miércoles

la peor perversión es el sexo anual






Teoría y análisis chascarrilógicos:

Es tan amplio lo que simultáneamente sucede en una enunciación, baste señalar que percibimos si alguien nos dice algo por vez primera o ya lo ha dicho muchas veces, que la mayor parte de las teorías del lenguaje dejan aspectos sin cubrir.

Vamos a ver algunos chistes y tratar de explicarnos por qué nos mueven a risa: un gallego oye el acertijo ¿quién es el hijo de mi padre y de mi madre que no es mi hermano? de boca de un argentino, que ante su perplejidad le revela la respuesta “¡soy yo!”. Entusiasmado llega a su casa y le ofrece la adivinanza a su mujer, Paca. Ella responde: -sos vos. El gallego niega con la cabeza: -Como siempre te apresuras impulsivamente a contestar lo primero que pasa por tu cabeza. No, no soy yo, es el argentino, él mismo me lo ha dicho.

-¿Qué es para usted la patria?-pregunta el sargento y la formación ensaya enjundiosos encomios: -La patria es lo más grande que hay.
-Bien, cabo Rodriguez
-La patria es la luz que me alumbra
-Excelente, Perez
-La patria es mi madre
-¡Así se contesta, Brauer!¿Y para usted, Magnetto?
-Estehm, la patria es la madre de Brauer

Según las teorías del chiste, en ambos chistes se aplica la misma técnica de equívoco. Vemos claramente que se trata de un error: si bien el desplazamiento es el mismo, algo que es meritorio si se usa en primera persona y ridículo si se traslada a un tercero, en el primer caso nos reímos de la estupidez del gallego y en el segundo del malicioso desinterés por ser patriótico por parte de Magnetto

Landrisina contaba el de un norteamericano que quería acriollarse y copiar las costumbres de los nativos argentinos. Lo invitaron a un restaurant y preguntó si era bueno. –Re bueno- -¿Re?- -sí, super bueno, re bueno –Oh, mi comprende, “re” es “super”. Entonces llegan y el argentino pide un pollo y el norteamericano ávido de aprender y aplicar a como de lugar lo aprendido pide un re-pollo.

-¿No sabés dónde está el rebaño? Le pregunta una oveja a otra
-Allá
-Gracias, me estaba re-meando

En el primer chiste nos mueve a risa el vegetariánico resultado de la pretensión de super agigantar las proteínas, nos empuja el todopoder del gran país del norte a la infinitesimal venganza gozosa de nuestra orgullosa inferioridad. En el segundo nos reímos del abuso de este prefijo por parte del sector cheto y cool de la población. Para los manuales, en virtud de su técnica, el chiste es uno y el mismo

Vamos a ver si un escenario y una situación en común emparentan a los chascarrillos, tal como se los agrupa en los libros de chistes:

Un hombre reza y dice: -Por favor Ser Supremo, haz que este pobre nada que soy pueda acceder al préstamo para ganar la licitación del subte bala musicalizado por Violetta
A su lado un pordiosero reza también: -Haceme el aguante, Dios, ando sin laburo, dame alta mano, Altísimo, yo que frente a tu Grandor tampoco soy más que un montón de nada
El hombre se da vuelta, mira al lumpen de arriba abajo y silba:-¡Jah!¡miren quién pretende arrogarse la atribución de jactarse ser una mera nada!

Un hombre reza y pide: -Dios querido, por favor haz que me aprueben el crédito puente para poder hacer este negocio
A su lado, un pordiosero ora: -Dios necesito tres pesos pa' la polenta que mis chicos todavía no comieron hoy
El hombre le extiende los tres pesos y le dice: -Tome, buenhombre, no me lo entrentega a Dios por menudencias

Es evidente que mientras el primero de los chistes juega con la ironía de que las exageraciones extremas se toquen, el segundo es un chiste de los que denominamos “de cantidad”. El primero nos remite a la observación respecto de la dimensión que tiene ser ser humano del satírico vienés Karl Kraus: -Cuando nos equivocamos decimos ¡solo soy humano, soy una persona, no soy perfecto! Y cuando nos tratan mal decimos ¡Para un cacho, que no soy un caballo, soy un ser humano, mi viejo!
Nos remite a la observación de Freud acerca de idiomas primitivos en que una palabra significaba a la vez su contraria, idea a la que llegó Borges muerto de risa por amor de la ironía milimétricamente fina y de marcadísimo contraste (recordemos la fórmula de cortesía de una diplomacia refinada que inventó para la cual se termina una carta diciendo “que vuestros penes besa”).
Puede trasportarnos a la celebrada ocurrencia de Groucho: “jamás formaría parte de un club que me acepte como socio”, si bien parece ser solamente el desenmascaramiento de una falsa modestia o de un servilismo que solo puede manifestarse no “inter pares”.
El segundo nos recuerda al hombre que se vio en el dilema de meter la mano en el inodoro que acababa de usar para el peor de los casos porque se le había caído un billete de diez pesos. Dilema que resolvió tirando otro billete de cien y felicitándose: -¡Ahora sí vale la pena!.
O incluso al de la mujer que se queja de lo lento del tren y el guarda le dice que no lo apure. –Lo que pasa es que estoy por dar a luz. –Señora, este tren es muy lento, todos lo saben, no debió subir estando embarazada. –Es que no estaba embarazada cuando subí

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