lunes

Verdad, emoción, ética y disparate


Escribo esto para mis alumnos y alumnas de humor y por eso voy a trazar una rápida divisoria de aguas: el humor delirante versus el humor con mensaje, el humor engagé, comprometido con un contenido.

Podemos vincular esta dicotomía a la del arte comprometido versus el arte puro, el arte por el arte. Theodor Adorno para defender a Valery, su amado poeta excelso, escribió en “El artista como lugarteniente” que un gran artista del arte por el arte produce un resultado político, es comprometido porque al generar un lector más sagaz, crea un ciudadano más lúcido. Trasladando esta lógica a nuestro medio, el crítico y profesor Enrique Pezzoni defendió a Borges de su conservadurismo asegurando que su tratamiento revolucionario de la literatura halla un correlato cívico. Podemos ver más allá de esta defensa a la forma perfecta que puede prescindir del contenido noble, la misma forma de desmantelar una dualidad antitética que adoptó Preston Sturges en “Los viajes de Sullivan”, el director de cine de comedias pasatistas que ansía producir un hondo contenido dramático que toque las fibras del ser y denuncie la angustia existencial y como no se la producen se mete en deudas y kilombos termina preso y descubriendo que lo que más hondamente lo alivia en la cárcel es ver una película de entretenimiento frívolo. ¿Ven ustedes cómo podemos asociar dos contenidos por sus formas, como en la lógica formal? La forma que detectamos en este caso se mueve algo hegelianamente así: no hay el peso versus la levedad, la levedad es el peso mismo. Estoy seguro de que había una emoción en Sturges a favor de la comedia de entretenimiento para pasarla bien y ese es el motivo “comprometido” de su defensa de lo descomprometido.

Si tomáramos un aspecto de la teoría de Freud para circunscribir lo que queremos entender con “chiste comprometido” tendría que ser el de que hay una representación cargada o “investida” de una cantidad de libido, o de emoción. Si yo digo “lo último que se pierde no es la final del Mundial, sino el humor”, más allá de la técnica del chiste hay una emoción comprometida, una emoción que nos recuerda por un lado que perdimos la final y por otra parte que no tenemos que perder el ánimo. Pero si fueramos científicamente estrictos, no hay ningún chiste del mundo que se pueda rotular per sé de antemano como “chiste que posibilita la manifestación de un deseo” o de “chiste que posibilita olvidarme completamente de todos mis temores y deseos y de que mi yo me oprime y de que vivo soportando significado”.

Si yo digo “Los chistes de Susana Gimenez son tan malos que me gustaría encerrarme con ella en una habitación y explicarle cómo hacer el humor” solo dilucidando si soy capaz de sentir atracción sexual hacia Susana Gimenez es que podemos determinar si es un chiste “comprometido” o “evasivo”.

En lógica y en la ciencia una verdad no depende de la convicción de quien la enuncia y un mártir puede morir por una creencia que no porque ofrende su vida va a ser más cierta.

Pero en el territorio de la “realidad psíquica” si yo considero que los pepinitos agridulces en vinagre han venido de otro planeta a espiarnos esto no deja de ser verdad por menos cierto que sea para un astrónomo: yo segrego adrenalina en la en presencia de pepinitos agridulces.

Con los chistes de Mascherano ha pasado algo notable: se recauchutaron chistes viejísimos de Chuck Norris que en Argentina no producían la menor gracia, se los invistió de actualidad para nuestra realidad psíquica con Mascherano y devinieron desopilantes. Retomar una tradición es mucho más eficaz como renovación refrescante que querer inventar la pólvora, toda reactualización clásica supera a todo vanguardismo. “Brasil, decime qué se siente” no era otra cosa que la readaptación de la canción xeneixe contra River que jugó en la B, pero en el contexto de Brasil ya cobraba ribetes de autoafirmación majestuosa.


Hemos estudiado junto con las definiciones de Freud para el chiste, las dos técnicas fundamentales: “condensación” como en “familionario” o “infografía” o “estanflación” que en Lacan es “metonimia”, en Lewis Carroll es “snack” y en Estanislao Bachrach es “conceptual blending” y “desplazamiento” que en Lacan en metáfora, en Schopenhauer es el recurso par exellence de “poner algo donde no va” y en los otros antecitados ni figura: básicamente es unir lo que no parece que debería unirse o trasladar la mecánica de un campo semántico a otro.


