor. Hago girar la rueda pero no sale llama alguna. Después de varios intentos, logro encender el meche-ro. Presiono la perilla de la freidora y la giro hasta que el contador llega a 170°. Voy a tener que dejarla un par de minutos hasta que caliente bien, así que tengo tiempo suficiente para pelar la papa. Una papa, que bien mirada, así, con tierra y todo, se asemeja bastante al cenicero que me regaló mi mamá cuando viajó a Madagascar. Me dijo que allá casi ni fumaban, que prácticamente no conocían lo que era el tabaco, pero ella pidió a unos nativos que lo moldearan especialmente para mí, que tam-poco fumo. Con precisas instrucciones se hizo entender: “Hagan un cu-bo, redondeen los bordes de la parte de arriba, hagan un hoyo en el cen-tro y, después, unas canaletitas diagonales en cada esquina”. Un joven de la tribu Mahafaly opinó que si redondeaban una parte, la existencia de esquinas quedaría explícitamente invalidada. Entonces se oyó al más anciano del grupo: “Hacé la cancha de San Lorenzo y listo”. Mi mamá asintió con la cabeza.
Aunque los más puritanos digan que sí, yo estoy en contra de la-var antes de pelar (a no ser que las cocine con cáscara), ya que es un do-ble trabajo. Y como esta papa ya está pelada, ahora la lavo. Con agua caliente, eso sí, porque este 18 de julio me está congelando los huesos. 18 de julio, una hermosa avenida montevideana. Sí habré caminado por ahí, tomando mate con la hermosa Luz Recalde, quien me explicó que el choto era el intestino de algunos animales y a la parrilla es espectacular, y no lo que durante tantos años yo había creído.
Veo el color del aceite. Está un poco más oscuro, por lo tanto, es tiempo de poner la papa. Pero antes debo darle forma. Con manos de prestidigitador, corto, trozo, torneo. Et voilà! Seis admirables papas oli-vettes. Noto al bachero un poco impaciente; seguro querrá ver el plato terminado ya, asombrado con mi formidable concepción de las papas a la provenzal.
Retiro el canasto de la freidora, pongo los seis trozos y al aceite. Pocas cosas hay comparables al ruido que hace un alimento cuando es sumergido en las extrañas profundidades del aceite hirviendo. Es casi tan maravilloso como hablar frente a un ventilador.
Ahora es el turno de la provenzal. Busco en una heladera. Busco en otra. Y en otra. Me parece que no hay. Le pregunto al bachero. Me dice que busque bien. Lo miro con cierto disgusto, pero le hago caso. Así
y todo, no logro encontrarla. Vuelvo a subir la escalera que da a la des-pensa, escalón por escalón, no sea cosa que saltee alguno y me desgarre. Me paro en el medio, entre cajones de cervezas y botellas de vino. Miro en rededor, concentrado. Tratando de vislumbrar algo verde. Tengo la sensación de estar olvidándome algo. Entonces la veo. Una ristra de ajos, colgando de un gancho en la pared que está a mi izquierda. Necesito el perejil. Corro latas de tomates, de arvejas, palmitos, pepinos en vinagre. No hay perejil. Oigo mi nombre, lejano. Lo asimilo. Sí, me están llaman-do desde abajo. Me deslizo por la escalera con movimientos dignos de Rudolf Nureyev. Es el bachero, avisándome que el pedido de verdulería llegó. Controlo todo, como responsable de la cocina de un respetado res-taurante de Palermo. Sé que debo hacerlo con la mayor paciencia posible, porque es bastante común que algo falte. Tacho de la lista cebollas, pa-pas, zanahorias, berenjenas, zucchinis, eneldo, albahaca, bananas, duraz-nos, frutillas. Pero me falta tachar algo. Pregunto qué pasó con el perejil. La respuesta es contundente y me llega como un jab a la mandíbula: “No lo traje”. Algo aturdido, alcanzo a decir “¿Por qué?” y la contestación ahora es un cross en el pómulo derecho: “Porque no tengo”. Me tamba-leo, pero logro reponerme. Le digo al encargado que me dé plata para ir hasta el chino de la esquina a comprar perejil. Me dice que no es necesa-ria la plata, que me lo