miércoles

BORGE, BORGE, BORGES+WILDE, WILDE, WILDER‏



adelantos de la próxima clase de humor, donde por un motivo morfológico vamos a presentar en tándem a Tomás Borge, quizá el menos gracioso de los seis gerados (hexagerados), al virtuoso pianista Viktor Borge y al delicioso plagiador de Oscar, Jorge Luis Borges...veamos un ejemplo de plagio: Oscar Wilde dice que la música puede revelarnos un pasado que ignorábamos y sin embargo es real, que lloramos por pecados que no sabíamos que habíamos cometido...Borges lo retraduce al rioplatense y lo aplica al tango:
After playing Chopin, I feel as if I had been weeping over sins that I had never committed, and mourning over tragedies that were not my own. Music always seems to me to produce that effect. It creates for one a past of which one has been ignorant, and fills one with a sense of sorrows that have been hidden from one’s tears
El Tango crea un turbio
pasado irreal que de algún modo es cierto,
el recuerdo imposible de haber muerto
peleando, en una esquina del suburbio.
Este plagio por ser un plagio podría refutar en cierto modo la noción de que algo nuevo se nos abre (por ejemplo cuando nos conmovemos con una melodía)
Borges plagió también el chiste que dijo Oscar Wilde en "Impresiones de Yanquilandia": los sombreros de cowboy son tan populares que poco a poco están llegando al oeste: la gauchesca es tan popular que poco a poco está llegando al paisanaje

Uno de los meollos de la cuestión entre estos maestros que nos hacen mear de risa es que son plagios que problematizan nuestras experiencias en tanto que orinales, digo originales...

Esto encantaría a George Mead, de quien podemos hablar en próximas clases, ni bien encuentre a personas de apellidos similares, siempre y cuando no sean tan depravados como Jorge Meadme: que hegelianamente nuestra identidad íntima viene de afuera...algo que se conecta con el sandinismo en Nicaragua en el caso de Tomás Borge y con lo que podría ser hegelianamente la dialéctica iniciática de plagios, o la tesis: la afirmación sería que es imposible una experiencia nueva, la negación sería que hay novedades por ejemplo las que revela en nosotros la música y la negación de la negación o "Aufhebung" (elevación, síntesís, superación y supresión): bueno, hay experiencias nuevas privadas pero solo nos llegan desde lo público.
Oscar Wilde y Jorge Luis Borges coinciden entonces señalar que no hay experiencias nuevas, el primero en una carta a un amigo, el segundo al que presentamos primero en un poema, como le gustaba decir a él, a un tiempo íntimo y general:

Mi vida entera
Aquí otra vez, los labios memorables, único y semejante a vosotros.
He persistido en la aproximación de la dicha y en la intimidad
de la pena.
He atravesado el mar.
He conocido muchas tierras: he visto una mujer y dos o tres hombres.
He querido a una niña altiva y blanca y de una hispánica quietud.
He visto un arrabal infinito donde se cumple una insaciada
inmortalidad de ponientes.
He paladeado numerosas palabras.
Creo profundamente que eso es todo y que no veré ni ejecutaré
cosas nuevas.
Creo que mis jornadas y mis noches se igualan en pobreza y en riqueza a las de Dios y a las de todos los hombres.
