jueves

Discepolín tuvo un hijo natural pero todos los hijos son sobrenaturales

Discepolín en "El hincha" homologa elogiosamente al bullicioso hincha de fútbol tanto con el hiperproductivo artista como con el trémulo enamorado. Porque se entregan sin medida, sin cálculo. 
Laura Spiner, mi amiga que cursa con Ricardo Ibarlucía, decidió estudiar más bien el aspecto del arte, para no hinchar a su enamorado con lo otro y articuló el concepto de lo sublime en Kant con imágenes de Rosellini en "Stromboli". Como algunas abstrusas nociones no le quedaban claras me ofreció a cambio de que la ayude a entender qué la llevó a meterse en eso, su abono para ir a ver a Boca al "templo" como lo llama ella. Un contraste que me recordó cuando en una tira de "Mafalda", Libertad explica que su madre es traductora y que el último pollo que comieron lo escribió Sartre. Le pregunté a mi hijito si me quería acompañar y al momento de hacerlo me pregunté por qué no incluyó Enrique en la serie la paternidad. No me refiero a la de San Lorenzo sobre Boca. Después de todo tener hijos es lo que más nos conecta con un grado de amor que no conocíamos de nosotros mismos. Un amor sin medida, sin cálculo, que como hermosamente dijo Brecht nos obliga a exigirnos a nosotros mismos lo que nadie podría exigirnos desde afuera, hay una dimensión última e íntima del brindarnos. Un amor fundamentalista, en el que voluntaria y alegremente nos despojamos del sentido común: daríamos la vida por una persona que cree que el Sapo Pepe es un aporte mayor a la cultura que Daniel Rabinovich.
Seguramente ese amor que atribuye majestades holísticas a partir de algún rasgo admirado es el que permite que elevemos a sabios completos a limitados especialistas. El que permite que dejemos que Eduardo Grüner para defender a los quom use el concepto de "desterritorialización" como concreto y no simbólico. El que permite que dejemos que Vargas Llosa, solamente Premio Nobel de Literatura, "sepa" que es racista que Evo use chompa. El que permite que Einstein haga opinología y recomiende al judaísmo como religión más científica porque tiene el mínimo de elemento místico, uno. O que diga que la imaginación es más importante que el conocimiento, con lo cual debe ser mejor que saber imaginar lo que es la relatividad, como lo hacen muchos relativistas culturales. Chomsky descubrió el universal dispositivo para la adquisición del habla, que ni Scioli ni Macri nos quitarán y eso lo autoriza a imaginar autoatentados.
Borges con brillante ironía dice que enamorarnos es erigir una religión con un dios falible. Pero nunca sentimos al enamorarnos esa falibilidad. Incluso habiendo vivido finales del amor, somos capaces de recrear una cosmogonía estelar en la que le decimos a nuestro Ser Supremo: -¡qué bueno que te deba agradecer mi existencia a Ti, Oh, Deidad Posta, no como mi Ex-Creador Todopoderoso Chambón Truchísimo y Sucio, ah, lavado seas!. O decimos: -por suerte pude conservar un buen vínculo con mis anteriores Altísimos y los tengo de amigos en el face...lo cual me permite ver lo bobalicón de sus últimos milagros y eso no es nada: mi anterior ex Omnisciente parece que mandó un diluvio apocalíptico a su actual acólita, ja. ja, ja...
Nuestro amantísimo totalitarismo permitió que Carlitos "el Apache" Tévez viendo la miseria en la que viven los formoseños se pronunciara desde un hotel de lujo a favor de la igualdad.
Por suerte, en lo que constituye su experticia, pateó bien el penal y no favoreció la igualdad contra Godoy Cruz. Mi hijo y yo después de sus declaraciones estábamos con el corazón en La Boca...

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