domingo

la confirmación de que el cuerpo es el de Santiago generó al menos en mi entorno más inmediato un dolor hermosamente definido por Raquel Robles aquí: http://www.revistaanfibia.com/cronica/ojala/, que en cierto sentido se inscribe en la línea de Martin Gardner "Se acostumbra a distinguir el mal moral o pecado de lo que se suele llamar mal físico o natural, pero al menos que diga lo contrario o que el contexto lo implique, emplearé la palabra para referirme a cualquier clase de dolor o sufrimiento independientemente de su causa. Un bebé que se ahoga por accidente en una inundación muere tan incomprensiblemente como otro bebé que alguien haya tirado al mar" (p.260, "Los por qués de un escriba filósofo", Tusquets, Superñinfimos 13, Barcelona, 1989).
Chesterton en "Ortodoxia" dice algo similar: el hecho de tener una nariz extraordinaria, como la de Diego Peretti (no recuerdo si Chesterton se refiere a Peretti o mi memoria me está jugando una mala pasada) no es más extraordinario que el hecho de tener una nariz.
Lo que quiero decir es que la realidad palpable de la muerte de una figura que se había hecho muy cercana y visible pudo haber trascendido las ideologías y teorías de diversa raigambre para mancomunarnos en la sensibilidad y el espanto. No fui el único, descubrí cuando lo comenté, que antes de dormir a la noche ve a Santiago, en el afiche, en las imágenes del cuerpo, y siente horror y necesita seguir elaborándolo, procesándolo, digiriéndolo, tratando de reencantar necesariamente al universo.
En la reciente clase del curso de humor hablamos mucho de Santiago Maldonado, desde muchos costados, porque es el tema que nos avasalla y una de mis prédicas para lograr la comicidad es estar atentos al contexto y los referentes y reverberaciones más sobresalientes.
Vi que hubo gente ajena a esta empatía, pensé que tal vez todos nos defendemos de la misma sensación de desgarro injustificado de diferentes maneras. La indignación y el odio, la bronca y la denuncia son a su modo, anestésicos. Oscar Wilde escribió en la cárcel una frase que me hace, con perfecta coherencia, llorar. Dice que son los días en los que no lloran, los días que resultan peores, los días que tienen el corazón cerrado.
Incluso si pertenecés a la selecta fila de personas a las que nos embarga un dolor que anonada, a punto tal que creemos que importa más en sí la inaceptable muerte de todos los seres humanos como fuere, que la de un homicidio del cual tiene innegable responsabilidad el Estado, puede haber un obstáculo para la consustanciación colectiva plena. Que la plegaria te parezca estilísticamente cursi, no la firmarías si se te ocurriera a vos, no por falta de solidaridad con la causa, sino a causa de una suerte de pretencioso criticismo literario que te han inculcado que me hace querer más especialmente a Raquel Robles , porque puede llegar gracias a su talento, a conmover a quienes no pueden admirarla por su militancia. Es un argumento que recientemente dio para las feministas Daniel Molina: los gay solo logramos traspasar la adhesión de los homofriendly con gays talentosos, hay que exhibir nuestra inteligencia y no solo que somos putos, no solo que somos mujeres...
Esto lo digo porque algunas personas que no creemos que haya guerrilleros mapuches satánicos cristinistas detrás de todo esto, igual escogimos el humor como salvoconducto para sobrellevar esta sensación de impotencia, desolación y dificultad para calibrar la magnitud de la catástrofe. El humor para la mayoría de la gente es un entretenimiento aceptable cuando reina el pleno confort, rara vez se lo ve como lo que verdaderamente es: el motor de cambio, el escudo justiciero, el momentáneo anticlimax que ayuda a reflexionar en medio del sufrimiento. En virtud misma de su prodigiosa capacidad de infravalorarlo todo, el humor es, miméticamente, infravalorado. Si Adam Sandler actúa normal un papel dramático, como ahora hace poco, la crítica celebra alborozada que sepa actuar, como viene pasando con la subestimación de cada comediante-desde Chaplin a Danny Kaye, Francella, con perdón, y Jim Carrey. Los chistes irrumpen en los velatorios, pueden ser "tragedia más tiempo" pero el dolor es ansioso y quiere representarse las palabras que le anticipen cómo se dirá la cicatrización. La distancia resemantizadora, redimensionadora no es tomar con liviandad un tema pesado: es reconocer que es demasiado pesado. Cuando a mis hijos no les puedo comprar el yogur que querían y les digo que con un truco de magia les convierto el que les compré, ellos no son boludos: saben que la magia es estrictamente necesaria solo cuando no llegué a cobrar bien ese mes, en general tratamos de arreglarnos sin ella, no es que no saben que hay límites, la magia los alude.