(p.70 Luna de enfrente; Jorge Luis Borges, Obras completas, Emecé, Buenos Aires, 1974)




Oscar Wilde
A H.C. Marillier
(Matasellos del 12 de diciembre de 1885) Central Station Hotel, Glasgow
Querido Harry: ¡Estoy allá en la región de las nieves horribles y el papel de cartas horrible!. Disertando y vagando ¡un vagabundo con una misión!. Pero tu carta me ha llegado, como un acorde musical traído por el viento de tierras lejanas. Tú también tienes el amor de las cosas imposibles-l'ammour de l'impossible (¿cómo lo llaman?). Un día descubrirás, lo mismo que yo, que la experiencia romántica no existe; hay recuerdos románticos y hay el deseo de lo romántico, y no hay más. Nuestros momentos de éxtasis más ardientes son meras sombras de lo que en algún otro sitio hemos sentido, o de lo que anhelamos sentir algún día. Así al menos me parece a mí. Y, cosa extraña, lo que de eso resulta es una curiosa mezcla de ardor e indiferencia. Yo mismo lo sacrificaría todo a una experiencia nueva, y sé que una experiencia nueva es algo que no existe. Creo que antes moriría por aquello en lo que no creo que por lo que tengo por verdadero. ¡Iría a la hoguera por una sensación y sería escéptico hasta el fín! Una sola cosa sigue siendo infinitamente fascinante para mí, el misterio de los estados de ánimo. Ser señor de estos estados de ánimo es exquisito, ser señoreado por ellos más exquisito aún. A veces pienso que la vida artística es un largo y bonito suicidio y no lamento que sea así.
Y mucho de esto me imagino que tú también lo habrás sentido; mucho también te queda por sentir. Hay un país ignorado, lleno de flores extrañas y perfumes sutiles, un país que es la alegría de todas las alegrías soñar con él, un país donde todas las cosas son perfectas y venenosas.
Llevo una semana leyendo a Walter Scott: tu también le deberías leer, porque en él no hay nada de todo esto.
Escríbeme a Tite Street y dime dónde vas a estar. Tuyo siempre,
O.W
(Oscar Wilde, Correspondencia, Edición original y notas: Rupert Hart-Davis, traducción. María Luisa Balseiro, Ediciones Siruela, Madrid 1992)
Eduardo Wilde, alabado por Borges en público y sorprendentemente defendido también en privado (si bien en relación al affaire de Mrs Eduardo Wilde con Julio Argentino Roca) también se acoge a esta noción que en Freud se vincula con todo lo que el protohombre perdió al vivir en la civilización-algo que Lacan engarza con nuestra condición de seres hablantes. Viaja en un tren y da cuenta de no encontrar una satisfacción absoluta porque ha perdido el instinto animal (o el objeto a): solo nos queda la promesa sí completa de anticipar cómo sería estar con la belleza que lo deslumbra por quince minutos.
Por último, el más deliciosamente decepcionado de todos, pero solo en su máscara, el heredero del "toque Lubitsch" que llevó al cine el sabor del champagne de "La importancia de llamarse Ernesto", Billy Wilder, es presentado en frases que de él se dijeron y que él dijo porque podemos proyectar nuestros deseos y anhelos pero no podemos ponernos a proyectar aquí sus films, entre los que se cuentan "Arianne" que revela vía Audrey Hepburn, que la inocencia es más astuta que la astucia.
Un sombrero extranjero, como los sombreros de cowboys mencionados al principio, sirve en "Ninotchka" (Greta Garbo haciendo de emisaria soviética) para mostrar cómo el acariciador consumismo individualista puede acomodarse (y con "inocencia" disuadir) a todo lo que tiene en la cabeza Tomás Borge (miembro fundador del Movimiento de Liberación Sandinista Nacional en Nicaragua)
Todo esto salpimentado por un elegante y refinado pianista Viktor Borge que desde su danesa lengua extranjera llena de gracia sus chistes inocentes: nada inocentes, que nos devuelven la perversa y polimorfa infancia, nos devuelve la vitalidad máxima.

Nada en quince minutos
Fui a tomar el tren en Belgrano para ir a la estación Central (Buenos Aires). Atravesé los rieles y me puse a pasear en el andén, parándome de vez en cuando con las piernas abiertas, como un marinero en la cubierta de su buque, para descubrir si se veía el humo de la locomotora.
No había humo ni locomotora por el momento; pero en compensación, una señora joven, seguida de una mucama más joven, cargando ésta a un niño aún más joven (de pecho supongo), pasó la vía y fue a sentarse en uno de los bancos con su séquito.
