miércoles

¿Mingichamp postuló una ducha como obra de arte?



Voy a narrar ahora en la versión amable lo que fue mi encuentro con mi nuevo amigo personal, a la sazón, un sociólogo de fuste y casi no menos filósofo. Siempre me gustó cómo Buñuel en "Ese oscuro objeto del deseo" hizo que dos hermosas actrices encarnaran el mismo personaje sin razón aparente, por más que la crítica se empeñó en buscar simbolismos (una es más carnal, la otra más espiritual). Siempre me gustó que Charly García realizara dos versiones de "Asesíname", una más rollinga.
Como sufro una enfermedad "venera" sentía una reverencial idolatría hacia un profesor de la UBA e investigador del Conicet que dejaba traslucir por sus risueños comentarios, muchos de ellos propios de un artista pop, cierta calidad humana indisimulable, digamos, la proverbial modestia que solo tenemos los que estamos por encima de ciertas bagatelas. Tras mutuos elogios por Facebook, decidimos conocernos y me pregunté si Su Eminencia ya devenida en Su Inminencia arribaría en helicóptero o limosina. Vino en bici, para aumentar mi sensación de que en muchas cosas podría sentirme su hermano. Hace poco un amigo filósofo me explicó que una acepción de "troglodita" es "que come como una bestia" (chequeen en la RAE). Pedimos una tabla chica, porque yo no quería parecer un troglodita no siquiera en la acepción que confirma la regla, ni siquiera haciendo chistes tipo "no soy trolodita, me gustan las mujeres" que ya involucran la felicidad por la simulación de imbecilidad ("claro que me gusta Medea, y para mí es un alto honor que una persona como vos me dea bola").

A la cumbre me acompañó un profesor de literatura norteamericana a quien le tengo mucho aprecio, levemente injustificado, como se verá. Pero por lo único que mi nuevo amigo le tomó algo de inquina y ojeriza es porque aclaró que no iba a acompañarnos con el vino, porque hace cuatro meses no bebía. Aclaró que no era un alcohólico redimido y me reí de que hubiera adivinado que esa pregunta pasaba por mi cabeza. Chesterton computaba como equivalentes a los alcohólicos y a los abstemios: veían en el vino un remedio y no una golosina. Me acordé también de lo que se suele decir del nacionalismo alemán y del francés: a los franceses les permiten marchas altisonantes y fanfarrias porque es como un brindis, pero a los alemanes mejor no dejarles ni una gota de nacionalismo porque son alcohólicos del chauvinismo... (no del chau-vinismo)

Sin guión preparado empezamos a indagar por nuestras vidas y apareció nuestro amor al guión hedieggeriano, que en Gadamer surge para separar la des-gracia y recordarnos que es la pérdida del favor divino, en Derridá en pre-texto para decir que un texto es solo una excusa para otro y en Bucay en en-ojo para insistir en cómo nos enceguece la iracundia. Volveríamos a la figura de uno de estos grandes pensadores, Jorge Bucay, cuando lo comparamos con la de otro insigne genio, Gonzalo Garcés. El primero halla la causación de que la mujer dejó de estar oprimida en la invención liberadora del corpiño. El segundo, nunca terminamos de entender si es tan machista que cree que ya le dimos más que suficientes derechos a la mujeres o si está expresando opiniones no publicables de Abelardo Castillo, si busca ser un petardista francotirador o si lo que tiene de lindo lo tiene de boludo.

Explicamos el peronismo a mi amigo norteamericano, que parecía aprovechar cada palabra para decir algo a lo que nos veíamos obligados a oponernos por completo. Por ejemplo al definir al peronismo como cortoplacista, tuve que decir que Perón siguió siendo más importante que ninguna otra figura política incluso exiliado.

Mi amigo habló de cierto amor por el moralismo en la clase media y cuando le pregunté a qué clase media se refería contestó -la que gana entre diez mil y veinte mil pesos-respuesta que solo un sociólogo podía dar. Yo no pensé en ese momento una réplica que se me ocurre ahora, que estoy tratando de construir una réplica de esa conversación, pero que es que muchas veces noto cierto pudor en alegar razones emparentadas con la ética por parte del porteño. Todo lo opuesto con el norteamericano, que me pidió disculpas si había sido ofensivo con sus opiniones zumbonas, pero que teníamos que saber que no tenía un solo hueso malo en él, si es que existe esa expresión en castellano. Yo recuerdo al padre de una conocida oponerse a que ésta tuviera dos novios sin que ellos supieran el uno de la existencia del otro y disculparse "pero no por una cuestión moral...es algo que no me gusta...técnicamente".

Fue una noche muy linda y no quiero sonar muy hegeliano, pero para mí histórica. No puedo traer a mi memoria todo lo que dijimos, recuerdo más bien, como suele pasar, lo que tendría que haber dicho, primó la mejor onda. Hablamos del deseo generalizado de que el primer hijo sea varón, algo que llevó incluso a un comité internacional de ética a prohibir que se elija el sexo del primer hijo, algo como para tomar en consideración a la hora de suponer que reina la igualdad de género, más allá de la brecha salarial.

Me contaba que conociendo al dedillo los contenidos de filosofía, las materias de sociología las hizo de taco. Yo a todo esto me detenía en la palabra "taco" (la expresión que yo conozco es "de taquito") y volvía a pensar en sus alusiones a su altura y las razones que lo impulsaron a elegirse una novia alta, alta novia, novia modelo y modelo de novia, no vi'a a decir que no.

También un elemento de la charla me hizo descubrir que en un aspecto mi envidiado me envidia y recordé la maravillosa escena de "Let's make love" donde Yves Montand tratando de conquistar a Marilyn pide ayuda a Milton Berle, que le dice después de enseñarle su mejor chiste que los humoristas siempre envidiaron a los cantantes, entonces va con Frankie Vaughan que le dice que los cantantes siempre envidiaron a los bailarines, entonces aprende a bailar con Gene Kelly y todo así....no existe el envidiable exento de envidia.

Hablamos de en qué consiste la timidez, si es temor, si es megalomanía encubierta, yo creo que lo hablamos en relación a cierto aparatoso comienzo de nuestro encuentro, comparable al doña Florinda y el profesor Jirafales y ¿gustaría tomar una tacita de té? ¿no será mucha molestia?...

Es interesante quizá hacer notar que si bien hablamos encendidamente de feminismo levantando todas y cada una de sus banderas, salvo que una mujer estuviera cerca y la quisiera levantar por ella misma porque no las consideramos inválidas y si bien hablamos de timidez, tanto él como yo tenemos por novia a una mujer despampanante -cosificable, ridículamente bella-de la cual estamos severamente enamorados (no es la misma, me apresuro a aclarar)




Con la promesa de próximos encuentros y quizá mover los hilos y las influencias para que mi curso de humor desembarque en el bolichito de los amigos Matt y Enzo, nos saludamos y volvimos a nuestras casas, enriquecidos de amistad, el vínculo que Montaigne y Epicuro elevaron a bien supremo...
 

2 comentarios:

  1. Anónimo11:37 a.m.

    Este me gustó.

    Esteban Dipaola

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  2. Anónimo11:43 p.m.

    Creo que la ultima version ya es demasiada simpatica





    Es una situacion de goldilocks

    a mi me gustan todas en serio




    .

    Pero me parce que tratar de hacer una version que sea honesta sin hacer que nadie queda un poco mal es una tarea imposible

    Jordan

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la peor opinión es el silencio, salvo...