miércoles

LA MUERTE SANA



Con la muerte de Carla Tina Johansson, la líder de un movimiento que cambió nuestra sociedad se  apaga, no su voz, que seguirá rugiendo en sus manifiestos feroces, pero sí  la producción de los mismos, podríamos llegar a asegurar (claro es que no en pocos casos los biógrafos, deudos, estudiosos y discípulos exhuman textos que no llegaron a las grandes letras de molde y los dan a conocer, expurgados, quizá, pero no por eso menos reconocibles y vivientes)
Recordemos, entre paréntesis (se dice “entre paréntesis” pero se coloca entre comas) aquella genialidad de Milos Spassiuk “los textos póstumos añaden otra dimensión de horror a la realidad de la muerte”
Es una necrológica inesperada: mi diario ya tenía prevista la del cantante veterano y fumador empedernido, la del expresidente liberado de la cárcel por su avanzada edad y largos etcéteras, pero con Johansson, la imprevisión o la fe, nos obligó a llenar este espacio con rememoraciones y breves resúmenes de su gesta a algunos periodistas que no somos, si se quiere, más que advenedizos y neófitos en la materia. En lo personal, como encargado de redactar el horóscopo y realizar el informe de los resultados y tendencias del campeonato de pelota vasca, me resulta muy difícil en este momento resumir en palabras todo lo que hizo y todo lo que significó en definitiva, nuestra camarada, nuestra compañera, nuestra líder, pionera y ¿por qué no? nuestra hermosa mujer. Si bien es cierto que era feminista, esta sección del diario destinada al tercer mundo sabe lo que es vivir en un mundo de hombres y para hombres y si se me pide que describa a vuelo de pájaro y de manera somera, sin perderme en irrelevantes fruslerías de la sinonímia hueca, quién fue concretamente Carla Tina Johansson, la característica más sobresaliente ¡y vaya si sobresalían sus curvas! es la de su agraciada figura, algo que quedaba de relieve como un sobreentendido del que nadie hablaba, dada la solemnidad de su misión y la lucha por la que bregó. A los lectores de Argentina, por ejemplo, les puede resultar difícil entender que aquí en la región escandinava no haya facciones de izquierda discutiendo todavía cuánto debe intervenir el Estado en la economía. Y tal vez sea una pena que esa discusión esté saldada. Nunca tuve tanto placer intelectual al oír la exhuberancia del bagaje cultural con el que se me pretendía disuadir. Jamás alguien de mi tierra citaría la evolución de las teorías explicativas del niño según Piaget, para reducir el marxismo y el liberalismo a, respectivamente “artificialismo” (la fase cuando el niño cree que todo fue fabricado por el hombre, que incluso habría manufacturado  los árboles y las montañas)=en términos materialistas dialécticos: ”reificación de una construcción cultural” y “animismo” (la etapa en la que toda cosa tiene vida casi antropomorfa y el sol se felicita de usar determinada marca de pasta dental y la batería del celular “murió”)=en términos de Adam Smith “las manos invisibles del mercado”.
Nosotros no nos planteamos una y otra vez la necesidad de que un Estado fuerte distirbuya los insumos y provea de los derechos también de vivienda y de sustento a sus ciudadanos. Si Cuba parece producir canciones más alegres que nosotros es por el clima, por la frecuencia con que ven el sol, el standart de vida aquí no es peor en términos de poder adquisitivo, ni de equidad monetaria u oportunidades. Nacida en el seno de esta sociedad igualitaria, Carla Tina no podía disfrutar de la igualdad y de las coronas suecas, de los pepinos agridulces y del arenque sin replantearse el orden establecido porque desde muy chica sufrió la muerte chocante de su profesor de educación física, Alfred Ementhal,de quien estaba profundamente enamorada,  en un accidente de tránsito que dejó ileso al motociclista y al caniche toy del sidecar (ver foto de Guli, el caniche toy, arriba, a la izquierda). El sentido de la injusticia, que para Bakunin y Kropotkin y Marx se vinculaba con la injusta distribución de bienes materiales, tomó la forma para Carla, de los bienes sanitarios y el espíritu deportivo como para realizarse chequeos médicos, combatir tendencias congénitas, ingerir alimentos frescos y balanceados y prolongar la cantidad y calidad de vida hasta que solo existan muertes justas, en la vejez, en el disminuido deseo de seguir perpetuando una existencia testimonial.
