sábado

Lo Alto nos llega desde lo' petiso'

En el jardín le regalan a mi pequeño de 4 un tamborcito (hecho con una de esas cajas de cartón de dulce de leche Chimbote) y él, generoso, decide abrirlo para que lo use su media hermanita de 2. Se llevan bien ahora, que la diferencia de edad no es tanta, aunque él la duplica, habrá que ver cuando él tenga cuarenta y ella veinte si siguen las afinidades. Entusiasmada con un "obstinato rigore" que como percusionista en crocs improvisa, le pega con uno de los redoblantes a Eze al costado de un ojo. Para consolarlo del impacto (que una personalidad con más tendencia a lo patético no dudaría en calificar de "me hizo llorar lágrimas de sangre") le hago upa y le muestro su cara junto a la mía en el espejo. No me pregunten por qué mi hijo me considera su ídolo y ha confesado en más de una ocasión que su máximo anhelo en la vida, la esperanza que acaricia cuando sueña con los ojos abiertos consiste en llegar a ser "fuerte, gordo y pelado como mi papá". Aprovechando esa acrítica admiración que según Freud usando un neologismo de Ferenczi es "introyectar al objeto de admiración como ideal del yo" y permite a quienes aplauden la designación de la hija de Rossi repetir la frase de Samuel Goldwin "el nepotismo no está mal, mientras quede en familia", le señalo una cicatriz idéntica que tengo. No le explico que data de cuando a mis tres años mi padre me pidió que por nada del mundo soltara la soga del trineo y que éste, cuando se topó con una piedra y yo salí eyectado, efectuó una parábola en el aire y solo porque yo no dejé de aferrar la soga regresó a mí y me dio en el ojo. Más bien, mientras Helena con su set de doctora pregunta "¿ayudo?" y le toma la frecuencia cardíaca, trato de decirle que ahora gracias a esa cicatriz se parece más a su ídolo, una marca que nos hermana como en esa película del actor de "Volver al futuro" en el que horrorizado por descubrir que le estaban saliendo pelos (metáfora hermosa de toda pubertad) se encierra en el baño y su padre completamente convertido en hombre-lobo derriba la puerta y le dice "hay algo que nunca te conté que podía llegar a expresar el fenotipo tuyo los días de luna llena". Cuando salimos a tomar un helado una vecina pregunta en el ascensor qué le pasó en el ojo. Ezequiel se encoge de hombros y dice "fue mi hermana". Ante la cara de la vecina de reprobación a su amada hermana, él relativiza el asunto y le aclara: -pero no es nada, son costumbres que tiene se ve, porque a mí papá también le pegó...

3 comentarios:

  1. Anónimo5:23 a.m.

    Jajajaja! Me encantó. Y sobre todo me impresionó mucho tu dominio y comprensión del cálculo aritmético. Se advierte inmediatamente que ese campo del conocimiento no tiene secretos para vos. Jajajaja! Muy bueno, de verdad.
    Irene Beatriz Glezer

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  2. Anónimo5:24 a.m.

    Jajaj! Me encantó!
    Liliana Nora Troiano

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  3. Anónimo5:25 a.m.

    Cuando el tenga 40, ella tendrá 38, ya no se sabrá quien es el mayor, pero lo deseable es que se sigan llevando bien, nada de golpes de los que dejan marca.
    Felicitas Maini

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la peor opinión es el silencio, salvo...