lunes

Yo no mastico Ovidio

 
 
Estimados alumnos y subestimadas alumnas:

como sabrán hubo esta propuesta que mi contador aceptó pero mi gastroenterólogo consideró que no tengo estómago para hacer, así que olvídenla

los miércoles de 20 a 22 hs. va a arrancar un curso más abarcativo, intitulado "Yo no mastico Ovidio" y a quienes les gustó el de verano, se los recomiendo porque me estoy re-comiendo las uñas para saber si se ins
criben o me veo obligado a salir a vender inodoros, siendo que yo, la verdad sea dicha, me recontra defeco en los inodoros

si hay personas-o robots o animales u objetos con capacidad de pago-interesados en que se abra el taller de técnicas matriciales de la broma en mi casa en Almagro sería a un precio como no podría ser de otra manera irrisorio y con horarios a -como diría el chueco-consenSuar

tengo dos consignas para el martes: una es escribir acerca de "la grieta" pero trasladando lo que podría ser la obligación de pronunciarnos respecto de la intervención del Estado en todo ámbito a la obligación de alguna otra dicotomía

por ejemplo: antes de que te autoricen a dar un concierto de piano tenés que decir si estás con el relativista Einstein o si estás con el movimiento nacional y popular newtoniano, eso sin saber nada de física...

ridiculizar el maniqueismo y la imposición de haber puesto la agenda política en la cabeza de los argentinos, etc.
no formulé muy bien el concepto, así que pregúntenme mejor para al menos saber que no estoy hablando (pésimo) a la pared

la otra consigna es una reseña de un escritor muy influenciable, que va cambiando de estilos novela tras novela según su pareja: si está con una persona ingenua se vuelve "pícaro", si está con alguien escéptico se convierte en un apóstol de la fe...lo gracioso sería atribuirle libros muy diferentes...

imitar el estilo indignado de Groucho Marx es una asignatura pendiente: escriban una carta de lectores protestando contra algo que sea inequívocamente insignificante y haciendo una alharaca estruendosa sobre eso, altiva susceptibilidad, simulación de una solemnidad rígida, ya lo vamos a ver igual en clase

a quienes se animen a escribir humor erótico, les aconsejo que hagan algo de ficción y usen la exageración...postulen criaturas que evolucionaron y tienen más genitales y más placer, hablar desde el deseo y sobre todo si lo hacen con timidez y sublimando es una fuente de risa y de distensión maravillosa

una consigna más difícil de explicar sería la de un mini manual de cortesía para paranoicos que teman estar ofendiendo con cada palabra que sueltan

si es demasiado desordenado, poco estructurado y los confunde, les mando consignas en las que solo tengan que completar la frase, si lo prefieren

les mando una carta preparada para ustedes pero no muy bien articulada y que al final tiré al cesto o al sétimo

si alguien ya sabe que no va a poder venir, que lo diga ahora desde su cascarón de nene de mamá o que adquiera calle para siempre

en el rojas me piden ya tener listas las actas con la asistencia, como diría Macedonio: si llegaba a faltar uno más, no cabía...

Profesionales del absurdo:


Freud escribe una metáfora insólita para indicar a los psicoanalistas que no correspondan al enamoramiento de las pacientes: darle amor, sería como darle a leer a un famélico un menú.
¿Qué hacer ante un embrollo así de ininteligible? El humorista siempre tiene que volar con ascéptica superficialidad sobre las cosas y devolver una distancia emocionalmente contemplativa a las representaciones. Se me ocurren muchas soluciones si hay que nombrar esta metáfora y no se quiere caer en insondables abismos de petulante ignorancia. Una es la tan preferida por la gente: la tangente. Decir, por ejemplo “hablando de metáforas, yo hablo muy bajito y entonces una vuelta pedía mis alumnos que me trajeran cada uno cinco metáforas, para que demostraran haber internalizado el concepto y uno me trajo cinco excelentes metáforas pero las llamaba “ánforas” porque eso me había llegado a oír…o sea que tengo un problema de dicción y cuando mi abuelita escuchó que tengo un problema de dicción, llamó a toda la familia alarmadísima porque tampoco oyó con precisión”.
Otra solución no sería agarrarse de un costado muy periférico y desviar el foco, como recién, sino replicar la categoría en otra dirección, es otro modo de tomar el asunto con pinzas, de no dejarse enredar por su magnetismo férreo. Por ejemplo decir “más rara es la metáfora de Daniel Osvaldo, el jugador de Boca, elogiando la velocidad de su colega Lodeiro: parece que tuviera merca en los pies”.

