sábado

en algún lugar del mundo es hora de que te calles

Quiero anotar esto porque me acaba de pasar y creo que Facebook también sirve para esto o por lo menos muchos lo están usando para alertar y concientizar acerca de este tipo de hechos que se han tornado, lamento decir, parte de nuestra vida cotidiana. 
Entro a una panadería que es bastante conocida de mi barrio, el nombre no viene al caso, con Helena, mi beba de 15 meses. Hay algunas personas, de trama etaria senior por cierto antes que yo, así que saco número, me toca el 52, no importa, no hace a la esencia de lo que tengo que contar, es simplemente un número que recordé, ni sé por qué dado que ignoro en realidad qué significa en la quiniela. La señora que está antes que yo me cede el lugar y pido un cuartito de milonguitas. ¿Qué más? pregunta al vendedora, esa clásica pregunta capciosa donde hay que hacer el esfuerzo de tener el temple de decir que nada más. En ese momento la chica, de unos treinta y pico, mal llevados, entrada en carnes, pesa el pan y me pregunta si puede ser un poquito más. Es decir, disponemos de la tecnología como para mandar un satélite, pero no como para medir con precisión 250 gramos. Accedo. El cajero cambia algunas miradas de simpatía con la beba, que me sonríe. En ese momento, pasa un colectivo. Nos alejamos comiendo pan.

4 comentarios:

  1. Anónimo1:13 p.m.

    jajajajja...este relato, aunque esperaba un remate superior, es muy bueno. Me gusta mucho cuando escribs para el pueblo.
    Federico Spiner

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  2. Anónimo1:14 p.m.

    el acento está puesto en la á de pán? de todos modos, te entiendo a lo que vas: a comprar pan. pero por algo peso de pesar y peso de plata se escriben casi igual, paradójicamente a mayor peso gravitatorio menor peso en nuestras arcas, la realidad está en todas partes y el mango no, viejo Gómez

    Alfio Lamborghini

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  3. Anónimo1:15 p.m.

    Me parece una linda historia, lográs parodiar muy bien esos relatos "mínimos" que pretenden hacer creer que detrás de su aparente trivialidad hay en realidad una moraleja, una melanco-sabiduría intentadamente disimulada.
    Federico Santos

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  4. A quien se lo ocurre comprar milonguitas? Peor que los que prefieren medialunas de grasa a las de manteca

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la peor opinión es el silencio, salvo...