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Immanuel Kant realizó los cambios a tiempo y la existencia de Dios quedó asegurada


(Río de Janeiro, por nuestro enviado especial) Una mezcla rara de empirismo y racionalismo, con tres categorías innatas de punta hacían parecer una burla la frase "Hume me despertó de mi sueño dogmático", sobre todo por una estilística plúmbea que hizo que el debut en Koenigsberg de la Crítica, todo lo Divino pareciera ausente entre el cielo estrellado arriba de nuestras cabezas y la ley moral en su interior. Sin un volante ofensivo como esa papeleta que repartieron los nietzscheanos "Dios no existe", escrita con dos marcadores de punta que buscaban proyectar algo de profundidad, la actuación de Kant, como la definió Pekerman parece una porno judía, cinco minutos de sexo y cincuenta y cinco de culpa. A pesar de haberse entrenado en la española y pícara localidad de Sara-goza, el desierto de placer, el desierto de Sahara tenía mucho de cierto y la pietista oración no se convierte en "Kant-implora". Soltar a Messi, incluír a Gago y a Higuaín se convirtió en un imperativo categórico, pese a los iniciales y dualistas Descartes. El segundo tiempo, con la Crítica de la Razón prácticamente dominada, fue un golazo, aunque por razones de copyright no podamos aquí plasmarlo en la red...





1 comentario:

la peor opinión es el silencio, salvo...