En esta era del pensamiento (estoy diciendo “era”, no que el pensamiento “fue”), el concepto de verdad ha sufrido el embate no solo desde el punto de vista antropológico para las ciencias sociales por parte del denominado “relativismo cultural”. Lo que para Voltaire era una verdad universal deseable, como por ejemplo: hay que alfabetizar a todas las personas que podamos ya es hoy pasible de la condena de etnocentrismo que impone parámetros de una cultura a todas. Pero pasemos revista a otros aspectos: en la filosofía clásica la noción de “verdad” está asociada a la de “correspondencia con la realidad” (etimológicamente la a-letheia de Aristóteles es lo desoculto). William James con su “Pragmatismo”quiso revolucionar esta verdad de Perogrullo respecto de lo que entendemos por verdad al asimilarlo a lo útil. La frase “el tungsteno es bastante duradero quemándose” en su época no era ni verdadera ni falsa, sino irrelevante. Hasta que Edison inventó la lamparita y le encontró una impensada utilidad, esa sería la falencia de esta teoría, excepción hecha de nuestros senadores, ¿cómo podríamos adivinar lo que nunca jamás será útil?

Lo que llamamos desde Lyottard “nuestra era”, vale decir, la “posmodernidad”, un nombre que se limita a constatar la sucesión, se caracteriza así como la era clásica se centraba en el mundo y la moderna en el sujeto, por

poner el foco en el lenguaje. Se considera que no hay pensamiento sin palabra y que toda percepción está precedida por un relato, un narrativismo entramado con figuras retóricas.

Esta referencia a la construcción intersubjetiva de lo verdadero puede rastrearse en Nietzsche, quien no tanto desde la filología como desde su estudio del poder, considera un engaño a la metafísica de la Antigüedad Clásica y abre la puerta de Deleuze, a Derridá a la vida considerada como fuerzas que se engrupen un sentido y que detrás de la necesaria máscara no necesariamente hay algo verdadero.

Detengámonos en una crítica de Nietzsche a Sócrates: la filosofía que preconiza la caridad está basada en una carencia física, fue predicada por cuerpos débiles, viejos y gordos. Nadie enfrentó mejor la dicotomía del culto a la fuerza versus el culto a la piedad que el muy nietzscheano George Bernard Shaw con su obra de teatro “Androcles y el león”. No por nada Nietzsche es tanto para Foucault como para Ricoeur uno de los maestros de la suspicacia: desconfiar de las malas intenciones que motorizan las causas nobles requiere maestría crítica y poderío anímico. Marx y Freud son los otros maestros de la sospecha: ven en creer en Dios un instrumento de explotación y un escapismo oceánico. Yo quería subrayar el inesperado emparentamiento entre Oscar Wilde y Nietzsche que postuló Thomas Mann en sus conferencias “Schopenhauer, Nietzsche, Freud”. Nos hace notar muchas semejanzas, pero tengo para mí que Wilde se planta contra el sentimentalismo, contra la empatía hacia los pobres y brutos y los que sufren por motivos sensibleros, que contra la debilidad física de sentir solidaridad fraternal. En “Eichmann en Jerusalem” Hannah Arendt cita la inversión de la carga de la prueba, los nazis diciendo que ellos eran las víctimas porque tenían que reprimir su natural ternura, el espontáneo deseo maquinal de compartir un asadito y jugar un picado con los judíos para fortalecerse y aniquilarnos. Wilde se opone a lo que en Freud es “sublimación”: romantificar a alguien y hasta erigirlo a ejemplo moral solo porque seduce nuestra erotización.