regalan. Le contesto que eso era en otras épocas. Él se niega, entonces tanteo mi bolsillo trasero del pantalón. Salgo del restaurante con paso de murga. Llego cantando una canción de Pablo Milanés, me saco el gorro, en señal de cortesía y pido un paquete de pe-rejil. El chino me da romero. “No, boludo”. “Boludo no tengo” me dice en un afeminado mandarín del interior. Manoteo el perejil, le doy cinco pesos y salgo oliendo el petroselinum crispum. Entro en el restaurante, el encargado me mira y hace un gesto con la cabeza, quizás de aprobación, quizás porque es epiléptico. El bachero no está, debe estar guardando las cosas arriba. Saco hora por hoja. Las paso por agua. El bachero vuelve y se dispone a lavar tazas de café amontonadas. Le comento que el perejil es asombroso: “Es un fractal, una sucesión geométrica fragmentada, que va aumentando, invariablemente, en patrones exactamente iguales. Como el Conjunto de Mandelbrot o las pinturas de Jackson Pollock”. Me con-testa que el único conjunto que conoce son los Stones y que de pintores, solo se acuerda del que pinta con Techesco. Agarro la piedra, la mojo, porque es muy importante cortar las hojas verdes con la cuchilla afilada, si no, se arruinan. Afilo la cuchilla, con agua fría, por supuesto, aunque me cale en lo más hondo de mis francas falanges. Dispongo el perejil en la tabla y las corto hacia atrás, de manera que no se desgarren las hojas, en el corte conocido como chiffonade. Luego, lo doy vuelta y pico todo. Rescato el ajo que tenía guardado en el bolsillo del delantal. Está algo cansadito, a decir verdad, pero zafa. Con dos dientes es más que suficien-te. Los aplasto, para poder pelarlos fácilmente, les quito el brote del cen-tro para que no caiga mal y los pico. Cuchilla en posición paralela, cuchi-lla en posición perpendicular. Veo de reojo al bachero; mueve la cabeza y los brazos. “Debe ser el hermano del encargado”, pienso, “está tenien-do otro ataque epiléptico”. El “Che, cabeza de termo, la freidora” me atemoriza, pues comprendo que mi olvido puede resultar catastrófico. Pero no. Saco el canasto y veo las papas. Al ser un poco gruesas y al no haberlas marcado antes, están en su punto justo. Las dejo que larguen el aceite sobrante. Recojo el ajo y el perejil con la cuchilla, agarrándolos con la otra mano. Las pongo en un bol y le hecho aceite de oilva. No es uno de Andalucía, pero va bien. Andalucía… Canturreo “Andaluces de Jaén, aceituneros altivos, decidme en el alma, quién, quién levantó los olivos”. El bachero se da vuelta y me lanza una mirada furiosa. “Andalu-ces de Jaén, papá. Poema de Miguel Hernández, cantado por Paco Ibá-ñez”. Me dice que de Hernández solo conoce la estación de subte de la línea D y que de Pacos solo conoce a Paco Gerte. No le doy importancia. Termino la provenzal. Agarro una fuente y vuelco las papas. Por encima, vierto la salsa. Antes de hacer sonar la campana para que el mozo lleve el plato, lo miro. Lo vislumbro. Tan sorprendido estoy que hasta me caen algunas lágrimas. Entra el mozo. “¿Qué es esto” me dice. “Las papas a la provenzal que ordenaron”, contesto orgulloso y señalo la excelsa obra de arte. “Te las pedí hace cuarenta minutos. El tipo se calentó y se fue a la mierda” me responde.
Me derrumbo. Todo mi esfuerzo tirado por la borda. Es injusto, siempre pasa lo mismo. La gente quiere todo a las apuradas, todo ya. Me
desabrocho el delantal, me saco el gorro. A veces no me dan ganas de seguir. “Pasame una, a ver qué onda”. Sin mirarlo, agarro una papa y se la doy al bachero. “Che, está buenísima, eh”, me dice entre mordiscos.
El tronar de la máquina de comandas me saca de la zozobra. La miro. “Goulash” digo en suspiro. “¡Ja! Andá matando el cordero” me dice el bachero.
Son las 12 del mediodía, abre la cocina. No hay casi nada de pro-ducción hecha. Me resigno y que salga lo que salga. Después de todo, lacocina es una papa

