domingo

Elsa y Fred, importada

Me había emocionado tanto la versión argentina de "Elsa y Fred", que como un viejo gruñón me rehusaba a ver la adaptación a Hollywood. ¿Qué podían llegar a hacer mejor ese tal "Christopher Plummer"
y esa actriz que creo que se llama "Shirley MacLaine" o algo así
? ¿Qué podía reescribir Michael Radford acerca de la nostalgia imposible que Rimbaud llamó "La vida está en otra parte" metaforizada aquí con un Fellini que confirma a Platón, ya que todos lo reconocemos al verlo, nunca tuvimos que conocerlo primero?


Acabo de verla y corro a escribir, con la misma virtuosa incontinencia de pasión que este film celebra, porque tengo tantas cosas de las que hablar ahora...pero tomo la precaución de escribir en un formato que no permite las extensiones, ni las pelucas, solo la verdadera y orgánica vida, que sabe defenderse con aquella jovialidad, que no proviene etimológicamente de "juventud", sino de "Júpiter", que era para los romanos "Zeus", de donde deriva también la palabra "entusiasmo": tener a Zeus adentro.

Esta película habla con muchísima ternura, delicadeza y amor al amor del sentido de la vida. 

Es interesante porque cada vez que nos tocan el corazón brota un significado categórico.

Es parte de lo que descubrió Freud, si bien después de haber perdido por poco la carrera de descubrir la neurona (¡ironía de la vida, la descubrió un gallego, Santiago Ramón y Cajal!) y de que le birlaran el hallazgo del efecto anestésico de la cocaína tuvo que decir las cosas en difícil, hacer del psicoanálisis algo caro, carísimo, queridísimo Marcello.

Descubrió que siempre podemos hacer juegos de palabras, que hay polisemia en Escher
y que no es privativo de lo verbal, como creen los posmodernos, el retruécano. Podemos hacer juegos de palabras alterando solamente el corte de las palabras ("el dulce lamentar de los pastores" puede convertirse en "el dulce lamen tarde los pastores"). Podemos hacer juegos de palabras cambiando una única letra, desde "Amor sin barreDas", hasta ¿Cómo adelgazó Sócrates? Sólo sé que no cenaba. Decir "Traviata" en sí mismo puede ser invocar a Verdi o a Rucci. Pero en la vida del humorismo disparatado y ligero los significados simultáneos están a la par, porque lo delirante por exagerado permite que la emoción descanse. En la vida real todo se subsume a un único sentido, por mentirosa que parezca su representación: Freud descubrió que el corazón no puede dejar de hablar y que no sabe mentir.

Me emociona que lo haya descubierto Freud y por eso autorreferencialmente incurro en la palabra que designa su nombre. Pero no importa más que la noción que me parece que descubrió él. El arte se nutre de la ambigüedad que requiere armonías y sutilezas. La emoción es maniquea. Hay muchas discusiones candentes que se presentan a partir del argumento de esta película deliciosa. 

Por ejemplo el creciente culto a la felicidad que ha desplazado a muchos otros intereses en disciplinas como la economía, donde se descubre que dos viajes cortos rinden más alegría porque-dado que la neurofisiología también está metida con la felicidad ahora-el sistema nervioso responde a la novedad. El segundo bocado de la torta más excelente tiene un rendimiento decreciente de dicha. Esa estudiada medición de la felicidad que parece su negación misma se entrelaza con grandes demoliciones conceptuales como por ejemplo la postulación de Hayden White en "Metahistory" de que la ciencia que llamamos "Historia" está entramada con figuras retóricas propias de las narraciones. Oliver Sacks explicando que construir nuestra noción de identidad requiere un autocuento coherente pero también, más hecho de poesía que de conocimiento científico.

El personaje que escribe koanes en el puente de Córdoba y Juan B. Justo resumió uno de estos debates así: ¿preferís ser feliz o tener razón?

La última película de Woody Allen,
con una admirable comprensión del Nietzsche que retomó Rorty, se pregunta lo mismo. 

Son preguntas prefreudianas e inimaginables en el tiempo mental de mi amado Bernard Shaw, que condena la posible felicidad de un equivocado, de un capitalista, digamos, como la ilusoria felicidad de un borracho.

