lunes

A toda Cenicienta le llega su medianoche


La arquitectura de la trilogía "Antes del amanecer", "Antes del atardecer" y "Antes del anochecer" se merecía un alto en el camino para elevar el nivel melifluo o edulcorado
de sus diálogos...la tercera entrega, mundialmente elogiada, nos muestra un escenario liberado de la ambigüedad acaso demagógica de la incertidumbre del romance.
Años después de haber decidido vivir juntos, la pareja enfrenta la difícil circunstancia del desgaste por la convivencia, la dura tarea de criar a la distancia








y dejando en manos de una madre renuente al primogénito de él, en suma (en resta), se enfrenta a lo que se da en llamar la vida real.
El espectacular marco de Grecia como fondo, que finalmente prefirió como locación para ambientarla después de Viena y París, Richard Linklater  por sobre España, no solo otorga una nítida luminosidad poética, sino que inevitablemente conduce a la inclusión de personajes que filosofan, no académicamente, sino de modo coloquial, como todos nosotros en un velorio, echando mano de frases hechas, pero que al ser extranjeras parecen refrescantemente novedosas.
No a la postre en un sentido culinario, sino en el de la consistencia y solidez de un recubrimiento macizo es que podemos considerar hecha de "cerecita" a esta tercera parte. 
Elogiar la actuación siempre consiste en mensurar cuánto se alejó de sí mismo o de su último papel una estrella. Así, si el Rabino Bergman actúa de estrella de heavy metal, lo consideramos un actor colosal, aunque su personaje nos repugne. Aquí se da otra cosa: Ethan Hawke no solo hace bastante de sí mismo, sino que coescribió con Julie Delpy




y sus líneas  y la belleza de su actuación consiste en lo interesante que resulta su personaje, a pesar de que él sea una persona interesante.
Ella a su vez remeda un discurso feminista que en Francia equivale a lo que en Argentina sería la sensibilidad social. Verla en nuestro medio puede parecer menos hermoso. Para un machista argentino,  resulta difícil entender sino como tuertas las imputaciones militantes. Descubrir que ellas, en nombre de la emancipación, se oponen a que el padre pase alimentos parece una broma macabra a un argentino. Considerar que en una infidelidad a quien hay que asesinar no es al amante de la esposa, sino a la esposa misma, desterrando una cosificación que le niega su estatuto de sujeto, puede parecer otra ironía. 
La película no ahonda sobre la problemática de la guerra de los sexos más que para dar cuenta de la angustia de ella, en su subjetividad. Nadie podría seriamente considerar que las mujeres cuentan con la ventaja de no tener que compararse con ningún ser humano modelo salvo Juana de Arco. Nadie podría considerar seriamente que los hombres típicos que han llevado a descarriar el buen sentido del mundo son Bush y Eichmann, como asegura ella. Son síntomas de su malestar el que ella llegue a decir algo así.
A pesar de lo rígida que parece cada estigmatización referida a la naturaleza de los hombres, no  hay tanto determinismo biológico en las argumentaciones. Jessie se escuda en esa posibilidad, dice que por qué enojarse por el verdor del sapo si es que de veras no pueden ser de otro modo. Pero de ser biologicistas habría instinto maternal y no paternal y en este film se da al revés: ella declara no saber muy bien qué hacer con sus hermosas mellicitas y él no puede sentirse bien viviendo en otro país que en el de su primer hijo. 
Se podría objetar como en las telenovelas la explicitación inverosímil en los diálogos de lo que hicieron en los últimos años. No acostumbramos decir a nuestro cónyuge: "logré ascender a promotor de ventas de Herbalife desde que me mudé a Chicago a pesar del accidente cerebrovascular de mi tía abuela, pasame la sal". Pero el espectador se moría de ganas de saber qué hicieron sus amados Jessie y Celine y esto salva el artificio, permitiendo que nos entreguemos y lo disfrutemos.
El final, que por supuesto no podemos revelar, nos muestra un acto de creatividad