los jugadores de Independiente aconsejados por su psicopedagoga accedieron a perder nuevamente porque si ganaban despuès de que los apretó la barra brava amenazándolos con colgarlos de los testículos estarían dando un mensaje equivocado a los jóvenes respecto de ceder a las intimaciones y claudicar  ahora la pregunta es no solo si el rojo segurirá en la a, sino si se puede considerar al rojo todavía como color primario
                               paranomasia, nomás: ¿qué mascotas conviene tener los que no mascotimos vidrio?
 



Oh vosotros que nos llorais
 No os dejeis abatir por el dolor
Mirad la vida que comienza 
Y no la que ha concluído
San Agustín
¿usted padece de las exageraciones? la hipérbole es un mal que afecta a más del 800 por ciento de los jovencísimos de modo superlativo, megaultratotal: cuesta detectarla porque ya no hay un marco de referencia inamovible, la caída de las certezas decimonónicas hace que si yo como tres platos no se sepa necesariamente si está mal porque ya no está escrito en ningún lado cuánto es lo universalmente y hasta etnocéntricamente correcto...el período helénico (el nacimiento de mi hija Helena) habrá de comenzar alrededor del 28 de julio (que le llega el desalojo) inserta en plena posmodernidad que es la era que al decir de Bosie, no osa decir su nombre (vos, sí): solo sabemos que venimos después de la modernidad, por eso somos, como carnavalescamente se estila decir:  pomodernos,  

Autobiografía de Gastón (le decimos tón pa' ahorrar gas): 
Casi todos nacen de burra, o sea de ocote, de culo, de pedo, de orto. Yo no, lo mío fue premeditado, muy premeditado. Lo medité y nací con un poco de retraso. Debería haberlo hecho hace unos cuatro mil años, siglo más o menos, pero perdí un poco de tiempo, decidiendo en qué galaxia caer. Al final, cuando se me vencía el plazo, opté de apuro por esta, y aparecí en mil novecientos setenta y dos, en un país nuevo, eternamente convulsionado y gracioso llamado Argentina. Entre paréntesis, pido disculpas por mi ignorancia ¿pero de dónde viene la relación del culo con la suerte? Lo primero que se me ocurre es, que un culo se consigue de suerte. Che, qué afortunado, mirá el culo que te conseguiste para mañana.
A pesar de mi claro problema de indecisión anterior, me aseguraron que entonces, justo al nacer, las cosas podrían haberse acomodado, y hubiera podido convertirme tranquilamente en un ser humano seguro, sonriente, duro, feliz con mis pectorales, un Menem, un Obama, un Mirtho Legrand. Pero no fue así, más bien todo lo contrario. Mi problema se agravó, hasta que me convertí en el tipo más indeciso del mundo, o de mi cuadra, o del país, o de la ciudad, no sé realmente. Tampoco sé si esto se debió a las características del extraño país, o al mejunje identitario al que me sometieron. Soy argentino, pero tengo sangre guaraní. De mis ocho abuelos, siete son gallegos, y tengo el pasaporte italiano, porque el hombre que adoptó a mi viejo era yugoslavo, o croata. Y creo que en realidad me gustaría ser brasilero.
Mis padres se separaron cuando yo era muy chico, y ahí, con la insoportable disyuntiva de si tenía que ser más como mi padre, o si tenía que ser más como mi madre, mi problema encontró el cauce intrincado que necesitaba para desarrollarse. E inicié mi abnegado camino por la primera de las divertidas y eternas falsas dicotomías de efecto paralizante.
Durante la infancia, cuando las cosas no dependían de mí, más o menos me fueron sacando adelante. Pero cuando crecí un poco, y llegó la hora de empezar a tomar decisiones, pasó lo que pasó en la heladera cuando me mudé de Buenos Aires a Barcelona sin previo aviso: se pudrió todo.
Primero fueron las mujeres. Me enamoré de mi novia de la secundaria, pero ella ya había besado antes a otro. Entonces ¿tenía que seguir con ella o no? ¿podía soportarlo? No lo sabía che, la puta madre. Y así se repitió el esquema, con mi siguientes diez novias. ¿Tengo que seguir con ella? Me gusta, pero no es intelectual. Con esta cojo bien, pero ¿no está loca?, con esta me divierto, ¿pero no falta un poco de pasión?. ¿No es muy chiquita esta? ¿No es muy pobre? ¿No es muy extranjera? ¿ ¿No
es muy vieja? ¿No es acaso una perra esta? ¿No la acabo de pasar a buscar por la veterinaria? ¿No acabo de tener que levantar lo que hizo con la palita?
Estudiando, fue todo muy parecido. ¿Qué estudiar? ¡Qué se yo! Empecé sociología, y después me cambié, pero no sabía a qué, así que hice más materias del CBC, por las dudas. Al final, me anoté en la más ecléctica, diversa e intrascendente de todas las carreras que encontré: Comunicación.
Como un efecto más o menos directo de las recurrentes caídas en los agujeros negros de las falsas dicotomías, siempre me dejé llevar por la inercia y por la postergación. Así, fui navegando por la carrera hasta que la terminé luego de trece años, sin antes sufrir varios años por deber la “tesina”, verdadero parte aguas académico.
Lo mismo con el trabajo. Cinco años de encuestador, otros cinco de corrector, los últimos diez de estafador. ¿Y para qué? Tanta guita, guita, guita, todo el tiempo ganando dinero y más dinero, ya estoy harto de ganar tanto dinero. ¿Para qué realmente, me pregunto? Siempre lo mismo, siempre la inercia.
Pero bueno, por suerte todo esto ya va quedando en el pasado, asumí todo, cambié, elaboré. Aunque en realidad, en el fondo, no sé, no sé.
Para la próxima ya quedó anunciada la presentación de Terry Pratchett (a cargo de Sebastiàn Gioseffi), la del humor en Cortázar (a cargo de Cecilia Simeoni) y se propuso posponer la clase para asistir a:  Presentación de "Situaciones berlinesas" (Cruce Casa Editora, 2013). Zelik en diálogo con Ariel Magnus, en el Bar Varela Varelita (Scalabrini Ortiz esquina Paraguay); MARTES 30 DE ABRIL, 19.30 HS.. Entrada libre" Gastón nos leyó una exégesis nada piadosa de uan canción de Valeria Lynch cumpliendo con la premisa de escapar de nuestra imperiosa tendencia a hacer sentido, hallar regularidad, engarzar con arietes y bisagras significativas los chistes: sin un solo nexo, exaltando la pureza de la arbitrariedad, consigió una pieza magistral en el terreno de la anatemizadora diatriba apodíptica atrabiliaria como brulote que te la voglio dire...La Presidenta confirmó que tiene la re-fantasía de ser rereelecta pero que es una fantasía y que como toda fantasía no está para ser cumplida Aleman Planet: sorpresiva fagocitación del Garza y el Real Mandril Partido Obrero: en base a la canción "No hay nada más difícil que vivir sin tí" que Marco Antonio Solís, el cantautor mexicano exitoso le compuso en la cárcel a su mujer después de haberla asesinado consideran que Mariano Ferreyra no tendrá justicia si le permiten a Peñaloza 18 años de inspiración en una celda Hablamos del método del Doctor Lozano para la corrección de postura peneana, gestos mediante al fisiología para escénicamente demostrar ser poseedor de un considerable bulto y de que cada libro debería venir con la cantidad de palabras que leyó su autor antes de escribirlo, cosa que no necesariamente haría que Borges superara a Gabriel Rolón, porque el uso quirúrjicamente certero no estaría ponderado...como consigna preparamos el stand up que se queja de las mochilas para colegiales, hay que elegir entre ser parapléjico o sordo con ese traca-traca...Puntualizamos la diferencia entre esa queja desternillante acerca de algo que no nos molestaba y nuestra ambición humorística: que no nos moleste lo que nos aqueja  
 

