viernes

AUTE, AUTE, QUIERO YO

No sé si en todos los casos es cierto que los bebés vienen al mundo a rejuvenecer a sus progenitores, a infundirles una invulnerable alegría de vivir o, una de dos, a succionarles sus últimas fuerzas. Pero lo que voy a contar ahora no es "una de dos" porque Helena es de un años y cinco, y no la produjo ni Vero ni ese tal Ben Trovato. Resulta que con romántica ternura empezamos a rememorar temones de cantores que amamos, DE Silvio Rodriguez el escaramujo y ojalá y dónde pongo lo hallado y te doy una canción, yo no te pido que me bajes una estrella azul de Pablo Milanés, Papá cuéntame otra vez de Ismael Serrano, ella, espero que no como una indirecta, me refiere la canción "Por propia dignidad" de Serrat, en la que un hombre como el barrio comenta que su novia era promiscua decide ¡mudarse de barrio! y poco a poco, acaramelados y con la nostalgia de nuestra propia primera juventud levemente perdida arribamos al melancólico Eduardo Aute, su "y nada más" y "sin tu latido" y las vamos cantando sin los ojos secos a sus canciones, anegados en lágrimas y visiblemente afectados, donde una recordación o evocación pasa a ser casi un sufrimiento, y estamos a punto de dejarnos tentar por lo chic que es el dolor cuando Helena, la beba genio que todo lo caza al vuelo y pesca con mosca y cucharita nos oye decir "Aute" y canta a su vez, rescatándonos de toda melodía acongojada con la vitalidad de la canción con la que aprende a hablar y diciendo en lugar de "Auto", "Aute": AUTE, AUTE, QUIERO YO

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