Yo soy un hombre de buen gusto y lo pruebo, refiriendo que entre buscar el humo problemático de una locomotora por venir y mirar la cara de una señora presente y bien parecida, preferí esto último.
Declaro en confianza que cuando llegó la señora me olvidé del tren y afecté un aire indiferente.
En mis paseos observé:
Primero: Que la señora era realmente linda, madre de un primer hijo, rubia y fresca.
Segundo: Que la mucama tenía la cara redonda, ojos negros vivísimos y una boca como cualquier botón de rosa.
Tercero: Que el niño…¡creo que ustedes no se interesan en el niño!
-¿Se irán solas?-pensé.
En esto apareció su marido; lo conocí en su modo de andar, en su aire descuidado y en los tres boletos que traía en la mano (los niños de pecho no pagan boleto).
La señora tomó una actitud reservada; el marido se puso a hacer fiestas al niño y yo volví a escudriñar el horizonte buscando el humo de la locomotora.
Debe llamarse Elisa, me dije, o Delia o algo en que haya una e y una i: su nombre debe tener dos sílabas o tres a lo más.
Supongo que el lector no piensa que me refiero a la locomotora, ni a la mucama, ni al niño, ni al marido.
La razòn para llamarse Elisa o Delia estaba en el color de su vestido, gris claro: la imaginación tiene su lógica femenina y no admite que una señora vestida de gris claro, rubia, fresca, elegante y un si es no es risueña, casada con un hombre moreno, pueda tener un nombre en que no figuren las letras i; amables letras, distinguidas y livianas.
Ramona, no se llamaba seguramente.
Llegó el tren; yo, fingiendo no importárseme nada de Elsi, subí primero que su familia a un vagón, el más próximo.
Quizá hubo un poco de cálculo en mi apresuramiento.
Celia subió en seguida con su marido, con su mucama, con su niño y con todos sus atractivos; es decir, con su boca blanda, húmeda, bien cortada, sus dientes bañados en rocío del alba, su frente limpia, sus mejillas…dejemos las mejillas para más adelante.
Me senté dando la espalda a la máquina y un poco lejos; también hubo un cálculo orgánico en esto, pero yo no me di cuenta.
Naturalmente, la señora y la mucama con su niño, se sentaría mirando hacia delante, es decir, dando el frente a un servidor de ustedes, y el marido (odioso) dándole la espalda; así sucedió.
Edi, una vez en su sitio, mostró en su semblante hallarse satisfecha; lo mostró no sé cómo, probablemente por aquellos signos de coquetería delicada que todas las mujeres ejercitan aun entre las personas de quienes nada se les importa.
Yo he visto a señoras de mi relación presumirle a una cómoda o hacerle gracias a un espejo para seducir a los demás muebles.
He visto más: alisarse el pelo a una enferma moribunda, antes de dar el último suspiro…
El marido estaba inquieto; sabía por instinto que su mujer trataba de parecer bien al vagón, a los pasajeros, y a los animales que se morían de hambre a uno y otro lado de la vía en los campos pelados.
Yo me fijaba en la nuca del marido; nada poética por cierto; una nuca vulgar, y la señora, de tiempo en tiempo, me miraba rápidamente como diciendo: “gracias, señor, por su admiración”.
A mi vez le habría agradecido la instalaciòn de sus encantos si hubiera sido exclusiva, pero era universal, pues con la misma expresión de amor propio la destinaba al guarda del tren, a los asientos de esterilla vacíos o a los paisajes del camino.
¡Hay un fondo de perversidad innata en las mujeres más felices, más lindas y más distinguidas!.
¿Querrán ustedes creer que la encantadora Friné se puso a besar al niño con la boca más sabrosa que ha viajado en tren, desde Adán hasta la fecha?.
El marido no podíaa prohibirle que besara a su hijo, pero indudablemente habría preferido que no lo hiciera.
¡Sabía que los besos eran para tantalizar al público!
