sábado

Me parece xenófobo lo de Massa, no todo peruano es punga, repudiemos el botón antipúnico

En el curso de humor que la falsa modestia me obliga a decir que "me toca" dirigir un alumno me cuestionó esto de la categoría de reductio ad absurdum porque todos los ejemplos que le daba eran exageraciones ridiculizadoras que magnificaban y no reducían. Expliqué que era la solemne grandeza y la autoridad de lo satirizado lo que se empequeñecía y cité para nunca abandonar críticamente la paradoja, aquella bellísima idea de Chesterton, de que todo lo que amamos recibe nuestros diminutivos y que sería mejor, dado que no tenemos con qué compararlo, llamar a nuestro planeta "planetita de mi alma" para cuidarlo mejor...esa idea tan bella se puede reducir al absurdo: si mi Amada por encariñamiento apocopa por ejemplo la envergadura de mi aparato uritogenital en toda la extensión de la palabra...Cité muchos ejemplos, entre ellos los ridículos científicos de Gulliver, el cuento de Mark Twain del vendedor de pararrayos que termina vendiendo cien a una misma casa que no tarda en arder, la segunda presidencia de Cristina, sin duda una reducción al absurdo de la primera, etcétera...Comenté también que muchas veces un sarcasmo que busca dejar algo en ridículo termina inspirando solemnes ideas encumbradas. Fue la burla de Poincaré la que disparó la concepción de la relatividad en la mente de Einstein. Bertrand Russell dijo que un mono mecanografiando aleatoriamente en tiempo indefinido llegaría a escribir las obras completas de Shakespeare. Quiso con eso subrayar la importancia de la volición, de que por trágico que parezca no es realmente lo mismo para nuestro universo simbólico que muera un bebé ahogado en una pileta por accidente que que sea asesinado. Borges se aferró monolíticamente a ese mono y erigió "La biblioteca de Babel", un cuento monumental, que interroga la pertinencia de los significados, dado que describe una biblioteca que contiene todo lo escribible, vale decir, casi nada de lo legible. 
El universo en su vastedad, variedad, extensión e inabarcabilidad fue sometido a una reducción que puede antojársenos desternillante. Postula que en el Principio, todo cabía en una piedrita que se fue expandiendo tras una explosión. La teoría recibe el nombre de "Big-Bang" y constituye el paradigma actual, tiene el consenso de los físicos. Lo gracioso es que el nombre surgió de la maledicencia de un físico que creía en la teoría rival, de que el universo siempre fue estático y quiso desvirtuar a la hipótesis dinámica (prefigurada por Heráclito y Parménides) reduciendola a "Gran puf", a "Enorme Cataplum".
Para terminar de momento con estas reflexiones que solo son un spoiler y un teaser para que se inscriban en el curso de humor, quiero remitir la operación de la reducción al absurdo a la metonimia y a la escuela psicológica de la Gestalt, en la que la parte vale por el todo (como cuando decimos "debemos el gol a los pies de Messi" y no sentimos un fantasmal monstruo acéfalo y desmembrado, como el famoso trasero de Kim Karadjan, que vale más que toda ella). El vellocino de oro o el cáliz han servido muchas veces como depositarios minúsculos de toda la fe gigantesca e indefinible. El brillo de la nariz de Beatrice, que hizo enamorar a Dante, misteriosamente nos dio la brillante Divina Comedia. Lo último que quiero decir, es algo que expresó con una lucidez luminosa George Orwell cuando fue enviado como corresponsal en 1945 a lo que había sido un campo de concentración. Una sola patada por parte de un judío a un nazi alcanza al principio de su artículo para prescindir de toda venganza y después ni eso. No es una posición contra los juicios de Nürnberg-sería muy poco inocente no emparentarlo a nuestros años sombríos y creerlo un llamamiento al olvido: es un recordatorio de que la motivación que despabila nuestra rencorosa venganza resentida es hija de su marco contextual y solo necesita su abolición, no ulteriores ejecuciones:
"Sin duda el agredido había tenido campos de concentración bajo su mando y había ordenado torturar y ahorcar. En pocas palabras, él representaba todo aquello que habíamos combatido durante cinco años.
Es absurdo reprochar a un judío alemán o austriaco que devuelva a los nazis el mal sufrido. Sabe el cielo las cuentas que este joven quería ajustar; es muy probable que toda su familia fuera asesinada; y al fin y al cabo, hasta un fuerte puntapié a un preso es algo insignificante comparado con los horrores cometidos por el régimen de Hitler. Pero esta escena y muchas otras que vi en Alemania pusieron de manifiesto ante mis ojos que toda esta idea de represalias y castigos es una imaginación pueril. Propiamente no existe esto que llamamos represalia o venganza. La venganza es algo que uno quisiera realizar cuando y porque uno se siente impotente: tan pronto se elimina esta sensación de impotencia desaparece también el deseo de venganza.
¿Quien no habría saltado de alegría en 1940 solo de pensar que podría ver a oficiales de la SS pisoteados y humillados? Pero cuando ello se ha convertido en posible, su puesta en práctica adquiere un aspecto patético y repugnante."
no solo Francisco fue hombre del año en Time, Hitler también!

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