martes

Un socialista en el Kinder

Es más fácil convencer a la mayoría de la gente de la necesidad de permitir que sus hijos corran riesgos físicos que inducirla a que les deje correr riesgos morales. Recuerdo a una parienta mía que, cuando yo era niño y no estaba habituado a los caballos y les temía mucho, insistía en hacerme montar a un petiso bastante salvaje, poniéndome unas pequeñas espuelas (sabiendo que, cuando yo estuviese nervioso, las usaría inconscientemente), y se divertía muchísimo al ver mi terror. Pero cuando esa misma dama descubrió que yo había encontrado un ejemplar de LAS MIL Y UNA NOCHES y lo leía con avidez, se mostró horrorizada y lo ocultó por temor a que me destrozara el alma, así como el petiso habría podido destrozarme el cuello. Esta manera de crear cuerpos robustos y almas tímidas es tan común en las casas de campo que uno puede pasarse allí horas enteras escuchando relatos sobre clavículas, espaldas y cuellos rotos, sin encontrar una sola aventura espiritual o un pensamiento audaz.
Pero sean morales o físicos los riesgos a que nos expone la libertad, nuestro derecho a ella implica el derecho a correrlos. Un hombre que no está en libertad de arriesgar su cuello como aviador o su alma como hereje dista de ser libre; y el derecho a la libertad no empieza a la edad de 21 años, sino a la edad de 21 segundos. (....)
La docilidad puede sobrevivir como un hábito perezoso mucho después de haber dejado de ser un hábito beneficioso. Si tomamos a un niño cuando es lo bastante joven para ser instintivamente dócil y lo conservamos en un estado de incesante tutela bajo la férula de la niñera, la institutriz, la escuela preparatoria, la secundaria y la universidad, hasta que se convierte en adulto, lo trasformaremos no en un ser humano confiado de sí mismo, libre, plenamente maduro, sino en un colegial crecido, incapaz de hacer algo original o de obrar con independencia, salvo estallidos de perversidad en las mujeres y de bribonería en los varones. Esto es lo que obtenemos actualmente en nuestras clases ricas y por lo tanto gobernantes: pasan de la juventud a la senilidad sin rozar jamás la madurez, salvo en el cuerpo. Las clases que no pueden permitirse esta sostenida tutela confían mucho más en sí mismas y son más adultas: un ordenanza de oficina de quince años es a menudo más hombre hecho que un estudiante universitario de veinte.
Por desgracia esta precocidad es mutilada por la pobreza, la ignorancia, la mezquindad y una repulsiva capacidad de vivir sin arte o amor o belleza y enorgullecerse de eso. Los pobres nunca se salvan de la servidumbre: su docilidad es conservada por su esclavitud. Y así, todos ellos se convierten en presa de los voraces, los egoístas, los dominadores, los inescrupulosos, los rapaces. Si de vez en cuando un individuo se niega a ser dócil, diez personas dóciles lo golpearán o lo encerrarán o lo matarán a tiros o lo ahorcarán, a incitación de sus opresores y de sí mismos. El quid de toda la dificultad con respecto a los padres, los maestros, los sacerdotes, los monarcas absolutos y los déspotas de toda clase, es la tendencia a abusar de la docilidad natural. Una nación debe ser siempre naturalmente rebelde; pero resta aún encontrar a gobernantes que se causen dificultades a sí mismos cultivando esa faceta del espíritu nacional (...)
Unos preceptos tan poco amables como
Siempre debes contradecir una afirmación hecha con autoridad, Devuelve siempre un golpe, Nunca pierdas la oportunidad de librar una buena lucha, Cuando alguien te censure por un error, pregúntale si cree que lo has hecho deliberadamente, y dale luego un golpe o insúltalo o exprésale en alguna otra forma tu inconfundible resentimiento, Recuerda que el progreso del mundo depende de que sepas más que tus mayores, son más importantes que el Sermón de la Montaña; pero nadie los ha escrito aún con letras de oro en un aula escolar o un cuarto de niños.
(“Tratado sobre los padres y los hijos” en el prólogo a “Matrimonio desigual”, George Bernard Shaw, 1910)

7 comentarios:

  1. Anónimo12:20 a.m.

    Me encanta lo dulce que sos con tus hijos.
    Tus cosa bien, qué suerte!
    beso
    Marta Souto

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  2. Anónimo12:21 a.m.

    Genial!!! lo que necesitaba leer hoy!!! gracias

    Natalia Sereno

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  3. Anónimo12:22 a.m.

    Muy bueno lo que escribiste solo me parece que no son riesgos morales sino intelectuales.
    Miguel Pesce

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  4. Anónimo12:23 a.m.

    lindos los tres

    Patricia Algros

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  5. Anónimo12:25 a.m.

    Tan bueno pero tan bueno... y también tan familiar...
    ya me parecía que no era tuyo JAJAJAJJAJA

    José Luis Rapalo

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  6. Anónimo12:26 a.m.

    Hermosa foto. Hermosos los tres. Y tienen luz!!!!
    Irene

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  7. Anónimo12:26 a.m.

    Muy bueno, muy bueno!
    Federico Spiner

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la peor opinión es el silencio, salvo...