El niño, sorprendido por tamañas efusiones que tal vez encontró inusitadas, diose a mirar con ojos de muñeca y a protestar con gestos afligidos; la mucama se puso más colorada y más bonita; el marido ejecutó un cuarto de conversión, y yo, que me ocupaba en ese momento en calcular la profundidad de unos hoyitos que se dibujaban en la mejilla de la adorable madre, mientras se sonreía deliciosamente, me vi forzado a practicar una diversión (en su sentido técnico y militar) poniéndome a mirar un caballo flaco, afligidísimo, como político en decadencia, empantanado en una zanja.
¡Decididamente el caballo es un animal muy útil para el hombre!
La señora comprendió el reproche mental de su digno esposo y apoyándose en el espaldar del asiento, un feliz espaldar, fingió una tristeza tan melancólica y tan perfecta que hizo al marido derramarse en una lluvia de preguntas cariñosas y llenas de inquietud.
¡Qué arte tan sublime tienen las mujeres para manejar a sus maridos!
Heli volvió a sonreírse y una atmósfera de felicidad, de gracia y de belleza se difundió en el ambiente.
-Central-gritó el guarda tren.
-Tan pronto-contestaron los sentimientos íntimos de los viajeros en todo el compartimento.
La triunfante señora arreó con sus gracias, el marido salió del purgatorio (un siglo había pasado para él en quince minutos) y cuando yo me preparaba a tomar mi postre de emociones viendo bajar a Irene, último nombre que le di a la divina viajera, fui frustrado en mi anhelo por el saludo cariñoso e inoportuno de don Mariano Abreojos, corredor de frutos del país, entre cuyos bigotes tiesos fue a enmarañarse mi visual destinada a un pie probablemente chico y delicado.
¡Así concluyen todos los encantos de esta vida!
¡Nada en quince minutos, sino la supresión de un cuarto de hora!
Eduardo Wilde, Prometeo y Cía. Buenos Aires, Anaconda, 1938








BILLY WILDER
Billy Wilder es un Lubitsch rancio, romanticismo fermentado, un disco de 78 sonando en 45, un viejo mundano de Viena mofándose de Hollywood mientras Hollywood se lo traga (Andrew Sarris, crítico de cine, en 1976)
Mucho antes de que Billy Wilder fuera Billy Wilder, Billy Wilder ya se creía Billy Wilder (Audrey Wilder, su esposa)
Ha decidido no seguir tomando en broma lo trágico, sino por el contrario, tomar seriamente lo cómico, colocándose como el digno heredero de Lubitsch en el corazón de los cinéfilos (Jean-Luc Godart)
A partir de Double Indemnity las dos palabras más importantes del cine son Billy y Wilder (Alfred Hitchcock)
Billy Wilder, viejo zorro libidinoso, ha rodado en La tentación vive arriba/La comezón del séptimo año algunos planos puramente pornográficos, en algún sentido abstractos, dado que son incomprensibles para 98 de cada 100 espectadores (François Truffault, que había dicho casi lo mismo-proyectivamente-de Vértigo)
Ha sido El ocaso de una vida del maestro Wilder, la película donde mejor he visto reflejada esa emoción que hoy significa Hollywood: una ciudad edificada sobre ilusiones y desilusiones, sobre esperanzas, cronopios y famas. Aquí tenemos en todo su esplendor eso que los expertos, sin citar jamás a Horacio, llaman el "carpe diem", es decir, la fugacidad de la vida. El lugar donde las personas se queman mucho antes de estar quemadas. "El tipo tenía talento", le dice Nancy Olson a Bill Holden en la citada Sunset Boulevard: "Eso fue el año pasado", responde Holden (José Luis Garcí, "Morir de cine")
Como ocurre con Hitchcock, Buñuel, Berlanga, como en los casos de Oscar Wilde, Bernard Shaw y Borges, Billy Wilder fue desarrollando inadvertidamente, cada vez que se le ponía delante un micrófono, una cámara, un teléfono o cualquier clase de interlocutor, una obra paralela, tanto o más brillante que su obra "oficial", hecha de toda clase de comentarios al paso, aforismos instantáneos, observaciones siempre sorpresivas, maliciosas, lapidarias. El anecdotario hollywoodense no sería el mismo-sería mucho más aburrido-sin el aporte inestimable del viejo Billy. Aquí una breve antología.
