viernes

Con chamuyo y con globito, la pasamos bien bonito (y nos preservamos de las ETS, etc.)

    Ustedes me ven adorar como a majestades heroicas a lo que para ustedes se reduce a un grupo de "nerds". Paralelamente hoy vino a mi memoria, la falta absoluta de reverencia que tuve ante un arma en mis narices cuando trabajaba en una agencia de lotería. Un muchacho que entró con un grupo de especias fingiendo venderlas-en realidad se hizo unos mangos antes de asaltarme-esperó a que se fuera el resto de los clientes y me dijo que vacíe la caja.
    No sé qué fue lo que me hizo reaccionar de la siguiente manera, quiero aclarar que no tenía hijos en aquel entonces y estaba algo alienado por ser el encargado de local y trabajar 13 horas por día, lo cual trae mala suerte:
    -¿qué?
    -Vacía la caja o te quemo
    -No, no puedo
    -Dame la plata, no te hagás el guapo que te mato
    -Vas a tener que matarme
    (pero dicho sin un tono desafiante, dicho con un aire de lamento a lo idishe mame)
    -¿qué?
    -vas a tener que matarme porque si me robás es lo mismo...hubo un cambio de dueño la semana pasada y todavía estoy a prueba y no me gané su confianza...así que no me va a creer que me robaron y me va a despedir, si me despide, no voy a poder pagar el alquiler del departamento que eligió mi novia en las Cañitas y ella me va a dejar...
    no recuerdo bien toda la explicación exhaustiva y sucesiva que brindé para que viera la realidad: que si me robaba, terminaba con mi existencia...
    lo desconcerté severamente.
    Me dijo: -No, no te quiero matar, flaquito (yo era flaquito en aquel entonces), dame aunque sea 10 pesos.
    Yo saqué diez pesos de mi bolsillo y el hombre llamó un taxi y se fue. Esta historia, por supuesto fue la que el dueño nunca me creyó. Traté de arreglarla explicando que en todo momento supe que no era un arma de verdad, sino una réplica. Por supuesto cuando lo describí debí reconocer que sí era un arma de verdad.

    Hoy lo recordé porque fui a enfrentarme con Mefistófeles que mientras hervía en círculos infernales las almas de seres de luz y posmodernos Deleuze, tenía secuestrada mi PC. Y la transformación que sufrió ante mis ojos este gigante y cruel estafador cuando le exigí que me devuelva el dinero me hizo acordar al "no te quiero matar, flaquito", al encogimiento de hombros en el que un enemigo poderoso se reduce a pobre tipo. Me explicó que estaba sin un mango (no me imagino por qué con lo bien que trabaja), que ya sacó el máximo de dinero que el cajero permite...Entonces le dije que me hiciera una transferencia y me dijo que su papá maneja su cuenta...me dio lo que tenía de efectivo y yo...no llamé un taxi, pero me sentí desconcertado por cómo las emociones nos hacen redimensionar todo...

2 comentarios:

  1. Anónimo5:29 p.m.

    buenísimo!
    Patricia Algros

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  2. Anónimo5:29 p.m.

    Genial Martín Brauer!! Tus anecdotas son desopilantes.
    Marisa Obrador

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la peor opinión es el silencio, salvo...