Estas dos técnicas para distraer se pueden aplicar de muchas maneras. En lugar de decir “hablando de metáforas” podemos decir “hablando de muertos de hambre”, etc.
Digamos que para el humorista la tradicional manera de analizar una palabra le sirve para tener tres puntas con las que derivar la atención: la forma de la palabra, su sonido y su significado.
Por ejemplo al entender mal puede entender “pene” a partir de “peine” por lo que se denomina “similcadencia” o “reine” por morfología o “cepillo” por sinonimia.

La regla de oro es que lo actual es más importante que lo importante: lo que se está pensando en este momento en el colectivo social, en los medios, los que está momentáneamente instalado en la cabeza de las personas ayuda más a la gracia de un chiste. Les doy un ejemplo: yo tengo un Schnauzer enano, un perrito muy lindo y cuando lo saqué a pasear esta mañana y veía que se acercaba alguien le decía “Tranquilo, Lagomarsino”.
El efecto en los demás de sorpresa por reconocer ese nombre y verlo situado en un perrito me hacía doblar de la risa, con otros nombres no sucedía.

Este timing y esta actualización que tiene que tener el humorista se basa en la parte más indiscutible de Freud, la que va a perdurar incluso si nadie cree en el psicoanálisis o lo que tenga de científico sea refutado: la teoría del chiste.

Supongamos que se termine descubriendo, como quería Jung-y un paralelismo sería lo que pretenden que retire de su humorística Pinti-, que la sexualidad no era realmente lo reprimido, solamente lo fue en cierta época victoriana o en la interpretación del terapeuta tan escandalizable por reprimido. Eso no importa. Va a seguir siendo cierto que existen palabras o ideas o pensamientos que están cargados o investidos y otros que no. No importa si la energía que los inviste es sexual. El tema es que hay palabras que nos emocionan en este momento y otras que nos dejan frío. Podríamos reducir el problema con dos nociones de una teoría rival, la de William James. La de la emoción y el criterio de verdad. La afirmación “Creéme cuando te digo que nunca amé tanto a nadie antes” es útil si y solo si es verdad que quien la enuncia nunca antes amó tanto a nadie, vale decir, si se segregan determinados neurotransmisores cuando la dice.
Para verdades científicas el criterio de demarcación es su realidad demostrable empíricamente y para verdades de la vida cotidiana, la emoción ostensible que las secunda.
Todo esto estamos diciendo para el tipo de humor que no es disparatado y en el que se desvanece el “mensaje” o “denuncia”. En un cuento que Chesterton escribió de niño el príncipe decide luchar contra el dragón de una cabeza y no el de dos porque es humanitario y no quiere cortar más cabezas que las estrictamente necesarias. El blanco del chiste es el humanitarismo llevado al absurdo, pero no tenemos una emoción puesta en ello.
La maestra jardinera de mi hijito le estuvo hablando del día de la memoria y lo anunció muy orgullosa en su cuaderno de comunicaciones citando el tango “Honrar la vida” de Eladia Blazquez: a lo que se limitó fue a intentar que recordara la ubicación de unas figuras de animales, vale decir: confundió el significado de memoria colectiva y cívica con su significado puramente automático, del Memotest.
Esa “mala inteligencia” es un ejemplo de confluencia que podría convertirse en desopilante, una vez esmerilada.
Si me dicen que la edad de una mujer puede adivinarse viendo sus manos puedo pensar que la chica de treinta y dos me hará un tres con una mano y un dos con otra.
Casi siempre analizamos ejemplos de juegos de palabras y de fusión de conceptos desde el punto de vista lógico como si el humor fuera matemático. Y si bien para muchos teóricos el chiste es una operación mental que consiste en que el intelecto suspenda los sentimientos para racionalmente registrar una incongruencia, sabemos desde la psicología y desde la biología, desde la antropología y desde la neurología, que esa suspensión imposible de la emoción es un ideal romántico, emocionante, de la Ilustración, del dualismo cartesiano derivado de la separación judeocristiana entre alma y cuerpo, originalmente ideada por Platón pero para unir a dos amados monistas: Parménides y Heráclito

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