[tomado de la revista de cine "El Amante", número 26, p.41; recopilación: Horacio Bernades, traducciones del alemán: Martín Brauer]
Cama pirañera: Por supuesto, el sexo es lo más importante, esto no se cuestiona, pero lo más difícil es el "después". El diálogo es penoso, se plantean preguntas absurdas como ¿qué pensás ahora de mí? o ¿me querés de verdad?¿tanto como antes?. En lugar de todas estas preguntas, sencillamente habría que apretar un botón. Al instante el colchón giraría 180 grados, la dama con la que estabas desaparecería, mientras que en el otro lado del colchón aparecería una mesa de juego con cuatro sillas, tres compañeros de bridge, las cartas ya estarías repartidas. Podría hacerme rico con un invento de este tipo.
Casablanca: La película más popular jamás realizada. No es una película perfecta, no es la película que más dinero ha dado, pero cada vez que se pasa por la tele bate todos los records de audiencia. Esta película tiene una magia difícil de explicar. No se debe a Paul Henreid, desde luego. ¿Serán Bogart y Bergman, esa pareja improbable?¿el ambiente?¿el romance, frente a los negros nubarrones de la guerra?¿será Claude Rains, mi actor preferido?. Un secreto imposible de develar, como el de todos los éxitos.
Chandler, Raymond. Era un caso típico: alcohólico y casado con una mujer mucho mayor que él. Así que no la pasaba bien ni en la cama, ni bebiendo.
Cine barato: No por ser barato es mejor. Una familia de Kansas City acaba de terminar de cenar. ¿Alguien cree que la mujer dirá: "No freguemos los platos esta noche porque dan una película que ha costado doscientos doce dólares y medio"?
Civilización y barbarie: David Lean siempre trabaja en la incomodidad. Le gusta vivir en una carpa, sin agua corriente, rodar en Bora-Bora, andar en camello, filmar tortmentas, le encanta estar atado al mástil de un barco. A mí me gusta estar sentado en una cómoda banqueta en el interior del estudio, con agua corriente y el Herald Tribune a mano. Si no, me siento sucio y desinformado.
Cum Deo (es judío). En todos mis guiones, después del título de la película figuran dos iniciales: CD. Cum Deo, en latín: una fórmula tradicional para encomendarse a Dios. No es que sea particularmente creyente, pero me parece la manera más barata de sobornar a aquella cosa que está entre las nubes.
Directores:No es imprescindible que los directores de Hollywood sepan escribir guiones, pero lo que sí sería de gran ayuda para sus guionistas es que algunos de ellos supieran leer.
Entretenimiento: Yo también creo en los Diez Mandamientos. Los nueve primeros dicen: "No aburrirás", y el décimo, "Tendrás el final cut"
Escribir: Cuando escribís un guión siempre juntás demasiado material y hay que empezar a condensar y a eliminar, hasta que el noventa por ciento de lo que escribiste, termina en el tacho de la basura. Cualquier mujer de la limpieza podría hacerse rica si lograra dar con el cesto de papeles adecuado.
Estilo: Estoy en contra de toda esa pirotecnia visual tan común en el cine de ahora. En mis películas, no pretendo que los espectadores salten ante cada plano, gritándole al de al lado: "¡Dios mío, mirá qué encuadre!". Todo eso-junto con la nouvelle vague, ya lo probamos en los viejos días de la UFA en Alemania, y lo descartamos.
Estrellas. Lo mejor para una estrella es morir joven, como Jean Harlow, Carole Lombard o Marilyn Monroe. El cometa tiene que desaparecer en el firmamento y no caer como un petardo mojado.
