martes

INTENSAMENTE

"Intensamente" es una película excelente y super recomendable como todas las de Pixar y todas las de Disney. Llevar a mi hijito de cuatro años a que la vea me hizo llorar de la emoción hasta la deshidratación. 
Fue poco lo que en ese momento llegué a razonar, entre ese poco el chiste de que aunque la película hable de cómo funciona el cerebro, por culpa de la mielinización de los axones, creo, algo así como el cableado o según Freud, por culpa de la amnesia infantil el nene no va a recordar nada de esto. 
Una de las primeras cosas que pensé cuando vi el afiche fue que esta película es hija de las drogas de diseño o de los recapturadores de serotonina. Que escindir las emociones tan quirúrgicamente solo es posible en una época en que los laboratorios barrieron con la idea romántica de la pasión que oscila exagerada entre Oscila y Caribdis, o como se diga. Como no quiero revelar nada de la trama, me voy a limitar a dar algunas impresiones que tuve. En primer lugar, me parece que es una típica película norteamericana en un sentido que podría parecer moralista y que también podría parecer superficial. En realidad es un poco las dos cosas. Que sea un deber ético estar contento parece una invasiva vejación a la esfera privada y personal. Que para ello se utilice maquiavélicamente un recuerdo feliz de la familia disfrutando unida un juego parece una evasión conformista respecto de la percepción de la realidad. 
Es interesante repensar el rol de las emociones en nuestros códigos morales. No puede haber parece un marxista que no acompañe la concientización de que el capitalismo concentra la riqueza cada vez más con una afable y risueña emoción. Séneca le enseñaba a Nerón que las emociones son no impulsivas e indetenibles, sino el resultado de un razonamiento y que la furia es fruto de un razonamiento inválido. Dale Carneguie en "Cómo hablar en público" recomienda no apelar al viejo truco de imaginar a todo el público desnudo (como disfruto de un público muy sexy, admito que esa técnica me inhibiría mucho más). Apela en cambio a la memoria emotiva de la indignación, a que recordemos en qué momento de nuestras vidas nos sentimos monstruosamente ultrajados porque nada aniquila mejor la timidez y los reparos de los buenos modales que esa infatuación del ego autorizado a todas las violencias por sentirse a la defensiva.
No quiero extenderme hablando del derecho a la tristeza y del derecho a estar con cara de culo y a sentirse para el orto, que creo que solamente cuando estamos muy tomados por una emoción sombría consideramos batallas sostenibles. La película tiene algunas virtudes epistemológicas que nos impedirían tacharla de ingenua. Lo que Stevenson llamaba "la voluntad de sonreír". Lo que Facundo Cabral definía como "si no sos feliz estás jodiendo a todo el barrio". Bertrand Russell decía que las personas desdichadas parecen tan orgullosas de ello como los que sufren insomnio. Borges, no precisamente un hedonista, lo resumió con alguna ironía: "hay que ser feliz aunque sea por orgullo". En la película la protagonista es una menor, con lo cual nos ahorramos todo lo que hubiera sido lo que Sabina llama "la cofradía del Santo Reproche" de las escenas conyugales (íntimamente creo que el ala más homofóbica de los norteamericanos se decidió a otorgarles el matrimonio como forma de atenuar su promiscuidad).
Cuando Ezequiel llora porque se cae haciendo alguna monería trato de que haga surgir su interior estoicismo y le pregunto si me vio alguna vez llorar. Me contesta que nunca por golpes físicos. Y siempre me sorprende porque tiene razón: hay poemas o situaciones donde mis ojos anegados en lágrimas (la película "Intensamente") confirman una intuición de Oscar Wilde preso: los peores días son aquellos en los que no lloramos, en los que nuestra vida es tan horrorosa que tenemos que fingir que nuestro corazón es una piedra. Algunos de mis alumnos de humor se tomaron el trabajo de leer "La risa" de Bergson, algunos creyendo que hablaba de la Copa América, más concretamente de Larissa Riquelme. Todo lo que se dice allí se aplica a este elogio de la emoción, si lo invertimos. Lo que se dice de que solo nos hace reír lo humano o lo antropomorfizado, no, porque también solo nos emociona lo humano o los animales con paidomorphosis como lo llamó Konrad Lorenz. Lo de que el humor es la anestesia momentánea de la empatía. ¿Cómo conciliarlo con aquel guiño de Viktor Borge, que asegura que la distancia más corta entre dos personas es la risa? 
En su discurso inaugural en el College de France Barthes dice que no está seguro de merecer el honor pero en todo caso le da mucha alegría, y la alegría siempre es merecida. Noción bastante estúpida si pensamos en la alegría de los asesinos o incluso en la de los estúpidos. Pero queda claro que la gente que tiene cierto bienestar en especial respecto de sí, tiende al altruismo y a la bondad. Claro que la bondad puede definirse como hacer sentir mal a los que comen bife de chorizo...

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