martes

Poder generar belleza desde el impacto de lo sórdido

Aunque la mayoría de nosotros podemos jactarnos de tener "muchos libros de adorno", Theodor Adorno merece que lo leamos, al menos en su "Dialéctica de la Ilustración", donde señala que el afán iluminista que endiosó a la razón dejó de lado valores como las emociones y la tradición y abrió el camino a que el ingenio sirva para fabricar campos de exterminio. 
En Letras se valora mucho su desmantelamiento de la dicotomía entre el escritor comprometido (categoría inaugurada por Sartre) y el artista puro que hace arte por el arte. Su amor a Valery lo llevó a postular (en "El artista como lugarteniente") que un escritor que obliga al lector a una sagacidad desusada generará un lector más lúcido como lector de la vida civil y política (un argumento que extrapoló Enrique Pezzoni para salvar a Borges de su conservadurismo aristocratizante, racista, indefendible). 
Adorno es famoso también por su famosa sentencia "Después de Auschwitz no hay poesía". Una sentencia que, asegura el genial crítico George Steiner era una provocación que esperaba ser contestada. Paul Celan, en efecto con su "Todesfuge" al hablar de cómo cavamos una tumba en los aires, donde yaceremos a nuestras anchas, llega a convertir en música estremecedora al gaseamiento. 

Leonard Cohen, para seguir el orden tradicional del matero, primero viene el gas y luego el fuego, dota de romanticidad entrañable al horror de que quemen por bruja a Juana De Arco, luego de que ella restituyera a Francia la gloria militar gracias a unas voces que escuchaba y que hoy en día llamaríamos "la voz interior" sin considerarla ni hereje ni bruja, a lo sumo poco femenina y que debería quemar más grasas. 
El agua en la que se internó Alfonsina después de una vida signada por la tragedia fue homenajeada con exquisita armonía por Ariel Ramirez y el más poético Félix Luna.

Poder hacer belleza con lo que nos oprime, con lo que es tenebroso y deprimente es un don artístico que podría casi parecer funcional al conservadurismo a todo marxista. 

Pero aunque existan opiniones contra la idea de gradualismo de Darwin (y una de las más originales y admirables es la de Stephen Jay Gould) nuestra emociones que evolucionaron gradualmente no pueden sobrellevar el shock de lo irrepresentable sin algún almibarado rulo, una ficción necesaria, un maquillaje para nuestra percepción hipersensible.

El humor nos ayuda a eludir por un momento la emoción. Si yo le digo a Macri: "me cuesta decir Pablito clavó un clavito ¿qué clavito clavó Pablito? o cuando cuentas cuentos nunca cuentas cuántos cuentos cuentas...¿y a vos Mauri? y el Presidente me contesta " a mí me cuesta decir "va a haber paritarias, nunca me sale" la tristeza de la noticia no se siente, porque el chiste es una corroboración puramente intelectual, de la cartesiana razón instrumental. 

El Gobierno que se nos avecina (nos llama vecinos como vocativo) proviene de Buenos Aires y va a echar por tierra mucho de lo bueno hecho por el que lo precede. Así que tenemos el aire y la tierra y ya tuvimos a Leonard Cohen estetizando al criminal fuego, a Paul Celán transmutando el gaseamiento en confort y a Ariel Ramirez haciendo que Alfonsina Storni no sea condenada por escupir sobre todos los árboles como definía Chesterton al suicida. 

¿No deberíamos por una vez reconocer que la revista GENTE nos ayuda a no sentir la devaluación, los sinceramientos de precios, el endeudamiento, el regreso de la represión a las manifestaciones, lo chato de todo lo que tenga que ver con el más alto nivel con la cultura como una epopéyica gesta republicana en nombre de la tierna familia?

2 comentarios:

  1. Anónimo4:26 p.m.

    Macri cuando baila hace Ridikulim.




    Ni idea de Adorno.




    La canción de Alfonsina es hermosa. Y su suicidio, es muy poético
    Oscar Samoilovich

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  2. Anónimo7:32 p.m.

    Quizás el suicidio de Celan haya sido a causa del fracaso en su intento por representar. El poema de las tumbas en el aire es mortal

    Iván

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la peor opinión es el silencio, salvo...