Sus padres, que esperaban que se recibiera de médica, decidieron apoyarla cuando ésta explicó que estudiaría “economía de la felicidad”, una carrera en boga en aquel entonces y que crearía la primera “Internacional Longevista” a partir del corpus bibliográfico ya aparecido en manifiestos que se regalaba junto a la revista para menopáusicas  “Dientes sanos”, la del famoso juego de palabras “The tooth, all the tooth and nothing but the tooth”. Amigos de sus padres también habían visto desencantarse los sueños juveniles referidos a que su primogénita usara su talento en algo provechoso. Carla solía citar a Bruce, su amigo de la infancia, que a los treinta ya decía “fui educado con el mandato de no ceder en mi pretensión de excelencia musical y por eso mientras me encerraban en el conservatorio, yo sentía que se me sugería que estaba prohibido confesar que no es desagradable la música de Lilitta: ahora, en cambio, estoy seguro de que mis padres estarían más orgullosos de ser los padres de Lilitta”. Pero Bruce tenía una hermana, Remilse, muy hábil para el comercio, que inició un imperio de taxifletes y remisería por la que llegó a ser nombrada “Taxígona”. Con ella, sus padres enterrarían la frustración de que su hijo fuera un malogrado. Los padres de Carla, hija única, solían decir en cambio “a nosotros, no nos queda otra”.
La primera señal de que el longevinismo no era una pacífica versión del hippismo o una secta al mejor estilo amish se dio durante el funeral de Adela Meier, filamentista emigrada de Cadolzburg, a quienes un grupo de activistas por una vida sana y un responsable cuidado de la salud seccionaron en 48 trozos dentro de su atáud y previo al entierro para llamar la atención acerca de su “nefasta ingesta de fritos y carnes porcinas”. Las autoridades tardaron en intervenir, no solo porque hasta ese momento las simpatías de toda Suecia, Noruega y Dinamarca estaban con estos humanistas de la oxigenación de la sangre, sino porque el estupor causado entre los deudos y allegados retardó el llamado a las fuerzas vivas. Ya presos, Manfred Ioneckersen y Vladimir Colesnickov concedieron entrevistas explicando que la cárcel era un lugar poco saludable para permanecer, que necesitaban contacto con el verde para que la proactiva sinergía fluyera. Descuartizamientos póstumos que no estaban concebidos por el código penal y que finalmente redundaron en su liberación, tras un debate nacional que se prolongó poco, porque según los especialistas, no es saludable mantener la tensión por mucho tiempo.   
A pesar de que muchos fanáticos longevistas destilaban un odio cada vez más violento y resultaban perturbadores en sus escraches a personas que incurrían en conductas divorciadas de la mejor salud, la causa era tan noble que durante mucho tiempo fueron muy aisladas y hasta casi enfermizas las voces que se atrevieron a poner en cuestión la avanzada del progreso fisiológico. Un ex radiólogo, oficio que fuera desterrado, empezó a realizar estudios para posibilitar lo que se denominó “correr a los aerobistas por izquierda”. Denunció que ingerir el vómito de un bebé era mucho má saludable que el pan integral que vendía el longevismo y que contenía ácaros, pero que nuestros códigos culturales, nuestras anteojeras del buen gusto y las inercias de la noria de feudales, herencias en la moral alimentaria obliteraban la “verdadera” modalidad de cultivar lo que en es mejor para uno.
Su ejemplo fue seguido por varios otros pseudocientíficos y por psicólogos que decían detectar un “reduccionismo pananatómico” en los longevistas postulando “la fisiología inconciente” que producía traumas desoídos en las rodillas castigadas de quienes corrían sobre el asfalto.
La “caza de brujas” contra la “quema de grasas” con todo aquel repertorio de invectivas (“mis grasitas”) teorías psicoanalíticas (“el compeljo de Adipo”) y la arbitraria condena a quienes morían por culpa propia, por cerdos egoístas que se creían dueños de sus cuerpos y de su salud sigue en nuestras tierras, ajenas al fútbol de elite. Carla Tina Johannson, de  edad también muy discutida, dado que confesar que no pasará de los cuarenta sería hacerle el juego a los chanchoshuevofritenses, ya no podrá ser la sombra tutelar que las guíe debido a un accidente cerebrovascular que todavía muchos de sus seguidores ven como una traición.
Desde estas páginas te recordamos con toda la calidez que tu fuego merece pese al frío en el que estamos insertos, comiendo verduras frescas y abandonando en tu honor y para siempre, los congelados…

2 comentarios:

  1. Anónimo10:23 p.m.

    La realidad supera a la ficción. Lo del hurón, y lo que te voy a contar, que me contó Cyla de algo peor que ingerir vómito de bebé (aunque ya es bastante terrible y nunca probé ni probaré, si puedo elegir)

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  2. Anónimo10:24 p.m.

    murió la vieja de Scarlett???

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la peor opinión es el silencio, salvo...