4 comentarios:

  1. Anónimo12:03 a.m.

    Que buenas fotos!!!! Asi que ya andas pateando la zona roja??? Era cuestion de tiempo nomas, tiempo que me imagino se acelero al tener mas bocas que alimentar... pero dejemos de lado mas chistes con esto de la boca, que ya se te deben estar ocurriendo varios mientras me lees. Ahora que lo pienso no sera que me mandas estas fotos a ver si me excita la fantasia de que seas una mujer? Bueno lo lograste, cuando venis? Creo que el vestido de leopardo es imponente pero te queda mejor la remerita gris. Te queda pintada sobre todo cuando hablas por telefono!

    Me alegra muchisimo verte bien! No tengo dudas de que estas viviendo un amor correspondido.

    Iba a escribirte un mail largo, pero la verdad es que seria mucho mejor si hablamos por skype! alla son 4 horas menos asi que tendria que ser algun dia antes de las 8 de la noche de alla. Cual es tu usuario asi te busco?

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  2. Anónimo3:30 p.m.


    Leí hasta la mitad. Lo de la demora de las papas. Pero ya veo que juntando tu experiencia con Marcelo Abadi, podés especializarte en tratamientos oncológicos exitosos.... y risueños.
    Estoy llegando tarde, porque me costaba dejar. Sigo más tarde
    Besos a Vero. Y palmaditas a las jirafas
    Irene

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  3. Anónimo3:30 p.m.


    Ahora sí, ya leí, y observo dos cosas. Que cada vez más gente usa el hechó, como derivado de echar. Ya son tantos que me rindo, como al tráfico hace unos años.
    Y otra, que no me queda claro si el 30 zafás porque te los llevás de excursión a lo de Ariel Magnus, o si da la clase tu amiga Cecilia Semioni (lo escrbí bien, lo chequeé 3 veces). En todo caso, todo buenísimo.
    Un beso enorme

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  4. Anónimo5:07 p.m.


    que tal profe
    te escribo desde roma
    espero tener un encuentro con pancho 1 y le voy a hablar sobre tu curso
    mitad de mayo llego a bs as
    y me comunico
    abrazo
    maurizio

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la peor opinión es el silencio, salvo...