jueves

Mirar al futuro sin dejar de mirar el asado...

Hace algunos años, empecé a practicar un arte marcial que se denomina "AI-KI-DO", que significa, según me explicaron "el arte o camino de conducir o dirigir la energía con armonía o equilibrio". Su supuesto es que toda violencia es una pérdida de conexión con los sanos movimientos del orden que nos trajo a la vida y nos mantiene así. Toda atacante es, no digamos visto como un enfermo, pero sí como un filosóficamente equivocado. No se medicaliza al agresor, pero sí se lo epistomhologa o metafisiquiza, se lo trata con cierto paternal desdén: se toma su energía y se la reconduce mediante técnicas tomadas del ju-jitzu y palancas y llaves en absoluto anodinas (la eficacia de estas técnicas aparece en films de Steven Seagal, que llegó a aprender en el legendario "Hombu Dojo" bajo la tutela del hijo del fundador del Aikido, al que cariñosamente llamamos O Sensei, gran maestro). Algunas de las ideas de este arte marcial son que no es en cierto sentido posible la competencia, uno necesita superarse a sí mismo y ningún fracaso ajeno altera las interiores derrotas o victorias: ningún defecto del enemigo me erige virtudes. El enemigo es uno mismo. 
Una famosa anécdota nos cuenta que Jigoro Kano decidió averiguar que era este arte marcial "el kung-fú de la mente", que se parecía al creado por él, el Judo, en más de un aspecto (por ejemplo la distancia: un karateka solo es eficaz a la distancia tradicional japonesa de la cortesía, a tiro de piedra, mientras que el aikidoka y el judoka es más querendón y latino, invaden el territorio de nuestra corporalidad, casi en un abrazo). Morihei Ueshiba le pidió que lo atacara como le placiera y dice Kano que terminó en el suelo sin saber qué diantres sucedió y que para colmo el maestro ni se dignó a mirarlo. Ueshiba explicó que no era una alacranada porteña, jactancioso jueguito para la tribuna eso de no enfrentar ojo por ojo su mirada, sino parte esencial de la técnica, no fijar la vista, mantener la atención flotante, la visión periférica, los ojos relajados registrando todo el derredor.
En esa anécdota veo muchas cosas que me encantan: me remite a mis lecturas infantiles de cuando Arsenio Lupin se escapa de la prisión de la Santé "dándose el lujo" de anunciarlo, cuando en realidad, sin establecer esa profecía, su disfraz para simular ya no estar allí hubiera sido desenmascarado. Hoy veo otras facetas también: el gran Kano atribuía una agresividad al Aikido que solo puede tener el desconocimiento. La mirada blanda, una predisposición para la paz, el pelo cano, todo esto viene a cuento porque practicando Aikido conocí a Martín, hijo de Graciela Fernández Meijide, quien conoció a mi prima, se casó con ella y tuvo a los hermosos Diego y Camila y ahora veo un reportaje a Graciela en el que el espíritu del Aikido parece resurgir.
Por supuesto, el Japón no se interesó nunca por una revolución en pro de la equidad y los sombríos temas de los que aquí se habla no tienen una vinculación muy directa con el entramado de mi subjetividad autobiográfica. Solo deseo compartir este reportaje a Graciela porque en calidad de calvo me sentí interpelado con una articulación entre inteligencia y cabello, levemente más feliz que la que realizara igual de arbitrariamente Schopenhauer ("la mujer es una criatura de cabello largo e ideas cortas"). Dice Graciela que por haber vivido muchas experiencias durante tantos años y haberlas sabido repensar, supo ver los grises, así como su cabello cano lo refleja (el Aikido tiene una jerarquía de cinturones donde el negro es el más curtido, el más manchado y experimentado).
No suscribo necesariamente a nada de lo que constituye su análisis, pero es imprescindible rescatar la mesura y la racionalidad de esta voz a la que mis amigos de izquierda amigo-enemigo difícilmente aniquilen con slogans descalificadores. Siempre que hablo con ella, me conduce a un mundo de equilibrados pensamientos diferentes a los suyos, pero provocados por su entonación. 
Es reanimante oirla decirse optimista frente al futuro político de nuestro país, aunque, claro, hay que ver el contexto,¿quién no parece optimista, al lado del implacablemente lúcido Daniel Muchnik?





http://www.infobae.com/2014/04/16/1557798-la-situacion-economica-es-mucho-menos-dramatica-que-la-que-menem-le-dejo-la-alianza

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