Fassbinder, Rainer W.: Hay que imaginar a una familia en Düsseldorf. El marido está desesperado. Llega a casa y encuentra un comunicado de Hacienda. O bien paga los once mil marcos que debe de impuestos o irá a la cárcel. Su mujer le hace saber: "Amo al dentista y voy a abandonarte". Su hijo ha sido encarcelado por terrorista, la hija está embarazada y tiene sífilis y en ese momento llega a alguien a su casa y le dice: "Sé que tuviste un mal día ¿por qué no vamos a distraernos un poco? Vayamos al cine a ver la película de Fassbinder Desesperación."
Garbo: En ese rostro podían leerse todos los misterios del alma femenina. Veías a Eva, Cleopatra, Mata Hari. El milagro ocurría en la emulsión de la película; en persona, no valía un peso partido al medio.
Godart, Jean-Luc: Ha épaté les bourgeois durante tanto tiempo que ya no están en absoluto épatés. Los únicos que están épatés son los que ponen dinero en sus películas.
Hollywood: Una ciudad donde con las tiras de piel que se han cortado del rostro de una sola estrella se podrían rehacer cuatro o cinco estrellas.
Hollywood today: Ahora las cosas son muy difíciles. Ya no existen los estudios y no se llega a ninún lado besando culos porque al culo que besás hoy mañana ya lo patearon.
Imbéciles. El artista debe estimular al público, distraerlo, impedirle dormirse y hacerle un par de buenas preguntas. El que cree conocer las respuestas en mi opinión no es un artista: es un imbécil.
Lubitsch. Cuando tenía que pensar algo muy a fondo, tomaba un puro y se iba al baño. A los cinco minutos volvía exclamando: "¡tengo la solución!". Durante la preparación de Ninotchka se quedó un cuarto de hora, en vez de cinco minutos. Es que se trataba de un problema particularmente difícil.
Marilyn: Tenía el don de que su carne fuera absobida directamente por la cámara, reflejándose en la pantalla como auténtica CARNE que se podía palpar, pero de todas maneras cuando terminamos de rodar Una Eva y dos Adanes, después de que tuviésemos que filmar 70 veces la línea "Where's the bourbon?", que ella se negaba a leer de un machete, porque la hija de Lee Strasberg le había lavado la cabeza y tenía que pronunciarla con memoria emotiva y el método Stanislavsky, considero que tendrían que haberme otorgado el "Corazón Púrpura", la medalla que el ejército nortemaericano concede por los Sufrimientos por la Patria.
Marlene: En el plató era un amor, la madre Teresa con mejores piernas. Traía pancitos con queso, le daba aspirinas a los técnicos si los veía estornudar. En Berlín al final de la guerra nos encontramos y noté lo bien que le sentaban los uniformes. Estabamos los dos con el uniforme del ejército norteamericano...claro que el de ella era de Chanel.
Productores: Cada vez que escribía un guión los productores me pedían que les resumiera el tema en una frase. Yo les decía cualquier cosa, para darles el gusto: "No se puede tomar una sopa con un tenedor", "Ningún hombre es una isla", alguna frase que sonara zen, que generara la sensación de "profundidad".
Revisiones: Nunca reveo mis viejas películas. Sería como encontrarte con una mina con la que te fuiste a la cama hace quince años, la mirás y pensás: "¡Holly shit!¿yo me acoste con essto?
Star System. Hoy en día, una mujer como Barbra Streisand monta negocios, es coproductora y eso le resta magia a su imagen de estrella. Antes había cierto misterio en torno a la vida privada de las estrellas-misterio obviamente fabricado, pero de todas maneras eficazmente fascinador, lo que generaba un constante voyeurismo.
Studio System: Con los grande sestudios cinematográficos pasa lo que pasa en el amor con las féminas: no podés hacer películas con ellos...y no podés hacer películas sin ellos.
Tragedia: La única tragedia griega que conozco es Spyros Skouras (N. de la R: Skouras era un conocido ejecutivo, presidente de la Fox durante veinte años)

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