jueves

En recordación de "China" Zorrilla, mi agradecimiento a una de sus genialidades...

ELSA Y FRED o la generosidad del estar vivos

Al salir de ver "Elsa y Fred" comprobé que me habían partido la cadena y afanado la bicicleta.

"Elsa y Fred" es, empero, un filme tan pero tan profundamente revelador del variado milagro de estar en este mundo, que esta súbita irrupción del neorrealismo italiano ("Ladrón de bicicletas") no me borró la sonrisa.

China Zorrilla merece el Oscar a la mejor actuación femenina, tanto como la película al mejor film extranjero. En Hoollywood la llamarían "a little movie with heart" tal como lo hicieron con "La vida es bella" y en efecto, la comparación no es ociosa: todos vamos a ir a esos campos (que son la vejez, la enfermedad terminal, el ser un mero souvenir de lo que uno fue, o una ubre que ordeñar para los parientes que quedan, si es que uno ahorró) aunque Auschwitz goce de más prensa.

Pese a actuaciones inexplicablemente flojas de Federico Luppi y la sobreactuación ineludible de Roberto Carnaghi, la tesitura de la película no condesciende jamás al melodrama; tampoco en ningún instante, como la definición de lo kitsh, niega la realidad de la muerte.

Cuenta una historia de generosidad, de ganas de vivir, una historia que para muchos solemnes prolijos contadores será la historia de cierta inclinación a pecar.

Pero ¿son pecados realmente, los del amar, los del desear, los del hacerse feliz haciendo feliz a un otro, sean cuales fueran las circunstancias?.

Tenemos anacrónicas rémoras feudales en nuestros códigos morales y tenemos por crímenes peores a las infidelidades que a las torturas, los asesinatos honrosos, los robos por necesidad, los pequeños maltratos diarios, o la culpa, que es un monstruo que sí destruye lo mejor que somos.

China Zorrilla es un compendio de las formas de manipular, de ejercer las artes encantatorias del cortejo cuando ya no hay encantos sexuales que ofrecer. Su gracia y vitalidad tienen, ya que no juventud, jovialidad (palabra cuya etimología data de Zeus, Júpiter que le dicen).

No hace mucho en "Clarín" un informe reveló que la pasión dura de uno a tres años y que mi generación deja la ternura, la tolerancia, la comunicación, la dulzura, la confianza, las ganas de agasajar y mimar a alguien,

Recibimiento a puro amor y canelones!!! Mmm...gracias mi amor! — con Martín Brauer.


para después del decisivo garchoteo inicial. Me pregunto si las ancianas que producirá por consiguiente mi generación, podrán estar a la altura del repertorio de recursos para tener gracia que ostenta la gran actriz uruguaya.

Su partenaire, un actor español de una sobriedad y sutileza prodigiosas, cae en las redes de esta viuda embustera, con una credulidad de la que improcedentemente está de moda burlarse.

Santo Tomás de Aquino, cuenta la leyenda, llegó a un monasterio y unos monjes mirando por los vitreaux exclamaron que había cerdos voladores circunnavegando la zona. Cuando se asomó se desternillaron de risa, pero él se limitó a señalar que era más inverosímil aún que chanchos levitando, el que un par de monjes se solazaran en envilecerlo.

Algo de esa credulidad venturosa, cuyo idealismo más palmario vemos en EEUU, un pueblo tan cándido y moralista que fue por eso y no a pesar de eso que votó a Bush y será por eso y no a pesar de eso, que se libertará de toda su pestilencia y sembrará una atmósfera de cooperación esperanzada, algo de esa credulidad venturosa, digo, deberíamos recuperar para nosotros.

La última escena, en la que el protagonista le reprocha con gratitud los embustes a la lápida de China Zorrilla, nos revela el leit motiv sobreentendido. Cuando ella va a realizar el sueño de toda su vida, conocer la Fontana Di Trevi, rememorando "La dolce vita", solicita un gato blanco y le consiguen uno atigrado. Sin dejar de sonreir ella se sincera: -Es mejor...porque en realidad vos no sos Marcello Mastroianni ni yo soy Anita Eckberg.

Vale decir: el secreto de la felicidad consiste en entregarse a algunas ilusiones, sin perder nunca de vista, el consabido pero delicioso autoengaño que implican.

Leibnitz explicó para consolar a la princesa Carlota, que el mal existe en este mundo para que haya diversidad, una biblioteca sólo de "La Divina Comedia" sería peor que una con tal magna obra y, digamos, el libro "Agil Mente" de Estanilao Bachrach

Subrepticiamente el filósofo alemán en un truco de prestidigitación inadvertido reemplazó el bien por la variedad. Y sin embargo, ¿no es acaso mejor aún que el bien, el hecho de que en nuestra vida seamos a veces Paolo, a veces Francesca y a veces Malatesta?.

Oscar Wilde decía que la tragedia de la vida consiste en que a medida que el cuerpo se avejenta, el alma se rejuvenece. Positivamente connotaba esto mismo Schopenhauer, al afirmar que siempre hay de toda experiencia una ganancia: ya sea para nuestra vida animal, o para nuestro conocimiento abstracto.

"Elsa y Fred" es una película poblada por personajes universales: el fracasado hijo mantenido, la madre malcriadora; el éxitoso hijo controlador de una madre calavera; la fabuladora, el que anhela ser conducido por una hermosa ficción; la hija de carácter podrido, casada con un zángano; el niño, curioso o impertinente, genial o irreverente, según se prefiera connotar.

Un guión sabihondo lo atraviesa, líneas que logran ser contundentes sin estridencias, a un tiempo sencillas y magistrales.

Y lo que quería Kant, que ningún hombre sea usado como medio: cuando el fin ya no es posible, el medio se vuelve una finalidad en sí misma, como bailar, para las mujeres que pueden prescindir de las posteriores consumaciones.

Y en medio de tanto sortilegio, no se olvida, por suerte, que el dinero sí es sólo un medio, que su cometido es servir a aquello que no tiene precio.

Oh, dioses de la era escéptica: que tus avaros parámetros midan la hondura de belleza de la calidad humana de ser personas...

4 comentarios:

  1. Anónimo9:22 p.m.

    ¡Qué hermoso aporte, Martín!

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  2. Anónimo9:23 p.m.

    https://www.youtube.com/watch?v=CYILFeg3oEU
    Claudio A. Cooper Mendoza

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  3. Anónimo9:25 p.m.

    No vi la película, pero tu agradecimiento es extraordinario.
    Diego Carballar

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  4. Anónimo9:29 p.m.

    El amor nada... lo mas importante fueron los canelones! Como estaban?
    Demian

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la peor opinión es el silencio, salvo...