martes

Los sin luz





Si usted va a visitar Buenos Aires en 2014 se va encontrar con una situación muy particular. Si bien esta tierra es famosa por sus ricas carnes,  su música de tristes letras y sensuales bailes, en la actualidad, la oscuridad en la que se vive merece que arrojemos alguna luz. Todo comenzó con los cortes de suministro eléctrico a unas 50.000 personas aparentemente damnificadas por azar. Tras varios días sin luz, días que coincidieron con una ola de calor sin precedentes, muchos perjudicados optaron por una modalidad de protesta bendecida por el gobierno: quemar gomas e interrumpir la circulación del tránsito, haciendo sonar ollas o cacerolas. A mediados de enero, un ignoto técnico de juntas espiraladas con roldanas de 20mm comenzó a cobrar importancia con sus graves denuncias de que el gobierno y las empresas abastecedoras de electricidad estaban conspirando en un maquinación nada aleatoria. De formación marxista y con tan solo cincuenta y tres años, este líder natural de los denominados “los sin luz”, se convirtió en una fuente de consulta permanente para los medios de comunicación. Al principio, como personaje extravagante y exótico. Los primeros reportajes eran acompañados por entrevistas a sus familiares que contaban anécdotas de la depresión que sufrió Augusto Ramirez, tal el nombre del “abanderado de los enérgicos sin energía eléctrica”, después de separarse de Carla Tina Pereyra, la noviecita de su infancia. Poco a poco se vio en él la pasta de un futuro candidato a presidente y se dejaron de lado aspectos que desdoraban su prestigio, tales como que está medicado y que odia a los niños pero vive en un monoambiente con veintisiete canarios Roller. Así, gracias a diarios opositores y la indignación ciudadana, se fue agigantando su figura a fuerza de marchas con velas y modalidades de protesta que las malas lenguas aseguraban eran funcionales al gobierno. La peregrina teoría que enarboló para disuadir de cacerolear fue asegurar que la SIDE había creado una misteriosa modalidad de generadores de energía eléctrica que aprovechaban la fuerza de los que percutían el teflón o el aluminio. A quien esto lee le resultará hasta gracioso que haya sido verosímil para la población un dislate de este calibre pero en circunstancias de opresión y confusión las explicaciones confabulatorias declaradas como una certeza inamovible suelen tener éxito. Lo cierto es que poco a poco el ramirismo se fue convenciendo de que las personas que tenían luz actuaban en connivencia con las autoridades. La virulencia de los damnificados obligó, por temor, a que muchas personas que tenían luz empezaran a simular carecer de electricidad. Esta es la razón por la cual al arribar un avión a Buenos Aires se ven menos luces que si aterrizara en Curuzú Cuatiá. Es muy común ver a un argentino jugando a la Play a la luz de las velas o un rincón de la casa emitiendo aire frío, lo cual se "explica" debido al magnetismo de los polos. Dado que un sector poderoso de la población ya no puede consumir ni leche, ni gaseosas heladas, estos productos se venden en el mercado negro en comercios que oficialmente despachan productos que no requieren electricidad. Comprar leche en una ferretería puede ser una experiencia interesante para el turista siempre que no se deje engañar por los aprovechadores de siempre: en primer lugar nunca acepte como vuelto un billete de veinticinco pesos, ni se deje intimidar por el mito de que la divisa que ostenta el número cien en la actualidad cotiza a ochenta y seis. El turista se encontrará con noventa y tres cotizaciones diferentes para sus dólares, por ejemplo el dólar proveniente del sudeste, de las seis de la tarde, visto de perfil, pero para eso no podemos brindarle mucha ayuda. Continuamente cambia el valor de estos billetes y lo ideal es cambiarlos por un illuminati, billete que brilla en la oscuridad y se consigue a unos ciento veintitres dólares, al cierre de esta edición. Este año, pese a las dificultades arriba mencionadas (inflación, falta de luz, ola de calor, simulación de falta de luz) los turistas podrán gozar de la ciudad y de la amigable conversación de sus habitantes siempre y cuando se refieran a Messi o algo relacionado con el Mundial. No olvide saludar a los porteños con un beso en la mejilla, recuerde que el mayor elogio para una belleza argentina es decirle que está flaca y confíe en que la bendita tierra de la que emergió el actual Papa no va a tardar en volver a ver la luz.

4 comentarios:

  1. Anónimo4:54 p.m.

    reminiscencias Orwellianasesto



    el dólar de las seis de la tarde visto de perfil
    es Borges puro, no?



    Los consejos finales, la moneda “iluminati”, y el principio, como refiriéndose a un pueblo antropológico (veo ecos de Borges o soy moi?).



    Ojalá consigas canalizar tus ansias literarias, you deserve it. Te escribe alguien que jamás pudo hacer ficción.

    Ignacio.

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  2. Anónimo4:55 p.m.

    Espectacular texto.
    Ulrike Wahl

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  3. Anónimo4:55 p.m.

    está buenísimo

    maría josé labandeira

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  4. Anónimo5:07 p.m.

    Jorgelina Simoniello · Amigos de Maria Jose Labandeira
    Excelente, ami! Me lo llevo prestado! Besos
    4 de enero a la(s) 10:51 a través de celular · Me gusta

    Andrea Schwartz Lloro.
    4 de enero a la(s) 10:59 a través de celular · Me gusta

    Lü Mess "Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio... " . Sin desperdicios!
    4 de enero a la(s) 14:25 a través de celular · Me gusta

    Patricia Algros es lamentable debería hacerse cargo alguien
    4 de enero a la(s) 20:00 · Me gusta

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la peor opinión es el silencio, salvo...