por parte del escritor para atemperar la amargura de ella, por las faltas de atenciones prodigadas durante los últimos años de su matrimonio.
Escribe una carta desde el futuro describiendo el presente, algo que nos desarma y además nos proyecta con una esperanza tierna a un porvenir más equilibrado. En una descripción de la posguerra George Orwell muestra cómo un sobreviviente a un campo de concentración le pega una patada a un nazi y en esa sola patada cifra su apretada venganza, quedando libre desde entonces de rencores y pesadillas. ¿Por qué no suponer entonces que una neglected wife olvide toda la tenebrosa elucubración de descalificaciones al recibir un ramito de violetas?
El erotismo juega un papel preponderante como en las anteriores: aquí es el erotismo consumado y decepcionante, pero también la apertura al juego de remodelar la práctica.

Ella se queja de la superficialidad de él  con una no menos superficial parodia de una admiradora descerebrada. Sabe con el corazón que estupidizarse y enamorarse son sinónimos. Su feminismo está en contra de la facilidad que tiene el hombre de mirar con interés sexual a otras mujeres, pero ella le pregunta si él querría yacer con ella en caso de conocerla hoy. Sabe que ser reducida a objeto es el ideal si se da en el marco de la pareja. 
Se recurre al recuerdo del mito de origen, aquella leyenda que construye cada pareja para rememorar magnificadoramente cómo se conoció.
Chesterton considera que el secreto de amar consiste en ver algo tomando en consideración que lo podríamos perder. El modo de generar admiración, gratitud y amor de esta pareja es recordar que se podrían haber perdido antes de encontrarse.
Esta película puede ser menos reanimante que la primera, puede parecer un programa de radio o una obra de teatro, puede molestar por la irreflexiva proliferación de clishés expresivos en el inglés original, puede parecer que no refleja el hastío de una pareja, sino el de los autores de la historia. 
Pero tenemos que amarla como a las anteriores: podría no haber sido filmada jamás... 

2 comentarios:

  1. Anónimo8:20 p.m.

    Muy bueno!
    Arq. Gustavo Nielsen

    ResponderEliminar
  2. Anónimo2:37 p.m.

    καλός δάσκαλος πρωί

    Van mis humildes opiniones agregadas

    1) Podriamos decir que la peli es un curro, o una obra de teatro con decorado griego atras. Un curro por la economia de actores y hasta de argumento. Pero es una nadez agradable, pese a su superficialidad. Notoria la primera escena, de una unica secuencia de 20 minutos de los 2 hablando en el auto las mismas intrascendentalidades que hace uno con su conyuge, y (creo) con el auto andando de verdad. Como la secuencia era unica con unica camara, supongo que ante cada error o tentada tendrian que empezar la escena de cero, y presupongo que asi llegaron carreteando desde Maraton a Madrid, otra que Filipides.

    2) La pelicula inspiró una secuencia de codazos con mi compañera, para insinuar "asi sos vos, vos haces lo mismo".
    Ella, se comporta como una verdadera ella. Ya en tetas, en un iniciado encuentro memorable en un hotel en un pais distinto, no hace mas que estropear el momento con planteos repetidos y arcaicos. Todo buen varon, plantearia todos sus dilemas y traumas "despues de", porque nunca puede ni podra haber algo mas importante que un tiroteo, aunque sea con la misma de los ultimos 9 años.

    Ella le cuestiona su rutinariedad de "kiss,tet,cachu" que vendria a ser algo asi como objetar de poner el queso rallado a los fideos. ¿Para que habria que innovar sobre lo inmejorable? ¿Porque nos tildan de rutinarios cuando ella se jactarian de metodicas y fieles a su estilo y sus principios?.

    Yo soy fana de las peliculas realistas, y me he solazado con todo el neorrealismo italiano de Fellini, Gassman y cia. Pero me hartó que el chabon estuviera 20 minutos con la camisa afuera del pantalon. Me hace acordar a los Gran Hermano que fingian naturalidad tirandose pedos como si la camara no existiera, algo imposible de soslayar.

    Como decia Socrates: Por lo menos, asi lo veo yo.

    ResponderEliminar

la peor opinión es el silencio, salvo...