Con esto quiero decir que mi Freud, a diferencia del de Lacan, está todavía parado en que se puede chamuyar todo lo que se quiera en el plano de la cultura, en que si la interpretación falla se recurre a una "construcción", la realidad psíquica no necesita confirmaciones empíricas para producir efectos, pero la verdad biológica del corazón no se puede sanatear, ni derrribar y volver a erigir.

La película es diferente a la versión argentina, pero de un modo tan leve, que parece una variación de Mozart. Es, como ya sabemos, la hermosa historia de amor de dos viejitos que deciden no renunciar al deseo. Los ancianos, esto lo saben más los dibujantes que los dueños de los geriátricos, recuperan muchos rasgos de la más pura y primera infancia. Y lo que en un niño nos resulta una confusión entrañable y en una adolescente snob una estupidez, vuelve a ser la mentira o el error de concepto mágico en una viejita que miente para agradar, o a veces por sinvergüenza pero porque literalmente algunas verdades le dan un poco de vergüenza. 

Yo recuerdo cómo me emocionó "La vida es bella" donde un padre mentía para traducir a juego y a placer un mundo de horror. Y también cómo me emocionó una forma menos sensiblera de protección, la de "Amigos intocables", donde cierta sana y robusta brutalidad desenmascaraba una fragilidad falaz que sufría la "víctima". Benigni volvía sensibles y humanos a los nazis para su hijo y el cuidador del magnate cuadripléjico volvía impotentes y frágiles a los hechos con la pura fuerza de su rusticidad que lo revitalizaba.

Es tan difícil definir cuándo hay derecho a estar triste, cuándo es inauténtico actuar con la desenvoltura relajada del optimismo...

Creo que esta película nos orienta bastante hacia el mínimo de hedonismo necesario, el que toda disciplina para ser más exitosa requiere. Ya sabemos lo suficiente de lo mal que funciona el castigo, trascendiendo toda empatía contra la crueldad y solamente desde el puro punto de vista pragmático.

No habría que leerla como atada a la edad final. Los gladiadores que saludaban al César con las palabras "los que van a morir te saludan" en un sentido heideggeriano somos todos. No deberíamos conmovernos con la indefensión épicamente resistida de una moribunda, como si fuésemos a nuestra vez inmortales. La lección que encierra esta película es para todos. Es para vos que me leés ahora y que vas a morir en condición de vos mismo en el día de hoy nada menos que el mismísimo día de hoy. Es para que tengamos presente la prioridad de reír y vivir con el romanticismo de amar lo incongruente y lo ridículo y siendo admiradores de lo que admiramos.

Cuando murió Fellini, Benigni dijo palabras bellísimas. Dijo que imaginarse que moría Fellini era imaginarse que moría el agua (como juzgó eterna Borges a Buenos Aires) o que morían los melones  
 

Para mí, una de las verdades del corazón más luminosas que se torna palpable aquí, es que la pasión de una persona puede despabilar a otra. Que contra todas las prédicas para descubrir la voz interior y ser siempre individuos acorazados, autosuperándose en un imaginario camino de evolución personal, brindarnos a las ganas de la persona que queremos, abrirnos a su ilusión invulnerable, nos eleva y remonta, nos traslada y transporta, nos enaltece y enfelidece mucho más de lo que podríamos siendo inmunes a su influencia.

La perfección está afuera: nosotros es evidente que no fuimos hechos para sentirnos perfectos. Eso explica que los estudiosos de la felicidad consideren más feliz al altruismo, a la Madre Teresa, digamos, que a la autosatisfacción, a Hugh Heffner. No interesa si tu idealizado se llama al principio "papá", después "Fidel Castro", después "Obama", después "Sergio Mas-bueno, hay límites...Nuestro ejemplar ejemplar solo tiene que reunir la condición de temporalmente inalcanzable: como visitar la Fontana Di Trevi, como llegar a Las Indias pero yendo por el otro lado.

No digo que esté pésimo mostrarse distinguidamente contento con uno mismo. No digo que seguir los propios sueños sea mezquino. Pero lo más emocionante de esta película es sentir empatía hacia el hombre que satisface un longevo anhelo de la persona a la que adora.