Ha sido muy difícil en la clase de humor hacer chistes sobre este asunto sin parecernos a los siniestros, a los que circulan en las redes y dicen cosas como que era la primera vez que se iba a bañar en 28 años y se ahoga, sin parecernos incluso a que el beneficiado políticamente fue Randazzo, que demostró que sus DNI resisten más de setenta días las aguas más heladas.
El mismo chiste hecho por la Dr. Alcira Pignata y por Mickey Vainilla no es el mismo: en un caso es el ahorro de la represión para el impresentable racismo, en el otro la sátira del discruso xenófobo.
Poder exagerar incluso para el lado morboso todo horror, es poder manipularlo, juguetizarlo, dominar parcialmente su capacidad de dañarnos.
Que una niña quiera ver "la película de Santiago" refiruiéndose a "Frozen" puede ser entendido como bullying o una manera de volver más cálida la referencia a Disney que obligó a que dejaran las declaraciones de Carrió en el freezer.
Decir "todos somos Santiago Maldonado" y después desvirtuar eso mismo explicando que Keynes ya lo dijo: "en el largo plazo, todos somos Santiago Maldonado" era hacer que el superyó le diga al Ello: esto es un juego de niños, precisamente por la inocente crueldad con que los niños hablan de matar y morir, reversiblemente.
Pero hubo una razón que no tenía que ver con nuestra capacidad para superar los escrúpulos y hacer de tripas corazón y de corazón risas. Y era que competíamos en muchos casos con delirios que se creen realmente en algunos sectores.
Así que llegamos a parodiar discursos que nos molestaban y decir ¡qué vergüenza este periodismo ¿cómo va a preguntar si la tenía grande Santiago Maldotado?! y a preguntarnos si es hidrocultivo esto de que lo hayan plantado pero en agua. Escribimos una bella versión muy poética de Santiago Maldonado reconociendo por las ropas y la banda presidencial que el cuerpo sin vida era el de Macri. Dijimos, ojo que después de las elecciones se viene el ajuste y le pegan a Santiago.
Hasta postulamos una tercera pata sospechosa: la de los marchants que querían revender los tatuajes realizados por Santiago a personas que se desollaban para comercializarlos a su ahora millonario valor (¿cuál es la parodia? ¿dónde está la exageración? me decían los alumnos ¿la humanidad no haría eso?).
Mi hijo está en la edad justa para entender mal. Si fuera más chiquitito no se interesaría por el tema, si fuera más grande, lloraría con nosotros. Así como es vio un noticiero, me preguntó si Santiago Maldonado había aparecido y estaba muerto, le dije que sí y dijo que si fue en el río quizás tomó mucha agua y se ahogó, es decir, un sentido absolutamente teatral de la muerte, absolutamente desprovisto de tristeza. Caminábamos y de repente arrancó un cartel. Le pregunté qué estaba haciendo. Me dijo que el cartel informaba por error (en su interpretación) que Santiago apareció con vida.
Es tan protectora para la infancia esa incomprensión, que siempre voy a defender "La vida es bella" contra quienes critican que se le enseña a un niño a distorsionar su percepción de la realidad. Recuerdo con qué maestría difuminada y ágil se muestran allí las dos incomprensiones: la del cuento de hadas-solo válida para el niño y de repente la del comensal alemán que acudía al restaurante donde Benigni era mozo. Habían establecido un vínculo a través de intercambiarse adivinanzas. Ya prisionero, Benigni lo ve y siente que puede ser su salvación. Pero el hombre lo consulta acerca de un problema que lo tiene a maltraer y le quita el sueño: una adivinanza que dice, supongamos, ¿qué es "los que pudimos encontrar los dejamos y los que no pudimos encontrar los traemos con nosotros"? ¡los piojos! le dice, es decir, la respuesta correcta, y el hombre le dice: -en efecto, pensé que podía ser el piojo, especialmente porque no me lo puedo sacar de la cabeza, pero no, no es...
¡es decir, la inexplicable obturación, el no porque sí, la presencia de un orden demencial insondable, la misma muerte!
Frente a las armas de la muerte, o de los asesinos, el humor espantoso, el humor negro, ácido, el humor para nada impresionable es un antídoto, un salvoconducto...no sé si usé bien la palabra "salvoconducto", la quise usar siempre, pero no sé bien cómo: me hicieron todos los tratamientos odontológicos salvo conducto.
También el humor idiota es un bálsamo: la confusión de cosas desde el lugar del imbécil, aflojando la mandíbula, es liberadora para el inteligente. Decir por ejemplo: creo que es de Pancanela la película que estoy viendo (por "Campanella"), es romántica con Ricardo Darín y Soledad Villamil, ¿la conocen? se llama, creo "El mismo amor en otro culo"
Pero todo el tiempo tenemos que competir con la estupidez verdadera, con los dinosaurios vivos que creen que el dinosaurio estaba vivo, los que dicen por suerte Federico Luppi salió del hospital: http://www.bigbangnews.com/…/El-derrape-de-Susana-Estabamos…

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