martes

"Sin hijos" es altamente recomendable



Quería recomendar la película "Sin hijos", porque salí con una muy linda sensación de verla.
No quiero decir que la película sea Dios, pero voy a empezar definiéndola como hacían los teólogos por lo que no es: no tiene ninguno de los defectos clásicos del cine nacional: no tiene problemas de sonido, no tiende al paroxismo del melodrama patético, no es lenta, no es didáctica, no es inconexa, no es pretenciosa y sobre todo, no es inverosímil.
Que sea creíble, que quienes salgan de verla no digan "qué bello cuento de hadas", sino "qué grata y simpática película costumbrista" ante modos Disney de hablar con la ex, ante ausencias absolutas de problemas económicos en todos y cada uno de los muy humanos personajes, me obliga a extenderme en relación a lo que voy a dar en denominar "el efecto Diego Peretti".
Si me dijeran que Diego Peretti va a protagonizar una versión teatral en clave musical del film "Lincoln" de Spielberg que ya tengo como esculpido por Daniel Day Lewis, yo diría que no es el actor indicado, que no da el physique du rol y que cuando alguien logra éxito haciendo lo que sabe no debería suponer que se enriquece de alguna manera intentando hacer lo que no sabe.
Y después vendría la crítica del "Lincoln" de Peretti y nuestra admiración por el presidente norteamericano a quien ya nunca más podremos imaginar sin la nariz de Diego Peretti. Porque la falta de ductilidad de Diego Peretti, que con toda la furia puede variar un poquito sus gestos de furia, pero siempre se alegra igual, se entristece igual y está hecho a imagen y semejanza de sí mismo, es como su nariz. Inusual. Sobresaliente. Inolvidable. Se impone. Nos ayuda a animarnos a actuar como debemos en la vida real, como actores, más allá de que no encajemos en el estereotipo canónico.
Lo he visto a Diego Peretti haciendo de Mackie Cuchillo en una versión antimenemista de "Dreigroschenoper" y en mi palco a la izquierda Luis Brandoni puteaba ("si les gusta Brecht ¿por qué le hacen eso?") mientras a la derecha Victor Hugo Morales aplaudía rabiosamente. Lo he visto haciendo de Discepolín, lo he visto advertir fumado que el cumpleaños feliz y la canción del payaso Plinplin son una y la misma (en "Tiempo de valientes"), he disfrutado muchísimo de sus roles en "Música en espera" y en "¿Quién dijo que es fácil?". Habiendo visto "In therapy" no creía idóneo a este flaco para el rol que tuvo, pero después de "En terapia" me indigna que la versión original haya elegido para ese papel a ese actor, tan negro y que queda tan empalidecido ahora.
La credibilidad que imprime a sus diálogos Diego Peretti (a quien adoré la primera vez que lo vi diciendo " a mí me chupa bien la pija que hayan contratado estos mariachis" en el capítulo iniciático de "Los Simuladores") se basa en una autenticidad con la que todos podemos identificarnos muy directamente. Quizá en el mal sentido de que nos identificamos más con Samid en el "Bailando" que con Isadora Duncan. La película recorre con cámara invisible a lo Howard Hawks la historia de un hombre separado que se enamora de Victoria (Maribel Verdú, que sostiene con garbo y salero ibéricos su sensualidad ya no tan localizable en su anatomía). La mujer tiene una consigna-que el psiquiatra Peretti resignifica como "fobia": nada de niños. Es el nudo argumental y la única fobia. El guionista no tiene ninguna fobia (spoiler alert) en que si necesita que se reencuentre el hijo con el padre (un entrañable Horacio Fontova) se produzca una coincidencia encajada con fórceps, ni en que si se necesita que haya una anagnorisis del verdadero parentesco ocultado, se produzca una escena agarrada con alfileres en la que la nena se pierde en el bosque. Alfileres, fórceps o la tenacidad de una nariz en forma de, qué se yo, ¿pico de loro? nos hablan de la fortaleza de la "caja de herramientas" conceptual con la que fluyen los diálogos tan excelentes porque ninguna frase brillante entorpece la velocidad.
Por amor tener que negar lo que más amás. Un dilema que podría ser desgarrador pero recibe el tratamiento de una comedia de enredos. Como lo que Penélope teje y cada noche desteje como para evitar la cólera de Aquiles, el protagonista reconstruye cómo estaba su casa, ambientada para su hija, ni bien se fue su novia, a quien escondió todo vestigio de jueguete y dibujos infantiles (el perfeccionismo llega al punto de borrar las leyendas de un pizarrón y volver a escribirlas a partir de una foto sacada con el celular). Quizás apelar a Homero para comentar estas peripecias sea exagerado, pero querría dar cuenta de un grado de universalidad que no suele verse en el cine nacional. Son muy poquitos los rasgos autóctonos y muy nobles. Nada de ese cinismo nihilista ni su contrario, el kitsch. La omnipresencia de la amistad porteña. Una Buenos Aires filmada con el amor con el que Woody sabe filmar ciudades. Un mensaje que permite pensar pero al mismo tiempo es concretamente lo que Martín Piroyansky quería decir categóricamente. Un juego entre padre e hija para adivinar con tarjetas que no se ven quién es deviene un resemantizado juego de ingeniosas alusiones cuando lo confrontan la novia y la hija. La casualidad de un encuentro al sacar la foto del documento se eleva a una posición de carencia en la identidad. La diléctica de las resignificaciones nos acaricia cuando vemos a un pediatra que se queja de su vida explicar que la queja es su combustible. El acierto trascendental de la película es el tono: no es didáctico, no tiene nada que enseñarnos. Cada intento de pedagogía se desarticula por la espontaneidad de la vida, que te pasa del plano simbólico al concreto sin solución (casi no agreguemos "de continuidad"). Si el protagonista quiere metaforizar lo que le sucede y le pregunta a su hermano si dejaría de lado lo que más ama (la moto) por la mujer de su vida, el hermano lo interrumpe, como lo hace con naturalidad cualquier conversación nuestra, explicando que a la mujer de su vida le encantan las motos.
El casting impecable se realza con una niña que no es bucólicamente angelical, sino querible, inteligente, protegible, pero también malhablada, manipuladora, celosa, gritona, caprichosa, no especialmente hermosa, en suma: que posee la ambigüedad necesaria para que entendamos que su padre la ama y que la novia de su padre no la puede ni ver.
Y algo similar pasa con este film, que no creo que gane el Óscar a pesar del talismán Pablo Rago, todos cuyos "sin embargo" no obstaculizan que nos embargue la emoción. Quiero decir que como a la nena, a esta peli o la amás o si no llegás a amarla es solamente porque no la pudiste ni ver...