Es algo que sabemos todos los que tenemos hijos
y es algo que sabemos todos los enamorados:
 que no vale de mucho vivir, si va a ser para dárselo todo a ese yo de mierda que tenemos la obligación de mantener... 




4 comentarios:

  1. Anónimo4:08 p.m.

    ¡Qué cosas hermosas que puede despertarte una película! Con dos que me evocan lo más lindo del cine. Con tantas palabras que juegan y pegan al corazón

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  2. Anónimo4:10 p.m.

    Estimado,

    No vi Elsa ni Fred, ni la uno ni la dos ni la precuela donde van a salita pompón.
    Casualmente hablando de Fellini (viejo ídolo junto con todos los neorrealismos que conocí y disfruté en la Cinemateca de Hebraica a mis 20), hay una Ginger y Fred que remite al título de nuestra película China.

    Ya mencioné en tu curso y luego, que la Vida es Bella demuestra que se puede hacer humor con cualquier tema. Aunque en realidad creo que no se mofa de los judíos, sino de los nazis y de si mismo si se quiere. Pero es un derroche de ingenio, como cuando sirve la cena al instante, pide la llave que le cae milagrosamente o pide un sombrero seco. El ingenio es que sus gags empiezan 3 escenas antes. Creo que por eso me gusta tanto, al igual que Volver al Futuro, donde los gags empezaron en la película anterior.
    Por el tono cómico de la película, no hace demasiado hincapié en el amor fraternal por su hijo. Podría haber puesto alguna escena sensiblera y por suerte no la hizo. Y también es notorio como evitó el Happy End, pero igual logra terminar con un Happy End. La escena de la madre reencontrándose con el nene es de felicidad pura a pesar de haber perdido al esposo-padre. Muy bien resuelta la peli. Una maravilla

    He sido gratamente sorprendido (y estoy seguro que nunca lo hablamos) por la alusión a la frase del puente de Juan B.Justo, que leí solamente ahí hace 5 años y es tema central de mis sesiones psicopateadas. Podría concluir que quiero ser feliz, porque la razón la tengo. Y parece ser un chiste, pero no la es. Porque todos creemos tener la razón, y sufrimos porque no nos dan el certificado que la acredite. Juro que esa frase es tema central de mis traumatologías.

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  3. Anónimo4:11 p.m.

    Es increíble, un graffiti casual hecha por un desconocido pavote, me ha movilizado muchísimo y me sigue guiando e intrigando. Y cuando pensaba que solo yo lo había leído y prestado atención, sale tu recuerdo. Aunque en verdad una vez le hicieron una nota al autor y ahora no me acuerdo mucho que decía.

    Y hablando de dar la razón va mi chistontuelo de FB para seguir recontra-analizando la arquitectura del humor

    Puse:
    A todos los amigos de FB que andan rompiendo con el versito de los petardos, las mascotas y blablabla hay que decirles algo: TIENEN RAZON
    Acá la supuesta gracia no está en el remate, que son 2 palabras muy obvias que no requieren ingenio. El Chiste apela claramente al engaño, al amague para la izquierda y quebrar la cintura a lo Rojitas para salir por la derecha. Para engañar tripeyorativizo una verdad: rompiendo por insistiendo, versito por argumento, blablá por etc. Y así engaño haciendo creer que soy Demis Russeau que desayuno perros (no se si recordaras esta anécdota pava). Y mas que gracioso, es demagógico. Es difícil oponerse a la campaña Pro-Pet anti-Pet . Podríamos poner la foto de un niño triste ante una mesa de Navidad despoblada diciendo : “cerró la fábrica donde trabajaba mi papá, Cadenacci. Lassie y Gaturro LPQTP”

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  4. Anónimo7:53 p.m.

    "Nuestro ejemplar ejemplar solo tiene que reunir la condición de temporalmente inalcanzable: como visitar la Fontana Di Trevi, como llegar a Las Indias pero yendo por el otro lado.". genial todo, Alicia Odorico

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la peor opinión es el silencio, salvo...