ahora veamos la presentación de Mauricio: MI PRESENTACIÓN
Soy Mauricio, boliviano, ya entré a la tercera edad, mi padre, paceño, nacido en las faldas del majestuoso Illimani y mi madre, a orillas del imponente lago Titicaca. Bueno soy algo así como una mezcla de montaña y lago, o de sol y luna, o mejor dicho de Manco Cápac y Mama Ocllo.
Soy el tercer hijo, de un matrimonio de una tongada de tres retoños. La primogénita fue mujer y la seguntógena repitió la jugada. Mi padre, resignado al dominio femenino y cansado de buscar al heredero varón del Incario, pensó que nacería mujer. Ya en lo cotidiano, y en un sentido muy económico, se acostumbró a llamarnos a mí y a mis hermanas, solamente “hijas”, “¡Hijas, vengan!”, “¡Hijas compórtense!” o “¡Hijas, las quiero mucho!”. Menos mal, años más tarde, llegó mi hermano para empatar el partido y reafirmar la masculinidad en casa.
Mi familia, siempre fue muy particular y mestiza. Nos fuimos muy pequeños a Alemania y a nuestro retorno adoptamos algunas costumbres de allá. Aprendimos el tan famoso, “Hoch sollst du leben”, que es como el “Happy birthday” americano, con la particularidad de que lo cantamos con el festejado postrado a una silla, lanzándolo repetidas veces hacia arriba. Entre los festejos más recordados, está cuando una tía se lastimó la cabeza al llegar al techo por el cariñoso impulso que le dimos o cuando terminé en el suelo después de haber sido catapultado por mis invitados. “Hoch sollst du leben” literalmente significa: “Debes vivir muy alto”, pero la traducción correcta es: “¡Qué tengas mucho éxito!”. Claramente mi familia utilizaba el significado literal y le dio un toque más criollo o de barbarie.
Al arribar a Argentina, hace unos años, comencé esta aventura de vivir solo y lejos del añorado incario, digo país. Me dedico a programar sistemas, sin embargo, aquí me di cuenta que debería haber seguido el oficio de muchos de mis compatriotas emigrantes. Cuando cocino veo claramente mis dotes de buen verdulero, el otro día de almuerzo me hice lechuga, hoy me hice tomates y el fin de semana me haré, eehhh lechuga con tomates, voy avanzado, SÍ!!
Venir a Argentina ha sido una verdadera experiencia. En una de mis muchas incursiones comencé a hacer taekwondo, una práctica que me ha dado mucho temple, carácter y me ha permitido socializar más. Ya me conocen en la guardia del hospital, por las repetidas veces que terminé ahí. Una de las últimas clases me tocó pelear con una chica, tales fueron los golpes y patadas que recibí, que quedé tranquilamente noqueado. Al verme mis compañeros de laburo, estaban decididos a acompañarme a hacer una denuncia, pensando que me habían asaltado.
Bueno, a este paso, creo que me voy aporteñando, tomo mate, como asado y fútbol los domingos. También voy aprendiendo del ecologismo y proteccionismo a los animales que se evoca muy frecuentemente por las calles de esta ciudad, “la concha de la lora”, o cuando me ofrecen una cantidad generosa de frutos de la madre tierra, “te voy a cagar a piñas”, y bueno sin duda de los que más aprendo aquí, es mis compañeros de laburo, que además me dan consejos sobre mujeres, claramente la última vez me dijeron: “Mauricio, si sales con alguna mina, no te agarres a trompadas, porque si no estás al horno!!!”.

1 comentario:

  1. Anónimo3:17 p.m.

    en Lewis Carroll es “snack

    Estimado,

    Tengo el Dejavu de haberle ya comentado esto, que el animal imaginario de Lewis era SNARK, nombre de una legendarisima Revista de Juegos de Ingenio de Jaime Poniachik, que recuerdo el dia que la conoci a mis 11 años y que me dio vuelta la cabeza, y ha sido iniciadora de una larga dedidacion lúdica sobre el tema durante 4 décadas.
    Seguramente, lo habrá escrito en la previa del almuerzo, y su estomago introdujo el fallido SNACK o Saladix o Rex o Kesita

    Fallido , o no, como el de nuestra reina con el “apuremonos que viene la otra formacion” para la antologia de animaladas.

    Bueno, solo le corrijo el error para demostrarle que no aprendo mas y lo sigo leyendo. Pero reconozco que en este caso no entendi un soto. O era muy denso o estaba muy dormido.

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la peor opinión es el silencio, salvo...