5 comentarios:

  1. ya está, me convenciste.... como un boludo el otr o día porque empezaba antes no la elegí y fui a ver Mad Max y fijate en mi ultima entrada...

    y Peretti es groso porque es "como uno"... que cursilada ja....

    y podrías comentar en mi blog alguna puta vez eHH!!!!!!!!

    ResponderEliminar
  2. Anónimo6:26 p.m.

    sos mi idolo!
    Lucre Leguizamon Superbia

    ResponderEliminar
  3. Anónimo10:58 a.m.

    Totalmente de acuerdo.

    "Sin hijos" es altamente recomendable para no pagar cuota de alimentos, para poder gritar a lo Tarzan en el salto del Armario, para no ir a las plomas reuniones de padre, ...Oscar Samoilovich

    ResponderEliminar
  4. Anónimo10:59 a.m.

    me la vendiste, a mi pereti me enganchó con los simuladores, los descubrí este verano y me la zampé completa en un par de semanas.
    mañana yega marizel y si no vuelvo muy tarde del colegio la yevo y aprovechamos el vale 2x1 que nos regalaron en carrefur.



    Abrimos otro bachillerato popular en la cooperativa Soho y doy clase jueves y viernes y un sábado sí y otro tampoco pero (imagino la baba que se te escurre haciendo cuentas y fantaseando aumentos mientras te frotás las manos) gratis, sí frotarse las manos es gratis, claro.

    Digo que gratis las clases, porque tu inquilino es un militante.




    un abrazo

    J.L.

    ResponderEliminar
  5. Anónimo11:00 a.m.

    ¡Qué lindo! Siempre logras emocionarme. Por supuesto trataré de verla, pero aunque no, me quedará como ese lugar soñado, porque a uno se lo contaron....
    Gracias

    ResponderEliminar

la peor opinión es el silencio, salvo...